Roverismo hacia el éxito



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Así pues, el futuro de nuestro deporte nacional en general, está en malas condiciones.

Mas, si las apuestas Proporcionan placer a la mayoría, dejémosles que se diviertan. Quizás esto les proporciona placer y distracción por el momento, pero seguramente no les dará felicidad; y por tanto no habrán gastado bien ni su tiempo si su dinero. No sé por qué, pero cuando uno se ve envuelto en asuntos de caballos la honestidad parece no tener el mismo valor que tiene en cualquier otra parte. Así es que, poneos en guardia al apostar o comprar un caballo.

Recuerdo haber comprado un caballo a un mercader honrado que me dijo exactamente cuáles eran sus defectos y cuáles sus cualidades, cuánto había pagado por él y cuánto me cargaba ahora como utilidad por el tiempo que había empleado él en amaestrarlo y perfeccionarlo.

Como tenía la mejor "rienda" que cualquier otro caballo de los que yo había conocido, aquel amaestramiento valía algo (estoy hablando del Coronel "Jabber" Chisholme que fue muerto dirigiendo una batalla en Elandslangte). Tanto fue así, que después de haberlo comprado en aquel precio y haberlo montado, me di cuenta que valía mucho más de lo que yo había pagado por él, y para seguir el ejemplo de su vendedor, fui también honesto mandándole un cheque por el precio adicional que juzgué conveniente.
Advertencia.
Quizá se diga, ¿qué más da que el deporte sea limpio o no, si uno puede sacar de él una emoción? Todo el mundo lo hace.
El verdadero y único ganancioso. (Epígrafe de dibujo).
Forma parte de la naturaleza humana el apostar y no va uno a cambiar esa naturaleza. ¿Hay pues que apurarse?

Sé que existe una satisfacción en ganar ya sea por suerte o estudiando la forma, pero personalmente odio ver que lo que fue verdaderamente deporte se haya convertido en una empresa de hacer dinero para unos cuantos gananciosos que lo hacen a expensas de la juventud. A ésta, de manera sagaz, se le conduce al juego haciéndole creer que es muy deportista. Bajo este "camuflaje" a muchos se les exprime conduciéndoles a la ruina. Como uno de aquellos que han presenciado estos chanchullos, sólo deseo hacer una advertencia a los jóvenes, y es que se fijen para que no los hagan tontos.

Conforme se vuelve uno viejo, puede uno gozar por sí mismo, si esa clase de distracciones son las que convienen o alguna otra de las muchas que se le ofrecen.

Muchas personas se han hecho ricas con el juego, ya sea como corredores o prestamistas, pero nadie que yo sepa lo ha hecho apostando, es decir, siendo el juguete de corredores y prestamistas.

Muchos de los corredores que se han retirado a vivir con opulencia de lo que ellos llaman sus "utilidades", lo pudieron hacer porque comerciaron con el hecho de que la mayoría de los hombres son unos tontos.

(Esto me recuerda un discurso que pronuncié una vez: "Lo que toda mujer sabe"; el tema era indicar que ellas saben que el 90% de los hombres son tontos, y el 10% restante son más tontos).

También sucede en las carreras de menor importancia, que mucho dinero del público sencillo va a parar a las manos de una liga formada por los conocedores del oficio, entre ellos los " jockeys".
¿Qué hay de malo en apostar?.
Esta es una pregunta natural. Pues bien, para principiar, aparte de que es destructora como una enfermedad del verdadero deporte, constituye una tontería para el apostador, ya que generalmente, significa que al final de cuentas ha perdido su dinero. Muy pocos son los hombres, si es que hay alguno, que haya podido hacer dinero a la larga, apostando. Por tanto a menos que se sea muy rico, es peligroso jugar.

El ver a alguien ganando montones de dinero tiende a entusiasmar al que ve, induciéndole a probar suerte. Parece un camino nuevo para hacerse rico fácilmente, pero con frecuencia demuestra que es el camino más rápido para empobrecerse. En la mayoría de los casos crea en el individuo un rasgo asqueroso: Avaricia. El llamado deportista sólo desea ganar o ganar dinero que va a quitar a otra persona. Conforme la avaricia se apodera del individuo, la honestidad lo abandona; hay muy poco de verdadero deporte en la sucia empresa de ir tras el dinero ajeno. Multitud de personas han pensado que este es el camino más fácil para hacerse rico y se hundieron más allá de lo que podían y añadiendo otro crimen: el tener que robar o desfalcar a sus patrones o a otros, tratando de conseguir lo necesario para pagar sus deudas recurriendo al final al suicidio como medio de evitar las consecuencias.

Esta malhadada historia la ve uno repetirse una y otra vez en los periódicos, pero es una advertencia que jamás es escuchada por la alocada juventud.

He aquí un estudio de los resultados de lo que costaron las apuestas durante los 12 años anteriores a la guerra, en Londres solamente:

Suicidios e intentos de suicidio ..................... 234

Desfalcos y robos......................................... 3234

Quiebras ..................................................... 530
Se estima que más de 50 millones de libres han pasado de las manos de los corredores a las de sus clientes durante 12 meses en el Reino Unido y que de esta cantidad el mayor porcentaje fue para los corredores.
El poder del anuncio.
Una gran parte de culpa en el desarrollo de esta malsana costumbre corresponde a la prensa.

Un periódico puede tomar la posición que le indica la opinión pública predominante sobre líneas correctas, 0 siguiendo el gusto del mismo público, desviándose por caminos torcidos.

Desafortunadamente hoy en día hay más público que sigue a la prensa del que había hace unos cuantos años.

Los periódicos que dan gusto a la inclinación morbosa con la descripción de asesinatos, intrigas, horrores e indecencias, rivalizan con periódicos que anuncian el fútbol profesional, las carreras, etc., en grado exagerado, como si fueran las cosas de mayor importancia que las que realmente lo son para el bienestar de la nación.

Es cierto que algunas personas, como el difunto editor de The Times, señor Wickham Steed, han señalado que los puntos de vista de los periódicos independientes deben financiarse independientemente, sin embargo, es de sentirse que para hacer esto muchos tienen que sucumbir a las cuotas que les son ofrecidas por los promotores de las peleas y estrellas del cine para que exciten al público por medio de las noticias de prensa, haciendo resaltar a actores que, bien juzgados, no pueden considerarse sino como común y corrientes.

Pero, no hay manera de evitarlo. Las multitudes con frecuencia son tontas y no piensan o no se toman la molestia de estudiar las dos fases del asunto. Si lo hicieran, no pondrían su dinero en manos de los corredores, de los directores de encuentros de fútbol, de los financieros de las peleas profesionales que comercian con éstas y buscarían el deporte el verdadero deporte por el deporte mismo, por la diversión y la salud que entraña.

Me place un buen argumento desarrollado en una película de cinematógrafo. La actuación en algunos de los dramas de este es realmente maravillosa, sobre todo la forma en que los actores transmiten las ideas por medio de la expresión y del gesto.

Al mismo tiempo, su arte, bueno como es, no puede llegar al del actor teatral que además de esto, da alma y vida al personaje que representa apareciendo ante el público de carne y hueso y con voz y lágrimas.

Aun el cine hablado con sus voces metálicas y su música, no ha podido llevar vida real a las películas.

Sin embargo, Molly Mickboard es conocida por millones de personas por su cara bonita y su encantadora manera de actuar en la pantalla, igualmente que Charlie Chaplin por sus graciosas payasadas.

La llegada de cualquiera de ellos a una ciudad es preparada de antemano con párrafos cuidadosamente presentados por la prensa y arduamente va creciendo la intensidad de la propaganda día a día conforme la hora de su llegada se acerca. Con anticipación se envía saludos a la nación de donde proviene la heroína o aún su marido, y la hora y lugar de llegada se anuncian con profusión llegando a la cúspide del anuncio cuando la multitud surge en la estación para recibirla.

No se hace esto con un actor por bueno que sea, pero si se pregunta a alguien de entre la multitud por qué lo hace, ni uno entre mil podría contestar.

Sin embargo en la misma ciudad, por la misma estación de ferrocarril llegan soldados y marinos que regresan del infierno, que han peleado por nosotros y para salvar a su país; pero a éstos se les deja pasar inadvertidos prácticamente, sin una palabra de aprecio.

No digo que el pueblo haya perdido su buen corazón y su buena voluntad, pero condeno el hecho de que con tanta facilidad los anuncios de prensa los puedan llevar a donde quieran.


El verdadero deporte.
Después de leer lo anterior se me considerará un terrible enemigo del deporte. Hace algunos años las peleas de toros y perros fueron prohibidas por petición hecha al Parlamento por algunas personas. Los que se oponían más tarde confesaron que lo hicieron no tanto por la crueldad con el toro, sino porque les causaba disgusto ver que otras personas se divertían viendo este espectáculo.

Pues bien, se pensará que algo por el estilo me pasa a mí pero no es exacto, yo gozaba con el deporte verdadero y todavía gozo con él como cualquier otra persona y quizás más que muchas otras.

Más que cualquier deporte, me gusta ver a la gente divertirse y entre más son las personas que se divierten, me siento más feliz.

Pero sucede que un buen número de personas se apartan del camino imaginando que se dedican al verdadero deporte y solamente se están dejando engañar por los traficantes que, con el nombre de deporte, arreglan espectáculos con qué llenar sus bolsillos.

No me cabe duda de que yo mismo habría perdido mucho calcular las probabilidades que hubiera yo tenido de ganar si hubiera yo apostado.

Sin embargo "el que una vez ha sido mordido, ya es precavido". Nunca me olvidaré que cuando era niño hice una vez una apuesta en la escuela y perdí. Me temo que estoy descubriendo mi edad al decir que tal apuesta fue a un caballo llamado Pax que corría a beneficio de la ciudad y sus suburbios. Le aposté 18 peniques y me arruiné con ello, pero ahí terminó mi afición por las carreras y sus apuestas. Por otra parte, amaba las carreras de aficionados en las que conocía tanto a los caballos como a sus jinetes y más aún, cuando en la carrera tomaba parte algún caballo amaestrado y montado por mí. Esto es algo bien diferente de ser un simple espectador en una carrera de caballos desconocidos o en apostar desde casa sentado cómodamente en un sillón. Lo primero es deporte activo, no una forma pasiva de gastar el dinero.

Así también jugaba al fútbol en el equipo de mi escuela y amaba el juego, y todavía gusto de presenciar un buen partido entre aficionados, pero me parece una diversión diferente el sentarse a ver y oír a la enorme multitud de espectadores gritando con frenesí histérico amplificado principalmente de acuerdo con cl mayor o menor peligro que corren sus apuestas.

¿Qué cosa es deporte? Para mi es el juego activo de un individuo no el formar simplemente parte de los espectadores o que el juego lo practique alguno mediante una paga.

Como jugador del golf, por ejemplo, yo no emplearía un "caddy" para que me llevara los palos, quizás es que no me puedo dar el lujo de pagar cuotas modernas; quizás sea que considero que mi lenguaje puede sorprenderle: quizás sea que le tengo miedo a la critica de mis errores, o quizás sea que no me gusta estimular a los muchachos a que hagan trabajos sin finalidad; pero mi objeción original es que yo prefiero hacer las cosas por mí mismo y no que otros las hagan por mí. Me sucede lo mismo cuando acecho a un gamo o pesco un salmón, no me gusta que un vago lo haga por mí. Ni siquiera permito que otros me corten el cabello, me lo corto yo mismo, y eso haré mientras me quede algo de éste.
COMO DIVERTIRSE Y GANAR DINERO HONRADAMENTE.
Vosotros diréis: "criticar el ver un deporte es más divertido; pero...

¿Qué hará una persona de su tiempo desocupado?

¿Cómo ganará dinero?

¿Cómo ha de divertirse si no va a las carreras o al fútbol?"

Bien, es casi la solución de un acertijo el tratar de formar un programa que se adapte a todo joven ya sea rico o pobre, o de mediana posición, y que viva en la ciudad o en el campo. Que se desarrolla en invierno o en verano, a solas o en compañía, en un salón o al aire libre, de día o de noche. ¿Podríais vosotros formular tal programa?.

Creo que no, pero he aquí en principio una sugerencia que puede ser útil.

El secreto es tener por divisa estas palabras: No haraganear.

El bogar sobre un mar calmado no tiene interés, pero el hacerlo impulsado por una suave brisa con el mar un poco alborotado y teniendo que enfrentarse a las olas una tras otra, eso ya es diferente.

Remando uno para si en la vida, encuentra alegría al enfrentarse constantemente a una nueva ola de trabajo y actividad.
Así pues, la pregunta de qué hacer | Mi sugerencia, es dedicarse a

con respecto a | VERDADERO DEPORTE Y AFICIONES

TIEMPO DESOCUPADO. | PROFESION ADECUADA Y AHORRO.

DINERO. | SERVICIO AL PROJIMO.

FELICIDAD. |

Deporte.


Por verdadero deporte entiendo cualquier clase de juego o actividad que le hace a uno trabajar y que puede uno practicar por sí mismo y no simplemente verlo. Bien sé que los campos de recreo son pocos y no pueden dar acomodo a todos los individuos que desean jugar; sin embargo, hay en ellos lugar para muchos miles más de los que actualmente lo hacen; además hay muchos campos de recreo de una naturaleza diferente de los cuales, hasta ahora, se ha hecho muy poco uso. Yo podría sugerir muchos juegos con una u otra característica, y sin embargo, que no se adaptan a todo el mundo. Lo principal es que uno busque para sí mismo, el deporte que más se ajuste a las condiciones y ambiente en que uno se encuentra.

Pero si tal cosa no es posible, puedo sugerir uno que por lo menos llena las condiciones arriba señaladas y que describiré en el último capítulo sobre Roverismo.


Un verdadero deporte.
Bajo el título de verdadero deporte que se adapta a todos por igual y que no es costoso, está el montañismo.

¿Montañismo? Sí, este deporte puede practicarse en cualquier parte del mundo".

Pues bien, vosotros lo podéis practicar y yo os voy a mostrar cómo hacerlo. El subir a una montaña de 5.000 metros de altura es una hazaña gloriosa, pero no todo el tiempo estaréis en trances difíciles, las dificultades que ponen a prueba las facultades de ascensión, de las manos a los pies, sólo se presentan de vez en cuando. Si os despeñáis, ahí iréis a parar a una profundidad de 500 o 1.000 metros. Pero una caída similar la podríais encontrar tratando de ascender por una roca igualmente difícil cerca de vuestra casa en vuestra propia vecindad. Podréis obtener la misma emoción ascendiendo a una montaña pequeña en la que se requiera igual valor, la misma resistencia, la misma habilidad y la misma camaradería para ayudaros con la cuerda.
Everest siempre ascendiendo, sin descanso. (Epígrafe de dibujo).
Al mismo tiempo el montañismo es una práctica peligrosa si no se cuenta con un adiestramiento cuidadoso y un guía experimentado que le conduzca a uno.

"No es la altura de la montaña lo que cuenta, sino el pedazo difícil que hay que vencer". Esto es lo que el General Bruce, jefe de la expedición del Monte Everest me dijo al discutir las posibilidades de la ascensión de los jóvenes a las montañas de las Islas Británicas. Lo sorprendente de este deporte es que no sea más conocido y practicado. Esto principalmente se debe a que la mayoría de las personas ignora que puede efectuarse casi en cualquier parte del mundo.

Donde quiera que hay una montaña se puede conseguir un grupo de rocas, canteras o arrecifes. Todos los cuales proporcionan una espléndida práctica para un grupo de tres o cuatro montañistas que posean un cable. Ocasionalmente se oirá decir que alguna persona ha hecho una ascensión sola, como es el caso de mi pequeña excursión en los Andes descrita en las páginas siguientes, pero eso es indebido. Hacerlo una vez basta para adquirir confianza en sí mismo, pero no conviene estar solo y desvalido en caso de caída o torcedura. Las ascensiones deberían, y de hecho debe hacerse por equipos, y solamente así son buenas. Cada hombre debe ser eficiente con el cable, de tal manera que pueda prestar ayuda a los demás. Esto en sí mismo, constituye una magnífica lección práctica.

El montañismo es la mejor forma posible de desarrollar físicamente los nervios, los músculos y la resistencia. Un buen ascensor de roca no puede ser débil. Además este deporte es muy atractivo.

Exige observación, tanto por lo que respecta a la topografía del lugar como a los recursos de que hay que valerse.

Una vez acompañé a las tropas alpinistas italianas que estaban de campaña en lo alto de los Alpes. A esos hombres se les adiestra perfectamente en trabajo de montaña reclutándoseles por entero de entre los habitantes. Descubrimos al enemigo en las grandes laderas cubiertas de nieve al otro lado de la cañada a unos 800 metros de profundidad y a 3 ó 4 kilómetros de distancia. A los oficiales se les indicó el plan general de ataque; y se distribuyeron a intervalos en una larga fila donde se sentaron a observar las laderas y rocas opuestas. Por medio de sus anteojos estudiaron cuidadosamente, cada uno de ellos buscando el lugar adecuado por donde su destacamento debería ascender. Y tomando nota de las señales que les deberían servir de guía en su ascenso.

El seleccionar el camino que va a seguirle en la ascensión y encontrado conforme se asciende, es lo que da variedad e interés inagotables a este ejercicio, ayuda a obtener éxito o ser simplemente un ascensor mediano, según se sea, más o menos buen observador.

También existe un efecto moral en aprender a enfrentarse a las dificultades de la vida con igual espíritu y constancia, ensayando diferentes caminos, rodeando o pasando por encima de los obstáculos para llegar a la meta.

Por último está el alma, cosa curiosa, que ésta se encuentre en una ascensión de rocas, sin embargo, ahí está.

Conforme meditéis saturáos profundamente de la maravillosa inspiración que aquel panorama os brinda.

Y así, cuando regreséis de nuevo a la tierra, encontraréis que sois diferentes en cuerpo, en mente y en espíritu.

Subid en grupo, pero cuando lleguéis a una cima gloriosa que domine un vasto panorama, sentáos solos aparte y meditad, meditad siempre.


Las aficiones y su valor.
Encuentro que el hábito de hacer uno las cosas por si mismo, crece en uno y se extiende a todas las ramas de su ocupación cotidiana. Una regla muy eficaz es esta: "Si deseáis que una cosa se haga, hacedla vosotros mismos", y esto debe constituir para vosotros la orden del día.

Aún los pequeños quehaceres de la casa despiertan interés y enseñan multitud de cosas.

Después de un poco de práctica, ya da uno en el clavo con el martillo en vez de darse sobre el pulgar, y pronto se adquiere habilidad con los dedos tratando de arreglar la instalación eléctrica.
Tened una afición cualquiera que ella sea.
Cuando la primera guerra nos privó de nuestros abastecimientos de verduras y frutas, nos bajo la bendición de enseñarnos a muchos cómo cuidar un jardín y cultivar nuestros propios alimentos. El racionamiento ha causado más perjuicio a las cantinas que cualquier ley dada por el Parlamento sobre temperancia y al mismo tiempo ha proporcionado mayor bienestar, salud y alegría, que cualesquiera leyes sobre sanidad o política. Un jardín propio constituye una gran afición para cualquier hombre, y la mejor cura de descanso que un trabajador puede tener. Para muchos constituye el primer gusto real de vida al aire libre, proporcionándoles su introducción a la materia de cómo cultivar plantas y cómo evitar plagas: constituye un estudio de la Naturaleza.

Es una inclinación de todo muchacho el tratar de hacer las cosas por propia mano, pero muchos hombres pierden esta atracción conforme crecen, mas si conservan el gusto por esa forma natural de autoexpresión y de satisfacción del deseo natural de producir, esto se convierte en un hábito que en más de una ocasión ha llenado una vida inútil. Un hombre con aficiones nunca dispone de tiempo para desperdiciar, nunca tiene tiempo para aburrirse y no es fácilmente llevado a otra clase de atracciones tan anunciadas en la prensa. Las aficiones constituyen para él una salvaguardia.

Las aficiones y los trabajos manuales conducen a la destreza, ya que el hombre pone en ellas todo su pensamiento y toda su energía sobrante al tratar de ejecutar alguna obra, y no puede menos que desarrollar en forma considerable la perfección en su trabajo; y cuando el cerebro dirige las manos, la imaginación y os recursos resaltar, de ahí que una afición puede convertir al que la tiene en un inventor.

Cuando uno pasa la vista alrededor de su cuarto, de su oficina, de su taller, encuentra centenares de artículos que son el resultado de un invento hecho por algún hombre. Así pues, si uno tiene aficiones, está dentro de sus facultades el poder desarrollar algún invento que no solamente le puede ayudar monetariamente, sino que es una bendición para sus semejantes.

Con frecuencia también, por la práctica de aficiones, un hombre encuentra una que, aunque totalmente aparte de su actual profesión, puede ser aquella para la cual la Naturaleza lo había dotado mejor y pronto le demuestra que esta nueva línea es la verdadera carrera que él debe seguir y si antes él era una cuña redonda en un agujero cuadrado, ahora el agujero se habrá convertido en redondo y la cuña ajustará con perfección.

Pero de cualquier manera con mucha frecuencia, si no generalmente, las aficiones pueden producir dinero cuando uno lo necesita y si yo no abogo por conseguir dinero por el solo hecho de tenerlo, sí reconozco ampliamente la necesidad de contar con cierta cantidad de éste que le permita a uno ser independiente y no una carga para los demás.

En un viejo libro de cacería titulado Jorrocks, se describe a cierto personaje "Jogglebury Crowdy", cuya gran afición era cortar varas en matorrales y bosques para convertirlos en bastones. Yo también poseo esa afición entre otras muchas y aun cuando no parece ser muy emocionante, sin embargo, cuando uno la practica es lo suficientemente atractiva para llevarlo a uno kilómetro tras kilómetro tratando de conseguir una buena vara en vez de hacer la caminata aburriéndose soberanamente, y la satisfacción de conseguir una de estas ramas, enderezarla, curarla y hacer de ella un buen bastón, es en verdad grande. Hago mención de esto, solamente para demostrar cómo la más sencilla de las aficiones, una que todo el mundo puede practicar, tiene su atractivo.
La afición de cortar varas en los matorrales y bosques para convertirlas en Horquetas es lo suficientemente atractiva para llevarlo a uno kilómetro tras kilómetro tratando de conseguir una buena vara, enderezarla, curarla y hacer de ella una buena Horquilla Rover.
Más aún: tiene un valor retributivo, y más de un muchacho conozco yo que, habiéndose aficionado por esta clase de trabajo, puede ganarse honestamente con él, buenos pesos.

Pero un hombre que descubre su afición particular, puede con frecuencia obtener de ello buenas utilidades y así, en vez de tratar lo imposible, o sea hacer dinero por medio de apuestas, puede seguir una línea segura de obtenerlo con igual atractivo. Y el dinero ganado por el esfuerzo propio, es mucho más dulce que el que se le ha sacado a algún prójimo.

Aparte de las aficiones que producen dinero, hay multitud de ellas entre las cuales se puede escoger una que se adapte más al gusto de uno.

La música, la pintura, la escultura y el drama son cosas fáciles para personas que viven en la ciudad y no hay necesidad de andar de ocioso habiendo multitud de galerías municipales, museos, salas de concierto. etc.

Pero no es solamente la diversión pasiva que se encuentra en ellas lo que yo recomiendo, es la propia expresión activa lo que cuenta.




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