Santo tomas de aquino


C.76 a.2 ARTICULO 2 El principio intelectivo, ¿se



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C.76 a.2


ARTICULO 2

El principio intelectivo, ¿se


multiplica o no se multiplica conforme se multiplican los


cuerpos?


c


In Sent. l.1 d.8 q.5 a.2 ad 6; l.2 d.17 q.2 a.1; Cont. Gentes 2,73.75; De Spir. Creat. a.9; De Anima a.3.


Objeciones por las que parece que el principio intelectivo no se multiplica conforme se multiplican los cuerpos, sino que hay una sola inteligencia para todos los hombres:


1. Ninguna sustancia inmaterial se multiplica numéricamente dentro de la misma especie. Pero el alma humana es sustancia inmaterial, pues no está com- puesta a partir de la materia y de la for- ma, según se demostró anteriormente (q.75 a.5). Por lo tanto, no hay muchas almas de la misma especie. Pero todos los hombres son de la misma especie. Por lo tanto, hay un solo entendimiento para todos los hombres.


2. Más aún. Anulada la causa, anula- do el efecto. Por lo tanto, si al multipli- carse los cuerpos se multiplicaran las al- mas, parece que hay que concluir que, anulados los cuerpos, no se daría la va- riedad en las almas, puesto que todas ellas quedarían reducidas a un solo ser. Esto es herético; pues, de ser así, desa- parecería la diferencia que hay entre pre- mios y penas.


3. Todavía más. Si mi entendimien- to es distinto del tuyo, el mío es indivi- dual, lo mismo que el tuyo. Pues las rea- lidades particulares se diferencian en el número y coinciden en la especie. Pero


todo lo que es recibido en algo, está en él tal como es el que lo recibe. Por lo tanto, las especies de las realidades son recibidas en mi entendimiento y en el tuyo individualmente. Esto es contrario a la naturaleza del entendimiento, cono- cedor de los universales.


4. Aún más. Lo que es entendido se encuentra en el entendimiento del que entiende. Por lo tanto, si mi entendi- miento es distinto del tuyo, es necesario que lo que yo entiendo sea distinto de lo que entiendes tú. De ser así, tendríamos objetos numéricamente individuales, y el entendimiento sólo estaría en potencia, siendo del todo necesario abstraer el concepto común a ambos, porque de objetos distintos, sean los que sean, se puede abstraer un concepto inteligible común. Lo cual se opone a la naturaleza del entendimiento, ya que no se dis- tinguiría de la facultad de la imagina- ción. Por lo tanto, parece que todos los hombres tienen un solo entendimiento.


5. Y también. Cuando el discípulo recibe la enseñanza del maestro, no pue- de decirse que la ciencia del maestro en- gendre la ciencia en el discípulo, porque, de ser así, la ciencia sería una forma acti- va como el calor. Esto es evidentemente falso. Por lo tanto, parece que la ciencia que tiene el maestro, la misma numérica- mente, debe pasar al discípulo. Esto no es posible a no ser que el entendimiento de ambos sea el mismo. Por lo tanto, parece que sea uno sólo el entendimien- to del discípulo y el del maestro. Conse- cuentemente, también el de todos los hombres.


c. La doctrina aristotélica del ??3? o principio intelectivo, que trasciende la materia y «se

parado», junto a su condición de forma sustancial de un cuerpo corruptible, es confusa y en

ocasiones equívoca (cf. F. NUYENS, L'évolution de la psychologie d'Aristote [Louvain 1948] p.266ss). Sobre todo en lo que se refiere al entendimiento agente. La unicidad de éste como

entidad espiritual separada, divina y siempre en acto, la establece ya de modo explícito Alejan-

dro de Afrodisias; recogida esta doctrina por Alkindi, pasará a la filosofía árabe y por su medio

llegará al aristotelismo medieval. Para Averroes, además -el «comentarista» por excelencia de

Aristóteles para los autores medievales-, también el entendimiento posible es único para to-

dos los hombres y separado. Sto. Tomás, creyéndose fiel intérprete del filósofo griego frente

a Averroes, y llevando de modo lógico a sus últimas consecuencias los principios fundamenta-

les de la psicología aristotélica, establece la individualidad en cada hombre de su alma y su en- tendimiento. La trascendencia del tema le llevará a escribir el De unitate intellectus contra averrois-



tas. Sus argumentaciones contribuirán a las matizaciones significativas que de su propia doctri-

na hará Siger de Brabante en los últimos escritos (cf. F. VAN STEENBERGHEN, Siger de Brabant



d'après ses oeuvres inédites [Louvain 1942]; ID., Maître Siger de Brabant [Louvain 1977] p. 132-9, 347- 389; A. MARLASCA, Les Quaestiones super Librum de Causis de Siger de Brabant [Louvain 1977] p. 18-23; ID., La antropología sigeriana en las «Quaestiones super Librum de Causis»: Estudios Filosó- ficos 20 [1971] 3-37; ID., De nuevo, Tomás de Aquino y Siger de Brabante: ib., 23 [1974] 431-9).



C.76 a.2


Sobre la unión alma-cuerpo

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6. Por último. En el libro De quanti- tate Animae


13, dice Agustín: Si dijera úni- camente que hay muchas almas, me estaría riendo de mí mismo. Pero parece que el alma es sobre todo una sola en cuanto al entendimiento. Por lo tanto, uno es el entendimiento de todos los hombres.


En cambio está lo que dice el Filóso- fo en II Physic.


14: Lo que las causas uni- versales son con respecto a lo universal, eso mismo lo son las particulares con respecto a lo particular. Pero es imposi- ble que un alma de una especie esté en animales de distinta especie. Por lo tan- to, también es imposible que un alma in- telectiva, numéricamente la misma, esté en seres numéricamente diversos.


Solución. Hay que decir: Que el enten- dimiento sea tan sólo uno para todos los hombres, es del todo imposible. Esto re- sulta evidente si, siguiendo a Platón, el hombre es su mismo entendimiento. Pues habría que concluir que, si el en- tendimiento de Sócrates y de Platón es sólo un entendimiento, Sócrates y Pla- tón son un solo hombre, y no se dis- tinguirían entre sí más que por elemen- tos ajenos a sus respectivas esencias. La diferencia entre Sócrates y Platón, supo- niendo lo dicho, no sería mayor que la existente en un hombre por llevar una túnica o llevar una capa. Esto es total- mente absurdo.


Igualmente resulta imposible si, si- guiendo a Aristóteles


15, afirmamos que el entendimiento es parte, o potencia del alma, que es la forma del hombre. Pues es tan imposible que muchas cosas nu- méricamente distintas tengan la misma forma, como imposible es que tengan el mismo ser, ya que la forma es principio


de ser.


Igualmente resulta imposible, se expli- que como se explique, la unión del en- tendimiento con este o aquel hombre, por ser evidente que, cuando el agente principal es uno sólo y los instrumenta- les dos, puede decirse que hay, en el fondo, un solo agente y varias acciones. Pues, en el caso de que un hombre toca- se objetos distintos con las dos manos, lo que toca es uno, pero los contactos son dos. Por el contrario, si hay un solo


instrumento y varios agentes principales, se dice que hay muchos agentes, pero que la acción es sólo una. Ejemplo: Si entre muchos arrastran una embarcación tirando de la misma amarra, los que ti- ran serán muchos, pero la acción una sola. Si no hubiera más que un solo agente principal y un solo instrumento, se dice que hay un solo agente y una sola acción. Ejemplo: Un carpintero gol- pea con un solo martillo; hay un solo percusor y una sola percusión.


Es evidente que, cualquiera que sea el modo como el entendimiento se une o se funde a este o con aquel hombre, en- tre todas las cosas propias del hombre, el entendimiento es, sin duda alguna, la principal, puesto que las fuerzas sensiti- vas obedecen y están sometidas al enten- dimiento. Por lo tanto, si suponemos que dos hombres tienen distinto enten- dimiento y un mismo sentido, por ejem- plo, un solo ojo para ambos, quienes ve- rían serían dos, pero la visión sólo una. En cambio, si tienen un mismo entendi- miento, cualquiera que sea la diversidad de cosas que el entendimiento use como instrumentos, tanto Sócrates como Pla- tón no serían más que un solo sujeto in- teligente. Si a todo esto añadimos que el entender, como acción propia del enten- dimiento, no se lleva a cabo mediante ningún otro órgano, sino sólo por el en- tendimiento, nos encontramos que uno solo es el agente y una sola la acción. Esto es, todos los hombres son un solo sujeto inteligente y todos tienen la mis- ma acción de entender. Con respecto a esto último se habla de un mismo sujeto inteligible.


Por otra parte, mi acción intelectual podría distinguirse de la tuya por la di- versidad de imágenes sensibles, es decir, porque la imagen de la piedra que hay en mí es distinta de la que hay en ti, si la imagen, en cuanto que es algo en mí y algo distinto en ti, fuera la forma del entendimiento posible. Porque un mis- mo agente, obrando diversamente, pro- duce acciones diversas, al igual que en virtud de las diversas formas de los ob- jetos, son distintas las visiones de la vis- ta. Pero la imagen sensible no es la for- ma del entendimiento posible, sino la es-


13. C.32: ML 32,1073.

14. ARISTÓTELES, c.3 n.12 (BK 195b26): S. Th. lect.6


n.11.



15. ARISTÓTELES, De An. 2 c.2 n.12 (BK 414a13): S. Th. lect.4 n.271; c.3 n.1 (BK 414a32): S. Th. lect.5 n.279.



pecie


inteligible abstraída de dichas imágenes. Y en un mismo entendimien- to no se abstrae de las distintas imágenes sensibles del mismo orden más que una sola especie inteligible. Esto resulta evi- dente cuando comprobamos que en un mismo hombre puede haber distintas imágenes de piedras, y, sin embargo, de todas ellas no es abstraída más que una sola especie inteligible de piedra por la cual el entendimiento de cada hombre entiende con una sola operación la natu- raleza de la piedra a pesar de la diversi- dad de imágenes. Por lo tanto, si todos los hombres tuvieran el mismo entendi- miento, la diversidad de imágenes en ellos no podría fundamentar la dis- tinción entre la operación intelectual de un hombre y la operación intelectual de otro, como se imaginaba el Comentarista en el III De Anima16. Hay que concluir, por tanto, que es completamente imposi- ble e incongruente decir que hay un mismo entendimiento para todos los hombres.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aunque el alma no


tenga materia a partir de la cual ha sido hecha, como tampoco el ángel, sin em- bargo, es forma de alguna materia. Y esto no es propio del ángel. De este modo, y atendiendo a la división de la materia, muchas son las almas dentro de una misma especie. En cambio, no pue- de haber muchos ángeles de una misma especie


d.


2.


A la segunda hay que decir: Cada cosa tiene unidad tal como tiene el ser,

y, consecuentemente, es idéntico el jui- cio sobre la multiplicación de algo y so- bre la multiplicación de su ser. Es evi- dente que el alma intelectual se une se- gún su propio ser al cuerpo como forma, y, sin embargo, destruido el cuerpo, el alma intelectual conserva su




ser. Por lo tanto, también la multiplici- dad de almas se da según la multiplici- dad de cuerpos, y, sin embargo, destrui- dos los cuerpos, las almas permanecen multiplicadas en su propio ser.


3. A la tercera hay que decir: Tanto la individuación del ser que entiende, como la individuación de la especie por

la que entiende, no impiden el conoci- miento de los universales. De lo contra- rio, al ser los entendimientos separados substancias subsistentes, y, consecuente- mente, particulares, no los conocerían. Pero la materialidad del ser que conoce

y la de la especie por la que conoce, im- piden el conocimiento del universal. Pues, así como toda acción se realiza se- gún el modo de ser de la forma por la que actúa el agente, como el calentar se- gún el modo del calor, así también el conocimiento se realiza según el modo

de ser de la especie en virtud de la que se conoce. Ahora bien, es evidente que

la naturaleza común se distingue y mul- tiplica por los principios de individua- ción que provienen de la materia. Por lo tanto, si la forma por la que se realiza el conocimiento es material, no abstraída de las condiciones de la materia, habrá una representación de la naturaleza espe- cífica o genérica en cuanto particulariza- da y multiplicada por los principios de individuación. De este modo, no podrá

ser conocida la naturaleza de algo en su realidad común. En cambio, si la especie está despojada de las condiciones de la materia individual, tendrá la representa- ción de una naturaleza sin aquello que la distingue y multiplica. Así es como se conoce el universal. Con respecto a esto, poco importa que haya un solo entendi- miento o muchos. Porque, aunque hu- biera uno sólo, sería necesario que tanto el entendimiento como la especie por la que entiende, fuesen algo concreto.




16. AVERROES, Comm. 5 (62, 152E).


d. Según Aristóteles la individuación no viene de la forma -que da la especie común-,

sino de la materia. Negada la composición de materia y forma en los ángeles y en el alma hu-

mana, no cabe en los primeros otra diversidad que la que da la especie (cf. q.50 a.4); en cam-

bio, cada alma humana, al ser forma de una materia determinada, se diversifica de las otras al-

mas humanas, con las que coincide en la especie, por esa relación esencial que dice a su propio

cuerpo (cf. V. RODRÍGUEZ, Diferencia sustancial y unidad específica entre las almas: Estudios Filosó- ficos 6 [1957] 153-7). Esta sentencia tomista, a pesar de su plena ortodoxia católica, sufrió la

condena del obispo de París Esteban Tempier en 1277 (cf. R. HlSSETTE, Enquête sur les 219 arti-

cles condamnés à Paris le 7 mars 1277 [Louvain 1977] p.82-7).


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Tratado del hombre


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Sobre la unión alma-cuerpo

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4. A la cuarta hay que decir: Tanto si el entendimiento es uno como si es múl- tiple, lo entendido es uno. El objeto en- tendido, por sí mismo no está en el en- tendimiento, sino que está representati- vamente. Como se dice en el III De Anima


17: En el alma no está la piedra, sino la imagen de la piedra. Sin embargo, lo en- tendido no es la imagen de la piedra, sino la piedra, a no ser que el entendi- miento haga un acto reflejo sobre sí mis- mo. De no ser así, la ciencia no trataría sobre las cosas, sino sobre las especies inteligibles. Pero ocurre que de una mis- ma cosa se forman diversas imágenes a través de formas distintas. Como quiera que el conocimiento se hace por una asi- milación del cognoscente a lo conocido, hay que deducir que una misma cosa puede ser conocida por distintos seres, como resulta evidente en los sentidos, pues son muchos los que ven el mismo color según diversas representaciones.


Igualmente, muchos entendimientos co- nocen una misma realidad. Pero esto úl- timo solamente si, siguiendo a Aristóte- les


18, entre el entendimiento y el sentido existe la diferencia de que las cosas son sentidas según la disposición individual que poseen fuera del alma. Por su parte, la naturaleza del objeto entendido está fuera del alma, pero fuera de ella no tie- ne el modo de ser según el que es enten- dida. Pues lo que se entiende es la natu- raleza común, una vez excluidos los principios de individuación, y, fuera del alma, no se tiene este modo de ser. Pero, siguiendo a Platón, los objetos en- tendidos existen fuera del alma tal como


son entendidos, pues sostuvo que las na- turalezas de las cosas están separadas de la materia.


5. A la quinta hay que decir: La cien- cia que hay en el discípulo es distinta de

la que hay en el maestro. Sobre cómo se causa, lo demostraremos más adelante (q.117 a.1).




6. A la sexta hay que decir: Agustín entiende que no puede haber muchas al- mas, a no ser, solamente, que pertenez- can todas a una misma especie.


ARTICULO 3


En el hombre, además del alma intelectiva, ¿hay o no hay otras almas


diferentes esencialmente?


Cont. Gentes 2,58; De Pot. q.3 a.9 ad 1; QuodI. 11 q.5; De Spir. Creat. a.1 ad 9; De anima a.9.11.


Objeciones por las que parece que en el hombre, además del alma intelectiva, hay otras almas diferentes esencialmente, esto es, el alma sensitiva y la nutritiva:


1. Una misma sustancia no puede ser corruptible e incorruptible. Pero el alma intelectiva es incorruptible. En cambio, las otras, esto es, la sensitiva y la nutritiva, son corruptibles, como que- dó demostrado (q.75 a.6). Por lo tanto, en el hombre no puede tener la misma esencia el alma intelectiva, la sensitiva y la nutritiva.


2. Más aún. Si se dijera que el alma sensitiva del hombre es incorruptible,

hay que replicar: Lo corruptible y la inco- rruptible difieren en el género, como se dice en X Metaphys.19 Pero el alma sensitiva

en el caballo, en el león y en otros ani- males irracionales es corruptible. Por lo tanto, si el alma sensitiva en el hombre es incorruptible, no sería del mismo gé- nero que la que se encuentra en el ani- mal irracional. Pero se dice que el ani- mal es animal por tener alma sensitiva. Por lo tanto, el género animal no sería idéntico al hombre y a los otros anima- les. Esto es incongruente.


3. Todavía más. El Filósofo, en el libro De Generat. Animal.20, dice que el embrión es antes animal que hombre. Pero esto sería imposible si el alma sen- sitiva y la intelectiva tuviesen la misma especie, pues el animal lo es por el alma sensitiva, en cambio, el hombre lo es por la intelectiva. Por lo tanto, en el hombre no puede tener la misma esencia el alma sensitiva y la intelectiva.


4. Por último. El Filósofo en el VIII Metaphys.21 dice que el género se toma de la materia, y la diferencia se toma de la forma. Pero racional, diferen- cia constitutiva del hombre, se toma del alma intelectiva. En cambio, animal, se


17. ARISTÓTELES, c.8 n.2 (BK 431b29): S. Th. lect.13 n.789.

18. ARISTÓTELES, De An.


3 c.8 n.3 (BK 432a2): S. Th. lect.13 n.791.


19. ARISTÓTELES, 9 c.10 n.3 (BK 1059a10): S.


Th. lect.12 n.2136.


20. ARISTÓTELES, 2 c.3 (BK 736a35).


21. ARISTÓTELES, 7 c.2 n.6


(BK 1043a5): S. Th. lect.2 n.1696-1698.

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Tratado del hombre


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toma del hecho de tener un cuerpo ani- mado por el alma sensitiva. Por lo tanto, el alma intelectiva se relaciona con el cuerpo animado por el alma sensitiva como la forma con la materia. Por lo tanto, en el hombre no tiene la misma esencia el alma intelectiva que la sensiti- va, sino que la presupone como sujeto material.


En cambio está lo que se dice en el

libro De Eccles. Dogmat.22: No decimos que



en un mismo hombre haya dos almas, como sostuvieron Jacobo y otros autores sirios; una animal, por la que es animado el cuerpo y está mezclada con la sangre; y otra espiritual, al servicio de la razón. Sino que afirmamos que hay una sola y la misma alma en el hombre, la que por su unión con el cuerpo lo vivifica y


por la razón se gobierna a sí misma. Solución. Hay que decir: Platón23 sos-


tuvo que en un mismo cuerpo, incluso en sus diferentes miembros, había diver- sas almas a las cuales les atribuía diver- sas operaciones vitales. Decía que la fuerza nutritiva residía en el hígado; la fuerza concupiscible, en el corazón; la fuerza cognoscitiva, en el cerebro.


En el libro De Anima24, Aristóteles re- chaza dicha opinión, en cuanto a las par- tes del alma que para sus operaciones se valen de órganos corporales, fundamen- tándose en el hecho de que en los ani- males que viven después de ser descuar- tizados, en cada una de las partes pueden observarse distintas operaciones aními- cas, como la sensibilidad y el apetito. Esto no sería así si los distintos princi- pios de operación del alma, supuestos como esencialmente diversos, se encon- trasen distribuidos por las distintas par- tes del cuerpo. Sin embargo, en cuanto al alma intelectiva, parece dejarnos en la duda si su separación con respecto a las demás partes del alma es una separación sólo conceptual o también local.


Podría sostenerse la opinión de Platón siempre que se supusiera, como hace él, que el alma está unida al cuerpo como motor, no como forma. Pues no hay ningún inconveniente en que un mismo móvil sea movido por distintos motores, de modo especial en sus diversas partes.


Pero, si suponemos que el alma se une al cuerpo como forma, resulta totalmen- te imposible que en un mismo cuerpo haya muchas almas esencialmente dis- tintas. Esto se puede probar por tres ra- zones.


1. La primera, porque el animal en el que hubiese muchas almas, esencialmen- te no sería uno. Pues nada es esencial- mente uno sino en virtud de la forma única por la que tiene el ser, puesto que del mismo modo se tiene el ser que la unidad. Por eso, las realidades cuya deno- minación se debe a formas diversas, esen- cialmente no son una. Ejemplo: Hombre blanco. Pues si el hombre, en virtud de una forma, esto es, el alma vegetativa, tuviese el vivir, y en virtud de otra, esto

es, el alma sensible, tuviese el ser ani- mal, y de una tercera, esto es, el alma ra- cional, tuviera el ser hombre, habría que concluir que no es esencialmente uno. Así argumenta Aristóteles contra Platón en VIII Metaphys.25 cuando dice que si

la idea de animal y la de bípedo fuesen distintas, animal bípedo no constituiría una unidad absoluta. Por eso, en I De Anima


26, contra los que sostienen que

en un mismo cuerpo hay distintas almas pregunta: ¿Qué es lo que las contiene?, es decir, qué es lo que las establece en una sola unidad, no puede responderse que

se unan por la unidad del cuerpo, pues, más bien, el alma contiene al cuerpo ha- ciéndolo uno, y no al revés.


2. La segunda, por el modo de predi- cación. Pues los predicados tomados de distintas formas, se predican unos de otros de modo accidental cuando las for- mas no están relacionadas entre sí. Ejemplo: Lo blanco es dulce. Si las for- mas están relacionadas entre sí, la predi- cación es necesaria siguiendo el segundo modo de predicación esencial, porque el sujeto entra en la definición del predica- do. Ejemplo: Debido a que el color pre- supone la superficie, si decimos que la superficie de un cuerpo está pintada, tendremos el segundo modo de predica- ción esencial. Por lo tanto, si la forma por la que se dice que un ser es animal es distinta de aquella por la que se dice que es hombre, habría que concluir, o


22. GENADIO, c.15: ML 58,984.

23. Cf. Timeo (69E). Referido por AVERROES, In De




An. l.1 comm.90 (62, 45F).

24. ARISTÓTELES, 2 c.2 n.7 (BK 413b13): S. Th. lect.4 n.263-


267.

25. ARISTÓTELES, 7 c.6 n.2 (BK 1045a14): S. Th. lect.5 n.1757.

26. ARISTÓTELES,


c.5 n.24 (BK 411b6): S. Th. lect.14 n.206.





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