Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que la imagen de Dios se encuentra en las cria- turas irracionales:


1. Dice Dionisio en el libro De Div. Nom.


5: Las cosas causadas poseen imágenes afines de sus causas. Por lo tanto, al ser Dios causa no sólo de las criaturas racio- nales, sino también de las irracionales,

su imagen ha de estar también en éstas.




2. Más aún. Cuanto más clara es la semejanza en una cosa, tanto más se acerca al concepto de imagen. Ahora bien, dice Dionisio en el libro De Div. Nom.6, que el rayo del sol es la semejan- za más perfecta de la bondad divina. Por

lo tanto, es a imagen de Dios.




3. Todavía más. Cuanto más perfec- ta es una cosa en bondad, tanto más se asemeja a Dios. Pero el universo entero

es más perfecto en bondad que el hom- bre, puesto que, aunque cada cosa por separado sea buena, el conjunto de todas ellas es llamado en Gén 1,31: muy bueno. Por lo tanto, no sólo el hombre, sino todo el universo es a imagen de Dios.




4. Por último. Dice Boecio en el li- bro De Consol.


7: Dios lleva al mundo en su mente y lo forma en imagen semejante. Por lo tanto, todo el mundo es a imagen de

Dios, y no sólo la criatura racional.




En cambio está lo que dice Agustín en VI De Super. Gen. ad litt.8: En el hom-


3. Q.74: ML 40,85.

4. Serm. ad Popul. 9 c.8: ML 38,82.


5. C.2 § 8: MG 3,645; S.


Th. lect.4.


6. § 4: MG 3,697: S. Th. lect.3.


7. L.3 metr.9: ML 63,759.


8. C.12: ML


34,348.


C.93 a.3


El origen del hombre. Fin u objetivo

829



bre sobresale el que Dios lo hace a su imagen, al darle una mente intelectual, por la que es superior a los animales. Por lo tanto, las cosas que no tienen entendimiento no

son a imagen de Dios.




Solución. Hay que decir: Para cons- tituir imagen no basta cualquier seme- jan2a, aunque esté tomada de otro. Pues, si sólo es semejanza en el género o en algún accidente común, no por ello se dice que una cosa es a imagen de otra. Ejemplo: No puede decirse que los gu- sanos que nacen del hombre sean ima- gen suya por la semejanza genérica, ni puede decirse que si una cosa se hace blanca por asemejarse a otra, sea por ello a su imagen, puesto que la blancura es un accidente común a muchas espe- cies. Para constituir imagen es necesaria la semejanza de especie, como se da la imagen del rey en su hijo, o, al menos, de un accidente propio de la especie, so- bre todo la figura, como se da, por ejemplo, cuando decimos que está la imagen del hombre en la moneda. Por eso Hilario dice


9: La imagen es una especie


no diferente.

Es evidente que la semejanza específi-




ca se toma de la última diferencia. A Dios se asemejan las cosas, en primer lu- gar, y de un modo muy común, en cuanto que existen; en segundo lugar, en cuanto que viven; finalmente, en cuanto que saben o entienden. Estas, en expre- sión de Agustín en el libro Octoginta trium quaest.


10, están tan cerca de Dios por la semejanza, que entre las criaturas no hay ninguna más próxima. Es evidente que sólo las criaturas intelectuales son, pro- piamente hablando, a imagen de Dios.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Lo imperfecto es


una participación de lo perfecto. Por ello, incluso las cosas que no cumplen las condiciones de imagen participan algo del concepto de imagen en cuanto que poseen, en sí mismas, algunas seme- janza de Dios. Por eso dice Dionisio que las cosas causadas poseen imágenes contin- gentes de sus causas, es decir, en cuanto


acontece tenerlas, y no de un modo ab- soluto.

2.




A la segunda hay que decir: Dionisio


asemeja el rayo solar a la bondad divina en cuanto a la causalidad, no en cuanto a la excelencia de naturaleza que se re- quiere para constituir imagen.


3.


A la tercera hay que decir: El uni- verso es más perfecto en bondad que la criatura intelectual de un modo extensi-

vo y difusivo. Pero en el aspecto intensi-

vo y colectivo, la semejanza de la perfec- ción divina se encuentra más en la cria- tura intelectual, que es capaz del sumo bien. O puede decirse que la parte no se contrapone al todo, sino a otra parte. De ahí que, al decir que sólo la naturaleza intelectual es a imagen de Dios, no se excluye que el universo, en cuanto a al- guna parte del mismo, sea a imagen de Dios, sino que se excluyen únicamente

las demás partes del universo.




4. A la cuarta hay que decir: Boecio toma la imagen por la semejanza según la cual el objeto producido por el artífi- ce imita la especie del arte que hay en su mente. En este sentido, toda criatura es imagen de la razón ejemplar que existe en la mente divina. Pero aquí no habla- mos de la imagen en ese sentido, sino de la semejanza de naturaleza, es decir, en cuanto que al primer ser se asemejan to-

das las cosas por el hecho de ser seres; a

la primera vida, por ser vivientes; a la suma sabiduría, por ser pensantes.


ARTICULO 3

La imagen de Dios, ¿está o no está más en el ángel que en el hombre?


In Sent. l.1 d.3 q.3 u. ad 4; l.2 d.16 a.3; l.3 d.2 q.1 q.a2 ad 1; In Psalm. 8.


Objeciones por las que parece que la imagen de Dios no está más en el ángel que en el hombre:


1. Dice Agustín en el De Imagine

11


que Dios a ninguna criatura concedió el ser a imagen suya sino al hombre. Por lo tanto, no es cierto que el ángel sea más a imagen de Dios que el hombre.


2. Más aún. Dice Agustín en el libro Octoginta trium quaest.12: El hombre es a imagen de Dios de tal manera que fue forma- do por El sin haber mediado ninguna criatu- ra. Por ello no hay ninguna cosa más unida a El. Pero se dice de una criatura que es a

imagen de Dios porque está unida a El.




9. De Synod. ML 10,490.

10. Q.51: ML 40,32.


11. Serm. ad Popul. 43 c.2: ML


38,255.

12. Q.51: ML 40,33.

830



Tratado del hombre


C.93 a.4

Por lo tanto, el ángel no es más a ima- gen de Dios que el hombre.




3. Todavía más. La criatura es a imagen de Dios en cuanto que posee una naturaleza intelectual. Pero la natu- raleza intelectual no aumenta ni dismi- nuye, puesto que pertenece al género de sustancia y no al de accidente. Por lo tanto, el ángel no es más a imagen de Dios que el hombre.


En cambio está lo que dice Grego-

rio



13: El ángel es llamado sello de la seme- janza, porque en él está más expresa la seme- janza de la imagen divina.


Solución. Hay que decir: Podemos ha- blar de imagen de Dios en un doble sen- tido. 1) Primero, en cuanto a aquello en lo que se considera ante todo la razón de imagen: la naturaleza intelectual. Consi- derada así, la imagen de Dios se da más

en el ángel que en el hombre, porque en

el primero es más perfecta la naturaleza intelectual, como se dijo (q.58 a.3; q.75 a.7 ad 3; q.79 a.8). 2) Segundo, puede considerarse la imagen de Dios en el hombre en su elemento secundario, es decir, en cuanto que en el hombre se da cierta imitación de Dios, ya que hombre procede de hombre, como Dios de Dios;

y en cuanto que el alma humana está toda en todo el cuerpo y toda en cada una de sus partes, como Dios respecto del mundo. En cuanto a esto y a otros aspectos semejantes, se encuentra la ima- gen de Dios más plenamente en el hom- bre que en el ángel. Pero esto no cuenta para el porqué de imagen divina en el hombre, a no ser que se presuponga la primera imitación por la naturaleza inte- lectual; pues, de no ser así, también las bestias serían a imagen de Dios. Por tan- to, como en lo referente a la naturaleza intelectual el ángel es más a imagen de Dios que el hombre, hay que admitir ab- solutamente que el ángel es más plena- mente imagen divina; y el hombre lo es más en algún aspecto.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Agustín excluye de


la idea de imagen de Dios las criaturas inferiores, que carecen de entendimien- to, no a los ángeles.


2.


A la segunda hay que decir: Así


como se dice que el fuego es el cuerpo

más sutil por su especie, y hay fuegos

más sutiles que otros, así también nada

hay más unido a Dios que la mente hu- mana en el género de naturaleza intelec- tual; pues, como el mismo Agustín ha-

bía dicho antes, los seres inteligentes le están tan próximos por la semejanza, que entre las criaturas no hay ninguna más cercana. No se excluye, por lo tanto, que el ángel sea

más a imagen de Dios.




3.


A la tercera hay que decir: Con la expresión la sustancia no admite el más y el menos


14


no se pretende indicar que una especie de sustancia no sea más perfecta que otra, sino que un mismo individuo no participa su especie unas veces más que otras. Ni siquiera por distintos indi- viduos se participa la especie de la sus- tancia más y menos.


ARTICULO 4


La imagen de Dios, ¿se encuentra o no se encuentra en cualquier


hombre?


In Sent. l.1 d.3 p.2.a exp. text.; De Pot. q.9 a.9.


Objeciones por las que parece que la imagen de Dios no se encuentra en cual- quier hombre:


1. Dice el Apóstol en 1 Cor 11,7: El hombre es imagen de Dios, y la mujer es ima- gen del varón. Por lo tanto, como la mujer

es un individuo de la especie humana,

no es propio de todo individuo el ser

imagen de Dios.




2. Más aún. Dice el Apóstol en

Rom 8,29: A los que antes conoció, a ésos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo. Pero no todos los hombres están predestinados. Por lo tanto, no to-

dos los hombres poseen la conformidad

de la imagen.




3. Todavía más. La semejanza es esencial a la imagen, como dijimos (a.1). Pero por el pecado se hace al hombre desemejante de Dios. Por lo tanto, pier- de su imagen.


En cambio está lo que se dice en Sal 38,7: El hombre se va como una imagen.

13. In Evang. l.2 hom.34: ML 76,1250.




14. Cf. ARISTÓTELES, Categ. c.5 n.20 (BK 3b33); cf. BOECIO, In Categ. Aristot. l.1 c. De Subst., § Videtur autem: ML 64,197.



C.93 a.5


El origen del hombre. Fin u objetivo

831



Solución. Hay que decir: Como quiera

que se dice que el hombre es a imagen

de Dios por su naturaleza intelectual, lo

es sobre todo en cuanto que la naturale-

za intelectual puede imitarle del modo

más perfecto posible. Y le imita de un

modo perfecto en cuanto que Dios se

conoce y se ama a sí mismo. De ahí que

la imagen de Dios en el hombre puede

ser considerada de tres modos. 1) Prime-



ro, en cuanto que el hombre posee una aptitud natural para conocer y amar a

Dios, aptitud que consiste en la natura-

leza de la mente; esta es la imagen co-

mún a todos los hombres. 2) Segundo, en

cuanto que el hombre conoce y ama ac-

tual o habitualmente a Dios, pero de un

modo imperfecto; ésta es la imagen pro- cedente de la conformidad por la gracia.

3) Tercero, en cuanto que el hombre co-

noce actualmente a Dios de un modo perfecto; ésta es la imagen que resulta de

la semejanza de la gloria. Por eso, co- mentando la expresión del Sal. 4,7: Sella-



da sobre nosotros está la luz de tu rostro, ¡oh Señor!, distingue la Glosa una triple ima-


gen: de creación, de recreación y de semejan- za. La primera se da en todos los hom-

bres; la segunda, sólo en los justos; la tercera, exclusivamente en los bienaven- turados.




Respuesta a las objeciones; 1. A la primera hay que decir: Tanto en el hom-


bre como en la mujer se encuentra la imagen de Dios en lo esencial, esto es,

en cuanto a la naturaleza intelectual. Por

eso en Gén 1,27, después de decir del hombre que Dios lo creó a su imagen, aña- de: Los creó macho y hembra. Y dice en plural Los, según Agustín, para evitar el

que se entienda que ambos sexos se da-

ban en un solo individuo. Sin embargo,

en cuanto a algo secundario se encuentra

la imagen de Dios en el hombre y no en

la mujer. El hombre es principio y fin

de la mujer, como Dios es principio y

fin de toda criatura. Por eso el Apóstol, después de haber dicho que el varón es imagen y gloria de Dios, muestra por qué

lo dijo, añadiendo (v.8-9): Pues no procede

el varón de la mujer, sino la mujer del varón,


y no fue creado el varón para la mujer, sino la mujer para el varón.

2.3.




A la segunda y tercera hay que de- cir: Aquellas objeciones parten de la no-

ción de imagen tal como se da por la conformidad de la gracia y de la gloria.




ARTICULO


5


La imagen de Dios, ¿está en el hombre referida a la trinidad de


personas?

Infra q.93 a.6; De Verit. q.10 a.3.




Objeciones por las que parece que la imagen de Dios no está en el hombre re- ferida a la trinidad de personas:


1. Dice Agustín en el libro De fide ad Petrum


15: Una esencialmente es la divini- dad de la Santa Trinidad y la imagen a la cual fue hecho el hombre. Hilario, por su parte, dice en V De Trin.16: El hombre es

hecho a la imagen común de la Trinidad. Por lo tanto, en el hombre se da la imagen

de Dios en cuanto a su esencia, no en cuanto a la trinidad de personas.




2. Más aún. En el libro De Eccles. Dogmat.


17, se dice que la imagen de Dios en el hombre es considerada según la eternidad. El Damasceno añade


18: Que el hombre sea a imagen de Dios, significa que es intelectual, libre y dueño de sí. Gregorio Niseno escribe


19: Cuando la Sagrada Es- critura dice que el hombre fue hecho a imagen de Dios, es lo mismo que si dijera que la naturaleza humana fue hecha partícipe de todo bien, ya que la divinidad es la plenitud del bien. Todo esto no es propio de la distinción de las personas, sino de la unidad de esencia. Por lo tanto, la ima- gen de Dios que existe en el hombre no dice referencia a la trinidad de personas, sino a la unidad de esencia.


3. Todavía más. La imagen lleva al conocimiento de aquello que representa. Por lo mismo, si en el hombre se da la imagen de Dios según la trinidad de personas, puesto que el hombre puede conocerse a sí mismo naturalmente, se seguiría de aquí que podría conocer na- turalmente la Trinidad. Como quedó de- mostrado (q.32 a.1), esto es falso.


4. Por último. Imagen no se atribuye a cualquiera de la tres Personas, sino sólo al Hijo, pues, según Agustín en VI De Trin.20: Sólo el Hijo es imagen del Pa-


15. Cf. FULGENCIO, c.1: ML 65,674.

16. ML 10,134.


17. GENADIO, c.88: ML


58,1000.


18. De Fide Orth. l.2 c.12: MG 94,920.


19. De Hom. Opil. c.16: MG


44,184.

20. C.2: ML 42,925.

832


Tratado del hombre


C.93 a.6


dre. Así, pues, si en el hombre se consi- derase la imagen de Dios referida a la Persona, no se daría en él la imagen de toda la Trinidad, sino sólo del Hijo.


En cambio está el que Hilario en IV De Trin.

21


deduce la pluralidad de las Personas divinas del hecho de que el hombre se dice hecho a imagen de Dios.


Solución. Hay que decir: Como diji- mos anteriormente (q.40 a.2), la dis- tinción entre las Personas divinas no se da sino por razón del origen, o mejor, por razón de las relaciones de origen. Ahora bien, no es uno mismo el modo de origen en todas las cosas, sino que cada uno tiene el modo de origen que es propio de su naturaleza: lo inanimado es producido de modo distinto que lo ani- mado; y las plantas de modo distinto que los animales. Es evidente que la dis- tinción de las Personas divinas se realiza en conformidad con la naturaleza divina. De ahí que el ser a imagen de Dios por la imitación de la naturaleza divina no excluye el serlo según la representación de las tres Personas; antes bien, lo uno se sigue de lo otro. Así, pues, hay que decir: En el hombre se da la imagen de Dios en cuanto a la naturaleza divina y en cuanto a la trinidad de personas, pues en el mismo Dios hay una naturaleza en tres Personas.


Respuesta a las objeciones: 1. y

2.




A la primera y segunda hay que decir: Está incluida en lo dicho.

3.




A la tercera hay que decir: Aquel argumento sería viable si la imagen que

el hombre tiene de Dios lo representara perfectamente. Dice Agustín en XV De Trin.22: Es máxima la diferencia existente entre esta trinidad que hay en nosotros j la Trinidad divina. Por eso, como dice él mismo




23, la trinidad que hay en nosotros la vemos más que la creemos, mientras que cree- mos más que vemos que Dios sea Trinidad.


4.


A la cuarta hay que decir: Algunos

sostuvieron que en el hombre sólo se da la imagen del Hijo. Pero Agustín en XII De Trin.


24


demuestra la falsedad de esto. Primero, porque, dado que el Hijo es se- mejante al Padre en igualdad de esencia,

de haber sido hecho el hombre a imagen del Hijo, lo habría sido a imagen del Pa-

dre. Segundo, porque si el hombre hubie-

ra sido hecho solamente a imagen del Hijo, no hubiera dicho el Padre: Haga-



mos al hombre a imagen y semejanza nuestra, sino a imagen y semejanza tuya.


Por lo tanto, Gén 1,27: Lo hizo a ima- gen de Dios no debe entenderse como si


hubiera hecho al hombre sólo a imagen del Hijo, que es Dios, como algunos pretendieron, sino que significa que Dios Trinidad hizo el hombre a imagen suya, es decir, de toda la Trinidad.


Y la expresión Dios hizo el hombre a su imagen puede entenderse de dos modos. Primero, en cuanto que la preposición a designara el término de la producción: hagamos al hombre de tal manera que se dé en él la imagen. Segundo, en cuanto que la preposición a designara la causa ejem-

plar, como cuando decimos: Este libro ha



sido hecho conforme con aquél. Así, la ima- gen de Dios es la misma esencia divina,

que se llama Imagen de un modo abusi-

vo, en cuanto que la imagen se toma como ejemplar. O, como dicen algu-

nos



25, la esencia divina es llamada imagen en cuanto que, según ella, una persona imita a la otra.


ARTICULO 6

La imagen de Dios, ¿está en el


hombre sólo en lo que respecta a la mente?

Supra q.3 a.1 ad 2; q.45 a.7; In Sent. l.1 d.3 a.3; Cont. Gentes 4,26.




Objeciones por las que parece que la imagen de Dios no está en el hombre sólo en lo que respecta a la mente


b:

21. ML 10,111.


22. C.20: ML 42,1088.


23. De Trin. l.15 c.6: ML 42,1064.


24. C.6: ML 42,1001.




25. Cf. In Sent. l.1 d.2 exp. text.; HILARIO, De Trin. l.4: ML 10,111; PEDRO LOMBARDO, Sent. l.1 d.2 c.4 (QR 1,24).


b. Tertuliano, Prudencio, y especialmente S. Ireneo, afirmaban que Adán fue creado, en la perspectiva futura del Verbo hecho carne, según el modelo del cuerpo de Cristo glorificado; por eso para ellos es en su cuerpo dotado de espíritu donde sobre todo se halla la imagen de Dios. Pero, en general, los Padres, sobre todo quienes intentaban cristianizar la gnosis pagana

y el neoplatonismo, excluían al cuerpo de esta imagen. El cuerpo es sólo vestigio de Dios, aunque superior al de las otras creaturas materiales por cuanto en él se transparenta el resplan-





C.93 a.6


El origen del hombre. Fin u objetivo

833



1. Dice el Apóstol en 1 Cor 11,7: El varón es imagen de Dios. Pero el varón no es sólo mente. Por lo tanto, la imagen de Dios no se considera sólo en cuanto a la mente.


2. Más aún. Se dice en Gén. 1,27: Creó Dios al hombre a su imagen; los creó macho y hembra. Como la distinción entre macho y hembra se da según el cuerpo,

la imagen de Dios en el hombre es se- gún el cuerpo y no sólo según la mente.




3. Todavía más. La imagen se consi- dera sobre todo por la figura. Pero ésta es algo propio del cuerpo. Por lo mismo, la imagen de Dios en el hombre es tam- bién según el cuerpo y no sólo según la mente.


4.


Por último. Dice Agustín en XII Super Gen. ad litt.26: Hay en nosotros una triple visión: corporal, espiritual o imaginati- va e intelectual. Por lo tanto, si por la vi-

sión intelectual, perteneciente a la men-

te, hay en nosotros una trinidad por la

que somos imagen de Dios, con igual motivo la habrá en las otras visiones.






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