Régimen reduccional franciscano según la cartas circulares


V.- LAS ENCYCLICAS O CARTAS CIRCULARES DEL P. ANTONIO COMAJUNCOSA



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V.- LAS ENCYCLICAS O CARTAS CIRCULARES DEL P. ANTONIO COMAJUNCOSA
El Papa Pío VI, con Breve de 13 de marzo de 1792, a petición del P. Comisario General de Indias, Fray Manuel María Trujillo61, instituía la figura del Comisario Prefecto de Misiones. En ese tiempo la coordinación misional estaba cubierta con la denominación de “Presidente” o “Comisario”. Era más un cargo de necesidad que un oficio, contemplado en el derecho eclesial. Escribiendo en 1794, el P. Comajuncosa se expresaba a nivel de autoridad del Prefecto de Misiones, por lo cual define su correspondencia con los misioneros con el término de Encyclicas o Cartas circulares, que generaba una obligación canónica no más ligada a la sola obediencia al P. Guardián del Colegio de Propaganda Fide sino también, al Comisario Prefecto. Por tanto, la lectura de las cartas debe entenderse como parte de otro momento del régimen reduccional. Podemos pensar que la institucionalidad de tal cargo correspondía a una redefinición conclusiva del régimen reduccional, concebido como accionar autónomo en las regiones donde se daba su presencia.

Las Encyclicas son en sí, un documento muy importante en cuanto nos ofrecen una comprensión del momento franciscano entre los pueblos originarios, no como reflexión posterior sino en la inmediatez de la toma de decisiones, que muestran, a la vez, la interiorización de parte de todo el grupo misionero de los propósitos que se explicitan en cada una de ellas.

El P. Antonio, en la escritura de las mismas, se nos muestra como hombre de autoridad. En tal sentido hace presente su asunción al cargo y la hermenéutica de sus decisiones que tocan al campo de la vida espiritual como misioneros, de la organización reduccional y del caminar de ella en las situaciones políticas del momento. El nombramiento de Prefecto de las reducciones de la Frontera de Chuquisaca, de la Cordillera y del Sur, el 23 agosto de 1794, fue posible por estar afiliado al Colegio de Tarija. Desde La Plata escribió su primera carta el 16 de diciembre de 1794 y en enero de 1795 llegó a Tarija.
Autoridad y pedagogía misional
La primera carta es, en su brevedad, una obra maestra de relaciones entre la autoridad y los Padres conversores: presentación de las ideas guías del Prefecto de Misiones, actitud hacia los padres conversores y circularidad de compromisos entre gobierno y responsables de las reducciones. Anunciando la visita a todas las reducciones, les hace presente el haber ya hablado con el Presidente de la Audiencia de Charcas. Las noticias son de críticas hacia ellos. El problema está anunciado no como verdad sino como puntos a dialogarse y examinarse juntos. Anticipa la gravedad de la situación económica de las nuevas reducciones: no son otorgados los subsidios sinodales o al caso reducidos a 100 pesos de los 200 anteriores. Avisa también sobre las repercusiones de las denuncias de los Padres Conversores en los ambientes de autoridad: “sonaron muy mal en los oydos de los que tal vez ignoran la fuerza violenta de una necesidad extremada, la cual llegando a los términos de la desconfianza, perturba, altera, y hace que el que la padece se olvide de la prudencia, y moderación, de la paciencia, y aun de la bella crianza en que fue educado. Pero yo, que no ignoro lo que se padece en las reducciones, donde los padres conversores se ven precisados a abrir las manos para dar, y tenerlas siempre cerradas por no haber cosa que recibir, porque todos les piden, y nadie da, no puedo dexar de excusar los excesos, que se notaron en sus violentas producciones”62. Insiste en que hay que hacer “de la necesidad virtud”, y que se debe siempre diagramar paz con caridad.

Pasamos a la encíclica segunda, escrita en Tarija el 4 de junio de 1795. Los lineamientos de su pensamiento se refieren a cómo deben comportarse los misioneros para favorecer la conversión de los infieles, fortalecer a los catecúmenos y llevar a la perfección cristiana a los que ya son radicados en la fe. Según los objetivos indicados, la carta está dividida en tres partes, que se mueven según los puntos que siguen. Recoge el testimonio del Apóstol San Pablo, por el cual la aceptación de la fe tiene un camino práctico que desde los oídos entra al corazón63. La metodología debe siempre mantener una continuidad con los apóstoles que, por el don del Espíritu Santo, inmediatamente pudieron ser entendidos por diferentes lenguas. Este privilegio no ha sido concedido a nosotros pero queda la obligación de ponernos en sintonía lingüística con los oyentes, de otro modo “ellos serán bárbaros para nosotros y nosotros bárbaros para ellos”64. El buen ejemplo debe revestirse de modales amables como testimonio del “vivir cristianamente”. Por la distancia intelectiva del paso de las tinieblas a la luz, la presentación de contenidos doctrinales debe atenerse a explicaciones simples y graduales en su posibilidad de comprensión y aceptación. En ese sentido, no se deben ofrecer súbitas representaciones que chocarían contra la imaginación del oyente: presentación del crucificado, para hacer entender que no son seguidores de un hombre “que fue digno de tan riguroso suplicio”65. La propuesta pedagógica es proceder de lo visible a lo invisible para llegar a la comprensión de un Dios, que no castiga sino que es amor. Una vez que éstas “espantosas noticias” son entendidas, el corazón puede asumir los misterios escondidos; y ”suficientemente instruidos en los misterios de la fe, y obligaciones cristianas; ya no resta más que administrar el Bautismo, y agregarlos a la congregación de los fieles como verdaderos cristianos, discípulos de Jesús Cristo e hijos de la Iglesia”66.

Para fomentar y conservar la fe en los neófitos es necesario comportarse como la madre que da leche buena a sus hijos. La vida es momento de decisiones: “precaver todos los peligros de la seducción… mantener la buena doctrina…, alejarse de las fábulas inútiles…asumir prácticas de penitencia (según lo previsto por la iglesia) y de caridad “y también pagasen ahora alguna cosa, la que debería distribuirse entre los más necesitados”67. Tendrán cuidado en la comunicación con los malos cristianos y también con los que persisten en la gentilidad. La madurez en la fe se manifiesta en las relaciones del régimen reduccional, y éstos cristianos deben ser “honrados con los oficios públicos”68: “reprender y castigar a los delincuentes, usando la “justicia con misericordia”. También deberán ser solícitos en las prácticas religiosas, en la vida sacramental y devocional. El saludo final de la carta está antecedido con el aviso de que no tengan los frailes dudas sobre “derechos y facultades” de “visitar corregir y gobernar esas reducciones sin dependencia alguna de este reverendo Padre Guardián y Venerable Discretorio”69, que competen al P. Prefecto de Misiones según las Bulas Inocencianas; y les indica preparar a los fieles para recibir la confirmación.

La Encíclica sexta, escrita el 16 de enero de 1797, es la concreción de los propósitos para el conocimiento de la lengua guaraní. Entrega oficialmente a la padres conversores el diccionario y catecismo, escritos por el P. León de Santiago, que deberán copiar singularmente.


El franciscano: de misionero a conversor
La encíclica tercera, escrita el 9 de marzo de 1796 en Piray, es fundamental para la comprensión e interpretación del actuar franciscano entre los pueblos originarios y además en considerar aspectos de gobierno del régimen reduccional. La relación entre misionero y conversor se basa ante todo en la espiritualidad y el segundo en la responsabilidad de gobierno. La carta indicada es, asimismo, presentación de las conclusiones de la primera visita a todas las reducciones. Ante todo, la sorpresa: “Más con toda esta bondad (“buena conducta y buen ejemplo de los religiosos”) [Ib., pág. 27] hemos visto frustrados nuestros deseos: porque deseando administrar el Sacramento de la Confirmación a las catorce mil, doscientas, y veinte Almas, que pueblan las veinte Reducciones, hemos encontrado que ni la mitad eran cristianos, y cuánto nos hubiera servido de algún consuelo el haber confirmado a esta mitad, hemos sentido el dolor de ver que se quedaban de dos mil cuatrocientas sin recibir este Sacramento; lo que denota estar las misiones muy atrasadas, y no ser sus Ministros tan buenos como se nos ha asegurado”70. De aquí las razones de los contenidos de la carta.

Ante todo, el misionero de Propaganda Fide, que está constituido para mantenerse “con espíritu y fervor en la edificación de los Fieles, en la conversión de los Bárbaros, en la salud de todas las Almas, y en la dilatación de la Santa, y universal Iglesia Romana;…así es que en todas las cosas nos manifestemos siempre como misioneros de Dios, como unos seguidores de los Apóstoles del Señor, como unos Profesores distinguidos de la más pura Observancia, como unos verdaderos Imitadores de los Santos de nuestra Orden, y como unos legítimos Hijos del espíritu y ardor de Nuestro Seráfico Patriarca”71. Eso se adquiere con las obligaciones adquiridas en el sacerdocio, que nos hace discípulos del Señor. Como franciscanos seguirán en el régimen de pobreza y austeridad, asumiendo el sentir y el obrar, indicados en la Regla y las Constituciones de la Orden. El cultivar ese camino obliga a una perenne lectura de la vida de los Santos y de las crónicas misioneras. Tales rasgos de espiritualidad eran inculcados en los Colegios de España, que eran espacios de preparación para llegar al continente.

La segunda parte se refiere al “conversor”. El conversor es hombre de gobierno pero no será tal sin mantener la espiritualidad misionera. Por eso deberá vivir también un horario de oraciones y meditaciones y de prácticas devocionales, según el calendario vigente en el Colegio de Tarija. Mortificación y fuga del ocio permitirán ocupar los tiempos libres en conversaciones con los indios, leer o usar una honesta recreación. La comunicación con los seglares se hará en un ambiente establecido. La obligación es que nunca el Conversor debe abandonar la reducción y, si por necesidad debe ausentarse, deberá tener el permiso del Prefecto de Misiones. Otro aspecto de la forma de vida franciscana es la prohibición de “ir a caballo”. Al tiempo de San Francisco, andar a pie o a caballo era distinción de estamento entre pobre y rico (lo señorial). En el caso de los conversores, la obligación era asumir la condición de la mayoría de las personas de la reducción. El uso estaba restringido al solo caso de necesidad por las distancias u otras causas. También se debía mantener austeridad en el vestir ateniéndose a usar tejido de “sayal, o de otra ropa pobre conforme al estado”72. Acerca del manejo de la pecunia, a falta de un síndico fiel (un laico, delegado por tal oficio), los conversores podían “recurrir a la pecunia, retenerla, manejarla, y gastarla para el socorro”73 de las misiones; en tal sentido, aun los sínodos no se reciben en forma de “pago” sino de limosna. Por la austeridad de vida se entiende también en el tipo de convivencia que los conversores deben tener entre sí y con el conjunto reduccional. Entre ellos, se indica la asunción de los oficios administrativos y religiosos de forma alternada. Ambos mantendrán relaciones amistosas con los principales, buen trato con todos.

Deberán estar siempre atentos a “que los indios se dediquen al trabajo, para que tengan de comer, y cómo vestir; no les permitan estar ociosos, pues tanto importa a su vida, salud, y conservación: hagan que siembren una chacra competente de maíz, y de lo que diere la tierra para el socorro de la Misión. Las estancias de ganado serán protegidas por capataces y vaqueros y habrá distribución de carne para los Padres, para los que trabajan en ellas y para los enfermos.”74. La organización reduccional tenía sus autoridades en los fiscales, alcaldes y regidores con obligaciones de control del orden en general y de administración de la justicia. Las horas del día eran guiadas por las prácticas religiosas. La prohibición de dejar entrar españoles, mestizos y negros, se complementaba con que también las personas de la reducción no debían alejarse de la misma. La norma era mantener la identidad reduccional, la unidad económica y la fuerza del conjunto sociocultural. El uso lingüístico guiaba hacia un doble esquema de referencia: el guaraní y castellano. La escuela era el motor de todos los cambios culturales y sociales. En ellos se insertó una nueva concepción del tiempo, ahora marcado por las estaciones agrícolas; y más, por las fiestas religiosas. El concepto de administración incluía una rendición de cuentas en todos los aspectos: “ el libro de Cuentas, a más de estar con el mismo aseo, y curiosidad, se dividía en seis ramos distintos: en el primero se apuntará por años el Ganado Bacuno, Caballar, y Mular, que quedó del año antecedente, y el que hubiese entrado en aquel año; en el segundo, se apuntará en la misma conformidad el ganado lanar, y otro menor; en el tercero, se apuntará también por años, la entrada de frutos que dieron las chacras, como maíz, cumandas, arroz, algodón, y semejantes; e los efectos producidos de la industria, como cera labrada, azúcar, miel aguardiente, liencería, y otros que hubiere; en el cuarto se apuntará todo lo que ganaron los Padres Conversores como limosna de Misa, de Responsos, de Entierros de algunos forasteros, y lo que les entrare de limosna del Rey, ú otros Bienhechores; en el quinto, se apuntará los conchabos de capataces, peones, o otros que hubiese; y en el sexto, se apuntarán las deudas, a favor y en contra de la Misión, con separación”75. Asimismo se cuidaba los libros de inventarios: uno para la casa e iglesia, y otro, para la hacienda. Las estadísticas poblacionales señalaban el estado civil, la edad, preparación en la doctrina cristiana, participación en los actos litúrgicos y a los sacramentos.


Tiempos de resabios entre conflictos más antiguos
Siete Encyclicas, que van desde el año de 1796 al de 1801, son comunicaciones a los padres conversores sobre correspondencia que el P. Prefecto ha recibido de alguna autoridad civil. Las anotamos con los subtítulos del mismo P. Antonio Comujoncosa:

  1. Encíclica cuarta: Dirigida a los Padres confesores de Cabezas, Piray, Florida y Abapó, para que, exortando a sus Indios, les apronten de lo necesario para entrar a las Misiones de adentro, y contener a aquellos Indios que se alzaron. Abapó, 24 de Marzo de 1796.

  2. Encíclica quinta: Dirigida a los Padres de las Reducciones que se mencionan, para que administren el Sacramento de la Penitencia a los Soldados del Fuerte de San Carlos sito en Saypurú. Abapó, 21 de agosto de 1796.

  3. Encíclica quartadécima: Dirigida a todos los conversores, a quienes se previene la moderación, que deben guardar en el castigo de los indios, a cuyo efecto se les da noticia de la Real Provisión expedida a este intento, cuyo Auto se inserta. Tarija. 10 de septiembre de 1799.

  4. Encíclica dieciséis: Dirigida a todos los Padres Conversores, a quienes se buelve a prevenir la lenidad en el Castigo de los indios, por otro encargo de la Real Audiencia, y se manda observar siete Puntos. Abapó, 9 de agosto de 1801.

  5. Encíclica diez y ocho: Dirigida a los Padres Conversores de las Misiones sitas en el Gobierno de Santa Cruz, para que reconozcan, reciban, y traten con honor el nuevo Comandante de San Carlos de Zaypurú, y guarden con él la mejor armonía. Abapó, 13 de enero de 1801.

  6. Encíclica vigésima: Sobre la extracción de Ganado de las Misiones de Piray, Florida, Cabezas, y Abapó para el socorro de las restauradas de Tacuaremboti, Ibuirapucuti, Pirití, y Parapetí. Zaypurú 13 de mayo de 1801.

  7. Encíclica veinte y dos: En que se notifica a todos los Padres Conversores, que por decisión del Discretorio debe invertirse en las Misiones, en que ellos viven. Azero 31 de mayo de 1801

Las noticias que se pueden colegir cubren el espacio de cinco años. En ellos sobrevinieron acontecimientos de insurrección, empezados en el año de 1796, desarrollados más dramáticamente en 1799, y terminados, el 5 de julio de 1.800. La fecha de 1801 es de la reconstrucción de las reducciones de Parapití, Obaíg, Pirití Igüirapucuti, Taquaremboti y Tapuitá. La primera carta nos informa que el comandante del fuerte de San Carlos, sito en Saypurú, pide y se le envíen indios flecheros de las misiones más al Norte para controlar la insurrección en las del Sur. La quinta es indicación de las discordias entre los padres conversores y los soldados de Saypurú. La cuartadécima es del año de 1799, cuando con más violencia sigue la sublevación, y se invita a los franciscanos a no imponer castigos a los indios. La carta dieciséis, está fechada al año de 1801, que es tiempo de aseveración de responsabilidades. En ella, los franciscanos son indicados culpables, directa e indirectamente, de la sublevación. La acusación está ligada al nombre de la india Tambora y sus hijos, de la reducción de Cabezas.

El P. Antonio Comajuncosa pone siete puntos de obligación a los frailes: 1) Ningún religioso castigue por sí mismo. 2) No se impondrá ningún castigo sin la “expresa orden” del Padre Conversor principal. 3) El castigo se podrá dar cuando el acusado haya recibido tres avisos y no quiera enmendarse. 4) En el acto del castigo ningún religioso mostrará hazaña, más bien operará para que la pena sea suave. 5) No se castigará a ningún “Bárbaro de la Infidelidad” y, en caso de daño recibido, se recurrirá al Comandante del Fuerte o al Prefecto de Misiones. 6) No se ejecutará públicamente el castigo de corte de cabello u otros, a mujeres; al caso, el castigo se realizará en la escuela de las muchachas, con intervención de la maestra u otra mujer. 7) Ningún religioso llevará armas; y en caso de necesitarlas, serán llevadas por el seglar que lo acompañare. Las otras cartas que hemos señalado, insisten en el respeto al comandante del fuerte y del traslado de ganado desde las reducciones del norte a las reconstruidas; en otra más se indica que lo sobrante de los sínodos debe ser revertido a la misión.

Los acontecimientos vislumbrados en las cartas, tienen una más amplia explicación en el libro Manifiesto… del P. Antonio Comajuncosa. Para tiempos de rendición de cuentas, queda desproporcionada la relación entre “castigo” y “sublevación”, ostentada por las autoridades coloniales. No se trata, evidentemente, de no buscar culpables, sino construir una argumentación para hacer entender otra; y la otra tiene el trasfondo de la polémica entre franciscanos y el Intendente y Gobernador Francisco de Viedma y demás autoridades, estacionadas en Santa Cruz de la Sierra. Las cartas del P. Antonio sobre el argumento se limitan a trasmitir “comunicaciones”, exhortando a los religiosos a mantener siempre un ideal de virtudes como misioneros y conversores. ¿Un nivel de prudencia frente a enemigo inconmensurablemente grande y escondido? La verdad de los hechos la redactará en el Manifiesto y en otra documentación, que enviará a las autoridades del Colegio y hasta el Virrey de Buenos Aires. Su explicación de los acontecimientos tiene la siguiente lógica.

Las reducciones, mayormente involucradas en la sublevación, son las de más reciente fundación, por la cual es posible encontrar debilidad de asunción de responsabilidades reduccionales; y además una verdad anterior. “… su fin principal, y tal vez único, que tuvieron para solicitar a admitir Misión, no fue otro que la seguridad de sus personas en el tiempo de guerra y las comodidades temporales que se disfrutan bajo la dirección de ministros caritativos”;… pidieron se le fundase misión, no para dar vida a sus Almas sino para matar el hambre que tenían en sus cuerpos”. Queda siempre, sin embargo, la fuerza de una cultura ancestral, muy presente en la reducción, por lo cual “la cabra siempre tira al monte”76.

La reacción empieza en la reducción de Pirití, el 28 de febrero 1796. Los propósitos declarados son que “querían matar a los Padres y a los soldados de Zaypurú”. El Conversor, P. Rodríguez Carro, para silenciar a los opositores proclama que vendrían “los españoles, que precisamente los sujetarían y castigarían, si no se mantenían quietos”. El resultado es lo contrario: multiplican sus fuerzas y rápidamente en los meses se sublevan las reducciones de Obaíg, Igüirapucuti, Tacuaremboiti y después de Parapití, Tapuitá, Iti y Tayerenda, amenazando atacar también los pueblos de españoles de Sauces y La Laguna. La primera tentativa del P. Antonio Comajuncosa es la de enviar a Fray Francisco del Pilar. “Obedeció prontamente exponiendo su vida para el bien de la paz; pasó por todas ellas, exhortó a los Indios, los amonestó, los acarició, los regaló, pero después de todo esto escribió a dicho superior que los indios estaban muy malos, que no querían aplacarse y que no era libre de salir de la Misión de Pirití, porque sospechaban que les quería hacer traición. Frustrada esta diligencia no se presentaron otros recursos que pedir más tropas para resistir y castigar a los rebeldes”77. Pero la sucesión más dramática de los acontecimientos se realiza en el año de 1799. Las misiones cercanas a la orilla del Parapetí, que permiten una fácil coordinación con los guaraníes del “monte” del lado de Charagua y Ingre, son atacadas por los sublevados. Se recurre a dos expediciones militares desde Santa Cruz, con flecheros, y nuevamente a los militares y por último aparece don Francisco Viedma con 2000 soldados. Con el castigo dado a algunos capitanes, los rebeldes se aquietan e inicia la campaña de la reconstrucción, muy solicitada por Viedma. A los Padres, encargados “no les dieron más que cuatro reses flaquísimas y un pan de sal a cada uno, los Indios que no habían sembrado no tenían un grano de maíz; aquel año no se les dio el sínodo acostumbrado ni otro socorro, hasta que saliendo de la expedición, les repartieron algunas reses y cuatro chucherías, de lo que participó también el dicho hermano Pilar; y con esto, lo dejaron en manos de la Providencia y de sus industrias”78.

Ayudó sólo la caridad de los bienhechores y el ir de limosna en Potosí. “…el Comisario Prefecto de Misiones, que en esta revolución se hallaba haciendo misiones en las ciudades de Salta y Jujuy, al tener esta lamentable noticia caminando para Potosí, resolvióse a quedarse en esta Villa Imperial para predicar las ferias de la iglesia, que fue de los Padres de la Compañía de Jesús, y después de ellas, ir de puerta en puerta pidiendo limosna para las restauración de estas seis Misiones; y en estas diligencias, recogió 679 pesos y 2 reales, que juntos con el legado pío del dicho Señor Maestre Escuela (Dr. don Carlos de San Martín), ascendieron a 3.029 pesos 6 reales”79.
VI.- DOS DESTINOS: DIVERGENCIAS ENTRE FRANCISCANOS DE TARIJA Y DON FRANCISCO VIEDMA
En páginas anteriores hemos afirmado que las divergencias entre los franciscanos de Tarija y Viedma eran de orden político. Lo que quiere decir que era diferente la proyección de las decisiones de los frailes respecto a las del Intendente de Cochabamba y Gobernador de Santa Cruz de la Sierra. De parte de los religiosos se insistía siempre en “aquellos pobres indios”, actitud, que fue ampliada a la “identidad y cultura de nación” de los guaraníes de la Frontera de Chuquisaca, región del Guapay y del Parapetí. El todo se organizaba en el espacio de la “reducción”, implantado por los franciscanos como modelo de un proceso de cambio, que salvaguardara unidad, identidad y proyecciones de futuro desde la herencia colonial. Por tanto, la prefiguración última era un sistema de interculturalidad entre las tantas naciones de la composición charqueña. La definición del sistema reduccional, dada por el P. Antonio Comajuncosa, incluía su dimensión organizativa y propósitos. La escribió en el año de 1800 y la repitió textualmente en el año de 1811. Esa repetición no era una reproducción de palabras antiguas sino del marco que guió las decisiones de los franciscanos. Y tal definición estaba anotada, precisamente, en la especificación de “Gobierno político” de las reducciones.

En nuestro escrito hemos venido delineando los aspectos generales del modelo reduccional, que fueron relacionados entre sí por el P. Antonio Comajuncosa. “Siendo las misiones unas escuelas, en que los Padres Misioneros enseñan a sus Indios, no sólo los artículos y preceptos de la Religión, y las reglas prácticas de una buena economía, sino también el método de un gobierno político, para la perfecta morigeración, paz y quietud de sus pueblos; es preciso que desde los principios le vayan entablando una vida civil, que poco a poco los connaturalice con la sujeción y dependencia; reconociendo en los que gobiernan el pueblo una autoridad que sea capaz de reconciliarles respeto, veneración y obedecimiento. Procuran primeramente, inspirarles un conocimiento de la potestad regia, para que se reconozcan vasallos fieles de nuestro soberano, y obedezcan las sabias disposiciones de sus ministros. Para lograr esto, es menester combatir largos años con las densas tinieblas de su ignorancia y expugnar con mil ardides aquella brutal libertad, con que están connaturalizados. Los capitanes que los indios tenían en su gentilidad, conservan siempre su título y mando sobre sus soldados, y para más distinguirlos se les da bastón con puño de plata, y tienen en la Iglesia escaño distinguido. Este honor es hereditario, y faltando sucesión se congregan sus soldados delante del Padre Conversor, y a pluralidad de votos, se elige capitán, cuando alguno fallece”80.


Retorno de los “profetas”
En carta al Virrey Marqués de Avilés, el P. Antonio Comajuncosa refutó las acusaciones de don Francisco Viedma de que la sublevación hubiera sido provocada por los castigos o régimen de violencia contra los indios. La respuesta del Prefecto de Misiones fue que el origen del malestar vino, no de las reducciones, sino de los pueblos “bárbaros”. Otras causas más sobrevinieron. El obispo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en 1773, condenaba una situación de intercambio desigual y de esclavitud de los guaraníes:

  • “…como estos bárbaros no formaban pueblos y vivían esparcidos en familias, buscándolos, los cruceños, con tasajo, algunas cuñas, costales y varias bagatelas de poco precio, conseguían el algodón y alguna cera puerca y sin beneficio; y según estoy informado, no había precio regulado, porque la necesidad del indio, su inclinación a lo que veía y la posesión de los efectos, porque eran reconvertidos, facilitaba el contrato; y como gente que vivía desnuda, sin más anhelo que remediar la necesidad presente, las más veces se concluyan los ajustes con brevedad”81.

  • “El segundo punto coincide con el detestable abuso que hay en Santa Cruz, de esclavizar a los indios, venderlos y donarlos; asunto que en parte se ha contenido en fuerza de lo que he reclamado contra él, y de la sagacidad y justificación del actual Gobernador [Viedma] …De esa inicua costumbre ha tenido origen de los indios de la Cordillera, que en la mayor parte la han ocasionado ellos mismos porque en la barbaridad, si tenían guerras entre sí, vendían a los cruceños lo que tomaban de sus enemigos, por tasajo o otra cosa de poco valor; y aun en los años de carestía solían dar sus parientes, y aun sus hijos, en cambio de comestibles, hurtándose, en ocasiones, unos a otros, los párvulos, al mismo efecto82.

“Luego que se empezó a fundar la Misión del Piray, se movieron con más eficacia los indios, a solicitar se restituyesen a sus parientes a su origen”83 .

Los Padres Pablo Joven y Fray Magín Matas contra los militares de Pirití y Zaypurú:



  • Todo es posta y cañones al fuerte de Piriti: cañonazos y más cañonazos por una parte, fusilazos por otra. Al parecer que va a arruinar o matar a todo el mundo, gastando la pólvora y balas…Considere Vuestra Paternidad, qué bravatas, qué mentiras y qué enredos levanta este dicho señor, cuando de la Cordillera o barbaridad no se oye decir nada y las Misiones están pacíficas…”84.

  • “El pobre miserable Capitán (Cuyamboyu) respondía con mucha humildad, que cuidase de los Padres que eran compañeros de Dios y que no tuviese miedo a nadie, sino de los mismos Padres; y a estas respuestas del pobre miserable Capitán, el mencionado Comandante, como otro Caifás, le correspondía con la culata del fusil en la cabeza y cuerpo; otra vez con los pies y mano de cachetes o puñetes, en ojos y narices diciéndole… Ese fraile de mierda, Fray Francisco del Pilar, tiene la culpa de que nosotros estemos acá, por haber fundado Misión”85.

El P. Antonio Comajuncosa contra los estancieros:

  • En el mes de mayo del año inmediato (año de 1799) el Comisario Prefecto de Misiones después de haberlas visitado, y hallado sin novedad, pasó por entre los mismos bárbaros y éstos se le quejaron de que los cristianos estancieros, que tenían sus ganados en las inmediaciones de sus pueblos, les hacían mucho daño en sus chacras; y que habiéndose quejado de ello en Sauces, no quisieron hacerles caso, ni pusieron remedio alguno. Los mismos bárbaros le informaron de que entre ellos vivían dos cristianos antiguos, llamados Esteban y José, que les aseguraban que dentro de poco tiempo había de entrar un ejército de españoles que los había de sujetar, y obligar a todos a que vivieran en reducciones, bajo la esclavitud de los Padres Misioneros, que los hacían trabajar a fuerza de rigor y que los animaban a que se resistieran, por cuyo motivo (según la averiguación que hizo en todos los pueblos del tránsito) estaban ya convenidos, luego que esto se verificase, a matar a los religiosos, pegar fuego a las capillas y entrarse a vivir en los bosques. A todo esto se agregó últimamente que un vaquero de los cristianos inmediatos se llevó furtivamente una india bárbara y uno de aquellos estancieros cargó con un hijo que tenía en otra”86.

A estas situaciones se deben agregar incertidumbres de cosechas y enfermedades. El malestar propiciaba la acción de los profetas. En la relación de los sucesos, el P. Antonio Comajuncosa, nos da a conocer los nombres del Capitán Guarey en el Parapetí, Tambora y sus hijos (el hijo Hermenegildo) en el Guapay, y Mandicuyo en la Frontera. La acción de guerra iniciaba siempre con “convites” nocturnos, con robos de ganado, con infundir miedo y elaborar una situación de revancha “mesiánica”. No debe extrañar la presencia de la mujer Tambora. Ya en 1778, describiendo al “dios fingido”, anotaba también la compañía de la mujer María Chesu “de la cual afirmaba que era la verdadera Virgen María y persuadía frecuentemente a los oyentes indios que las imágenes de María, que veneran los cristianos eran estatuas solamente de madera sin que digan respecto alguno a otro original, por no haber otra persona que la dicha María Chesu. Además de esta adjunta persona, acompañaba también…otro individuo igualmente desconocido, el cual decía a los bárbaros que era hermano del rey Inga y que por haber degollado a éste los españoles, venía él a recuperar sus caudales para enriquecer con ellos a los que se les sujetasen”87.

Todos ellos fueron definidos como “grandes brujos”, “brujos poderosos” y “brujos famosos, que entre ellos son respetados, creídos y tenidos como dioses…”88. El atributo de “dioses” resultaba como manifestación del movimiento mesiánico. El retorno a la situación originaria, implicaba la acción de destrucción de las novedades reduccionales: “pues siendo éstos siempre contrarios o positivamente opuestos a la religión incesantemente predican a los pueblos que no hagan caso lo que dicen los Padres, retrayéndolos con sus embustes y amenazas de admitir reducción, y si ya viven en ella, de recibir el santo Bautismo, de asistir a la doctrina, de sujetarse los niños a la escuela, con otras maldades mayores. Finalmente, para que los religiosos Conversores obren con aquella libertad, expedición, gusto y empeño que el Apostólico Ministerio requiere en aquellas soledades, y entre unas gentes, cuyas importunidades, molestias y rusticidades son capaces de incomodar, aburrir y hacer desmayar al más fervoroso, es preciso que Vuestra excelencia (Marqués de Avilés, Virrey en Buenos Aires) comprima la furiosa porfía, con que el Gobernador Intendente de Cochabamba, don Francisco de Viedma, persiste en desacreditar la conducta de los Padres Misioneros para con todos los tribunales…”89.


La gran contienda: Comajuncosa y Viedma
El dicho que todo es política es negación de todo sentido común. Don Francisco de Viedma justificaba esa postura con el nombre de “nuevo plan de gobierno”. Lo que se define “reforma borbónica”, en realidad, era un conjunto de decisiones, implantado por el Rey Carlos III, que instaba cambios económicos, eclesiales, y de organización de nuevos tejidos sociales en la composición del Estado. En ellas se incluyó también el alejamiento de todo el continente de los Padres Jesuitas, en el año de 1767. La sustancia de lo que llegó a Bolivia era un proyecto de una nueva estructuración del territorio, según cánones de productividad, rentabilidad y posibilidad de impuestos. También se impuso otra administración del Estado, basada en las Intendencias, que por su peso local oscurecieron el rol de la Audiencia de Charcas otorgándole una situación tan sólo de instancias jurídicas. El Intendente de Cochabamba y Gobernador de Santa Cruz, nombrado en el año de 1784, fue don Francisco de Viedma. Cumplió inmediatamente con un análisis económico, impositivo y administrativo, cuyo resultado fue su informe: Descripción geográfica y estadística de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra de 188690. Fue una sucesión continua de anotaciones desde la ciudad de Cochabamba y sus “partidos”, llegó a Santa Cruz y sus “partidos” y terminando en las reducciones guaraníes del Parapetí.

El todo resultaba anotado en positivo o negativo como un quebrado afín a entradas y gastos; el primero conformado por el régimen de impuestos, en el cual incluía siempre tasaciones de los indios como aporte al “ramo de tributos”. Cuando llegó a Cordillera de los chiriguanos, vislumbró bienestares y malestares imaginarios, exagerando calidades de los terrenos, viendo abundancia de agua, y experimentando precariedad en las relaciones con los indios; el todo, para denunciar presencia de riquezas en las reducciones del Norte; de extremada pobreza, en las del Sur, y de vida dispendiosa del vivir de los franciscanos. El P. Antonio Comajuncosa atacará la mayoría de los apartados de esa relación, que globalizará en la expresión: “Todo es exageración y falsedad”91. La exageración tenía un doble sentido: todo al positivo por los resultados económicos y de organización de las reducciones del Guapay (Cabezas, Piray, Abapó y Florida); y todo al negativo, por las otras reducciones (incluso su régimen de autoridad de los franciscanos). La contradicción patente, manifestada también por el P. Comajuncosa, era su exaltación a favor de esos cuatro pueblos y los desastres anotados por los restantes, que vivían bajo el mismo sistema reduccional. El propósito manifiesto era el querer trasformarlos en parroquias (lo que permitía la tasación de los indios), separándolos del conjunto regional reduccional para integrarlos al obispado de Santa Cruz de la Sierra.

Seguramente tal proyecto era sustentado también por el obispo Alejandro Josef Ochoa. La confusión nacía de la propuesta del mismo intendente de construir una unidad administrativa (intendencia) entre Chapare, Moxos y Chiquitos. Se daba también la perspectiva de la creación de un obispado en Cochabamba, consolidándolo con parte de las parroquias cruceñas, valle alto y provincia de Mizque y compensando la substracción de éstas con las que iban a ser proclamadas como tales (las reducciones de Piray, Cabezas, Florida y Abapó). Asimismo, la cuestión de límites con Chuquisaca, que era de conformidad con los Franciscanos y contraria a la decisión de Viedma. Esa impulsión generó el no pago de los sínodos a los franciscanos de Tarija, la actitud fiscalizadora hacia éstos y la generosidad proclamada para futuros administradores y clérigos. Concluía, además, desconociendo la realidad jurídica, civil y eclesiástica, de los Colegios de Propaganda Fide. La reacción de los frailes contra el plan Viedma remarcaba también una visión de futuro de los pueblos originarios: “…la repartición de tierras de infieles es más natural y más conveniente que se haga por Naciones que por Obispado”92. Lo que resultaba ser menos un proceso de integración de los pueblos originarios y más una anexión de ellos a las “provincias antiguas”. No pudiendo desconocer razones, don Francisco de Viedma pasó a la denigración (a lado: el perfil psicológico del Intendente y Gobernador de Santa Cruz de la Sierra por el P. Antonio Comajuncosa):


Don Francisco Viedma en Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de la Sierra 178893: “En los conventos religiosos que tiene esta ciudad, a excepción de mi padre San Francisco, no se guarda clausura ni vida común. Las mujeres entran a las horas que les parece en los claustros y celdas; cada religioso come en la suya o fuera del convento, lo que puede según su manejo de medios; por lo regular algunos viven fuera de ellos y otros casi apóstatas.

Desde el prelado abajo, se recogen a la hora que les parece. Aunque están obligados a auxiliar a la iglesia con su predicación y socorros espirituales a los fieles, solamente en el convento de San Francisco se predica los viernes de cuaresma, y en el de la Merced en idioma quichua de tres años a esta parte, que se ha dedicado un religioso, llamado Fray Francisco Paz de Buenavida; faltando éste, seguirá como antes. Para con los otros conventos todo el tiempo es igual. En ninguno se socorre al prójimo en el estado de su último fin, ayudándole a bien morir; en esto hay el mayor abandono, así en los eclesiásticos seculares, como regulares. En administrándoles el cura o ayudante los últimos sacramentos, los dejan en manos de su familia o asistentes, si los tiene, y expiran sin que tengan quienes invoquen el dulcísimo nombre de Jesús…”

“… el clero estaría con distinta sujeción y arreglo en la relajación de algunos, y la religión cristiana florecería sin los escandalosos excesos que se notan, mayormente si las religiones se sujetasen a los ordinarios en estas Américas, con total independencia de su general, suprimiendo los provinciales, y dejando en libertad a los religiosos, para que elijan prelados en sus respectivos conventos a su satisfacción. ¡Cuantos simonías, cuantos escándalos, y tal vez homicidios, no se encausarían con tan santa providencia, a más de la sujeción que tendría en la vida monástica¡”


P. Antonio Comajuncosa en Carta al Virrey Don Joaquín del Pino del 10 de febrero de 1802, en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia…94 “La experiencia nos ha enseñado que este caballero se esmera en perseguir a todos los que se oponen a sus ideas; en acusar prontamente sus faltas, abultándolas con exageraciones, y aun acompañándolas de otras que él se imagina, dando a las oposiciones que se le hacen, unas interpretaciones muy ajenas al intento de los autores y aseverando los motivos que éstos tuvieron en oponérsele, cuando ni lo imaginaron; en fundar sus escritos con testimonios de poca fe, por ser de unos sujetos a lo menos tímidos, que no se atreven a disgustarles por no ser perseguidos de él; en aparentar amistad y rectas intenciones escribiendo y tratando con los que persigue, y dar las heridas a las espaldas; en ejecutar puntualmente las órdenes y providencias que vienen contra sus opositores favorables, y en retardar cuanto puede las que vienen favorables; en excusar y disminuir las faltas de los que siguen sus ideas, entorpeciendo las providencias que vienen contra ellos o disimulando sus transgresiones; en sostener, finalmente, sus proyectos, aunque la razón, la ley y la autoridad se opongan a ellos.

De aquí nace la persecución que nos hace, la aversión que tiene a la Real Audiencia de Charcas, la omisión de fundar sus recursos en ella, o en los superiores de los religiosos; la facilidad con que acusa nuestros defectos a los tribunales superiores, la prontitud con que ejecuta las providencias que vienen contra nosotros; la oposición que hace a las órdenes superiores para que entregue los sínodos y a otras que nos son favorables; la indiferencia con que mira los encargos que se le hacen para contener, corregir y castigar los desordenes de los soldados de aquellos destacamentos [Zaypurú-Pirití], calificando de política, prudencia y moderación lo que es ciertamente efecto de un ánimo apasionado. En una palabra, al que no sigue su rumbo, lo persigue como a su enemigo.”






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