Santo tomas de aquino



Descargar 21.74 Mb.
Página167/197
Fecha de conversión26.03.2018
Tamaño21.74 Mb.
1   ...   163   164   165   166   167   168   169   170   ...   197

Objeciones por las que parece que el primer hombre no lo conoció todo:


1. Esta ciencia tenía que poseerla o por especies adquiridas o connaturales o infusas. Pero no pudo poseerla por espe- cies adquiridas, pues tal conocimiento procede de la experiencia, como se dice en I Metaphys.12; y no era experto en todo. Tampoco por especies connatura- les, pues era de la misma naturaleza que nosotros, y nuestra alma es, como dice el Filósofo en III De Anima


13, como una tablilla en la que nada hay escrito. Si la tuvo por especies infusas, su ciencia de las co- sas no fue idéntica a la nuestra, que ad- quirimos de las cosas mismas.


2. Más aún. En todos los individuos de una misma especie se da el mismo modo de conseguir la perfección. Pero los hombres no adquieren la ciencia de todo en el instante en que empiezan a existir, sino que la adquieren con el tiempo de manera adecuada a su modo propio. Por lo tanto, tampoco Adán po- seyó la ciencia de todo en el instante de su formación.


3. Todavía más. El estado de la vida terrena se le concede al hombre para que el alma progrese en conocimiento y en mérito; pues para esto parece estar unida el alma al cuerpo. Pero el hombre en aquel estado habría progresado en méri- tos. Por lo tanto, progresaría también en el conocimiento de las cosas y, por con- siguiente, no poseyó la ciencia de todas.


En cambio, como se dice en Gén 2,20, el primer hombre puso nombres a los animales. Como éstos deben acomo- darse a la naturaleza, se sigue que Adán conoció las naturalezas de todos los ani- males y, por lo tanto, la ciencia de todas las demás cosas.


Solución. Hay que decir: Por el orden natural, lo perfecto es anterior a lo im- perfecto, como, por ejemplo, el acto es anterior a la potencia, pues lo que está en potencia no pasa al acto sino por un ser en acto. Como las cosas en un prin-


11. Dial. l.4 c.1: ML 77,317.

12. ARISTÓTELES, c.1 n.4 (BK 980b28): S. Th. lect.1


n.17-19.


13. ARISTÓTELES, c.4 n.1 (BK 430a1): S. Th. lect.9 n.722.



C.94 a.4


Condición del hombre. El entendimiento

843



cipio fueron producidas por Dios, no sólo para que existieran, sino también para que fuesen principios de otras, por eso fueron producidas en estado perfec- to, conforme al que pudieran ser princi- pio de otras. Pero el hombre puede ser principio de los demás, no sólo por la generación corporal, sino también por la instrucción y el gobierno. De ahí que el primer hombre, así como fue producido en estado perfecto en su cuerpo para po- der engendrar, también fue hecho per- fecto en cuanto a su alma para que pu- diera instruir y gobernar a los demás.


Pero nadie puede instruir sin poseer ciencia. Por lo mismo, el primer hombre fue creado por Dios en tal estado que tuviera ciencia de todo aquello en que el hombre puede ser instruido. Esto es, todo lo que existe virtualmente en los principios evidentes por sí mismos; esto es, todo lo que el hombre puede cono- cer naturalmente. Y para el gobierno propio y el de los demás, no sólo es ne- cesario el conocimiento de lo que puede saberse naturalmente, sino de lo que su- pera el conocimiento natural, pues la vida humana se ordena a un fin sobrena- tural, del mismo modo que a nosotros, para gobernar nuestra vida, nos es nece- sario conocer los contenidos de la fe. Por eso, el primer hombre recibió cono- cimiento de lo sobrenatural tanto cuanto le era necesario para el gobierno de la vida humana en aquel estado.


Las demás cosas que ni por investiga- ción pueden conocerse ni son necesarias para el gobierno de la vida humana, el primer hombre no las conoció; como los pensamientos de los hombres, lo futuro contingente y algunas cosas muy concre- tas, como, por ejemplo, cuántas piedre- citas hay en el lecho de un río.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El primer hombre


poseyó la ciencia de todas las cosas por medio de especies infundidas por Dios. No obstante, esta ciencia no fue distinta de la nuestra, como tampoco los ojos que Cristo dio a un ciego de nacimiento son distintos de los ojos naturales.


2.


A la segunda hay que decir: Adán, como primer hombre, debía poseer algu- na perfección que no poseen los demás, como se ve por lo dicho (sol.).


3.


A la tercera hay que decir: Adán no hubiera progresado en la ciencia de lo natural en cuanto al número de cosas sa- bidas, sino en cuanto al modo de saber;

lo que sabía intelectualmente, lo hubiera sabido después por experiencia. En cuanto a lo sobrenatural, hubiera pro- gresado también en su número por me-

dio de nuevas revelaciones, al igual que

los ángeles progresan por nuevas ilumi- naciones. Pero no son idénticos el pro- greso de mérito y de ciencia, porque un hombre para otro no es principio de mé-

rito como sí lo es de ciencia.


ARTÍCULO 4


El hombre en su primer estado, ¿pudo o no pudo ser engañado?


In Sent. l.2 d.33 q.2 a.3; De Verit. q.18 a.6.


Objeciones por las que parece que el hombre en su primer estado pudo ser engañado:


1. Dice el Apóstol en 1 Tim 2,14:

La mujer, seducida, incurrió en la transgre- sión.


2. Más aún. Dice el Maestro en II Sent. d.21


14: La mujer no se horrorizó de que hablara la serpiente, porque creyó que ha- bía recibido de Dios la función de hablar. Pero esto era falso. Por lo tanto, la mu-

jer fue engañada antes de pecar:




3. Todavía más. Lo natural es que, cuanto más lejos está una cosa, menos se vea. Pero la naturaleza del ojo no fue re- ducida por el pecado. Luego esto mismo debió suceder en el estado de inocencia. Por lo tanto, el hombre se engañaría, como ahora, respecto de la cantidad de lo visto.


4. Y también. Dice Agustín en XII Super Gen. ad litt.


15: En el sueño el alma toma las imágenes por los objetos. Pero el hombre en estado de inocencia comería

y, por lo tanto, dormiría y soñaría; con lo cual tomaría las imágenes por las co-




sas.

5.



Por último. El hombre no cono- cería, como acabamos de decir (a.3), los pensamientos de los hombres ni lo futu- ro contingente. Por lo tanto, si alguien lo falseara, sería engañado.


En cambio está lo que dice Agus-

14. PEDRO LOMBARDO, Sent. l.2 d.21 c.4 (QR 1,405).


15. C.2: ML 34,455.

844


Tratado del hombre


C.94 a.4

tín



16: Aprobar lo verdadero por falso no se debe a la naturaleza del hombre creado, sino a la pena del hombre condenado.


Solución. Hay que decir: Algunos17 di- jeron que en la palabra engaño pueden distinguirse dos aspectos: cualquier es- timación por la que se toma lo falso por verdadero sin asentimiento firme; y la firme credulidad. Con respecto a lo que Adán conocía por su ciencia, antes de pecar no podía engañarse por ninguno

de estos dos conceptos. Pero, con res- pecto a aquellas cosas de las que no te- nía ciencia, podía engañarse, tomando el engaño en sentido amplio, como una es- timación cualquiera sin asentimiento de credulidad. Esto lo dicen porque creer algo falso en tales casos no es perjudicial para el hombre; y porque, no asintién- dolo temerariamente, no es algo culpable.




Pero esto no puede decirse de la inte- gridad del primer estado, pues, como dice Agustín en XIV De Civit. Dei


18, en dicho estado se evitaba fácilmente el pecado


y, mientras duraba dicho estado, no podía existir ningún pecado. Es claro, por otra parte, que, así como la verdad es un bien para el entendimiento, la falsedad

es un mal, como se dice en VI Ethic.19

Por lo mismo, no era posible que, mien- tras permaneciera la inocencia, el enten- dimiento humano asintiera a algo falso tomándolo por verdadero. Así como en

los miembros del cuerpo del primer hombre faltaba alguna perfección, por ejemplo, el resplandor de la gloria, sin

que por ello pudiera darse en ellos mal alguno, así también en su entendimiento podía faltar algún conocimiento, pero no podía darse alguna apreciación de lo fal-

so como verdadero.




Esto es claro, además, si consideramos la rectitud del estado primitivo, según el cual, siempre que el alma permaneciera fiel a Dios, sus potencias inferiores se someterían a las superiores sin obstaculi- zarlas. Es evidente, por lo dicho (q.17 a.3; q.85 a.6), que el entendimiento nun- ca se equivoca sobre su objeto propio. De ahí que nunca se engaña por sí mis- mo, sino que todo engaño le viene de alguna facultad inferior, como la imagi-


nación o facultades sensibles. Por eso, cuando no está impedida la facultad na- tural del juicio, no nos engañan tales apariencias, sino sólo cuando está impe- dida, como sucede en el que duerme. De todo lo cual se deduce que la rectitud del estado primitivo no era compatible con engaño intelectual alguno.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La seducción de la


mujer, aunque precedió al pecado de obra, fue posterior al pecado de presun- ción interna. Pues dice Agustín en XI Super Gen. ad litt.


20: La mujer no hubiera dado crédito a las palabras de la serpiente si en su mente no hubiera existido, ya antes, el amor a la propia potestad y cierta estimación


presuntuosa de sí misma. 2.


A la segunda hay que decir: La mu- jer creyó que la serpiente había recibido

la misión de hablar, no de un modo na- tural, sino sobrenatural. Pero tampoco

es necesario aceptar en esto la autoridad

del Maestro de las Sentencias21.




3.


A la tercera hay que decir: Si a los sentidos o a la imaginación del primer hombre se les hubiera representado algo

de manera distinta a como está en la na- turaleza, no por ello hubiera sido enga- ñado, puesto que su razón hubiera des- cubierto la verdad.




4.


A la cuarta hay que decir: Lo que sucede en el sueño no se le imputa al hombre, ya que en ese estado no hace

uso de su razón, que es el acto propio suyo.




5.


A la quinta hay que decir: Si al- guien hubiera dicho algo falso sobre lo futuro contingente o sobre los entresijos

de los corazones, el hombre en estado

de inocencia no hubiera creído que era

así en efecto, sino que lo hubiera creído

como posible. Esto no es creer lo falso.


O puede decirse también que Dios le asistiría para que no fuera engañado en aquello de lo que no tenía ciencia. Y no puede alegarse, como hacen algunos


22, que en la tentación no recibió ayuda para no caer en ella, a pesar de ser cuan-

do más la necesitaba. Porque ya se había albergado el pecado en su interior y no había recurrido al auxilio divino.




16. De lib. Arb. l.3 c.18: ML 32,1296.


17. Cf. S. BUENAVENTURA, In Sent. l.2 d.23 a.2 q.2 (QR 11,540); ALEJANDRO DE HALES, Summa Theol. 1-2 n.520 (QR 11,773).


18. C.10:

ML 41,417.


19. ARISTÓTELES, c.2 n.3 (BK 1139a28): S. Th. lect.2 n.1130.


20. C.30:


ML 34,445.




21. Cf. PEDRO LOMBARDO, Sent. l.2 d.23 c.1 (QR 1,417), citando a S. AGUSTÍN, De Gen. ad litt. l.11 c.10: ML 34,434.


22. Ib.

Ahora hay que tratar lo referente a la voluntad del primer hombre. Hay dos aspectos: 1) la gracia y la justicia del primer hombre; 2) el uso justo con respecto al dominio sobre las otras cosas.


La cuestión referente al primer aspecto indicado plantea y exige respues- ta a cuatro problemas.


1. El primer hombre, ¿fue o no fue creado en estado de gracia?-2. En

el estado de inocencia, el alma, ¿tenía o no tenía pasiones?-3. ¿Poseyó o no poseyó todas las virtudes?-4. Sus obras, ¿eran o no eran dignas de mérito como lo son ahora?




ARTICULO


1


El primer hombre, ¿fue o no fue creado en estado de gracia?


In Sent. l.2 d.20 q.2 a.3; d.29 a.2; De Malo q.4 a.2 ad22.


Objeciones por las que parece que el primer hombre no fue creado en estado de gracia


a:

1. Distinguiendo entre Adán y Cris-




to, dice el Apóstol en 1 Cor 15,45: El primer hombre, Adán, fue hecho alma vivien-


te; el último Adán, espíritu vivificante. Pero la vivificación del espíritu se hace por la gracia. Por lo tanto, es propio de Cristo el haber sido hecho en gracia.


2. Más aún. Dice Agustín en el libro


a. Gilberto Porretano establecía que Adán en el paraíso sólo poseyó los dones naturales, pues los gratuitos -no debidos a la condición de su naturaleza humana- estaban subordina-

dos al mérito consecuente a vencer en la tentación. Pedro Lombardo y, siguiéndolo, Alejandro de Hales, S. Buenaventura y S. Alberto Magno, afirmaban igualmente que con su creación sólo recibió Adán los naturales, pero en un momento posterior, antes de la caída, también fue dota- do de los gratuitos; pues para la recepción de éstos se precisa en el adulto un acto de consenti- miento (cf. obj.5 y ad 5). La justicia original consistiría en los dones gratuitos y, de suyo, no comprendería la gracia santificante, que se les añade. Esta era la sentencia considerada y afirma-

da como «más común y probable». Era una consecuencia derivada en parte de entremezclar en el mismo estudio las consideraciones sobre la justicia original con las del pecado original. Santo Tomás sigue en otra línea, ya levemente esbozada por Prepositino de Cremona: el primer hom- bre y la primera mujer fueron creados en naturaleza y gracia, respondiendo a ésta desde el pri-

mer instante de su formación; y es la gracia santificante la raíz última de la justicia original, que en su elemento más formal consiste en la subordinación del alma a Dios, a la que se unen los demás elementos gratuitos (subordinación del cuerpo al alma, del apetito inferior al supe- rior, junto con la inmortalidad). Le favorece para la nueva visión el estudiar el primer estado de Adán en sí mismo, antes y no en subordinación a los efectos de la caída, su concepción uni- taria del hombre, la armonía superior que establece entre naturaleza y gracia sobrenatural -perfeccionando ésta, sin destruirla, a la primera-, y su doctrina sobre el sujeto donde radi-

ca la gracia santificante, que es la sustancia misma del alma y no la voluntad.


De quaest. Vet. et Nov. Test.


1: Adán no poseyó el Espíritu Santo. Pero todo el que

está en gracia posee el Espíritu Santo, Por lo tanto, Adán no fue creado en gracia.


3. Todavía más. Agustín, en el libro De correptione et grafía, dice




2: Dios ordenó la vida de los ángeles y la de los hombres de tal manera que en ellos se manifestase primero el poder de su libertad, y luego el beneficio de la gracia y el juicio de la justicia. Por lo tanto, primero creó al hombre y al ángel

en la sola natural libertad; después les

dio la gracia.


4. Aún más. Dice el Maestro en II Sent. d.24


3: Al hombre en la creación le fue dado el auxilio con el cual podía perseverar,


1. Cf. AMBROSIASTER, p.1.a q.123: ML 35,2371.

2. C.10: ML 44,932.


3. PEDRO

LOMBARDO, Sent. l.2 d.24 c.1 (QR 1,419).


Sobre el estado y condición del primer hombre. Lo referente a la voluntad: gracia y justicia


CUESTIÓN


95

846



Tratado del hombre


C.95a.1


pero no progresar. Pero todo el que posee la gracia puede progresar por el mérito. Por lo tanto, el primer hombre no fue creado en gracia.


5. Y también. Para recibir la gracia es necesario el consentimiento del sujeto que la recibe; pues por medio de ella se realiza cierto matrimonio espiritual entre Dios y el alma. Pero el consentimiento a

la gracia no puede darse sino en un suje-

to previamente existente. Por lo tanto, el hombre no recibió la gracia en el instan- te de su creación.


6. Por último. Hay mayor distancia entre la naturaleza y la gracia que entre ésta y la gloria, que no es más que la plenitud de la gracia. Pero en el hombre la gracia precede a la gloria. Por lo tan- to, con mayor motivo la naturaleza pre- cedió a la gracia.


En cambio, el hombre y el ángel es-

tán ordenados por igual a la gracia. Pero el ángel ha sido creado en gracia, pues dice Agustín en XII De Civ. Dei




4: Dios en ellos estaba a la vez como creador de la na- turaleza y dador de la gracia. Por lo tanto,

el hombre fue creado en gracia.




Solución. Hay que decir: Algunos

5


di- cen que el primer hombre no fue creado en gracia, pero que ésta le fue dada an- tes de pecar; pues muchos santos


6


sos- tienen qué el hombre en estado de ino- cencia tuvo la gracia. Pero que fue crea- do también en gracia, como sostienen otros


7, parece exigirlo la rectitud del es- tado primitivo, en el que, según Ecl 7,30, Dios hizo al hombre recto. Esta recti- tud consistía en que la razón estaba so- metida a Dios; las facultades inferiores, a la razón; el cuerpo, al alma. El primer sometimiento era causa de los otros dos; pues, en cuanto que la razón permanecía sometida a Dios, se le sometían a ella las facultades inferiores, como dice Agus-

tín



8. Pero es evidente que este someti- miento del cuerpo al alma y de las facul- tades inferiores a la razón no era natural. De serlo hubiera permanecido después


de haber pecado, pues los dones natura- les, como dice Dionisio en c.4 De Div. Nom.


9, permanecieron en los demonios. Por eso es evidente que el primer some- timiento, por ef que ía razón se subordi- naba a Dios, no era sólo natural, sino un don sobrenatural de la gracia, pues el efecto no puede ser superior a la causa. Por eso dice Agustín en XII De Civ. Dei.


10: Una vez dada la transgresión del pre- cepto, al instante, destituida el alma de la gracia divina, se avergonzaron de la desnudez de su cuerpo, pues sintieron en su carne un movimiento de desobediencia, como castigo por su desobediencia. Con lo cual se da a en-


tender que si, al abandonar la gracia el alma, desapareció la obediencia de la carne al alma, por la gracia que se daba en el alma se le sometían las facultades inferiores.


Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: El Apóstol quiere


expresar que si hay cuerpo animal hay cuerpo espiritual; porque la vida del cuerpo espiritual empezó en Cristo, pri- mogénito entre los muertos (Col 1,18) como la vida del cuerpo animal empezó con Adán. Por lo tanto, de las palabras del Apóstol no se deduce que Adán no fue espiritual en cuanto al alma; sino que no

fue espiritual en cuanto al cuerpo.




2.


A la segunda hay que decir: Corno dice Agustín en el mismo sitio


11, no se niega que en Adán estuviera, como en

los demás justos, el Espíritu Santo; sino



que no estuvo en él como ahora en los fieles que son admitidos a recibir la herencia eterna nada más morir.


3.


A la tercera hay que decir: De la autoridad de Agustín no se deduce que

el ángel o el hombre fueran creados en

la libertad natural de albedrío antes de poseer la gracia, sino que pone al descu- bierto primero lo que podía en ellos el

libre albedrío antes de la confirmación y

qué consiguieron después por medio del auxilio de la gracia.


4.


A la cuarta hay que decir: El Maes-

tro

12

habla según la opinión de aquellos


4. C.9: ML 41,357.




5. Cf. GUILLERMO ALTISIODORO, Summa Aurea p.2.a tr.1 c.1 (fol.35 rb); ALEJANDRO DE HALES, Summa Theol. 1-2 n.505 (QR II, 729); S. BUENAVENTURA, In Sent. l.2 d.29 a.2 q.2 (QR II, 703); PREPOSITINO, Summa (Fol.72 vb).


6. Cf. S. JERÓNIMO, In Ep- hes. l.3.a.4,30: ML 26,546; S. AGUSTÍN, De Civ. Dei l.13 c.13: ML 41,386; S. BASILIO, Contra Eunom. l.5: MG 29,728.


7. Cf. PREPOSITINO, Summa (fol.77rb); ALBERTO MAGNO, In Sent.

1.2 d.3 a.12 (BO 27,85).


8. De Civ. Dei l.13 c.13: ML 41,386.


9. § 23: MG 3,725: S.


Th. lect.19.


10. C.13: ML 41,386.


11. Cf. AMBROSIASTER, Quaest. Vet. et Nov. Test.


p.1.a q.123: ML 35,2371.


12. Cf. supra nota 3.





Compartir con tus amigos:
1   ...   163   164   165   166   167   168   169   170   ...   197


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad