Robert charroux



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CAPÍTULO III




NAZCAS DE AMÉRICA DEL NORTE Y DE EUROPA


Apenas ese bípedo molesto, vanidoso e inteligente que es el hombre tuvo la idea de expresarse de otro modo que con la danza, la voz, los dientes y los puños, empezó a garrapatear sobre la tierra y sobre la roca.

Su primera escuela fue la Naturaleza, su primer maestro, el cielo y su primera pizarra, el suelo.

Las escrituras más antiguas que se conocen son unos trazos, unas espirales y unos círculos grabados sobre las paredes lisas de las cavernas.

Hubo seguramente otras muestras, pero no nos han llegado.

Estos testimonios antiguos, primarios o a veces muy elaborados, se encuentran por todas partes en el mundo allá donde la civilización no ha lacerado, arrasado, asesinado el pasado.




LOS MIMBRES DE BLYTHE


En homenaje a la Naturaleza y para agradecerle de sus bondades que le eran beneficiosas: animales, plantas, ríos, miel, etc., los indios prehistóricos mimbres, de Nuevo México (Estados Unidos) representaban sobre obras de alfarería, peces, flores, pájaros.

Para dirigirse más directamente a los dioses, o tal vez para dejar una rúbrica, una huella de su paso, o una marca de pertenencia del terreno, tuvieron, como los pueblos de Nazca, y del mismo modo, la idea de grabar sobre la arena.

En el desierto, cerca de Blythe, en California, se puede ver, sobre todo al sobrevolarla, una efigie humana de más de 56 metros de longitud y unas representaciones animales de estilo muy tosco.

Como en Nazca y sobre el Candelabro de los Andes, unos vándalos montados en jeep o en moto, han dejado las huellas de su paso y han asolado el lugar..

El «Mimbre de Blythe» ha sido dibujado barriendo las oxidaciones del suelo y eliminando las piedras de color oscuro de modo a hacer resaltar el personaje.




LOS GEOGLIFOS COLOREADOS DE LOS NAVAJOS


En la misma región, los indios navajos, aislados en sus tierras áridas, trazaron seguramente, antaño, unos geoglifos de grandes dimensiones que han desaparecido, barridos por los vientos. No obstante, la costumbre se ha perpetuado a una escala menor, pero según una técnica más artística.

Cuando un navajo está enfermo, su familia va a ver al brujo de la tribu para que conjure los maleficios y expulse los malos espíritus del cuerpo del paciente.

Entonces son trazados sobre el suelo unos dibujos, no mediante barrido o acumulación de piedras, sino al modo de un cuadro pintado, disponiendo sobre el suelo unos colores minerales y vegetales finamente pulverizados.

El motivo es realizado por varias personas, de modo muy diestro, como un mándala hindú.((

Este mándala, tanto si es redondo, cuadrado u ovalado, está pintado en el sentido del curso del sol, y los colores quedan dispuestos en un orden ritual.

Colocados en un cuenco de corteza, son distribuidos con arte y pueden representar unas líneas, unas figuraciones animales, unas geometrías o unos signos de exorcismo.

Cuando el mándala está terminado, se coloca al enfermo en el centro, y el brujo y los asistentes se entregan a unos encantamientos rituales a base de cánticos y danzas mágicas.

Seguidamente, el enfermo es regresado a su hogan (choza de tierra resecada) y el brujo dispersa el dibujo en las arenas.

Si ha sido reproducido en un hogan, la habitación es destruida y sus vestigios enterrados.

Ciertos geoglifos pintados son dedicados a las fuerzas naturales, a las plantas; a los animales o a los dioses. Entonces, se les deja perdurar por tanto tiempo como los respeten el viento y las intemperies.

LA RUEDA MÁGICA DE BIGHORN MOUNTAIN

En los Estados Unidos, en el Estado de Wyoming, y en el Canadá, principalmente en las provincias del Alberta y del Saskatchewan, unos pueblos antiguos, al no disponer de desierto de arena para grabar en él unos verdaderos geoglifos, han utilizado la técnica de las piedras transportadas.

A decir verdad, esta técnica es también practicada en el Perú sobre las colinas que bordean la carretera Panamericana, de Lima a Paracas, y se relaciona con los procedimientos precélticos: crómlechs, menhires, alineamientos, recintos megalíticos.

Los dibujos representan unos personajes muy estilizados, unos círculos, unas tortugas, unos túmulos de piedras (cairns) o, con mayor frecuencia, unos círculos dobles con radios. Los arqueólogos han dado a estos últimos el nombre de medicine wheels (ruedas mágicas) o cosmic wheels (ruedas cósmicas).

Sin gran certeza, se les atribuye a los antiguos indios cheyenes, shoshones, arapajos, crows, etc., pero las tradiciones quieren que antaño un «pueblo pequeño» habitase en unas grutas, bajo esas ruedas de piedras.

Los indios crows de la comarca dicen que las cosmic wheels existen desde hace tiempos inmemoriales y que siempre las han visto.

Los que las edificaron no conocían el fuego, aseguran, y las ruedas son a la imagen del sol y de los astros.

La rueda mágica de la montaña Bighorn, en Wyoming, es una de las más bonitas. Está construida sobre una meseta rocosa a casi 3.000 metros de altura, lo cual la coloca, relativamente, al amparo del vandalismo turístico.

Tiene 24 metros de diámetro y cuenta 28 radios y seis cairns dispuestos desigualmente alrededor de su circunferencia.

Se piensa que el conjunto podría ser un calendario astronómico, o bien una especie de centro cósmico donde se producirían unos intercambios benéficos entre el cielo y la tierra.

Sería una «clínica prehistórica», como opinan los esotéricos sobre los alineamientos megalíticos de Bretaña, y de ahí su nombre de medicine wheels, ruedas mágicas, que se les da con un sentido y un poder terapéuticos presuntos.

Es una explicación posible pero, sin duda, hay que pensar que este «calendario» servía también para fijar las horas y los días favorables para determinadas ceremonias rituales.

El templo de Stonehenge, en Inglaterra, tenía unos destinos idénticos y, como las ruedas mágicas, estaba orientado con unas piedras aisladas o unas disposiciones de monolitos para indicar los solsticios y los lugares por donde se asoman las estrellas más brillantes del cielo: Venus, Sirio, Rigel, Aldebarán.

¿UNA COPIA DE STONEHENGE?

Las coincidencias con Stonehenge son tan numerosas, pues la rueda de Bighorn Mountain es, en cierto modo, una proyección plana del monumento de Inglaterra, que unos arqueólogos han considerado la posibilidad de una migración de los celtas a América del Norte.

Es una hipótesis revolucionaria, pero que ya nos era familiar puesto que desde hacía ya mucho tiempo( tenemos la casi certeza de que los antiguos pueblos de América procedían en su mayoría de Europa, y que eran unos preceltas y, más tarde, unos celtas.

Es lo que asegura el Popol Vuh de los mayas quichés en unos términos sin ambigüedad y lo que permite suponer la invasión de los Tuatha Dé Danann en Irlanda hace más de dos mil años.

Las tradiciones de los iroqueses, de los hurones y de los leni-lenapés, recogidas en los Ármales de los jesuita, dicen igualmente que los antiguos Iniciadores en América del Norte eran unos hombres blancos, barbudos, de ojos azules, procedentes del lado por donde se levanta el sol, atravesaron el océano «en unos barcos de piedra sobre los cuales crecían unos árboles» (unos barcos con mástiles).

Serían esos migradores europeos los que habrían jalonado su marcha de nómadas con miles de círculos de piedras teniendo de 5 a 30 pies de diámetro.

Esos crómlechs son llamados por los americanos los «círculos de tepees» (tiendas o viviendas de los indios) y se les encuentra en todas las Grandes Planicies y sobre las estribaciones de las montañas desde el Canadá hasta Texas.(

Existen a centenares sobre la vertiente oriental de las Montañas Rocosas, más bien en forma de cairns (túmulos de piedras) rodeados por unos círculos de 30 a 60 metros de diámetro, que, como en el caso de la rueda de Bighorn, tienen 28 radíos que corresponden al número de días de un mes lunar.

LA RUEDA DE MAJORVILLE

La rueda mágica de Majorville en Alberta, Canadá, es más grande que la de Bighorn Mountain y su centro es un cairn de tamaño imponente. Su construcción se remontaría a unos 4.000 ó 5.000 años, lo cual nos llevaría al período en que los preceltas de Europa descubrieron América.

La rueda de Moose Mountain en las montañas del Saskatchewan, con un diámetro de 60 metros, está sobre una cumbre, al modo de un puesto de observación.

Se piensa que antaño, las ruedas mágicas ocupaban todas las cimas importantes y jalonaban una vía que permite ser localizada desde muy lejos.

Cuando los radios eran poco numerosos, estaban dirigidos hacia otras ruedas, como para señalar la ruta a seguir por las tribus migradoras.

La rueda de Moose Mountain no tiene más que cuatro grandes radios aparentes terminados en unos pequeños cairns en forma de pozos, pero debía de tener seis en su origen.

Su eje central es un importante túmulo de piedra rodeado por un círculo de piedras.

El radio más largo está orientado hacia el Este y el solsticio de verano; otros radios indican el lugar de Sirio, de Rigel, o de Aldebarán, lo cual demuestra claramente el destino astronómico del monumento.

No obstante, en América del Norte abundan tanto los dibujos antropomorfos y zoomorfos trazados con piedras que estamos obligados a creer que estos geoglifos eran también unas mándalas mágicas y unas evocaciones de las fuerzas de la Naturaleza.

AVEBURY Y EL TEMPLO ALADO DE BARROW

Hemos denominado «geoglifos» todo lo que está dibujado sobre el suelo, ya sea en hueco o en relieve, habiéndose adoptado esta denominación a propósito de Nazca.

En realidad, Nazca es más bien un dibujo que un glifo, y las ruedas mágicas de América no son grabadas, sino construidas.

El hombre es un arquitecto y un geómetra y su civilización está principalmente representada por lo que dibuja o edifica sobre el suelo. En resumen: ¡lo que queda cuando casi todo ha desaparecido! Nuestros antecesores han tenido siempre la preocupación de expresarse excavando líneas de fosos o, por el contrario, alzando taludes.

Avebury, el gran centro céltico de Inglaterra, está delimitado por un vallado circular de 470 metros de diámetro que es un inmenso y profundo foso (glifo).

El «templo alado» de Barrow en el Lincolnshire es, a la vez, un jeroglífico y un geoglifo formado por taludes y fosos, con un círculo central de 70 m de diámetro y unas alas de un centenar de metros de largo.

Estos geoglifos —y existen bastantes más— son parientes cercanos, con sus alamedas en forma de serpientes, de las antiguas construcciones tumulares de los mound builders.

Por otra parte, la edificación de un talud o de un túmulo implica, como contrapartida, la excavación de un foso, tanto es así que el estudio de las diferentes Nazcas no podría disociarse de la de los cerros funerarios, de los «mounds», de los salientes y voladizos.

Stonehenge, como casi todos los monumentos megalíticos, es un templo en relieve inscrito en un geoglifo.

FOSO, TERTRE, CROMLECH, PIRÁMIDE Y GEOGLIFO

La Nazca de Inglaterra, que está representada por unos fosos, unas efigies de gigantes y unas imágenes de animales, parece constituir el eslabón de una cadena que, comenzando en la antigua Celtia de Europa, se prolonga a través del océano, hasta el Canadá primero, los Estados Unidos después, México, Colombia, Perú y Chile.

En su arranque, se encuentra el foso (geoglifo) y su contrapartida, el talud o tertre (túmulo funerario), por todas partes donde han habitado los celtas y sus predecesores arios.

Con Stonehenge, Avebury y los fosos prehistóricos, se encuentra la construcción emergente: templos, túmulos, dólmenes y la escritura en relieve: alamedas de piedras, alineamientos de menhires, recintos megalíticos, crómlechs, cairns y, más tarde, recintos galos.

Pasado el Atlántico, se entra en el «País de los Tertres» de donde eran originarios los tuatha dé danann, invasores y civilizadores de los celtas.

De hecho, el «País de los Tertres» se extiende hasta México e incluso hasta el Perú.

El foso en América del Norte adquiere una importancia considerable y el túmulo se multiplica convirtiéndose en mound y pedestal de tierra soportando un templo.

Robert Claiborne en Les Premiers Américains( presenta el plano de una ciudad fortificada del Illinois (Estado norteamericano): Cahokia, que prosperaba al este de Saint-Louis, entre los años 900 y 1100 de nuestra Era.

Ahora bien, Cahokia, reconstituida con ayuda de documentos y comprobaciones arqueológicas es, muy exactamente, Chichén Itzá o cualquier otro centro maya de México.

Además de las casas, se ve, construido en la cima de un tertre de grava, el templo al que se accede por una escalera monumental, como en Palenque, en Chichén Itzá, en Kaaba, en Uchmal.

El tertre construido en pisos sobre una superficie de 6 hectáreas, precisa la leyenda de la ilustración que da aún los detalles siguientes a propósito de un entierro:

«La procesión franquea otros mounds de ceremonias que poseen la forma de un terraplén, de una plataforma, de una serie de terrazas. El cortejo se detiene ante el. tertre de los sacrificios. Allí, la esposa y los familiares del jefe serán inmolados y después sepultados con el difunto en el mound funerario de forma cónica que está al otro lado de la avenida.

»Detrás del tertre funerario...»

Añadamos que el texto habla también de cuatro otros mounds situados al exterior de las murallas y por último de un observatorio «utilizado para calcular la fecha más favorable para las siembras».

¡Muy curioso! ¡Y cuántas coincidencias!

En efecto, esos tertres pululaban antaño en Europa; esos templos sobre pedestales (impropiamente denominado pirámides), se les encuentra igualmente por miles, en México, al mismo tiempo que las construcciones piramidales típicas, idénticas casi, de: Plouezoch (Finisterre), Cahokia (EE.UU.), Monte Albán, Teotihuacán (México), Rumicucho (Ecuador), Moche, Machu-Picchu, Kenko (Perú) y en los poblados incas de la región de Nazca (y en la propia Nazca).(

Y, en estos mismos lugares, empadronamos también nuestros misteriosos geoglifos grabados o —perdón por el barbarismo— trazados en relieve, unos dólmenes (en México, en Colombia), unos menhires, unos recintos megalíticos (en La Venta, en Yucatán...); en resumen: toda una continuidad coherente, todos los eslabones de una cadena que estaríamos tentados en calificar de precéltica.

Esta similitud de caracteres es la que puede ayudarnos a comprender Nazca, puesto que los geoglifos están entrelazados al conjunto.

En Inglaterra hay cerca de cien geoglifos..

LA NAZCA DE INGLATERRA

Aproximadamente sobre unos 200 km, desde el condado del Sussex al Devon, pero principalmente sobre las colinas del Dorset, al sur de Inglaterra está jalonado de geoglifos con representaciones diversas, sobre todo animales y humanas.

Los geoglifos antropomorfos comienzan cerca de Eastbourne con el «Gran Hombre de Wilmington» (80 metros) y se terminan al norte de Dorchester con el «Gigante de la Maza» de Cerne Abbas (55 metros).

Son unos dibujos inmensos subrayados por unos fosos que se extienden sobre cerca de una hectárea. Se les puede comparar, salvo en la capa de hierba verde, a los surcos de Siguas, cerca de Arequipa.

El gigante de Cerne Abbas esgrime una maza; el de Wilmington, más pacífico, tiene un bastón en la mano.

Su origen es casi desconocido, pero se supone que Cerne Abbas ilustra la leyenda de un Hércules local, mientras que en Wilmington, se trataría de un pastor vigilando los prados donde pastan unos rebaños de ovejas y unas manadas de vacas.

¿Qué razón oscura ha impulsado a los antiguos grandes bretones a grabar estos personajes? ¿Quizás el deseo de perpetuar una leyenda, en el Dorset; quizás una cierta magia protectora, en el Sussex?

Pero los dibujos más numerosos y más interesantes, ya que se identifican con las pistas de Nazca, son las representaciones de ciervos, de caballos y de motivos heráldicos que abundan sobre las colinas del Dorset.

Su técnica es sencilla: el sustrato, como en las pampas del Perú, siendo de calcáreo muy blanco bajo una delgada capa de hierba, ha bastado con desbrozar el suelo para obtener un trazado.

Al oxidarse o ensuciarse el suelo, se han fijado, desde hace unos años, determinados dibujos filtrando hormigón sobre las superficies puestas en evidencia.

Los geoglifos de' caballos, en Uffington, en Westbury, en Hambledon, son los mensajes de admiración y de respeto dejados por los pueblos antiguos, aunque también se dice que se remontarían a la época del rey Alfredo él Grande {siglo IX) que expulsó a los daneses de Gran Bretaña.

Los ciervos parecen más recientes, algunos son incluso de este siglo; simbolizan a la vez la pasión de los ingleses por la caza y la creencia en la virtud redentora atribuida al animal-imagen del Cristo y a su poder redentor.

Existen una decena de geoglifos de caballos y muchos más de ciervos y de motivos diversos y recientes que llegan hasta el eslogan, como sobre las colinas del Perú.

Aquí y allí un recuerdo atávico ha impulsado a los autóctonos a escribir mensajes grabados, pero sería necesario hurgar en las profundidades del inconsciente para discernir los móviles que les han hecho actuar.

Debe dejarse constancia de un dato, sin duda, de gran importancia: la Nazca de Inglaterra está, «exactamente, sobre la misma latitud que la Nazca del Canadá; la línea inglesa de los geoglifos parece jalonar la ruta tomada hace ya de 5.000 a 10.000 años por las tribus de nuestra Europa para ir a poblar América.

LAS NAZCAS DE FRANCIA

El hombre evolucionado es un escritor-arquitecto que confía a los geoglifos la expresión de su cultura, de su trabajo, de sus ocupaciones y de los hechos más importantes de su existencia.

Visto desde el cielo, en avión, su trabajo es un admirable mosaico de bosques, de labranzas y de pastos en el agricultor; de cubos, de paralepípedos, de círculos, de rectas, de curvas o de líneas sinuosas en el caso del arquitecto; de ciudades, de pueblos, de monumentos, de jardines o de humildes casitas para aquellos que laboran para construir, darse albergue o hacer agradables los sitios donde habitan.

Porque, de hecho, nuestros fosos, nuestros surcos, nuestros caminos y nuestros ríos son unos geoglifos naturales o artificiales que expresan un mensaje del hombre o de la Naturaleza.

LA RUEDA DE ENSERUNE

Muy conocida por los habitantes del Hérault, pero ignorada por la mayoría de los franceses, la rueda de Enserune es, probablemente, el único geoglifo de Francia.

Vista desde un avión o desde el mirador situado sobre una colina antigua, se presenta como una inmensa y perfecta rueda, cuyos veinte radios se reúnen en el centro.

Nuestro amigo Max Seguy, de Béziers, que conoce bien el lugar, dice que este dibujo se parece a una tarta partida geométricamente.

De hecho, los radios de la rueda, cuyo diámetro debe de aproximarse a los cuatro o cinco kilómetros, son unos fosos de drenaje separando los viñedos y los campos de diversos propietarios.

El conjunto, llamado rueda de Enserune o de Montady, se extiende a unos seis kilómetros de Béziers, entre las carreteras que van, de una parte a Capestan y de otra parte a Narbona.

Nuestra documentación, que nos ha sido facilitada por Henry Nohet, secretario de la alcaldía de Montady, puntualiza los detalles sobre la historia del geoglifo, que la tradición hacia remontar a la época de los romanos.

El abate Ginieis ha descubierto en los archivos de su parroquia la carta constitutiva otorgada el 13 de febrero de 1247 por el arzobispo de Narbona, concediendo a tres señores de los contornos y a un notario de Béziers «el poder y las facilidades para desecar el estanque de Montady y de trasvasar sus aguas en el de Capestang que pertenecía al mencionado arzobispo».

El estanque no era por entonces sino un lago infecto cuyas aguas estancadas eran muy malsanas.

El acta menciona las disposiciones siguientes:

«Le doy a usted y a los suyos presentes y por venir, la facultad de hacer manar las aguas del estanque por la tierra de Monseñor, por los terrenos de Nissan y de Pohilhes perteneciendo a mi mencionado Señor. Le permito también construir túneles, calzadas, fosos, pozos, y hacerlas pasar por las tierras, honoes, posesiones de los hombres, caballeros u otros que las detentan a título de enfiteusis (arriendo a largo plazo) del mencionado Monseñor...»

La obra fue empezada hacia el año 1250 y terminada antes de 1270.

Sigue una larga descripción del túnel en acueducto de 1.364,33 m que pasa a 29,10 m por debajo de la cresta de la montaña y a 16 m por debajo del cauce del canal.

LAS MISTERIOSAS ESTRELLAS DE CLOYES

En 1957, el Instituto geográfico nacional tomó unas fotos aéreas en la región situada a unos sesenta kilómetros de Chartres, hacia Cloyes-sur-Loire.

Con estupefacción, los geógrafos comprobaron sobre los clisés unas manchas claras en forma de estrella de 9 brazos, alineados sobre un eje Norte-Sur y distantes de 300 a 400 metros las unas de las otras.

Cada brazo tenía 4 puntos y las estrellas de un diámetro de 35 metros tenían, tras examen, una luminosidad muy variable.

Fenómeno todavía más intrigante: los levantamientos anteriores a 1957 no revelaban ninguna huella de los dibujos.

Unos empíricos dedujeron inmediatamente que se trataba de «mensajes» impresos por los extraterrestres; más racionalistas, unos físicos se pronunciaron por unos residuos radiactivos.

Pero, ¿quién habría podido divertirse en disponerlos así y en aquel lugar?

El misterio perdura sobre el origen de estos geoglifos blancos e irradiantes, pero la tesis que prevalece es la de unos sondeos efectuados por una compañía de geofísica (CGG), no se sabe con qué finalidad.

¡Un enigma que queda por esclarecer!

LOS TRAZADOS DE ECKWERSHEIM

Al margen de los geoglifos pero, tal vez en relación su misterioso ignoto, es interesante señalar los «enigmáticos trazados de Eckwersheim, pequeño pueblo de 800 habitantes, en el bajo Rin.(

Durante la noche de Navidades de 1975, cae la nieve y a la mañana siguiente alguien observó, con estupefacción, un surco continuo, con una anchura aproximada de unos 10 cm, que comenzaba en la puerta del jardín de su casa, bifurcaba hacia el huerto contorneando los árboles y los setos, prosiguiendo encima de una pequeña tapia de 50 cm y se perdía repentinamente.

Los bordes del surco estaban cortados netamente, como con un instrumento cortante.

Otros trazados idénticos atravesaban las calles, con una gran rectitud o se convertían en circunferencias perfectas.

No había un claro inicio, ni ningún final detectable... ¿qué animal podía haber sido el autor? ¿Qué fenómeno podía explicarlo?

Al igual que en Nazca, ¡tampoco los naturales de Eckwersheim han podido adivinar el enigma de estos geoglifos!

INTENTO DE EXPLICACIÓN DEL MISTERIO DE NAZCA

Parece muy difícil, si no imposible, dar una explicación de las pistas y de las líneas de Nazca.

Las conocemos bien: las de Villacuri (las menos frecuentadas), de Los Castillos, de Huayrui y (las más densas)-las de la pampa Colorada, por haberlas sobrevolado con frecuencia y haber desgastado en ellas nuestras alpargatas durante cerca de diez años.

NAZCA DE UN POLO AL OTRO

Además, reunimos una documentación importante sobre los geoglifos o trazados de naturaleza análoga que se pueden encontrar en el Canadá (Medicine Wheels, Indian Boulder effigies), en los Estados Unidos (geoglifos de los desiertos del Colorado y de Nuevo México), en el Perú (Nazca, naturalmente, pero también: geoglifos de Toro Muerto y de Siguas, hacia Arequipa), en Inglaterra (geoglifos de las colinas del Dorset y dibujos trazados en surcos en el sur y el sudoeste de Londres, etcétera).

Hemos realizado unas películas (personales) de estos modos de expresión, en el Perú y en Inglaterra, y poseemos en nuestra fototeca unas fotos de todos los geoglifos arriba mencionados.

Pese a todo ello, no podemos presentar sobre el tema más que una hipótesis.

Algunas observaciones adquieren certidumbre:

— La Nazca del Perú no es obra de un solo hombre o de algunos pastores ociosos.

Hay miles de dibujos; su conformación, con frecuencia perfecta, su superficie, su longitud implican un trabajo de masa o, por lo menos, la tarea de una etnia o de un pueblo.

Su alejamiento de las zonas habitables (25 a 40 km) parece demostrar el carácter necesario o sagrado de esos geoglifos.

Ha sido necesario que una etnia venga a habitar en la pampa desértica, lo cual supone un desplazamiento considerable de hombres y de medios de subsistencia.

— Los geoglifos han sido ejecutados con un gran esmero.

De lo que se deduce una impresión de respeto y de algo sagrado.

UNOS CEREBROS ORGANIZADOS DE OTRA MANERA

— Su ejecución exigía una gran destreza en geometría y en técnica.

Al darse la circunstancia de que las montañas y los cerros están demasiado alejadas para haber servido de observatorios o de centros de mando, hay que admitir que los dibujantes utilizaban:

— o bien unos planos con escala de reproducción de los dibujos,

— o bien unas posibilidades fantásticas de visión y de memoria que les permitían proseguir un dibujo sin olvidar la escala de proporción y las partes ya trazadas.

En resumen, esta gente habría tenido un condicionamiento mental permitiéndoles situar siempre exactamente el momento presente de su trazado.

El tiempo para los amerindios tenía un significado, un valor y una densidad que escapan a nuestros conceptos cerebrales, como se les escapa el sistema de los dibujos prodigiosamente enmarañados grabados sobre los guijarros de la gruta de Lussac-les-Cháteaux (Vienne) por los hombres del período magdaleniense.

Nosotros eliminamos la primera hipótesis, reproducción a gran escala, y retenemos, para una parte de explicación, el condicionamiento cerebral particular.

— La pampa de Nazca es un inmenso cuadro blanco yesoso, recubierto de oxidaciones y de piedras de color pardo. El paso de un hombre deja una huella grisácea; varios pasos en el mismo sitio rompen la delgada capa parda y descubren el substrato blanco.

Este fenómeno ha debido solicitar imperiosamente la atención de los habitantes de la región y darles el deseo de escribir sobre este cuadro blanco-pardo.

- Si se admite que la existencia del cuadro ha motivado el deseo de escritura, debemos pensar que el tema por tratar: dibujos geométricos, zoomorfos, antropomorfos, etc., ha ocupado un lugar de importancia secundaria.

¿CALENDARIO ASTRONÓMICO? ¡NO!

A partir de estas consideraciones, aleatorias, pero aceptables, nos es preciso imaginar las razones, las ideas que han podido germinar en el cerebro de los hombres de Nazca.

¿Hacer un calendario astronómico?

Hemos estudiado bien Nazca: las líneas y las pistas van en todas las direcciones posibles ¡y sobre donde escoger para decidir un enfoque de Sirio, de Venus, de Marte o de Aldebarán!

¿Y un calendario sirviendo para qué? ¿Y para quién, en una región deshabitada?

Consideremos, pues, otras explicaciones. ¿Obra gratuita? ¿Fórmulas mágicas para guiar el alma o la vida del otro mundo de los muertos? ¿Mensaje destinado a ser visto desde el cielo por los dioses? ¿Exvoto? ¿Captación, representación del cielo?

A estas hipótesis ya demasiado numerosas, hay que añadir otra: ¿realización pictórica de inspiración en masa, sin ningún espíritu individual, como lo es el vuelo oscilante de determinados grupos de pájaros? ¿Obra maestra de un inconsciente colectivo realizando una oscura tarea geométrica, como las arañas tejiendo sus admirables telas?

¡Es probable que uno de los términos de esta nomenclatura roce o represente la verdadera intención!

TÉCNICA DE LOS TRAZADOS

Los dibujos y los «graffiti» están generalmente formados, ya sea con piedras, o bien con manojos de la planta itchu.

En Chile, se quita la oxidación parda del suelo para dejar aparecer unas zonas blancas, o bien, por el contrario, se apilan guijarros pardos sobre una colina de color claro (informe de Hans Niemeyer F.).

En los Estados Unidos, se trata del mismo procedimiento que en Nazca.

En el Canadá, los geoglifos están trazados con piedras de color claro dispuestas sobre un fondo más oscuro.

En Inglaterra, se quita la capa verde herbácea o de las colinas para dejar aparecer el substrato cretáceo.

En Chile, se encuentran unos geoglifos representando unas cruces de Malta, unas estrellas, unos soles, lo cual permite suponer una preocupación por lo sagrado, por el culto.

Estos dibujos son probablemente posteriores a los geoglifos de Nazca. Posiblemente son incluso relativamente recientes, lo cual presenta, por este mismo hecho, un gran interés, ya que aclarando la intención reciente, se tiene una posibilidad de captar la intención antigua.

TIEMPOS CÓSMICOS Y CARTA A PAPA NOEL

Por nuestra parte, tenemos muy en cuenta el carácter cósmico de las antiguas civilizaciones y la pertenencia supuesta o real de cada individuo a la continuidad universal.

Tenemos una tendencia a propender hacia un llamamiento a los pueblos del espacio (los dioses de nuestros antecesores, los extraterrestres de nuestros contemporáneos), entidades reales o supuestas en las cuales, como los cristianos del siglo xx, tenían fe todos los pueblos del mundo antiguo.

Para resumir y concluir este estudio, retenemos cuatro puntos que nos parecen deben entrar en línea de cuentas para esclarecer el enigma de Nazca:

— Tentación del substrato de la pampa: pizarra de aula colegial.

— Encaminamientos mentales particulares.

— Espíritu de masa e inconsciente colectivo.

Exvoto y llamamiento a los dioses.


LA BATALLA DE ICA

Después de publicar en El enigma de los Andes, en 1974, unas revelaciones aportadas por las piedras grabadas del doctor Cabrera, de lea, unos periódicos, la Televisión y unos seudoarqueólogos pusieron en tela de juicio la autenticidad del descubrimiento y nos involucraron en la controversia.

Los capítulos que siguen son una respuesta a esos detractores.

CAPITULO IV

LOS ARGUMENTOS DE LOS DETRACTORES

¡La Conjura se desencadenó con rabia contra el maravilloso descubrimiento de lea!

¡Tenía que vengarse del humillante reconocimiento por su parte de la autenticidad de Glozel!

¡La iban a gozar con lea!

Por consiguiente, era necesario «demostrar» que el doctor Cabrera era un ingenuo, Charroux un falso arqueólogo ¡y las piedras de lea eran el reciente resultado de una engañifa monumental!

Sí, monumental porque, con 20.000 piedras grabadas ¡se podía casi construir una iglesia!

La Prensa del Perú, entró en liza la primera.

Oh, pero no La Prensa, no El Dominical, no El Comercio, sino las revistas del tipo de las que, en Francia, decretan cada semana que tal jefe de Estado va a morir de un cáncer, que tal princesa va a casarse con un vaquero de Texas...

LA CONJURA DE LOS IMPOSTORES

El acta de acusación puede ser resumida en estos términos: «Todas las piedras del doctor Cabrera han sido fabricadas por los huaqueros de Ocucaje y, principalmente, por el señor Basilio Uchuya y la señora Irma de Aparcana.»

En la revista Correo( de Lima, un incierto señor Ravines inicia una guerra sin cuartel contra el descubrimiento, haciendo ostentación de sus conocimientos de arqueología.

Para mejor apuntalar su impugnación y demostrar su cultura, el «periodista» extrae del fondo de sus archivos «La superchería arqueológica de don Juan Bartolomé Beringer» y establece un paralelo con las piedras de lea.

He aquí lo que escribe en Correo n.9 4.267:

«Los tres primeros capítulos donde, con una deliciosa ingenuidad que, de inocente se convierte en exasperante, ese señor Charroux nos cuenta la historia de las piedras, son el mejor ejemplo.

»E1 error es tan manifiesto y las conclusiones tan ridículas que no es difícil encontrar en las piedras del doctor Cabrera, una vulgar parodia de otras piedras: las del doctor Beringer. Este don Juan Bartolomé Beringer, catedrático de historia natural en la Universidad de Wurzburgo, acometido por la fiebre del "coleccionismo", dedicó cuarenta años de su vida a recoger unos fósiles por las canteras de su país y logró reunir un número considerable, en los que figuraban las formas más raras: ranas copulando, arañas atrapando moscas, pájaros insólitos, insectos estrafalarios, animales de especies desconocidas y también el sol, la luna y las estrellas.

»El entusiasmo de Beringer fue tal que perdió todo sentido común. Y sin asimilar que muchas de estas piedras no tenían ninguna justificación, publicó sus hallazgos en un precioso infolio, y descubriendo más tarde que había sido engañado por sus alumnos que fabricaban esas piezas, cubierto de ridículo, intentó recuperar todos los ejemplares de su libro para destruirlos.»

¡Qué cultura tiene el señor Ravines!

¡Grande es su competencia en el tema de los fraudes en arqueología y de las supercherías en literatura!

Pues bien, con lo que expone hay más que suficiente para mandarlo ante los tribunales por difamación... ¡si el doctor Beringer no hubiese muerto desde hace ya unos doscientos años!

El señor Ravines es un ignorante.

La prueba, hela aquí: el doctor Beringer nunca coleccionó piedras, ni verdaderas ni falsas!

¡COGIDOS CON LAS MANOS EN LA MASA!

De hecho, señor Ravines, ha tenido usted razón al exhumar el asunto de Wurzburgo, porque esto explicará parcialmente el de lea.

Vamos a evocarlo brevemente, y nuestro relato será muy distinto al suyo, lo cual significa que habrá entre ambos la diferencia que separa a la verdad de la mentira.

Es verdad que hubo, en 1725, un asunto de fraude arqueológico en Wurzburgo, ciudad de Bavíera, pero ni de cerca ni de lejos, estuvo mezclado el profesor Beringer: el profesor Beringer era el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad franconiana de Wurzburgo donde fue presentada la tesis del coleccionista de piedras.

El protagonista —el falsario según Ravines— se llamaba Georges Louis Hueber, de Herbinópolis,( bachiller en filosofía, estudiante de Medicina, y el asunto se sitúa bajo el reinado del príncipe-obispo Cristóbal Francisco, duque de Franconia.

Hueber no era un revolucionario de tomo y lomo, pero quedó subyugado por sus hallazgos y, sin duda, no se mostró demasiado severo en el sentido crítico, ya que se asegura que tres hermanos, de los cuales el mayor no tenía más que diecisiete años, le engañaron reiteradas veces fabricando otros falsos, ayudados y estimulados, todo hay que decirlo, por los propios colegas del arqueólogo,

Pero, y hemos de concretarlo, la buena fe de Hueber de Herbinópolis no fue puesta nunca en duda.

Cándido, pero honesto, acabó por reconocer que había sido engañado y retiró su tesis de la circulación.

CONFUNDE EL PÍREO CON UN HOMBRE

No obstante, se encontraron algunos ejemplares redactados en latín y reproducimos el prólogo:

«Primera disertación físico-histórica seguida de corolarios médicos, presentados bajo la autoridad y con el consentimiento de la ilustre Facultad de Medicina de la Universidad Franconiana de Wurzburgo, bajo la presidencia del muy noble, muy ilustre, y muy sabio Maestro Jean Barthélémy Beringer, doctor en Filosofía, doctor en Medicina, decano, etc. Tesis sometida, después de los exámenes ordinarios, por Georges Louis Hueber de Herbinópolis, Bachiller en Filosofía, estudiante de Medicina.

»En el paraninfo acostumbrado de la Facultad, en el año 1726, el... del mes de mayo.» (

La tesis no fue aprobada por la Facultad de Wurzburgo. El doctor Beringer y sus asesores le hicieron comprender al buen Hueber que había sido víctima de un engaño.

El tal Ravines ha confundido El Pireo con un hombre... y al juez del tribunal con el acusado.

MALA FE E IGNORANCIA

Desgraciadamente, la Prensa llamada sensacionalista de Lima, supo atraer en su círculo a otros despreciado-res de mayor o menor envergadura.

Fue primero un propalador de buenas noticias —un tal B. L.— quien se encargó de sembrar aquí y acullá, en Francia, ¡las traducciones desfavorables a la biblioteca prehistórica de lea!

La señora W... declaró en el periódico 24 HEBDO de Suiza: «Las piedras de lea son falsas, y dispongo de la prueba escrita... el doctor Cabrera es buscado por la Policía...»

Y en una rectificación publicada el 9 de junio, ella explica con embarazo que «las personas buscadas e interrogadas por la Policía eran unos mestizos y no el doctor Cabrera», ¡ como había dicho ella misma!

Estas elucubraciones hubieran carecido de importancia si no hubiesen obtenido calidad de juicio por personalidades aparentemente más dignas de crédito.

La señora Maria Reiche, que tuvo el mérito después de Paul Kosok y antes de nosotros mismos de «descubrir» las pistas de Nazca, sin duda enojada por.haber pasado diez veces ante la gliptoteca de lea sin haber, ni olfateado, ni visto las maravillosas piedras, habría declarado según Mundial, n.s 6, del 23-1-75, que «lo que escribe Charróux es ciencia-ficción y no merece crédito ante los científicos».((

El caso de la señora Rosa Fung, directora del Museo de Arqueología de la Universidad de San Marcos, de Lima, está más matizado:

«La teoría de Charróux sobre las piedras grabadas de lea no tiene ningún fundamento científico y ningún valor.»

La señora Fung tiene perfecto derecho a emitir este juicio y tal vez tenga razón, pero lo que nos desconcierta es la continuación de estas declaraciones, también reproducidas por Mundial, n." 6.

LA INSÓLITA ARQUEOLOGÍA DE LA SEÑORA FUNG

«No existen —habría dicho la directora del Museo San Marcos— "unas asociaciones" (?) sobre los sitios en los que se dice haber descubierto las piedras grabadas. No se sabe siquiera cuáles son estos sitios, ni de qué están compuestos geológicamente, lo cual es muy importante para establecer la antigüedad de un descubrimiento arqueológico, cuando se puede utilizar el C-14 como es el caso con las piedras grabadas... Todo esto no es más que leyenda y fantasía.»

Todos los alumnos de sexto curso en el instituto saben, o deberían saberlo, que el peritaje de fechado por el procedimiento del carbono (hoy en día en desuso, ya que es extremadamente sospechoso) no puede hacerse más que sobre unos organismos vivos o que lo han estado, sobre los cuales se calcula el fenómeno de pérdida de C-14 (la mitad en 5.568 años), y ¡no se hace en absoluto sobre unas piedras!

¡ Eso es arqueología de primer año!

La señora Fung incluso añade: «No se sabe siquiera cuáles son estos sitios...»

Usted, señora... usted no lo sabe, pero cincuenta, cien arqueólogos saben dónde están situados, puesto que han efectuado registros y excavaciones ¡y que han publicado libros y tesis sobre sus hallazgos, los cuales precisamente eran piedras grabadas! Y es necesario que usted lo sepa ahora, por mediación nuestra, el no científico inconsciente: ¡estas piedras de las cuales usted ignoraba la existencia en 1975, eran halladas, coleccionadas, conocidas desde hace siglos!

¡NO CONOCER NI POR ASOMO!

Más adelante volveremos a tratar del jesuita que efectuó el peritaje de las piedras en 1926, pero, ¿cómo la señora Fung ha podido ignorar el Museo Arqueológico de Carlos Belli, miembro correspondiente de varias sociedades científicas de América y profesor en el Colegio nacional? (

¡Este museo fue abierto en lea el 7 de diciembre de 1940 y se podían ver en él numerosas piedras descubiertas en Ocucaje en 1909!

Querida señora Fung, usted ignoraba las excavaciones de Carlos Belli y, como otros, nunca había ido a lea ni a la pampa de Nazca, ¡y también ignoraba usted el libro de Hans Dietrich-Disselhof y de Sigwald Linné: L'Amérique précolombienne(( donde se habla abundantemente de las tumbas y los guijarros grabados de Ocucaje!

Desgraciadamente, si usted solamente posee rudimentos apagados de arqueología, consuélese pensando que algunos «prehistoriadores» del CNRS no están más empollados que usted.(((

Uno de ellos, el más ignorante, el más presuntuoso, ha dicho que nuestros descubrimientos de lea, que nuestros relatos sobre Nazca eran como en el caso Glozel, una clásica impostura!

¿Impostor cuando se dice, según las dataciones por termoluminiscencia efectuados por la Comisaría francesa de la energía atómica, que Glozel es perfectamente auténtico?

¿Impostor cuando, después de cincuenta, cien arqueólogos, calificados, después de cuatro siglos de excavaciones y de decenas de libros publicados, se presentan las piedras de lea al gran público?

EL LIBRO DEL PROFESOR PEZZIA ASSERETO

En 1961, el profesor Alejandro Pezzia Assereto, conservador del museo de lea, escribía las siguientes líneas en un libro editado en 1968:(

«En el Valle de lea, desde el año 1961, vienen apareciendo en el mercado gran número de piedras grabadas que se manifiestan como un nuevo vestigio artístico elaborado por los artistas precolombinos inqueños» (página 95. Título: Piedras grabadas de Ocucaje y Callango).

El señor Alejandro Pezzia prosigue exponiendo:

«Es interesante hacer notar que las piedras de las que hablamos intrigan a los arqueólogos; hicieron su aparición por vez primera en 1960.(( Se las encuentra... particularmente en los yacimientos ocultos bajo la vertiente de las colinas de las haciendas Ocucaje y Callango, en el valle del río lea (a la entrada de las pistas).

»La importancia de estas piedras queda subrayada por la riqueza de sus dibujos y de su simbolismo, remontándose a la época del progreso cultural precolombino de lea.»

¡He aquí lo que pone punto final a los extravíos increíbles de la mafia de contestación, de ignorancia y de mala fe!

LOS HUAQUEROS ATERRORIZADOS

Resulta evidente que los periodistas de Mundial, cuyo talento es más que dudoso, no quedaron halagados en su amor propio profesional cuando, después de haber puesto a la luz las pistas de Nazca y el Candelabro de los Andes, hemos revelado un descubrimiento, de inmenso alcance, incalculable que, una vez más, había estado ante sus narices sin que lo advirtieran.

Por despecho, y guiándose por las indicaciones de nuestro libro, se dirigieron a Ocucaje, donde fueron solicitados desde todas las casas para venderles piedras.

Un testigo peruano al que no podemos nombrar para evitarle graves molestias, represalias y tal vez la cárcel, nos ha informado sobre los métodos utilizados.

—¿De dónde proceden estas piedras? —preguntaron los investigadores.

—Las encontramos en las colmas...

—Las encuentran también en unas tumbas. Son ustedes unos ¡maqueros [saqueadores de tumbas], ¿y saben que este delito es severamente castigado por la ley?

Y tuvo lugar el juego sutil de las amenazas y de las promesas entre los periodistas astutos, sin escrúpulos, y los pobres campesinos asustados.

Se les persuadió para declarar que todas las piedras procedentes de Ocucaje habían sido grabadas por ellos. Pero se insistió mucho sobre este punto: ¡todas las piedras!

Si una sola fuese auténtica, es decir, «encontrada»... ¡el sistema de defensa ya no servía! ¡Era entonces un comercio ilícito y malversación de patrimonio prehistórico!

¡La cárcel, vamos! Y las cárceles de Perú no son particularmente atractivas.

Un obrero agrícola, Basilio Uchuya, y una campesina, Irma de Aparcana, por un puñado de soles( reconocieron y admitieron todo lo que se quiso: ¡habían grabado todas las piedras del doctor Cabrera, incluso las que había encontrado el propio doctor Cabrera, incluso aquéllas encontradas antes de que nacieran ellos dos, Basilio e Irma!

Los periodistas se mostraron magnánimos: ¡prometieron la impunidad a Basilio con la condición de que aceptase grabar ante ellos iuna piedra falsa!

Mundial ha publicado nueve fotos que muestran el semblante ansioso y asustado del pobre diablo. Nueve fotos «camelo», como se dice en el estilo periodístico, ya que Basilio no tenía ni taller de grabado, ni piedras de reserva, ni herramientas de grabador, nada que pudiera atestiguar su actividad verdadera de grabador!

Ni siquiera el montón de residuos de piedras, de desperdicios, restos de fallos y otras evidencias que hubiesen demostrado que, efectivamente, había trabajado sobre centenares de piedras..

¡Y las nueve fotos, reproducían siempre la misma piedra!.

Aquel día, en Ocucaje, ¡n había dos piedras supuestamente falsas!

BASILIO, EL HOMBRE QUE DEVORA EL TIEMPO

En la asombrosa «confesé 3n» que le forzaron a escribir, Basilio declara que en diez años ha grabado todas las piedras que componen el museo del doctor Cabrera, que se le había presentado bajo la identidad de doctor Sotil. Resultaba pues, matemáticamente, que el huaquero había grabado durante diez años, mil piedras por año, o sea tres piedras por día o, con mayor exactitud: cuatro o cinco, si descontamos los domingos, días de fiesta y de descanso obligado.

Como, por otra parte, declara a Mundial que había grabado las piedras durante ocho o nueve años solamente, como además se pasa la mayor parte de su tiempo trabajando como campesino, hemos de calcular en las condiciones más favorables a la mentira, que Basilio iba a buscar las piedras en el río de lea, trabajaba en los cultivos camperos, observaba los descansos y fiestas acostumbradas, y pese a todo ello ¡encontraba, no obstante, el tiempo necesario para grabar cada día de cinco a diez piedras (calculamos sobre ocho años)!

Ahora bien, colocado ante la tesitura de grabar una sola, de treinta centímetros de diámetro, con un dibujo fácil, primario, ¡tardó dos días en realizarlo!

Y lo que produjo era tan ridículo, estaba tan alejado de los magníficos temas de las piedras de lea ¡que él mismo expresó públicamente su vergüenza!

—Me han obligado —dijo.

Se estiman en 50.000 aproximadamente los cantos rodados diseminados por el mundo entero, recogidos por los arqueólogos, ocultos en los museos particulares, principalmente en los Estados Unidos, donde Hamilton C. Foreman posee 2.000.

Si Basilio ha grabado las 11.000 piedras del doctor Cabrera, ¿quién ha grabado las 39.000 restantes?

¡Queda bien claro, para toda mente honrada, que Basilio e Irma han mentido!

Esta historia fantástica, elaborada por unos periodistas sin escrúpulos, de los cuales algunos son unos viles plagiarios, procede de una maquinación pura y simple, y lo habíamos previsto en el prólogo de nuestro libro, El enigma de los Andes:

«Hoy certificamos que las declaraciones de Basilio Uchuya y de Irma de Aparcana son embustes, que la revista Mundial ha publicado falsos documentos y trucado la verdad para desacreditar un descubrimiento que sus periodistas no consiguieron por falta de talento y buena vista.»

LA SEÑORA UCHUYA CANTA DE PLANO

Creemos que el lector está ya impuesto sobre las características de esta sombría historia y, sin embargo, no hemos expuesto todavía los argumentos contundentes que harán estallar la verdad sobre el caso de lea.

Uno de ellos es, sin embargo, publicado por el propio Mundial, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Reproducimos textualmente la declaración efectuada en la página 43 de la revista, por la señora Uchuya, la propia esposa del principal falsario:

«Hace algunos días, mi marido y la señora de Apar1 cana fueron trasladados por la Policía, para que declarasen si las piedras eran falsas o auténticas, es decir, si las habían grabado o bien encontrado.

«Entonces mi esposo ha dicho a la Policía que todas las piedras que le había vendido al doctor Cabrera habían sido hechas por él. Que en modo alguno las había desenterrado de ningún lugar. La señora Irma de Aparcana ha dicho igualmente lo mismo.»

La cosa ya quedaba resuelta: o bien las piedras habían sido halladas en las tumbas y entonces Irma y Basilio iban a la cárcel; o bien habían sido grabadas por ellos... ¡y el caso quedaba concluso!

¿Qué hubiera usted contestado de haberse hallado en su situación?

El gobernador civil de lea, el ingeniero Enrique Egoaguirre, caballero culto, bueno, humano, había comprendido perfectamente la situación, y a pesar de presiones oficiosas de gente mal intencionada, decretó un sobreseimiento.

—Los campesinos de Ocucaje —dijo— son gente humilde que se ganan la vida vendiendo objetos.

Nosotros nos hemos limitado a sus declaraciones, sin más.

LA EMISIÓN «APOSTROFES»

Así estaban las cosas cuando apareció El enigma de los Andes, en noviembre de 1974.

Lo decimos con orgullo y gratitud: la totalidad, sin una sola excepción, de nuestros lectores y amigos, ha creído siempre y con razón en la autenticidad de las piedras de lea y en la garantía que nosotros representábamos para ellos.

Sobre todo después de la emisión «Apostrofes», en la Cadena 2, el 28 de noviembre de 1975, en cuyo transcurso, J. P. Adam, autor de un libro sobre la impostura en arqueología, declaró que su obra estaba sobre todo dirigida «contra Robert Charroux».

A los que se extrañaban de nuestra ausencia en el debate, Bernard Pivot declaró que habíamos sido invitados, pero «que no habíamos querido acudir».

Eso era tan inexacto como los extravíos de J. P. Adam sobre Nazca, las piedras de lea, Glozel, la isla de Pascua, etc.

Este asombroso «arqueólogo», desfacedor de entuertos, acorralado en sus atrincheramientos, tuvo que admitir ante millones de telespectadores que él emitía juicios sobre cosas que jamás había visto, ¡puesto que no había ido a Nazca, ni a lea, ni a Glozel, ni a la isla de Pascua!

—¡Ni siquiera a Montignac-Lascaux, a ver las célebres grutas, porque están prohibidas al público!

Marcel Julien, director de Antena 2, nos había prometido en cinco cartas con membretes de la Televisión francesa publicar una rectificación. Sin duda por entonces hizo esta promesa con buena fe... pero finalmente no ha publicado nada en absoluto...

Por su parte, France-Soir y Le Monde han prestado oídos sordos para publicar una respuesta que solamente podíamos imponer por vía judicial.

El más virulento, Le Canard Enchainé, no ha aceptado nuestro reto —reto de cincuenta millones de francos antiguos—( ¡de que aportase la sombra de una prueba a sus afirmaciones!

No nos queda otro remedio que sonreír, aunque sea algo acremente.


CAPÍTULO V

LA CONJURA HA MENTIDO: HE AQUÍ LAS PRUEBAS

Hemos tenido empeño en presentar, en su totalidad, los reproches expresados por la Conjura de la malignidad.

He aquí ahora la otra vertiente del problema, aquella en la que, como respuesta a los Ravines, Lelong, Adam, a los periodistas de Mundial y a sus alegatos falaces, trucados, presentamos unas opiniones, unos peritajes y unas declaraciones efectuadas por personas honradas y habilitadas para juzgar.

1626: ¡PIEDRAS GRABADAS DEL RIO ICA!

Esta ridicula controversia no se hubiera producido jamás si los contestatarios hubiesen estado provistos de una cultura, siquiera superficial.

Es lastimoso comprobar que la señora María Reiche y que la señora Rosa Fung hayan ignorado que las piedras grabadas de lea eran conocidas, por lo menos, desde 1626.

Fue, en efecto, en esta fecha, cuando el jesuita español Pedro Simón menciona en su libro Noticias Historiales (noticias 4 y 5) lo que él llama «las piedras grabadas del lea». El texto está en la Biblioteca nacional donde todo el mundo puede consultarlo.

Incluso, una tradición afirma que Fray Pedro Simón ha grabado él mismo algunas piedras introduciendo en ellas temas religiosos.((

Desde hace cerca de un siglo, unas personalidades peruanas poseen unas piedras procedentes del valle del río lea y varios museos tienen en sus colecciones unas ochocientas piedras.

Las del museo de lea y del museo de la Aeronáutica del Perú son las más importantes, pero las más numerosas son propiedad de arqueólogos que han efectuado excavaciones fructuosas con los huaqueros de Ocucaje.

MUY CONOCIDAS EN EL SIGLO XIX

La existencia y el descubrimiento de estas piedras se remonta, pues, a 1626 y, sin duda, a mucho antes.

He aquí cómo, a nuestro entendimiento, puede trazarse el inventario cronológico de su hallazgo, lo cual pondrá fuera de la cuestión al bueno de Basilio Uchuya, puesto que no había nacido cuando, ya, eran halladas en las tumbas de Ocucaje.

Desde principios de este siglo, unos arqueólogos y coleccionistas peruanos hacen excavaciones que no tienen ningún carácter oficial, puesto que la ley peruana que proteje los emplazamientos arqueológicos no ha sido todavía votada o bien, si lo ha sido, es absolutamente inoperante.

De ese modo, en 1909, el arqueólogo Carlos Belli, en colaboración con unos huaqueros (el hecho es atestado por su propio hijo) efectúa una larga serie de sondeos en el valle de Nazca y del río lea.

El doctor peruano Julio C. Tello afirma que conoce la existencia de las piedras por su padre, que tenía esta información por haberla oído de su abuelo, ¡lo cual hace remontar el asunto a mediados del siglo XIX!

He aquí los nombres de personalidades de la región de lea, que, de 1960 a 1966, encuentran piedras grabadas: el profesor Hermán Buse,( Carlos Soldi, doctor Santiago Qüiroz, doctor César Almeida, Jaime del Solar, etc.((

El arqueólogo William Duncan Strong, descubre, en 1933, cerca de Ocucaje, en el valle del lea, unas tumbas llamadas «Paracas», de fosas sencillas y estrechas que están recubiertas por guijarros fluviales redondos o por motas de tierra.

En 1961 y en agosto de 1966, el profesor Agurto Calvo, rector de la Universidad nacional de Ingeniería hace unas excavaciones en Ocucaje y descubre en unas tumbas precolombinas numerosas piedras grabadas de las que empieza a hacer colección. Prosigue en sus exploraciones por el sector de Toma Luz, de la hacienda Callango, en el valle de lea.

1966: los profesores Alejandro Pezzia Assereto y Agusto Calvo excavan en el cerro Uhle, del sector de la Banda, de la hacienda Ocucaje y encuentran unas piedras grabadas.

«Este descubrimiento, escribe el profesor Pezzia, aportó la afirmación de la autenticidad de estos vestigios y el honor de ser el primer descubridor le pertenece al señor Agusto Calvo, que relató este acontecimiento en el suplemento del periódico El Comercio, de Lima, el 11 de diciembre de 1966, bajo el título "Las piedras mágicas de Ocucaje"... Esta tumba, a la que ya hemos hecho referencia, del cementerio Max-Uhle, fue totalmente destruida por los huaqueros clandestinos (saqueadores de tumbas).»

1968: el profesor Pezzia Assereto, que es director del museo de lea, publica las líneas mencionadas anteriormente y la relación de las numerosas excavaciones y descubrimientos efectuados en Ocucaje y en Callango, en un libro titulado lea y el Perú precolombino, tomo I, «Arqueología de la provincia de lea», editado por la «Imprenta Ojeda, S. A.», lea, Perú, el 12 de marzo de 1968.

Hemos reproducido más arriba dos páginas del libro con dibujos de los descubrimientos y de algunas piedras.(((

Las tumbas de Ocucaje y de Callango y las piedras grabadas que se han encontrado en ellas, según las estimaciones oficiales, tendrían 2.300 años de antigüedad (época de Paracas). Las piedras grabadas del cerro de lea son probablemente mucho más antiguas.

EL DOCTOR CABRERA ENTRA EN JUEGO

1966-1973: el doctor Cabrera comprende la importancia de las piedras y amasa una colección que llega a reunir aproximadamente las 11.000 piedras. Sin duda encuentra bastantes en las tumbas de Ocucaje (¡no lo dirá nunca! No es prudente confesar que se violan unas sepulturas, aunque sean del año 2000 antes de nuestra Era), pero compra muchas a los huaqueros.

Ultima Hora, del 2-9-71, declara que el descubrimiento de las piedras de lea ha dado la vuelta al mundo, pero que todavía no es conocido en el Perú.

El artículo del periódico, titulado «En lea hay unas piedras raras que son un enigma», señala la existencia de grabados representando secuencias de intervenciones quirúrgicas y de trasplantes de órganos, que él doctor Cabrera tiene la intención de presentar con motivo de un Congreso internacional de medicina.

Se trata evidentemente del injerto de corazón y del injerto de cerebro, de los cuales hemos publicado las fotos en El enigma de los Andes.

Es importante poner de relieve que en aquella fecha: 2 de setiembre de 1971, hubiese sido posible considerar, para evitar el fenómeno del rechace, la transfusión de sangre de mujer encinta, procedimiento del que los cirujanos no hicieron mención más que a principios del año 1975, después de la aparición de nuestro libro.

De El Dominical, del 27-8-71, bajo el título «El secreto de las 11.000 piedras. ¿Posibilidad de un cataclismo arqueológico?»:

«Es difícil admitir tales cosas que sobrepasan nuestra imaginación. Pero esto es posible, puesto que aquí, delante de nuestros ojos, están las piedras y porque se pueden fabricar una, dos, tres, cuarenta, ¡pero no once mil!»

1973: Entrevista de Robert Charroux y el doctor Cabrera.

El asunto es todavía ignorado, salvo por los iniciados. Es cierto que algunos arqueólogos conocen las piedras de Ocucaje y de lea, pero solamente cuatro hombres captan el carácter fantástico, único, del hallazgo: el doctor Cabrera, Robert Charroux y el coronel Ornar Chioino Carranza y el ingeniero Borit. Nadie más(.

El doctor Cabrera y Robert Charroux deciden dar a conocer las piedras de lea, primero en Francia y en Europa.

De El Comercio, del 17-3-74:

«Por ello, después de haber analizado detalladamente los argumentos en pro y en contra de la autenticidad de las piedras, hemos llegado a la conclusión de que, efectivamente, toda la historia es extraña o ilógica, pero que ninguno de los argumentos opuestos a la autenticidad de las piedras resulta convincente.

«Consideramos que el ilógico (por lo menos aparente) del contenido de las piedras es más bien una prueba en favor de la autenticidad que de lo contrario.»

12 de marzo de 1974: Robert Charroux va al Perú, en compañía de su editor Robert Laffont y de su director de colección Francis Maziére para que sean los testigos de la realidad de la existencia de las piedras.

Robert Charroux y el doctor Cabrera saben que habrá una fuerte oposición por parte de la Conjura de la malignidad.

Francis Maziére queda fascinado y convencido.

Robert Laffont está muy interesado, pero el problema de la autenticidad no es, declara, de su incumbencia.

En La Prensa del 4 de enero de 1975, con una cierta mala voluntad, la doctora Maria Reiche modifica sus precedentes declaraciones:

«No dudo que haya unas piedras auténticas y que merecen un estudio, pero la mayor parte es confusa. Hay unas cosas embrolladas que no corresponden a la realidad.»

ATESTADOS OFICIALES DE ANTIGÜEDAD

Se lee en La Prensa del 5-2-75:

«La primera conclusión, tras el examen de estas piedras y la confrontación de los objetos considerados como auténticos con aquellos hechos por los Uchuya, fue que la comparación no era posible. Los símbolos de las primeras son extremadamente complicados con relación al carácter tosco de aquellos que se graban actualmente.

«Numerosas personas han coleccionado desde hace mucho tiempo unas piedras grabadas de lea y dan fe de su autenticidad.

»El doctor Hércules Bendezú, adhiriéndose a las apreciaciones del doctor Nimio Antezana, de lea, asegura que, si bien existen piedras falsas, no se puede negar la autenticidad milenaria de la mayor parte. El abogado iqueño afirma que tuvo la oportunidad de ver los mencionados glifos por vez primera, en Nazca, hace más de quince años (por consiguiente hacia 1958).

«Declara igualmente no conocer personalmente al señor Cabrera Darquea. Pero que las tareas de investigación del doctor deben ser objeto de respeto...»

La señora Zenaida Gallegos, profesora y arqueóloga, comparte la misma opinión. Dice: «Actualmente, a través de todo lea, se habla y se especula sobre las piedras y más particularmente sobre la inmensa colección del doctor Cabrera Darquea quien, por haberse dedicado a ello por completo, es víctima de numerosos comentarios desfavorables... Es casi una tradición humana el tratar de locos a los hombres que mantienen unas tesis revolucionarias.»

El doctor Julio C. Tello afirma que las piedras son conocidas desde tiempos inmemoriales. Sus padres y sus abuelos ya le habían hablado de ellas.

Es un hecho bien conocido que, desde hace muchos años, los doctores Nimio Antezana, Hércules Bendezú, los profesores Edda Flores, Yolanda Velázquez, Gonzalo Maurial y los universitarios Absalón Díaz, Paulino Pallu-qui y Octavio Elias, han encontrado piedras grabadas en Ocucaje, las conservan en sus colecciones y las consideran como perfectamente auténticas.

Por último, conviene, sobre todo, retener la opinión altamente autorizada del coronel Ornar Chioino Carranza, conservador del museo de la Aeronáutica del Perú, quien declara en sustancia que la confusión no es posible entre las elucubraciones torpes y grotescas de Basilio y de Irma y los magníficos grabados de las piedras del doctor Cabrera.

«La colección —dice— es incontestablemente auténtica, con la excepción, tal vez pero no está demostrado, de algunas escasas piedras que hubiesen podido deslizarse en el conjunto.»

UNA SITUACIÓN COMPLICADA

Todo lo que antecede resuelve el problema de la autenticidad de las piedras. Pero, ¿por qué el doctor Cabrera no ataca judicialmente a los habitantes de Ocucaje por difamación?

Podría decir: ¡Estas personas mienten! ¡Saben pertinentemente que las piedras son verdaderas, puesto que las han recogido o encontrado en unas tumbas!

Si lo dijese, pondría de nuevo sobre el tapete el caso: un proceso sería abierto, el conjunto de las piedras sería reconocido como auténtico, los huaqueros irían a la cárcel,( pero no dejarían de denunciar al doctor Cabrera como cómplice: ¡él también había excavado en las necrópolis! Y además, ¿no ha comprado objetos... robados?

Entonces, ¿qué hacer? ¿Optar por la verdad, la autenticidad y la cárcel? ¿O bien dejar triunfar, por el momento, a los energúmenos de la impugnación, dejar desacreditar las piedras y dormir tranquilamente en la cama propia?

Ésta es, a nuestro entender, la situación en la que se debate el doctor Cabrera, infortunado gran descubridor. Como Schliemann, como Émile Fradin, como Waldemar Julsrud.

¡Quede muy evidente que la participación en las excavaciones que colocamos en el activo del doctor Cabrera no es más que una simple hipótesis! Bajo ningún precio, incluso al de la verdad, ¡quisiéramos enviar a la cárcel de Lima a nuestro amigo Javier Cabrera Darquea, ni tampoco a la buena gente de Ocucaje!

Es una situación complicada también para nosotros.

La verdad desnuda, plena y entera, es a veces muy difícil y peligrosa exponerla.

Dentro de algunos años... quizá. Por el momento, solamente podemos rogar encarecidamente al lector que nos crea: las piedras de lea son auténticas (con exclusión de los varios horrores grabados por Irma y Basilio), y la señora Fung así como señor Adam mienten o ignoran los rudimentos de la prehistoria.

Para los demás, no conviene siquiera recordar sus nombres ni sus acusaciones. Sería hacerles un honor demasiado grande.

¡OTRA GLIPTOTECA EN BOGOTÁ!

EL DISCO GENÉTICO

DE JAIME GUTIÉRREZ LEGA


Ha sido necesario que se encuentren centenares de celacantos, ha sido necesario que se descubra Lascaux después de Altamira para convencer a unos prehistoriadores retrasados de la fragilidad de sus ukases.

Ocurrirá lo mismo con los «Antecesores Superiores»: han legado a nuestro siglo la gliptoteca del doctor Cabrera y he aquí que un arqueólogo —salvaje, por supuesto, ya que es un auténtico descubridor— ¡encuentre otra en Colombia!

¿Adivinan lo que dice la conjura?

¡Que es falsa, por supuesto!

¡Esto equivale casi a un certificado de autenticidad!

EL AMERICANO HABRÍA TENIDO LA RANA COMO ANTEPASADO

Jaime Gutiérrez Lega, delineante industrial diplomado, es físicamente todo lo contrario del doctor Cabrera: los ojos claros y tímidos, la frente alta y ligeramente despoblada, el rostro casi oculto por una espesa barba negra.

Pero, al igual que nuestro amigo de lea, es un arqueólogo culto; tiene cinco hijos y una esposa tan asombrosamente bonita como la señora Cabrera.

Lo suficiente para hacerle olvidar muchas injusticias y decepciones.

Su casa, en el K-9 B, 12648 en Bogotá, verdadero retiro campero, oculta un santuario: el despacho, con una biblioteca «que parece una cordillera de volúmenes».

Es ahí donde Jaime Gutiérrez prosigue sus trabajos, sobre el origen del hombre, a partir de las excavaciones que ha efectuado en la región Muizca, a 120 km al noroeste y nordeste de Bogotá en las provincias de Cundinamarca y de Boyacá.

Sin embargo, como al doctor Cabrera, son los huaqueros quienes le han vendido la mayor parte de las piedras que constituyen su maravilloso museo secreto.

Las que él ha exhumado estaban a 0,40-0,60 cm de profundidad bajo la capa vegetal, las otras proceden de tumbas, como en Ocucaje, y acompañaban sepulturas humanas.

Son los dibujos de estas piedras las que han permitido a Jaime Gutiérrez establecer una extraña teoría sobre la filiación animal del hombre o, por lo menos sobre el filo vinculando una determinada raza humana con la rana.

Es una tesis extraordinaria, ciertamente, pero que no extraña a los biólogos, dados los muchos denominadores comunes que se hallan en las dos especies.

Se sabe, por ejemplo, por el test de Brouha, que por la afinidad genética entre ella y la rana es posible determinar si una mujer está encinta; ( por añadidura, existe una notable analogía de forma y de evolución en el feto de una y otra.

Por último, recordemos que la tesis oficialmente admitida sobre la larga historia, tan compleja, de los seres vivientes, hace derivar a los vertebrados, por consiguiente al hombre, de los crosopterigios que vivían hace 300 millones de años, con, como único superviviente conocido, el celacanto.

Que descendamos de un batracio no es, pues, más fantástico en sí que descender de un pez.((

EL LEGADO DE UNA CIVILIZACIÓN DESCONOCIDA

En resumen, los grabados de estas piedras tenderían a demostrar que, según los antiguos indios de América, su origen, por mutaciones sucesivas, arrancaría de la rana.

J. Gutiérrez ha llegado a esta conclusión estudiando el maravilloso «disco genético» que ha descubierto y que describe, paralelamente, la metamorfosis del renacuajo y del espermatozoide humano.

Descifrar el documento no es tan fácil como el del injerto del corazón que aparece en las piedras de lea, aunque parece ser cierto, en efecto, como lo asegura el joven sabio colombiano, que una civilización desconocida, del norte de Bogotá, haya tenido la intención de legarnos sus conocimientos —o sus tradiciones— sobre la evolución biológica de su raza.

También en este caso, incumbe a los biólogos el pronunciarse pero, lo mismo que los prehistoriadores del Perú, los «pontífices» de Colombia han juzgado más cómodo no estudiar nada y poner en tela de juicio la enseñanza del disco genético.

Sin embargo, algunos, menos obstinados, conceden un cierto crédito a la tesis de Jaime Gutiérrez.


LA CIENCIA FANTÁSTICA DE LOS ANTECESORES SUPERIORES
El disco genético es de piedra «lidita» y mide 22 cm de diámetro, las otras piedras grabadas tienen de 1 a 50 cm, con una densidad de 3 gramos por centímetro cúbico.

La colección asciende actualmente a 76 ejemplares y ciertos museos colombianos poseen algunos.

Según Jaime Gutiérrez, el diluvio universal (llamado de Bochica) se produjo en la zona Cundinamarca-Boyacá y obligó a los descendientes del filo rana (la raza amarilla) a emigrar hacia la actual China.

Su fusión con el filo mono (la raza negra) esparcido por el mundo, habría producido la raza blanca.

Jaime Gutiérrez expondrá su teoría en el libro que escribe y que será prologado por un monje benedictino.

«Las primeras manifestaciones de la vida —explica—, tuvieron lugar en el agua original de la tierra recién nacida.

»Si debiéramos escoger entre los anfibios el que era más sensible a las mutaciones, la rana es la que ofrece las mejores oportunidades de éxito, ya que soporta unas metamorfosis excepcionales en su ciclo vital.»

No es esta nueva visión de la evolución de lo Viviente lo que choca a los científicos, sino las consecuencias mismas del descubrimiento.

Implica, en efecto, que los antiguos habitantes de Colombia, como los del cercano Perú, para conocer el espermatozoide, el óvulo y el proceso de desarrollo del embrión tenían que disponer de instrumentos análogos al microscopio electrónico. Y, además, poseer increíbles conocimientos de genética, ya que, salvo posible error, ¡el disco genético reproduciría también imágenes de genes y de cromosomas!

Y he aquí que vuelve a ponerse sobre el tapete la cuestión del misterio de los Antecesores Superiores que nos habrían precedido sobre la Tierra y que, antes de desaparecer, procuraron dejarnos un testimonio de su ciencia.

El arqueólogo holandés Van Derhamen, por el procedimiento del carbono 14, experimentado sobre las osamentas halladas en las tumbas, ha determinado una antigüedad de 10.000 a 12.000 años.

Hace 30.000 años, la sabana de Bogotá era un lago; el material arqueológico hallado se sitúa más arriba que el nivel de las aguas.

La gliptoteca de Jaime Gutiérrez, de cualquier modo, valoriza la del doctor Cabrera, así como las 35.000 figurillas halladas en México por Waldemar Julsrud, sea cual sea la explicación que los prehistoriadores del futuro den a estos descubrimientos.

CAPÍTULO VI


EL TORRENTE DESCUBRE LA GLIPTOTECA

Tras efectuar la defensa de las piedras (dentro de la medida de nuestras informaciones), vamos ahora a revelar cómo fueron encontradas las más interesantes, las del doctor Cabrera.

Son auténticas. No cabe la menor duda y lo hemos demostrado, pero lo que, con razón, intriga a los arqueólogos, es su aparición relativamente tardía.

EL RIO ICA CAMBIA DE CURSO

El periódico más importante del Perú, La Prensa, ha revelado cómo han podido ser descubiertas tantas piedras en el pequeño valle del río lea.

Después de haber recalcado que era imposible confundir los torpes bosquejos de Basilio Uchuya con los grabados auténticos de la colección Cabrera, La Prensa prosigue exponiendo:(

«Se comenzaron a encontrar las piedras, de forma masiva, hace unos quince años, cuando una especie de desviación del río lea hizo afluir sus aguas sobre las tierras vírgenes de la zona de Ocucaje.

»Se hallaron entonces, grandes cantidades de piedras grabadas. Seguidamente, los huaqueros (saqueadores de tumbas, buscadores de tesoros) abundaron para negociarlas, y más recientemente, falsificaron algunas. Estos últimos son los responsables de la confusión y de la incertidumbre.»

¡Estas declaraciones no son gratuitas! Representan lo que había escrito precedentemente el prehistoriador Hermán Buse que se refería al hecho «de que, en 1961, el desbordamiento del río lea había permitido el descubrimiento, en la zona de Ocucaje, de una cantidad de piedras que, después, habían sido objeto de comercio por los huaqueros que las habían encontrado».

Con motivo del primer Congreso de Arqueología andina que tuvo lugar en Lima en 1972, Hermán Buse escribió en el periódico El Comercio, que el Congreso debía pronunciarse sobre la autenticidad de las piedras de lea, porque determinadas declaraciones arrojaban la duda sobre la maravillosa colección del doctor Cabrera.

Añadía:


«¿Diez mil falsificaciones? ¡Muchas adquiridas por algunos soles! ¡Que nos expliquen el precio irrisorio dado por un trabajo tan delicado, tan complicado, tan difícil! Unos hombres respetables creen en ellas, en su legítima y certificada autenticidad. Por ello, ante la opinión de los profanos, parece extraño que unos arqueólogos profesionales las rechacen rotundamente.»

¡Por supuesto, el Congreso peruano se desinteresó de la cuestión! Los hoteles eran confortables, las vituallas suculentas, el vino generoso... Si por añadidura fuese necesario ocuparse de arqueología, ¡hubiese sido el mundo al revés!

¡LA GANGA DE LOS CAMPESINOS!

He aquí, pues, la clave del enigma: en 1961, el río lea abandona su curso normal y va a zapar los cerros del pueblo de Ocucaje.

Las aguas arrastran las arenas de estas colinas desérticas y ponen al desnudo una necrópolis, o más exactamente un santuario, donde un pueblo desconocido ha depositado sus archivos prehistóricos. Más de 10.000 piedras tapizan el suelo: no hace falta sino agacharse para recogerlas.

El pueblo de Ocucaje está en las cercanías (aproximadamente un kilómetro) y los habitantes no tardan en notar la presencia de aquellas piedras negras o grises, pero todas grabadas con dibujos fantásticos.

Transportan estas piedras misteriosas hasta sus pobres moradas, a menudo con gran esfuerzo, ya que algunas ¡pesan 400, 600 kilos y más! Las depositan contra las paredes, en las «bodegas» oscuras que flanquean sus habitaciones, incluso las dejan sobre la plaza del pueblo.

¿Quién les robaría estos vestigios enigmáticos?

Nunca un turista se ha aventurado por Ocucaje, que está perdido entre la pampa del Hornillo y la pampa de Huayuri.

La mayoría de los habitantes de lea ignoran este pueblo sin interés, como ignoran también la arqueología. Una ciencia que les tiene muy sin cuidado y las piedras habrían permanecido largo tiempo en los patinillos de las casas, bajo el sol que las blanquea día tras día, si el doctor Cabrera no las hubiese por fin descubierto.

EL DOCTOR CABRERA COMPRA 11.000 PIEDRAS

Sin embargo, en lea, hay una «intelligentsia», una élite que se interesa en otras cosas que no sea la palabrería y el fútbol: profesores, altos funcionarios, y entre ellos un hombre de una cultura extraordinaria y refinada: el doctor Javier Cabrera Darquea.

¿Es el misterioso «Doctor Sotil» que iba, según se dice, a efectuar excavaciones con los huaqueros en las necrópolis secretas de Ocucaje? ¡Qué importa!

Fue, en todo caso, aquel que se llegó hasta el pueblo, vio millares de piedras y comprendió inmediatamente toda su importancia. Había que salvar aquel patrimonio nacional amenazado de destrucción o de éxodo hacia los Estados Unidos o el Occidente europeo.(

No va a constituir por espíritu de lucro la más fabulosa colección de piedras grabadas conocida en la historia de la arqueología.

Nuestro amigo es un ardiente patriota y quiere que su país, el Perú, tenga el honor de poseer esta maravillosa herencia de nuestros Antecesores Superiores.

Quiere dar a lea, como ya lo ha hecho Carlos Belli, un museo del cual ya ha encontrado el nombre: Museo de Gliptolitos. Su colección la va a crear con su dinero, con sus esfuerzos, sus investigaciones, su inteligencia.

«Quiero que mi libro sea editado en el Perú —nos ha declarado en una carta—. Soy un buscador científico, pero ante todo soy peruano y renuncio voluntariamente de buen grado a mis intereses personales para servir la causa revolucionaria y nacionalista del Perú.»

Por consiguiente, con sus honorarios de cirujano, Javier Cabrera ha comprado, de 1966 a 1974, las aproximadamente 11.000 piedras con grabados interesantes que habían alfombrado el lecho del río lea.

No les dejó a los huaqueros más que las piedras con grabados triviales, las que nosotros hemos comprado en 1974, y en 1976, ¡las que yacían en los patios y servían de amparo a los patos!

MINA AGOTADA: PIEDRAS FALSAS

Todo tiene un final, sobre todo las cosas mejores, y llegó el día en que, después de haber recogido de 10.000 a 13.000 piedras en el valle del río (lo cual es una cifra fantástica), los huaqueros ya no encontraron más.

Quedaban las tumbas, pero era necesario detectar su emplazamiento, excavar, ¡y el rendimiento era infinitamente menor!

Por otra parte, parece ser que solamente las piedras del santuario arrasado por las aguas llevaban los grabados-mensajes reflejando la civilización y los conocimientos de los Grandes Antecesores desconocidos... En resumen, pronto ya no hubo nada para venderle al doctor Cabrera.

Era un golpe duro para estos campesinos que habitaban sobre un suelo ingrato, árido, en una región donde las posibilidades de trabajo son casi inexistentes. Fue entonces cuando Basilio Uchuya e Irma de Aparcana tuvieron la idea, muy simple —un automatismo social natural allegado al instinto de conservación— de grabar piedras falsas.

En modo alguno entraba en sus propósitos acarrear perjuicio a nadie y todavía menos agraviar la fama histórica y prehistórica de su país. Para los campesinos de Ocucaje, grabar unas piedras representaba solamente unos kilos de pan, latas de conservas, vino de lea, telas para vestirse y herramientas de uso doméstico.

Irma y Basilio pusieron mano a la obra: ¡fue un fracaso total, no vendieron una sola de sus piedras grabadas!

El doctor Cabrera se echó a reír cuando le enseñaron sus elucubraciones: ¡era como si quisieran hacer pasar un abrigo de pieles de conejo por visón!

Al no llegar nunca ningún turista a Ocucaje, las falsas piedras —poco numerosas— quedaron en poder de los cándidos falsarios.

BASILIO NO TENÍA PIEDRAS FALSAS EN MARZO DE 1974

Es casi seguro que, con fecha del primero de enero de 1975, Basilio e Irma no habían grabado más de una decena de piedras, de las cuales ninguna encontró comprador.

Fuimos a Ocucaje en marzo de 1974, con la finalidad de comprobar si, como lo dejaban entender unos vagos rumores, los campesinos grababan o tenían la posibilidad de hacer falsificaciones.

Para salir de dudas, ofrecimos fuertes cantidades (del orden de 200.000 soles) a la señora Uchuya y a algunos otros habitantes de Ocucaje que se rieron y, con toda buena fe, doy por supuesto, han asegurado que la oferta era magnífica, pero que nadie en el pueblo era capaz de efectuar el trabajo solicitado.

Hemos comprado unas piedras en casa de Basilio y en algunas otras casas.

Al día siguiente de nuestra visita —era el jueves 14 de marzo— Basilio fue a visitarnos al «Hotel Turistas», de lea. Nos hizo llamar por un camarero y, en las cercanías del hotel, tras un macizo de arbustos, ocultándose, desempaquetó una docena de piedras negras.

Le compramos algunas, pero nuestras maletas estaban ya pesadamente cargadas.

Por aquella fecha, ninguna piedra grabada se vendía en lea y toda la ciudad ignoraba que pudieran existir, aparte algunos arqueólogos cultos, tales como el doctor Cabrera y el profesor Pezzia.

¡MUNDIAL RETRATA SIEMPRE LA MISMA PIEDRA!

En su notable libro editado en 1976 y titulado El mensaje de las piedras grabadas de lea( el doctor Cabrera defiende su honorabilidad con unos argumentos de gran lealtad y una nobleza de pensamiento y de estilo que imponen estima y admiración.

Con mucha pertinencia, hace observar que para demostrar la seudoimpostura de Ocucaje, la revista Mundial publica quince fotos de Basilio Uchuya con sus seudobajas obras.

Ahora bien, fenómeno extraño, este falsario que habría grabado 11.000 piedras, no ha podido ser retratado más que con una sola piedra traficada, siempre la misma (¡la que representa el grabado lamentable de una especie de monstruo muy esbozado!)

¿Por qué los muy honestos periodistas de Mundial no han retratado a Basilio con dos, diez, cien piedras... él, que habría grabado decenas de millares?

Sí, ¿por qué?

¡La respuesta es evidente!

¡No se retrata a un falsificador de dinero con un solo billete de Banco, ni a un buscador de setas con una sola seta!

Los fotógrafos no han retratado más que una sola piedra falsa, porque no había otras en Ocucaje!

DINOSAURIO + AUTO BUS + BOTELLA DE «COCA-COLA»

Sin embargo, ateniéndonos a la apariencia de los hechos, Ocucaje hubiese tenido que desbordar de piedras traficadas, de talleres de grabado, de almacenes de depósito.

He aquí, en efecto, lo que revela el doctor Cabrera en su libro, capítulo IV, página 124 y siguientes:

«A pesar de mi insistencia para que sean estudiadas y protegidas las piedras de lea, la mafia de la mentira ha encontrado una coartada para ampararse: actualmente se pueden grabar unas piedras y se ha logrado que los campesinos graben otras en presencia de personas neófitas en la materia, de modo a que puedan certificar que todas las piedras grabadas de lea son de reciente fabricación...»

El doctor Cabrera asegura que los campesinos, al ser incapaces de efectuar grabados presentables, utilizan auténticas piedras grabadas, sobre las cuales trazan sus iniciales, unas fechas y añaden dibujos de objetos actuales y a veces unas leyendas.

Dan por resultado entonces, unas mezcolanzas insólitas, por ejemplo, un dinosaurio asociado con un autobús o con una botella (de «Coca-Cola»).

Mediante este sistema, los campesinos de Ocucaje hacen suponer que todos los glifos auténticos son de reciente fabricación...

DATACIONES AZAROSAS

Personalmente, no creemos que en el estado actual de la ciencia se puedan datar unas piedras grabadas, pero debemos mencionar en el expediente del asunto las pruebas que han sido efectuadas en este sentido.

El químico y mineralogista Maurice Hochschild, de Pisco, afirma que «la oxidación natural de las piedras que se produce por el envejecimiento de los minerales, cubre del mismo modo las incisiones y la superficie no grabada» {relatado por El Comercio del 17-3-74).

El estudio de la materia de las piedras, realizado en la Facultad de las Minas de Lima, indica que se trata de andesita fuertemente carbonizada procedente de las capas de corrientes volcánicas correspondiendo al mesozoico (Era secundaria), típicas de la región (80 a 130 millones de años).

Dureza del núcleo: 4; dureza de la capa exterior: 3; por consiguiente piedra que puede ser fácilmente entallada por cualquier objeto duro y, principalmente, por la obsidiana.

Las piedras, puntualiza el peritaje, están envueltas por una fina pátina de oxidación natural que cubre las incisiones de los grabados, hecho que permite deducir su antigüedad.

Nos han reprochado el haber fechado los dibujos en 60 millones de años, lo cual es inexacto. Insinuamos bajo forma de hipótesis la fecha máxima de 40.000 años. Pero está comprobado que determinadas piedras no tienen más que algunos siglos o algunos milenios.

No tenemos ninguna certidumbre sobre su grado de antigüedad. Pretendemos solamente atestiguar que no son recientes y, por consiguiente, que son auténticamente antiguas.

UN NUEVO ASUNTO GLOZEL

Así es como están las cosas. Ésta es la verdad sobre «el asunto de lea».

Arteros, astutos, «prudentes», los conjurados de la prehistoria francesa «ignoran las piedras del doctor Cabrera».

No las han visto, ni sopesado, ni olfateado, ni sometido a peritajes, ni estudiado... ¡saben solamente que son falsas!

Cierto es que podrían ir a lea, investigar, demostrar el buen fundamento de su opinión. ¡Ni hablar!

¡Proceder a peritajes sería demostrar la autenticidad! Entonces, iban a quedar muy mal...

En la espera del veredicto del futuro, repetimos nuestras declaraciones de 1974:

«Calificamos de mentiroso e impostor a quienquiera pretenda que las piedras de lea son falsas.»

Un nuevo asunto Glozel está sobre el tapete.

La Conjura perderá prestigio. Pero, ¿cuándo?

CAPÍTULO VIl

EL ESOTERISMO DE LAS PIEDRAS Y DE LOS MENHIRES

Si se poseen algunas luces sobre los dólmenes y los crómlechs, en cambio se es mucho más evasivo por lo que concierne a los menhires.

El menhir, dice el diccionario Larousse (del bretón men = piedra e hir = larga) es un monumento megalítico formado por una piedra alzada.

Se le supone conmemorativo de acontecimiento o edificio dedicado al culto.

Existen cerca de 5.000 menhires en Bretaña, de los cuales 2.935 forman los célebres alineamientos de Carnac.

¿Los menhires son lápidas sepulcrales, jalones, acumuladores de energía telúrica, «nombres en pie», o alguna otra cosa? Esto es lo que podría revelarnos la verdadera apelación del monumento si se conociese, pero los primeros ocupantes del Occidente y, después de ellos, los celtas, no nos han dejado ningún esclarecimiento sobre este tema.(

Los menhires eran objeto de un culto y pasaban por contener un poder mágico: es la única certidumbre que tenemos.
¡LA CARRETA INVENTADA ANTES QUE EL CABALLO!

Menhir significa, pues: piedra larga. No es del todo seguro que men tenga el significado de «piedra».

Men, man, memez en inglés, en germánico y en céltico, significan: hombre y montaña que somos tentados para relacionarlo con mana (grande, en sánscrito), con Manú, el Sabio héroe del diluvio hindú, con Manannan, el mago-hechicero de la isla de Man, ombligo del mundo, con Mannus, el primer hombre en la mitología germánica, con mana, el poder de las estatuas de la isla de Pascua.

Ahora bien, el menhir, en la tradición, participa estrechamente de la montaña (el roquizó), del poder, de Dios y del primer hombre de la creación.

En la arqueología clásica, el dolmen pasa por ser más antiguo que el menhir.

Pero es una costumbre para los prehistoriadores patentados decretar que el bastonazo ha existido antes que el bastón, el río antes que el valle, el temblor de tierra antes que la Tierra ¡y la bicicleta antes que la rueda!

De ese modo, nos enseñan que la edad del bronce (cobre y estaño) es anterior a la edad del hierro, y que el andamiaje —por ejemplo en Lascaux— ¡ha existido antes que la pared!

Sobre tales bases, los prehistoriadores declaran que el dolmen, formado por tres, cuatro o cinco menhires soportando una mesa de piedra, ¡es más antiguo que el menhir!

Haciéndose eco del punto de vista oficial, el periodista «científico» H. de Saint-Blanquat, en una revista especializada,( después de haber escrito «que ya no existe misterio alguno en los megalitos» prosigue con estas líneas no menos asombrosas: «Se tiene, pues, la certeza de que los menhires fueron elevados en una época en que se construían también los dólmenes.

«Pero ninguna prueba existe de que estos menhires hayan sido erigidos antes del 3000 a. de J.C.»

Ahora bien, el mismo especialista concede —4.400 a —4.600 años, o sea una antigüedad de 6.000 a 6.600 años ¡ a los dólmenes del Poitou, de Normandía, de Bretaña, de Portugal y de Escocia!

Bien es verdad que el abate Breuil, que no creía en las casas de los hombres prehistóricos y en su conocimiento del cemento, escribía a propósito del horno para cocer de la Coumba del Pré-Neuf en Noaillé (Correze):

«Los huecos... habían sido cuidadosamente guarnecidos con piedras más pequeñas mantenidas por un amasado de tierra arcillocalcárea y arena», lo cual, salvo error, es precisamente el cemento empleado por los albañiles.((

Seamos serios, por favor: ¡el menhir es más antiguo que el dolmen, puesto que es necesario utilizar menhires para construir un dolmen!

Y cae por su peso, para todo hombre dotado de lucidez, que la «piedra levantada» {menhir), en todos los países del mundo, se remonta a la misma fecha de las primeras tumbas que fueron edificadas.(((

LOS CELTAS: 2500 O 5.000 AÑOS

Si los megalitos son particularmente abundantes en Irlanda y en Bretaña, es porque estos países estaban muy apartados de las rutas frecuentadas por las migraciones de toda clase.

El prehistoriador H. Hubert ( opina que la invasión del Occidente por los celtas pudo ser causada por replegamientos del mar o quizá por algún invento en materia de navegación, ya que eran indudablemente navegantes.

Los celtas no son una raza, sino un pueblo o un grupo de pueblos «distintos de los grecolatinos, de los germanos, de los baltoeslavos, de los iberos y de los ligures» con los cuales tienen, sin embargo, numerosos puntos comunes.

H. Hubert los divide en cuatro grupos: goidels, pietos, bretones (incluidos los galos) y belgas.

Probablemente se apartarían del tronco indoeuropeo en Oriente.

Los primeros elementos que penetraron en la Galia, y tal vez también en España, son, dice, los pictones del Poitou, emparentados con los pictos de Escocia.

Se establecen en Occidente en la edad del bronce, lo cual resulta extremadamente vago, ya que los prehistoriadores están tan poco seguros de su «ciencia» que extienden la edad del bronce desde —2.000 años (Altine-Depe, Turkmenistán) a —8.000 años (Medzamor, Armenia soviética).

Tomemos una fecha promedio —3.000 y digamos que los celtas tienen una antigüedad de 5.000 años, que desborda la decretada en altas esferas: ¡2.500 a 3.000 años solamente!

Cierto es que la cepa ha permanecido más pura en Irlanda y en Bretaña, pero, por lo menos en lo que concierne a nuestro país, si los más importantes centros de megalitos han subsistido en el país de Amor (Bretaña), parece que los principales santuarios hayan sido edificados en otros sitios: en Chartres, en Loudun, en Saint Benoit-sur-Loire, en el Mont-Saint-Michel, en Autun, en los Vosgos y en Marsella.

DATACIÓN DE LOS MEGALITOS

Según la cronología adoptada por los medios oficiales, la civilización de los dólmenes se remontaría al tiempo del invento de la agricultura, hace 7.000 años.

Los megalitos más antiguos, de acuerdo a esta cronología, se situarían así en el tiempo:

— Poitou — Normandía — Bretaña — Portugal — Escocia: 6.000 a 6.700 años.

— Dolmen de la isla Gaignog en Landéda (Finisterre): 5.850 años.

— Bougon (Deux-Sévres): 5.850 años.

— Plouezoch (29.N. Finisterre): 5.500 años.

— Siria — Líbano — Palestina: 5.200 años. — Dólmenes del Cáucaso: 5.000 años.

— New-Grange en Irlanda: 4.500 años.

— Carnac: 4.000 años.

— Stonehenge: 4.000 años.

— Dólmenes del Macizo Central: 4.000 años.

— India — Pakistán — Irán — Filitosa: 3.500 años.

— África del Norte: 3.000 años.

— Japón — Corea — Manchuria — India — Asia — Oceanía: 2.000 años por lo menos.

Estos fechados de los dólmenes y monumentos mega-líticos son tal vez exactos, pero tenemos buenas razones para creer que los menhires son notablemente más antiguos.

Sea lo que fuera, y contrariamente a la enseñanza oficial, nosotros pretendemos que los celtas han sido unos constructores de monumentos megalíticos, por lo menos en su período tardío, y están indisolublemente ligados por su historia y sus creencias a los menhires y a los dólmenes.


EL HOMBRE VERTICAL, LA MANO Y LOS «GRAFFITI»

La historia del menhir no puede disociarse de aquella del peñasco del que ha salido y de la gran aventura humana.

No está demostrado que la cuna del hombre sea nuestra Tierra, hija del Sol, pero pensamos que nuestros antepasados más probables vieron el día sobre nuestro suelo, en tiempos inmemoriales.

En esta hipótesis, la fecha más importante de la Humanidad fue su acceso a la posición vertical que condicionó el desarrollo del cerebro, de la inteligencia y permitió la evolución hacia una civilización elaborada.

El hombre vertical tuvo la gran oportunidad de liberar sus manos (a menos que esta liberación adquirida anteriormente no haya motivado su nueva posición).

Cierto es que su pensamiento existía ya, pero se puede decir que se afirmó con la destreza de su mano que podía coger y crear.

La palabra mano, escribe Dimitri Panine, es tal vez la más antigua del mundo y de la lengua original, ya que la mano fue, en definitiva, la primera herramienta y casi el primer «pensamiento» del hombre original.

Es interesante vincular esta idea con el menhir erguido que servirá para soportar el pensamiento del hombre, incluso no formulado, incluso abstracto.

Al principio, el hombre vertical, por simple impulso mecánico tal vez, como en el niño de nuestros días, trazó con su dedo un rasgo en el suelo. Fue el primer geoglifo y después con un guijarro rudo, garabateó sobre una roca blanda, y fueron los primeros «graffiti».

Los trazados primordiales que debían culminar en el símbolo y en la escritura fueron, sin duda, el rasgo horizontal, el rasgo vertical, la cuadrícula y por fin el círculo.(

El esbozo de una civilización acababa de nacer: el hombre tenía ya en lo sucesivo a su disposición los cuatro elementos esenciales: el pensamiento, la mano, la piedra y el trazado.

El agua y la arcilla le habían dado la vida, la piedra iba a darle el arranque de la civilización con el betilo, el «kudurru», el mojón, el menhir, el pilar, el obelisco.

EL PEDERNAL

En todos los tiempos, los hombres han creído que el pedernal o sílex, o silicato de aluminio, contenía el fuego del cielo y el principio-vida, y es curioso comprobar que nunca ninguna estatua fue tallada en sílex,(( sin duda porque es un material de una extremada dureza, pero también —quizá— por miedo a ver la estatua animarse con sentimientos homicidas contra el sacrilego que la habría esculpido.

Los celtas colocaban religiosamente unas piedras de pedernal, talladas o no, bajo los dólmenes, lo cual era una manera de aportar vida al templo y a los manes de los antepasados, tal vez para fijar el espíritu de los muertos.

Entre los dravídicos y en numerosos otros pueblos, la piedra tenía también esta propiedad de fijar los espíritus buenos o malos; por este motivo se rodeaba la tumba de los muertos con un círculo de piedras, con la finalidad de aprisionar los fantasmas y los resucitados.

«En distintos sitios, se echa una piedra sobre el camino de regreso, después de haber inhumado a un muerto. De este modo, la piedra obstaculiza el espíritu del muerto, creando un fantasma que se fija en esta piedra y se vuelve así impotente para inquietar a los vivos.» (J. Boulnois.)

PIEDRA Y AGUA DE VIDA

En la Biblia, la tierra y el cielo han sido creados primero en potencia de manifestaciones formales, escribe J. Boulnois.

«La tierra y el cielo siendo "las Aguas", míticamente separadas por Dios después de la creación de la luz, en aguas inferiores (tierra y océano) y aguas superiores (cielo).

«Solamente las aguas inferiores produjeron, por una especie de corporificación, la sustancia formal, individualizada, sensible, de la tierra y del agua. Es necesario, pues, comprender por las Aguas, una especie de sustancia primordial.»

Ahora bien, según las tesis del profesor Louis Kervran, tierra y agua son sinónimas, el calcáreo engendrando el agua y sin duda, viceversa, por el proceso de sedimentación y de infiltración.(

El principio-vida está, por consiguiente, tan íntimamente ligado a la piedra andrógina (arcilla) como al agua.

Cierto es que, en la leyenda cristiana, primaria y fundamentalmente destinada al error por el hecho de que Dios es diferente del Universo y ausente de la materia, el primer hombre, Adán, fue hecho de arcilla muerta, que el Creador animó con su aliento; pero la mayor parte de las otras tradiciones respetan más la línea científica y atestiguan que la piedra o arcilla posee la vida, siendo incluso la fuente de la vida en igualdad con el agua.

En la India del Sur y en Ceilán, país de los tamul dravídicos, una piedra informe señala a veces la entrada o el centro del pueblo.

Es regada ritualmente cada día y se la llama piedra umbilical o piedra de vida, lo cual no tendría nada de extraordinario, ya que esta costumbre es casi universal, si la piedra umbilical no tuviese una particularidad notable e incluso mágica: ¡ha caído del cielo!

Todo lo que viene del país de los dioses es sagrado, por eso los aerolitos o meteoritos han gozado de una gran veneración entre los pueblos de la Antigüedad, principalmente cuando estas piedras caídas del cielo eran tectitas, es decir, piedras vidriosas de color negro.

PIEDRAS CELESTES, NEGRAS O VERDES

En el Perú, los incas construyeron el Templo del Sol del lago Titicaca, teniendo, como primer elemento, una piedra negra procedente del cielo.

Cealcoquin, ciudad mítica de Honduras, debía su fortuna y su poderío a una piedra negra traída por «una mujer blanca, de una belleza incomparable» que, tal como un ángel, había descendido un día de las nubes.

Las leyendas andinas hablan también de la «piedra negra de Ancovilca», único vestigio de una ciudad edificada en el fondo de un lago y que un temblor de tierras hizo desaparecer un día.

En La Meca, los musulmanes veneran una piedra negra, la Hadjar-el-Asuad (Hadjers'ul-Esswed) empotrada en el ángulo este de la Kaaba, el santuario de la gran mezquita.

Es considerada como prenda de la alianza que Dios hizo con los hombres en la persona de Adán, que se la llevó al abandonar el paraíso terrestre, pero otra tradición asegura que fue el ángel Gabriel quien la entregó a Abraham.

La Hadjar-el-Asuad era muy probablemente un meteorito y fue uno de los más antiguos ídolos del Hadjaz.

Los escritores de Bizancio, escribe E. Saillens, están de acuerdo en decir que la piedra representaba a Anahita, es decir, a Astarté, la estrella de la mañana.(

Cuando apareció Mahoma, el templo en que se le rendía homenaje estaba, así como el betilo, rodeado de piedras y de imágenes sagradas representando las 360 tribus del desierto.

El profeta hizo desaparecer las imágenes, pero no se atrevió a tocar esta decana y desde entonces, el día de Venus, viernes, quedó como día sagrado.

Entre los celtas, una piedra verde misteriosa era quizá también de naturaleza meteorítica: la calláis. Cerca de un millar han sido encontradas bajo unos dólmenes, pero no se sabe qué poderes o virtudes se suponía que poseían.

Un enigma rodea las piedras de color verde que tienen una relación evidente con el planeta Venus.

En el templo de Chavin, en el Perú, se puede ver un gran monolito de serpiente llamado «la piedra verde del mundo», que bastaba desplazar, antaño, para provocar un diluvio.

Este monolito, según se decía, procedía de Venus, lo mismo que la piedra del Santo-Graal, la esmeralda verde caída de la frente de Lucifer.

Por otra parte, es curioso mencionar que los hongos psilocibos de México, país del Dios venusiano Quetzalcóatl, tienen la propiedad de hacer ver toda la vida de color verde.

LA PIEDRA DE SAYWITE

A 3.600 metros de altura en el Perú, a 45 km de la ciudad de Abancay, sobre una pendiente de la Cordillera que domina el río Apurimac, una extraña piedra se burla de los arqueólogos: la piedra de Saywite.

Mide 4,10 de longitud, 3,10 m de ancho por una altura aproximada de 1,20 m, y su superficie superior está esculpida con bajorrelieves que, a primera vista, parecen representar la maqueta de una ciudad incaica con sus plataformas, sus terrazas, sus templos, sus casas, sus calles, sus hornacinas y... un notable sistema de drenaje de las aguas, de tal modo que la lluvia no se estanca nunca sobre el calcáreo y se escapa hacia el exterior mediante pendientes bien calculadas y por el laberinto de acequias.

Esta ciudad en miniatura está poblada por algunos personajes, sin duda simbólicos, ya que son muy poco numerosos, por cuatro pumas orientados hacia los puntos cardinales y se notan esbozos de plantas.

En cuanto al presunto significado del monolito, oscila entre el monumento para oráculos y la maqueta de un lugar sagrado que quedaría por descubrir en las soledades de las Cordilleras de los Andes.

Los antiguos pueblos anteriores a los quichuas han tenido siempre a la piedra en gran veneración y, como los asirio-babilonios y los fenicios, hacían de ellas las moradas de los dioses.

Con una gran incertidumbre, pensamos que la piedra esculpida de Saywite es una imagen simbólica del mundo, de la esencia primitiva de Dios, del Viviente y de las civilizaciones representadas por una ciudad sagrada.

LA COMPAÑERA ASHERAT

La piedra y el agua están íntimamente ligadas, ya sea para hacer el manantial o el pozo, ya sea para designar el emplazamiento sagrado de la iglesia o de la catedral.

La iglesia, el agua y la piedra adoptan el mismo proceso de sacralización que los antiguos relacionaban con una cosmogénesis venusina.

En las más antiguas mitologías, se dice que la llegada de Istar o de Astarté a nuestro sistema solar, provocó lluvias diluvianas e inundaciones.

Enki, dios del Océano primordial en la mitología asirio-babilonia, tenía por hija a la diosa Nina, la «Dama de las Aguas», identificada a Istar como la representante del planeta Venus.

La misma tradición asirio-babilonia hace a esta diosa responsable del diluvio universal.

«El terror que se esparce por el Universo alcanza a los propios dioses... Istar, más asustada sin duda que los demás grita como una mujer en parto. Se arrepiente de haber apoyado, quizás incluso provocado la decisión de los dioses; ella no deseaba un castigo tan terrible.» (Mythologie genérale. F. Guiraud.)

Istar, en Fenicia, recibía el nombre de Astart o Asherat; ahora bien, Asherat-del-mar, la Estrella-del-mar,( es la diosa de los ríos y de los océanos.

Uno de los poemas traducidos de las tablillas cuneiformes de Ras Shamra (Siria), que se remonta a 3.400 años, podría dar mucho que pensar a los francmasones todavía aferrados a la fábula del- templo de Salomón.

Baal, el más grande de los dioses después de Él, y más reciente también, «no tema —dicen las tablillas—, ni recinto sagrado ni templo como le es debido a un hijo de Asherat».

Por consiguiente, se le va a construir uno «sin intervención de seres humanos», como en el caso del templo de Jerusalén.

«Asherat-del-Mar está encargada al dios El la autorización de construir, y después ella comunica a Latpon, el dios que tiene el don de la 'sabiduría, la orden de comenzar las obras...

«He aquí que Amat Asherat confecciona los ladrillos. Una casa será construida para Baal, en su calidad de Dios, y un recinto sagrado por ser hijo de Asherat.»

Baal trabaja él mismo en la construcción y derriba con su «sierra-rayo del cielo» los cedros del Líbano.

Como puede juzgarse, los propios dioses no sienten repulsión por convertirse en' carpinteros o albañiles: Baal sierra, Venus confecciona ladrillos.

¡He aquí a dos hermosos y célebres Compañeros del Deber, dos honrados francmasones mucho más simpáticos que el tortuoso Salomón!

El templo de Jerusalén fue construido por los fenicios en el siglo XI antes de nuestra Era; las tablillas de Ras Shamra del siglo XIII son, por consiguiente, si las dataciones son exactas, doscientos años más antiguas. Sin embargo, el carácter legendario, confuso, inverosímil de la tradición referida al templo haría suponer que las tablillas fenicias relatan los verdaderos detalles de su edificación. En nuestro criterio, Salomón ha acaparado sencillamente una construcción fenicia como los hebreos habían acaparado al dios Yahvé de los beduinos del desierto.(

VENUS, LLAVE DE ORO DEL PASADO

He aquí, pues, a Asherat francmasona, confeccionadora de ladrillos, y a Baal constructor de un templo que, si no es el edificio antiguo de Baalbek, sería quizás el de Jerusalén.((

Salomón nunca puso la mano en la masa... Asherat, en cambio, amasaba los ladrillos.

En Egipto, donde no se espera encontrar más que a Ra el dios Sol, el planeta Venus desempeña también un papel preponderante.

El iniciador Ptah, cuyo nombre verdadero es Ptah-Sokar-Osiris, era un gran constructor y tenía por emblema la medida codo.

En cuanto a Atur, diosa del cielo, se la llamaba Afrodita entre los griegos. Dama de Biblos entre los fenicios y reina de Occidente.

Era identificada en el planeta Venus.

El lugar más alto de Egipto es, con Abidos, el inmenso emplazamiento de Saqqarah donde se encuentran las tumbas de los reyes desde la Primera dinastía, las más antiguas mastabas (tumbas egipcias) y las más antiguas pirámides (muy anteriores a las de Gizeh). La más venerable es la pirámide de gradas del rey Djéser (IIIa dinastía) llamada Pirámide de Saqqarah.

Ahora bien, Sakhara en egipcio significa: la piedra, la cometa, el planeta Venus. ¡Cuántas coincidencias!

¿Qué relación habría, pues, entre Venus, la piedra, el agua, la lluvia, el Perú, el Cercano Oriente, Egipto y, como vamos a ver, con el menhir y el betilo?

Si tomamos por referencia las tradiciones, Dios, Adán, los ángeles, los arcángeles y Lucifer habitaban juntos en el cielo y en el mismo lugar.

Ahora bien, se sabe que Lucifer, expulsado de la morada de Dios, procedía de Venus; de ello debe deducirse que Dios y los arcángeles no habitaban en un cielo simbólico, abstracto, sino en un planeta especialmente designado.

¡Es para creer que las tradiciones judeocristianas, masónicas y que las mitologías clásicas están fundadas sobre un inmenso error que hace incomprensible el pasado de los hombres y de las civilizaciones! ¡Es exactamente lo que creemos!

Y para abrir las puertas del saber, utilizamos unas llaves de las cuales una, la primera, nos llega directamente de Venus, no del planeta que se cuece a fuego lento en sus 500º entre Mercurio y la Tierra, sino que Venus-cometa que antes de convertirse en planeta estabilizado en el sistema solar, erraba flamígera por las nubes, en forma de cuernos de toro, con una larga cola incandescente que inflamaba las selvas tropicales y suscitaba terribles maremotos.

Con esta llave y clave, que es igualmente muy estimada por Emmanuel Velikovsky, nosotros encontramos una explicación lógica, razonable, al misterio de las piedras negras o verdes, de los dioses que las habitaban y del secreto de los constructores antiguos.

ASESINOS DE HADAS Y DE DAMAS BLANCAS

Henri Dontenville, a quien debemos en gran parte el despertar del pensamiento francés, o, para decirlo más apropiadamente, céltico, considera como evidente «el animismo» de la Naturaleza.

«No está nunca petrificada —escribe—, y en el espacio de las edades geológicas, las propias rocas se ponen en movimiento, las fuentes murmuran.»

Si nuestros antepasados dedicaron un culto a la piedra, es que la creían dotada de una vida, de un alma y es altamente probable que estaban más en la verdad que los materialistas de cortos alcances y los cristianos supersticiosos que creen en la materia inerte.

Ciertamente, no concedemos crédito a los menhires que crecen, a las piedras que giran sobre sí mismas o que van a beber en el río durante la misa de Navidad, pero unas leyendas extrañas transmitidas sobre estos temas ocultan tal vez en lo más recóndito un asombroso significado.

Los campesinos de otros tiempos decían que hubo una época en que las piedras eran blandas y podían conservar la huella de los pies.

Estas huellas, se encuentran por todas partes, en el Perú, y en Francia donde son atribuidas a Gargantúa, al Diablo, a la Virgen, a Jesús, como es el caso en la iglesia Sainte-Radegonde, en Poitiers, o bien a no se sabe qué milagro, como en el caso de las piedras amasadas de Amélie-les-Bains.

En el Lemosín, se aseguraba que determinadas piedras estaban habitadas por unos animales. Se hablaba, por las noches en las veladas, de la mandragora (dragón) que salía por la noche de los roquedales de Frochet (Bussiére-Boffy, Alta-Vienne), de los lobos o de las serpientes que tenían el poder sobrenatural de surgir de la piedra en ciertas ocasiones.

El menhir de Cinturat, cerca de Cieux, es capaz de defenderse contra aquellos que quieren violentarlo o escalarlo.(

Millares de piedras, de peñascos, de fuentes, de árboles, eran antaño objeto del culto de nuestros antepasados, que de ese modo, auténticamente, honraban al verdadero Dios.

Con el advenimiento del cristianismo, la buena religión fue proscrita, perseguida y los sectarios de Jesús destruyeron la mayor parte de los monumentos, de los árboles y de los monolitos sagrados de la Galia.

En 681 y 682, los concilios de Toledo fulminan los veneratores lapidum; en el año 800, Carlomagno, en el Capitular de Francfort, ordena la destrucción de las piedras, de los árboles y de los bosques sagrados..

En mil años de sacrilegios sistemáticos y de insidiosa propaganda, los genios bienhecnores, las hadas y los dioses protectores del Occidente fueron remplazados por las sombrías divinidades de la Biblia y los seudosantos destructores de nuestro patrimonio nacional.

Fue el despiadado san Martín el que expulsó de nuestras fuentes y de nuestros bosques, las hadas, las ninfas, las damas blancas y de nuestros menhires los genios que los habitaban.

A partir de esta intromisión, Occidente quedó contaminado, pervertido, vaciado de su sangre rica, leal y generosa.

CUANDO DIOS HABITABA LA PIEDRA
Hace decenas de miles de años, el homo habilis —así lo suponemos— depositaba piedras sobre las tumbas de los difuntos.

Por todas partes en el mundo se encuentran unas piezas alzadas que fueron llamadas columnas o betilos por los fenicios, «kudurrus» por los asirio-babilonios, mojones o pilares por los indios y, más antiguamente: menhires, por los celtas.

Las piedras negras, los meteoritos y el sílex fueron venerados, lo mismo que la montaña que había salvado a los hombres del diluvio; los antiguos aseguraban que Dios habitaba las piedras o los peñascos, y por ello estaba prohibido tallarlas o darles forma por temor a herir la divinidad que allí estaba incorporada.

El betilo (del griego baitülos; hebreo bethel: casa de Dios) era particularmente apreciado en el Próximo Oriente, principalmente en Tiro, donde fue transportado un aerolito sagrado encontrado por la diosa Astarté.

En Pessinonte, en Galacia, la estatua de Cibeles, madre de los dioses, había, según se dice, caído del cielo.

En la leyenda hebraica, la piedra de cabecera de Jacob fue erigida en monumento y llamada «Casa de Dios» en un lugar que era primitivamente la ciudad de Luz.(

Miles de años antes, los pueblos que edificaron los menhires antiguos, los de Escandinavia, de Francia, de Portugal y de Gran Bretaña, tenían la misma creencia y nunca aplicaron la herramienta sacrílega sobre la piedra bruta.




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