Salud sexual y reproductiva



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SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA




DIMENSIONES DE LA SEXUALIDAD HUMANA
Guillermo Valencia Montoya

Docente UTP.


De una manera muy amplia y general se puede definir la sexualidad como el conjunto de fenómenos de la vida sexual. Sin embargo, esta definición aparentemente sencilla, nos conduce a una serie de consideraciones de diverso orden: biológico, psicológico, socio-cultural, filosófico y Bioético (ver cuadro 1).
Para el biólogo, la sexualidad es lo que forma el sexo, la calidad, la manera de ser sexual. Es la unión por contacto y penetración de las partes sexuales del macho en la hembra o del hombre en la mujer. Desde esta perspectiva, la sexualidad se reduce a la genitalidad, es decir, a lo estrictamente orgánico.
Desde el punto de vista social o institucional, la sexualidad interesa a los juristas, quienes partiendo de normas y de leyes, la legitiman o no; y a las religiones, las cuales deciden si es aceptada o condenada.
Para la psicología en cambio, las consideraciones de tipo biológico y socio-cultural son válidas, pero incompletas. En el análisis de la sexualidad, la psicología va mas allá, pues no se detiene en la concepción un tanto estrecha de reducir la sexualidad a un mecanismo carnal o puramente biológico, como tampoco admite que pueda ser congelada en el marco estricto de la normatividad jurídica o en preceptos morales. Para la psicología, además de ser comportamiento, es también una expresión de la estructura de la personalidad.
Así mismo, la sexualidad humana no se puede considerar única y exclusivamente desde la genitalidad del adulto, pues el hombre es un ser sexuado desde el nacimiento hasta su muerte. La sexualidad acompaña todo el ciclo vital del hombre. Las ciencias médicas y psicológicas coinciden hoy por hoy en acordar un papel preponderante a la sexualidad infantil y juvenil insistiendo en la impronta indeleble que deja la sexualidad a lo largo de los diferentes estadios del desarrollo, especialmente durante la niñez y la adolescencia, periodos cruciales para la estructuración de la personalidad del futuro adulto. En tal sentido, las sociedades modernas desde el siglo inmediatamente anterior han puesto la mirada en las formas de expresión de la sexualidad infantil y juvenil, y han desarrollado estrategias pedagógicas susceptibles de cualificar las relaciones del ser humano con su sexualidad, con el propósito, no sólo de desmitificar lo relacionado con el sexo, sino, de desarrollar un concepto de responsabilidad en asuntos sexuales. En Colombia, esta preocupación se inició hace un poco más de 20 años cuando se gestó y luego se aprobó el Proyecto Nacional de Educación Sexual.
La preocupación por la sexualidad infantil y juvenil obedece a la necesidad de hacer frente a los múltiples problemas relacionados con el sexo en niños y adolescentes. En los primeros, para evitar que sigan siendo objeto de abusos indiscriminados por parte de algunos mayores; y en los segundos, para ayudarles a construir una idea mas responsable sobre el uso de la sexualidad, especialmente en lo que tiene ver con el incremento de embarazos juveniles, y con la proliferación de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), de las cuales, las principales víctimas son los jóvenes, como lo atestiguan los diferentes estudios realizados en este campo.
La sexualidad es una función natural, que hace parte de la necesidad de amar, de la cual es uno de sus instrumentos. Es, si se quiere ver de otra manera, el amor sensible a los sentidos. Aquí es donde el hombre adquiere su máxima dimensión y donde, definitivamente, se diferencia del animal. En éste, la función sexual sirve para corresponder un instinto, en aquel, a pesar de la búsqueda de satisfacción, es placer compartido, es comunión entre dos seres que en uso de su libertad desean compartir, es finalmente, expresión de amor y de aceptación. Pero esta función, que está diseñada para el placer y el crecimiento personal, no puede ni debe convertirse en un problema que obstaculice y frene el adecuado desarrollo de niños, adolescentes, adultos y adultos mayores.

Cuadro 1: Dimensiones de la sexualidad humana




BIOLÓGICA
Sistema nervioso Sist. Endocrino Sistema reproductivo: Genitales femeninos y masculinos. Fecundación, embarazo y parto. El cuerpo Los órganos sensoriales Sexo genético y genital. Diferenciación somatosexual Respuesta sexual. Menstruación. Eyaculación Desarrollo sexual.
ETC...


PSICOLÓGICA
Sensibilidad. Sensualidad y erotismo Percepciones Emociones y los afectos. Identidad genero y preferencias Masculinidad y feminidad. Actitudes, creencias mitos Vínculos afectivos. Autoafirmación Autoestima, autoimagen y asertividad Sentido de la maternidad y La paternidad. Desarrollo psicosexual Forma de dar y recibir afecto.

SEXUALIDAD




ETICA-AXIOLÓGICA-LEGAL
Los códigos de ética sexual lo legal y lo no legal el aprendizaje de valores lo que es bueno y malo. Lo prohibido y lo aceptado Lo que se debe y no se debe hacer. La legislación de la paternidad y la maternidad la conducta de género, la vida de pareja, familiar la conducta sexual, etc... Lo que da sentido y trascendencia

SOCIOCULTURAL
Ritos y ceremonias Guiones sexuales Normas sexuales Mitos, creencias y los tabúes sexuales procesos de tipificación sexual Estereotipos Educación sexual Imaginarios sociales Manejo del poder entre géneros Comportamientos mater y paternales Formas de emparejamiento y unión

Aspecto Epidemiológico

(Tomado de Romero, L. Op. Cit. )




LA SEXUALIDAD EN LA PUBERTAD Y LA ADOLESCENCIA

El término de pubertad proviene del latín Púber y sirve para designar el pelo o bello del pubis. Lo que va a especificar a la pubertad, en el plano biológico es, que es el momento de la gran revolución corporal, y especialmente de la madurez sexual. Sin embargo, es importante destacar que la pubertad, en realidad se divide en dos períodos, cada uno con características particulares: la pre-pubertad (PP) y la pubertad propiamente dicha.


La Pre Pubertad puede considerarse como el punto de partida de las transformaciones fisiológicas y se extiende entre 1 año, o 1 año y medio después de iniciada, tal como se entiende strictu sensu, es decir, al momento de la primera ovulación en la niña, y de la aparición de espermatozoides en el esperma del muchacho. En términos generales, se puede decir que la pubertad para la niña se extiende entre los 11 y los 16-17 años (aunque hoy se puede anticipar a los 7-8 años, tal como lo atestiguan algunos estudios) y que en el chico aparece un poco mas tarde, es decir que debuta hacia los 12 años y se extiende hasta bien entrados los 18. No obstante es importante señalar que esas fechas tan exactas no se pueden tomar al pie de la letra, pues para algunos autores (Papaglia, Graig)1 pueden ser más cortos en ambos casos.
Lo que caracteriza a este periodo es fundamentalmente las transformaciones fisiológicas en grande, proceso que puede durar según los casos y las circunstancias entre 2 y 3 años. Como se aclara, se trata de un proceso de cambio lento, pero que deja huella. La ausencia de estructuras definitivas durante este periodo, deja al descubierto la fragilidad tanto somática, como fisiológica del niño que crece, lo cual lo hace más sensible y vulnerable a los efectos de los estímulos externos e internos, cuyo impacto y repercusiones tanto en el cuerpo, como en la frágil estructura mental son evidentes y a veces de consecuencias duraderas y negativas.
La pediatría y la psicología infantil y juvenil coinciden en señalar como responsables de estos drásticos cambios al acelerado proceso de activación de las glándulas endocrinas y de la hipófisis, encargada de la activación de las glándulas genitales, de las seminales y de la tiroides.
En ambos sexos, la activación y desarrollo de dichas glándulas introducirán modificaciones considerables en el equipamiento genital de cada uno. En el caso de la niña, se sabe que la hormona folículo-estimulante es la responsable de la secreción de los ovarios y que esa hormona, al generar el cuerpo amarillo, abre el paso al comienzo de la secreción de la progesterona, hormona, que como se sabe, es la encargada de proteger el nicho donde se desarrollará el ovario.
En el caso del muchacho, las hormonas estimulantes que provienen de la hipófisis excitan y activan el tejido intersticial y la suprarrenal; la conjunción de los dos conduce a la elaboración de los andrógenos y activa en consecuencia la generación de esperma. Además de esta verdadera revolución en el plano anátomo-fisiológico y genital, hay que considerar otros desarrollos fisiológicos y anatómicos, especialmente en el aspecto endocrino, y en la estructura ósea y muscular. Este fenómeno de cambio acelerado es el responsable del aumento exagerado en el consumo de alimentos que se observa en los chicos durante este período. Es por eso que la carencia alimenticia en ocasiones genera o produce retrasos en el desarrollo, y también en el crecimiento tanto físico, como psicológico. Así mismo se comprenderá que tales exigencias en los niveles físico y psicológico les producen fatigas que pueden conducir al estrés en los jóvenes. Reducir el nivel de exigencias en esos dos niveles puede favorecer la estabilidad de los jóvenes en crecimiento.

LA SEXUALIDAD EN LA PUBERTAD



El acelerado proceso de desarrollo en los aspectos fisiológicos y psicológicos iniciados en el periodo anterior, empieza a concretarse durante la pubertad en aspectos específicos. Uno de estos aspectos es especialmente el de la sexualidad propiamente dicha, no sólo en lo que ésta implica de genitalidad (se acaban las restricciones biológicas), sino, y especialmente, en lo que respecta a la componente psicológica, quizás el elemento más importante de la sexualidad.
En efecto, con la aparición de las primeras reglas como prueba de madurez sexual en la niña y de bello púbico y las poluciones nocturnas y emisión de esperma en el muchacho, nos encontramos en presencia del verdadero interés y deseo por el otro sexo. Sin embargo, es aquí precisamente donde puede comprometerse seriamente el desarrollo sexual normal de los jóvenes y producirse la fijación en la relación sexual de tipo homosexual.
En términos normales, el surgimiento de la relación de pareja de tipo heterosexual debe comenzar a diseñarse, aunque permanezca la estrecha relación con “la amistad particular” del periodo prepubertario anterior. En la pubertad lo que se observa es decididamente un interés por compañeros del otro sexo, pareja que generalmente encontraran en el círculo vecino de las amistades del hermano o de la hermana, todo esto como evidencia de la madurez emocional que empiezan a experimentar los púberes, y a la necesidad de abrirse a otras posibilidades de relación con personas distintitas.
Dentro de las conductas sexuales que se instalan en la pubertad hay que considerar la masturbación. Aunque ésta ha hecho su aparición desde periodos bien distantes, especialmente a la salida de la relación triangular llamada complejo de Edipo, y que en muchos casos no se detiene durante el famoso periodo de latencia, como suele suceder con muchos niños que comienzan su masturbación hacia los 5-6 años, la masturbación de la pubertad implica fantasías eróticas con personajes muy reales y en muchas ocasiones, con los padres y los hermanos.
Esta situación implica, precisamente a cusa del desarrollo paralelo de las instancias morales a esta edad, que se generen conflictos intrapsíquicos en el púber, debido a la alta carga de culpabilidad de la práctica onanista. La realidad es que durante este periodo se reactivan en los jóvenes nuevamente sentimientos afectuosos con fuerte tendencia en muchos casos semi-inconscientes, hacia los padres, especialmente por mamás sobreprotectoras, que no han ellas mismas evolucionado, ni madurado en el plano sexual, y que siguen considerando a su hijo como un apéndice. En estos casos, sin caer en alarmas dramáticas, se puede afirmar que la sexualidad normal del joven se está comprometiendo y que las consecuencias de tal comportamiento se verán sobre todo en el ejercicio de la sexualidad adulta. Algo similar ocurre en las chicas de las cuales puede decirse que parte de la frigidez sexual que experimentan como adultas, deben imputarse a estos hábitos juveniles.
Estos comportamientos señalados incrementan la práctica de la masturbación neurótica, por la frecuencia excesiva y abusiva, que se hace de la misma. En términos generales, la masturbación no debe ser experimentada como un comportamiento sexual anormal, ni generar angustia. Entre los sexólogos y psicólogos2 existe consenso para considerar que lo perjudicial de la masturbación es realizarla con culpa en el caso de los jóvenes, y en el caso de los adultos, preferirla al coito normal.
Para estos momentos, y en condiciones normales de desarrollo se empieza a observar regularidad en el periodo menstrual de la niña; y la aparición de la manzana de Adán en el joven. Estos dos elementos anuncian el inicio de la verdadera madurez sexual genital en ambos sexos.
Al llegar a los 12-13 años, la inmensa mayoría de las niñas ya ha tenido sus primeras reglas y ha alcanzado el 90% de lo que será su estatura de mujer adulta. En el chico, a partir de los 13-14 años se observa un desarrollo acelerado de su crecimiento tanto estatural, como de espesura en la masa muscular. Es también durante la pubertad que se observa con más precisión la aparición de los caracteres sexuales secundarios. En el caso de la chica se aprecia un desarrollo considerable de los senos, en el chico, del sistema piloso (etimología de pubertad). En las niñas también aparece el vello en las mejillas y en el labio superior.
Una consecuencia directa de la aparición de estas señales externas de madurez sexual es la disminución del periodo de rebelión prepubertaria, y la aparición de un periodo que dura entre seis meses y un año, periodo de calma relativa muy opuesto a los tempestuosos momentos anteriores. Paradójicamente esta calma, no es mas que el preludio de una verdadera rebelión, pues durante este momento parece anunciarse, el advenimiento de un periodo que a todos marca y que deja en cada uno el sello indeleble de lo que será la personalidad ¿definitiva? del ser humano: La adolescencia.
LA SEXUALIDAD EN LA ADOLESCENCIA
El hecho de tomar conciencia de esta situación produce en el púber un sentimiento de aguda conciencia (darse cuenta) de que las cosas no serán nada fáciles, y esta representación mental anticipatoria le produce mucha inseguridad e intranquilidad.
Debido a las implicaciones que la maduración sexual conlleva, la posibilidad de genitalizar la sexualidad, y sobre todo las relaciones interpersonales, dado que ya las restricciones de la biología han desaparecido, surge la angustia ligada a estas representaciones. Es por eso que durante este periodo pueden aparecer conductas aparentemente atípicas y extrañas, tales como movimientos regresivos hacia fases del desarrollo previas; manifestaciones de ansiedad; brotes de angustia o sentimientos de indiferencia o de extrañeza que los hacen sentir irreales, así como aislamiento e introversión que pueden parecer comportamientos típicos del autismo o de los estados esquizoides, sin que por lo tanto, se trate ni de lo uno ni de lo otro.
La adolescencia es también un proceso de cambios y transformaciones, pero mientras en la pubertad estos son del orden anátomo-fisiológico, en la adolescencia se puede decir que son del orden psicológico, sociológico y cognitivo. Tal como lo conocemos hoy en día, es un fenómeno relativamente nuevo, que no existe en muchas sociedades. La adolescencia es el tránsito de la juventud a la adultez.
Durante esta etapa (llamada genital por algunos psicólogos, Freud3 por ejemplo), se presentan tres maneras de expresión de la conducta sexual. La masturbación, practicada por la mayoría de chicos y chicas, generalmente a partir de los 11 años. Su práctica puede ser perjudicial o benéfica para los jóvenes. Perjudicial, cuando se realiza con sentimientos de culpa o de vergüenza; benéfica, cuando se practica con responsabilidad y como una manera de procurarse placer, y no para evadir las dificultades propias de su edad.
También durante la adolescencia muchos jóvenes tienen prácticas sexuales con compañeros del mismo sexo4, pero no en todos los casos se puede hablar de homosexualidad propiamente dicha. Se trata generalmente de actividades como masturbarse en grupo, explorar sus genitales, etc.; entre las niñas intercambiar su ropa o desvestirse delante de las amigas, eventualmente acariciarse, etc. La mayoría de las veces estas conductas son pasajeras, y en muchos casos sirven para abrirle el camino a la heterosexualidad, es decir la sexualidad madura, que es la que se inicia cuando se es capaz de compartir emocional y placenteramente con alguien del sexo opuesto.

Durante la pubertad los chicos aprenden muchas cosas; y a relacionarse con su entorno social y familiar desde distintos roles (papeles), como el de compañero, el de hijo, el de estudiante, y muchos otros más. Es decir, todavía no tiene una identidad. Durante la adolescencia, el joven está obligado sortear una crisis denominada por Erick Erickson5 como “Identidad contra confusión de identidad”. Al momento de esta crisis, el adolescente tiene que definir su identidad, es decir, ya debe empezar a tener ideas firmes y consistentes sobre sí mismo y sobre su proyecto de vida.


Lo contradictorio y doloroso para el joven en este momento es que es precisamente un periodo de muchos cambios físicos y psicológicos, además de las presiones de una sexualidad cada vez más exigente, y eso angustia demasiado al adolescente.
Este periodo es de muchas incertidumbres y dudas, pues el adolescente es más conciente de su realidad. El grupo de amigos puede volverse más importante para el joven, que sus propios padres, por el apoyo mutuo que se prestan entre compañeros. Si el adolescente no adquiere identidad durante esta crisis, los aspectos emocional, afectivo, sexual, social y moral tendrán un desarrollo frágil, y la inseguridad será el resultado, y la alternativa será el aislamiento. Si la adquiere, el resultado favorable será la fidelidad y la capacidad para comprometerse en relaciones que exijan compromiso y sacrificio.
La intimidad es uno de los aspectos más importantes para el logro de relaciones amorosas satisfactorias. También en esta etapa se valora el sentimiento de cercanía y el deseo de amar y ser amado por otro. Mejor dotado en su forma de pensar, el joven está más preparado para tomar decisiones y para asumir los compromisos de una relación estable y duradera.


ASPECTO EPIDEMIOLÓGICO

Ya desde la década de los 70´s el problema del embarazo de las adolescentes colombianas era motivo de preocupación de los investigadores.. En un estudio realizado por López, Riaño y Karen6 (1978) sobre 13.445 partos, 1101 correspondieron a mujeres menores de 18 años que representan el 8.10% de los casos. En otro estudio realizado por Duarte Contreras (1988), con 10.000 jóvenes embarazadas menores de 18 años atendidas en el hospital ginecoobstétrico san Juan de Dios de Cúcuta, reveló que el 48.43 % de las adolescentes iniciaron sus relaciones sexuales antes de los 16 años. Esto concuerda con los datos obtenidos en investigaciones realizadas en los EEUU por los Centros Estadounidenses para el Control de Enfermedades (1990) hechas con estudiantes de todo el país, en los cuales se encontró que la edad promedio para la primera relación sexual era 16.1 para los hombres y 16.9 para las mujeres (Craig 1996),


Varios estudios sobre el comportamiento sexual de los adolescentes en el nivel nacional revelan una incidencia de las relaciones sexuales tempranas penetrativas, mostrando que el 44% de los hombres y en el 15% de las mujeres, las mismas se inician en edades entre 15 y 17 años (Romero 29001). En nuestra región y muy especialmente en nuestro departamento, el fenómeno de la inadecuada educación sexual no es ajeno y toca por igual a los diferentes estratos de la sociedad risaraldense, y muy especialmente a la juventud Pereirana. En un estudio realizado en el año 20007 sobre el comportamiento sexual de hombres y mujeres en el departamento, por la firma Visión Empresarial Ltda., encomendado por el Servicio Seccional de Salud de Risaralda, se encontró que el 50% de los jóvenes encuestados manifestaron haber tenido contactos íntimos antes de los 14 años. Como puede apreciarse, actualmente la edad de inicio en la actividad sexual de los jóvenes risaraldenses es inferior, comparativamente con la edad promedio de inicio en los otros adolescentes de otras regiones del país y del mundo.
En la encuesta realizada por los estudiantes de séptimo semestre del programa de Medicina de la Universidad Tecnológica de Pereira8, en el año 2005, en el barrio La Unidad del municipio de Pereira, se encontró que el 12.1% de las mujeres y el 30.3% de los varones inicia sus relaciones sexuales antes de los 14 años. En otro estudio similar realizado en Julio de 2005 (Valencia 2005) y utilizando la misma herramienta, con adolescentes hombres con edades entre 12-16 años del corregimiento de Puerto Caldas del municipio de Pereira, se encontraron cifras similares para el inicio de la relación sexual penetrativa. En dichas encuestas también se revelan los factores asociados con este fenómeno, dentro de los cuales aparecen:


  • Insuficiencia de programas de educación sexual

  • Carencia de recursos informativos

  • Inadecuada información pertinente sobre temas sexuales

  • Confusión entre información sexual y educación sexual, debido a la escasa formación en el tema por parte de los educadores encargados de dicha labor

  • Sobre-exposición a estímulos ambientales, especialmente los provenientes de medios de comunicación masiva

  • Escasa preparación del entorno familiar para afrontar esta temática

  • Inicio temprano en el consumo de alcohol y substancias psico-activas que van a tener incidencia en la sexualidad de los adolescentes.

Así mismo, al hacer una revisión de las normas técnicas de la 412 de atención, se encontró que los temas sobre la sexualidad, y en especial los relacionados con la psicosexualidad, no se abordan en su real dimensión, ya que lo mas aproximado que se tiene son las Guías de: a.) Planificación familiar; b.) Detección temprana de aliteraciones del desarrollo en el joven; c.) Guías de atención de la ITS y; d.) Guía de atención de VIH SIDA


El perfil epidemiológico de la Secretaria de Salud Departamental de Risaralda9, revela que, entre las edades de 15 a 19 y 20 a 44 años, las cinco primeras causas de egreso hospitalario en el sexo femenino, por grupos etáreos, son todas relacionadas con el embarazo y el parto. Según la EDS (Encuesta Nacional de Demografía y Salud) realizada en 1988, y citada por Romero (2001 Pág. 94)) la proporción de madres adolescentes que concibieron su primer hijo antes del matrimonio creció de un 21% para 1976 a un 32% en 1986. En esa misma encuesta se indica que un buen porcentaje de los matrimonios tempranos tiene como antecedente un embarazo no planeado y/o no deseado. Otro gran porcentaje de los embarazos se están dando sin ser un vínculo matrimonial consensual

Aunado a la alta tasa de aborto, la atención del parto entre los 10 a 14 años ocupa el primer lugar en egreso hospitalario, rango de edad en la cual no se ha alcanzado la madurez biológica ni psicológica para afrontar la maternidad. Relacionado con este aspecto, la EDS encontró que dos tercios de las mujeres entre 15 y 19 años y un poco mas de la mitad de las mujeres entre 20 y 24 años con experiencia sexual no habían practicado nunca la anticoncepción


Las primeras causas de consulta médica en el sexo femenino, entre los 15 y 19 años de edad, son las alteraciones relacionadas con la vida reproductiva; siendo en esta edad, el embarazo y la amenaza de parto prematuro la primera y segunda causas de consulta. En los grupos etáreos subsiguientes, las causas mas comunes son la enfermedad inflamatoria del cuello uterino y vulva. De acuerdo con Romero (2001) “Las complicaciones gineco-obstetras producto de un aborto mal practicado son una de las principales causas de la mortalidad materna y se considera como una de las 5 principales razones de hospitalización en mujeres entre 12-24 años de edad. Se observa que la probabilidad de abortos en embarazos no planeados es mayor en mujeres jóvenes, aunque no se tiene cifras de la incidencia del aborto inducido, no hay duda que aunque el aborto se considera “ilegal”, esta es una práctica institucionalizada en la mayor parte de los estratos sociales y económicos de nuestro país y en general en América latina” (Romero Pág. 95).
.Algunas de las infecciones de transmisión sexual que afectan tanto a hombres como a mujeres son: la blenorragia, la tricomoniasis, la sífilis. Estas persisten dentro de las diez enfermedades transmisibles más prevalentes; la muerte relacionada con las alteraciones de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana VIH/SIDA ya se encuentra dentro de las cinco primeras causas de mortalidad en los hombres de 15 a 44 años. “Según el MNS de Colombia el 53% de los casos con VIH SIDA acumulados hasta 1996 se registraron entre 1993 y 1996. Al menos un 80% del total de casos se han adquirido por transmisión sexual (Minsalud de Colombia. “Informe Parcial Epidemiológico de VIH SIDA”. Programa Nacional de VIH SIDA. Santafé de Bogotá 1997)
Los cambios socioculturales de las últimas décadas, el desarrollo de métodos anticonceptivos más eficaces y mejor tolerados, y los avances en el conocimiento respecto a la sexualidad han posibilitado el surgimiento de un nuevo paradigma en la salud, y es el referido a “la salud sexual”. Nos encontramos frente a personas cada vez más liberadas en aspectos referidos a su sexualidad, además el promedio de años de vida ha aumentado y la concepción misma de la medicina ha cambiado, integrando al concepto de salud el ideal de calidad de vida en el que se incluyen las vivencias sexuales, puesto que la vida sexual satisfactoria es factor de crecimiento personal y propicia la salud física y mental, favoreciendo la convivencia en sociedad.
La Salud Sexual integra dos conceptos: salud y sexualidad y para comprender la dimensión del significado conviene analizar por separado cada uno de estos conceptos.
Hasta hace pocos años salud era simplemente estar libre de enfermedad, pero el concepto moderno, incorpora factores de bienestar humano, entre ellos: crecimiento personal, autoestima y recreación. La salud es un proceso en permanente construcción, que requiere además de las instituciones de salud, la participación de las personas en la búsqueda de su bienestar; siendo la educación en salud, elemento básico, para generar estilos y condiciones de vida adecuados. Pero la salud también es una construcción colectiva, ya que depende de factores ambientales y socioculturales, que deben modificarse de acuerdo a las necesidades de las personas.
Existen numerosas definiciones de sexualidad humana, la mayoría de ellas vagas, confusas, ambiguas y veladas, referidas a diversos aspectos del comportamiento humano, que sobredimensionan la sexualidad y la alejan de la naturaleza de las personas, con abordajes seudo moralistas, desconociendo que la sexualidad es a la vez vivencia natural y vivencia cultural.
El Dr. Álzate define la sexualidad humana como “el conjunto de condiciones estructurales, fisiológicas, comportamentales y socioculturales que permiten el ejercicio de la función sexual humana” y define “Función Sexual Humana como la función consciente y condicionada por la cultura, que se ha derivado filogénicamente de la función reproductora, pero que es ejercida en primer lugar de modo placentero o lúdico (función erótica) y secundariamente de modo reproductor, mediante el uso de zonas corporales de especial sensibilidad”. (Álzate, H. 1987)
La sexualidad humana, como cualquier otra actividad de las personas, es resultado de una interacción entre factores biológicos y el entorno sociocultural, factores en relación recíproca y cambio constante. La sexualidad tiene dos funciones principales: la función erótica y la función reproductora, y se denominan principales ya que sólo pueden cumplirse a través del ejercicio sexual, y existen funciones secundarias, entre ellas, expresar afecto, comunicarse, estar en intimidad, entre otras, que se pueden cumplir de maneras diferentes al intercambio sexual. Es entonces importante no perder de vista las funciones principales de la sexualidad y reconocer el placer erótico como elemento legítimo en la vida de las personas.
En síntesis, salud sexual es el ejercicio consciente, responsable y placentero de la función sexual y para lograrlo se requiere superar innumerables temores difundidos a través de una cultura sexofóbica como la nuestra.
Se desconoce la dimensión de los problemas sexuales en nuestro medio, salvo por estadísticas aisladas en enfermedades de transmisión sexual, cáncer de cerviz, embarazos de adolescentes, abortos, en abuso sexual, sin embargo, son situaciones cada vez más reportadas a pesar del considerable subregistro.
“ La sexología moderna, ha llegado a la conclusión siguiente: con excepción de aquellas que tienen causas orgánicas, no existen “enfermedades sexuales”, sino personas con problemas sexuales, resultantes principalmente de a) el conflicto psicológico entre el impulso natural a satisfacer el apetito sexual y las normas impuestas más o menos coactivamente por la sociedad, e interiorizadas por el individuo; b) la ignorancia de los diversos componentes y mecanismos de la función erótica, originada también en la cultural” (Álzate, H. 1987).

1 Papalia, Diane E. En su libro Desarrollo Humano (1998) y Craig, Grace J. en Desarrollo Psicológico (1999) coinciden en que niñas normales pueden mostrar los primeros signos de madurez sexual a los 7-8 años y los niños evidenciar dichos cambios entre los 9 y los 16 años

2 Véase especialmente: Hesnard, A: La sexologie (Payot 1970) y Masters, W y Johnson, V: La unión por el placer (Lafont 1980) quienes al referirse al tema de la masturbación infantil y juvenil están de acuerdo en señalar que lo nocivo de esta práctica sexual es la visión negativa del mundo adulto que ha sido transmitida de generación en generación a los niños y jóvenes ideas que son generadoras de desagradables sentimientos de culpa y vergüenza tanto en el niño como en el adolescente

3 Freud, Sigmund: Tres ensayos para una teoría sexual. Obras completas Ed. Biblioteca Nueva (Madrid, 1981)

4 En otro lugar La sexualidad Humana (2000,artículo inédito) desarrollé la idea de las tres formas de conducta sexual propias de la pubertad y la adolescencia

5 E. Erickson (1968) Identity, youth, and crisis (citado por Craig pag. 438)

6 El trabajo es citado por Susan Pic de Weis en su artículo: Conducta sexual y reproductiva de los adolescentes en Latinoamérica, publicado en la revista Avances en Psicología Clínica Latinoamérica. Vol.8 (1990)

7 Ibarra Galaviz, Liliana. Así viven su sexualidad los risaraldenses. Revista GENTE de Risaralda. Edición 62, marzo de 2000

8 Ibidem

9 COLOMBIA. CENTRO DE REFERENCIA REGIONAL DE OCCIDENTE




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