Roverismo hacia el éxito



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En las cosas existe mucho de indispensable. Se me preguntó una vez por qué admiraba yo tanto a mi sirviente indio. La razón era muy sencilla, porque él siempre ponía a su patrón primero y a su persona después, si es que alguna vez se ocupaba de su persona, siempre estaba en su puesto listo para cualquier trabajo, callado y muy resistente. Era un tesoro. Pero en aquel país una persona como ésta no era excepcional aun cuando tal vez sí en otras partes.

Sin saberlo, era indispensable y yo puedo deciros esto: que si os hacéis indispensables a vuestros patrones no van a deshacerse de vosotros con prisa a pesar de lo que les cueste.

Otro punto que va en la lista anterior, es la de ejecutar el trabajo con rapidez.

Puede ser que esto caiga bajo el título de energía, pero se mejora mucho con la práctica. Si vosotros sois rápidos en vuestro juego, y en vuestras acciones personales a tal punto que esto se convierta en un hábito, vosotros seréis también rápidos en vuestro trabajo y eso contará a vuestro favor.

Como práctica ensayadlo al vestiros diariamente. No perdáis el tiempo, poned todo en su lugar y a mano, contáos el tiempo y tratad de mejorar vuestro propio récord. Otros puntos de los que se encuentran en la lista que merecen especial atención y generalmente reciben muy poco, son: aplomo y alegría. Existe otra cosa que debéis considerar como una adquisición necesaria para vuestra carrera y es: esperanza. No penséis que porque principiáis muy abajo será imposible ascender. Muchos de los hombres más grandes del día comenzaron en lo más bajo de la escala. Pero como ya he dicho antes, vosotros tendréis que hacer el ascenso por vuestro propio esfuerzo. No os quedéis en el loco porque ya hay otros ahí. Buscad las piedras que os pueden ayudar a salir de él y utilizadlas. Poned vuestro pie en el escalón más bajo y principiad a ascender.

He visto a muchas personas comenzar muy arriba en la vida, provistas de todo lo necesario para tener éxito, y que más tarde descendieron por falta de paciencia. Cuando las cosas se les pusieron en contra, inmediatamente abandonaron su empresa para ensayar algo nuevo, y una vez que se cae en el hábito de abandonar una cosa y ensayar otra distinta, ese hábito es difícil de quitar y la vida toda se convierte en una serie de fracasos y de nuevos ensayos.

Por lo que respecta a la Parte II del diagrama, la cuestión de cómo vivir, es decir cómo gozar de la vida con verdadera felicidad y no mero placer, es de igual importancia que el problema de cómo ganarse la vida y las dos partes en que lo he dividido son casi de igual importancia una con respecto a la otra: tener altos ideales y servir al prójimo. Pero creo que el servicio al prójimo es el más importante de los dos, porque también incluye un elevado ideal y es el escalón principal para obtener la felicidad.

Es por esto que volveré a tratarlo con mayor amplitud en otro capítulo.


SENTIDO COMUN.
Cuando la codicia sienta sus reales, la honestidad desaparece.

Más vale pájaro en mano que ciento volando.

Más vale un peso en la mano que dos en un billete de lotería.

Si en vuestra profesión no os adaptáis, no paréis hasta conseguirlo.

Un asunto como una prenda de ropa, tiene siempre dos vistas y hay que ver las dos antes de formarse una opinión.

¿Cómo convertir el trabajo en placer?; el placer consiste en amar el trabajo.

No puede haber placer en un trabajo que se hace con fastidio (R. Parlette) .

Hay que vivir de tal manera que, cuando uno muera todo el mundo lo lamente aun el dueño de la agencia funeraria (Mark Twain ).

La felicidad consiste en adaptarse a sus medios (Artemus)

La mayor parte del vicio viene de evitar la transpiración (Dr. W. J. Dawson).

Autoreverencia, conocimiento de sí mismo, control de si mismo, he ahí tres fuerzas que conducen a una vida de poder omnímodo (Tennyson)
SONREIR SIEMPRE.
El que es capaz de dominarse hasta sonreír en la mayor de sus dificultades, es el que ha llegado a poseer la sabiduría de la vida.
LIBROS UTILES QUE LEER.
The Facts of Gambling. G. M. Hooge (Hutchinson).

Money. H. Withers (Benn's Library).

First Steps to Climbing. G. D. Abrahams (Mills Boon).

Mountain Craft. G. W. Young (Methuen).

Normas de campamento (Editorial Escultismo).

Introducción a las aves de América (Editorial Escultismo).

Campamentos organizados (Editorial Escultismo).

Manual del Guía de Patrulla (Editorial Escultismo).

Escalada. E. Mallafré (Editorial Juventud).

ESCOLLO Nro. 2: VINO


El lado sombrío de este escollo es la tentación de acabar con la propia felicidad por darse gusto a uno mismo.

El lado luminoso es el hecho de que, sobreponiéndose al propio deseo, se fortalece el carácter y se le da un gozo más elevado a la propia vida.


Condescendencia.
La copa entre comidas es un lujo peligroso.

La tentación de condescender con un amigo, es el primer paso para la bebida.

El borrachín solitario se convierte en un disipador.

Los borrachos son un peligro para el Estado.

La prohibición no es necesaria en un país cuyos hombres tienen carácter.
La fuerza del ejemplo.
El fumar demasiado es un peligro para la salud, como lo son otras formas de condescendencia, tales como:

Comer demasiado.

Dormir demasiado.

Trabajar demasiado.

La salud física trae consigo el control de sí mismo y una larga vida. El decir malas palabras es signo de carácter débil.
Dominio de sí mismo.
La fuerza de carácter es el antídoto de la condescendencia.

El ejemplo del general Nogi.

El control de sí mismo es el mayor rasgo de carácter.

Los hábitos y los pensamientos pueden ser dominados.

La lealtad hacia uno mismo es tan importante en la formación del carácter como la lealtad hacia los demás.

El respeto de sí mismo trae consigo el respeto hacia los demás.

La vergüenza convierte al hombre en un paria.

La autosugestión puede curar la tentación de la condescendencia.

Cómo Tommy Tomkins desafió la muerte,
Lo que otros han dicho sobre el asunto.
Sacudíos la tentación.

VINO.
"¿Vino?"

El coronel Yervers jamás intentó dejar de ingerir vino o alguna clase de alcohol.

En una ocasión en que no podía conseguir licor se bebió un pulidor para muebles. El doctor le preguntó: "¿Quiere usted decir que no pudo conseguir agua?"

A lo que el coronel le replicó: "Mi estimado señor, usted no debe haber tenido jamás verdadera sed, si no, usted sabría que esa no es ocasión para pensar en lavarse."
El tercer vaso.
¿Vino? Me gusta un vaso de buen vino por su sabor, su color y lo refrescante que es.

Igualmente me gusta un vaso de cerveza o uno de sidra. Pero por una u otra razón un segundo vaso no me atrae tanto como el primero, el sabor ya no es el mismo que el del primero, pues carece de la novedad de éste y el principio de apetito ha sido ya calmado,

Por lo que hace al tercer vaso, el hombre inteligente sabe que en él hay "veneno"; los azúcares y otras sustancias químicas contenidas en los licores no le hacen a nadie provecho. Me imagino, por ejemplo, que muy pocas personas se dan cuenta de cómo el beber demasiada cerveza produce callos y que el vino de oporto ayuda a desarrollar la gota.

Es el tercer vaso si no es que el segundo el que lo pone a uno fuera de condición para correr o para cualquier otro ejercicio, por tanto, un joven debe fijarse en esto.

En mi regimiento nosotros trabajábamos sobre la base de que los oficiales y las clases siempre guiaban a sus hombres por el ejemplo más que por las órdenes, y sobre esta base yo podía asegurar que uno o dos de mis sargentos eran demasiado anchos de cintura para poder montar y desmontar sus caballos con la rapidez que debían hacerlo para enseñar a sus hombres.

Por tal motivo, hice la advertencia de que en tres meses un oficial o clase cuya circunferencia le impidiera ser ágil para ocupar el puesto sería cesado, y por tanto en aquel lapso debería perder algo de su grasa superflua.

Pero mi crítica era también constructiva, pues sugerí que esto podía realizarse por medio de más ejercicio diario y menor cantidad de cerveza obscura.

Los resultados fueron sorprendentes y enteramente satisfactorios. Era el tercer vaso el que estaba causando el daño. Pero el tercer vaso hace algo peor que esto, conduce al cuarto y al quinto y al "ssssexto", y entonces comienzan las dificultades, y el saturarse y el tener que agarrarse a los postes de la luz y el preguntar: "¿Es esto un día de Navidad o es la calle Picadilly?"


La copa entre comidas.
Conocí un maravilloso ingeniero muy capaz, en verdad un genio en su profesión: ahora seria un hombre famoso si no hubiera sido, como él lo decía, el hombre de los "veinte minutos", es decir que él nunca dejaba pasar ni más ni menos de veinte minutos entre sus copas.

Esto me recuerda un viejo almirante americano muy querido para mí, compañero de mis mocedades, a quien, cuando yo ofrecía un vaso de algo, me decía: "No señor, yo nunca bebo entre mis comidas".

Y esto me lleva al punto de que es precisamente la copa entre comidas la que ocasiona el daño. Si solamente se bebiera licor en las comidas, pienso que no habría borrachera ni habría más salud.

Volviendo a mi regimiento (os advierto que antes de terminar este libro estaréis aburridos de "mí y de mi regimiento". Pero yo sólo deseo el proporcionaros hechos experimentados para que os sirvan de guía al navegar entre estos "escollos" y por tanto debéis perdonarme), yo permití a mis hombres, contra el reglamento, tomar cerveza con su almuerzo y con su cena caliente que era una institución en el regimiento.

Como consecuencia la bebida en la cantina fue decreciendo en tal proporción que en cierta ocasión tuve que regalar un par de guantes blancos al mesero porque durante todo el día ni un solo hombre había entrado en la cantina.
La camaradería es el primer paso de la tentación.
Un bien intencionado trataba de hacer ver a un borracho su error y hacerlo un hombre mejor, pero el bebedor lo interrumpió repentinamente con esta frase: "Habláis como si nunca hubieseis estado borracho".

"Entonces, ¿qué sabéis de ellos? No me prediquéis, id y emborracharos y aprended algo acerca de esta tentación y la alegría que produce. Y entonces predicad."

Pues bien, existe cierta tentación acerca de ello, especialmente si se deja uno llevar por lo que hacen los demás. Me supongo que la mitad de los hombres que le tienen afición a la borrachera, han sido llevados a ella, en primer lugar por la camaradería, y eso que se supone es buena amistad con otros. Un joven al salir al mundo siente que debe hacer lo que hacen los demás para demostrar que es uno de ellos: "Uno de los muchachos".

Nueve de diez muchachos principian a fumar por esta sola razón: porque los crean muy hombres: Si un muchacho creciera, digamos en un rancho donde los hombres fueran abstemios, pero en donde el tabaco y el whisky pudiera conseguirlos si lo deseaba, no creo que le ocurriera por propia iniciativa hacer uso de ellos. Ambos son muy desagradables para el principiante, y el aficionarse a ellos es en gran parte "porque los otros lo hacen".

Es muy difícil cuando uno se encuentra en compañía de otros amigos en una cantina, abstenerse de tomar un trago, y después de obsequiar otro en correspondencia, y esto conduce al sexto vaso, a la hilaridad y a la camorra.

Bien sabe Dios que yo no objeto el buen humor, la alegría y el armar un zipizape ocasionalmente. Esto es natural en los jóvenes aun sin la ayuda del alcohol. Más de una vez yo he gozado con esto y haciendo el tonto hasta el grado de sentirme ahora avergonzado si no reconociera que esto forma parte de la naturaleza de la juventud.

Pensad que yo alguna vez practiqué el juego de "Los saltimbanquis musulmanes". ¿Lo conocéis?.

Pues bien, consiste en amontonar todos los muebles de un cuarto formando una pirámide, con las patas de las sillas hacia arriba y colocar una mesa sólida enfrente de la pirámide. Cada competidor, por turno, corre a la mesa, da sobre ella un salto mortal y cae sobre la pirámide gritando: "Yo soy un saltimbanqui musulmán". Por vida mía que ahora no puedo ver en dónde está la diversión de tal juego: pero entonces sí que se la encontraba. Esto indica la clase de tonto que es un joven. La diversión que entraña representar a un saltimbanqui musulmán es, sin embargo, totalmente diferente de la falsa hilaridad que produce la bebida y ésta por tanto no es necesaria para que se divierta un joven. En verdad se puede divertir tan ruidosamente o más y efectivamente sin ella.


Un saltimbanqui musulmán.

El borrachín solitario es un despilfarrador.


Además de la camaradería como tentación para la bebida, hay una individual más potente que consiste en tratar de olvidar las penas morales o materiales "ahogando los pesares con una copa de licor".

La mala suerte en los negocios, la depresión causada por la enfermedad o el desengaño, un hogar desgraciado, un ambiente triste, todo esto induce al hombre a buscar un refugio en calentar su garganta y adormecer su cerebro. Pero no es buen negocio. El borracho dirá: "está bien predicar, pero, ¿qué ha de hacer uno? Después de todo es una manera fácil de obtener un momento de olvido, o por lo menos aturdirse, ¿por qué no lo ha de hacer uno?

Pues, porque eso conduce al desgraciado que lo intenta a la ruina moral y espiritual. Con la bebida se pierde el control de la voluntad y la energía, que son los dos pilares del carácter.

Una vez que se adquiere el hábito de la bebida o lo que es peor, el de las drogas, la oportunidad de ser feliz en este mundo ha desaparecido para aquel hombre. Con la salud arruinada, disminuida la capacidad para el trabajo, se cede a otras tentaciones que se presentan a los que han debilitado su carácter, entonces se cae en la miseria y en el crimen, ya que es imposible en tales condiciones tener dominio sobre uno mismo.

Cada vez el individuo se hunde más, su existencia es más ruinosa, se convierte en un inútil y en un desecho de la sociedad hasta que la muerte viene por fin a sacarlo del mundo de los vivos
El peligro para el Estado.
El hombre de cabeza bien puesta que tiene carácter no se deja llevar por lo que hacen los demás y sabe dónde detenerse. Son los tontos los que forman las mesas y se dejan conducir por el resto o por sus pasiones; no tienen el valor de "enfrentarse a sus penas".

Donde existe un grupo de estos individuos - y no hay una cantina de los barrios bajos donde no exista un grupo de esta naturaleza - su ejemplo se propaga y se convierte en la enfermedad del rebaño. Arruina la salud, disminuye la capacidad para el trabajo, echa a perder el genio de una porción de la población y en esa forma reduce la felicidad general y la prosperidad de todos.

Hace miserables los hogares de los cuales aquellos hombres son responsables; destruye en el individuo el respeto de sí mismo, su virilidad, su poder para pensar, en una palabra, su carácter.

Y todo esto constituye un peligro para el Estado.

Una comunidad donde hay un número de estos individuos débiles, tontos, que no piensan, es una presa fácil para los proyectos descabellados de los agitadores que pueden conducir fácilmente de una oreja a tal rebaño.

Para constituir una nación fuerte y respetada, es necesario que sus hombres sean hombres de carácter.


La prohibición es innecesaria para los hombres de carácter.
En algunos países, este peligro lo reconoce el Estado y se decreta la prohibición con respecto a la bebida.

Tomando en consideración la enorme cantidad de dinero, de tiempo y de salud que se desperdicia, y las propiedades que se pierden por la bebida, solamente unas cuantas personas se oponen a que la tentación sea quitada de en medio, aun cuando no siempre todos están de acuerdo en la forma de hacerlo.

En los países mahometanos, la religión, que tiene dominio sobre la masa del pueblo, prohibe la bebida. En otros países, es la ley la que lo prohibe. Pero lo malo de esto, es que induce a mucha gente a burlar la ley.

La prohibición acabaría con este vicio, pues las nuevas generaciones no tendrían la tentación, pero en cambio se haría un perjuicio, ya que burlar la ley en una dirección casi seguro alienta a burlarla también en otras direcciones.

Sin embargo, lo peor de la prohibición, es que ofende al sentido de libertad y de hombría de todo el pueblo, el que prefiere reformarse interiormente y no ser obligado por reformadores aun cuando éstos sean muy bien intencionados.

Cuando Sir Robert Stout recientemente dijo que el licor era un lujo del cual muy bien podríamos prescindir, la señorita Gaun le contestó: "sí, yo creo que lo podríamos hacer, lo mismo que lo bolcheviques consideran las camisas de dormir como un lujo innecesario".

La reforma vendrá y creo que de hecho ya en muchos lugares existe, produciendo mucho mejores efectos por el respeto de sí mismo y la fuerza de carácter del pueblo.

A los individuos no les gusta ser tratados como niños, pero cuando se dan cuenta de lo feo que es beber y lo dañino que le resulta para su trabajo o para su deporte favorito y piensan que hay en la vida otras formas mucho mejores de diversión, no son tan tontos para emborracharse.

Si uno lanza una mirada retrospectiva en su propia existencia ve uno la diferencia que ahora existe con respecto al pasado.

Cuando yo me inscribí en el ejército, era común y corriente que los soldados y aun los oficiales, se emborracharan los días de fiesta y nadie pensaba mal de ellos. Hoy día, si un oficial de un regimiento correcto se excede del límite de la bebida, se le dirá que no lo haga y si lo repite, muy pronto será dado de baja.

Ahora puede uno ver un regimiento embarcándose rumbo a exterior con la asistencia total de sus componentes, todos ellos en sus cabales y bien presentados como si fueran a tener un desfile mientras que en años anteriores, muchos no se presentaban y de lo que se presentaban la mitad tenía que ser ayudado, sino es que habría que cargarla, para poderse embarcar.

Los sábados por la noche, en los centros fabriles era usual ver las calles llenas de borrachos, mientras que ahora la gente pasea felíz y casi no se ve ningún borracho. La gente ha fortalecido su carácter, los barrios han sido mejorados y todo ello está dando buen resultado aun cuando todavía hay un campo inmenso que desarrollar.

Yo espero que la generación actual de jóvenes sea mejor. Las guerras han contribuido para abrir los ojos de los jóvenes, haciéndoles ver la vida con más seriedad.

Los hombres del presente desean ser más varoniles, desean ser más capaces para sus deportes, su trabajo o para el servicio a la comunidad, y se dan cuenta de que para tener éxito tienen que alejarse de la bebida que les hace perder tiempo, dinero y salud.

Aceptar el reto es dar ya un paso, pero sólo constituye una ayuda para los caracteres débiles. Los individuos fuertes verán de frente el problema y resistirán a la tentación que se les presente afirmando su libertad en contra de la tiranía que el vicio representa.

La prohibición es innecesaria en un pueblo de hombres de carácter. Las generaciones venideras se encargarán de su propia regeneración.


La fuerza del ejemplo.
Siento un gran respeto por la opinión de un crítico honesto y sencillo, habiendo encontrado que los salvajes del Africa y de las Islas del Pacífico, son críticos sencillos y honestos y muy buenos para juzgar el carácter.

Entre estas gentes he escuchado siempre el mismo veredicto: "Si un hombre blanco inglés dice que pagará las mercancías que nos compra, seguro que paga, pero no sucede lo mismo con todos los hombres blancos."

Tal es nuestra reputación y por eso mismo estamos obligados a conservarla.
La fuerza del ejemplo, la reina de los swazis.

"Los misioneros predican la sobriedad, pero los hombres blancos practican la borrachera. Nosotros sostenemos a los misioneros, ¿pero no podrías obséquiame siquiera con una caja de ginebra?".


Pero aun "el hombre blanco inglés" me temo no siempre haya sido un ejemplo, y esto es lo que dificulta el trabajo de nuestros misioneros.

Me acuerdo que la anciana reina madre de los "swazis" nos decía hace algunos años, cómo los misioneros habían llegado y les habían explicado a ella y a su pueblo las bendiciones del cristianismo y cómo bajo su influencia benéfica los hombres eran honestos y rectos en sus tratos; sobrios y veraces, y caritativos con sus semejantes.

Fue por eso que su pueblo recibió con los brazos abiertos a los comerciantes y colonos blancos, donándoles tierras y ayudándoles a construir sus casas.

Pero más tarde se encontraron con que en vez de ser agradecidos y ayudar a todos, solamente se ayudaban entre sí. Tomaban el ganado de los nativos, prometían pagarlo; pero luego solamente les daban golpes y algunos peniques. Importaban "whisky" en gran cantidad para beberlo ellos y ginebra para que la bebieran los nativos.

La anciana reina nos dijo cómo sus guerreros le habían pedido permiso para matar a aquellos insidiosos destructores de su nación y cómo ella se sentía inclinada a concedérselo. Había perdido la fe en una religión que profesaba una cosa y practicaba lo contrario.

Era imposible no estar de acuerdo con ella; pero se sobrepasó cuando íbamos a despedirnos pidiéndonos que le dijéramos de nuevo si estábamos de acuerdo con ella, y cuando nosotros afirmamos con fuerza que sí lo estábamos, nos pidió que, para confirmar nuestro dicho, le regaláramos una caja de botellas de ginebra. Tal es la fuerza del ejemplo.


Tabaco.
He insistido bastante en la bebida porque ésta ha demostrado ser causa de muchos crímenes, enfermedades y miseria, y por tanto es un gran peligro tanto para el individuo como para el Estado, y estando nosotros en busca de la felicidad y del éxito es éste un escollo que a toda costa debe evitarse.

Existen otras formas de complacencia consigo mismo, de las cuales los jóvenes deben precaverse, pues éstas también son un obstáculo para la felicidad.

Fumar es un peligro para el niño. Me espanta el número de cartas que he recibido de muchachos y de los padres de éstos dándome las gracias por la advertencia que he hecho, de cuando en cuando, acerca del veneno y de otros males que el tabaco guarda para los muchachos.

He aquí una de las últimas cartas que he recibido sobre la materia.

Alguien me preguntó por qué se ordena a los Scouts no fumar; mi respuesta fue que "no existe tal orden; pero que todo Scout sabe que un muchacho que fume es un tonto y nosotros sabemos en nuestro Movimiento que "ningún Scout es un tonto",

¿Por qué necesariamente ha de ser un tonto el muchacho que fume? Ya he dado las razones en un capítulo de Escultismo para muchachos. Una de esas razones es ésta:

"Cuando un muchacho fuma antes de haber completado su desarrollo, es casi seguro que debilitará su corazón, y el corazón es el órgano más importante del cuerpo. El corazón bombea la sangre por las arterias a todo el cuerpo produciendo carne, huesos y músculos. Si el corazón no cumple con su misión, el muchacho no puede ser sano y fuerte.

"Ningún muchacho principia a fumar porque le guste, de hecho, al principio le repugna, pero lo hace por parecer hombre, y lo único que consigue es que lo consideren un asno."

He recibido una carta de una persona que ha estudiado el asunto desde el punto de vista de los trabajadores y en ella se dice lo siguiente: "Más de la mitad del descontento actual, la flojera y la falta de virilidad de parte de nuestros trabajadores jóvenes, es causada por el exceso del tabaco, especialmente de los cigarros.

"Si pudiéramos persuadirlos de que no fumaran ni bebieran hasta que fueran mayores de edad, obtendríamos una buena mejoría en la raza. Yo puedo demostrar que casi todos los jóvenes que fuman se sienten a disgusto, son flojos y no pueden dedicarse al trabajo, carecen de interés y ambición, son nerviosos y no tienen ánimo.




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