Roverismo hacia el éxito



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Con frecuencia se ve esto en la sección de correspondencia contenciosa en los periódicos. Generalmente el hombre que con facilidad se enoja y escribe al periódico, da señal de poco cerebro. Demuestra tener el espíritu de los niños que en cuanto se pelean exclaman, ya verás, se lo voy a decir a tu mamá, no vuelvo a jugar contigo".

Recordad esto, si uno está en lo justo, no hay necesidad de violentarse, y si uno no tiene la razón, de nada sirve violentarse.

Haced esto siempre, portáos como caballeros, con cortesía y dominio, y vosotros ganaréis siempre, si a vuestro contrario le faltan estas cualidades.


Lealtad.
Otro punto que tiende a la formación del carácter (el mejor antídoto para la bebida) es la lealtad hacia los demás y muy especialmente, lealtad con uno mismo.

La lealtad es un punto sobresaliente en el carácter. Sir Ernest Shakleton antes de aventurarse en su última expedición a bordo del "Quest", dijo a Arthur Mee del Children's Newspaper, que estando una vez en el Antártico, cuando la situación era más oscura y la muerte y el hambre parecían ciertas.

Shakleton escuchó la siguiente conversación entre dos de sus hombres.

"No creo que salgamos con bien de ésta", dijo una voz.

"Ese es cuento del jefe", fue la respuesta.

Esto le refrescó no solamente su responsabilidad como jefe sino su soledad.

"El ser jefe - dijo -, es algo muy bueno, pero tiene sus penas. Y la mayor de ellas es la soledad."

"Se piensa que no hay que decir todo a los demás."

"A veces hay que esconderles - dijo -, no sólo la verdad, sino lo que uno piensa de la verdad. Uno puede saber que los hechos le son adversos, pero no puede decirlo. Hay una sola cosa que hace posible la jefatura en las expediciones del Antártico, esa es la lealtad. La lealtad de los hombres es lo más sagrado que uno tiene, es algo que nunca hay que traicionar, algo que hay que merecer.

"No hay palabras con qué hacerles justicia al valor y a su alegría. Ser valiente con alegría, ser paciente con corazón alegre, soportar las agonías con risas y cantos y caminar al lado de la muerte durante meses enteros sin estar triste, es la clase de espíritu que constituye el valor que vale la pena. Yo amo a mis hombres. '

Personalmente yo puedo suscribir en su totalidad cada una de las frases de Shakleton después de mi experiencia de Mafeking la cual aun cuando fue una pequeña prueba, constituyó un continuado peligro por largo tiempo y penalidades para la gente.

Esa misma práctica de lealtad sincera y alegre por parte de la gente, fue el secreto de nuestro éxito, igual que lo fue en el caso de Shakleton. Y de la misma manera la lealtad, será el secreto del éxito en cualquier trabajo difícil, ya sea en los negocios o en la defensa de la patria.

La lealtad es una cualidad preciosa que debe ser cultivada fortalecida a todo trance por cualquier persona que tenga sentido del honor.

En la lealtad existe al mismo tiempo eso que Shakleton no destaca en particular aun cuando él lo practicaba en sumo grado y que es lo que aumenta enormemente la soledad y la tremenda responsabilidad de un jefe.

El jefe necesita de la lealtad de su gente, pero igualmente debe mostrarles a ellos lealtad y este es el punto que se subraya la Ley Scout donde dice: "El Scout es leal para con sus jefes y sus subordinados".

Es este aspecto de la lealtad, el que con frecuencia coloca al jefe en posición difícil, cuando tiene que engañar a su gente, como lo sugiere Shakleton, escondiéndoles lo malo. Muchas veces he tenido que hacerlo así.

Además, el jefe tiene que ser leal a la causa que defiende. He aquí la parte más difícil del deber de un jefe.

Por ejemplo, pocas gentes se dan cuenta de la terrible responsabilidad de un general en el campo, por un lado con la lealtad hacia su gente, lo que le hace tener que pensar que sus vidas son un asunto que pasa mientras que el resultado de la batalla es algo perdurable y tiene por tanto que poner en peligro aquellos hombres a quienes ama y que confían en él por el bien de una consideración mayor, la seguridad y el bienestar de la nación. Estas cosas hay que pensarlas cuando se considera lo que significa la lealtad y cómo uno debe prepararse para ser jefe.

Pero también existe la lealtad para con uno mismo. Cuando se presenta la tentación, la conciencia dice no, pero la inclinación dice sí.

Y entonces o uno se sobrepone, o cae de acuerdo con cual sea la que obedezca. Si se es leal a uno mismo, se sobrepone, si uno es cobarde, cede, cae y pierde el respeto de sí mismo,


Veracidad.
Durante algún tiempo mi ocupación fue descubrir a los espía, Por supuesto que una manera fácil de saber a qué nacionalidad pertenece una persona de la que uno sospecha, es darle un pisotón y escuchar en qué lengua se expresa. Pero un cazador de espías extranjero me hizo esta reflexión que si él sospechaba de un hombre y lo suponía un oficial británico disfrazado, tenia una prueba infalible; lo hacia entrar en conversación y en la primera oportunidad le llamaba mentiroso. Aun cuando el oficial fuera notable en esconder en general su personalidad, si le llamaba mentiroso inevitablemente respondería al insulto traicionándose a sí mismo.

Y así es en verdad. La palabra "mentiroso" es una puñalada para un hombre honorable. Odio oír la palabra usada como se acostumbra con frecuencia por hombres y muchachos impensadamente cuando discuten sobre algún asunto baladí y se dicen "mentiroso".

De tanto oírlo, me imagino que llegan a acostumbrarse, pero un hombre de honor, jamás se acostumbra. Para él siempre será el insulto más grande.
Respeto de sí mismo.
El respeto de sí mismo es un ingrediente importante del carácter, y ningún hombre que no pueda respetarse a sí mismo (los borrachos, los ociosos, los mentirosos y los pedigüeños), jamás pueden esperar que los demás los respeten.

Y aquí entra un pequeño defecto, las propinas. Un Scout debe hacer una buena acción a los demás por cortesía y buena voluntad sin aceptar recompensa.

El hombre que acepta una propina se degrada, colocándose al mismo nivel de un pordiosero que acepta una limosna.

Me ha causado mucha tristeza últimamente ver cómo se ha extendido lo de las propinas a los conductores de taxímetros, mozos de hotel, camareros y otros que como hambrientos van tras sus patrones en demanda de unos cuantos centavos.

Y, sin embargo, como hombres se sentirían avergonzados de ser protegidos y recibir limosna. Las propinas conducen en los puestos mejor retribuidos a lo que se llama "gratificaciones" y todavía más arriba, al soborno y la corrupción.

Hasta ahora, nuestros hombres han sido lo suficientemente varoniles y respetuosos de sí mismos para no rebajarse hasta ese grado; aún puede decirse con verdad que un "británico no puede ser sobornado".

Samurai es una hermandad fundada hace mil quinientos años por caballeros japoneses sobre los lineamientos de nuestros caballeros medievales. Su ideal es Bushido, quien estimula a los miembros a la:

Pobreza en vez de riqueza.

Humildad en vez de ostentación.

Reserva en vez de publicidad.

Sacrificio en vez de egoísmo.

Interés del Estado en vez de interés particular.

Todo esto acoplado al valor personal, fortaleza, lealtad, abstinencia y castidad.

Si un Bushi cometía una acción degradante, se le invitaba, a practicar el Hara-Kiri, esto es, con un ceremonial estricto, matarse a sí mismo abriéndose el estómago. Estos caballeros eran intensamente delicados en materia de honor y dignidad. Uno de ellos llamado Gorgorro en mitad de una batalla recibió un flechazo en un ojo. Esto no le impidió seguir combatiendo y dirigiendo la batalla, hasta terminar. Uno de sus amigos trató de quitarle la flecha, para lo cual tuvo que acostarlo sobre su espalda; pero viendo que un jalón ordinario no daba éxito, le colocó su pie sobre la cabeza para así obtener mejor resultado. Cuando al fin tuvo éxito. Gorgorro en vez de estarle agradecido, brincó sobre sus pies y lo retó a mortal combate por haber humillado su dignidad poniéndole el pie sobre la cabeza.


La vergüenza convierte a un hombre en un paria.
¿Sabéis cuál es una de las tragedias más grandes de este mundo?

El contemplar a un hombre avergonzado. Uno casi también se siente avergonzado de sólo verlo.

En una ocasión y por sólo unos instantes, hace muchos años vi una escena de esta naturaleza y desde entonces me persigue.

Viajaba yo en un ferrocarril por la selva en un punto muy distante en el extranjero. Nuestro tren se detuvo en un lugar donde un capataz blanco y un grupo de nativos estaban trabajando. En vez de acercarse como generalmente lo hacen esos hombres, llenos de alegría por la llegada del tren a conseguir las últimas noticias del mundo exterior y hablar aunque sea por unos momentos con otros hombres blancos, este capataz se apartó dándonos la espalda aguardando ansioso la partida del tren y que los hombres blancos lo volvieran a dejar en paz.

Pregunté acerca de él y se me informó que había sido un oficial de caballería bien conocido en Londres y en general por todo el país como un deportista y hombre popular.

Pero habiéndose dado a la bebida ésta lo había aprisionado arruinándolo y convirtiéndolo en lo que ahora podíamos ver: un paria, un hombre avergonzado.


La juventud está llena de voluntad, pero falta de perspicacia.
"La juventud está llena de voluntad, pero falta de perspicacia". He aquí lo que algunos dicen de vosotros. Esto me recuerda una ocasión en que me encontraba en el Africa del Sur haciendo un reconocimiento con una patrulla del séptimo de Húsares y al cruzar el lecho seco de un río nos topamos con un león.

Uno de nosotros le disparó hiriéndolo gravemente. El león pudo escapar tratando de esconderse en un campo cubierto de cañas y juncos en el cual era imposible, o por lo menos muy peligroso seguirlo, pues él tenia la ventaja de poder esconderse echándose, y de oír y olfatear a cualquiera que se acercara a su escondite.

Por tanto, con toda rapidez, colocamos centinelas alrededor de aquel campo para que nos dieran informes en caso de que saliera. Nuestro plan era: una vez colocados los hombres con sus rifles en los puestos adecuados, prenderle fuego al pasto y obligarlo a salir.

Nos tardamos bastante en hacer esto, pues las cañas del lado de barlovento estaban verdes y no prendían.

Yo estaba muy bien colocado sobre una roca desde donde lo podía observar en caso de que saliera en esa dirección, y me esforzaba por poner mis ojos sobre él entre las cañas. De pronto mi vigilancia fue recompensada. Vi que se movían las cañas de un lado para otro y percibí que el animal venía en mi dirección.

Mi corazón latía con emoción, besé el cartucho para traerle buena suerte y esperé con el rifle preparado para darle su merecido en el momento en que asomaba la nariz.

Cada vez se acercaba más hasta encontrarse a unos cuanto metros de mí. Pensé que ya era mío; a esa distancia no podía errarle el tiro. Se separaron las cañas. Ya iba yo a disparar cuando en vez del león estaba enfrente de mí el sargento albeitar.

Uno de los deberes del sargento albeitar, cuando uno de lo caballos se han hecho daño seriamente, es tomar su revólver y quitarlo de penar. Por tanto este amigo, habiendo visto que el león estaba herido, se pensó que su deber era seguirlo y rematarlo.

No pensó que su revólver no era más que una cerbatana y que la tarea no la hubiera hecho el albeitar, sino el león.

Y por poco soy yo el que lo liquido. Pero él era principiante en la materia de leones. No había tenido mucho que ver con ellos Había demostrado espléndida voluntad pero poca perspicacia. Y así sucede con muchos jóvenes, cuando tienen que habérselas con los leones de la vida real y carecen de preparación o advertencia.


Autosugestión.
Dominio de sí mismo o ser dueño de sí mismo son cosas que hoy en día se consideran materia de estudio científico, existiendo muchos doctores que han establecido magníficas estadísticas de curas por medio de los esfuerzos de la imaginación.

Por diferentes conductos se sabe de curaciones efectuadas por medio de "la fe en la curación", es decir, porque el paciente cree que vencerá la enfermedad.

Creo que la mayor parte de nosotros en alguna ocasión hemos experimentado esta clase de curación.

Digamos que uno tiene una herida en la pierna. Le duele todo el miembro, parece que se va uno a desmayar. No es posible apoyar el pie en el suelo. ¡Ay! ¡Cómo duele! Nos acostamos o sentamos por un rato a quejarnos.

He ahí otra forma de ahuyentar el dolor.

"¿Herida?, Sí, pero solamente un pequeño agujero que causa dolor a su alrededor. No en toda la pierna, pues eso es sólo imaginativo. No, el dolor solamente es en la pequeña herida, en un lugar reducido y por tanto un dolor muy pequeño. Sobreponéos, caminad, conservad vuestra pierna en movimiento, de tal manera que no se endurezca. Calentáos y ya no os dolerá más. Ya se está mejor, ya hay alivio."

La idea es que para curarse de aquel padecimiento, uno tiene que usar su imaginación más que su voluntad.

Una vez el Dr. Coué explicaba la diferencia en esta forma: Si se coloca un tablón ordinario sobre el piso, es muy fácil caminar sobre él.

Si ese tablón se coloca a manera de puente entre las azoteas de dos casas a 30 metros sobre la calle, es imposible cruzarlo. La voluntad desea que uno vaya al otro lado, pero la imaginación le hace pensar a uno que se caerá y la imaginación derrota a la voluntad. Esta es la relación usual entre una y otra. La imaginación triunfa.

Así pasa cuando uno sufre, uno debe concentrar su pensamiento e imaginar el alivio que se desea, y después imaginar que gradualmente se va obteniendo éste, y de hecho, se obtiene.

Noventa y nueve personas en cien que sufran o estén enfermas o necesiten ayuda, están en esas condiciones por creer que lo están. Es todo cuestión de imaginación, pero si uno emplea la imaginación en sentido contrario, y se imagina que está mejorando finalmente mejorará y en la mayoría de los casos se pondrá bien

El Dr. Coué demostró la verdad de esta teoría con la multitud de pacientes que recurrían a él todos los días quejándose, y salían de ahí regocijados.

El no trabajaba ni por dinero ni por recompensa.

Pero lo principal es que la autosugestión no sólo puede curar la enfermedad y la pena sino también la mala memoria, y el miedo nervioso muy especialmente - de ahí su importancia para los jóvenes - puede ahuyentar el deseo del alcohol o el tabaco, la tentación sexual y muchas otras formas de complacencia.


Cómo Tommy Tomkins derrotó a la muerte.
El gran flagelo de la India, el cólera, hizo presa en el regimiento. Tommy Tomkins, viejo soldado de recta condición que pertenecía a mi escuadrón, cayó enfermo. En unas cuantas horas ya estaba en pésimas condiciones.

"Pobre Tommy, está perdido", fue el veredicto del sargento encargado del hospital.

Durante las siguientes cuarenta y ocho horas, sin embargo se mantuvo entre la vida y la muerte, y al fin de ellas, con sorpresa de todo el mundo, volvió a la vida.

Más tarde, cuando convalecía y fui a visitarlo al hospital, me dio a conocer el secreto de cómo había vencido a la muerte.

Sabía que estaba moribundo: el doctor casi se lo había dicho pero también había dicho al nativo que lo atendía de que sólo había una manera de salvarlo, si se podía conseguir que se le conservaran calientes las extremidades. Por tanto, había que ponerle en los pies botellas de agua caliente o tabiques calientes.

Cuando el doctor dio la media vuelta, el enfermero en vez de preocuparse por las botellas de agua caliente, sacó su "hookah" del lugar donde la tenía escondida, se sentó en cuclillas en un rincón, y se puso tranquilamente a fumar.

Tal actitud hizo que el pobre Tommy se pusiera furioso: pero incapacitado para moverse o hablar, pensó que no tendría remedio. Pero juró a sí mismo, que si se aliviaba, daría tal golpiza al nativo que este por mucho tiempo no podría olvidarlo. Y con ahínco se puso a pensar qué clase de castigo daría al indígena y qué tan pronto podría salir de la cama para aplicárselo. Se olvidó por completo de la muerte, y se quedó absorto con la idea de dar a aquel individuo su merecido en el momento oportuno.

Y así fue como volvió a la vida.

Fue la fuerza de la voluntad y de la imaginación que le sacaron avante.

Yo tuve también una experiencia parecida. Estaba en el hospital muy enfermo de disentería, cuando llegó hasta mí la noticia de que si me ponía bien para cierta fecha, se me otorgaría el mando de una columna que iba a perseguir al enemigo.

Parecía una empresa perdida y, sin embargo, tuve esperanza. Me imaginé lo que realizaría como comandante, e hice planes al mismo tiempo que trataba de aliviarme con todas mis fuerzas.

Entre más hacía el esfuerzo, más mejoraba. Pasaron uno y otro día y finalmente estuve convaleciente; pero el día llegó sin que yo estuviera capaz para desempeñar aquella misión.

Dos días más tarde, otro hombre llegó al hospital también seriamente enfermo de disentería; se requería mi cama para él. Al entregársela él suspiró diciendo que llegaba ahí para morir. Le dije: "¡Ca!, Yo estaba mucho peor cuando llegué, pensad en lo que vais a hacer cuando salgáis de aquí".

Al día siguiente salí con una escolta de tres hombres y después de haber caminado a caballo 130 kilómetros por terreno peligroso, me incorporé a la columna y tomé el mando de ella.

Entre tanto, el heredero de mi cama se imaginaba que se moría, y fue poniéndose peor y peor hasta que al fin le pasó lo que había pensado: se murió.
Autocuración.
Pues bien, este es el arte de la autosugestion por medio de la cual un hombre puede, si así lo determina, curarse de muchas enfermedades y de casi todas sus debilidades.

Si un hombre puede vencer a la muerte con este sistema, seguramente podrá vencer la borrachera o cualquier otra tentación No hay que olvidarlo, si las cosas le parecen a uno difíciles o imposibles, hay que pensar en la forma de vencerlas y luego imaginarse que las está uno venciendo y cuando la imaginación le dice a uno que es imposible, hay que contestarle: "No, no es imposible Yo veo lo que puedo hacer y voy a ensayarlo. Puedo triunfar. Puedo. Puedo. Puedo y pude". Diez contra uno a que se tendrá éxito.

La complacencia proviene de concentrar la atención en los de deseos sensuales y la curación consiste en distraer el interés de uno mismo llevándolo a otras cosas y a otras personas. Tener aficiones Servir con simpatía al prójimo, así se ganan puntos en la formación del carácter.

Amiel dice: "Un hombre sin recursos morales... no es una personalidad. Es uno de tantos, un contribuyentes, un elector, pero no un hombre. El que se deja llevar de la corriente, que no tiene ideales ni convicciones, es solamente un mueble en el escenario de mundo, una cosa móvil en vez de un ser viviente que se mueve.'

La individualidad demasiado desarrollada, significa dejar suelto al egoísmo que es lo contrario de lo que nosotros deseamos Pero individualidad con carácter, es otra cosa, significa un hombre con autodisciplina, energía, habilidad, caballerosidad, lealtad y otras cualidades necesarias para ser un hombre. Y cuando estas cualidades van acopladas con el servicio a la comunidad, entonces se es algo más que un hombre bueno, un buen ciudadano.
LO QUE OTROS HAN DICHO SOBRE ESTA MATERIA.
El respeto a sí mismo, no la estimación de sí mismo, es lo que atrae el respeto de los demás,

El carácter es más valioso en la vida que cualquier otro atributo.

El dominio de sí mismo son las tres cuartas partes del carácter.

No hay que beber entre comidas.

Sin trabajo no se puede formar el propio carácter. Hay que fraguarlo uno mismo (Froude).

Tomad el consejo del tordo si os dice: "perseverad, perseverad, perseverad".

Pensad en la estampilla postal: su utilidad consiste en su habilidad para adherirse a algo hasta llegar a su destino (Josh Billings).
Cuando todo parece ir mal

y conducir hacia el abismo,

no hay que golpear, ni alterarse ni afanarse,

hay que sonreír.


Cuando alguien trata de hacerlo a uno menos,

tomando para sí la mejor parte,

hay que ser paciente y agradable;

y sencillamente reír


Pero si esto es difícil

(y algunas veces, por supuesto, así lo es).

Y no se puede sonreír, ni ser amable, ni reír,

por lo menos, no hay que actuar.

DESECHAR LA TENTACION.
Cuando el borracho os diga "soy vuestro amigo".

¡Apartáos de él!

Cuando os diga, "sois tan fuerte como cualquier otro hombre"

¡Apartáos de él!

Cuando os sintáis débil y vacilante

Cuando estéis próximo a caer en el arroyo,

Cuando creéis que vais a perder vuestro pan cotidiano

¡Apartáos de ese pensamiento!

Cuando la tentación os incite y os diga: "¿Qué tal?"

¡Apartáos de ella!

Cuando os diga: "veo que estáis pensando qué debéis hacer"

¡Apartaos de ella!

Aun cuando sea suave y dulce su cantar

y grande, fuerte, y poderosa su atracción.

Pensad que es el diablo el que os habla

¡Y apartáos de él!


("Ole Marster", B. B. Valentine)
LIBROS QUE LEER.
Con Cristo como guía. A. H. Gray

Escollo Nro 3 - MUJERES


El lado sombrío de este Escollo es la tentación de olvldarse del respeto que se debe a la mujer.

El lado luminoso es la salvaguarda de uno mismo contra la tentación por medio del cultivo de la caballerosidad y de la fuerza viril.


El instinto del sexo y sus peligros.

En el período de la juventud es cuando se desarrolla el instinto sexual, al convertirse el muchacho en hombre.

La pubertad trae consigo el deseo sexual en el muchacho. Se origina en causas perfectamente naturales como es la de que los órganos genitales lleguen a su completo desarrollo.

En la concepción de un nuevo ser tienen intervención tanto las glándulas masculinas como las femeninas.

Con la pubertad se adquiere una responsabilidad de importancia con respecto a la propagación de la especie.

La importancia que tiene el aprender a tratar los problemas sexuales conforme se presenten.

Las dificultades provienen de la forma jactanciosa en que con frecuencia los jóvenes se expresan de estas cosas,

Las enfermedades venéreas, es decir las enfermedades que provienen del mal uso del sexo.

Estas enfermedades son con frecuencia causadas por la ignorancia y conducen a grandes sufrimientos y aún a tragedias.
Hombría.

La caballerosidad con las mujeres es una salvaguarda contra estos peligros.

Toca a cada uno el entender estas dificultades y aprender a tratarlas.

Los buenos padres son una gran ayuda en esta materia.

No es sólo una cuestión personal sino de raza.

Algunas reglas sencillas de higiene para conservar la salud y la fuerza.

Sed hombres.
Matrimonio.

Que vuestras aventuras amorosas sean limpias.

Cómo escoger la compañera adecuada.
Advertencia de un tocinero sobre el compromiso matrimonial.

La renta, detalle de importancia.

El hombre adquiere deberes al casarse.

La felicidad de los hijos.

Responsabilidad de la paternidad.

La felicidad del hogar la complementa el servicio a la comunidad.


Lo que otros han dicho sobre el asunto.
Libros útiles.

MUJERES
El peligro está en olvidarse de la caballerosidad que se debe a la mujer.

El lado luminoso es el desarrollo de la actitud viril y protectora del sexo débil.
EL INSTINTO DEL SEXO Y SUS PELIGROS.
El Monarca de la cañada.
Uno de los más grandes espectáculos que pueda darse en relación con la vida animal, en el páramo o en la selva, es el de un ciervo en pleno desarrollo y lleno de vida. Es el rey de la manada, el Monarca de la cañada, como Landseer lo ha pintado.




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