Revista Latina de Comunicación Social # 0



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Revista Latina de Comunicación Social # 070 – Páginas 813 a 832

Investigación Financiada | DOI: 10.4185/RLCS-2015-1073 | ISSN 1138-5820 | Año 2015


Cómo citar este artículo / Referencia normalizada
R Mateo Pérez (2015): “Industrias Culturales y de la Comunicación: Mito y lógica de la creatividad y del empresario innovador”. Revista Latina de Comunicación Social, 70, pp. 813 a 832.

http://www.revistalatinacs.org/070/paper/1073/43es.html

DOI: 10.4185/RLCS-2015-1073



Industrias culturales y de la comunicación: Mito y lógica de la creatividad y del empresario innovador

Cultural and communication industries: Myth and logic of the terms creativity and entrepreneurial innovation

R de Mateo Pérez [CV] Universidad Autónoma de Barcelona, España. rosario.demateo@uab.cat

Abstracts

[ES] Introducción – Los discursos de los políticos, de los poderes económicos, de instituciones diversas como la Universidad, e incluso del lenguaje publicitario, y transmitidos por los medios de comunicación, se hacen eco del mantra del emprendedor y la innovación como fórmulas sagradas que, repetidas hasta la saciedad, hagan desaparecer la crisis del sistema económico, político y social en la que está inmerso el mundo globalizado. En este artículo se esclarecen el mito y la lógica de esos conceptos con análisis de caso en las industrias culturales y de comunicación. Metodología – Se ha utilizado el método socrático. Desde 2014, se ha tratado de dar respuesta a todas las dudas, formuladas en su mayor parte en las siguientes preguntas, a partir de la investigación bibliográfica y de hemeroteca: ¿Cuál es el significado de las palabras creatividad e innovación? Si hay varios significados ¿a cuál se refieren los poderes públicos y privados en estos momentos de crisis? ¿Por qué? ¿Cuál es el significado válido? ¿Cómo se puede aplicar al análisis de casos en las industrias culturales y de comunicación? Resultados – Se ha obtenido la suficiente información para mostrar el verdadero significado de los conceptos: Creatividad, innovación, y emprendedores que las lleven a cabo, y que tienen poco que ver con los invocados mayoritariamente por los poderes públicos y privados, manifestados a partir de análisis de casos. Conclusiones – El análisis crítico realizado, ha puesto en tela de juicio las diversas aportaciones teóricas que defienden los procesos mentales extraordinarios, como base de los actos de creación e innovación. Cualquier persona que sepa cómo funciona la industria y las empresas culturales y de comunicación, así como su entorno político, económico y social, puede dar a un problema una solución creativa si lo resuelve con una respuesta no conocida anteriormente. Es decir, se trata de la lógica del emprendedor que crea e innova en alguna de las siete áreas aportadas por Drucker: Lo inesperado; lo incongruente; la innovación basada en la necesidad de un proceso; el ‘desmoronamiento’; cambios en la población; cambios en la percepción y significado; nuevos conocimientos, tanto científicos, como no científicos. En cada uno de esos apartados, se aporta análisis de casos en las industrias culturales y de la comunicación.

[EN] Introduction: Politicians, economists, diverse institutions, including the university, advertisers, and the media repeat in their discourses, over and over again, the mantra of entrepreneurship and innovation as sacred formulas that can put an end to the economic, political and social crises in which the globalised world is immersed. This article aims to clarify the myth and logic of these concepts, based on the case study of the cultural and media industries. Methods: The study is based on the Socratic method. Bibliographic and hemerographic analyses were carried out to answer the following questions: What are the different meanings associated to the terms creativity and innovation? Which of the different meanings that are associated to the terms creativity and innovation do public and private authorities refer to in these times of crisis? Why? Which are the valid meanings? How can the case study method be applied to the cultural and media industries in this regard? Results: The case studies show that the true meaning of the terms creativity, innovation, and entrepreneurs have little to do with the meanings mostly invoked by the public and private powers. Conclusions: the critical analysis puts into question the different theoretical contributions that identify extraordinary mental processes as the basis for acts of creation and innovation. Anyone who knows the workings of the cultural and media industries and their political, economic and social environments can come up with a creative solution to a problem if this solution involves a previously unknown method. In other words, this is the logic of the entrepreneur who creates and innovates in any of the seven areas of opportunity identified by Drucker: the unexpected; the incongruity; the innovation based on process need; changes in industry and market structure; demographics; changes in perception, mood and meaning; and new knowledge, both scientific and non-scientific. The article explains these areas of opportunity based on the case studies of the cultural and media industries.

Keywords

[ES] Mito y lógica de la innovación; emprendedores; áreas de innovación; entorno económico, político y social; industrias culturales y de comunicación.

[EN] Myth and logic of innovation; entrepreneurs; areas of innovation; economic, political and social environments; cultural and media industries.
Contents

[ES] 1. Introducción 2. El mito de la creatividad y de la cultura emprendedora e innovadora 3. La lógica de la cultura emprendedora e innovadora y la creatividad 4. Emprendimiento innovador en la industria cultural y de la comunicación 4.1. Lo inesperado 4.2. Lo incongruente 4.3. La necesidad del proceso 4.4. El ‘desmoronamiento’: El cambio en la estructura de la industria o del mercado 4.5. Los cambios demográficos 4.6. Los cambios en la percepción que la gente tiene de las cosas 4.7. Los nuevos conocimientos 5. Crisis, potencial de la industria cultural y de la comunicación y obstáculos a la innovación empresarial.

[EN] 1. Introduction. 2. The myth of creativity and entrepreneurial and innovative culture. 3. The logic of the entrepreneurial and innovative culture and creativity. 4. Innovative entrepreneurship in the cultural and media industries. 4.1. The unexpected: success and failure. 4.2. The incongruity: expectation and reality. 4.3. Innovation based on process need. 4.4. Changes in industry and market structure. 4.5. Changes in demographics. 4.6. Changes in perception, mood and meaning. 4.7. New knowledge. 5. Crisis, potential of the cultural and media industries and obstacles to business innovation. 6. List of references.

Traducción de CA Martínez-Arcos (Doctor en Comunicación por la Universidad de Londres)



Introducción

Todos los avances tecnológicos –radio, televisión, ordenadores, internet, dispositivos móviles, entre otros– han permitido la exposición de las personas a numerosos y diversos puntos de vista que ponen en tela de juicio todos los conceptos, ayudando a la instauración de un relativismo cultural basado en la confusión del lenguaje. Esa incertidumbre sobre el lenguaje se hace más evidente en estos momentos de crisis política, económica y social del mundo globalizado y va en detrimento del conocimiento y la reflexión, necesarios para el desarrollo de un pensamiento crítico.

Durante años, palabras como creatividad e innovación, y emprendedores que las lleven a cabo, han sido lugar común de los discursos de los políticos, de los poderes económicos y transmitidos por los medios de comunicación. Primero, se puso el acento en la necesidad de la I+D, es decir, la investigación y el desarrollo, y más tarde, se completó la fórmula con la i, de innovación.

La crisis económica, que se arrastra desde 2007, parece haber roto la secuencia I+D+i. El gobierno español habla de la necesidad de llevar a cabo una reestructuración económica basada en sectores clave como las tecnologías de la información y la comunicación y la innovación.

En ese mismo sentido, se encuentra una propuesta del gobierno de la Generalitat de Catalunya, presentado el 13 de marzo de 2012. El título del comunicado de prensa es significativo: “El Govern impulsa el programa ‘Catalunya Emprèn’ per fomentar l’emprenedoria (sic) i la creació de llocs de treball”. Entre otras cosas se dice: “una parte de las acciones, de dicho programa, se centran en actuaciones en los diferentes estadios de formación (enseñanza obligatoria, superior y formación profesional) y en la sociedad y la opinión pública para fomentar el espíritu emprendedor, de manera que aumente la preferencia y voluntad de crear empresas propias o autoempresas”. Y siguen con el mismo discurso las intervenciones posteriores a esa fecha.

También, diversas instituciones como, entre otras, las universidades, se han unido a este discurso. Por ejemplo, la Universitat Autònoma de Barcelona, como puede leerse en su web, apuesta por el conocimiento y la innovación. Campus d’excèlencia internacional.

Incluso, el lenguaje publicitario de las empresas anunciantes se ha unido a esas llamadas haciéndose eco del mantra del emprendedor y la innovación como fórmula sagrada que, repetida hasta la saciedad, invocará a las fuerzas ignotas que hagan desaparecer la crisis del sistema económico, político y social en la que está inmerso el mundo globalizado.

Pero ¿cuál es el significado de las palabras creatividad e innovación? Si hay varios significados ¿a cuál se refieren los poderes públicos y privados en estos momentos de crisis? ¿Por qué? ¿Cuál es el significado válido? ¿Cómo se puede aplicar al análisis de casos en las industrias culturales y de comunicación? Para poder responder a esas preguntas, se analizan las aportaciones consideradas más significativas al respecto, agrupándolas en los dos apartados siguientes que, grosso modo, explican las dos perspectivas o enfoques diferentes de análisis:

-El mito del genio creativo e innovador.

-La lógica del emprendedor que crea e innova.

En la primera de esas perspectivas se analizan las falacias sobre el genio, la creatividad y la innovación. En la segunda, se explica la realidad que ha de analizar el emprendedor innovador y cuáles son los criterios que pueden conducir a la plasmación de ideas en nuevas innovaciones empresariales, en la industria de la comunicación y de la cultura. Finalmente, se apuntarán algunos de los límites u obstáculos que habrán de superar las empresas existentes y las de nuevo cuño que traten de innovar en dicho ámbito industrial.

El mito de la creatividad y de la cultura emprendedora e innovadora

Tradicionalmente, se hacía mención a la figura del genio como portador de una personalidad y unas facultades intelectuales excepcionales cuyos hallazgos creativos e innovadores se suponían provenientes del don de la iluminación. A pesar de que, a partir de la Primera Guerra Mundial, las iluminaciones del inventor dieron paso al concepto de investigación, hoy se sigue alimentando la creencia en la figura del genio, tal vez, porque es difícil romper con las reminiscencias románticas al respecto.

Weisberg (1989) parte de la idea de que cualquier persona puede dar a un problema una solución creativa, si resuelve el problema en cuestión a partir de una respuesta no conocida anteriormente. Y más adelante añade que dicha idea se asienta en la naturaleza incremental de la respuesta creativa, que se contrapone a la concepción tradicional de la creatividad (y la innovación), según la cual los grandes impulsos creativos, o grandes saltos de la capacidad de comprensión, son originados por procesos de pensamiento extraordinarios. Con base en esta premisa realiza un análisis crítico, poniendo en tela de juicio, las diversas aportaciones teóricas en defensa de que los ‘procesos mentales extraordinarios’ están en la base de los actos de creación y de innovación.

Dado el amplio y exhaustivo estudio realizado por dicho autor, este apartado se basará en sus páginas, abarcando de forma sintética aquellos aspectos más significativos para esclarecer el tema que nos ocupa: el mito de la creatividad y la innovación. También se recogerá, en la bibliografía de este texto, la aportación de cada uno de los autores citados para facilitar el uso de dichas referencias a los interesados en esta materia pero que, por supuesto, junto a otros autores, están recogidos en el libro de Weisberg (1989).

En primer lugar, se hace un análisis crítico de la idea de que una extraordinaria obra creativa e innovadora se deba a procesos de pensamiento inconsciente, capaces de establecer conexiones asociativas que el pensamiento consciente ordinario no tiene a su alcance. La idea original e innovadora parece venirle al creador de un salto de intuición que no parece provenir de sucesos del entorno ni, tampoco, del pensamiento consciente. De esta concepción han surgido diversas teorías, entre las que cabe resaltar la de la incubación y la de la bisociación.

Según G. Wallas (1926) todos los actos de creación constan de las cuatro fases siguientes: preparación, incubación, iluminación y verificación. Henri Poincaré, en 1913, aunque admitió que era necesario y fundamental una fase inicial de trabajo consciente sobre un problema para activar múltiples ideas, estableció la teoría de la incubación en la que señala que las ideas originales llegan tras un período de pensamiento inconsciente, ya que ésta dirige la actividad mental de combinación de pensamientos, juzga el valor de cada combinación y traslada al consciente las combinaciones más válidas para la solución del problema en cuestión.

La teoría de Arthur Koestler (1964), basada en ideas del autor anterior y de Sigmund Freud, en la que, en contraposición al concepto de asociación que alude a conexiones previamente establecidas entre las ideas, propone el término bisociación para explicar el proceso por el que se establecen conexiones entre ideas antes no relacionadas, y esa es la base para cada acto creativo que se produzca. Es decir, esta teoría explica que el surgimiento de ideas originales es consecuencia de la combinación inconsciente de otras ideas, según formas y procedimientos no imputables al pensamiento consciente.

Basándose en informes y en resultados de pruebas y experimentos en laboratorio, Weisberg (1989) afirma que las teorías de la incubación y de la bisociación deberían ser desterradas y pone de manifiesto que ni la una ni la otra tienen una base sólida y, además, no pueden confundirse con el procesamiento automático de hábitos muy bien aprendidos.

En segundo lugar, Weisberg (1989) dedica un capítulo a exponer la teoría del ‘ajá’, que nada tiene que ver con la experiencia previa, de la que incluso cabe desprenderse para conseguir pensamientos creadores. Es decir, las soluciones de los nuevos problemas se producen en saltos de intuición. Entre otras aportaciones a esta teoría se pueden considerar las de Gardner y la Gestalt.

La concepción ¡Ajá!, o fenómeno eureka, queda explícita en el libro del mismo título de Martin Gardner (1978: vi-vii), en el cual explica que dicho libro ‘es una cuidada selección de problemas que parecen difíciles, y que en verdad lo son si para resolverlos emprendemos caminos tradicionales. Pero consiguiendo liberar la imaginación de las técnicas ordinarias para resolver problemas, tal vez nos hagamos receptivos a una reacción ¡ajá! que nos lleve de seguido a una solución’. Esa forma de creatividad está basada en que, sólo la ruptura de la experiencia previa del creador, hará posible el hallazgo de la solución espontánea de problemas.

En parte, ese fue el punto de partida de los estudios de los psicólogos de la Gestalt, escuela psicológica creada en 1912, cuyo centro principal se situó en la Universidad de Berlín. Sus aportaciones se opusieron a la teoría asociacionista, predominante a principios del siglo XX, para la que los problemas nuevos se resolvían a través de la transferencia de asociaciones de ideas antiguas a nuevas situaciones. Para ellos, el que llamaron pensamiento productivo (creativo), es decir, la creación de algo nuevo, encaminado a resolver un problema, está claramente relacionado con la percepción, pues no depende de la experiencia previa. Estos psicólogos distinguían entre pensamiento reproductivo y pensamiento productivo, el primero invoca o simplemente reproduce experiencias pasadas mientras que, el segundo, crea algo nuevo.

Weisberg (1989) concluye que hay pocas pruebas de que la solución creativa de problemas tenga que ver más con saltos de la intuición, que con la experiencia anterior del innovador ya que, en los experimentos realizados en laboratorio, no se vislumbran los procesos inconscientes en el pensamiento creativo e innovador, puesto que los emprendedores solucionan los nuevos retos a partir de lo que saben, adaptando su conocimiento a las nuevas situaciones.

En tercer lugar, en los años cincuenta del siglo XX, se comenzaron a poner los cimientos de la teoría y las investigaciones tendentes a enseñar a los individuos a pensar creativamente. La teoría del pensamiento creador da por hecho la existencia de dos tipos de pensamiento: el convergente o lógico y el divergente, siendo este último la base de la actividad creadora. Y el método para facilitar el pensamiento divergente se apoya en técnicas diversas siendo una de las más utilizadas, y también más difundida, el brainstorming, término traducido, entre otras formas, por tormenta de ideas o lluvia de ideas o torbellino de ideas o hallazgo de ideas. Esta teoría, y esta técnica, han sido ampliamente recogidas por los medios de comunicación y utilizadas en las más diversas instituciones y empresas, traspasando fronteras científicas.

Poco tuvo que ver la psicología científica en el nacimiento y desarrollo de la industria de la formación y entrenamiento en pensamiento creativo, pues sólo los psicólogos dedicados al establecimiento de métodos de medición de las capacidades intelectuales de los individuos, se prestaron al diseño de test para medir los aspectos de la creatividad, admitiendo la existencia de los dos tipos de pensamiento antes citados: el convergente y el divergente. J.P. Guilford fue uno de sus representantes más sobresalientes, presentando su teoría, en 1950, en su discurso a la asamblea de la American Psychological Association, de la que era presidente. Más tarde, Guilford elaboró el marco teórico para los cursos de formación y entrenamiento en creatividad e innovación, que tanta fortuna han hecho en diversos campos de actividad como el empresarial e industrial. Posteriormente, se han ido desarrollando diferentes métodos para enseñar a pensar creativamente y, prácticamente, en todos ellos, se pone el acento en la generación de posibles soluciones a partir de múltiples o diversas ideas o brainstorming.

La técnica del brainstorming fue inventada por Alex Osborne (1950). Parte de la existencia de dos componentes en la mente pensante: la mente enjuiciadora, que analiza, compara y elige, y la mente creadora, que visualiza, prevé y genera ideas. Y, aunque considera que todas las personas gozan de los dos componentes, con la edad se ha desarrollado más la capacidad crítica necesaria para enjuiciar las situaciones, lo que va en detrimento de la capacidad creativa que ha ido desvaneciéndose, pero puede recuperarse con la lluvia de ideas.

Según Osborne, el pensamiento creador se fundamenta en el libre fluir de ideas que ayudarán a resolver, de forma creativa, cualquier problema que, dice, ha de ser específico. Para ello, en las sesiones de brainstorming, hay que seguir las cuatro reglas establecidas: La crítica sólo se permitirá cuando se hayan producido todas las ideas; hay que dejar fluir todas las ideas, incluso las más extravagantes, para romper las barreras de las inhibiciones; lo que importa es la cantidad de ideas, no la calidad, lo que también ayuda a la relajación de las inhibiciones; y hay que combinar las ideas propias y ajenas perfeccionándolas con el conocimiento y experiencia de cada uno de los participantes.

Desde los años sesenta del siglo XX, la industria de la enseñanza y aprendizaje de la creatividad no ha dejado de crecer, proliferando escuelas y asesores en muy diversos campos como, por ejemplo, el mundo empresarial. Uno de los impulsores de esa industria, y reconocido mundialmente, Edward DeBono (1968), explica que no se pueden resolver los problemas basándose en el pensamiento lógico o convergente que parte de la experiencia previa. Por el contrario, hay que utilizar el pensamiento divergente, que él llama pensamiento lateral, que rompe con los hábitos de pensamiento, con el fin de producir ideas originales para la solución de un problema. Igual que sus antecesores, para fomentar la creatividad, el pensamiento lateral utiliza la técnica de la lluvia de ideas, sin crítica alguna, pues se trata de producir muchas ideas, cuya utilidad determinará, después, el pensamiento convergente.

La amplitud de divulgación de esas teorías y técnica no impide la realización de un análisis crítico por parte de Weisberg (1989). Pone de manifiesto que, si bien los participantes, de la industria citada más arriba, han logrado ser muy numerosos y convencer de la eficacia de estos métodos, sobre todo ayudados por informaciones y publicidad en los medios de comunicación, existen experimentos controlados que demuestran que la técnica del brinstorming: no es eficaz en los grupos de individuos y, además, cuanto más grande es el grupo mayores son las interferencias entre ellos; que es mejor que haya juicio crítico previo; que las soluciones creativas son fruto de los mismos procesos mentales que intervienen en otras clases de pensamientos; que, por tanto, el pensamiento divergente no juega un papel fundamental ni ofrece soluciones originales a los problemas planteados. Y este autor añade que la creatividad e innovación en la solución de problemas artísticos, científicos, empresariales, entre otros, es una concepción incremental basada en la experiencia en la que “el pensamiento creador no es una forma extraordinaria de pensar. El pensar creativamente llega a resultar extraordinario a causa de lo que el pensador produce, y no de la manera en que lo produce”.



La lógica de la cultura emprendedora e innovadora y la creatividad

Las últimas reflexiones del apartado anterior sobre el tipo de pensamiento utilizado en los procesos de creatividad e innovación, pueden expresarse también en palabras de Gergen (2006: 318): “No hay ningún avance que se produzca en un vacío social o ecológico”. Es decir, “para ser creativa, la solución de un problema tiene que satisfacer dos criterios: tiene que ser nueva y tiene que resolver el problema de que se trate” y eso sólo es posible a través del pensamiento lógico o, como lo llaman los psicólogos, el pensamiento convergente (Weisberg, 1989: 182).

En los años cincuenta del siglo XX, no sólo comenzaron a desarrollarse los cursos para enseñar a pensar creativamente, sino también los seminarios sobre la innovación y el empresario innovador, que más tarde se fundamentaron en teorías diversas. Drucker fue uno de los representantes significativos de los estudios sobre innovación, explicándola como un término más económico y social que técnico. Consideró que “la gerencia de empresa, que es el ‘conocimiento útil’ que capacita al hombre para hacer productivas a personas de distinta capacidad y conocimiento trabajando juntas en una ‘organización’, es una innovación de este siglo”, es decir, del siglo XX (Drucker, 1994: 42).

Para Drucker (1994: 45), “la innovación sistemática consiste en la búsqueda organizada, y con un objetivo, de cambios, y en el análisis sistemático de las oportunidades que ellos pueden ofrecer para la innovación social o económica”. Los empresarios innovadores la utilizan como un medio, como una herramienta específica para aprovechar las nuevas oportunidades surgidas de los cambios en la empresa, la industria, el contexto económico, político y social, con el fin de hacer nuevos negocios que satisfagan las necesidades y deseos de las personas, puesto que considera la gerencia como una nueva tecnología que ha de aplicarse a todas las actividades, tanto económicas, como sociales.

El economista francés Jean Baptiste Say fue quien introdujo la palabra emprendedor, entrepreneur, aunque sólo referida a la esfera económica, a principios del siglo XIX. Sin embargo, fue Joseph Alois Schumpeter quien, en 1912, aportó los conceptos de empresario e innovación, utilizados y desarrollados por el análisis económico contemporáneo. Ambos términos le sirvieron para llevar a cabo una interpretación novedosa de la dinámica del capitalismo. Sostenía la teoría de que las innovaciones, llevadas a cabo por los empresarios, son el elemento central y estratégico en el desarrollo económico y fueron el eje central para explicar el proceso del ciclo económico, tema que amplió en una obra posterior Business Cycles (1939).

La teoría de la innovación de Shumpeter, puede ser definida como la introducción de nuevas combinaciones de los factores de producción –materias primas, trabajo y capital– por el empresario, para modificar el sistema productivo anterior. Ambos, empresario e innovación juntos, tienen que llevar a cabo una destrucción creativa que rompa el estado estacionario del capitalismo para que se inicie un proceso de desarrollo. A esas combinaciones que cambiarían de forma irreversible los procesos productivos de las empresas, las denominó innovaciones, y las clasificó en cinco tipos principales, no excluyentes entre sí: obtención de una nueva fuente de materias primas o productos semielaborados; fabricación de nuevos productos o mejora de la calidad de los ya existentes; adopción de un nuevo método productivo, que no siempre ha de provenir de un descubrimiento técnico; apertura de nuevos mercados, existentes o no anteriormente; e introducción de una nueva forma organizativa de la producción.

A Schumpeter hacen referencia, con más o menos fortuna, todos los que se han implicado en el desarrollo, y la enseñanza, de métodos y técnicas de aprendizaje sobre creatividad e innovación para emprendedores, que actúan en las más diversas actividades ya que “el empresario innovador no está limitado a la esfera económica aunque las expresiones se hayan originado ahí. Está en relación con todas las actividades de los seres humano (y esto es lo que define al empresario innovador) busca el cambio, responde a él y lo explota como una oportunidad (Drucker, 1994: 37-38).

Para innovar, el empresario ha de analizar y planificar, metodológicamente, las acciones que ha de llevar a cabo, atendiendo a las oportunidades y riesgos de la industria en la que quiera desarrollar su nueva actividad, ya que ha cambiar sus inversiones, de negocios menos rentables y de baja productividad, a otros campos más eficientes y más productivos. El emprendedor, por tanto, ha de estar atento a los cambios en la industria de que se trate y su entorno, analizándolos sistemáticamente, con el fin de encontrar las oportunidades de negocio.

Drucker (1994: 46) explica que “la innovación sistemática significa la exploración de áreas en busca de la oportunidad de innovar”. Establece las siguientes siete áreas:

Lo inesperado; lo incongruente; la innovación basada en la necesidad de un proceso; el ‘desmoronamiento’; cambios en la población; cambios en la percepción y significado; nuevos conocimientos, tanto científicos, como no científicos.

Las cuatro primeras de esas áreas están dentro de la propia empresa, sea negocio o institución pública, o dentro de la industria, o del mercado y, las tres últimas, están fuera de la empresa o de la industria. Estos campos de oportunidades de innovar no son estancos, por lo que una innovación puede depender de varios de ellos. Finalmente, están situados en orden decreciente de predictibilidad y de confiabilidad.

El apartado siguiente se va a apoyar en esa clasificación, para aportar algunos casos de innovaciones en la industria y en la empresa de la cultura yd la comunicación.





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