Santo tomas de aquino


Respuesta a las objeciones



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Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Siguiendo la opi-


nión que establece que el estado informe de la materia precede en la duración a la formación, es necesario afirmar que la materia habría sido creada en el princi- pio bajo formas sustanciales; y que des- pués había sido formada según algunas condiciones accidentales, entre las que la luz ocupa el primer lugar.


2.


A la segunda hay que decir: Algu-

nos

20


sostienen que aquella luz había sido una cierta nube luminosa y que des- pués, una vez hecho el sol, se evaporó. Esto no es congruente. Porque en el principio, el Génesis relata la institución de la naturaleza que después se ha man- tenido; de ahí que no deba sostenerse que algo que fue hecho, después dejó de existir. Asimismo, otros dicen que aque- lla nube luminosa todavía permanece y está unida al sol sin poder separarse de él. Pero, de ser así, aquella nube sería inútil; y en lo hecho por Dios nada ha sido hecho en vano. Otros


21


afirman que el sol se formó de aquella nube. Pero eso tampoco puede sostenerse, si se advierte que el sol no está hecho con los cuatro elementos, sino que en su natura-

leza es incorruptible. De ser así, su ma- teria no puede existir bajo otra forma. Por eso hay que decir, como expresa Dionisio en el c.4 De Div. Nom.22 que aquella luz fue la luz del sol, pero aún informe, en cuanto que ya tenía la sus-




16. In Hexaëm. hom.1: MG 29,4.

17. In Genesim hom.5: MG 53,52.


18. ARISTÓTE-


LES, 2,3 (BK 736b2).


19. In Hexaëm. hom.2: MG 29,44.


20. Cf. ALEJANDRO DE HA-


LES, Summa Theol. 1-2 n.263 (QR 2,323).


21. Cf. PEDRO LOMBARDO, Sent. l.2 d.13 c.5 (QR


1,366).

22. § 4: MG 3,700: S. Th. lect.3.


g. Cf. q.67 a.1.

634


Tratado de la creación corpórea


C.68


tancia del sol y la capacidad para ilumi- nar en general; pero que después se le dio la capacidad concreta y especial para otros efectos particulares


h. Según dicha opinión, en la producción de esa luz, la luz se separa de la tiniebla en tres di- mensiones. 1) Una, en cuanto a la causa: por lo cual la causa de la luz estaba en la sustancia del sol, y la causa de las tinie- blas estaba en la oscuridad de la tierra. 2) Dos, en cuanto al lugar: porque en un hemisferio había luz; en el otro, tinie- blas. 3) Tres, en cuanto al tiempo: por- que según una parte del tiempo había luz; según la otra, tinieblas. Esto es lo que significa: Llamó a la luz Día; y a las tinieblas, Noche.


3. A la tercera hay que decir: Basilio

23


dice que la luz y las tinieblas se debieron a la aparición y desaparición de la luz; no al movimiento. A esto Agustín


24


ob- jeta que no había motivo alguno para dicha aparición y desaparición de la luz, pues no había ni hombres ni animales

para que les pudiera servir de algo. Ade-

más, la naturaleza de un cuerpo lumino-

so no puede hacer desaparecer su propia luz. Esto se puede hacer sólo milagrosa- mente. Y en la primera institución de la naturaleza no se requería el milagro, sino, como dice Agustín




25, se requería lo que a la naturaleza le corresponde te-

ner.



De este modo, hay que decir que el movimiento del cielo es doble. Uno, co- mún a todo el cielo, que causa el día y

la noche; éste es el movimiento que, al parecer, fue instituido el primer día. Otro, el que se diversifica por los diver-

sos cuerpos. Según dichos movimientos

hay diversidad de días, de meses, de años. En el primer día se menciona sólo

la distinción debida al movimiento gene- ral: día y noche. En el cuarto día se menciona la diversidad de días, y de es- taciones y de años, cuando se dice: Para

que haya estaciones y días y años. Esta diver- sidad se debe a movimientos propios.


4. A la cuarta hay que decir: Según Agustín


26, el estado informe no precede a su formación en duración. De ahí que se tenga que decir que por producción de la luz hay que entender la formación de la criatura espiritual, no la que existe por la gloria completa con la que no fue creada; sino la que existe por la gracia completa con la que sí fue creada según dijimos (q.62 a.3). Por lo tanto, por esta luz fue hecha la separación de las tinie- blas, es decir, del estado informe de la criatura aún no formada. O, si todas las criaturas fueron formadas a un tiempo, se hizo la separación de las tinieblas es- pirituales, no las que entonces hubiera (porque el diablo no fue creado malo), sino las que Dios previo que habría.


Ahora hay que tratar lo referente al segundo día. Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:


1. El firmamento, ¿fue o no fue hecho en el segundo día?-2. ¿Hay o no hay aguas sobre el firmamento?-3. El firmamento, ¿separa o no separa unas aguas de otras?-4. ¿Hay un cielo o hay varios?


23. In Hexaëm. hom.2: MG 29,48.

24. De Gen. ad litt. l.1 c.16: ML 34,258.


25. De




Gen. ad litt. l.2 c.1: ML 34,263.

26. Confess. l.12 c.29: ML 32,843.




h. Cf. q.70 a.1 ad 1; q.74 a.1 ad 4.


a. Desde esta q.68 hasta la cuestión 72, los artículos giran todos de una forma directa sobre

el texto bíblico del Génesis. Nótese que, excepto en la q.68 a.4 y q.70 a.3, en todos los artícu-

los el texto del sed contra es el versículo correspondiente del relato de la creación, o la simple alusión con la fórmula reiterada basta en contrario la autoridad de la Escritura. Por otra parte, para estas cuestiones téngase presente lo dicho en la Introducción, sobre la visión del cosmos, 2.2, y so- bre la exégesis de Sto. Tomás, 3.2.


Sobre el segundo día


a


CUESTIÓN 68

C.68 a.1


Sobre el segundo día

635



ARTICULO 1


El firmamento, ¿fue o no fue hecho en el segundo día?


De Pot. q.4 a.1 ad 15.


Objeciones por las que parece que el firmamento no fue hecho en el segundo

día:



1. Se dice en Gén 1,8: Al firmamento Dios lo llamó cielo. Pero el cielo fue hecho antes del primer día, pues está escrito:

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Por lo tanto, el firmamento no fue he-

cho en el segundo día.




2. Más aún. Las obras de los seis días siguen el plan trazado por la sabi- duría divina. No es propio de la natura- leza divina que, lo que por naturaleza es anterior, sea hecho después. El firma- mento por naturaleza es anterior al agua y a la tierra, las cuales, sin embargo, son mencionadas antes de la formación de la luz, que fue hecha el primer día. Por lo tanto, el firmamento no fue hecho en el segundo día.


3. Todavía más. Todo lo que se hizo en los seis días, fue hecho partien- do de la materia creada antes del primer día. Pero el firmamento no pudo ser he- cho a partir de la materia preexistente porque, de ser así, estaría sometido a ge- neración y corrupción. Por lo tanto, el firmamento no fue hecho en el segundo


día.


En cambio está lo que se dice en Gén 1,6: Dijo Dios: Hágase el firmamento. Y después (v.6) se añade: Y el segundo día tuvo tarde y mañana.


Solución. Hay que decir: Como enseña Agustín


1, en este tipo de problemas hay que tener presente lo siguiente: 1) Pri- mero, que la verdad de la Escritura tiene que mantenerse a toda costa. 2) Segun- do, que cuando la Escritura divina pue- da ser explicada de muchas maneras, que nadie se aferré a una exposición de tal forma que, si se constata que es falsa la opinión que defiende, le impida admitir otro sentido del texto de la Escritura, no


sea que se ridiculice la Escritura ante los no creyentes y se les cierre un posible acceso para creer.


Por lo tanto, hay que tener presente que el texto en el que se lee que el fir- mamento fue hecho en el segundo día, puede ser entendido de dos maneras. Una, referida al firmamento en el que están las estrellas. Entonces hay que ex- plicarlo siguiendo las diversas opiniones de los estudiosos. Pues algunos dijeron que el firmamento estaba compuesto por los elementos. Esta fue la opinión de Empédocles


2, quien sostuvo, asimismo, que dicho firmamento era indisoluble, porque en su composición no había con- trariedades, sino sólo concordia. Otros dijeron que el firmamento era de la na- turaleza de los cuatro elementos, pero no como un compuesto de ellos, sino como un elemento simple. Esta fue la opinión de Platón


3, quien sostuvo que el cuerpo celeste era el elemento fuego. Otros dijeron que el cielo no era de la naturaleza de los cuatro elementos, sino que se trataba de un quinto cuerpo, al margen de los cuatro elementos. Esta fue la opinión de Aristóteles


4.

Así, pues, siguiendo la primera opi-




nión puede afirmarse absolutamente que el firmamento fue hecho en el segundo día, incluso su sustancia. Pues a la obra de creación le corresponde también pro- ducir la misma sustancia de los elemen- tos. A la obra de diversificación y orna- mentación le corresponde formar alguna otra partiendo de los elementos preexis- tentes. Siguiendo, por otra parte, la opi- nión de Platón, no conviene creer que el firmamento, en su sustancia, fuera hecho en el segundo día. Pues, de ser así, hacer el firmamento sería producir el elemento fuego. La producción de los elementos le corresponde a la obra de creación si seguimos a quienes sostienen que el es- tado informe de la materia precede en el tiempo a su formación, pues las formas de los elementos son lo primero que re- cibe la materia.


Y si se sigue la opinión de Aristóte- les


5, mucho menos puede sostenerse que el firmamento fuera producido en su

1. De Gen. ad litt. l.1 c.18: ML 34,260.


2. Cf. ARISTÓTELES, De Generat. 1, c.2 n.11 (BK


315a3).

3. Cf. Timeo § 15 (DD 168).

4. Cf. De Caelo 1, c.2 n.13 (BK 269b13): S. Th.


lect.4.

5. Cf. De Caelo, 1 c.3 n.4 (BK 270a12): S. Th. lect.6.

636


Tratado de la creación corpórea


C.68 a.1


sustancia en el segundo día, siempre que por días se entienda la sucesión de tiem- po. Y esto es así porque el cielo, al ser por naturaleza incorruptible, tiene una materia que no puede sustentar otra for- ma, de ahí que resulte imposible que el firmamento esté hecho a partir de una materia existente con anterioridad. Por eso, la producción de la sustancia del fir- mamento le corresponde a la obra de creación. Pero alguna de sus formacio- nes, siguiendo aquellas dos opiniones, pertenece a la obra realizada en el segun- do día. Como dice Dionisio en el c.4 De Div. Nom.6, en los tres primeros días la luz del sol era informe, después, en el cuarto día, recibió la forma


b.

Por otra parte, si al hablar de estos


tres días no se indica sucesión temporal, sino orden natural, como quiere Agus- tín




7, entonces nada impide poder decir, siguiendo cualquiera de aquellas opinio- nes, que la formación del firmamento, en su sustancia, pertenece al segundo día.


Hay otra manera de entender el texto en el que se dice que el firmamento fue hecho en el segundo día, y es entendien- do el firmamento no como aquello en lo que están las estrellas, sino aquella parte del aire en la que están condensadas las nubes. Y se llama firmamento por el espe- sor del aire en aquella parte, pues como dice Basilio


8, lo que es espeso y sólido recibe el nombre de cuerpo consistente a dife- rencia del cuerpo matemático. Según esto, puede seguirse cualquier opinión. Por

eso Agustín, en el II Super Gen. ad litt.9, recomendando esta interpretación del

texto, dice: Estimo que esta consideración es

la más digna de alabanza, pues lo que dice no es contrario a la fe y puede ser aceptada con la simple lectura del texto.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Según el Crisós-


tomo


10, en un primer momento Moisés

pone de forma sucinta lo que Dios hizo: En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Después lo explica por partes. Es algo

así como si se dijera: Este constructor hizo

esta casa, y después se añadiera: Primero puso los fundamentos, después levantó las pa-


redes, luego el techo. Así, no es necesario entender un cielo cuando se dice: En el


principio creó Dios el cielo y la tierra; y otro cielo cuando se dice que el firma- mento fue hecho en el segundo día. También puede decirse que uno es el cielo creado en el principio, y otro el hecho en el se- gundo día. Y hay diversos modos de en- tenderlo. Pues, según Agustín


11, el cielo que, según se lee, fue hecho en el primer

día, es de naturaleza espiritual informe.

Y el cielo del segundo día es de natura- leza corpórea. Según Beda


12

y Estra-

bón


13, el cielo del primer día es el cielo empíreo, y el firmamento hecho en el se- gundo día es el cielo sideral. Según el Damasceno


14, el cielo del primer día es un cielo esférico sin estrellas, del cual hablan los filósofos


15

llamándolo novena esfera y primer móvil con movimiento diurno




c. El cielo del segundo día es el cielo sideral.

Siguiendo otra explicación, y que Agustín


16


apunta, el cielo del primer día es también el mismo cielo sideral, y por firmamento del segundo día hay que en- tender el espacio aéreo en el que se con- densan las nubes y que, equívocamente, también es llamado cielo. Por eso, para señalar dicho equívoco, se insiste: Al


firmamento Dios lo llamó cielo, tal como anteriormente había dicho: A la luz la llamó día (porque día equivale también a veinticuatro horas). La misma observa- ción puede hacerse de otros textos, como indica Rabí Moisés


17.

Las respuestas a la segunda y tercera obje-


ción están incluidas en lo dicho.


b. Cf. q.67 a.4 ad 2.


c. Sto. Tomás no indica que esta opinión tenga sus preferencias personales; pero la admite sin duda como se desprende del a.2 ad 3; a.4; si existe una novena esfera es únicamente porque la octava está regida por dos movimientos, el movimiento diurno y la precesión.


6. § 4: MG 3,700: S. Th. lect.3.

7. De Gen. ad litt. l.4 c.34: ML 34,319.


8. In He-




xaëm. hom.3: MG 29,64.

9. C.4: ML 34,266.


10. In Genesim hom.2: MG 53,30.


11. De Gen. ad litt. l.1 c.9: ML 34,252.


12. Hexaëm. l.1 a Gén. 1,2: ML 91,13.


13. Cf.



Glossa ordin. a Gén. 1,1 (1,23F).

14. De Fide Orth. l.2 c.6: MG 94,880.


15. Cf. infra a.2


ad 3.

16. De Gen. ad litt. l.2 c.1: ML 34,263.

17. MAIMÓNIDES, Doct. Perplex. p.2.a c.30


(FR 213); cf. infra q.69 a.1 ad 6.



C.68 a.2


Sobre el segundo día

637



ARTICULO 2


¿Hay o no hay aguas encima del


firmamento?


In Sent. l.2 d.14 a.1; De Pot. q.4 a.1 ad 5; Quodl. 4

q.2 a.2.



Objeciones por las que parece que no hay aguas encima del firmamento:


1. El agua es pesada por naturaleza. El lugar propio de lo pesado no es enci- ma, sino sólo debajo. Por lo tanto, no hay aguas encima del firmamento.


2. Más aún. El agua es líquida por naturaleza. Pero, experimentalmente, lo líquido no se mantiene sobre un cuerpo redondo. Por lo tanto, como el firma- mento es un cuerpo redondo, no puede haber agua encima del firmamento.


3. Todavía más. El agua, al ser ele- mento, está ordenada a la generación del cuerpo mixto, como lo imperfecto está ordenado a lo perfecto. Pero el lugar de mezcla no está encima del firmamento, sino encima de la tierra. Por lo tanto, se- ría en vano que el agua estuviera encima del firmamento. Pero en las obras de Dios nada ha sido hecho en vano. Lue- go no hay aguas encima del firmamento.


En cambio está lo que se dice en Gén 1,7: Separó las aguas que estaban enci- ma del firmamento de las que estaban debajo.


Solución. Hay que decir: Como dice Agustín en II Super Gen. ad litt.18: La autoridad de la Escritura es mayor que la ca- pacidad del ingenio humano. Por eso, cómo y


cuáles son esas aguas que, sin embargo, están allí, no lo dudamos ni mínimamente. A la pregunta de ¿cuáles son aquellas aguas?

no todos responden lo mismo. Pues Orí-

genes


19


dice que aquellas aguas que es-

tán sobre los cielos son sustancias espiri- tuales. De ahí que en el Sal 148,4-5, se

diga: Las aguas que están encima de los cie- los, alaben al Señor. Y en Dan 3,60: Aguas que estáis encima de los cielos, bendecid al Se- ñor. Pero a todo esto, Basilio responde

en III Hexaem.20 que esto no se dice




porque las aguas sean criaturas raciona-

les, sino porque el tenerlas presentes y con- templándolas prudentemente con los sentidos, contribuye a la gloria del creador. Por eso, aquel texto de la Escritura continúa mencionando el fuego y el granizo y otras cosas que nos consta que no son criaturas racionales.




Por lo tanto, hay que decir que son aguas corporales. Pero a la pregunta: ¿Qué tipo de aguas son?, es necesario que la respuesta dependa de lo que se entiende por firmamento. Si por firma- mento se entiende el cielo sideral hecho de la naturaleza de los cuatro elementos, por la misma razón deberá creerse que las aguas existentes sobre los cielos son de idéntica naturaleza que la de las aguas elementales. Y si por firmamento se en- tiende el cielo sideral, que no está hecho de la misma naturaleza de los cuatro ele- mentos, entonces aquellas aguas que es- tán encima del firmamento no serán de idéntica naturaleza que la de las aguas elementales. Sino que, así como, según Estrabón


21, se llama cielo empíreo, es decir, ígneo, sólo por su esplendor, así también el otro que está encima del cielo sideral se le llamará


22

cielo acuoso sólo


por su diafanidad.

Establecido también que el firmamen-

to es de otra naturaleza al margen de los cuatro elementos, puede decirse


23


que separó las aguas, si por agua entende- mos, como hace Agustín en Super Gen. contra manich.24, no el elemento agua,

sino la materia informe de los cuerpos; porque, según eso, lo que está entre los cuerpos separa aguas de aguas.




Si por firmamento se entiende la parte del aire en la que se condensan las nu- bes, en este sentido las aguas que hay encima del firmamento son aguas que, vaporizadas, se elevan sobre alguna par- te del aire generando las lluvias. Pero decir que las aguas vaporizadas se elevan sobre el cielo sideral, como sostuvieron algunos y cuya opinión apunta también Agustín en II Super Gen. ad litt., es com- pletamente imposible. Bien por la soli-


18. C.5: ML 34,267.

19. Cf. S. JERÓNIMO, epist.51: ML 22,523.


20. MG 29,76.


21. Cf. Glossa ordin. a Gén. 1,1 (1,23 F).


22. Cf. ALBERTO MAGNO, In Sent. l.2 d.14 a.2


(BO 27,260).


23. Cf. ALBERTO MAGNO, In Sent. l.2 d.14 a.1 (BO 27,258).


24. L.1 c.7:


ML 34,179.



638


Tratado de la creación corpórea


C.68 a.2

dez del cielo, bien por la zona media íg- nea que destruiría los vapores




d, bien porque el lugar al que son llevados los cuerpos ligeros y gaseosos está por de- bajo de la concavidad de la esfera lunar


e. O porque, tal como podemos observar,

los vapores no llegan a elevarse hasta las cimas de algunos montes.




Lo que algunos dicen sobre la indefi- nida transformación líquida del cuerpo por el hecho de que el cuerpo es indefi- nidamente divisible, no tiene fundamen- to. Pues el cuerpo natural no se divide o licúa indefinidamente, sino sólo hasta un cierto límite.




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