Santo tomas de aquino


Sobre la obra de diversifícación en cuanto tal



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Sobre la obra de diversifícación en cuanto tal


CUESTIÓN


67

C.67a.1-2


Diversificación en cuanto tal

629



ARTICULO


1


Luz, ¿es o no es dicho en sentido propio de los seres espirituales?


a


In Sent. l.2 d.13 a.2; In lo. c.1 lect.3.


Objeciones por las que parece que luz es dicho en sentido propio de los se- resespirituales:


1. Dice Agustín en IV Super Gen. ad

Hit.1: (En los seres espirituales) la luz es mejor y más auténtica; Cristo no es llamado luz en el mismo sentido que es llamado pie- dra; pues luz lo es en sentido propio; piedra, en sentido figurado.


2. Más aún. Dionisio, en el c.4 De Div. Nom.2, coloca Luz entre los nom- bres inteligibles de Dios. Pero los nom- bres inteligibles son aplicados propia- mente a los seres espirituales. Por lo tan- to, la luz se aplica con propiedad a los seres espirituales.


3. Todavía más. Dice el Apóstol en

Ef 5,13: Todo lo que se manifiesta es luz. Pero la manifestación es más propia en

los espirituales que en los corporales. Luego también la luz.


En cambio está el hecho de que Am- brosio, en el libro De Fide


3, coloca es- plendor entre los nombres que se dan a

Dios en sentido metafórico.



Solución. Hay que decir: De un nom-


bre cualquiera conviene tener presente dos aspectos: su sentido original y el sentido con el que se usa. Un ejemplo claro lo tenemos en la palabra visión, cuyo sentido original indicaba el sentido de la vista; pero por la dignidad y certe-


za de ese sentido, la palabra se ha exten-

dido, con el uso, para indicar todo co- nocimiento que se tiene por los sentidos. (Así decimos: Mira cómo sabe, mira cómo huele, mira qué caliente está); y también para indicar el conocimiento intelectual.

Dice Mt 5,8: Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios.


Algo parecido puede decirse de Luz. Pues, primero, dicho nombre fue ins- tituido para indicar lo que permite que la vista vea; después se empleó para in- dicar todo aquello que permite cualquier tipo de conocimiento. Por lo tanto, si se toma el nombre Luz en el primer senti- do, entonces, y tal como dice Ambro- sio


4, se aplica metafóricamente a los se- res espirituales. Si se toma en el segundo sentido, entonces se aplica con propie-


dad.


Respuesta a las objeciones: Está in- cluida en lo dicho.


ARTICULO


2


La luz, ¿es o no es cuerpo?


b


In Sent. l.2 d.13 a.3; De Anima l.2 lect.14.


Objeciones por las que parece que la luz es cuerpo:

1.



Dice Agustín en el libro De Lib. Arbit.5: Entre los cuerpos, la luz ocupa el


primer lugar. Por lo tanto, la luz es cuer-

po.

2. Más aún. El Filósofo

6


dice que la luz es una especie de fuego. Pero el fue-

go es cuerpo. Por lo tanto, la luz es cuerpo.




1. C.28: ML 34,315.

2. §5: MG 3,700: S. Th. lect.4.


2. §5: MG 3,700; S. Th.


lect.4.

3. L.2, pról.: ML 16,584.

4. Ib.

5. L.3 c.5: ML 32,1279.

6. ARISTÓTE-


LES, Top. 5 c.5 n.11 (BK 134b29).




a. La razón que motiva este artículo es la exégesis de S. Agustín al texto bíblico hágase la luz, y la luz fue hecha: Como en el relato de la creación no se hace mención de los ángeles, para- ce que literalmente y en sentido propio esa mención está hecha por la producción de la luz (cf. In Sent. d.12 q.1 a.1, dif.3). Esto da pie a Sto. Tomás para precisar los diferentes modos en los que se puede y se suele usar la palabra luz, como se lee en el cuerpo del artículo.


b. Cuerpo se ha de entender en sentido aristotélico como una realidad limitada por una su- perficie, que tiene extensión, tiene su propio espacio y es una substancia. La respuesta de este artículo supone esta idea de cuerpo. Por otra parte, sobre el término luz (lux) hemos de remi- tirnos a las precisiones que encontramos In Sent. 2 d.13 q.1 a.3: Lux se refiere a la luz en cuan- to que radica en el sujeto emisor; Lumen se usa para indicar aquella luz recibida en un medio transparente en el cual se propaga: «lux y lumen difieren entre sí como el calor en el sujeto que es cálido por sí mismo y el calor en el objeto calentado por aquél». Sto. Tomás no explicita esta diferencia semántica en estos artículos de la Suma, pero en el uso que hace de ambos térmi-

nos es coherente con la distinción mencionada; por eso indicamos la equivalencia latina de la palabra luz en este artículo y los dos siguientes: emplea lux en los títulos de los artículos, y en el planteamiento general de las dificultades. Y lumen en la solución al problema.



630



Tratado de la creación corpórea


C.67 a.2

3.



Todavía más. Ser llevado, dividi- do o reflejado es propio de los cuerpos. Todo esto se atribuye a la luz o al rayo de luz. También, los diversos rayos se unen o separan, como dice Dionisio en el c.2 De Div. Nom.7, lo cual también parece que es algo que no le correspon- de más que a los cuerpos. Por lo tanto, la luz es cuerpo.


En cambio, dos cuerpos no pueden estar al mismo tiempo en un mismo lu- gar. Por lo tanto, la luz no es cuerpo.


Solución. Hay que decir: Es imposible que la luz sea cuerpo. Y esto es así por

un triple motivo. Primero, por lo que respecta al lugar. Pues el lugar de cual- quier cuerpo es distinto del lugar de otro cuerpo. Tampoco es posible, por naturaleza, que dos cuerpos, cualesquie- ra que sean, estén al mismo tiempo en un mismo lugar; porque lo contiguo re- quiere distinción local. Segundo, por lo que respecta al movimiento. Pues si la luz fuese cuerpo, la iluminación sería el movimiento local del cuerpo. Pero nin- gún movimiento local de un cuerpo es instantáneo; porque todo lo que se mue- ve localmente es necesario que antes lle- gue al medio que al final. No obstante, la iluminación es instantánea. Tampoco puede decirse que se realiza en un tiem- po imperceptible. Porque, en un peque- ño espacio, el tiempo podría pasar inad- vertido, pero no en un espacio grande, como el que va de oriente a occidente; pues ya cuando el sol está en un punto de oriente, queda iluminado todo el he- misferio hasta el punto opuesto. Y hay algo más a tener presente con respecto al movimiento. Todo cuerpo tiene un movimiento natural determinado; pero el movimiento de la iluminación se ex- tiende a todas partes, tanto en línea recta como circular. Por eso resulta evidente que la iluminación no es el movimiento local de ningún cuerpo. Tercero, con res- pecto a la generación y corrupción. Pues si la luz fuese cuerpo, cuando el aire se oscureciera por falta de iluminación, se




seguiría que el cuerpo de la luz se co- rrompería y que su materia tomaría otra forma. Esto no sucede, a no ser que al- guien sostenga que también las tinieblas son cuerpo. Tampoco vemos la materia de la que pueda surgir diariamente un cuerpo capaz de llenar medio hemisferio. Resulta ridículo también decir que por la sola ausencia de iluminación, se co- rrompa un cuerpo tan inmenso.


Si alguien sostuviera que dicho cuer- po no se corrompe, sino que junto con el sol se acerca y envuelve, ¿quién puede decir que al poner algún cuerpo cerca de una vela queda oscurecida toda la habi- tación? Tampoco parece que la luz se concentre alrededor de la vela, pues no se ve que allí haya más luz después que antes. Por lo tanto, porque todo esto es contrario no sólo a la razón, sino tam- bién al sentido, hay que decir que es im- posible que la luz sea cuerpo.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Agustín toma luz


por cuerpo luminoso en acto, es decir, por fuego, que es el más importante de los cuatro elementos.


2.


A la segunda hay que decir: Aris- tóteles llama luz al fuego en su propia materia, en la misma medida en que en

la materia aérea se denomina llama y en

la materia terráquea carbón. Pero no hay

que prestar excesiva atención a los ejem-

plos que Aristóteles ofrece en sus libros

de Lógica, ya que los presenta como probables según la opinión de otros.




3. A la tercera hay que decir: Todo aquello es atribuido a la luz en sentido metafórico; como también puede ser atribuido al calor. Pues, porque el movi- miento local es por naturaleza el prime- ro de los movimientos, como se de- muestra en VIII Physic.8, usamos nom- bres correspondientes al movimiento local para indicar la alteración y cual- quier otro tipo de movimiento. Al igual que el nombre distancia, que, derivando de lugar, se aplica a todos los contrarios, según se dice en X Metaphys.9


7. § 4: MG 3,641: S. Th. lect.2.

8. ARISTÓTELES, c.7 n.2 (BK 260a28): S. Th. lect.14


n.2.

9. ARISTÓTELES, 9 c.4 n.1 (BK 1055a9): S. Th. lect.5 n.2024.

C.67 a.3


Diversificación en cuanto tal

631



ARTICULO


3 La luz, ¿es o no es cualidad?


c


ln Sent. l.2 d.13 a.3; De Anima l.2 lect.14.


Objeciones por las que parece que la Iu2 no es cualidad:


1. Toda cualidad permanece en el sujeto incluso después de desaparecer el agente. Ejemplo: El calor permanece en el agua después de quitarla del fuego. Pero la luz no permanece en el aire una vez retirado el cuerpo que despide luz. Por lo tanto, la luz no es cualidad.


2. Más aún. Toda cualidad sensible tiene su contrario. Ejemplo: Lo caliente, lo frío. Lo blanco, lo negro. Pero la luz no tiene su contrario; pues la tiniebla es privación de luz. Por lo tanto, la luz no es una cualidad sensible.


3. Todavía más. La causa es más po- tente que el efecto. Pues la luz de los cuerpos celestes causa formas sustancia- les en los cuerpos de aquí abajo


10. Tam- bién da ser espiritual a los colores: los hace visibles. Por lo tanto, la luz no es una cualidad sensible, sino más bien una forma sustancial o espiritual.


En cambio está lo que dice el Da- masceno en el libro I


11: La luz es una de-


terminada cualidad.


Solución. Hay que decir: Algunos

12


di- jeron que la luz en el aire no tiene ser natural, como lo tiene el calor en la pa-

red; sino ser intencional




d, como la seme-


janza del color en el aire. Pero esto no puede ser así por dos razones. La prime- ra, porque la luz adjetiviza al aire, pues

lo convierte en luminoso; pero el color no, pues no decimos aire coloreado. La segunda, porque la luz tiene su efecto en la naturaleza; por los rayos del sol se ca- lientan los cuerpos. Por su parte, las in- tenciones no provocan cambios natura-




les.

Otros

13


dijeron que la luz es la forma sustancial del sol. Pero esto tampoco pa- rece posible, por dos razones. La prime- ra, porque ninguna forma sustancial en cuanto tal es sensible, ya que la esencia es objeto sólo del entendimiento, como se dice en III De Anima


14. Y la luz en cuanto tal es visible. La segunda, porque resulta imposible que lo que en uno es forma sustancial, en otro lo sea acciden- tal; porque a la forma sustancial en cuanto tal le corresponde constituir algo

en especie; por eso está presente siempre

y en todo. Pero la luz no es la forma sustancial del aire, pues al desaparecer, el aire se corrompería. En consecuencia, no puede ser la forma sustancial del sol.


Por lo tanto hay que decir: Así como el calor es una cualidad activa conse- cuencia de la forma sustancial del fuego, así también la luz es una cualidad activa consecuencia de la forma sustancial del sol o de cualquier otro cuerpo con luz propia, si es que hay algún otro. Prueba

de ello es que los rayos de las diversas




10. Para el fundamento de esta doctrina neoplatónica de la luz, cf. ALBERTO MAGNO, De Causis et Proc. Univ. tr.1 c.21 (BO 10,649); AVICENA, Metaphys. tr.9 c.2 (102rb). 11. De Fide Orth. c.8 : MG 94,816.


12. Cf. S. BUENAVENTURA, In Sent. l.2 d.13 a.3 q.2 (QR 2,328); AL- BERTO MAGNO, In De An. l.2 tr.3 c.12 (BO 5,255).


13. Cf. referencias dadas en nota 12. 14. ARISTÓTELES, c.6 n.7 (BK 430b28): S. Th. lect.11 n.760.


c. Interpretando el pensamiento de Sto. Tomás, la cualidad se suele definir como un acci- dente modificativo o determinativo de la sustancia en sí misma. Se divide en hábito y disposi- ción, potencia e impotencia, pasión y patibilis qualitas, forma y figura. De esta división nos inte- resa señalar por su incidencia en el artículo los términos potencia, que, a su vez, se califica activa cuando un sujeto, en virtud de una cualidad que le es propia, puede causar algún cambio en otro sujeto, de ahí la expresión de cualidad activa que se encuentra en este artículo; y pasión, que indica la alteración que conduce a la adquisición de una cualidad que conviene a la naturaleza del paciente. Este segundo aspecto está presente en la primera dificultad del artículo y en su co- rrespondiente solución (ad 1).


d. La expresión ser intencional es un concepto de la gnoseología: intentio es la relación exis- tente entre la imagen cognoscitiva del sujeto que conoce y el objeto del cual recibe esa imagen que lo expresa. El ser intencional sólo tiene existencia en las facultades cognoscitivas. Se con- trapone así al ser natural, que designa la existencia de un objeto en su realidad. Sto. Tomás ex-

presa aquí el pensamiento de una forma que nos permite hacer una paráfrasis para entenderlo mejor: pensando en la percepción del color: el color tiene su ser natural propio en la pared, pero no es ese color materialmente considerado lo que llega al ojo, sino que a través del aire manda una especie de sustituto, una imagen, algo espiritual, intencional. Esta misma entidad intencional atribuyeron a la luz (lumen) S. Alberto Magno y S. Buenaventura.





632


Tratado de la creación corpórea


C.67 a.4

estrellas tienen diversos efectos según las diversas naturalezas de los cuerpos




e. Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: Como la cualidad es consecuencia de la forma sustancial, el sujeto se comporta de manera distinta ante la recepción de la cualidad y ante la de la forma. Pues cuando la materia reci- be completamente la forma, también queda firmemente anclada en ella la cua- lidad que es consecuencia de la forma. Como si el agua se convirtiera en fuego. En cambio, cuando la forma sustancial es recibida incompleta, por cierta incoa-


ción, entonces la cualidad permanece al- gún tiempo, pero no siempre. Como el agua calentada, que vuelve a su estado natural. Pero la iluminación no es pro- ducida por algún cambio que se da en la materia al recibir la forma sustancial, como si hubiera alguna incoación de la forma. Por eso la luz no permanece más que estando el agente.


2.


A la segunda hay que decir: La luz no tiene su contrario en cuanto que es cualidad natural de un primer cuerpo principio de alteración, que está lejos de

la contrariedad.




3.


A la tercera hay que decir: Así como el calor por su forma sustancial coopera instrumentalmente en la pro- ducción de la forma del fuego, así tam-

bién la luz, en virtud de los cuerpos ce- lestes, coopera instrumentalmente en la producción de formas sustanciales; y también en hacer que los colores sean visibles, en cuanto que es la cualidad del

primer cuerpo sensible


f.


ARTICULO 4

¿Es o no es conveniente colocar la


producción de la luz en el primer día?

Infra q.69 a.1; In Sent. l.2 d.13 a.4.




Objeciones por las que parece que

no es conveniente colocar la producción de la luz en el primer día:




1. Como se ha dicho (a.3), la luz es una determinada cualidad. La cualidad, al ser un accidente, no tiene razón de ser lo primero, sino, más bien, lo último. Por lo tanto, no debe colocarse en el primer día la producción de la luz.


2. Más aún. Por la luz se distingue el día de la noche. Y esto se debe al sol, que fue hecho el cuarto día. Por lo tan- to, no debió colocarse en el primer día la producción de la luz.


3. Todavía más. La noche y el día se producen por el movimiento circular del cuerpo luminoso. Pero el movimiento circular es propio del firmamento, que fue hecho, según se lee, el segundo día. Por lo tanto, no debió colocarse en el primer día la producción de la luz que distingue el día de la noche.


4. Por último. Si se dice que hay que entenderlo como luz espiritual, hay que replicar: La luz que, según se lee, fue hecha en el primer día, se diversifica de las tinieblas. Pero en el principio no había tinieblas espirituales, porque tam- bién en el principio, y tal como se dijo (q.63 a.5), los demonios fueron buenos. Por lo tanto, no debió colocarse en el primer día la producción de la luz.


En cambio fue necesario que en el primer día se hiciera aquello sin lo cual no puede haber día. Pero sin luz no pue- de haber día. Luego fue necesario hacer la luz en el primer día.


Solución. Hay que decir: Sobre la pro- ducción de la luz hay una doble opinión.

A Agustín le parece poco conveniente que Moisés omitiera la producción de

las criaturas espirituales. Escribe15 que, cuando se dice: En el principio creó Dios el


15. S. AGUSTÍN, De Gen. ad litt. l.1 c.1: ML 34,247.


e. Según las diversas naturalezas de los cuerpos se refiere no a los cuerpos receptores de los ra- yos, sino a los cuerpos emisores, es decir, según las diversas naturalezas de las estrellas.


f.


Aquí está supuesta la idea de la influencia de los astros en los procesos de generación, corrupción y aparición de nuevos seres por generación espontánea en el mundo inferior (cf. TH. LITT, o.c., p.110-199). Sto. Tomás expresa la idea de esta solución en In Sent. 2 d.17 q.3 a.1; d.13 q.1 a.3; De div. nom. c.4 lect.3; In de anima 1.2 lect.14. La influencia activa de los cuer- pos celestes se transmite a las sustancias materiales de la naturaleza inferior mediante la luz,

cuyo efecto propio y directo es el calor: In Sent. 2 d.13 q.l a.3 ad 6; ib., a.4; De pot. q.3 a.8

ad 14; In de anima 1.2 lect.8). Sobre la actividad en los colores, cf. In Sent. 3 d.14 q.1 a.1 q.a2; In de sensu et sensato lect.6; In de anima 1.2 lect.14.



C.67 a.4


Diversificación en cuanto tal

633



cielo y la tierra, por cielo se entiende la na- turaleza espiritual todavía informe, y por tierra se entiende la materia informe de

la criatura corporal. Y como la criatura espiritual es más digna que la corporal,

fue hecha antes. Así, pues, la formación

de la naturaleza espiritual está indicada

en la producción de la luz


g, pues la for- mación de la naturaleza espiritual consis- te en estar iluminada para que se adhiera

a la Palabra de Dios.




Para otros, en cambio, Moisés omitió la producción de la criatura espiritual. Quienes opinan así dan dos motivos. Basilio


16


dice que Moisés comenzó el re- lato empezando por el principio corres- pondiente al tiempo de las cosas sensi- bles; pero la naturaleza espiritual, es de- cir, la angélica, la omite porque fue creada antes. Crisóstomo


17


da otra ra- zón. Dice que fue porque Moisés habla- ba a un pueblo rudo, que no podía en- tender más que lo palpable. Y se hubiera dado motivo para la idolatría si a aquella gente se le hubiera hablado de la exis- tencia de otras sustancias por encima de todas las criaturas corpóreas. Las hubie- sen tomado por dioses, pues eran muy propensos a honrar como dioses al sol, la luna y las estrellas; lo cual se les pro- hibe en Dt 4,19.


En Gén 1,2 había sido colocado un múltiple estado informe de la criatura corporal. Como cuando se dice: La tie-

rra estaba deshabitada y vacía; o cuando se dice: Las tinieblas cubrían el abismo. Y fue necesario que el estado informe de las ti- nieblas fuera anulado mediante la pro- ducción de la luz, por dos razones. La primera, porque la luz, como se dijo

(a.3), es cualidad del primer cuerpo; por

eso, con ella comenzó a formarse el


mundo. La segunda, por la universali- dad de la luz, pues con ella entran en re- lación los cuerpos de aquí abajo con los de allá arriba. Pues, así como en el co- nocimiento se empieza por lo general, así también pasa en la acción; pues antes se engendra al vivo que al animal, y an-


tes al animal que al hombre, como se lee en el libro De Gener. Animal


18. Por lo tanto, para que se manifestase el plan de

la sabiduría divina fue necesario que, en- tre las obras de diversificación, la prime-

ra fuera la producción de la luz como forma del primer cuerpo y como lo más universal.


Basilio

19


da una tercera razón: Porque por la luz todo lo demás se desvela. Puede añadirse una cuarta razón y que ya fue insinuada en las objeciones: Por-


que no es de día si no hay luz; de ahí

que fuera necesario hacer la luz en el primer día.






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