riesgo el cálculo del riesgo: seguridad pronosticable ante un futuro abierto 9


¿SABER O NO-SABER? DOS PERSPECTIVAS DE LA «MODERNIZACIÓN REFLEXIVA» 1. PUNTOS DE PARTIDA



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¿SABER O NO-SABER? DOS PERSPECTIVAS
DE LA «MODERNIZACIÓN REFLEXIVA»
1. PUNTOS DE PARTIDA


Vivir en la sociedad del riesgo mundial significa vivir con un no-saber irremediable o, más exactamente: vivir en la simultaneidad de amenaza y no-saber con las paradojas y dilemas políticos, sociales y morales que comporta. Como consecuencia de la globalidad de la amenaza, aumentan, a la par que el no-saber, la necesidad y la urgencia de tener que tomar decisiones sobre la vida y la muerte. La «sociedad del saber» es un eufemismo de la primera modernidad. La sociedad del riesgo mundial es una sociedad del no-saber en un sentido muy preciso: no se supera con más y mejor saber y más y mejor ciencia —como en la premodernidad— sino precisamente al contrario: con más y mejor ciencia se genera. El doctor No-saber manda (y eso en la sociedad del riesgo mundial). Vivir en un medio de no-saber fabricado significa, por consiguiente, buscar respuestas desconocidas a preguntas que nadie sabe plantear con claridad.
Para evitar malentendidos graves, ya avanzo una precisión conceptual (véase Wehling, 2006): distingo entre «saber» y «verdad». No hablo de «saber» y «no saber» en el sentido cognoscitivo de la filosofía, la teoría de la ciencia o las ciencias naturales, sino en el sentido de la sociología, que entiende «saber» como expectativa, como atribución y constructo social. Desde esta perspectiva puede la sociología del saber o, más exactamente, la sociología del no-saber, ensartar, diferenciar, sistematizar
—como hace el entomólogo con mariposas y pulgones— diversas clases de no-saber: no-saber provisional, no-saber inconfesado, querer no-saber y —la especie más remarcable e interesante de mariposa— poder no-saber tanto sabido como no sabido.
El no-saber penetra y modifica la situación vital y el sufrimiento de las personas, los sistemas expertos y de control, los conceptos de soberanía, autoridad estatal, derecho y dignidad humana. La teoría de la sociedad del riesgo mundial fuerza y ayuda a repensar las constantes, conceptos e instituciones fundamentales del mundo moderno.

La sociedad del riesgo mundial


de en estos casos al origen de la enfermedad, a las vías de transmial tiempo de latencia después del contagio. Y que este no-saber se como base para no actuar o, al contrario, para actuar pronta, pre‘amente contra el peligro de una catástrofe sólo potencialmente evilleva a conclusiones y perspectivas del mundo radicalmente encontíanto mayor es el peligro, mayor es el no-saber y la necesidad y la imlidad de la decisión (paradoja de la decisión). En el año 1930, cuantados Unidos empezó a producir industrialmente HCFC (Blischer/ bermeier/Wehling, 2004), las expectativas eran grandes. Todo pa- perfecto: las propiedades químicas (inocuo, no inflamable, modo- rieron insospechadas perspectivas de futuro para el mercado de los íficos. ¿Quién podía sospechar que precisamente el producto quíque servía para todo —lacas para el pelo y desodorantes incluillevaría a un deterioro casi irreversible de la capa de ozono que ge al hombre, entre otras cosas, del cáncer? Las primeras hipótesis icas de la década de 1970 y la evidencia del «agujero» sobre la Ana en 198=5 pusieron sobre la mesa uno de los ejemplos más dramátipreñados de consecuencias del no-saber ecológico. La amenaza de CFC consiste en que la capa de ozono podría desaparecer en el fuel sol amenazar la vida en vez de darla. Las fronteras de saber y no- se difuminan. El ejemplo es paradigmático porque muestra que,
.llá de cuarenta años vista, la ciencia ni siquiera sabe lo que no sabe.
trata, pues, del tradicional «aún no saber», sino del no-saber no sa inadvertido. Y es esta clase de poder no-saber la que tiene que derarse «causa» de la amenaza a la humanidad. Nos encontramos
con un caso de poder no-saber no premeditado, al menos en el mo-
o de la decisión.
La pertinaz polémica sobre la liberalización de la manipulación genétia de organismos presenta claros paralelismos con el ejemplo del ozono, ues también sabemos poco o absolutamente nada de las consecuencias largo plazo de la producción, circulación y explotación de vegetales y nimales transgénicos. La situación ha cambiado en la medida en que los riesgos del no-saber» (Krohn, 1997), también y precisamente del no-saber iadvertido, se han convertido ellos mismos en objeto de polémica entre densores y críticos de la técnica genética (sobre todo a raíz del caso de los ICFC). ¿Cuánto no-saber podemos «permitirnos», sin provocar peligros Icontrolables? ¿A qué conjeturas e hipótesis de no-saber damos relevancia

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y cuáles podemos omitir «sin correr peligro»? «Qué mezcla de saber y no- saber y de control y azar son tolerables antes de actuar responsablemente?» (Van den Daele, 1993, pág. 183). Especialmente controvertido es el asunto de qué instancias e instituciones sociales están legitimadas y al mismo tiempo capacitadas para responder tales preguntas y con qué criterios (Pete Webling, 2006, pág. 11 y sigs.).
De éste hay que distinguir estrictamente el no-saber premeditado. Podría decirse que la esencia del terrorismo de Al Qaeda reside en el no-saber organizado: puesto que no puede saberse cuándo y dónde cometerá un atentado, Al Qaeda se ha convertido en una neblina de l qaedismo: siempre ha sido una organización flexible, una compleja red mundial de alianzas cambiantes y matrimonios de circunstancias con otros grupos clandestinos, pero después de los atentados en Estados Unidos, su «centro de gravedad» está en todas partes y en ninguna. Los métodos de pronóstico del terrorismo o bien se concentran en la investigación de las motivaciones de los grupos terroristas o bien intentan acotar y calibrar la probabffidad de, por ejemplo, un atentado a una central nuclear (o bien son una combinación de ambas cosas). En cualquier caso, no saben interpretar cuál es la intención de las redes terroristas ni qué les permite operar con tanto éxito, o sea, la diferencia entre catástrofe efectiva y expectativa globalizada de ésta, esto es, el riesgo terrorista o, dicho más exactamente, el no-saber sabido y organizado acerca de los próximos atentados.
En cuanto al no-saber, sea impremeditado o premeditado, cabe afirmar lo siguiente: las catástrofes normales pueden comperisarse, las mayores catástrofes posibles, no (éstas tienen que impedirse). El principio de compensación es sustituido por el principio de previsión. Ahora bien, compensación y previsión siguen lógicas distintas. La compensación se basa en la destreza artesanal de los cálculos matemáticos de posibilidad y probabilidad; la previsión del peor caso posible, en cambio, tiene que basarse en conjeturas, hipótesis y ficciones más o menos fantasiosas, ya que no puede apoyarse en las correspondientes experiencias. Cuando las armas de destrucción masiva ya han caído en manos de grupos terroristas es demasiado tarde. Querer evitar las máximas catástrofes posibles con medidas previsoras altera el sentido del riesgo. El principio de previsión implica la exigencia de relativizar los análisis de probabilidad y dejar volar la fantasía, es decir, hacer de las hipótesis o simples sospechas de peligro el fundamento de las decisiones. Nuevamente: lo que no se puede saber, hay que evitarlo. De donde surge a su vez un peligro del peligro: las medidas

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sición de sabido y no sabido, Pierre Bourdieu ocupa un lugar intermedio:
para él la «reflexividad» es la reflexión sistemática sobre los presupuestos (categorías) no sabidos de nuestro saber.
La universalidad del concepto de reflexión pone a cualquier teoría del saber de la modernización reflexiva ante un problema: o bien contiene un concepto de reflexión indiferenciado y entonces el término «modernización reflexiva» es una especie de «dde qué color es el caballo blanco de Santiago?», una tautología más o menos espectacular; o bien distingue varias clases, tipos de saber, y asocia los enunciados sobre sociedades modernas tardías (o sea, reflexivas) a determinadas clases de saber y de reflexión. Este segundo camino es el que toman Anthony Giddens y Scott Lash. Giddens habla de «reflexividad institucionalizada» para caracterizar el saber científico y de expertos sobre los fundamentos del proceder social. Este saber autorizado libera el comportamiento de la sociedad de sus cauces preestablecidos y lo incorpora a nuevos contextos, o sea, es el motor de la transformación de las estructuras y formas de la acción social.
Un ejemplo para ilustrarlo: como consecuencia de la apropiación reflexiva de la información, los mercados financieros tienden a desestabilizarse (evolucionan en direcciones inesperadas, adoptan rasgos caóticos, son utffizados por aprovechados e impulsan conductas «aborregadas»). Para el malabarista de las finanzas y multimillonario George Soros, los mercados financieros son uno de esos riesgos globales fértiles en consecuencias sobre los que pueden influir potencialmente la información y percepción que se tenga de ellos. Incluso es aventurable esta tesis: la reflexión global de dichos riesgos financieros globales puede ser uno de los desencadenantes de la travesía hacia un colapso económico total.
Actualmente constatamos que el mundo no es del todo como los pensadores de la Ilustración supusieron. La ampliación de nuestro saber sobre el mundo, la búsqueda de nuevas informaciones generan nuevas forma de riesgo para las que apenas disponemos de experiencia anterior (y que no pueden calcularse sobre la base de series temporales establecidas porque no tenemos datos). El riesgo de los mercados financieros es todavía más peligroso y complicado porque es reflexivo. [...] Lo que yo llamo «inseguridades fabricadas» se basa más en la extensión del saber que en su limitación (Giddens/Pierson 1998, pág. 104 y sig.).
Cuanto más fuertemente domina la «apropiación reflexiva del saber» en la interacción entre toda clase de instituciones, más incontrolables re-

sultan los entrelazamientos en un mundo que se funde progresivamente en una unidad planetaria. Giddens aplica el concepto «confianza» para interpretar la relación entre la dinámica propia del sistema y la influencia del ser humano. Mientras en los órdenes sociales tradicionales las relaciones entre el ser humano y su medio ambiental estaban determinadas por reglas de conducta y acción estandarizadas que garantizaban algo así como una «seguridad ontológica», a los miembros de las sociedades modernas no les queda más que la esperanza de que la funcionalidad de los diversos sistemas satisfaga las expectativas. Pero, en el fondo, el saber avizora su inestabilidad y su amenaza, que aumentan con la dinamización reflexiva de la modernidad.


El concepto de confianza (en inglés trast) se generaliza a partir de los mismos contextos de los que surge el concepto del riesgo: de las relaciones comerciales. Este es el origen de la forma sustantiva trust cuando hablamos de un banco como un trust, de administrar algo fiduciariamente (hoid ¿a trust), etc. La diferencia fundamental es si se toma la confianza como algo importante para el futuro o para el pasado. Las antiguas formas de confianza iban más bien unidas a las formas tradicionales del deber y la moral, como, por ejemplo, los deberes de parentesco. La confianza abarca una relación directamente orientada al futuro con la persona o la cosa en la que uno confía. E...] La confianza tiene que ser recíproca para ser efectiva y ofrecer seguridad ante contingencias futuras. Por eso mi relación también se basa en la convicción de una seguridad fundamental en la personalidad. [...] Para poder vivir se necesita una idea generalizada de confianza, algo que por esencia los seres humanos extraen de sus primeras experiencias emocionales. Quien no la encuentra, tiene grandes dificultades. Pero repitámoslo una vez más: para ser efectiva, la confianza tiene que ser siempre recíproca (no puede ser una confianza ciega) (Giddens/Pierson, 1998, pág. 108 y sig.).
Scott Lash también identifica modernización reflexiva con modernización del saber, con cuestiones de distribución, circulación, consumo, contenido y forma del saber, y los consiguientes conflictos. La modernización reflexiva es a sus ojos una modernización del saber a través de la cual los fundamentos del comportamiento social (y en correspondencia los fundamentos de la teoría y la investigación sociológica) se hacen dudosos, susceptibles de reorganización y reestructuración. A diferencia de Giddens, Lash acentúa el surgimiento de nuevos conflictos debidos a la diversidad de clases de saber, que son al mismo tiempo clases de certeza. Distingue (siguiendo a Kant) entre reflexión cognoscitiva, moral y estéti

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Lo llamativo en cualquier caso es que Wildavsky y otros también parten al formular su reveladora pregunta —«But is it true?» [Pero ¿es verdad?]— de una distinción neta y precisa entre saber y no-saber, que es para ellos la establecida por la racionalidad de expertos, y no preguntan por las formas (involuntarias) de autocuestionamiento del saber de expertos (por ejemplo, la divergencia de diagnósticos de riesgo por parte de institutos de investigación, enfoques metodológicos o contextos de trabajo diversos). El «no-saber» como denegación del saber de expertos a través de medios y «traductores» públicos es, pues, sólo un aspecto de éste.
El temor principal de Wildavsky es que el rechazo de las probabilidades de error en la calculación del riesgo lleve a una sobrevaloración de los peligros y con ella a una sobrerreacción y sobrerregulación en todos los ámbitos de la actividad social en el sentido de una política preventiva de evitación de riesgos. De ahí que exija «rechazar el principio de previsión, superar el paradigma de la protección del medio ambiente y no seguir regulando las pequeñas causas cuyos efectos son aún más pequeños». Exhortación digna de ser considerada pero subalterna nuevamente de una idea sumamente selectiva de la fe en el progreso que sitúa los errores mayores y más frecuentes no en el terreno de los expertos sino en el de sus críticos.
A la dogmatización del saber de expertos sobre consecuencias indirectas que Wildavsky dictamina corresponde una dogmatización del saber de contraexpertos de muchos movimientos sociales (con la «buena intención» de politizar ciertos temas y situaciones), pues, para muchos activistas, un exceso de inseguridad en su saber acerca de los riesgos bloquea la actuación política.
Una gestión efectiva de aquellos riesgos que han obtenido gran eco público, como la energía nuclear, el almacenamiento de residuos atómicos, el calentamiento global y el efecto invernadero, depende en gran medida de la confianza pública en las ciencias, la técnica y las instituciones de la administración. [...1 Una parte considerable de la legitimidad institucional se basa en la confianza (Short/Clarke, 1992, pág. 12).
Lo que manifiesta que, en el horizonte de la modernidad, los contra- expertos también ven el no-saber como defecto o fracaso.
Si (aún) no podemos saber nada de las consecuencias de la investigación, actividad y producción industrial (como es hoy el caso sobre todo en la genética y en la genética humana); si, por lo tanto, ni el optimismo

de los protagonistas ni el pesimismo de los críticos se funda en el saber, ¿qué regla vale entonces: luz verde o luz roja al uso industrial masivo de la técnica? ¿Es el poder no-saber una carta blanca para actuar o un motivo para lentificar o demorar la acción o incluso quizá para la no-acción? ¿Cómo pueden fundamentarse en el poder no-saber las máximas para actua o no?



Teorías de la ciencia lineales y no lineales

Se puede y se tiene que distinguir entre teorías lineales y no lineales de la «modernización reflexiva», cuya diferencia consiste esencialmente en la distribución y defensa del no-saber.


— Las teorías lineales suponen (la mayoría de las veces implícitamente, como reverso de su premisa principal) que el no-saber no es relevante (central) para la modernización reflexiva. Las teorías no lineales afirman lo contrario: las clases, constructos y consecuencias del no-saber son un problema clave en el tránsito a la segunda modernidad, a la modernidad reflexiva.
— Mientras que las teorías lineales parten de círculos (más o menos) cerrados de grupos de expertos y actores de la ciencia formalmente autorizados, las teorías no lineales tienen ante sí un campo abierto de múltiples actores científicos cuya confluencia es conflictiva. Los casos extremos plantean respectivamente dos escenarios enfrentados: el monopolio de los expertos o modelo tecnocrático de decisión por un lado y el «modelo del parloteo», que no deja claro quién no puede hablar, por otro. En la zona de intersección emerge el problema de cómo acordar y practicar —simultáneamente en el consenso y en el disenso— las reglas de admisión y procedimiento.2
— Linealidad alude a saber de expertos consensuado: un número limitado de actores reconocidos, acreditados en institutos y organizaciones
de investigación, así como las sedes explícitas, cooperativas e interconectadas donde el saber se gesta, reconoce e implementa. «No lineal» alude
a disenso, a conflictos de racionalidad (sobre los fundamentos), esto es,
a redes inabarcables, no cooperativas, polarizadas, de actores y coalicio 2 Brian Wynne en particular (1991, 1996a) ha trabajado sobre esto en numerosas publicaciones; véase también Hajer (1995).

no-saber activo no detiene la muerte de ios bosques y de la diversidad de especies vegetales sino que probablemente la acelera, ya que ni interrumpe ni corrige la dinámica de la autoamenaza industrial (que es independiente del saber).


El concepto de «consecuencia indirecta» designa, pues, una paradójica figura del (no) saber, en la que el no-saber es (en determinadas circunstancias) sabido en tanto que intensificación de la autoamenaza, suponiendo que haya un saber de ésta que goce de credibilidad y en el que también se pueda depositar la fe a nivel particular. En eso consiste el poder de contra definición de los movimientos sociales y de la opinión pública inquieta por la evolución de la ciencia: por lo que respecta a las autoamenazas de la industrialización, cuanto más fuertemente negado es un saber creído, más amenazador es el potencial de amenaza efectivo (creciente tras la fachada del querer no-saber). Por ejemplo, el cambio climático, que no cesa por negarlo. El saber contenido en el saber de las consecuencias indirectas de la sociedad industrializada permite o incluso insta a diferenciar entre amenaza sabida y amenaza efectiva, diferencia consistente, para decirlo de una manera contundente, en la construcción de un «en sí», de un mundo «objetivo» de peligros fabricados independiente del saber o el no-saber de ellos.
El constructo social de una amenaza independiente del saber, y en este sentido «objetiva», no surge ni es verdadero por sí mismo: reclama más bien investigaciones planificadas e indicadores apropiados. Cosa que suscita la pregunta por la construcción social (y reconstrucción sociológica) de ios indicadores de amenaza y destrucción «objetivos». Mi respuesta se basa en dos puntos de vista: vincular de nuevo la indicación «objetiva» de la autoamenaza a la crítica recíproca de los actores sociales. La premisa es: los indicadores para una, por así decirlo, «objetividad» institucional-constructivista de indicadores de amenaza hay que encontrarlos allí donde las racionalidades de expertos establecidas se contradicen (véase pág. 127 y sigs.).
Un ejemplo crucial es a mi parecer el principio de la aseguración privada.

Capítulo VIII






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