Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que en el séptimo día Dios no descansó de todo lo hecho:

1.



En Jn 5,17 se dice: Mi Padre sigue obrando, y yo obro también. Por lo tanto, en el séptimo día no descansó Dios de

todo lo hecho.




2. Más aún. Descanso se opone a movimiento; o al trabajo que, algunas veces, es realizado a partir del movi- miento. Pero Dios llevó a cabo sus obras sin moverse y sin trabajo. Por lo tanto, no hay que decir que en el sépti- mo día descansó de todo lo hecho.


3. Todavía más. Si se dice que en el séptimo día Dios descansó porque ordenó descansar al hombre, hay que replicar: El descanso se opone a su acción. Pero al decir: Dios creó o hizo esto o aquello, no implica: Dios mandó al hombre hacer o crear. Por lo tanto, tampoco es correcto decir que Dios descansó porque mandó descansar al hombre.


En cambio está lo que se dice en

Gén 2,2: En el séptimo día Dios descansó de todo lo que había hecho.




Solución. Hay que decir: En sentido propio, descanso se opone a movimien- to; y, consecuentemente, al trabajo que se realiza a partir del movimiento. Aun cuando el movimiento se atribuya pro- piamente a los cuerpos, la palabra movi- miento también es aplicable a los seres es- pirituales, y en un doble aspecto. 1) Uno, en cuanto que toda acción es llamada movimiento; así, la bondad divi- na en cierto modo se mueve y se dirige a los objetos en cuanto que se comunica

a ellos, como señala Dionisio en el c.2 De div. nom.1 2) Otro, en cuanto que el deseo que tiende hacia algo, es como un cierto movimiento. De ahí que el reposo tenga dos acepciones: 1) Una, como cese del obrar. 2) Otra, como cumplimiento del deseo. En ambas acepciones se dice que Dios descansó en el séptimo día. Primero, porque en el séptimo día cesó de su creación de nuevas criaturas; pues ya no hizo nada que, de algún modo, no estuviera contenido en lo hecho, tal como dijimos (a.1 ad 3). Segundo, en cuanto que no necesitaba lo creado, pues El es feliz disfrutándose a Sí mismo.




De ahí que, después de la creación de todas las cosas, no se diga: Descansó en sus obras, como si las necesitara para su felicidad; sino que se dice: Descansó de sus obras, pero descansó en sí mismo, por- que se basta a sí mismo y colma todos sus deseos. Y aun cuando descansara en sí mismo desde la eternidad, sin embar- go, el hecho de descansar en sí mismo


1. §4: MG 3,640: S. Th. lect.2.

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Tratado de la creación corpórea


C.73 a.3


después de haber creado, esto pertenece al séptimo día. Este es el sentido del descansar de sus obras, como dice Agus- tín en Super Gen. ad litt.2


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Dios sigue actuan-


do conservando y rigiendo lo creado; no creando algo nuevo.

2.




A la segunda hay que decir: El repo- so no se opone al trabajo o al movi- miento, sino a la producción de cosas nuevas y al deseo que tiende hacia algo, como ya se dijo (sol.).


3.


A la tercera hay que decir: Así como Dios descansa sólo en sí mismo y

es feliz disfrutándose; así también noso- tros somos felices sólo disfrutando de Dios. Y así también nos hace descansar

en El mismo de sus trabajos y de los nuestros. Por lo tanto, es correcto que

se diga que Dios descansó porque nos mandó descansar a nosotros. Pero esta afirmación no es la única; sino que la

otra (sol.) es la primera y la principal.


ARTICULO 3


¿Es o no es correcto decir que Dios bendijo y santificó el séptimo día?


In Sent. l.2 d.15 q.3 a.3.


Objeciones por las que parece que no es correcto decir que Dios bendijo y santificó el día séptimo:


1. Algún tiempo concreto suele ser llamado bendito o santo porque en él se encuentra algo bueno, o porque se evita algo malo. Pero en Dios nada aumenta ni disminuye, por actuar o por dejar de actuar. Por lo tanto, al día séptimo no se

le debe ninguna bendición ni santifica- ción especial.




2. Más aún. Bendición es un deriva- do de bueno. Pero, según Dionisio


3, el bien tiende a expandirse y es comunica- tivo. Por lo tanto, con mucho mayor motivo debieron ser bendecidos los días en los que Dios creó, que aquel día en el

que dejó de crear.




3. Todavía más. Se puede decir que hay una cierta bendición en cada criatura


cuando de cada una de sus obras se dice:

Vio Dios que era bueno. Así, pues, no era


necesario que, después de la creación de todo, fuera bendecido el día séptimo.


En cambio está lo que se dice en

Gén 2,3: Bendijo Dios el día séptimo, y lo santificó; porque en aquel día había dejado de crear.




Solución. Hay que decir: Como se dijo anteriormente (a.2), el descanso de Dios

en el día séptimo tiene una doble acep- ción. 1) Primero, en cuanto que dejó de crear cosas nuevas aunque, sin embargo,

las conserva y las rige. 2) Segundo, en cuanto que, después de actuar, descansó

en sí mismo. Con respecto a lo primero,

la bendición le corresponde al séptimo día. Porque, tal como ya se dijo (q.72 ad 4), la bendición se refiere a la multi- plicación. De ahí que se diga de las cria- turas a las que bendijo: Creced y multipli- caos. Tal multiplicación responde al plan divino por el que los semejantes se en- gendran entre sí. Con respecto a lo se- gundo, la santificación le corresponde al séptimo día. Pues la santificación de algo se debe, sobre todo, a que reposa en Dios. Por eso lo dedicado a Dios es llamado santo.


Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: No se dice que el


día séptimo sea santificado porque Dios pueda aumentar o disminuir, sino por- que algo crece en las criaturas por multi- plicarse y reposar en Dios.


2.


A la segunda hay que decir: En los primeros seis días, las cosas fueron pro- ducidas en sus primeras causas. Pero

después se multiplican y conservan a

partir de aquellas primeras causas; por-

que también esto se debe a la bondad di-

vina. Cuya perfección se manifiesta so-

bre todo en que Dios descansa en su

misma bondad, mientras que nosotros podemos descansar disfrutando de ella.


3.


A la tercera hay que decir: El bien que se menciona en cada día, correspon-

de a la primera institución de las cosas. La bendición del séptimo día correspon- de a la propagación de la naturaleza.




2. L.4 c.15: ML 34,306.

3. De Div. Nom. c.4 § 20: MG 3,720: S. Th. lect.1.3.



Ahora hay que tratar los siete días en conjunto. Esta cuestión plantea y exige respuesta a tres problemas:


1. La suficiencia de estos días.-2. ¿Son uno o muchos?-3. Algunos géneros literarios utilizados por la Escritura para relatar las obras de los seis días.


ARTICULO 1

¿Son o no son suficientes los días


mencionados?

Supra q.70 a.1; In Hebr. c.4 lect.1.




Objeciones por las que parece que no son suficientes los días mencionados:


1. No es menor la diferencia que hay entre la obra de creación y las obras de diversificación y ornamentación que la existente entre estas dos últimas. Pero unos días son destinados a la diversifica- ción y otros a la ornamentación. Por lo tanto, también hay que asignar otros a la creación.


2. Más aún. El aire y el fuego son elementos de más categoría que el agua y la tierra. Pero un día es destinado a la diversifícación del agua, y otro a la de la tierra. Por lo tanto, otros días deben ser asignados a la separación del fuego y a la del aire.


3. Todavía más. No es menor la di- ferencia entre aves y peces que la exis- tente entre aves y animales terrestres. Es mayor la diferencia entre el hombre y los demás animales que la que se da en los animales entre sí. Pero un día es asignado a la producción de los peces del mar, y otro a la producción de los animales de la tierra. Por lo tanto, debe asignarse un día a la producción de las aves del cielo y otro a la producción del hombre.


En cambio parece que algunos días son asignados inútilmente. Pues la rela-


ción que hay entre luz y astros lumino- sos es como la existente entre accidente y sujeto. Y el sujeto es producido junta- mente con su accidente propio. Por lo tanto, no debió ser producida la luz un día, y los astros luminosos otro.


Más aún. Estos días son asignados a la primera institución del mundo. Pero el séptimo día no hubo ninguna institu- ción original. Por lo tanto, el séptimo día no debe ser contado con los otros.


Solución. Hay que decir: El porqué de la distinción de estos días puede dedu- cirse de lo establecido anteriormente (q.70 a.1). Pues fue necesario primero diversificar las partes del mundo, y, des- pués, ornamentar cada una de dichas partes, cosa que se hace con todos lo que las habitan. Según algunos santos


1, en la criatura corpórea se señalan tres par-

tes: La superior, indicada con el nombre

de cielo; la mediana, indicada con el nombre de agua; la inferior, indicada con

el nombre de tierra. Por eso, según los pitagóricos, y tal como consta en el I De



Caelo2, la perfección se pone en los tres:

en el principio, medio y fin. La parte supe- perior fue diversificada en el primer día

y ornamentada en el cuarto; la mediana, diversificada en el segundo y ornamenta-

da en el quinto; la inferior, diversificada

en el tercero y ornamentada en el sexto.




Agustín, por su parte, concuerda con ellos en lo referente a los tres últimos días, pero no en lo de los tres prime- ros


3. Porque, según él, en el primer día fue formada la criatura espiritual, y en

1. Cf. BASILIO MAGNO, In Hexaëm. hom.1: MG 29,19.


2. ARISTÓTELES, c.1 n.2 (BK


268a10): S. Th. lect.2 n.4.


3. Cf. supra q.71 a.1; q.72.73.




a. Esta cuestión tiene carácter de resumen de todo lo que hasta el momento se trató en el

resto de las cuestiones. El a.3, como ya indicamos en la Introducción a estas cuestiones (cf. 3.2.2), completa el tono general de exégesis literal que presentan las cuestiones dedicadas a la creación corpórea, indicando sintéticamente algunos aspectos de una exégesis hecha desde el sentido espiritual de la letra.




Sobre los siete días en conjunto


a


CUESTIÓN 74

660



Tratado de la creación corpórea


C.74 a.2


los otros dos la corporal. En el segundo, los cuerpos de arriba, y en el tercero los de abajo. De este modo, la perfección de las obras divinas se corresponde con la del número seis, que está formado por la unión de sus distintas partes: Uno, dos, tres. Un día, pues, es asignado a la for- mación de la criatura espiritual; dos a la formación de la criatura corporal; y tres

a la ornamentación.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Según Agustín, la


obra de la creación corresponde a la producción de la materia informe y a la producción de la naturaleza espiritual in- forme. Ambas se dan fuera del tiempo, como él mismo dice en XII Confess.4 Y, así, la creación de ambas es colocada an- tes de todo día. Pero según otros santos


5, puede decirse que la obra de diversifica- ción y de ornamentación responde a al- gún cambio de la criatura que es medida

con el tiempo. En cambio, la obra de la creación consiste en la sola acción divina en el instante de producir la sustancia de

las cosas. Así, cualquier obra de diversi- ficación y ornamentación se dice que fue hecha en el día, mientras que la creación

se dice que fue hecha en el principio, que indica algo indivisible.




2.


A la segunda hay que decir: El fue- go y el aire, porque no son distinguidos

por el hombre simple, no son menciona-

dos expresamente por Moisés. Pero son incluidos en el cuerpo medio, esto es, el

agua, en especial por lo que respecta a la

parte inferior del aire. En cuanto a la

parte superior, son incluidos en el cielo, como dice Agustín




6.

3.




A la tercera hay que decir: La pro- ducción de animales es relatada en cuan-

to que contribuyen a la ornamentación

de las partes del mundo. Así, los días de

la producción de animales son distingui-

dos o unidos según la conveniencia o di- ferencia por la que contribuyen a la or- namentación de alguna parte del mundo.


4.


A la cuarta hay que decir


7: En el primer día fue hecha la luz en algún su-

jeto. Pero se dice que en el cuarto día fueron hechos los astros luminosos, no porque su sustancia fuera nuevamente producida, sino porque de algún modo




reciben la forma que antes no tenían, se- gún dijimos anteriormente (q.70 a.1 at 2).

5.




A la quinta hay que decir: Según Agustín, después de lo atribuido a los seis primeros días, al séptimo se le asig- na el que Dios descansó en sí mismo de

sus obras. Y así fue necesario que, des- pués de los seis días, se mencionara el séptimo. En cambio, según otros, puede decirse que en el séptimo día el mando tuvo un nuevo estado, esto es, nada nuevo se le añadiría. Y así, después de los seis días se coloca el séptimo dedica- do al cese de las obras.




ARTICULO 2


Todos estos días, ¿son o no son uno sólo?


In Sent. l.2 d.12 a.2.3; De Verit. q.8 a.16; In Hebr.

c.4 lec.1; De Pot. q.4 a.2.




Objeciones por las que parece que todos estos días son uno sólo:


1. Se dice en Gén 2,4-5: Estos son los orígenes del cielo y de la tierra cuando fueron creados el día en el que Dios hizo el cielo, la tierra y toda la hierba del campo antes que brotara de la tierra. Por lo tanto, uno es

el día en el que hizo el cielo, la tierra y toda la hierba del campo. Pero el cielo y la tierra los hizo en el primer día, o, mejor, antes de los días, y la hierba del campo

la hizo en el tercer día. Por lo tanto,

uno es el primer día y el tercero; y, apli- cando el mismo criterio, también todos

los demás.


2. Más aún. Se dice en Eclo 18,1: El que vive eternamente, todo lo hizo a un tiem-


po. Pero esto no sería así si el día de sus obras fueran muchos, porque muchos días no se dan a un tiempo. Por lo tan- to, no son muchos días, sino uno sólo.


3. Todavía más. En el día séptimo Dios dejó de crear cosas nuevas. Por lo tanto, si el séptimo día es distinto de los demás, se sigue que no hizo aquel día. Esto es incongruente.


4. Por último. Toda la obra que se coloca en un día, fue hecha en un ins- tante, pues a cada obra se dice: Lo dijo y se cumplió. Así, pues, si dejaba algo para hacer el día siguiente, se seguiría que parte del día anterior había estado sin


4. C.12: ML 32,831.

5. Cf. supra q.66


a.1.

6. De Gen. ad litt. l.2 c.3: ML

34,265.



7. La respuesta se da a las objeciones incluidas en el sed contra (En cambio). Cf. su- pra q.66 nota 10.



C.74 a.2


Sobre los siete días en conjunto

661

hacer nada. Esto es banal. Por lo tanto, un día no es distinto de otro.


En cambio está lo que se dice en

Gén 1,8ss.: Hubo tarde y hubo mañana, el día segundo, y el tercero, y lo mismo los de- más días. No obstante, el segundo no pue- de ser llamado tercero si sólo hay uno. Luego no hubo un día solamente.




Solución. Hay que decir: Sobre este problema, la opinión de Agustín es dis- tinta de la de los demás. Agustín estima en Super Gen Ad litt.8 y en XI De civ. Dei9 y en ad Oros.10 que todos los siete días son uno sólo presentado septifor- memente, según las distintas cosas. En cambio, la opinión de los demás


11


es que fueron siete días distintos y no uno sólo. Estas dos opiniones, si las confron- tamos con el texto del Génesis, son de

una gran diversidad. Pues según Agus-



tín


12


por día se entiende el conocimiento de la mente angélica. De este modo, el primer día es el conocimiento de la pri- mera obra divina, el segundo, de la se- gunda, y así sucesivamente. Y se dice que cada obra fue hecha en algún día, porque Dios no produjo nada en la na- turaleza de las cosas que no lo hubiera impreso en la mente angélica. La cual puede conocer muchas cosas simultánea- mente, de modo especial la Palabra en la que el conocimiento de los ángeles se perfecciona y completa. Y, así, el día se distingue atendiendo al orden natural de las cosas conocidas, no atendiendo al or- den del conocimiento, o al orden de la producción de las cosas. Propiamente, el conocimiento angélico puede ser llama- do día, pues la luz, causa del día, se en- cuentra propiamente, según Agustín, en los seres espirituales. Para los demás, es- tos días indican la sucesión temporal propia de los días y la sucesión de la producción de las cosas.


Pero si estas dos opiniones las con- frontamos con el modo de producción de las cosas, no encontramos gran dife- rencia. Y esto se debe a los dos puntos de partida que toman para su exposición Agustín y los demás, tal como aparece en lo dicho antes. Primero, porque Agustín por tierra y agua creadas al principio en-


tiende la materia corporal totalmente in- forme; y por creación del firmamento, acumulación de aguas y aparición de la parte seca, entiende la impresión de las formas en la materia corporal. Los otros santos, en cambio, por tierra y agua creadas al principio, entienden los mis- mos elementos del mundo en sus formas propias de existencia; y por las siguien- tes obras entienden alguna diversifica- ción que se hace en los cuerpos ya exis- tentes, tal como se dijo anteriormente (q.69 a.1). Segundo, se diferencian por lo que respecta a la producción de las plantas y de los animales. Agustín dice que se dio sólo potencialmente, mientras que los demás dicen que se dio en acto a lo largo de los seis días.


Del hecho de que Agustín diga que las obras de los seis días fueron hechas simultáneamente, se deduce un mismo modo de producción de las cosas.


Pues todos dicen que en la primera producción la materia se encontraba bajo las formas sustanciales de los ele- mentos, y dicen también que en la pri- mera institución de las cosas, las plantas y los animales no existían en acto. Pero se mantiene la diferencia con respecto a los cuatro elementos. Pues, según los demás, después de la primera produc- ción de la criatura, hubo un tiempo en que no había luz, y en el que el firma- mento no estaba formado, y en el que la tierra no estaba descubierta de aguas, y en el que no habían sido hechos los as- tros luminosos del cielo. Todo esto, se- gún Agustín, no es necesario ponerlo así. Por lo tanto, para inclinarse por una o por otra opinión, hay que responder a sus respectivos argumentos.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El día en el que


Dios creó el cielo y la tierra, creó tam- bién la hierba del campo, no en acto, sino potencialmente, pues se dice: Antes de que brotara de la tierra. Esto Agustín lo atribuye al tercer día; los otros, en cam- bio, a la primera institución de las cosas.


2. A la segunda hay que decir: Dios lo creó todo a un tiempo, con respecto a la sustancia, en cierto modo informe, de


8. L.4 c.26: ML 34,314.

9. C.9: ML 41,324.


10. Cf. S. AGUSTÍN, Dial, quaest. sexag.




quinq. q.26: ML 40,471.


11. Cf. BASILIO MAGNO, In Hexaëm. hom.2: MG 29,49; AMBROSIO, In Hexaém. l.1 c.10: ML 14,155; GREGORIO MAGNO, Moral. l.32 c.12: ML 76,644.


12. De


Gen. ad litt. l.4 c.18: ML 34,315.

662



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