Roverismo hacia el éxito



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El trabajo en la Gran Bretaña.
En la Gran Bretaña los trabajadores, además de constituir un partido político, se han podido levantar por sus propios méritos hasta formar una institución nacional dirigida exclusivamente por hombres sinceros y con visión del futuro. Sus miembros se han visto obstaculizados por los extremistas que, como chacales han andado aullando a su alrededor tratando de recurrir a métodos más violentos. Pero son británicos, y este es el punto que los chacales, procedentes en su mayor parte de otros países, no entienden.

Hoy en día se estimula seriamente la educación en las generaciones venideras, por la necesidad existente de que éstas tengan por igual instrucción y carácter, si es que la mayoría de la población ha de poder gozar de la vida.

Por fortuna los jefes socialistas, lo mismo que los que encabezan a los trabajadores, se dan perfecta cuenta de esto, como se la dan todos aquellos que en alguna forma han trabajado por su país y por sus conciudadanos. Cualesquiera que sean sus diferencias, todos están de acuerdo en este punto y todos lo consideran de primera importancia: Que la educación conduce a la ciudadanía.

Esto ya se está alcanzando gracias a la mutua buena voluntad y cooperación, dos cualidades en la clave de la prosperidad y la paz futura de nuestro pueblo.

Sin embargo no está bien sentarse a esperar a que las universidades vengan hasta uno o esperar que la universidad lo haga todo cuando haya venido hasta uno. Cada individuo por sí mismo puede adquirir una educación considerable, si se decide a conquistarla.

De aquí el que haya escrito este libro.


El cuclillo ambicioso.
Como ya lo he dicho, además del peligro de ser absorbido por los rimbombantes oradores, existe el peligro de convertirse en uno de ellos.

Este grupo de hombres, mientras son jóvenes, se creen la gran cosa como políticos, poetas, pensadores, oradores, artistas y otras cosas por el estilo. Yo también fui un real cuclillo: lo mismo que ellos, deseaba convertirme ya fuera en un socialista de hueso colorado o en un devoto misionero, y por de pronto usaba una corbata verde con rayas rojas.

En el libro Enchanter's Nightshade que hay que leer si a uno le gustan las historietas sobre la filosofía de la diversión, que entraña una deliciosa excursión a pie, escrito por J. B. Morton, dice lo siguiente respecto de un turista que entra, en contacto en el camino, con un agente viajero de comercio. El A. V. dice: "Estoy contento con mi trabajo, representa algo más que el estar gritando y alabando la mercancía en una tienda del mercado. La tienda misma es algunas veces digna de verse. Yo viejo mucho, veo nuevos lugares y entro en contacto con muchas personas... No deseo estar atado dentro de una jaula para hacer mi trabajo. Soy un viajero y con frecuencia me olvido de la parte comercial. Algún día me despedirán, y entonces probablemente tocaré el piano en algún teatro. No tengo ambiciones. Todo lo que deseo es conocer la vida y vivirla hasta cierto punto".
"La ambición es una bendición mixta", afirmó el turista. "¿Tenéis ambiciones? preguntó el A.V."

"Sí las tengo, respondió el turista. También las tienen mis compañeros. Todos deseamos hacernos de un nombre escribiendo".

El A. V. sonrió como lo haría un padre ante un niño listo.

"Eso es solamente una frase, respondió. Ya la he pasado. Me creí Paderewski; usé el pelo largo, jamás me cortaba las uñas: tenía hambre; leía libros morbosos, suspiraba de amor. Pero ya sobrepasé esa etapa conforme me he ido haciendo viejo".

"¿Y ahora es usted feliz?".

"Si lo soy".

Y tenía razón. Un hombre, con la poca ambición de hacerse famoso o sobresalir, está poniéndose él mismo en el camino de la desilusión, combinada con la envidia, el odio y la malicia contra aquellos que le saquen ventaja en la carrera.

La ambición de hacer el bien es la única ambición que cuenta y que ayuda a obtener la felicidad.

Pero la ambición personal de que lo piensen a uno grande o excepcional, solamente crea pedantes.

Por ejemplo, no es difícil convertirse en un pintor futurista. Todo lo que hay que hacer es conseguirse una colección de colores fuertes, tener un dejo de locura, y combina estas dos cosas en una tela. Pero si se es un poco cuerdo, no se puede conservar esa actitud por mucho tiempo. A poco hastía.


Falta de humorismo.
G. K. Chesterton señaló el hecho de que el promedio de los cuclillos no tiene sentido de humorismo.

"Pocas personas", dijo, parecen entender lo fantástico cuando se usa con lógica sobre el principio de la reductio ad absurdum. Por ejemplo, un hombre dice que no debe existir la propiedad privada de ninguna clase, que no hay nada que un hombre posea que no deba ser compartido con los demás. Pero si uno le dice: "magnífico, ponga usted en práctica su propuesta comunista con su cepillo de dientes o sus pantalones; entonces contesta que no hay que introducir la burla en la discusión. Pero habría que contestarle que es él el que ha dicho un absurdo, el que ha hecho una broma, pero que la diferencia está en que uno puede ver la broma y él no.

No hay que pensar que yo he puesto este ejemplo sencillamente para indicar cierto partidismo en política u otros asuntos. Los mismos absurdos se dicen del lado reaccionario. Por ejemplo, cuando el compañero común y corriente en el club o en la profesión, le dice a uno con toda seriedad, como una vez un caballero me dijo en un club: "Yo siempre combato al enemigo con sus propias armas", a lo que le repliqué: "Cuánto tiempo le toma a usted para picar a una avispa? o ¿A qué saben los caníbales? o alguna otra cosa por el estilo. En tales circunstancias el colega del club dirá que eso es fantasía, pero de hecho el fantástico es él".
Falta de reverencia.
En The Times del 18 de febrero de 1922, "Lord Morley se lamenta de la decadencia que padece la reverencia en la democracia moderna y Lord Bryce en un trabajo recientemente publicado, expresa la misma ansiedad, aun cuando él cree que la reverencia resucitará en el futuro. Esperamos que así sea. La petulancia, la vanidad y el cinismo hacen a los hombres egoístas y desdeñosos. Se preguntan: ¿Quién nos podrá enseñar algo bueno? y no pudiendo encontrar una respuesta en sus cerebros, dejan de creer en la bondad. Cuando esto acontece, la reverencia desaparece y con ella toda esperanza de progreso moral o espiritual, queda destruida". El cuclillo tiene respeto por las ideas de los demás.

Yo estoy de acuerdo con Lord Bryce, la reverencia puede revivir, estoy convencido que la harán revivir aquellos jóvenes que ahora empiezan a vivir. Os toca a vosotros resucitarla.


Toca ahora su turno a los "snobs".
El snobismo es la causa del presente desasosiego social que está dañando a las naciones.

Vosotros los jóvenes podéis detenerlo si os lo proponéis.

Toca a los mejores individuos - a vosotros que habéis tenido la suerte de ser mejor educados - tender la mano de la amistad y de la buena voluntad a los menos afortunados de vuestros hermanos. Si vosotros sois caballeros - como decís serlo - seguramente lo haréis así. Me siento felíz en verdad de creer que las mejores escuelas públicas y universidades están desarrollando ya este programa, no como una condescendencia, sino como hermanos, hombres, conciudadanos.

Los hermanos mayores así lo hicieron durante la guerra para salvar el país: hicieron sacrificios comunes y los oficiales y soldados fueron camaradas entre sí.

Y vosotros jóvenes menos afortunados pensaréis muy poco de vosotros mismos si otro equipo tuviera la suerte de ganaros en un juego y vosotros os disgustaréis con ellos y los maltratarais. No haríais eso sería muy poco deportista. No seáis, pues, malos deportistas en el caso de un compañero que ha tenido la s suerte de tener más dinero que vosotros.

De cualquier manera es vuestro conciudadano, y un hombre como vosotros. También es sano de corazón.

Parodiando a Chevalier:

"Cuando uno llega a conocerle, se da cuenta que es bueno, pero primero hay que conocerle".

Cuando se juega fútbol de hombre a hombre, todo el equipo vestido de igual manera, todos cubiertos de lodo de pies a cabeza, no hay mucha diferencia entre cualquiera de sus componentes.

Vuestros hermanos mayores, ricos o pobres, de cuna alta a baja, por igual se llenaban de loco en las trincheras en la última guerra, por igual compartían los horrores, los peligros y la muerte y ni aun ésta los separaba.

Así pues toca a vosotros los jóvenes de la nueva generación, pobres o ricos, continuar esa camaradería siendo buenos amigos. Si así lo hacéis conservaréis vuestro viejo país, que ellos salvaron para nosotros.

Antiguamente, a un individuo que no había tenido la oportunidad de recibir la educación de la escuela pública, se le veía con menosprecio por aquellos que sí habían tenido esa oportunidad.

Pero creo que en la generación actual, los muchachos de las escuelas públicas, son menos "snobs" en este sentido de lo que éramos los muchachos de mi tiempo.

Las escuelas públicas ahora, tienen establecidos clubes sociales y atléticos para beneficio de los menos afortunados y tratan de desarrollar un mejor conocimiento personal entre los miembros de esos clubes; y entre más lo hagan así mejor será para las dos partes y para el país.

No basta que les otorguen la suscripción, es necesario que también les otorguen la amistad. Este paso debe ser considerado por los encargados, como punto de una importancia en la educación que se imparte hoy día en las escuelas públicas.

Todo joven deberá considerarlo como parte de la tarea del servicio a la comunidad a que él está obligado.

La buena voluntad y la cooperación, por parte de los ricos y los pobres por igual, como ya lo he dicho en otra ocasión, es la clave de la prosperidad de todos y la paz del país.
El elemento humano.
Una vez llevé conmigo a un elegante joven oficial de los Llfe Guards a los alrededores del Sudeste de Londres, para mostrarle el lado opuesto de la vida de los salones y los clubes. Cuando joven, en mi oficio de plomero, había conocido algo de esta vida y pensé que verle podría serle educativo.

Y aquella visita resultó educativa para mí. Desde luego me dio gusto ver que no era tan snob que se hubiera presentado con sus acostumbradas polainas, todo engomado, y cuando llegamos a algo así como un club, de los que no conocía ahí, tomó una pipa vieja, ordenó cerveza y en unos cuantos minutos ya estaba rodeado de varios individuos que a carcajadas celebraban los cuentos que les refería.

Más tarde, camino a nuestra casa, me perdí en aquel laberinto de callejuelas, y confesé al fin que me era imposible dar con el puente de Waterloo, inmediatamente él se puso al frente diciendo: "Por esta callejuela".

Entonces comprendí que mi amigo estaba acostumbrado a frecuentar aquellos lugares. Contaba con camaradas por aquellos rumbos, tanto como los tenia en los círculos de "sociedad".

Sabía apreciar a la gente por lo que varía y no por lo que vestía.

No era condescendencia, era simple y sencillamente sentido humano. Y eso es "buena medicina" para cualquiera de nosotros, como dicen los pieles roja.

"Las personas superiores" parecen pensar con frecuencia que si un hombre proviene de una esfera social distinta a la de ellas, no tiene corazón, A esta clase de "personas superiores" es a las que yo llamo "snobs".
El pedante extremista.
Un pedante extremista, es una persona que se deja llevar al "extremismo". Por extremismo quiero decir aquello que uno externa pensando que es una idea brillante, pero que en realidad, no es el resultado ni del conocimiento, ni de la experiencia.

Podrá ser un discurso, una poesía, o un escrito en prosa. La expresión de los sentimientos que es una cosa buena, pero cuando se lleva al extremismo, generalmente se sube a la cabeza y la infla.

Muchos jóvenes, cuando llegan a los 22 años, prácticamente creen que lo saben todo y quieren que los demás crean que así es.

Cuando llegan a los 30 años, entonces se dan cuenta que todavía hay una o dos cosas más que tienen que aprender y a los cuarenta están muy ocupados aprendiendo (Yo tengo 73 años y todavía estoy aprendiendo).

Los políticos, especialmente los de ideas extremistas, generalmente desilusionan a sus partidarios originales conforme se van volviendo viejos. La razón de esto es que, conforme pasa el tiempo, van aprendiendo muchas cosas, se amplían sus puntos de vista con la experiencia, y llegan a la conclusión de que hay más de un punto de vista sobre cualquier asunto.

Cuando yo era joven, solía tener maravillosas ideas y las escribía con un fervor poético que consideraba inspiración. Palabras que no varían nada cuando las leí después. Ahora he recibido una carta de ocho páginas, de cierto joven que, evidentemente, pasa por aquel mismo estado de mente. Habla de... bueno es difícil saber de qué cosa habla, cuando dice lo siguiente: "Individuos como yo sufren porque vieron en el espíritu del Escultismo una religión y una poesía más dinámica que miles de sermones de oro, promesas y leyes, y porque deseaban ir tras ellas al través de los valles de espinas de la conveniencia y a través de los mares de la intolerancia y de la falta de imaginación que van y vienen de una a otra playa en la psicología ordinaria de las multitudes".

¡ Precioso!

Esto me recuerda al gran poeta Browning. Cuando se le preguntó qué era lo que exactamente había intentado decir en uno de sus primeros poemas, contestó: "Cuando escribí ese poema, seguramente sabía yo qué significaba, y Dios también lo sabía.

"Ahora sólo Dios lo sabe".

Una vez escuché a un oficial del Ejército de Salvación dar consejo a un grupo de emigrantes que estaban a punto de embarcarse para los Dominios de Ultramar. Decía: "Antes de que pasen muchas semanas, después de haber llegado a vuestro destierro, estaréis enseñando a aquella gente cómo desempeñar mejor sus trabajos, y escribiréis a vuestras casas para decir a los vuestros, que jamás habíais visto un país tan dejado de la mano de Dios, y gente tan desgraciada".

"Mi consejo es que escribáis la carta, pero no la pongáis en el correo sino seis meses después, y antes de hacerlo, abridla y os daréis cuenta de la cantidad de disparates que habíais escrito y quedaréis agradecidos de no haberla enviado".

Pienso que este mismo consejo puede ser útil a multitud de jóvenes que entran en el mundo, parece que con el solo objeto de escribir sobre ideas extremistas y que si las guardaran por unos años, y las volvieran a leer después, indudablemente que romperían lo escrito, antes que nadie lo hubiera visto.

Lo prudente es aprender primero y después dar rienda suelta al pensamiento, haciéndolo así, sobre bases firmes para no tener que arrepentirse más tarde o que romper lo escrito.
AUTOEDUCACIÓN.
La autoeducación es la salvaguarda contra el charlatanismo.
En los párrafos anteriores he tratado de demostrar cuál es el escollo de la charlatanería, es decir, el escollo de ser conducido por mal camino, por el mal llamado persuasivo del charlatán 0 convirtiéndose uno mismo en charlatán.

Enseguida voy a decir cómo puede sortearse este escollo.

La educación es la gran salvaguarda.

Por educación no quiero decir un título académico elevado, sino la educación de la mente y del alma. La primera permite sortear el peligro, la segunda lo eleva a uno sobre él. Si uno amplía su pensamiento obteniendo conocimientos más vastos por medio de los viajes y la lectura, aprendiendo de la experiencia de otros, del estudio de la Naturaleza, uno está a salvo de la insidia de los charlatanes: y si uno fortalece su alma con ideales elevados, amor al prójimo, buena voluntad y servicio, jamás podrá llegar a ser un charlatán o un presuntuoso como les llaman en América, y encontrará que se siente mejor y más feliz.

Un pedante lo es generalmente porque piensa que lo sabe todo, cuando en realidad le falta mucho que aprender. Trata de exhibirse como más inteligente que el esto de las gentes basándose en su ignorancia. El filósofo Bacon, dijo ya hace tiempo: "Nada hace más daño al Estado que un tonto pasando por listo".

Entre más viejo y más listo va uno siendo, se le quita a uno lo tonto y más desea uno aprender. Hay que principiar por adquirir conocimientos y experiencia, los que más tarde uno puede pasar a sus semejantes.

Cuando uno sale de la escuela, ha sido adiestrado, con el resto de su clase o de la multitud para una norma general; pero después de salir de la escuela, algunos hombres se destacar, mientras la mayor parte se pierden en el anonimato y otros se hunden en el arroyo.

El éxito o el fracaso depende mucho del esfuerzo propio. Las personas que aprovechar sus conocimientos de la escuela para educarse a sí mismos, son los que triunfan. Es aquí donde los libros y las conferencias resultan una gran ayuda.

Pero Ralph Parlette ha dicho: "Si yo fuera a distribuir boletos gratis para una conferencia a las personas que van por la calle, lo mismo podría decirles "Viruelas" que "Conferencia". No tienen lugar donde acomodar una conferencia. No quieren pensar, siguen a su nariz por la vida y siempre hay alguien que les guía ésta. La amenaza de la democracia son los hombres que no piensan por sí mismos y que jamás aprenden a pensar bien, como aprenden a andar bien.

"El mundo puede estar para la democracia, pero la democracia nunca estará segura para el mundo hasta que los perezosos mentales se corrijan".

Hay perezosos y despilfarrados mentales tanto como existen despilfarrados físicos, personas que se dejan guiar por los periódicos de escándalo, por los oradores persuasivos, por la literatura barata y por el cine.
Libros y cómo leerlos.
Ya he dicho que los viajes, la lectura y el estudio de la Naturaleza, son las partes que constituyen la autoeducación. Tomemos por ejemplo, la lectura. Los libros de que uno puede disponer tienen un poder mágico; mientras otros están apurándose y pierden la cabeza haciendo proyectos políticos y recibiendo desilusiones, la persona afecta a la lectura está sentada satisfecha con lo que tiene. En cualquier momento puede uno, en alas de la imaginación, remontarse a países lejanos con historia, tener a su disposición las maravillas de la ciencia, divertirse con buenas historietas o acercarse a la belleza por medio de la poesía.

Los libros son los mejores amigos que uno puede tener. Uno escoge los que le gustar, puede uno depender de ellos siempre, le ayudan a uno en su trabajo, en sus horas de descanso, y en sus penas. Siempre los tiene uno a mano dentro de su propia casa, a la cabecera de su cama.

No son muy costosos, especialmente si se van comprando poco a poco hasta formar una colección. Pero si esto no se puede, siempre hay una biblioteca pública a la que recurrir y en la que conseguir un libro sin costo alguno.

Sin embargo, los libros propios son los mejores amigos y compañeros. Jamás hay que comprar un libro porque es barato. Los libros baratos, con frecuencia, son libros malos. Siempre hay que adquirir lo mejor.

Cuando uno está acostumbrado a leer ya sabe cuáles son los libros que le gustar. Pero si no ha leído muchos, he aquí un consejo, comenzad desde luego, esto nunca os pesará, y principiad con algo que os interese.

Si se trata de instrucción, la enciclopedia tomada de una biblioteca pública, como dice el profesor Adams, es una buena ayuda para dar idea de un asunto y generalmente proporciona los nombres de otros libros que existen sobre aquella materia en particular. Si se trata de leer por diversión, no hay equivocación principiando por libro como La Isla del Tesoro, de Robert L. Stevenson o las obras de Julio Verne. Estas y las de Shakespeare proporcionan buena lectura, ya sea como diversión e instrucción. El Bosque, de Stewart White y The Friendly Road de Grayson, son libros deliciosos relativos al Roverismo.

Pero al leer no hay que hacerlo superficialmente y si se estudia cuando se lee, es decir, si uno se preocupa de veras por lo que se lee, se le quedará a uno grabado por mucho tiempo y le será mucho más útil al final.

Si se lee con intención de recordar, se recordará.

He aquí un consejo de Bacon: "Leed no para contradecir o computar; tampoco para Creer o Aceptar sin discusión; ni para Hablar o hacer Discursos sino para Pensar y Considerar. Algunos Libros hay que Gustarlos, Otros hay que Tragarlos, Algunos Pocos hay que Masticarlos y Digerirlos...

"La Lectura hace a un Hombre Completo, las Conferencias hacen a un Hombre Preparado, la Escritura hace a un Hombre Exacto. . .

Si un Hombre Lee poco, sigue siendo Ladino y creyendo que sabe lo que no sabe".

He encontrado muy útil anotar en mi diario cualquier cosa buena que oiga o lea durante el día. Algunas personas hoy día hacen esto mismo en un índice alfabético de tarjetas, siéndoles más fácil encontrar cualquier asunto por la letra del alfabeto.

De cualquier modo sale bien, después de haber guardado lo más que sea posible de buen material en el cerebro, hacer unas cuantas notes escritas como recordatorio.

Pero leer sin objeto no es bueno, hay que equilibrar los conocimientos literarios con los conocimientos prácticos del mundo, de los hombres y de las cosas. Los viajes son una gran ayuda en este sentido; pero un hombre observador, sistemático puede obtener tantos conocimientos de sus semejantes en el trayecto de un kilómetro como un atolondrado en el de mil.


El provecho de viajar.
Caminaba una vez por los muelles de Southampton cuando llegó hasta mí el olor de especias y café que partía de una de las bodegas del desembarcadero. Me sentí impelido a entrar a investigar su origen. El bodeguero me informó que era carga de Montevideo traída por los barcos de Río de Janeiro y La Plata, lo que hizo que mi imaginación volara instantáneamente a un gran libro que había leído en mi juventud, el "Voyage of the Adventure and Beagle", ¡La tentación era demasiado grande! Ahí mismo tomé boleto para la América del Sur, aun cuando para hacerlo tuve que pedir prestado.

Unas cuantas semanas más tarde ya estaba en camino. El viaje, la variedad de caracteres a bordo, los nuevos países que visité, lo que pude ver de aquellas gentes desconocidas y la nueva atmósfera, todo acoplado con la visita de las enormes pampas y de los gloriosos Andes, amplió mi mente, dándome nuevas ideas. En unas cuantas semanas adquirí conocimientos que de otra manera solamente habría adquirido por medio de años de estudio.

Aun cuando no se pueda ir de viaje, hay mucho que ver en el propio país, y muchos aspectos de la vida que investigar, aun cuando sólo se viaje en bicicleta o se camine a pie. En su propia ciudad en la propia vecindad, si uno no puede ir más lejos, habrá alguna reliquia histórica o algún lugar o alguna persona que valga la pena visitar o cuyas experiencias deben ser escuchadas. Pero los viajes de esta naturaleza, llevados al cabo con el deseo de observar e investigar todo lo que se pueda con respecto a las personas y las cosas, constituyen un paso inestimable hacia la autoeducación. Davil Grayson en The Friendly Road, dice cómo abandonó su hacienda para hacer una excursión a pie, sin dinero y sin un plan decidido, con el solo objeto de impregnarse de las bellezas de la campiña y de conocer a otras gentes para investigar la bondad de ellas. Y sucedió que pudo observar gran valor en el pastor de la aldea, conmiseración y sencillez en un millonario, espíritu despierto en un agricultor sin esperanzas, y amplia visión en un orador socialista.

Menciono este libro no solamente por su encanto e interés sino porque esta aventura del autor da con precisión un ejemplo de lo que cualquiera puede hacer si tiene deseos de educarse a sí mismo por el método de las excursiones. Es éste un método asequible a cualquiera, como lo es el libro, que no está fuera del alcance de la mayoría,

He conocido también otro sistema para promover la autoeducación, que utilizan los estudiantes de las Universidades del Canadá y Estados Unidos. Los jóvenes que no tienen la bendición de contar con suficiente dinero que les permita pagar sus colegiaturas, no dejan que esto sea motivo suficiente para perder la esperanza de obtener una educación universitaria, y durante las vacaciones de verano toman puestos de meseros a bordo de los vapores que hacen la travesía en el Río, ganando de esta manera suficiente dinero para cubrir los gastos del año escolar y al mismo tiempo aumentan sus conocimientos de los hombres y de las cosas, ocupando su tiempo libre trabajando, en vez de haraganear.




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