Santo tomas de aquino


En cambio está lo que se dice de Dios en el Sal 135,4: Es el único en hacer grandes maravillas. Solución



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En cambio está lo que se dice de Dios en el Sal 135,4: Es el único en hacer


grandes maravillas.

Solución. Hay que decir: Milagro es,


propiamente, un hecho realizado fuera del orden de la naturaleza. Pero no basta para esto que se haga algo fuera del or- den de una naturaleza particular, porque entonces, al lanzar una piedra hacia arri- ba, se haría un milagro, ya que esto está fuera del orden natural de la piedra. Se entiende por milagro aquello que se efectúa fuera del orden de toda la natu- raleza creada. Evidentemente esto no puede hacerlo más que Dios, porque cualquier cosa que haga el ángel o cual- quier otra criatura, con su propia, virtud, cae dentro del orden de la naturaleza creada, y, por lo tanto, no es milagro. Así, pues, resulta evidente que sólo Dios puede hacer milagros.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Se dice que algunos


ángeles pueden hacer milagros, o porque los hace Dios por su intercesión, como se dice también que los hacen los santos, o porque desempeñan algún ministerio al hacerse los milagros. Ejemplo: Reu- niendo las cenizas en la resurrección uni- versal, o haciendo algo parecido.


2.


A la segunda hay que decir: Hablan- do en rigor, se entiende por milagros, como hemos dicho (sol.), hacer algunas cosas fuera del orden de toda naturaleza creada. Pero como nosotros no conoce-

mos todas las fuerzas de la naturaleza, si alguna vez se hace, por algún poder des- conocido para nosotros, algo fuera del orden natural que nos es conocido, se

dice que lo así hecho es un milagro para nosotros. De ahí que, cuando los demo- nios hacen algo con su virtud natural, se dice que es un milagro, no en absoluto, sino para nosotros. Y tal es el modo en que los magos hacen milagros por vir-


23. In Evang. l.2 hom.34: ML 76,1251.

24. Q.79: ML 40,92.


25. Cf. Viginti unius




Sent, sent.4: ML 40,726.

26. Ib.


C.111 a.1


Acción de los ángeles sobre los hombres

937



tud de los demonios. Se dice que los ha- cen por medio de pactos privados, porque la virtud de cualquier criatura es en el universo lo que cualquier persona par- ticular es en una sociedad; de ahí que, cuando el mago hace algo por medio de un pacto con el demonio, esto se hace a modo de contrato privado. Pero la jus- ticia divina hace en el universo entero las veces de la ley pública en la sociedad. Por eso los cristianos buenos, al hacer milagros por la justicia divina, se dice que los hacen por pública justicia, en tan- to que los malos cristianos se dice que los hacen por apariencias de pública jus-


ticia. Ejemplo: Invocando el nombre de Cristo o haciendo ostentación de cosas sagradas.


3.


A la tercera hay que decir: Las po- testades espirituales pueden hacer aque- llas cosas que se hacen visiblemente en este mundo, utilizando por movimiento local los gérmenes de los cuerpos.


4.


A la cuarta hay que decir: Aunque los ángeles pueden hacer algo fuera del orden de la naturaleza corpórea, nada pueden hacer, sin embargo, fuera del or- den de toda la naturaleza creada, lo cual se requiere para el concepto de milagro, como dijimos (sol.).


CUESTIÓN


111


De la acción de los ángeles sobre los hombres


Ahora hay que tratar lo referente a la acción de los ángeles sobre los hombres. Primero hay que tratar sobre si pueden alterarlos con su poder na- tural; segundo, cómo los envía Dios para su función sobre los hombres; ter- cero, cómo custodian a los hombres.


La cuestión referente al primer aspecto plantea y exige respuesta a cua- tro problemas:


1. El ángel, ¿puede o no puede iluminar el entendimiento del hom- bre?-2. ¿Puede o no puede alterar su afecto?-3. ¿Puede o no puede alte- rar su imaginación?-4. ¿Puede o no puede alterar su sentido?


ARTICULO


1


El ángel, ¿puede o no puede iluminar al hombre?


De Verit. q.11 a.3; Cont. Gentes 3,81; Quodl. 9 q.4 a.5; De Malo q.16 a.12.


Objeciones por las que parece que el ángel no puede iluminar al hombre:

1. El hombre es iluminado por la fe, por lo cual Dionisio en Eccles. Hier.


1


atribuye cierta iluminación al bautismo,

que es el sacramento de la fe. Pero la fe viene directamente de Dios, según aque-

llo de Ef 2,8: De gracia habéis sido salvados


por la fe, y esto no os viene de vosotros, es don de Dios. Por lo tanto, el hombre no es iluminado por el ángel, sino directamen-

te por Dios.




2. Más aún. Sobre aquello de Rom

1,19: Dios se lo manifestó, dice la Glosa




2: No sólo aprovechó la razón natural para esto, a saber, para que se manifestasen a los hom- bres las cosas divinas, sino que Dios se las re- veló por su obra, es decir, por las criaturas. Pero una y otra de estas cosas, es decir,

la razón natural y las criaturas, vienen directamente de Dios. Por lo tanto, Dios

es el que ilumina directamente al hom-


bre.


3. Todavía más. El que es ilumina- do tiene conciencia de ello. Pero los hombres nunca perciben que sean ilumi- nados por los ángeles. Por lo tanto, no son iluminados por ellos.


En cambio está el hecho de que Dio- nisio, en c.4 De Cael. Hier.


3, da por cier- to que las revelaciones de las cosas divi- nas llegan a los hombres por medio de


1. C.2 p.1.a: MG 3,392.

2. Glossa ordin. (VI, 5B).


3. § 2: MG 3,180.



los ángeles. Pero tales revelaciones son iluminaciones, como dijimos (q.106 a.1; q.107 a.2). Por lo tanto, los hombres son iluminados por los ángeles.


Solución. Hay que decir: Por corres- ponder al orden de la divina Providencia que los seres inferiores estén sometidos a la acción de los superiores, como diji- mos (q.109 a.2; q.110 a.1), los hombres, que son inferiores a los ángeles, son ilu- minados por éstos, como los mismos án- geles inferiores son iluminados por los superiores.


Pero el modo de una y otra ilumina-

ción en parte es semejante y en parte di-

verso. Hemos dicho (q.106 a.1) que la iluminación, que consiste en la manifes-

tación de la verdad divina, se puede considerar bajo dos aspectos: 1) En cuanto que el entendimiento inferior es confortado por la acción del entendi- miento superior; y 2) en cuanto que las especies inteligibles que están en el en- tendimiento superior se acomodan al en- tendimiento inferior para poder ser cap- tadas por éste. Esto se verifica en los án-

geles según que el ángel superior divida

la verdad universal por él concebida, adaptándola a la capacidad del ángel in- ferior. Pero el entendimiento humano

no puede captar la verdad en su pura in- teligibilidad por serle connatural enten-

der por medio de imágenes, como diji-

mos (q.84 a.7). Por eso, los ángeles pro- ponen a los hombres las verdades inteligibles bajo semejanzas de cosas sen- sibles. Aquí está el por qué dice Dioni-

sio en c.1 De Cael. Hier.4, que es imposi- ble que los rayos de la luz divina lleguen a nosotros a no ser envueltos en variados velos sagrados. Además, el entendimiento hu- mano, como inferior, es fortalecido por

la acción del entendimiento angélico. Se-

gún estos dos aspectos se ha de entender

la iluminación por medio de la que el hombre es iluminado por el ángel.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Para la fe se requie-


ren dos cosas. Primero, un hábito inte-


Conservación y gobierno de las cosas por Dios


C.111 a.1


lectual que dispone al entendimiento para seguir a la voluntad en su tendencia hacia la verdad divina, porque el enten- dimiento asiente a las verdades de la fe, no como convencido por la razón, sino como obligado por la voluntad, pues na- die cree sino queriendo, como dice Agus- tín5; y en cuanto a esto, la fe viene ex- clusivamente de Dios. 2) Segundo, se re- quiere para la fe que las cosas creíbles sean propuestas al que las ha de creer. Y

en esto sí tiene alguna parte el hombre, en cuanto que la fe es por la predicación, como se dice en Rom 10,17; pero la par- te principal le corresponde a los ángeles, por quienes se revelan a los hombres las cosas divinas. Por lo tanto, los ángeles contribuyen algo a la iluminación de la fe. Además, los hombres son iluminados por los ángeles no sólo acerca de las co- sas que deben creer, sino también sobre las cosas que deben practicar




a.

2.




A la segunda hay que decir: La ra- zón natural, que procede directamente

de Dios, puede ser fortalecida por el án-

gel del modo que queda dicho (sol.).

Por otra parte, la verdad inteligible que resulta de las especies recibidas de las criaturas es tanto más elevada cuanto

más potente sea el entendimiento huma-

no. Y de este modo es ayudado el hom-

bre por el ángel para llegar más perfec- tamente por las criaturas al conocimien-

to divino.




3.


A la tercera hay que decir: La ope- ración intelectual y la iluminación se pueden considerar bajo dos aspectos.

1) Uno, por parte de lo entendido; y

bajo este aspecto, todo el que entiende o

es iluminado percibe que entiende o que

es iluminado, ya que conoce que el obje-

to le es evidente. 2) El otro aspecto se refiere al principio del conocimiento, y

bajo éste, no todo el que entiende algu-

na verdad sabe lo que es el entendimien-

to, que es el principio de la operación intelectual. Igualmente, no todo el que

es iluminado por el ángel se da cuenta

de que es iluminado por él.


4. § 2: MG 3,121.


5. In Ioann. 6,44, tr.26: ML 35,1607.


a. Sto. Tomás responde al argumento basado en la coincidencia del término «iluminación» como la operación -y el correspondiente efecto- que eleva al entendimiento en general y

como la específica elevación propia de la fe. Esta segunda exige un movimiento voluntario que sólo Dios puede llevar a cabo. En la primera no hay necesidad de tal acto de voluntad.




938

C.111 a.2


Acción de los ángeles sobre los hombres

939



ARTICULO 2


Los ángeles, ¿pueden o no pueden


alterar la voluntad del hombre?


Supra q.106 a.2; 1-2 q.9 a.6; q.80 a.1; In Sent. l.2 d.8 a.5; De Verit. q.22 a.9; Cont. Gentes 3,88-92; De


Malo q.3 a.3.4.


Objeciones por las que parece que los ángeles pueden alterar la voluntad del hombre:

1.



Porque sobre aquello de Heb 1,7: El que hace a sus ángeles espíritus y a sus mi- nistros llamas de fuego, dice la Glosa


6


que son fuego al encenderse en espíritu y abrasar nuestros vicios. Pero esto no sería así si no cambiaran la voluntad. Por lo tanto, los ángeles pueden cambiar la voluntad.


2. Más aún. Dice Beda

7


que el diablo no solamente inspira malos pensamientos, sino que además los enciende. El Damasceno dice


8

que también son instigadores, pues escribe en el II libro




9: Toda malicia y todas las pasiones inmundas han sido pensadas


por ellos, y se les ha permitido sugerirlas a los hombres. Y, de igual modo, los ángeles buenos inspiran y encienden los buenos pensamientos. Pero ni unos ni otros po- drían hacer esto sin cambiar la voluntad.

Por lo tanto, los ángeles pueden cambiar

la voluntad.


3. Todavía más. Como dijimos (a.1), el ángel ilumina el entendimiento del hombre por medio de las imágenes sen- sibles. Pero, como la fantasía, que sumi- nistra al entendimiento, puede ser cam- biada por el ángel, así también puede serlo el apetito sensitivo, que suministra

a la voluntad, porque también éste es una facultad que usa el órgano corporal. Por lo tanto, así como el ángel ilumina al entendimiento, así también puede alte- rar la voluntad.




En cambio está el hecho de que cam-

biar la voluntad es propio de Dios, se-

gún aquello de Prov 21,1: El corazón del

rey está en manos del Señor; El lo dirige a donde le place.


Solución. Hay que decir: La voluntad del hombre puede ser movida de dos modos. 1) Uno, desde dentro de ella misma, y de este modo, el movimiento de la voluntad no es más que una ten- dencia de la misma hacia lo querido.


Sólo Dios es capaz de moverla, por ser El quien da a la naturaleza intelectual la virtud de tal tendencia, pues, como la tendencia natural no procede sino de Dios, que da la naturaleza, así la inclina- ción voluntaria no viene más que de Dios, que es causa de la voluntad. 2) El otro modo de alterar la voluntad es por algo que está fuera de ella, y este cambio no puede hacerse por el ángel más que de un modo, esto es, por medio de la aprehensión del bien por el entendimien- to, de donde se sigue que, en cuanto es posible ser causa de que algo se conciba por el entendimiento como bueno para ser apetecido por la voluntad, en tanto se puede mover la voluntad. Pero así sólo Dios es capaz de mover eficazmente la voluntad; el ángel y el hombre sólo pueden moverlo por persuasión, como ya dijimos (q.106 a.2). Pero aún queda otro modo exterior por el que la volun- tad del hombre puede ser movida, y es por la pasión del apetito sensitivo. Así se inclina la voluntad, por ejemplo, cuando quiere algo a impulsos de la concupiscencia o de la ira. Y también de este modo puede el ángel mover la vo- luntad, en cuanto puede excitar tales pa- siones, sin que pueda llegar nunca, sin embargo, a someterla violentamente, ya que la voluntad permanece siempre libre para consentir o para resistir a la pasión.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Los ministros de


Dios, sean ángeles u hombres, se dice que consumen los vicios, o encienden para la virtud, por medio de la persua- sión.


2.


A la segunda hay que decir: Los demonios no son capaces de infundir pensamientos causándolos interiormente, porque el uso de la facultad cogitativa es

cosa de la voluntad. Sin embargo, se dice que el diablo enciende los pensa- mientos en cuanto que, por medio de la persuasión o excitando las pasiones, ins- tiga a pensar o a desear lo pensado.Y

este mismo encender es lo que el Da- masceno llama sugerir debido a que tal operación se ejecuta interiormente. Los buenos pensamientos, en cambio, son atribuidos a un principio más elevado,

es decir, a Dios; si bien El nos los facili-




6. Glossa ordin. (VI, 135A).

7. In Matth. l.3: ML 92,75.


8. De Fide Orth. c.4: MG


94,877.

9. Ib.

940


Conservación y gobierno de las cosas por Dios


C.111 a.3

ta sirviéndose del ministerio de los án- geles.


3.




A la tercera hay que decir: En el es- tado terreno, el entendimiento humano

no puede entender sin recurrir a las imá-

genes sensibles; en cambio, la voluntad humana puede querer algo conformán-

dose al dictamen de la razón y sin seguir

la pasión del apetito sensitivo. Por lo

tanto, no hay paridad.




ARTICULO


3


El ángel, ¿puede o no puede alterar la imaginación del hombre?


In Sent. l.2 d.8 a.5; De Malo q.3 a.4; q.16 a.11.


Objeciones por las que parece que el ángel no puede alterar la imaginación del hombre:

1. Como se dice en el libro De Ani-




ma


10, la fantasía es como un movimiento he- cho por los sentidos en acto. Pero si esto se hiciese por alteración causada por el án- gel, dejaría de ser por los sentidos. Por

lo tanto, es contrario a la naturaleza del fantasear, como acto de la virtud imagi- nativa




b, el que la imaginación sea altera- da por el ángel.


2. Más aún. Las formas existentes en la imaginación, por ser inmateriales, son más sublimes que las existentes en la materia sensible. Pero el ángel no puede imprimir formas en la materia sensible, como dijimos (q.110 a.2). Luego mucho menos podrá imprimirlas en la imagina- ción. Por lo tanto, no puede alterar la imaginación.


3. Todavía más. Dice Agustín en XII Super Gen. ad litt.


11: Es posible que un espíritu, por medio de las imágenes de las co- sas que él conoce, manifieste dichas cosas a otro por la unión íntima con él, bien que las entienda el que las recibe o que sólo las conoz- ca como entendidas por otro. Sin embargo,

no parece que el ángel pueda unirse a la imaginación humana ni que ésta pueda

conocer las cosas inteligibles que el án-

gel conoce. Por lo tanto, parece que el

ángel no puede alterar la imaginación.


4. Por último. En la visión imagina- ria, el hombre se adhiere a las semejan- zas de las cosas como si fuesen las cosas mismas. Pero en esto hay cierto engaño. Así, pues, al no poder ser el ángel bue- no causa de decepción, parece que, por medio de una visión imaginaria, no pue- de alterar la imaginación.


En cambio está el hecho de que lo que aparece en sueños se ve con visión imaginaria. Pero los ángeles revelan al- gunas cosas en sueños, como nos consta por Mt 1,20; 2,13-19, en que lo hizo el ángel que se apareció a José. Por lo tan- to, el ángel puede alterar la imaginación.


Solución. Hay que decir: Los ángeles, tanto los buenos como los malos, son capaces de excitar, con su virtud natural, la imaginación del hombre. Esto se ex- plica así: Hemos dicho (q.110 a.3) que la naturaleza corporal está bajo el poder del ángel en cuanto al movimiento local. Luego todas aquellas cosas que pueden producirse por medio de dicho movi- miento, caen también bajo el poder natu- ral de los ángeles. Ahora bien, es sabido que las apariciones imaginarias provie- nen a veces en nosotros de la alteración local de ciertos espíritus y humores cor- porales. Por eso, Aristóteles, en el libro De Somn. et Vigil.


12, dice que mientras dormimos, al retraerse casi toda la sangre al interior hacia su principio sensitivo, la acom- pañan también hacia dentro los movimientos, es decir, las impresiones que permanecen


de la excitación de los sentidos, conser- vadas en los centros sensoriales, y exci-

tan de tal modo el principio sensitivo, que se origina interiormente una aparición

como si a ese mismo tiempo los órganos sensoriales fuesen en realidad excitados

por las cosas exteriores. Tanta puede ser

la conmoción de los espíritus y humo-

res, que tales apariciones pueden suceder incluso en gente despierta, como es el

caso de los delirantes. Pues, así como esto sucede por la conmoción natural de

los humores y, a veces, hasta por la vo- luntad del hombre, que imagina a sa-


10. ARISTÓTELES, l.3 c.3 n.13 (BK 429a1): S. Th. lect.6 n.660.

11. C.12: ML 34,464.


12. ARISTÓTELES, c.3 (BK 461b11).




b. Sobre la «virtus imaginativa» véase Sur». Theol. 1 q.78 a.4 y el comentario a este texto por M. UBEDA en Suma Teológica de Sto. Tomás de Aquino (Madrid 1959) vol.III (2.°) p.78ss. En cuanto al alcance moral de las «cogitationes», cf. De malo, q.3 a.3 ad 7.



C.111 a.4


Acción de los ángeles sobre los hombres

941



hiendas lo que antes había sentido, así también puede suceder esto por influjo de los ángeles buenos o malos, unas ve- ces con enajenación de los sentidos cor- porales y otras no.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El principio de la


fantasía está en el ejercicio en acto de los sentidos. No se puede imaginar lo que antes no se ha sentido, en todo o en par- te; por eso el ciego de nacimiento no puede imaginar el color. No obstante, la imaginación se altera algunas veces hasta surgir el acto de la fantasía, debido a las impresiones conservadas interiormente, como acabamos de decir (sol.).


2.


A la segunda hay que decir: El ángel altera la imaginación, no ciertamente im- primiendo en ella alguna forma imagina-

ria que de ningún modo ha pasado antes

por los sentidos, pues el ángel no puede hacer, por ejemplo, que un ciego imagi-

ne los colores, sino que lo hace median-

te el movimiento local de los espíritus y humores, como hemos dicho (sol.).


3.


A la tercera hay que decir: La mez- cla del espíritu angélico con la imagina- ción humana no se hace a modo de unión por esencia, sino por medio de efectos que puede causar el ángel en la imaginación al sugerir las cosas que él conoce; aunque no tal como él las co- noce.


4. A la cuarta hay que decir: El ángel que causa la visión imaginaria, simultá- neamente ilumina a veces el entendi- miento para que éste conozca lo que se significa con tales representaciones; en cuyo caso no hay ninguna decepción. Pero, otras veces, de la operación del ángel sólo se sigue la aparición de tales representaciones en la imaginación; y, sin embargo, tampoco hay en este caso decepción causada por el ángel, sino que la decepción proviene por defecto del entendimiento al que se le hacen apare- cer tales cosas; como tampoco fue Cristo causa de decepción al proponer a la gen- te muchas cosas en parábolas sin expli-


cárselas.


ARTICULO 4


El ángel, ¿puede o no puede alterar


el sentido humano?


In Sent. l.2 d.8 a.5; De Malo q.3 a.4; q.16 a.11.




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