Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que la sensualidad no es sólo apetitiva, sino también cognitiva:


1. Dice Agustín en XII De Trin.1: El movimiento sensual del alma, que se encuentra en los sentidos corporales, no es común con los animales. Pero los sentidos corporales caen bajo el orden cognoscitivo. Por lo tanto, la sensualidad es una fuerza cog- noscitiva.


2. Más aún. Los miembros de una división pertenecen al mismo género. Pero Agustín, en XII De Trin.2, divide la sensualidad en contraposición a la ra- zón superior e inferior, que pertenecen


al conocimiento. Por lo tanto, la sensua- lidad es una fuerza cognoscitiva.


3. Todavía más. En la tentación del hombre, la sensualidad ocupa el lugar de la serpiente. Pero la serpiente, en la ten- tación de los primeros padres, se presen- ta como quien descubre y propone el pecado, que es algo cognoscitivo. Por lo tanto, la sensualidad es una fuerza cog- noscitiva.


En cambio, la sensualidad se define

3


como el apetito de cosas pertenecientes al cuerpo.


Solución. Hay que decir: La palabra sensualidad parece haber sido tomada del movimiento sensible, del que habla Agustín en XII De Trin., de la misma manera que el nombre de potencia se toma del acto, como la visión, de ver. Pero el movimiento sensual es un apeti-


10. ARISTÓTELES, c.11 n.4 (BK 434a16): S. Th. lect.16 n.845. 1. C.12: ML 42,1007.

2. Ib.

3. Cf. PEDRO LOMBARDO, Sent. l.2 d.24 c.4 (QR

1,421).



a. Al hablar de sensualitas Sto. Tomás se refiere, según el modo entonces habitual, al apetito sensitivo. Pero el término tenía -y aún hoy tiene- connotaciones morales peyorativas, como inclinación desordenada de la sensibilidad (cf. a.3 dif.1); y designaba, por otra parte, tanto el aspecto cognoscitivo de la sensación externa e interna que precede al movimiento apetitivo sensible, como este mismo apetito. Algo similar a lo que en nuestros días ocurre con sensibilidad e incluso sensación. El carácter fluctuante del término en S. Agustín favorecía la confusión (cf. a.1). Sto. Tomás distingue claramente ambos fenómenos, por otra parte conexos, y se refie-

re a sensualitas exclusivamente como al apetito sensitivo. Si bien en adelante, para evitar equívo- cos, empleará de modo casi exclusivo la expresión apetito sensitivo.




Sobre la sensualidad


CUESTIÓN 81


nes. Igualmente podemos decir que de- seamos bienes inmateriales por medio del apetito intelectivo, como puede ser la ciencia, la virtud y otras cosas pareci- das que los sentidos no pueden apre- hender.


3.


A la tercera hay que decir: Como se

dice en el III De Anima




10, una opinión universal no mueve más que a través de una particular. De modo parecido, el apetito superior mueve a través del infe- rior. De este modo no hay una fuerza motriz distinta para el entendimiento y para el sentido.



C.81 a.2


Sobre la sensualidad

743



to que sigue al conocimiento sensible. El acto de la facultad cognoscitiva no es movimiento en sentido tan propio como lo es el acto del apetito, pues la opera- ción cognoscitiva se consuma con la presencia de lo conocido en quien cono- ce, mientras que la operación apetitiva consiste en la tendencia del sujeto que desea hacia lo deseado. De este modo, la operación cognoscitiva se parece más al reposo. La operación apetitiva, por su parte, al movimiento. Por eso, el movi- miento sensual es entendido como la operación de la potencia apetitiva. Y, así, sensualidad es el nombre del apetito


sensitivo.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Cuando Agustín


dice que el movimiento sensual del alma tiende hacia los sentidos corporales, no da a entender que los sentidos del cuer- po estén bajo la sensualidad, sino, más bien, que el movimiento de la sensuali- dad es una cierta inclinación hacia los sentidos corporales, por cuanto desea- mos lo que ellos perciben. Así, los senti- dos corporales pertenecen a la sensuali- dad como anticipación..


2.


A la segunda hay que decir: La sen- sualidad se divide contra la razón supe-

rior e inferior por cuanto convienen en

el acto de mover. Pues la facultad cog- noscitiva, a la que le pertenece la razón superior y la inferior, es motriz, como también la apetitiva, a la que pertenece

la sensualidad.




3.


A la tercera hay que decir: La ser- piente no solamente descubre y propone

el pecado, sino que también impulsa a cometerlo. En este sentido, la sensuali-

dad está simbolizada por la serpiente.


ARTICULO 2

El apetito sensitivo, ¿se divide o no


se divide en irascible y concupiscible, como en potencias diversas?

Infra q.82 a.5; In Sent. l.3 d.26 q.1 a.2; De verit. q.25


a.2; De an. l.3 lect.14; De malo q.8 a.3.




Objeciones por las que parece que el apetito sensitivo no se divide en irasci- ble y concupiscible, como en potencias diversas:


1. Como se dice en II De Anima


4, una misma potencia tiene por objeto co-

sas contrarias, como la vista tiene lo blanco y lo negro. Pero lo conveniente y

lo perjudicial son contrarios. Por lo tan-

to, como el objeto del apetito concupis- cible es lo conveniente, y, en cambio, el del irascible lo perjudicial, parece que

una misma potencia del alma es irascible

y concupiscible.




2. Más aún. El apetito sensitivo no tiene por objeto más que lo conveniente a los sentidos. Pero lo conveniente a los sentidos es el objeto concupiscible. Por lo tanto, no hay ningún apetito sensitivo diferente del concupiscible.


3.

Todavía más. El odio está en el irascible, pues dice Jerónimo


5


en Super Mt. 13,33: En el irascible odiemos los vicios. Pero el odio, por ser contrario al amor,

se encuentra en el concupiscible. Por lo tanto, la potencia concupiscible e irasci-

ble es la misma.


En cambio está el hecho de que Gre- gorio Niseno

6


y el Damasceno

7


sitúan estas dos potencias, la irascible y la con- cupiscible, como partes del apetito sensi- tivo.


Solución. Hay que decir: El apetito sensitivo es una facultad genérica llama- da sensualidad, pero dividida en dos po- tencias, cuyas especies son la irascible y la concupiscible. Para entender esto, hay que tener presente que es necesario que en los seres naturales corruptibles no sólo debe haber tendencia a procurarse

lo conveniente y eludir lo perjudicial, sino que también debe haber tendencia a resistir lo corruptivo y adverso, que son obstáculos para conseguir lo convenien- te, y son también fuente de perjuicios. Así, el fuego no sólo tiende por natura- leza a alejarse de un lugar bajo, que le es contrario, y a elevarse, que le es propio también por naturaleza, sino que tam- bién tiende a resistir ante todo lo que le altera y obstaculiza. Así, pues, porque el apetito sensitivo es una tendencia que si- gue al conocimiento sensitivo, como el




apetito natural es una tendencia que si- gue a la forma natural, es necesario que en la parte sensitiva del alma haya dos


4. ARISTÓTELES, c.11 n.2 (BK 422b23): S. Th. lect.22 n.519.

5. L.1: ML 26,94.


6. Cf. NEMESIO, De Nat. Hom. c.16.17: MG 40.672.676.


7. De Fide Orth. l.2 c.12: MG


94,928.


744


Tratado del hombre


C.81 a.3


potencias apetitivas. 1) Una, por la que el alma tienda simplemente hacia lo con- veniente en el orden sensible, y rehuya lo perjudicial. A ésta la llamamos concu- piscible. 2) Otra, por la que el animal rechaza todo lo que se le opone en la consecución de lo que le es conveniente y le perjudica. A esta la llamamos irasci- ble, cuyo objeto denominamos lo difícil, esto es, porque tiende a superar lo ad- verso y prevalecer sobre ello.


Estas dos tendencias no se reducen a un solo principio, porque a veces el alma, a pesar de la tendencia de su apeti- to concupiscible, se ocupa de lo triste con el objetivo de superar los obstácu- los, conforme con la tendencia irascible. Por eso, también parece que hay lucha entre las pasiones del irascible y las del concupiscible. Pues, encendida la concu- piscencia, disminuye la ira, y encendida la ira, disminuye la concupiscencia. Esto mismo se desprende con claridad del he- cho de que el irascible es como campeón y defensor del concupiscible, ya que irrumpe contra los obstáculos que impi- den alcanzar lo conveniente que apetece el concupiscible, e irrumpe contra lo perjudicial de lo que huye el concupisci- ble. Por eso, todas las pasiones del iras- cible empiezan en las del concupiscible y en ellas terminan. Esto sucede con la ira, que nace de aquella tristeza que afecta al sujeto, y, lograda su venganza, se con- vierte en alegría. Por lo mismo, las pe- leas de los animales responden a lo con- cupiscible, como puede ser el alimento o los apáreos, según se dice en VIII De Animalibus


8.

Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: El apetito concupis- cible tiene por objeto tanto lo conve- niente como lo perjudicial. Pero el iras- cible se centra en la resistencia a lo per- judicial, combatiéndolo.


2.


A la segunda hay que decir: Así como en las facultades cognoscitivas, en

la parte sensitiva hay una facultad es- timativa, que, como dijimos anterior- mente (q.78 a.2), percibe lo que no im- presiona al sentido, así también, en el apetito sensitivo hay una facultad que tiende hacia algo que no es conveniente para el deleite de los sentidos, pero sí




útil al animal para su defensa. Esta es la potencia irascible.

3.




A la tercera hay que decir: En cuan- to tal, el odio pertenece al concupiscible. Pero por razón de la lucha que provoca, puede pertenecer al irascible.


ARTICULO


3


Lo irascible y lo concupiscible, ¿están o no están sometidos a la


razón?

1-2 q.17 a.7; De Verit. q.25 a.4; De An. l.3 lect.16; In Ethic. l.1 lect.20.




Objeciones por las que parece que lo irascible y lo concupiscible no están so- metidos a la razón:


1. El irascible y el concupiscible son partes de la sensualidad. Pero la sensua- lidad no obedece a la razón. Por eso es simbolizada con la serpiente, como dice Agustín en XII De Trin.9 Por lo tanto, el apetito irascible y el concupiscible no están sometidos a la razón.


2. Más aún. Cuando se obedece a al- guien, no se le contradice. Pero el irasci-

ble y el comcupiscible contradicen a la razón, según aquello del Apóstol en

Rom 7,23: Veo otra ley en mis miembros que contradice a la ley de mi espíritu. Por lo tanto, el irascible y el comcupiscible no están sometidos a la razón.


3. Todavía más. Así como la facul- tad apetitiva es inferior a la parte racio- nal del alma, así también es inferior la potencia sensitiva. Pero la parte sensitiva del alma no está sometida a la razón, pues no oímos ni vemos cuando quere- mos. Por lo tanto, igualmente las poten- cias del apetito sensitivo, es decir, el irascible y el concupiscible, tampoco es- tán sometidos a la razón.


En cambio está lo que dice el Da- masceno


10: Lo que está sometido y se deja persuadir por la razón se divide en concupis-


cencia e ira.

Solución. Hay que decir: El irascible y


el concupiscible están sometidos a la parte superior, en la que reside el enten- dimiento o razón y la voluntad, de dos maneras: 1) Una, con respecto a la ra- zón. 2) Otra, con respecto a la voluntad. Están sometidos a la razón en cuanto a


8. ARISTÓTELES, Hist. Anim. 8, c.1 n.4 (BK 589a2).

9. C.12: ML 42,1007.


10. De




Fide Orth. l.2 c.12: MG 94,928.

C.81 a.3


Sobre la sensualidad

745



sus mismos actos. Esto es así porque en los otros animales el apetito sensitivo está ordenado a ser movido por la po- tencia estimativa. Ejemplo: La oveja teme al lobo porque lo estima enemigo suyo. Como dijimos anteriormente (q.78 a.4), el hombre, en lugar de la poten- cia estimativa, tiene la cogitativa, llama- da por algunos razón particular, porque compara las representaciones individua- les. Por eso, de ella proviene en el hom- bre el movimiento del apetito sensitivo. La razón particular es movida y regida naturalmente por la razón universal. Por eso, en la argumentación silogística, de


las proposiciones universales se deducen conclusiones particulares. De este modo, resulta evidente que la razón universal gobierna el apetito sensitivo, dividido en concupiscible e irascible, y que este ape- tito le está sometido. Y porque el resol- ver los principios universales en conclu- siones particulares no es una obra del entendimiento en cuanto tal, sino de la razón, se dice que el apetito concupisci- ble y el irascible están sometidos a la ra- zón más que al entendimiento. Esto puede experimentarlo cada uno en sí mismo, ya que, recurriendo a ciertas consideraciones generales, se mitigan o intensifican la ira, el temor y otras pa- siones similares.


Igualmente, el apetito sensitivo se su- bordina a la voluntad en orden a la eje- cución, que se lleva a cabo por medio de la fuerza motriz. En los animales, a la actividad concupiscible e irascible inme- diatamente le sigue el movimiento. Ejemplo: En la oveja, que huye inme- diatamente por temor al lobo. Esto es así porque no hay en ellos un apetito su- perior que le contradiga. En cambio, el hombre no se mueve inmediatamente impulsado por el apetito irascible y con- cupiscible, sino que espera la orden del apetito superior, que es la voluntad. Pues en todas las potencias motoras, ordena- das entre sí, la segunda no se mueve a no ser por la primera. Por eso, el apetito inferior no es suficiente para mover has-

ta que no lo consiente el superior. Esto

es lo que dice el Filósofo en III De Ani- ma


11: El apetito superior mueve al inferior como la esfera superior a la inferior. Por lo


tanto, así es como el apetito irascible y el concupiscible están sometidos a la ra-

zón.



Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La sensualidad está


simboliza por la serpiente en lo que se refiere a aquello que le corresponde por razón de la parte sensitiva. En cambio,

el irascible y el concupiscible indican, más bien, el apetito sensitivo por parte del acto, al que son instigados por la ra- zón, como dijimos (sol.).




2.


A la segunda hay que decir: El Filó- sofo en I Politicorum12 dice: En el animal

es observable tanto el poder despótico como el


político. El alma domina al cuerpo con despo- tismo, y el entendimiento domina al apetito con poder político y regio. Pues se llama do- minio despótico el que se ejerce sobre

los siervos, los cuales no disponen de ningún medio para enfrentarse a las ór- denes de quien ordena, ya que no tienen nada propio. En cambio, el poder políti-

co y regio es el ejercido sobre hombres libres, los cuales, aunque estén someti-

dos al gobierno de un jefe, sin embargo, poseen cierta autonomía que les permite enfrentarse a los mandatos. Así, se dice

que el alma domina al cuerpo con poder despótico, ya que los miembros del cuerpo en nada pueden oponerse al mandato del alma, sino que, conforme a

su deseo inmediatamente mueven el pie,

la mano o cualquier otro miembro capaz

de movimiento voluntario. En cambio,

se dice que el entendimiento o la razón ordenan al apetito concupiscible e irasci-

ble con poder político, porque el apetito sensitivo tiene cierta autonomía que le permite enfrentarse al mandato de la ra- zón. Pues el apetito sensitivo, por natu- raleza, no sólo puede ser movido por

la facultad estimativa en los animales y

por la cogitativa en el hombre, siendo

ésta dirigida por la razón universal, sino también por la imaginación y los senti-

dos. De ahí que experimentemos la re-




sistencia que el apetito concupiscible e irascible oponen a la razón, al sentir o imaginar algo deleitable que la razón veta o algo triste que la razón ordena. Por eso, la resistencia que el irascible y el concupiscible oponen a la razón no excluye que le estén sometidos.


11. ARISTÓTELES, c.11 n.3 (BK 434a12): S. Th. lect.16 n.843.

12. ARISTÓTELES, c.2


n.11 (BK 1254b2): S. Th. lect.3.



3.


A la tercera hay que decir: Los sen- tidos externos para obrar necesitan ser estimulados por los objetos sensibles ex- teriores, cuya presencia no depende de la razón. Pero las facultades interiores, tan-

to apetitivas como aprehensivas, no ne-




Ahora hay que tratar lo referente a la voluntad


a. Esta cuestión plantea


y exige respuesta a cinco problemas:

1. Lo que la voluntad desea, ¿lo desea o no lo desea por necesidad?-




2. ¿Lo desea todo por necesidad?-3. ¿Es o no es, como potencia, más digna que el entendimiento?-4. La voluntad, ¿impulsa o no impulsa al en- tendimiento?-5. La voluntad, ¿se divide o no se divide en irascible y con- cupiscible?


ARTICULO 1


Lo que la voluntad desea, ¿lo desea o no lo desea por necesidad?

1-2 q.10 a.1; In Sent. l.2 d.25 a.2; De Verit. q.22 a.5; De Malo q.6.




Objeciones por las que parece que la voluntad nada desea por necesidad:

1. Dice Agustín en V De Civ. Dei




1: Si algo es necesario, no es voluntario. Pero todo lo que la voluntad desea es volun- tario. Por lo tanto, nada de lo que desea lo desea necesariamente.


2. Más aún. Según el Filósofo


2, las potencias racionales se orientan a obje-

1. C.10: ML 41,152.


2. ARISTÓTELES, Metaphys. 8 c.2 n.2 (BK 1046b5): S. Th. lect.2


n.1789.

3. ARISTÓTELES, c.9 n.3 (BK 432b5): S. Th. lect.14 n.802.

4. C.4: ML 42,1018.




a. Probada la existencia de la voluntad como apetito intelectivo en la q.80, aquí considera su objeto (a. 1-2), su relación con el entendimiento (a.3-4) y con el apetito sensitivo (a.5). El carácter finito, creado, del hombre se refleja también en la naturaleza de la voluntad, como an-

tes se había manifestado en su entendimiento, al mismo tiempo que se ensalza su dignidad como partícipe en los atributos de Dios. La voluntad del hombre está en dependencia de su objeto, el bien, no lo crea, como es el caso de la voluntad divina, del mismo modo que la inte-

ligencia depende y no crea la verdad objetiva. Si en el proceso intelectivo se parte de la eviden-

cia de los primeros principios, en las voliciones se presupone la inclinación de la potencia ape-

titiva al bien y la tendencia implícita en todos los actos de la voluntad al fin último o felicidad en abstracto (a.l). Esta necesidad es la raíz misma de la libertad del hombre, ya que ningún objeto finito -ni el mismo bien infinito limitadamente percibido- puede actualizar por com-

pleto a la voluntad, por lo que siempre queda con respecto a ellos en un estado radical de indi-

ferencia (a.2; cf. q.83 a.1). Como apetito que es, sigue y depende de la aprehensión cognosciti-

va de la razón y de las fluctuaciones de su juicio estimativo, a la vez que influye y determina

a este último.


tos opuestos. Pero la voluntad es una potencia racional, porque, como se dice en III De Anima


3, la voluntad está en la razón. Por lo tanto, la voluntad se rela- ciona a objetos opuestos. Por lo tanto, la voluntad no está determinada a nada necesariamente.


3.


Todavía más. Por la voluntad so- mos dueños de nuestros actos. Pero no somos dueños de lo que sucede necesa- riamente. Por lo tanto, el acto de la vo- luntad no puede ser necesario.


En cambio está lo que dice Agustín

en XIII De Trin.4: Todos desean la felicidad unánimemente. Si esto no fuese necesario,






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