Santo tomas de aquino


Respuesta a las objeciones



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Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Si el tiempo que


mide el movimiento del ángel es discon- tinuo, una sucesión de instantes, no es proporcionado al tiempo que mide el movimiento de los seres corporales, que es continuo, puesto que no son del mis- mo orden. Pero si fuese continuo, hay proporcionalidad, si bien no fundamen- tada en la proporción existente entre el motor y el móvil, sino en la existente entre las magnitudes en movimiento. Además, la velocidad del movimiento del ángel no depende de la cantidad de su virtud, sino de la determinación de su voluntad.


2.


A la segunda hay que decir: La ilu- minación es el término del movimiento,

y es una alteración y no un movimiento local en el sentido de que la luz llegue primero a lo más cercano y después a lo

más lejano. En cambio, el movimiento

del ángel es local y no es término de movimiento. Por tanto, no hay paridad.




3.


A la tercera hay que decir: Aquella objeción se refiere al tiempo continuo. Pero el tiempo que mide el movimiento del ángel puede no ser continuo, y, en este caso, en un determinado instante el


8. Cf. AVERROES, In Phys. l.6 comm.59 (4,284 I).

9. ARISTÓTELES, c.11 n.3 (BK


219a13): S. Th. lect.17 n.5.





ángel puede estar en un lugar, y en otro instante en otro, sin necesidad que entre ambos medie tiempo alguno. En el caso que el tiempo, del movimiento del ángel sea continuo, el ángel, durante todo el tiempo que precede al último instante, pasa por una infinidad de lugares, como


a. En esta primera cuestión sobre el conocimiento de los ángeles, Santo Tomás se propone encuadrar exactamente su función cognoscitiva. Aparecen una serie de nociones pertenecientes

a su filosofía general y sobre las cuales aquí sólo es posible hacer alguna consideración muy elemental. En todas las criaturas, incluidos, por tanto los ángeles, Santo Tomás hace una pri- mera distinción entre esencia y existencia; la esencia de cosas que pueden existir de suyo o por

sí mismas recibe también el nombre de sustancia, la cual se distingue de los accidentes o de cosas

que sólo pueden existir en cuanto adheridas a otras, como, por ejemplo, la blancura. La dis- tinción entre esencia (sustancia) y existencia se sitúa en el orden entitativo. La intelección, en cambio, pertenece al orden de lo dinámico o de la actividad, la cual en las criaturas se distingue

siempre de la entidad. Teniendo en cuenta estas indicaciones sumarias, se puede comprender

el razonamiento de Santo Tomás en los tres primeros artículos, en los cuales aparece reiterada-

mente la apelación a la distinción primordial entre Creador y criaturas. El artículo cuarto tiene

su origen, sin duda, en la doctrina psicológica de Santo Tomás sobre el entendimiento huma- no. En el hombre hay un entendimiento agente (cf. 1 q.79 a.4-5) que cumple la función de abs- traer las especies o formas inteligibles a partir de las cosas materiales; entendimiento posible es

el que realiza propiamente el acto de entender aquello que el agente hizo inteligible. En el án- gel no hay lugar a esta distinción; si a veces se le atribuye por las razones indicadas en la solu- ción segunda, se emplea un lenguaje «equívoco» del que Santo Tomás dice que no debe ser


tenido en consideración. En este mismo artículo cuarto Santo Tomás hace una distinción entre saber y considerar, que él mismo explica más adelante (cf. q.58 a.1). En las criaturas el saber o conocer puede darse en estado latente, como ocurre en todo aquello de que alguien tiene cono- cimiento, aunque no lo advierte en un momento dado; considerar significa el acto mismo de reflexionar sobre una cosa. Sólo en Dios saber y considerar se unifican totalmente, porque sólo El tiene visión actual de cuanto existe o puede existir. El artículo quinto es simple consecuen- cia de lo dicho en la cuestión 50 acerca de la naturaleza puramente espiritual de los ángeles. Es de notar la reiterada apelación de Santo Tomás al orden o perfección del universo, del que estas criaturas forman la parte más importante. Al final de la respuesta a las objeciones, Santo Tomás habla de una fantasía «proterva» de los demonios, consistente no en que tengan propia- mente fantasía, la cual es una potencia sensitiva, sino en que cometen errores o sufren engaños parecidos a los que en nosotros proceden de la fantasía. Para ulteriores explicaciones, cf. 1 q.58

a.5 (la parte final). La protervia es una actitud de especial rebeldía frente a las verdades perte- necientes a la fe (cf. q.58 a.5 al fin).




expusimos anteriormente (a.2). Sin em- bargo, si en parte está en uno de los lu- gares continuos y en parte en otro, no se debe a que su sustancia sea divisible, sino a que su virtud se aplica a una par-

te del primer lugar y a otra del segundo, como también dijimos (a.l).




523


El conocimiento de los ángeles


C.54


Después de haber tratado lo referente a la sustancia del ángel, ahora hay que adentrarse en el estudio de su conocimiento. El análisis abarcará cuatro partes, pues primero hay que estudiar lo referente a la capacidad cognosciti-

va del ángel; segundo, su medio de conocer; tercero, de lo que él conoce; cuarto, de su modo de conocer.




La cuestión referente a la capacidad cognoscitiva del ángel plantea y exi- ge respuesta a cinco problemas:


1. En el ángel, ¿conocer y sustancia son lo mismo?-2. En el ángel, ¿ser y sustancia son lo mismo?-3. Su sustancia, ¿es o no es su capacidad intelectiva?-4. En el ángel, ¿hay o no hay entendimiento agente y posi- ble?- 5. En los ángeles, ¿hay o no hay alguna otra potencia cognoscitiva además del entendimiento?


Sobre el conocimiento de los ángeles


a


CUESTIÓN


54

524



Tratado de los ángeles


C.54 a.1


ARTICULO 1


En el ángel, entender, ¿es o no es su sustancia?


De Subst. Separat. c.13.


Objeciones por las que parece que en el ángel entender es su sustancia:


1. El ángel es más sublime y más simple que el entendimiento agente del alma. Pero la sustancia del entendimien- to agente es su acción, como nos consta por Aristóteles en el III De Anima1 y por su Comentarista


2. Por lo tanto, con mucho mayor motivo la sustancia del ángel es su acción, que es entender.


2. Más aún. El Filósofo en el XII Meíaphys.3 dice: La acción del entendimiento es vida. Pero como para los vivientes vivir

es ser, como se dice en II De anima


4, pa- rece que la vida sea la esencia. Por lo tanto, la acción del entendimiento es la esencia del ángel que entiende.


3. Todavía más. Si los extremos son una misma realidad, el medio no difiere de ellos, porque más dista un extremo de otro que de lo intermedio. Pero en el ángel el entendimiento y lo entendido son lo mismo, al menos cuando entiende su esencia. Por lo tanto, el acto de en- tender, que ocupa el lugar medio entre el entendimiento y lo entendido, es lo mismo que la sustancia del ángel que en- tiende.


En cambio, la acción de una cosa di- fiere más de su propia sustancia que de su ser. Pero no hay nada creado cuyo ser se identifique con su sustancia, pues-

to que, como ya dijimos (q.3 a.4; q.7 a.1 ad 3; q.44 a.1), esto sólo le corresponde a Dios. Por lo tanto, ni la acción del án- gel ni la de cualquier otra criatura es su sustancia.




Solución. Hay que decir: Es imposible que la acción del ángel o la de cualquier otra criatura sea sustancia. Propiamente hablando, la acción es la actualidad de una facultad, como el ser es la actualidad de la sustancia o de la esencia. Es impo- sible que sea su propia actualidad una cosa que no es acto puro, sino que está mezclada con la potencia, porque actúa-


lidad se opone a potencialidad. Sólo Dios es acto puro. Por lo tanto, sólo la sustancia de Dios es su propio ser y su propio obrar.


Además, si el entender del ángel fuese su sustancia, sería necesario que fuera subsistente. Pero el entender subsistente, como cualquier otra forma abstracta subsistente, tiene que ser algo único. Por eso, la sustancia del ángel no se dis- tinguiría de la sustancia de Dios, que es el mismo ser subsistente, ni de la sustan- cia de otro ángel.


También, si el ángel fuera su mismo entender, no podría haber en el entender grados más o menos perfectos, ya que esto radica en la diversidad de participa- ción del acto de entender.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Cuando se dice que


el entendimiento agente es su acción, no se trata de una atribución por concomi- tancia, ya que, desde el momento en que la sustancia del entendimiento agente está en acto, le acompaña en cuanto que de ella depende su acción. Esto no pue- de decirse del entendimiento posible, el cual no ejecuta sus acciones hasta que no ha sido puesto en acto.


2.


A la segunda hay que decir: Respec- to al vivir, la vida no es lo que la esen- cia respecto al ser, sino lo que carrera y correr, pues estas dos palabras significan

el acto en abstracto y en concreto, res- pectivamente. Por lo tanto, algunas ve-

ces la palabra vida es tomada por esencia, según aquello que dice Agustín en el li- bro De Trin.5: La memoria, la inteligencia


y la voluntad son una sola esencia, una sola vida. Pero no es éste el sentido dado por

el Filósofo cuando dice: La acción del en- tendimiento es vida




6.

3.




A la tercera hay que decir: La ac- ción que pasa a algo exterior, en reali-

dad es algo medio entre el agente y el sujeto que recibe la acción. Pero la ac-

ción que permanece en el agente no es realmente algo intermedio, sino sólo se-

gún nuestro modo de entender, porque, realmente, hay unión entre sujeto y ob-

jeto. Del hecho de que lo entendido se

haga una misma realidad con quien en-




1. ARISTÓTELES, c.5 n.1 (BK 430a18): S. Th. lect.10, n.732.

2. AVERROES, comm.19


(6,162 C).


3. ARISTÓTELES, 11 c.7 n.7 (BK 1072b27): S. Th. lect.8 n.2544.


4. ARIS-

TÓTELES, c.4 n.4 (BK 415b13): S. Th. lect.7 n.319.

5. L.10 c.11: ML 42,983.


6. ARIS-

TÓTELES, l.c. n.3.

C.54 a.2-3


El conocimiento de los ángeles

525

tiende, deriva el entender como si fuera casi un efecto distinto de ambos.


ARTICULO


2


En el ángel, entender, ¿es o no es su ser?


Objeciones por las que parece que en el ángel entender es su ser:

1. En los vivientes, vivir es ser, se dice en II De anima




7. Pero entender es un cierto vivir, como se dice alli mismo


8. Por lo tanto, el entender del ángel es su

ser.



2. Más aún. La misma relación que hay entre las causas, la hay entre los efectos. Pero la forma por la que el án- gel es, se identifica con la forma por la que entiende, al menos a sí mismo. Por lo tanto, su entender es su ser.


En cambio, el entender del ángel es su movimiento, como nos consta por Dionisio en c.4 de Div. Nom.9 Pero ser no es movimiento. Por lo tanto, el ser del ángel no es su entender.


Solución. Hay que decir: La acción del ángel no es su ser, como tampoco lo es la acción de ninguna criatura. Como se dice en IX Metaphys.10, hay un doble gé- nero de acción. 1) Una, que pasa a algo exterior y produce en él una pasión. Ejemplo: Quemar y cortar. 2) Otra, que no pasa al exterior, sino que permanece en el agente. Ejemplo: Sentir, entender y querer. Estas no modifican nada exte- rior, sino que se consuman en el mismo agente. Si se trata de la primera, es evi- dente que no hay lugar para afirmar que sea el propio ser del agente, ya que el ser del agente es algo que está dentro de él; y este tipo de acciones consiste en algo que pasa del agente al paciente. En cuanto a la segunda, esencialmente re- quiere ser infinita, bien absolutamente, bien en cierto modo. Absolutamente, como entender, cuyo objeto es lo verda- dero; o querer, cuyo objeto es el bien. Ambas cosas se identifican con el ser, por lo cual, los actos de entender y de querer están referidos a todo y ambos


reciben su especie de su objeto. En cierto modo, como lo es el acto de sentir, que llega a todo lo sensible. Así, la vista abarca todo lo visible. En cambio, el ser

de la criatura está determinado a una sola cosa en cuanto al género y en cuan-

to a la especie; y solamente el ser de Dios es un ser absolutamente infinito, que comprehende en sí todas las cosas, como dice Dionisio en el c.5 De Div. Nom.


11

Por eso, sólo el ser divino es su entender y su querer.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Vivir, unas veces se


emplea para designar el ser viviente; otras, para indicar las acciones vitales, es decir, aquellas por las que se comprue- ban que un ser es viviente. Y éste es el sentido en el que el Filósofo dice que en- tender es un cierto vivir, ya que allí mismo distingue los diversos grados de vida, en conformidad con las distintas operacio-

nes vitales.




2.


A la segunda hay que decir: La esen- cia del ángel es la razón de todo su ser. Pero no es la razón de todo su entender,

porque no puede entender todas las co-

sas por sus esencias. Por eso, en cuanto

tal esencia y por su razón propia, se compara con el ser del ángel. Pero se compara con su entender por la razón

del objeto más universal, esto es, del ser

o de lo verdadero. Así, se comprende

que, si bien la forma es la misma, sin embargo, no es principio del ser y del entender. Por eso hay que concluir: el entender del ángel no es su ser.


ARTICULO


3


La potencia intelectiva del ángel, ¿es o no es su esencia?

Infra q.77 a.1; q.79 a.1.




Objeciones por las que parece que en el ángel la potencia intelectiva no es algo distinto a su esencia:


1. Mente y entendimiento indican la potencia intelectiva. Pero Dionisio, en muchos lugares de sus libros


12, llama a

7. ARISTÓTELES, c.4 n.4 (BK 415b13): S. Th. lect.7 n.319.


8. ARISTÓTELES, De Anima




2 c.2 n.2 (BK 413a23): S. Th. lect.3 n.255.

9. § 8: MG 3,704: S. Th. lect.8.


10. ARIS-


TÓTELES, 8 c.8 n.9 (BK 1050a23): S. Th. lect.8 n.1862.


11. §4: MG 3,817: S. Th.


lect.1.



12. Cf. De Cael. Hier. c.2 § 1; c.6 § 1; c.12 § 2: MG 3,137.200.292; De Div. Nom. c.7 § 2: MG 3,868.

526



Tratado de los ángeles


C.54 a.4


los ángeles mentes o entendimientos. Por lo tanto, el ángel es su potencia intelectiva.


2. Más aún. Si la potencia intelectiva

en el ángel es algo distinto de su esen- cia, es necesario que sea un accidente, pues llamamos accidente de un ser a lo que está fuera de su esencia. Pero la for- ma simple no puede ser sujeto, como dice Boecio en el libro De Trin.




13

Por lo tan- to, el ángel no sería forma simple. Y esto va contra lo ya establecido (q.50,


a.2).



3. Todavía más. Agustín, en XII Confess.14, dice: Dios hizo la naturaleza an-


gélica cerca de si, y la materia prima cerca de la nada. Esto parece indicar que el ángel,

como más cercano a Dios, es más simple

que la materia prima. Pero la materia

prima es su propia potencia. Por lo tan-

to, con mayor motivo el ángel es su po- tencia intelectiva.


En cambio está lo que dice Dionisio

en el c.11 Angel, hier.15: Los ángeles se di- viden en sustancia, virtud y operación. Por lo tanto, una cosa es en ellos la sustancia,

otra la virtud y otra la operación.


Solución. Hay que decir: Ni en el án- gel ni en ninguna criatura la potencia operativa es lo mismo que la esencia. Se demuestra así: Como la potencia se rela- ciona con el acto, es necesario que, con- forme a la diversidad de actos, haya di- versidad de potencias. Por eso se dice que a cada acto propio le corresponde su potencia propia. La esencia de todo ser creado difiere de su ser, y, como ya dijimos (a.1; q.44 a.1), se relaciona con él como la potencia con el acto. El acto que le corresponde a la potencia operati- va es la acción. Pero en el ángel, ser y entender no son una misma cosa, como tampoco hay en ningún otro ser creado alguna acción que sea lo mismo que su ser. Por lo tanto, la esencia del ángel no es su potencia intelectiva, ni tampoco en

un ser creado su potencia operativa es su esencia.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El ángel es llamado entendimiento y mente, porque en él no hay


más conocimiento que el intelectual. El

conocimiento del alma en parte es inte- lectual y en parte es sensitivo.


2.




A la segunda hay que decir: La for- ma simple que simultáneamente es acto

puro no puede ser sujeto de ningún ac- cidente, porque el sujeto se relaciona

con el accidente como la potencia con el acto. Un acto así sólo lo es Dios. En

este sentido habla Boecio. En cambio, la forma simple que no es su ser, sino que

se relaciona con él como la potencia con

el acto, puede ser sujeto de accidentes,

y, en particular, de los que se derivan de

la especie, ya que éstos pertenecen a la forma; como, por el contrario, los del individuo no extensibles a toda la espe-

cie, derivan de la materia, principio de individuación. En este último sentido es simple la forma del ángel.


3.


A la tercera hay que decir: La po- tencia de la materia se relaciona con el

ser sustancial, y, en cambio, la potencia operativa lo hace con el ser accidental.

Por lo tanto, no hay paridad.


ARTICULO 4


En el ángel, ¿hay o no hay entendimiento agente y posible?

Infra q.79 a.3; Cont. Gentes 1,96.




Objeciones por las que parece que en el ángel hay entendimiento agente y po- sible:

1.



El Filósofo, en III De Anima16,

dice: Así como en toda naturaleza hay algo que es principio de toda pasividad y algo prin- cipio de toda actividad, así también lo hay en el alma. Pero el ángel es una determinada naturaleza. Por lo tanto, en él hay enten- dimiento agente y posible.




2. Más aún. Como consta en III De Anima


17, lo propio del entendimiento posible es recibir; lo propio del entendi- miento agente, iluminar. Pero un ángel recibe la iluminación del ángel superior e ilumina al inferior. Por lo tanto, en él hay entendimiento agente y posible.


En cambio está el hecho de que en nosotros hay entendimiento agente y po- sible por razón de las imágenes, que son al entendimiento posible lo que los colo-


13. C.2: ML 64,1250.

14. C.7: ML 32,828.


15. De Cael. Hier. c.11 §2: MG


3,284.

16. ARISTÓTELES, c.5 n.1 (BK 430a14): S. Th. Iect.10 n.728.


17. ARISTÓTELES, c.4 n.3 (BK 429a15): S. Th. lect.7 n.675; c.5 n.1 (BK 430a14): S. Th. lect.10 n.728.



C.54 a.5


El conocimiento de los ángeles

527



res a la vista, y al entendimiento agente lo que los colores a la luz, como consta en III De Anima


18. Pero en el ángel no hay imágenes. Por lo tanto, tampoco en él hay entendimiento agente y posible.


Solución. Hay que decir: La necesidad de admitir en nosotros un entendimiento posible se debe al hecho de que, a veces, estamos en potencia para entender y, a veces, estamos en acto. Por eso, es nece- sario que exista una facultad que, antes de entender, esté en potencia con respec- to a lo inteligible, y que pase a acto cuando lo conoce y después cuando los piensa. Esta es la facultad llamada enten- dimiento posible. La necesidad de admi- tir el entendimiento agente proviene del hecho de que las naturalezas de lo mate- rial que son las que nosotros conoce- mos, no existen fuera del alma en estado inmaterial y actualmente inteligible, sino que, tal como existen fuera del alma, sólo son inteligibles en potencia; por lo cual es necesario que exista alguna facul- tad que las haga inteligibles en acto. Esta es la facultad llamada entendimien- to agente.


Pero en los ángeles no se da ninguna de estas dos necesidades, puesto que nunca está en pura potencia para enten- der lo que entienden por naturaleza, ni sus objetos son inteligibles en potencia, sino en acto; pues, ante todo y sobre todo, entiende lo inmaterial, como se demostrará (q.34 a.7; q.85 a.1). Así, en ellos no puede haber entendimiento agente ni posible, a no ser equívocamen-


te.




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