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REVISTA DIGITAL FAMILIA CRISTIANA

Agosto 2016


NOTAS

-SOCIEDAD-
Nota 1: EDUCAR PARA LA FELICIDAD
-Por Cecilia Barone-

Saber lo que uno realmente quiere no es cosa tan fácil como algunos creen sino que representa uno de los problemas más complejos que enfrentan al ser humano. Erich Fromm.

La felicidad está considerada como una de las cosas que el hombre, en general, dice querer. Es el deseo más profundo de la naturaleza humana aunque al ser tan profundo no es fácil encontrarlo y menos considerando la prontitud y la aceleración con que nos exigimos hacerlo.  A medida que pasan los años y nos enredamos en las vueltas que nos hace dar la vida, la felicidad queda muchas veces archivada en nuestro corazón como un olvidado sueño de juventud. Siendo adultos incapaces de realizar este pedido tan humano que nos clama  desde el íntimo ser también frustramos este mismo deseo en nuestros niños.

Madres, padres, maestros anhelamos que nuestro chicos vivan una buena vida felices y si bien, es difícil también es posible como nos lo han enseñado muchos pedagogos a lo largo de la historia que creyeron de vital importancia enseñar a vivir la vida con todo lo que esta nos brinda.

DARSE EL GUSTO DE SER FELICES
 
En realidad, todos son llamados a ser felices, más en cualquier generación dada pocos son los elegidos, porque pocos se eligen a sí mismos. Cada uno tiene tiempo y oportunidad de aprender las lecciones necesarias para serlo. Aunque llama la atención que tantas cosas se ofrecen para ser aprendidas y la más importante queda desvalorizada.

Los que esperan pasivamente que la felicidad  les llegue podrían, mientras tanto, sentirse deseosos de colaborar con tal propósito. Como primera meta convendría empezar practicando una cultura de las  pequeñas respuestas de sentido. Las rutinas de las que es difícil zafar como el trabajo, la vida cotidiana, la familia, las responsabilidades, viéndolas desde otra perspectiva pueden ser el remedio decisivo que nos libren de la absoluta desesperación de pensarnos infelices. Los hombres no desesperan en la medida en que tienen algo que cumplir, que terminar: conseguir el sustento familiar, preparar el próximo examen, buscar una promoción en el trabajo, en fin, hacer planes.

Además, en esta búsqueda siempre habrá auxiliares si se los quiere encontrar. El maestro aparece solo cuando el alumno está dispuesto. En realidad, una manera de visualizarlos es pensar que cada vez que alguien se nos acerca con sus gestos y actitudes nos está dando una lección de qué es  lo que queremos ser y qué no. Para eso se requiere estar abierto y atento a esos encuentros. Si solo vemos al otro como desdibujado o tan distinto a uno es probable que lo rechacemos y ni siquiera  lo tengamos en cuenta.

El papa Francisco (en julio del 2014) dio algunos puntos para esa "receta de la felicidad", que invitó a adoptar:



  • Vivir y dejar vivir: “Anda adelante y deja que la gente vaya adelante'. Viví y dejá vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad".

  • Darse a los demás. "Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe".

  • Moverse respetuosamente. " La capacidad de moverse con benevolencia y humildad”

  • Jugar con los chicos."El consumismo nos lleva a esa ansiedad de perder la cultura del ocio, leer, disfrutar del arte. Jugar con los chicos es clave de una cultura sana.”

  • Compartir los domingos con la familia.

  • Cuidar la naturaleza. "Es uno de los desafíos más grandes que tenemos".

  • Olvidarse rápido de lo negativo. "La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano".

  • Respetar al que piensa distinto. "Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación Cada uno dialoga desde su identidad.

UN TIEMPO PARA ENSEÑAR A SER FELICES

Como se sabe, nadie da lo que no tiene. Padres y maestros acuciados por las prolongadas jornadas laborales, por el  stress que les produce los vaivenes económicos; dedicados demasiado tiempo a comunicarse a través de las tecnologías en boga, se distraen de su tarea fundamental que es educar.


 
Es muy importante que dediquemos un tiempo a enseñar a los chicos a ser felices, es decir, a saber valorar lo que tienen, a las personas que los rodean, la amistad, a quererse, a perdonar, a soñar, a saber jugar, a aceptar que las cosas no siempre son como nosotros querríamos. De esta manera los estamos alfabetizando en habilidades que les serán útiles en el presente y cuando sean mayores y se enfrenten a situaciones difíciles.

Pero, atención!. Más que escucharnos los chicos nos observan. Somos un modelo para ellos y por lo tanto debemos actuar con  coherencia. Mal podrían aprender esta materia si solo ven adultos con el gesto adusto, riñendo o distraídos.

Como cada uno es diferente a otro también son diversas las maneras de sentirse feliz. Existen tantos tipos de felicidad como personas. No hay dudas y asumir esto requiere mucho respeto.

Hay pistas para iniciar a los pequeños en esta  tarea:



  • Hacerles sentir queridos y demostrarles cariño que van de la mano con ser amables, hablarles bien, decirles que se los quiere y que ellos a la vez también puedan decírselo a los demás. Reconocerlos tal como son, con las cosas buenas y malas que todos tenemos porque no somos perfectos

  • aprender a quererse, a cuidarse, a no enfadarse consigo mismo, a respetar los propios ritmos

  • a desarrollar habilidades o hobbies que pongan en prácticas sus destrezas. Y también a mostrarles actividades nuevas que a veces, no se sabe si gustan hasta conocerlas. Probarlas además puede ser muy divertido.

  • Poder gozar de tiempo libre sin imposiciones de horario, sin hacer nada y descansar, haciendo con calma lo que tenemos entre manos y nos gusta.

El camino hacia esta exploración de la felicidad se allanará cuando logremos superar la tendencia hacia todo lo que es violento, destructivo, cuando mostremos un interés auténtico por el mundo y logremos un sentido de identidad basado en la experiencia sobre nosotros mismos como sujeto y agente de nuestras facultades. Tal vez no sean las grandes cosas las que nos colmen como decía Tomás Moro “Dame, Señor, un poco de sol, algo de trabajo y un poco de alegría para ser feliz”.

-OPINIÓN-
Nota 2: LAS PROMESAS QUE HACEMOS A LOS NIÑOS
-Discurso del papa Francisco-

Hoy reflexionamos sobre un tema muy importante: las promesas que hacemos a los niños. No hablo tanto de las promesas que hacemos aquí o allí, durante el día, para que están contentos o para que sean buenos, (quizá con algún truco inocente, te doy un caramelo, esas promesas…) para convencerles de que se apliquen en el escuela o para disuadirles de algún capricho. Hablo de las promesas más importantes, decisivas para lo que esperan de la vida, para su confianza con los seres humanos, para su capacidad de concebir el nombre de Dios como una bendición.

Nosotros, adultos, estamos listos para hablar de los niños como de una promesa de vida. Y también nos conmovemos con facilidad, diciendo a los jóvenes que son nuestro futuro. Es verdad. Pero a veces me pregunto si somos serios sobre su futuro. Con el futuro de los niños, con el futuro de los jóvenes. Una pregunta que debemos hacernos más a menudo es esta: ¿cuánto somos leales con las promesas que hacemos a los niños, haciéndoles venir a nuestro mundo?  Nosotros los hacemos venir al mundo y ésto es una promesa. ¿Qué le prometemos a ellos?

Acogida y cuidado, cercanía y atención, confianza y esperanza, son muchas otras promesas de base, que se pueden resumir en una sola: amor. Nosotros prometemos amor, es decir, el amor que se expresa en la acogida, en el cuidado, en la cercanía, en la atención, en la confianza, en la esperanza. Pero la gran promesa es el amor.

Ésta es la forma más adecuada de acoger a un ser humano que viene al mundo, y todos nosotros lo aprendemos, antes aún de ser conscientes. Me gusta mucho cuando veo a los papás y mamás, cuando paso entre ustedes, y me traen a un niño, a una niña pequeños. ¿Cuánto tiempo tiene?, tres semanas, cuatro semanas, pero busco que el Señor lo bendiga, esto se llama amor también.  

La promesa, el amor es una promesa que el hombre y la mujer hacen a cada hijo: desde que es concebido en el pensamiento. Los niños vienen al mundo y se espera tener confirmación de esta promesa: lo esperan de forma total, confiada, indefensa. Basta con mirarles: en todas las razas, en todas las culturas, en todas las condiciones de la vida.

Cuando sucede lo contrario, los niños son heridos por un escándalo insoportable, aún más grave, en cuanto que no tienen medios para descifrarlo. No pueden entender qué cosa sucede. Dios vigilia sobre esta promesa, desde el primer instante. ¿Se recuerdan qué dice Jesús?, que los ángeles de los niños reflejan la mirada de Dios, y Dios no pierda nunca de vista a los niños (Mt 18,10)’. Ay de aquellos que traicionan su confianza, ay de aquellos. Su confiado abandono a nuestra promesa, que nos compromete desde el primer instante, nos juzga.

Y quisiera añadir otra cosa, con mucho respeto por todos, pero también con mucha franqueza. Su espontánea confianza en Dios no debería nunca ser herida, sobre todo cuando lo que sucede es motivo de una cierta presunción (más o menos inconsciente) de sustituir a Dios. La tierna y misteriosa relación de Dios con el alma de los niños no debería ser violado. Es una relación real que Dios la quiere y Dios la cuida. El niño está preparado desde el nacimiento para sentirse amado por Dios. Desde el principio es capaz de sentir que es amado por sí mismo, un hijo siente también que hay un Dios que ama a los niños.

Los niños, recién nacidos, comienzan a recibir como regalo, junto con el alimento y los cuidados, la confirmación de las cualidades espirituales del amor. Los actos de amor pueden pasan a través del don del nombre personal, el compartir el lenguaje, las intenciones de las miradas, lo que iluminan las sonrisas. Aprenden así que la belleza de la unión entre los seres humanos se dirige hacia nuestra alma, busca nuestra libertad, acepta la libertad del otro, lo reconoce y lo respeta como interlocutor.

Un segundo milagro, una segunda promesa: nosotros – padre y madre – ¡nos donamos a ti, para que tú te dones a ti mismo! Y esto es amor, ¡que trae una chispa de aquello de Dios! Pero ustedes, padres y madres tienen esta chispa de Dios que dan a los niños, ustedes son instrumento del amor de Dios y esto es bello, bello, bello.

Solo si miráramos a los niños con los ojos de Jesús, podríamos realmente entender en qué sentido, defendiendo la familia, protegemos a la humanidad.

El punto de vista de los niños es el punto de vista del Hijo de Dios. La Iglesia misma, en el Bautismo, hace grandes promesas a los niños, con las que compromete a los padres y a la comunidad cristiana. La santa Madre de Jesús –por medio de la cual el Hijo de Dios ha llegado a nosotros, amada y generado como un niño– haga a la Iglesia capaz de seguir el camino de maternidad y de su fe. Y san José –hombre justo, que lo ha acogido y protegido, honrando con valentía la bendición y la promesa de Dios –nos haga dignos de hospedar a Jesús en cada niño que manda sobre la tierra.

Roma, 14 octubre 2015

-OPINIÓN-
Nota 3: LA EROSIÓN DEL ESPÍRITU HUMANO

-Por Víctor Corcoba Herrero-

No me gusta este mundo que juega con vidas humanas, que cultiva el racismo y propicia el resentimiento y la venganza, que se encarcela en la mentira cada noche y se deja cautivar por el endiosado poder del dinero cada día. El retroceso de los principios y derechos humanos no es bueno para nadie.

Llevamos tiempo erosionando nuestro propio espíritu humano. Quizás deberíamos mirar más hacia dentro de nosotros que hacia fuera. Únicamente así podremos modificar actitudes. Fruto de este desgaste es la deshumanización que atravesamos como especie. A los hechos me remito. Tenemos el mayor número de personas desplazadas por conflictos desde la Segunda Guerra Mundial. El sentimiento de exclusión ahí está, conviviendo con cada cual, lo que incrementa las inquinas, que nos alientan no sólo a ser más salvajes, también nos alimentan a un extremismo como jamás.

Deberían surgir, pues, líderes de acción capaces de modificar la vida de sus poblaciones, tantas veces denigrada, sobre todo en un momento en el que el discurso del rencor ha tomado posiciones de cierto privilegio. No se pueden desmantelar las instituciones judiciales, máxime en un momento como el actual, de tantos sobornos y corrupciones.

La cuestión es reconstruir un planeta para todos cada amanecer, en el que toda existencia cuente, y no para un grupo o una clase de privilegiados. Esta esperanza no la podemos perder y hemos de luchar por ella, puesto que el desconsuelo también nos impide ver otros horizontes. En este sentido, considero una buena noticia que la Agencia de la ONU para los refugiados y la Unión Europea, acaben de presentar el proyecto "Educación en emergencias", dirigido a niños afectados por la violencia. Ideas como ésta son las que hay que poner en práctica ante un clima de terror tan acusado como el que vivimos en cualquier punto del orbe.

Tampoco se puede permitir que el espíritu humano se deteriore a través de algo tan en auge como son  las redes sociales, que en un principio pueden instaurar una cultura de encuentro, pero también conlleva sus peligros, y el primero su antítesis, una cultura de enemistad, mediante el acoso en línea, el engaño permanente o la incitación al odio. Indudablemente la red digital puede ser un lugar rico en humanidad; pero, igualmente, suculento en inhumanidad. Las leyes internacionales deberán, en consecuencia, prestar mucha más atención a este tipo de foros, que no consiste en limitar o prohibir el acceso a Internet a sus ciudadanos, cuestión que atentaría directamente contra los propios derechos humanos, sino de proteger a esta mundializada ciudadanía; ya que, en el fondo, todos podemos ser potenciales víctimas de delitos virtuales.

Por desdicha, el ser humano se ha endiosado de su propio cuerpo y ha perdido su auténtico deseo de embellecerse interiormente. Así muchas veces no se halla ni a sí mismo. Hoy vivimos unos de otros, en lugar de vivir para el otro. Ese espíritu humano de donación hacia el análogo hace tiempo que lo tenemos olvidado. Somos destructores más que constructores, y esa no es nuestra fuerza. Qué lástima que también nuestro hábitat y lo que nuestros antepasados construyeron, en lugar de cuidarlo, corra también peligro debido a tantas inseguridades. La necedad nos gobierna y nos aborrega hasta dejarnos sin verbo. O sea, sin alma. Somos así de estúpidos. Es importante el don del entendimiento para nuestra propia vida humana, ese don de comprender la verdad, aunque esto comprometa mi manera de moverme. No somos personajes de tragedia, somos seres pensantes con espíritu armónico, que merecemos cuando menos respetarnos a nosotros mismos con la escucha diaria de nuestras habitaciones internas. Seguramente, para ello, tendremos que mirar más el corazón y menos la fachada.


-ADULTO MAYOR-

Nota 4: LOS MAYORES Y EL CAMINO DE LA MISERICORDIA
3º Paso: PERDONAR

-Por Marta Cánepa–
Jesús dijo que hay que perdonar "hasta setenta veces siete".
El perdón es un don que actúa silenciosamente como fruto de la gracia no como producto de nosotros mismos.

El perdón es una actitud que nos hace recuperar la paz y la libertad interior. Para esto hay que vencer el orgullo y el amor propio y tener sentimientos de humildad, de este modo es la persona la primera beneficiada.

Perdonar no es olvidar ni estar obligado a seguir siendo amigo de la persona que me ofendió. Perdonar es renunciar a la venganza, a sentirse superior al otro, a no necesitar de los demás.

Cuanto más reconozcamos los diferentes modos de sentir y pensar seremos capaces de no enojarnos tanto.


Sería bueno que no dejemos de evaluar cuáles son las responsabilidades que nos tocan antes de culpar al otro. Las palabras de San Juan vienen en nuestra ayuda “si decimos que no tenemos pecados nos engañamos a nosotros mismos” 1° Jn 1, 8

Para “perdonar” hay que alcanzar una mirada misericordiosa que ayude a comprender las intenciones que movieron a una persona a actuar de una determinada manera. Es por eso que las personas mayores perdonan con más facilidad porque pueden mirar los acontecimientos con la distancia que les da el largo tiempo vivido, necesario para apaciguar rencores, enojos, iras.

No olvidemos las palabras de Jesús: “si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás tampoco el Padre los perdonará a ustedes” Mt 6, 14-15. Y rezamos en el Padre Nuestro: perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.



Para perdonarnos hay que reconocer que algo no nos salió tan bien, ser honestos con nosotros mismos, aliviar la carga que a veces guardamos por una ofensa que aun duele y que es necesario ser compasivos con nosotros mismos. Jesús le dijo a la mujer pecadora: “¿alguien te ha condenado? Ella le respondió: nadie, Señor” “Yo tampoco te condeno, queda en paz y no peques más”.

Si hemos experimentado que Dios nos ama podremos tener una actitud semejante con los demás.

¿Alguna vez pediste perdón”? Anímate, se te abre el corazón y te libera de la carga de culpa que te ataba, además te ayuda a no perder un amigo y poder buscarlo para estrecharte en un abrazo.

Dios es perdón y hace fiesta
en el cielo cada vez que un hombre
se arrepiente.
Al final de la vida tendríamos
que despedirnos reconciliados
con todos y con todo.

-IGLESIA-

Nota 5: AGOSTO, MES DE LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA MISIONERA
-Por Gloria Batalla-
«Con Misericordia y Eucaristía, vivamos la Misión con Alegría» (Lema de la IAM).
La infancia y adolescencia Misionera es una Obra Pontificia,  aprobada  por la santa Sede y su máxima autoridad  es el santo Padre. Está presente en más de 115 países en el mundo.

Es una obra de niños y adolescentes,  para niños y adolescentes. Su objetivo primordial es ayudar a despertar la conciencia misionera de los niños y adolescentes, de modo que ayuden a otros niños y adolescentes, con sus oraciones, sacrificios y aportes materiales y solidarios.

La finalidad es fortalecer en los niños y adolescentes la  necesidad  de ser  amigos  de  Jesús y de buscar amigos para Jesús por medio de la oración, el sacrificio y el testimonio alegre de anunciar la Buena Noticia de Jesús, con el propósito de ayudar materialmente para que  niños y adolescentes más necesitados en el mundo sean evangelizados y  puedan vivir dignamente.

Los valores primordiales para formar a los misioneritos es  que reciban una educación integral, para que vivan la experiencia de la fe, la generosidad y  solidaridad como gestos primordiales ante los desafíos en la sociedad y el mundo de hoy.

La Infancia y Adolescencia misionera en la argentina, tiene como principal propósito, apoyar la actividad misionera de la Iglesia, fundamentalmente en las regiones no cristianas.

Se forman a estos niños y adolescentes  en la fe y al mismo tiempo en despertar en ellos una conciencia misionera  y de favorecer la cooperación entre  niños y adolescentes de otras Iglesias por medio de la oración, el intercambio recíproco  de vocaciones misioneras y la ayuda material de las comunidades cristianas en favor de los más necesitados.

Su vocación primera es ser misioneros,  ayudando en la primera evangelización  y colaborando en la promoción y liberación integral de los niños y adolescentes de otras culturas y pueblos, especialmente de los más necesitados.

Toda actividad y tarea la realizan a través de las Direcciones Diocesanas y de los Institutos Misioneros,  formados especialmente para el servicio de la evangelización del mundo.

En este “Año de la Misericordia” la obra Misionera busca que los niños misioneros puedan ser “misericordiosos como el Padre”, con gestos concretos con otros niños. Poner en práctica las obras de misericordia, ya sean corporales o espirituales, con gestos de cercanía y misericordia que los hace más humanos y semejates a nuestro Padre Dios.

Llevando este mensaje a la  realidad de los barrios, y la sociedad, que apremia y pide hacer un cambio en ella. Ser misioneros de misericordia, sabiendo que es el mismo Dios, que los acompaña a llevar su cercanía, alegría y solidaridad con otros niños y adolescentes. Con el hermoso lema que los acompaña este año: ¡CON MISERICORDIA Y EUCARÍSTIA, VIVAMOS LA MISIÓN CON ALEGRIA!

El “Año de la Misericordia”, los anima y con ese espíritu se preparan para celebrar el MES de la IAM, junto a los animadores de la Obra, poniendo en sus actividades y obras de misericordia la dinámica del AMOR de Dios.

La formadora, la Hna. Sandra, los anima, diciéndoles; “«Ámense los unos a los otros; así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros» (Jn 13,34). Vivir  esta propuesta de Jesús, nos propone agradecer la vida y la posibilidad de amar y ser amados, sin reclamar, viviendo la misericordia desde el encuentro con la Eucaristía que es fuente de Amor y Misión para la vida y nos envía como misionero de la misericordia entre los niños y adolescentes. Nos propone vivir la misericordia en lo cotidiano de cada día, a ser prójimos cercanos, estar atentos a la realidad del otro y de los otros, que encontramos  en el camino. Invita a escuchar los gritos de los niños, adolescentes y animadores aquí y más allá de las fronteras que buscan conocer a Jesús y ser reconocidos como prójimo…

El misionero tiene un corazón semejante al de Jesús, que quema, que arde de Amor por la otra persona. La alegría es fruto del amor de Dios en mi vida y que me impulsa a comunicar la Buena Noticia del Reino a las demás personas.

Que Dios, rico en Misericordia y Amor, nos inspire gestos y palabras oportunas en la misión que nos encomienda cada día!  A todos los Niños y Adolescentes del Mundo, Siempre Amigos! -Hna. Sandra


El presbítero Osvaldo Leone, director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP). dice: “Los niños y adolescente en el mes misionero tienen un encuentro Nacional. Es un tiempo del año en el que de  un modo particular se pone de relieve la importancia de la animación, la formación y cooperación misionera de los niños y adolescentes, como verdaderos misioneros para toda la Iglesia”.

En nuestro país, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, y el doctor Luis Saguier Fonrouge, director general de Culto Católico, declararon al 1er Encuentro Nacional de la IAM, de interés nacional de parte de la Secretaría de Culto de la Nación.

Es importante que no olvidemos que lo fundamental de la Obra son los niños del mundo y su expresión primordial son los servicios de animación, formación, comunión y cooperación misionera para todos los niños del mundo, aunque no estén formalmente vinculados con la IAM.

Todos los niños están invitados a vincularse como "amigos y colaboradores" y, si son católicos, como "miembros activos" de la IAM.

La IAM  promueve distintas formas de comunión misionera y ofrece diversos servicios misioneros que los niños, grupos, movimientos, instituciones y animadores necesitan. El Papa Francisco destacó y animó a esta hermosa obra diciéndoles: que "INFANCIA MISIONERA ES LA FIESTA DE LOS NIÑOS QUE VIVEN CON ALEGRÍA EL DON DE LA FE Y REZAN PARA QUE LA LUZ DE JESÚS LLEGUE A TODOS LOS NIÑOS DEL MUNDO" Papa Francisco

Obras Misionales Pontificias: Medrano 735 - (1179) Buenos Aires - Tel: 4863-1357 - 4862 4136. Correo Electrónico: director@ompargentina.org.ar - sitio web - www.ompargentina.org.ar



-ESPIRITUALIDAD-


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