Santo tomas de aquino


Respuesta a las objeciones



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Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: Los hombres no conocen lo futuro más que en sus causas o por revelación divina; de esta manera, también los ángeles conocen lo futuro, y con mayor perspicacia.


2.


A la segunda hay que decir: Aun cuando la inteligencia del ángel está por encima del tiempo que mide los movi- mientos corporales, sin embargo, en él

hay tiempo en cuanto sucesión de pensa- mientos. Por eso dice Agustín en VIII Super Gen. ad litt.13: Dios mueve a la criatu- ra espiritual en el tiempo. Y puesto que en

el entendimiento del ángel hay sucesión,

no está presente a él todo lo que se hace

en el transcurso de todos los tiempos.


3.


A la tercera hay que decir: Si bien las especies que hay en el entendimiento del ángel, en cuanto tales se refieren in- distintamente a las cosas presentes, a lo pasado y a lo futuro, no por eso lo pre- sente, lo pasado y lo futuro se refieren por igual a dichas especies. Lo presente posee una naturaleza que lo hace seme- jante a las especies que hay en la mente del ángel; y, de este modo, puede ser co- nocido por ellas. Pero lo futuro aún no tiene una naturaleza por la que se aseme-

je a aquellas especies, y, por lo tanto, no puede ser conocido por ellas.




4.


A la cuarta hay que decir: Las cosas lejanas localmente existen ya en la reali-

dad y participan de una determinada es- pecie, cuya semejanza está en el ángel. Pero no sucede así con lo futuro, como dijimos (ad 3). Por lo tanto, no hay pan-




dad.


ARTICULO 4


Los ángeles, ¿conocen o no conocen


lospensamientos del corazón?e


De Verit. q.8 a.13; Resp. de Art. op.10,42 a.38;

op.11 36 a.36; In 1 Cor. c.2 lect.2; De Malo q.16 a.8.




Objeciones por las que parece que los ángeles conocen los pensamientos del corazón:


e. El artículo trata otro tema que también ha hecho correr mucha tinta. La expresión «cogi- tationes cordium» podría traducirse por intimidad de las personas inteligentes y libres. Santo Tomás muestra que esta intimidad es patente a solo Dios o a quien El quiera revelarlo. Las criaturas, a lo sumo, pueden conjeturar algo a través del reflejo sensible que, a veces, los contenidos de esa intimidad producen en el hombre, pero que no pueden afectar al ángel, el cual es puramen-

te espiritual. La razón es que la inteligencia y la voluntad del hombre dependen de Dios, inclu-




13. C.22: ML 34,389.

542


Tratado de los ángeles


C.57 a.4

1. Dice Gregorio en Moralibus


14


co- mentando Job 28,17: No se igualará a él

el oro ni el vidrio, porque entonces, esto es, en la bienaventuranza de los resucitados,

cada uno será tan visible para el otro como para sí mismo; y cuando se mira el entendi- miento de cada uno, se descubre a la vez su conciencia. Pero los que resucitan serán


semejantes a los ángeles, como se dice en Mt 22,30. Por lo tanto, un ángel pue- de ver lo que hay en la conciencia de otro.


2. Más aún. Lo que es la figura con


respecto a los cuerpos, lo son las espe- cies inteligibles con respecto al entendi- miento. Pero, visto un cuerpo, se ve su figura. Luego, vista una sustancia inte- lectual, se ve la especie inteligible que hay en ella. Por lo tanto, si un ángel ve a otro y ve también al alma, parece que puede ver los pensamientos de ambos.


3. Todavía más. Mayor semejanza tienen con el ángel las cosas que hay en nuestro entendimiento que las que tene- mos en la fantasía, ya que las primeras son entendidas en acto, y las segundas sólo en potencia. Pero el ángel conoce lo que hay en la fantasía como conoce lo temporal, puesto que la fantasía es una facultad del cuerpo. Por lo tanto, parece que puede conocer lo que piensa el en- tendimiento.


En cambio, lo que es propio de Dios

no le corresponde a los ángeles. Pero conocer los pensamientos de los corazo-

nes es propio de Dios, según aquello de

Jer 17,9-10: Perverso es el corazón del hom- bre; e inescrutable. ¿Quién lo conocerá? Yo, el Señor, que penetro los corazones. Por lo tan- to, el ángel no conoce el secreto de los corazones.




Solución. Hay que decir: El pensa- miento del corazón puede ser conocido de dos maneras. 1) La primera, en su efecto; y de este modo puede ser conoci- do no solamente por el ángel, sino tam- bién por el hombre. Y tanta mayor ven- taja lleva el ángel cuanto más recóndito sea el efecto. Ejemplo: Un pensamiento


es conocido a veces no sólo por algún acto externo, sino también por la altera- ción de las facciones, y los médicos pue- den conocer algunas afecciones del alma por el pulso. Los ángeles, pues, lo mis- mo que los demonios, las conocerán tan- to más cuanto con mayor penetración escudriñen este tipo de alteraciones cor- porales ocultas. Por eso Agustín, en el libro De divinatione daemonum


15, dice: Los demonios a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de los hombres, y no sólo las que manifiestan de palabra, sino también las concebidas en el pensamiento, porque en el cuerpo se refleja el estado del alma. En

su libro Retractaciones




16, no obstante, dice que no puede asegurar cómo sucede esto.


2) La segunda manera es conocer los pensamientos conforme están en el en- tendimiento, y los afectos como están en

la voluntad. De este modo sólo Dios puede conocer los pensamientos de los corazones y la tendencia de la voluntad.

El porqué de esto radica en que la vo- luntad de la criatura racional no está su- jeta más que a Dios, y en ella, como más adelante veremos (q.105 a.4; q.106 a.2;

2-2 q.9 a.6), sólo puede obrar el que es

su objeto principal y su último fin. Por

eso, lo que está en la voluntad o lo que depende de la voluntad, solamente es conocido por Dios. Es evidente que de

la voluntad sola depende que alguien piense de hecho alguna cosa, porque cuando alguien tiene el hábito de la ciencia o posee especies inteligibles, lo

usa cuando quiere. Por eso dice el Após-

tol en 1 Cor 2,11: Lo que hay en el hombre nadie lo conoce a no ser el espíritu del hombre que está en él.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: En esta vida, un


hombre no conoce el pensamiento de otro, porque se lo estorban dos obstácu- los: La opacidad del cuerpo y la volun- tad que encierra sus secretos. El primero desaparecerá en la resurrección y no existe en los ángeles. Pero el segundo permanecerá después de la resurrección


14. L.18 c.48: ML 76,84.

15. C.5: ML 40,586.


16. L.2 c.30: ML 32,643.




so en su actividad libre, cosa que no puede decirse de ninguna criatura, por más que respecto del hombre las otras criaturas ejerzan un influjo intenso. Ello quiere decir que, incluso entre los ángeles, uno puede tener «secretos» para otros. Estos secretos constituyen el tema de las «locuciones» o «conversaciones» que los ángeles mantienen entre sí (cf. 1 q.107).



C.57 a.5


Conocimiento de los ángeles: lo material

543

y sí existe en los ángeles


f. No obstante, la cualidad de la mente, en cuanto a la cantidad de gracia y de gloria, estará re- presentada por la claridad del cuerpo. Por eso podrá uno ver la mente de otro.


2.


A la segunda hay que decir: Aun cuando un ángel vea las especies inteligi-

bles de otro, debido a que el modo de

las especies inteligibles, por lo que se re-

fiere a su mayor o menor universalidad,

es proporcionado a la dignidad de las sustancias, no por esto hay que deducir

que uno conozca el uso que otro hace

de sus especies inteligibles cuando piensa.


3.


A la tercera hay que decir: El apeti- to animal no es dueño de sus actos, sino que sigue el impulso de otra causa, sea material o espiritual. Debido a que los ángeles conocen los seres corporales y

sus disposiciones, por este medio pueden conocer lo que hay en el apetito y en la percepción imaginativa de los animales e incluso en el de los hombres, cuyo apeti-

to se desencadena siguiendo algún im-

pulso corporal. En los animales siempre sucede así. Sin embargo, no es necesario

que los ángeles conozcan el movimiento

del apetito sensitivo o la percepción imaginativa del hombre en cuanto movi-

dos por la voluntad y por la razón, por- que también la parte inferior del alma participa de alguna manera de la razón, como el que obedece al que manda, se-

gún se dice en I Ethic.17 Del hecho de

que el ángel conozca lo que hay en el apetito sensitivo o en la imaginación del hombre, no se sigue que conozca lo que


hay en su pensamiento o en su voluntad, porque el entendimiento y la voluntad no están sometidos al apetito sensitivo ni a la imaginación, sino que, por el contrario, pueden utilizarlo de distintas maneras.


ARTICULO


5


Los ángeles, ¿conocen o no conocen los misterios de la gracia?


In Sent. 1.4 d.10 a.4 q.a 4; In Ef. c.3 lect.3.


Objeciones por las que parece que los ángeles conocen los misterios de la gracia:

1.



Entre todos los misterios, el más sublime es el de la encarnación de Cris-

to. Pero los ángeles lo conocieron desde

el principio, pues dice Agustín en V Su-

per Gen. ad litt.18: De tal manera estuvo este misterio en Dios desde la eternidad, que no fue obstáculo para que llegase al conocimiento


de los principados y potestades en el cielo. Y también el Apóstol en 1 Tim 3,16 dice: Aquel gran misterio de piedad fue desvelado a los ángeles. Por lo tanto, los ángeles co- nocen los misterios de la gracia.


2. Más aún. Las razones de todos los misterios de la gracia están conteni- das en la sabiduría divina. Pero los án- geles ven la misma sabiduría de Dios, que es su esencia. Por lo tanto, los ánge- les conocen los misterios de la gracia.


3. Todavía más. Según Dionisio en

el c.4 Angel, hier.19, los profetas son ins- truidos por los ángeles. Pero los profe-




17. ARISTÓTELES, c.13 n.18 (BK 1102b31): S. Th. lect.20 n.240.

18. C.19: ML


34,334.

19. De Cael Hier. § 2: MG 3,180.


f. Aparece formulada expresamente la distinción entre conocimiento natural y conocimien- to sobrenatural; el primero es absolutamente incapaz de descubrir la existencia de misterios so- brenaturales y, como consecuencia, no puede decir ni una sola palabra sobre su contenido; para ello se requiere la luz de la fe en el estado de peregrinación o de vía y el llamado «lumen glo- riae» en la vida futura. El ángel, con ser una criatura perfectísima, no puede jamás dar por sí solo el salto de lo natural a lo sobrenatural. Como se dijo antes (cf. q.50 a.4), entre los ángeles hay una diversidad enorme. Los que son superiores poseen también una penetración más aguda

en los designios divinos y pueden comunicarla a los inferiores mediante el procedimiento que Santo Tomás y los teólogos de su tiempo llaman «iluminación» (cf. 1.c.106). La solución pri- mera es muy importante para comprender cómo Santo Tomás, en medio de sus finas especula- ciones sobre los ángeles, no pierde nunca el contacto con la realidad de la providencia divina centrada en el misterio de la encarnación y canalizada a través de él; los ángeles no pertenecen a un mundo extraño, sino que se encuentran integrados dentro de esta providencia que tiene manifestaciones históricas muy concretas. Lo sustancial de la idea aparece en q.64 sol.4. En este artículo es citado varias veces el ps.Dionisio, cuyo nombre aparece también en otros muchos pasajes. Ni Santo Tomás ni sus contemporáneos sabían que se trataba de un pseudo. De ahí el valor vinculante que atribuyen a sus escritos, los cuales eran para todos una «autoridad» indis- cutible e inapelable. Desde hace tiempo la situación, en este punto, ha cambiado radicalmente.



544



Tratado de los ángeles


C.57 a.5


tas conocieron los misterios de la gracia,

pues dice Amós 3,7: No hará nada el Se-



ñor sin revelar su secreto a sus siervos los pro-


fetas. Por lo tanto, los ángeles no cono- cen los misterios de la gracia.


En cambio está el hecho que nadie aprende lo que ya sabe. Pero los ángeles, incluso los superiores, investigan los misterios de la gracia y los aprenden. Pues se dice en el c.7 Cael, hier.20 que la Sagrada Escritura habla de ciertas esencias celestes que proponían cuestiones al mismo Je- sús y aprendían la ciencia de su obra divina en


favor nuestro, y Jesús les enseñaba directamen- te. Esto concuerda con aquello de Isaías

63,1 cuando preguntan los ángeles: ¿Quién es éste que viene de Edom? Y res- ponde Jesús: Yo, el que anuncia la justicia.

Por lo tanto, los ángeles no conocen los misterios de la gracia.


Solución. Hay que decir: En los ánge-

les hay dos clases de conocimiento.

1) Uno natural, por el que conocen las

cosas, bien por su esencia o también por especies innatas. Con esta clase de cono- cimiento no pueden conocer los mis-

terios de la gracia, porque éstos depen-

den de la sola voluntad de Dios. Si un

ángel no puede conocer los pensamien-

tos que dependen de la voluntad de

otro, mucho menos conocerá lo que so- lamente depende de la voluntad divina.

Esto mismo es lo que argumenta el Apóstol en 1 Cor 2,11: Lo que hay en el hombre nadie lo conoce a no ser el espíritu del hombre, que en él está. Así también, las co-

sas de Dios nadie las conoce sino el Es-

píritu de Dios.




Pero los ángeles tienen otra clase de conocimiento: el que los hace bienaven- turados y por el que ven la Palabra y las cosas en la Palabra. Por esta visión co- nocen los misterios de la gracia, aunque no todos los misterios, ni todos los án- geles por igual, sino en la medida en que Dios haya querido revelárselos, se- gún aquello del Apóstol en 1 Cor 2,10: Dios nos los ha revelado por su Espíritu. Sin embargo, los ángeles superiores, que contemplan con mayor penetración la sabiduría divina, conocen en la visión de Dios mayor número y más elevados mis- terios que después manifiestan a los án- geles inferiores cuando los iluminan. Y entre los mismos misterios hay algunos


que los ángeles conocieron desde el principio, y otros que les fueron enseña- dos más tarde, conforme lo iban exigien- do sus ministerios.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Del misterio de la encarnación de Cristo se puede hablar de dos maneras. 1) Una, en general, y de

este modo fue revelado a todos los án- geles desde el principio de su bienaven- turanza. El porqué radica en que este misterio es una especie de principio ge- neral al que se ordenan todos los mis- terios de los ángeles. Como se dice en

Heb 1,14: Todos son espíritus administrado- res enviados para su servicio en favor de los que han de heredar la salvación. Y esto se hace por el misterio de la encarnación.

De aquí la necesidad de que, desde el principio, tuvieran un conocimiento ge-

neral de este misterio. 2) Otra manera

de hablar del misterio de la encarnación

es hacerlo en sus condiciones especiales.

En esta forma no fue conocido por to-

dos los ángeles desde el principio, e in- cluso hubo cosas que los mismos ánge-

les superiores no conocieron ni siquiera

más tarde, como resulta claro por la autoridad aducida de Dionisio.


2.


A la segunda hay que decir: Aun cuando los ángeles bienaventurados con- templan la esencia divina, no por eso la comprenden, y, por lo tanto, no es nece- sario que sepan todo lo que hay en ella escondido.


3.


A la tercera hay que decir: Cuanto los profetas conocieron de la gracia por revelación, fue revelado con mayor per- fección a los ángeles. Y aun cuando

Dios revelara en general a los profetas

lo que había que hacer para la salvación

del género humano, los apóstoles cono-

cieron ciertas particularidades que los profetas ignoraron, según aquello de Ef

3,4-5: Por su lectura podéis entender mi cono- cimiento del misterio de Cristo, que no fue co- nocido por las generaciones pasadas como aho- ra ha sido revelado a sus santos apóstoles. Además, entre los mismos profetas, los posteriores conocieron cosas que no co- nocieron los anteriores, según aquello

del Sal 118,100: Superé a los ancianos en co- nocimiento. Y Gregorio dice21: Conforme


pasaba el tiempo aumentaba el conocimiento de lo divino.

20. § 3: MG 3,209.


21. GREGORIO MAGNO, In Ezech. l.2 hom.4: MG 76,980.



Después de lo tratado, ahora hay que estudiar el modo de conocer de los ángeles. Esta cuestión plantea y exige respuesta a siete problemas:


1. El entendimiento de los ángeles, ¿está o no está a veces en potencia y a veces en acto?-2. El ángel, ¿puede o no puede conocer simultánea- mente muchas cosas?-3. ¿Conoce o no conoce con proceso discursivo?-

4. ¿Conoce o no conoce por medio de composición y división?-5. En el conocimiento angélico, ¿puede o no puede haber falsedad?-6. El conoci- miento del ángel, ¿puede o no puede ser llamado matutino o vespertino?-

7. El conocimiento matutino y el vespertino, ¿son el mismo, o son diversos?


ARTICULO 1


El conocimiento del ángel, ¿está o no está a veces en potencia y a veces en


acto?a

1-2 q.50 a.6; Cont. Gentes l.2 c.97.98.101; De Malo q.16 a.5.6.




Objeciones por las que parece que el conocimiento angélico a veces está en potencia:

1.



Como se dice en III Physic.1 el movimiento es el acto del ser que está en po- tencia. Pero cuando las mentes angélicas entienden, se mueven, como dice Dioni-

sio en c.4 De div. nom.2 Por lo tanto, las mentes angélicas a veces están en poten-




cia.


2. Más aún. Puesto que el deseo re- cae sobre las cosas que no se poseen, pero se pueden tener, quien desea enten- der algo está en potencia con respecto a ello. Pero en 1 Pe 1,12 se dice: A quien


a. Estar en potencia para algo es poder llegar a poseerlo, pero sin tenerlo aún. Santo Tomás continúa manteniendo la distinción entre conocimiento natural y conocimiento sobrenatural, y

aplica al tema tratado la doctrina expuesta precedentemente. En cuanto al conocimiento natu- ral, la mente del ángel posee las especies cognoscitivas de las cosas, que le son infundidas o impresas por Dios desde el momento de la creación; no se encuentra nunca en la situación del hombre, que viene al mundo sin saber nada, porque su inteligencia es como tabla raída en la que



no hay nada pintado («tanquam tabula rasa in qua nihil est depictum»). Pero el ángel no puede considerar a la vez y en un solo acto todo el vasto campo de su conocimiento natural; cuando considera o piensa una cosa determinada está en potencia para considerar otras. El conocimiento sobrenatural funciona casi a la inversa. El ángel puede carecer de él. Pero cuando llega a la contemplación beatífica del Verbo, este acto, y todo lo que a través de él alcanza, permanece de modo inalterable; no puede cesar para dejar entrada a otro acto distinto. La referencia a ciertas ideas cósmicas de la época es meramente ejemplificante. Hoy no tiene valor. Pero su eli- minación no afecta nada al fondo de la doctrina.


1. ARISTÓTELES, c.1 n.6 (BK 201a10): S. Th. lect.2 n.2.

2. §8: MG 3,704: S. Th.


lect.7.

3. § 7 (BA 171).

4. C.8: ML 34,270.


5. ARISTÓTELES, c.4 n.6 (BK 429b8):


S. Th. lect.8 n.700.


6. ARISTÓTELES, c.4 n.6 (BK 255a33): S. Th., lect.8 n.3.




los ángeles desean Contemplar. Por lo tanto, el entendimiento del ángel a veces está

en potencia.




3. Todavía más. En el libro De cau-


sis

3


se dice que el entendimiento entien- de según el modo de su sustancia. Pero la sustancia del ángel tiene mezcla de po- tencia. Por lo tanto, a veces entiende en potencia.




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