Sala: primera nominacion autos: moya maldonado, argentino edgard s. A. Abuso sexual gravemente ultrajante.” Fecha



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Toda esta prueba será analizada en lo pertinente en cuanto resulte útil, al irse desarrollando esta fundamentación.

Que en primer lugar debe destacarse que en autos la acción ha sido promovida conforme lo prescripto por los arts.6 y correlativos de nuestro C.P.P. (Ley 4676 y actual Ley 5097) y concordantemente art.72 de nuestro ordenamiento sustantivo, a través de la denuncia formulada a fs.1/vta y ratificada a fs. 59 por M.E.H. de S. (debidamente incorporada a plenario) madre de la menor M.I.delV.S., habiendo quedado acreditada tanto la edad de la menor a la fecha del supuesto hecho delictuoso ( 17 años) como el vínculo de parentesco con la denunciante a través de la Partida de Nacimiento certificada de fs.68/vta y fotocopia del DNI de fs. 15.



Que en la denuncia de fecha 11 de febrero de dos mil cuatro fs.1/vta (ratificada a fs.42) formulada a las 22,40 hs., la madre de la menor M.E.H.de S., manifiesta entablar la misma en contra del acusado Edgard Moya Maldonado, expresando que ese día su hija salió de su domicilio “como horas diecinueve con treinta minutos ( 19:30), para dirigirse al consultorio de mi acusado ya que el mismo debía realizar una ecografía de abdomen, por un supuesto problema hepático...” Haciendo referencia a que la acompañaba la menor de ocho años Emilse Abigail Saavedra. Sigue diciendo que aproximadamente a las veintidós con treinta minutos, su hija se comunicó telefónicamente con ella pidiéndole que la buscara en Mate de Luna y Rivadavia, haciendo notar que la misma mientras hablaba lloraba. Sigue diciendo que “De inmediato me vine de mi casa en compañía de mi hija María Amalia S. haciéndolo en un remis y al llegar a dicha intercepción encontré a M., quien lo hacía afirmada contra la pared,...con Emilse y un amigo de nombre Lucas Sánchez...M. lo hacía llorando, en tanto que Lucas me decía que mi hija... no había dejado de llorar desde que salió del consultorio de mi acusado”. Que interrogada al respecto su hija le manifestó que “el médico la había manoseado por todas parte del cuerpo, que el médico le había metido pastillas en la parte de abajo, refiriéndose a la vagina, lugar en donde también le metía los dedos...ella le pedía que no lo hiciera...” Pone de resalto que su hija le relató que el médico la había dejado para atender al último de todos los pacientes y que no permitió que ingresara al consultorio Emilse. Asimismo hace referencia a que en el mes de enero ella la llevó a su hija M. para que la atendiera el acusado ya que tenía manchas en el cuerpo y que éste le dijo que le tenía que hacer una ecografía y análisis aclarando que “en ningún momento me indicó mi acusado que mi hija tenía que hacerse estudios ginecológicos, ya que en ese caso tengo la ginecóloga Daniela Rebelo quien es la que atiende a mis hijas...”. A fs. 59 ratifica judicialmente esa denuncia. Expresándose en términos similares al declarar en el Plenario, a cuya reseña efectuada utsupra me remito, debiendo destacarse de dicha declaración que en la misma puso también de resalto que ella estuvo presente en la revisación que le hizo el médico de policía a su hija, le sacó una muestra de hisopo. Su hija decía que le habían introducido pastillas. El médico de policía le sacó una sustancia similar al Geniol cuando se desvanece. La bombacha quedó manchada. Las muestras quedaron allí, y el médico de policía no le dijo nada sobre ellas, sabe que quedaron allí y después fueron enviadas al laboratorio. Que tanto lo relatado en la denuncia y que –reitero coincide con lo declarado en el plenario por la señora H. De S. es confirmado por la menor M.I.del V.S., cuya declaración fuera reseñada más arriba, reseña a la que me remito, pero destacando que en su declaración la menor sostuvo que en el Hospital Ferroviario el acusado no la revisó y le indicó unos análisis y una ecografía. Le dijo que fuese al otro consultorio que tenía en la calle Mate de Luna y que le llevara los análisis y allí le haría la ecografía. Que allí fue con su hermanita Emilce Saavedra y un amigo llamado Lucas Sánchez. En la sala de espera había varios pacientes. Ella quiso entrar al consultorio con Emilce, y él (el médico) le dijo que no, que ella (su hermana) tenía que quedarse afuera. Le preguntó si había otros pacientes afuera, le contestó que sí, entonces le dijo que saliera afuera, así atendía primero a los otros pacientes. Cuando esos pacientes se fueron, ella quiso entrar con su hermana. Otra vez le dijo el médico que no. Y entró sola. Que el acusado le dijo que se acostara en la camilla. Ella, realmente, no sabía como era una ecografía y él le dijo que se sacara la bombacha, ella se la sacó, luego le sacó la pollera y le levantó la remera y la empezó a manosear en sus partes íntimas, sus pechos, se fue hasta el armario y sacó unas pastillas y las puso en su guardapolvo. La hizo que abriese las piernas, se colocó un guante, un solo guante y empezó a meterle pastillas por la vagina y le preguntaba si se excitaba. Que ella se quería levantar, pero él la tenía de las piernas. Cuando él le metía las pastillas, ella le preguntaba para qué eran, pero él no le contestaba. Se quiso levantar, pero él le tenía las piernas, él estaba parado y ella acostada en la camilla, ella quería gritar pero no podía, la tenía de las pantorrillas y él con la mano derecha le metía las pastillas. Que le puso pastillas y también tenía un polvo blanco, como talco y se lo colocaba en la vagina. Destaca que el acusado, debe saber lo que le puso. Que cuando vino su madre, se fueron a la policía, a la comisaría primera, y allí el médico la revisó, le sacaron pastillas de abajo, de la vagina. Los dichos de la menor se ven ampliamente corroborados por lo declarado por Emilce Abigail Saavedra quien fundamentalmente señaló que “ese día ella quiso entrar con su hermana al consultorio del doctor, pero él no la dejó”. Que “le preguntó si había más pacientes, ella le contestó que sí, entonces él le dijo que los dejara pasar y que ella iba a pasar al último. Después que salieron esos pacientes, entró su hermana y ella quiso entrar con ella y de vuelta él no la dejó hacerlo”. Agregando que “su hermana se demoró mucho adentro”. Asimismo tales dichos son coincidentes con lo declarado por Lucas Maximiliano Sanchez quien expresa que “al consultorio entró su amiga M.I. del V. S. Luego volvió a salir, porque el doctor le dijo que la iba a atender al último. Después la atendió al último, tardó adentro del consultorio, unos veinte minutos aproximadamente.” Destaca que la menor llorando “le manifestó que el médico le dijo que se bajara la bombacha y ella le preguntó para qué, y de ahí le dijo ella que el médico le introdujo el dedo y le preguntó si eso la excitaba. Que le dijo que se subiese la musculosa, que se la levantara”. Que “le relató todo lo que le había pasado, le contó de unas pastillas, de lo del polvo blanco no le entendía bien, porque mientras lo hacía lloraba, estaba muy nerviosa”. Que el testimonio de la menor M.I. del V. S., valorado conforme las reglas de la sana crítica racional, tiene plena eficacia probatoria, ello en razón de que a través del control interno de esta declaración, no ofrece fisuras, resultando ser un relato pormenorizado, claro y contundente, evidenciándose la veracidad de sus dichos, lo que es plenamente corroborado por lo declarado por su madre M.E.H. de S., y por lo manifestado por Emilse Abigail Saavedra y Lucas Maximiliano Sanchez. Todas estas declaraciones resultan coincidentes y concordantes entre sí. A ello se suma la ausencia total de cualquier tipo de interés que pudiera influir consciente o incoscientemente en la voluntad de los declarantes para hacerlos apartar de la verdad. La contradicción invocada por la defensa técnica del acusado en cuanto a la orden de consulta y al reingreso al consultorio entre la menor y los dichos de Emilse Saavedra y Lucas Sanchez, se trata no solo de un aspecto totalmente secundario sino además fácilmente explicable en el estado de conmoción en que la menor M.S. se encontraba, ello corroborado por los propios dichos de los mismos testigos “Su hermana se demoró mucho adentro, luego salió, le pidió los análisis al amigo de ella, de nombre Lucas, porque el doctor se los había pedido. Ella le llevó los análisis al doctor, volvió a entrar y salió rápido... Su hermana entró al consultorio y la puerta se cerró sola y ella volvió a salir rápido, ahí nomás”, sostuvo Emilse Saavedra, quien además destaca que “su hermana cuando salió a pedir los análisis estaba llorando”. Por su parte Lucas Sanchez resalta que “M. salió, le pidió la receta, la orden de consulta, él la tenía, se dio vuelta, se la sacó de las manos. Su amiga tiritaba, temblaba, y cuando se dio vuelta entonces vio que tenía la pollera con el cierre bajado. El la siguió, pero ella entró y volvió a salir rápido”. Por su parte el Lic. Manuel Edgardo Quiroga al declarar en el plenario y ante preguntas que se le formularan puso énfasis en que “En momentos traumáticos, pueden existir determinadas reacciones psicológicas. Cabe la posibilidad de actos automáticos cuando se recibe un estímulo ajeno a la persona, pueden existir distintos recursos defensivos, por la misma desestructura, no aparezca en un registro de la memoria”. Que el otro cuestionamiento efectuado por la defensa técnica del acusado en cuanto a que la menor hace referencia a que el médico de policía le extrajo con una pinza las pastillas de la vagina, tal extremo es confirmado por su madre quien manifestó que “el médico de policía le sacó una sustancia similar al Geniol cuando se desvanece. La bombacha quedó manchada. Las muestras quedaron allí, y el médico de policía no le dijo nada sobre ellas, sabe que quedaron allí y después fueron enviadas al laboratorio”. Vuelvo a insistir en lo ya expresado en cuanto a que dado el estado en que se encontraba la menor a lo que se sumaba la lógica tensión que implicaba ser revisada por el médico de policía hizo que la misma creyese que le había extraído las pastillas y no la sustancia disuelta de la que habla su madre. Tal extremo es confirmado por el Informe médico de fs. 2/vta suscripto por el médico de policía Dr. Oscar Antonio Contreras quien deja constancia que “de introito vaginal emana secreción blanquesina que se recoge y posteriormente se toman 2 hisopados vaginales...”.Y si bien en el Informe bioquímico de fs. 36/38 vta faccionado por la Dra. Martha Vera de Albornoz no se determina el origen de esa sustancia, al final de dicho informe se deja expresa constancia que si bien no se detecto “la presencia de sustancia química ni farmacológica en los hisopos” se hace la salvedad “ que la muestra extraída de vagina es de escasa cantidad” y por otra parte se hace constar en el contexto de ese informe en la parte referida a análisis de orina para determinar la existencia de cocaína o marihuana que “otros tóxicos y psicofármacos no se realizan en este laboratorio por carecer de los elementos necesarios”, es decir que los componentes de esa sustancia no pudieron ser fijados con precisión. Asimismo en el acta de secuestro de fs.6 de la bombacha de la menor se deja constancia que la misma presenta “manchas en la zona vaginal”. Haciéndose referencia en el Informe bioquímico de fs. 36/38 que dicha prenda presenta “zona genital, observando una mancha de colores parduzcos que acartonan la zona, de moderada concentración”, remitiéndome en cuanto al resultado del análisis a lo expresado más arriba: “otros tóxicos y psicofármacos no se realizan en este laboratorio por carecer de los elementos necesarios”. Ello confirma los dichos de la madre en cuando a las manchas que presentaba dicha prenda. Que la referencia que hace el defensor técnico a la orden de fs.03 suscripta por el acusado carece de todo asidero jurídico fáctico, no alterando en nada las conclusiones a que se arriba.

Que en lo que respecta a la veracidad de este testimonio más allá de todo lo expresado es de hacer notar que la madre de la misma ha afirmado que “Su hija no miente, ni exagera jamás”. En el Informe médico de fs. 2/vta el médico de policía Dr. Oscar Antonio Contreras hace constar que “la causante presenta gran desasosiego y estado de angustia extremo, con llanto incontenible. Se deriva a servicio de Psicología del Hospital San Juan Bautista”. Por otra parte a fs. 4 obra informe psicológico de la guardia psicológica del Hospital San Juan Bautista practicado por la Lic. Ana Villagra el día 12 de febrero/2004 en el cual se deja constancia entre otros aspectos que “La paciente ingresa a hs. 24 a la guardia por derivación del Dr. Oscar Contreras (médico policía). La misma presenta un estado de angustia marcado, con llanto... Relata...la insistencia del médico en exploración del cue rpo y la calificación de “Sr. Malo”... Conclusión: Evidencia un estado emocional angustiante, por lo que se considera necesaria una nueva entrevista con personal entrenado en el servicio de adolescencia de este hospital para determinar apoyo psicológico pertinente”. En tanto que el Lic. Quiroga en el informe de fs. 43 deja constancia que “no hay indicadores psicológicos que determinen una estructura de personalidad histriónica, hiperexpresiva o tendencia a la fabulación” y que “hay indicadores que muestran la presencia de un traumatismo emocional con importantes secuelas en su psiquismo y expresiones conductuales (angustia desorganizante, miedo generalizado, insomnio, vergüenza, retracción y aislamiento etc...) vinculado a una aparente situación de coacción y/o acoso sexual a la que habría sido sometida ...”. Lo que amplía al declarar en el debate expresando que “Le llamó la atención la carga de angustia de la chica, de sollozos, de vergüenza, los quiebres de la estructura. Evidenciaba un estado desorganizante de angustia, de vergüenza. En cuanto a que si el estado traumático puede tener otro origen, recuerda que ella dijo que había sido tocada en sus partes íntimas, lo llamativo es que cuando empezaba a relatar eso, se quiebra, puede estar vinculado con el hecho” y que “El hecho de tener esta sintomatología es porque hay un nivel de conciencia del daño infringido”. Que por tanto analizado así el testimonio de esta menor víctima conforme a las reglas de la sana crítica racional deviene demostrada la sinceridad del mismo de especial relevancia para la resolución de esta causa. Que como lo ha puesto de manifiesto el suscripto en reiterados fallos anteriores, dada la naturaleza de los delitos contra la honestidad la prueba debe ser analizada con cierta liberalidad, así la jurisprudencia tiene dicho:"En los delitos contra la honestidad, dada la naturaleza de la actividad delictiva, ordinariamente oculta, han de admitirse con cierta liberalidad todos los elementos que el juicio ofrece (CF Rosario 61157 JA 1958III81)."En los delitos contra la honestidad ,ante las dificultades que suele ofrecer la prueba, dada la naturaleza generalmente oculta de la actividad delictiva, el deber de salvaguardar los intereses sociales tutelados por la norma punitiva imponesin perjuicio de los derechos del individuo que todos los elementos de conocimiento que el juicio ofrece hayan de admitirse con cierta liberalidad a los efectos probatorios; estos efectos han de reputarse logrados cuando del examen y compulsa de las piezas de autos se desprende un cúmulo de presunciones, claras, precisas graves y concordantes, que revisten la necesaria fuerza demostrativa y plena eficacia legal para tener en su base por verificado, tanto la realidad del hecho incriminado cuanto la culpabilidad de los encausados como ejecutores (CA Goya 61263 JA 1964IV71) " (Sentencia N° ocho/92 causa 100/91 Rodríguez Silvio LeopoldoEstuproCapitalCatamarca; N° 13,240894 Expte N° 081/94; N° 17/93, Expte N° 169/93). Habiendo sostenido la jurisprudencia en la materia que "En los casos de abuso deshonesto es casi imposible la obtención de testigos directos del hecho, debiendo basarse el juzgador en las declaraciones de la víctima, de las personas que tomaron conocimiento de lo acontecido a través de sus dichos y de las conclusiones de los peritos.(CN Crim. y Correc., Sala V, mayo 13, 1997. Grano Marcelo A.), LA LEY, 1997E, 968). Que por tanto el hecho generador del ilícito, tal como se relata en el requerimiento fiscal de fs. 100/106 vta, ha sido fehacientemente acreditado, remitiéndome en mérito a la brevedad a la descripción del mismo contenida en dicha pieza procesal. Asimismo por todo lo expresado ha quedado acreditada con la certeza que requiere este estadio procesal, la autoría material y la responsabilidad penal como autor del mismo del acusado Argentino Edgar Moya Maldonado , quien conforme Examen Mental obligatorio de fs. 62 faccionado por Médico Psiquiatra Forense Dr. Miguel Héctor Vozza, "no presenta signos ni síntomas de afección psiquiátrica que comporten alienación mental. Puede comprender la naturaleza de sus actos así como dirigir sus acciones”.

Segunda Cuestión



Que en el caso de autos, tal como se relatara al tratar la Cuestión precedente, ha quedado acreditado entonces que el acusado ejecutó dolosamente sobre el cuerpo de la menor M:I:del V.S. tocamientos objetivamente impúdicos e indecentes llevados a cabo por el mismo con un evidente carácter libidinoso, ello surge claramente de las características del hecho, no pudiendo jamás sostenerse que la acción desplegada por el acusado pueda ser considerada como una acción objetivamente dudosa en su significado impúdico como, lo pueden ser un beso o un simple abrazo. Que a todo evento y sin perjuicio de lo expresado para el hipotético caso de que se pudiere pretender la ausencia de un ánimo sexual en el acusado al ejecutar el acto, Soler señala que "Desde el punto de vista material, los actos de abuso deshonesto deben consistir en acciones corporales de aproximación o tocamiento inverecundo realizados sobre el cuerpo de otra persona..." y destaca en cuanto al elemento subjetivo que su eficacia "se encuentra más bien en los casos límite, es decir, en aquellos en que la acción misma es en sí dudosa en su significación objetiva" citando como ejemplo el beso, y afirmando que " en la hipótesis corriente no alarguemos mucho el sentido o valor del requisito, cuando los actos en su aspecto externo, presentan un significado sexualmente claro, ya para el autor, ya para la víctima, ya para un tercero" (D.P. Arg. T.3 págs. 387,390). ). Que estas citas doctrinarias resultan también de aplicación conforme la actual legislación vigente introducida luego de la reforma estatuída por la Ley 25.087, ya que el abuso sexual en la primera parte del art. 119 del C. Penal es el nuevo nombre con el que se nomina al anteriormente llamado abuso deshonesto. Que en el caso de autosreiteramos se ha acreditado con la certeza que requiere este estadio procesal que el encartado ejecutó dolosamente sobre el cuerpo de la menor tocamientos objetivamente impúdicos e indecentes, que evidencian claramente el carácter libidinoso con que se ejecutaran tales contactos corporales, habiendo concurrido las circunstancias previstas en el art. 119 primer párrafo del C. Penal, ya que para concretar los tocamientos el acusado se valió del elemento "sorpresa" respecto de la víctima lo que fue también fehacientemente probado a través del testimonio de la menor, se trataba de un hecho totalmente inesperado, justamente se constituye la situación traumática porque este hecho es un estímulo de tal envergadura, causa tal impresión, que prácticamente paraliza a una persona incapacitándola para poder reaccionar. A ello se suma que la menor ha expresado que se quiso levantar, pero el acusado le tenía las piernas, él estaba parado y ella acostada en la camilla, ella quería gritar pero no podía, la tenía de las pantorrillas y el encartado con la mano derecha le metía las pastillas, en evidente referencia a que estaba imposibilitada de oponer resistencia al accionar de aquél. En cuanto a lo sorpresivo del accionar del acusado tal como lo pone de manifiesto Fontan Balestra, citando a Nuñez "...la sorpresa es una circunstancia que, respecto de determinados actos abusivos, como son los manoseos, los besos y abrazos impúdicos, ya es suficiente para evitar la posibilidad de resistencia de la persona ofendida y afirmar la no aceptación del acto por su víctima (D.P. Argentino, cit.T.IV p.313)" sigue diciendo Fontan Balestra, que "...las hipótesis comprendidas en el art. 119 abarcan las distintas situaciones en que el acto se tiene por realizado sin que concurra la voluntad de la víctima. Nosotros hemos señalado, al ocuparnos de la fuerza física irresistible, que en los movimientos rápidos y sorpresivos se encuentran los ejemplos más claros de vis absoluta, porque en ellos la resistencia es mucho más difícil y la fuerza es ejercida ya antes de que ella pueda manifestarse. Son, pues, casos claros de empleo de fuerza..." (Tratado de Derecho Penal, T.V, Pag.160). Citando el mismo autor que la "Cámara del Crimen de la Capital resolvió, de acuerdo con lo sostenido por nosotros, que se configura el delito de abuso deshonesto si los actos libidinosos realizados por el agresor no fueron consentidos por la víctima, quien, por lo sorpresivo de la agresión sexual, no se halló en condiciones de oponer resistencia al comportamiento de aquél (La Ley del 23 de noviembre de 1966; el mismo en El Derecho del 27 de febrero de 1967). Con igual sentido, el mismo Tribunal sostuvo la existencia del delito en un caso en que por lo sorpresivo del tocamiento la víctima se vio imposibilitada de resistir (Sala 2°,causa "Montaña,C. resuelta el 30 de diciembre de 1971) (Obra citada T. V Pag.161). En igual sentido se pronuncian Breglia Arias y Omar Gauna afirmando que dentro de la modalidad comisiva al hablarse en el art. 119 del C. Penal de "por cualquier otra causa", se incluye la sorpresa (C. Penal y Leyes Complementarias, Comentado, Anotado y Concordado, Pág. 403, nota al pie N° 16 última parte). (Citas efectuadas por el suscripto en su Voto en Sentencia N° 10, de fecha 10 de julio de 1997 en autos :211/96 "LOBO Ramon AntonioAbuso DeshonestoCapitalCatamarca", Voto al que adhirieran los otros integrantes del Tribunal Dres Juan Carlos Sampayo y Carlos Alberto Roselló). Que a mayor abundamiento Edgardo Alberto Donna señala que "La sorpresa ha sido asimilada a la violencia tanto por la doctrina como por la jurisprudencia. En efecto puede ser que la víctima se vea sorprendida por los actos abusivos del autor, no contando con los elementos suficientes para "resistir", puesto que nada, hasta el momento, podía hacerle suponer que se hallaba en peligro. En este caso el ataque se consuma contra la voluntad del sujeto pasivo, pues éste no se halla en condiciones para oponer la menor defensa contra la agresión, que no pudo ser prevista...Tanto es así que no escapa al reproche penal la conducta del autor, si no medió consentimiento por parte de la víctima, quien, dada la agresión sexual sorpresiva, no pudo ofrecer resistencia al comportamiento del agresor" (Derecho Penal Parte Especial T. I Págs. 483484). En el mismo sentido se ha afirmado que "La sorpresa en el abuso constituye una circunstancia que, respecto de determinados actos abusivos como los manoseos, besos y abrazos, ya es suficiente para evitar la posibilidad de resistencia de la persona ofendida y afirmar la no aceptación del acto por su víctima".(C.N.Crim. y Correc., sala VII, setiembre 29 994. J. de B., G.), LA LEY, 1995E, 170.). Otro fallo ha sostenido que "El sorpresivo tocamiento impúdico por parte del imputado dentro de un ascensor, indica que la víctima no habría podido resistir la agresión sexual como consecuencia del estupor que causa en su animo lo súbito de aquella, de donde lo imprevisto de la conducta veda cualquier tipo de oposición y, por ende, se adecua al tipo del abuso deshonesto" (art. 119, inc. 2:, Cod. Penal).(CNCrim. y Correc., sala VII, abril 6 995. P., H. A.), LA LEY, 1995D, 533, con nota de F. J. D. DJ, 19952843.). También se ha dicho que "...aun cuando el agente no haya recurrido a la fuerza o intimidación al ejecutarse el hecho en un menor de edad y en forma sorpresiva impide a la víctima resistirlo, de modo que el acto llevado a cabo en tales circunstancias anula la oposición de la víctima como si hubiera fuerza o intimidación, constituyendo, por consiguiente un típico caso de violencia presunta (SC Buenos Aires, mayo 12964)DJBA 72113).Ernesto J. Ure por su parte sostiene comprendido para la violación "en cualquier otra causa" si "el acceso se habría consumado contra la voluntad de la víctima, hallándose esta en condiciones que le impedían intentar la menor defensa al sorpresivo ataque, que no conoció ni previó" ("Los delitos de violación y estupro" Pags 4041). Que como puede verse de las distintas citas doctrinarias y jurisprudenciales efectuadas, se acepta en forma prácticamente unánime a "la sorpresa" como uno de los medios para considerarse que se da la figura prevista en la primera parte del art.119 del C. Penal, esto es abuso sexual denominado en el viejo código “abuso deshonesto”. Admitida la sorpresa como una de esas situaciones, su encuadramiento se da para cierta doctrina y jurisprudencia como violencia presunta (que doctrinariamente señalan Breglia Arias Gauna o Ure) . En tanto que para otra jurisprudencia y doctrina se da la fuerza configurativa de la violencia real (caso de Fontan Balestra o Donna). El último de los autores citados afirma que “La sorpresa ha sido asimilada a la violencia, tanto por la doctrina como por la jurisprudencia...”sosteniendo más adelante el mismo autor que “El aprovecharse de la víctima por cualquier causa, de modo que no haya podido consentir libremente, también puede ser por vía de la sorpresa con que el ataque ha sido llevado a cabo” (Delitos contra la integridad sexual, págs. 26/27). Enrique Gavier también hace referencia a la sorpresa sosteniendo que “Lo mismo ocurrirá cuando por cualquier otra causa no pueda resistir o el consentimiento aparezca viciado por falta de libertad, aunque tenga plena conciencia de su naturaleza y comprenda plenamente su significado (víctima paralizada...ultrajada por sorpresa...)” (Delitos contra la integridad sexual, Págs.23/24). Repárese que en el caso de autos indudablemente influyó para la existencia del elemento sorpresa el hecho de que el sujeto activo haya sido un profesional médico, al que la víctima recurrió para que la atendiera de una dolencia, siendo así sorprendida por el comportamiento abusivo de aquél.



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