riesgo el cálculo del riesgo: seguridad pronosticable ante un futuro abierto 9


EL PRINCIPIO DE ASEGURACIÓN: CRÍTICA Y CONTRACRÍTICA 1. EL NO-SABER, EL DRAMA Y LA SOCIOLOGÍA



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EL PRINCIPIO DE ASEGURACIÓN: CRÍTICA
Y CONTRACRÍTICA 1. EL NO-SABER, EL DRAMA Y LA SOCIOLOGÍA


Friedrich Dürrenmatt añadió a su comedia Los físicos, estrenada en 1962, 21 puntos a Los físicos (1998, pág. 90), que se leen como un adelanto de las tesis clave de la sociedad del riesgo mundial y apuntan aspectos comunes y diferencias entre las arquitecturas argumentales de la dramaturgia y la sociología:
1. No parto de una tesis sino de una historia.
Yo también parto de «historias», las que contienen palabras terribles como «Chernóbil», «EEB», «1 i-S», «Breslán», «Estambul», «Madrid», «Londres», «tsunami», «huracán Katrina».
2. Si se parte de una historia hay que pensarla hasta el final.
3. Una historia se piensa hasta el final cuando da su peor giro posible.
4. El peor giro posible no es previsible. Ocurre por azar.
5. El arte del dramaturgo consiste en dar al azar el papel más importante posible en la trama.
En efecto, las «historias» de la sociedad del riesgo mundial tienen que pensarse hasta el final. Y se piensan hasta el final cuando se intenta anticzar su peor giro posible. El peor giro posible no es previsible, se basa en el poder no-saber y ocurre por azar. Pero el no-saber no excluye sino que incluye la anticipación, abre espacio a las escenificaciones. La tarea del sociólogo consiste en describir a posteriori los efectos de las anticipaciones contradictorias del peor giro posible sobre la actuación de los seres humanos.
6. Cuanto más planificadamente proceden las personas, con más efectividad puede cruzárseles el azar.

abierto el interrogante de hasta qué punto la «verdad» tanto del drama como del análisis sociológico no se muestra pragmáticamente si no es en la consiguiente acción de los «espectadores».’


2. EL PRINCIPIO DE ASEGIJRACIÓN: OBJECIONES
Si se contempla el panorama de peligros y nuevas inseguridades de la sociedad del riesgo mundial con las gafas de la primera modernidad, sólo se distinguen las consecuencias indirectas negativas de decisiones imputables y racionales (o sea, «riesgos residuales» que pueden reducirse progresivamente por medio de análisis de costes y beneficios y la mejora de las posibilidades de control en las empresas, la economía, la ciencia y la tecnología). Contempladas con las gafas de la segunda modernidad, estas nuevas inseguridades y peligros deslegitiman la autoridad de las instituciones y erosionan la racionalidad científica. La desconfianza respecto a los «físicos» dürrenmattianos (extensiva entretanto a especialistas en genética humana, medicina reproductiva, alimentos transgénicos, etc.) crece. Las cuatro columnas de la calculación de riesgos —compensación, Iinutación, seguridad y clasificación— se desgastan. Resultado: el discurso de la inseguridad fabricada penetra todos ios ámbitos sociales y las instituciones de control.
La distinción, que hacemos a efectos pragmáticos, entre primera y segunda modernidad contradice el relativismo y el contextualismo dominantes en la sociología de la cultura en lo respectivo a la percepción y definición del riesgo. Ya veo, por así decirlo, el ceño fruncido de Gabe Mythen —en representación de muchos otros— en su libro de 2004 y que David Goldblatt (1996) expresó muy claramente:
Casi parece que Beck supone que suscribimos su evaluación de los peligros a los que nos enfrentamos. Es sorprendente cómo omite comprender el carácter relativo y contrc,vertido de la percepción y la definición del riesgo (Goldblatt, 1995, pág. 158).
Pero tal relativismo es inconsecuente. Contradice los puntos 2 y 3 del drama de Dürrenmatt, no piensa «la historia» hasta el final, se aco 1 Véase pág. 274 y sigs., y sobre Dhrrenmatt también Matthias Haller (2004) en mstltut für Versicherungswirtschaft, Urnbruch undAufbau, págs. 4-20.

barda ante el peor giro posible de la misma. Se trata, por así decirlo, de un relativismo ingenuo que se mueve en el marco del Estado nacional y no se da cuenta de que más allá de este contexto específico, a lo largo de la distinción entre autoamenaza y amenaza ajena, hay nuevas definiciones colectivas de riesgo y peligro en absoluto relativas que determinan la anticipación y la actuación de las personas y las organizaciones (véase pág. 127 y sigs., y capítulos IX y X). El relativismo ingenuo, relativista por decirlo de alguna manera, no advierte, pues, que los supuestos constructivistas no excluyen en absoluto el poder de la percepción del peligro de vincular y polarizar colectividades, especialmente en cuanto a las coacciones y pautas —las relaciones de poder-definición— que determinan la escenificación de riesgos y peligros. Visto así, la seguridad del relativismo en sí mismo se revela una variante de la comodidad intelectual que se da por contenta con una respuesta a una cuestión que no puede plantear, a saber: ¿no hay, a pesar del relativismo cultural respecto al riesgo, una calidad históricamente nueva de la percepción global de la peligrosidad y la inseguridad de la civilización a la que el monorrelativismo es ciego? ¿Excluye la pluralidad de definiciones culturales del riesgo que existan condiciones, criterios y procesos institucionales que fuercen —sobre todo cuando se trata de no-saber inconfesado— a discutir los riesgos globales teniendo en cuenta las enfrentadas alarmas nacionales, internacionales y transnacionales que el riesgo provoca, así como las instituciones encargadas de controlarlo? ¿No documentan precisamente los nombres y acontecimientos terribles de la sociedad del riesgo mundial que hay normas globales y culturales y aspiraciones de control institucional que dan carácter de «riesgo global» a catástrofes locales como el 11-S?


Por eso he buscado (más allá de las competencias de la sociología pero sin abandonar la mirada sociológica al poder institucionalizado de definición de riesgos) una especie de «linde» que marque el paso de las inseguridades fabricadas aún controlables a las inseguridades fabricadas ya no controlables. Y la respuesta que he encontrado es el principio de aseguración. La inhibición de la aseguración privada es el indicador institucional del tránsito a la sociedad del riesgo incontrolado de la segunda modernidad.
Esta hipótesis tiene a mis ojos tres ventajas: primera, es operativa y refutable empíricamente; segunda, no absolutiza el relativismo sociológico o teórico-cultural sino que es perfectamente compatible con éste, ya que dirige el foco a la industria aseguradora de implantación mundial y la

Las compañías de seguros describen el 11-S como un riesgo inimaginable antes de que generara pérdidas catastróficas y que ahora, después de estas pérdidas, tiene dos consecuencias: la primera concierne a los costes inmediatos de los desembolsos por indemnizaciones inesperadas, la segunda se refiere al esfuerzo por averiguar cómo los riesgos desconocidos pueden dar pie a un proceso de aprendizaje. Pero lo que averiguan, sin embargo, es que la acumulación de saber aumenta la incertidumbre (pág. 149).


Así las cosas, puede darse la vuelta a la tortilla: ¿hasta qué punto la perspectiva de la teoría de la sociedad del riesgo mundial posibilita una reinterpretación de los resultados empíricos de este estudio?




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