Santo tomas de aquino



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C.108a.6


Los ángeles: jerarquías y órdenes

923

este conocimiento, lo difunden con lar- gueza entre otros.

6.




A la sexta hay que decir: La exce- lencia del orden de Tronos sobre los ór- denes inferiores consiste en que los Tro-

nos pueden conocer directamente en Dios mismo las razones de las obras di- vinas. Los Querubines, en cambio, tienen

la excelencia de la ciencia, como los Se- rafines tienen la del amor. Y, aunque en estas dos excelencias de la ciencia y del amor esté incluida la de los Tronos, en ésta, sin embargo, no están incluidas las otras dos, por lo que es distinto el orden

de los Tronos de los órdenes de los Que- rubines y Serafines. Lo común a todos es que la excelencia del inferior está inclui-

da en la del superior, pero no viceversa.




Dionisio

36


explica el nombre de Tro- nos por su semejanza con los asientos materiales, en los cuales se deben tener presentes cuatro cosas: 1) Primera, el si- tio, porque así como los asientos mate- riales se elevan sobre la tierra, así los án- geles llamados Tronos se elevan hasta conocer directamente en Dios las razo- nes de las cosas. 2) Segunda, la solidez, porque el que en ellos se sienta toma posición estable, aunque aquí sucede al contrario, pues los ángeles mismos son consolidados por Dios. 3) Tercera, que el asiento recibe al que en él se sienta y éste puede ser llevado en él, e igualmen-

te estos ángeles reciben a Dios en sí mis- mos, y en cierto modo lo llevan a los in- feriores. 4) Cuarta, la figura, porque el asiento está abierto por un lado para re- cibir al que en él se sienta, y así también estos ángeles están como abiertos por su prontitud para recibir a Dios y ser sus servidores.




ARTICULO 6


Los órdenes de los ángeles, ¿están o no están correctamente estratificados?


In Sent. l.2 d.9 a.3; In Ephes. c.1 lect.7; In Col. c.1 lect.4; Cont. Gentes 3,80; Compend. Theol. c.126.


Objeciones por las que parece que los órdenes de los ángeles no están co- rrectamente estratificados:


1. El orden de los prelados parece ser el supremo. Pero las Dominaciones,


los Principados y las Potestades signifi- can cierta prelacia, como indican sus nombres. Por lo tanto, estos órdenes de- ben ser los supremos de todos.


2. Más aún. Cuanto un orden está más cerca de Dios, tanto es superior. Pero el orden de los Tronos parece ser el más próximo a Dios, porque nada hay más unido al que está sentado que su mismo asiento. Por lo tanto, el orden de los Tronos es el más sublime.


3.


Todavía más. La ciencia precede al amor, y el entendimiento parece ser una facultad más sublime que la volun- tad. Por lo tanto, también el orden de los Querubines parece más sublime que el de los Serafines.


4.

Por último. Gregorio


37


coloca los Principados sobre las Potestades. Por lo tanto, no están inmediatamente sobre los Arcángeles, como opina Dionisio


38. En cambio está el hecho que Dioni-

sio

39


supone en la primera jerarquía a los Serafines como primeros, a los Que- rubines como medios y a los Tronos como últimos. En la segunda, a las Do- minaciones como primeros, a las Virtu- des como medios y a las Potestades como últimos. En la tercera y última, a los Principados como primeros, a los Arcángeles como medios y a los Angeles como últimos.


Solución. Hay que decir: En la asigna- ción de los grados de los órdenes angéli- cos, Gregorio y Dionisio coinciden en todo, excepto en los Principados y Vir- tudes. Dionisio


40


coloca a las Virtudes debajo de las Dominaciones y sobre las Potestades, y a los Principados bajo las Potestades y sobre los Arcángeles. Gre- gorio


41


coloca a los Principados entre

las Dominaciones y las Potestades, y a

las Virtudes entre las Potestades y los Arcángeles. Ambas asignaciones pueden tener algún fundamento en la autoridad

del Apóstol. El cual, enumerando los órdenes medios en orden ascendente, dice en Ef 1,20-21 que Dios constituyó a Cristo a su diestra en los cielos sobre todo Principado y Potestad y Virtud y Domina- ción. Aquí, las Virtudes están entre las Potestades y las Dominaciones, tal como hace Dionisio. Pero en Col 1,10, enume- rando los mismos órdenes en orden des-




36. Ib.

37. L.c. notas 23.28.30.33.


38. De cael. hier. c.6 § 2: MG 3,200.


39. Ib.

40. Ib.

41. L.c. notas 23.28.30.33.37.



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Conservación y gobierno de las cosas por Dios


C.108 a.6


cendente, dice: Todas las cosas han sido creadas por él y en él, tanto los Tronos como las Dominaciones, los Principados y las Po- testades. Aquí Principados están entre las Dominaciones y las Potestades, tal como

hace Gregorio.




Veamos, pues, primero las razones de la clasificación de Dionisio. En ella hay que tener presente, como dijimos (a.1), que la primera jerarquía toma las razo- nes de las cosas de Dios mismo; la se- gunda, las toma de las causas más uni- versales; la tercera, según la determina- ción a los efectos especiales. Por otra parte, siendo Dios fin no sólo de los mi- nisterios angélicos, sino también de toda criatura, a la primera jerarquía pertenece la consideración del fin; a la segunda, la disposición universal de las cosas que se han de hacer; a la tercera y última, la aplicación de la disposición al efecto, que es la ejecución de la obra, porque es evidente que estas tres cosas se encuen- tran en toda operación. Por eso Dioni- sio


42, deduciendo de los nombres res- pectivos las propiedades de los órdenes, coloca en la jerarquía primera aquellos órdenes cuyos nombres se imponen con relación a Dios: Serafines, Querubines y Tronos; en la segunda, aquellos cuyos nombres designan cierto gobierno o dis- posición común: Dominaciones, Virtu- des y Potestades; y en la tercera, aque- llos cuyos nombres designan la ejecu- ción de la obra: Principados, Arcángeles y Angeles.


Pero respecto del fin hay que tener presente: Primero se concibe el fin, des- pués se tiene el perfecto conocimiento de él, y, por último, se fija la intención en él. De esto, lo segundo es por añadi- dura a lo primero, y lo tercero, por aña- didura a lo segundo y primero. Tenien- do en cuenta, por otra parte, que Dios es fin de las criaturas, como el jefe es fin del ejército, según expresión de Aris- tóteles en XII Metaphys.


43, puede verse una semejanza de este orden en las cosas humanas. Efectivamente, hay algunos de


tal dignidad que, sin mediación de otros, pueden acercarse familiarmente al rey o

al jefe; otros, además, pueden conocer sus secretos; y otros, aún más, permane- cen siempre junto a él, como unidos a él. Pues según esta semejanza podemos tomar la disposición de los órdenes en la primera jerarquía. Porque los Tronos se elevan hasta recibir familiarmente a Dios en sí mismos, en cuanto ven en él direc- tamente las razones de las cosas, lo cual es propio de toda la jerarquía; pero los Querubines conocen de manera más eminente los secretos divinos; y los Se- rafines tienen la suprema excelencia, que

es estar unidos a Dios mismo. De este modo, el orden de los Tronos se deno- mina por lo que es común a toda la je- rarquía, como de lo que es común a to- dos los espíritus celestes se denomina el orden de los ángeles.


Hay también tres aspectos de la go- bernación. Lo primero es la distinción de las cosas que se han de hacer, que es propio de las Dominaciones; lo segundo

es dar el poder para realizarlo, que per- tenece a las Virtudes; y, por último, el ordenar cómo deban realizarse las cosas prescritas o determinadas, para que algu- no lo cumpla, y esto pertenece a las Po- testades.




Por último, la ejecución de los minis- terios angélicos consiste en anunciar las cosas divinas. Pero en la ejecución de cualquier acto hay algunos que lo co- mienzan y guían a otros, como los que entonan en el canto y los que guían y conducen a otros en la batalla, y esto pertenece a los Principados; otros, que simplemente ejecutan las órdenes, y esto pertenece a los Angeles; otros, en fin, son como intermediarios entre los que guían y los que simplemente ejecutan, y éstos son los Arcángeles, como dijimos


(a.5 ad 4).


Esta designación de los órdenes pare- ce adecuada. Lo supremo de un grado inferior siempre es afín a lo ínfimo del inmediato grado superior


e. El ínfimo

42. L.c. nota 38.


43. ARISTÓTELES, l.11 c.10 n.1 (BK 1075a15): S. Th. lect.12 n.2620.




e. El pseudo-Dionisio (De div. nom., ed. Pera, en el Comentario de Sto. Tomás, n.324) había formulado este principio: «Ella misma (la sabiduría divina) es, según la palabra ( - l a Escritu-

ra), la causa productora de todas las cosas y que a todas armoniza y la causa del orden y del acuerdo indisoluble de todas ellas y la que une siempre el término de las primeras con el co- mienzo de las segundas...»





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Los ángeles: jerarquías y órdenes

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grado, por ejemplo, de la vida animal dista muy poco de las plantas. Ahora bien, el primer orden es el de las divinas Personas, cuyo término es el Espíritu Santo, que es el amor que procede, con el que tiene alguna afinidad el orden su- premo de la primera jerarquía, denomi- nado del incendio de amor. El orden ín- fimo de la primera jerarquía lo constitu- yen los Tronos, que, por su mismo nombre, tiene relación con las Domina- ciones, puesto que los Tronos son, se- gún Gregorio


44, por los que Dios ejecuta sus juicios, por cuanto reciben las divinas ilustraciones como competentes para ilu- minar directamente a la segunda jerar- quía, a la cual pertenece la disposición de los ministerios divinos. El orden de las Potestades tiene afinidad con el de los Principados, pues, perteneciendo a las Potestades el poner orden en sus subditos, semejante ordenación está de- signada inmediatamente por el nombre de los Principados, que son los primeros en la ejecución de los ministerios divi- nos, puesto que presiden el gobierno de las naciones y reinos, que es el primero


y principal entre los ministerios divinos,

ya que el bien común es más divino que el




particular

44 bis

. Así se dice en Dan 10,13: El príncipe del reino de Persia se me opuso.


También la disposición de las órdenes que hace Gregorio es adecuada. En efec-

to, al ser las Dominaciones las que de- terminan y prescriben lo perteneciente a

los divinos ministerios, los órdenes a ellas sujetos están dispuestos en confor- midad con la disposición de los seres en

que se ejecutan dichos ministerios. Pero,

como dice Agustín en III De Trin.45, los cuerpos inferiores están regidos con cierto or- den por los superiores, todos los cuerpos por la criatura espiritual, y el espíritu malo por el bueno. Así, pues, el primer orden, des-

pués del de las Dominaciones, se dice

que es el de los Principados, que impe-

ran incluso sobre los espíritus buenos. Vienen después las Potestades, que ale-




jan a los espíritus malos, como lo hacen las potestades terrenas con los malhe- chores, como se dice en Rom 13,13-4. Siguen a éstas las Virtudes, que tienen poder sobre la naturaleza corporal para obrar milagros. Después de las Virtudes vienen los Angeles y Arcángeles, que anuncian a los hombres, ya las cosas grandes que rebasan la razón, ya las pe- queñas que caen bajo su dominio.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: En los ángeles es


más importante su sumisión a Dios que su prelacia sobre los inferiores, y de aquélla les viene ésta; y por eso no son los supremos los órdenes que traen su nombre de la prelacia, sino que lo son los que se nombran por su mirar hacia Dios.


2.


A la segunda hay que decir: La pro- ximidad a Dios que indica el nombre de los Tronos, se da también en los Querubi- nes y Serafines, y de modo más excelente, según dijimos (sol.).


3.


A la tercera hay que decir: Como dijimos (q.16 a.1; q.27 a.3), el conoci- miento se realiza en cuanto que lo cono- cido está en quien conoce. En cambio,

el amor, en cuanto que el amante se une

a lo amado. Por otra parte, Jas cosas su- periores están en sí mismas de un modo más sublime que en las inferiores, en

tanto que las inferiores están de manera

más digna en las superiores que en sí mismas. De esto se sigue que el conocer

las cosas inferiores es más sublime que

el amarlas; pero el amor de las superio-

res, y principalmente de Dios, es supe-

rior a su conocimiento


f.

4.




A la cuarta hay que decir: Si se mira bien a las disposiciones de los ór- denes según Dionisio y según Gregorio,

se diferencian en realidad muy poco o nada. Porque el nombre de Principados

se toma, según Gregorio, del hecho de

que presiden a los espíritus buenos; y esto mismo compete a las Virtudes en cuanto

que su nombre implica cierta fortaleza


44. L.c. notas 23.28.30.33.37.41.

44 bis. ARISTÓTELES, Ethic. l.1 c.2 (BK 1094b7):


S. Th. lect.2 n.30.


45. C.4: ML 42,873.




f. A la doctrina de los grados de posesión de una perfección, que hemos señalado en la nota d, se superpone la referente a la mayor dignidad que resulta de la operación afectiva o cognoscitiva. Es un punto importante para determinar la valoración que Sto. Tomás hace del conocimiento y del amor. Cf. SIMONIN, Autour de la solution thomiste du problème de l'amour: (AHD) 6 (1931) 174-274; GEIGER, Le problème de l'amour chez St. Thomas d'Aquin (París 1952); ARTOLA, J. M., o.c., 288ss.

926



Conservación y gobierno de las cosas por Dios


C.108 a.7


que da eficacia a los espíritus inferiores para ejecutar los ministerios divinos. Asimismo, las Virtudes, según Grego- rio


46, parecen ser lo mismo que los Prin- cipados según Dionisio, puesto que el primero entre los ministerios divinos es hacer milagros, por medio de lo cual se prepara el camino para el anuncio que hacen los Arcángeles y los Angeles.


ARTICULO 7


Los órdenes angélicos, ¿permanecerán o no permanecerán


después del día del juicio?


In Sent. l.2 d.11 p.2.a a.6; l.4 d.47 q.1 a.2 q.a4; In 1


Cor. c.15 lect.3.


Objeciones por las que parece que los órdenes angélicos no permanecerán después del día del juicio:


1. Dice el Apóstol en 1 Cor 15,24: Cristo reducirá a la nada todo Principado y toda Potestad cuando entregue a Dios Padre el reino, lo cual sucederá en la consuma- ción final. Por lo tanto, y por lo mismo,

en aquel estado serán reducidos a nada todos los demás órdenes.




2. Más aún. Lo propio del oficio de los órdenes angélicos es purificar, ilumi- nar y perfeccionar. Pero, después del día del juicio, un ángel no purificará, ni ilu- minará, ni perfeccionará a otro, porque ya no progresarán más en la ciencia. Por lo tanto, sería inútil la permanencia de los órdenes angélicos.


3. Todavía más. Hablando de los ángeles, dice el Apóstol en Heb 1,14:

Son todos aquellos espíritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salvación, de lo cual se dedu- ce claramente que los oficios de los án- geles se ordenan a conducir a los hom- bres a la salvación. Pero todos los elegi- dos conseguirán la salvación no más allá

del día del juicio. Por lo tanto, no habrá ministerios y órdenes de ángeles después del día del juicio.




En cambio está lo que se dice en Juec 5,20: Las estrellas conservarán su orden


y su curso. Esto se dice de los ángeles se- gún la Glosa


47. Por lo tanto, los ángeles permanecerán siempre en sus órdenes.


Solución. Hay que decir: En los órde- nes angélicos hay que tener presente la


distinción de grados y el desempeño del ministerio. La distinción de grados se da según las diferencias de gracia y de natu- raleza, como ya dijimos (a.4). Y estas di- ferencias permanecerán siempre en los ángeles. Porque no es posible que desa- parezcan de ellos las diferencias de natu- raleza sin que ellos dejen de existir, y la diferencia de gloria permanecerá tam- bién siempre en ellos, conforme a la di- ferencia de los méritos precedentes.


En cambio, el desempeño de los ofi- cios angélicos, en parte permanecerá y en parte cesará después del día del jui- cio. Cesará en cuanto dichos oficios se ordenan a llevar a otros al fin, pero per- manecerá en cuanto es compatible con la consecución última del fin; a la manera que, en el orden militar, unas son las funciones en tiempo de guerra y otras en el tiempo de la victoria.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Los principados y potestades cesarán con la consumación final en cuanto a la misión de llevar a otros al fin; porque, conseguido éste, no

se necesita tender hacia él. Esta solución

está indicada por las mismas palabras del Apóstol, al decir: Cuando haya entregado a Dios Padre el reino, esto es, cuando haya conducido a los fieles al disfrute final de


Dios. 2.


A la segunda hay que decir: Las ac- ciones de unos ángeles sobre otros se

han de entender a semejanza de las ac- ciones inteligibles entre nosotros. Ahora

bien, entre nosotros hay muchas accio-

nes inteligibles que están ordenadas a modo de causa y efecto, como el llegar gradualmente a una conclusión por mu-

chos medios. En este caso es evidente

que el conocimiento de la conclusión de-

pende de todos los medios precedentes,

no sólo en cuanto a una nueva adquisi-

ción de ciencia, sino también en cuanto

a la conservación de la adquirida, como

lo indica el hecho de que, si alguno se olvida de los medios precedentes, se po-

drá tener opinión o fe acerca de la con- clusión, pero no ciencia, ignorando el orden de las causas. Así, pues, al cono-

cer los ángeles inferiores la razón de las obras divinas por medio de la luz de los ángeles superiores, su conocimiento de- pende de la luz de los superiores, no


46. L.c. notas 23.28.30.33.37.41.44.

47. Glossa interl. a Jue 5,20 (II,38r).



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Los ángeles: jerarquías y órdenes

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sólo en cuanto a la nueva adquisición de ciencia, sino también en cuanto a la con- servación del conocimiento. Por lo tan- to, aunque después del juicio no progre- sen los ángeles inferiores en el conoci- miento de las cosas, esto no excluye, sin embargo, el que sean iluminados por los superiores.


3.


A la tercera hay que decir: Aunque después del juicio los hombres no hayan

de ser conducidos a la salvación por me- dio del ministerio de los ángeles, sin em- bargo, aquellos que la hayan alcanzado continuarán recibiendo de los ángeles ciertas iluminaciones.




ARTICULO 8


Los hombres, ¿pertenecerán o no pertenecerán a los órdenes angélicos?


In Sent. l.2 d.9 a.8.


Objeciones por las que parece que los hombres no pertenecerán a los órde- nes angélicos:


1.


La jerarquía humana está por de- bajo de la ínfima jerarquía angélica, como la ínfima bajo la media y ésta bajo

la primera. Pero los ángeles de la ínfima jerarquía nunca pasarán a la media ni a la primera. Por lo tanto, tampoco los hombres serán promovidos a los órde- nes de los ángeles.




2. Más aún. A los órdenes de los án- geles competen ciertos oficios, como custodiar, obrar milagros, ahuyentar los demonios y otros tales, que no parecen que correspondan a las almas de los san- tos. Por lo tanto, no serán promovidos a los órdenes angélicos.


3. Todavía más. Como los buenos ángeles inducen al bien, así los demo- nios al mal. Pero es erróneo decir que las almas de los hombres malos se con- viertan en demonios, pues esto lo re- prueba el Crisóstomo en Super Matth.


48


Por lo tanto, no parece que las almas de los santos hayan de pasar a los órdenes de los ángeles.




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