Retroceso laboral, discriminación y riesgo en las maquiladoras



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I. Presentación


La ponencia ilustra lo urgente de encarnar formas de ser y de valorar orientadas a discutir y llegar acuerdos en el trabajo. Para tal fin describe someramente teorías de la acción comunicativa de Habermas y del estructuralismo genético de Bourdieu. Luego, describe estrategias que rehúsan el conflicto y el acuerdo. Termina ofreciendo ideas para asumir otros formas al discutir y acordar ya presentes en la realidad. Dentro de esas formas ideas estéticas para encarar diferencias y acordar

El interés de tratar el tema de cultura laboral, visto con el recurso de las formas de discutir y llegar a acuerdos, surgió de la vivencia como supervisor de producción en el área química, como profesor, administrador e investigador educativo. En cada uno de estos campos laborales encontré serias dificultades para marcar diferencias y acordar. Es factible que el sentido común vigente no favorezca dirimir desacuerdos y no contribuya al trabajo coordinado como producto del intercambio de ideas y la decisión compartida. El interés de tratar este tema surgió de experiencias cotidianas en las que se viven máscaras como en este usual diálogo: “¿Cómo estás? ¡Bien! ¿Y tú? También ¡muy bien! ¡Ah qué bueno!...” Al parecer todo está bien. No obstante, cada uno de esos que así ‘dialogan’ no tiene un real acercamiento con el otro.

Una importante tendencia de la cultura laboral es el llamado toyotismo: dicho rápidamente, los trabajadores se apropian más del proceso de trabajo y requieren formular problemas y encontrar de manera coordinada soluciones y compromisos para mejorar procesos y productos, para abatir costos y tiempos. Para esta cultura es indispensable una forma de ser en el campo laboral propia del diálogo que no se limite a máscaras, que muestre diferencias y abra la oportunidad de encontrar puntos comunes que favorezcan el trabajo comprometido y conjunto. Este trabajo muestra formas actuales de discutir que limitan el trabajo coordinado. También da ideas de cómo encaminarse a formas de ser y de valorar distintas a las de máscaras y los monólogos compartidos.

II Premisas

Este trabajo sobre La cultura a discutir parte de algunas premisas:

1. La vida humana requiere, indefectiblemente, de la producción y consumo de satisfactores materiales y espirituales. No hay vida humana posible sin el trabajo que produzca los bienes necesarios para la sobre vivencia. Carlos Marx da lecciones valiosas sobre este particular, en su obra La Ideología Alemana.

2. El filósofo alemán, en el mismo libro, afirmó que el trabajo humano es social e histórico. Descalifico como robinsonadas a la opinión de vivir autónomo, sin necesidad del trabajo conjunto: exaltación del individuo aislado.

3. El trabajo es social y, en consecuencia, es indispensable la coordinación de los seres humanos que en él participan. Sin dicha coordinación se podría incurrir en la metáfora de la Torre de Babel: cada quien hace lo que mejor se le ocurre, sólo que sin un fin ni método común; resultado: el caos.

4. La coordinación de las actividades humanas es a través de la palabra, de la comunicación. Sólo los actos de habla favorecen la coordinación de las actividades humanas, dentro de los grupos responsables de producir los bienes necesarios para la vida. No existe otra herramienta como los actos de habla para coordinar la acción humana.

5. Si no hay desacuerdo, si no hay diferencias, no hay acuerdo ni coordinación de las actividades humanas. Los actos de habla son necesarios para llegar a acuerdos; pero éstos se basan en reconocer y plantear las diferencias.

6. El sentido común poco ayuda a llegar a acuerdos. Es necesario discutir los actos de habla porque acaso la cultura, la forma socialmente admitida, para encarar el trabajo, para coordinar las acciones, sólo obedezca al sentido común, a la ideología dominante o la conciencia colectiva. Esta cultura es inherente a la crisis que padecemos desde hace más de 30 años.

7. El sentido común vigente niega y oculta el conflicto. Valora más la aparente calma y ‘forma positiva de ver al mundo’.

8. En la actualidad, no es una práctica social eficiente ni generalizada reconocer el conflicto-desacuerdo y, luego, acordar. Es más usual el trabajo individualizado y no el trabajo en equipo y menos aun entre equipos. Es más recurrente la no coordinación o la pobre coordinación.



9. Existen teorías que ayudan a comprender las formas de ser y de valorar al momento de hablar. Entre ellas, las del estructuralismo genético y las de la acción comunicativa.

III.1 Teoría estructural genética: campo, habitus, illusio y bienes simbólicos


Es lugar común atribuir al individuo ser único e irrepetible: cada cabeza es un mundo, dice el refrán. En cierto modo es atinado. En otro no tanto. Existe producción científica del hombre al generalizar; por ejemplo, gracias a la tendencia que siguen hechos sociales o cosas, explicada por Durkheim (1989) y Montesquieu (1990). Montesquieu mostró que acciones y formas de valorar humanas obedecen a principios y resortes, siguen leyes. La voluntad de cada individuo no es un dato que explique sin tener determinaciones que, a su vez, lo definan.
Las formas de ser y de valorar son producciones históricas y sociales, son representaciones sociales, que el individuo encarna. Las disposiciones duraderas de ser y de valorar, los habitus, son estructuras generadas en campos específicos, son historia vivida por otros, pero encarnada como propia por agentes sociales al participar en un campo; éstos, al desplegar sus formas de ser y de valorar, contribuyen a recrear lo que otros legaron y a incorporar a los que se incorporan al campo. El concepto habitus, acuñado por Bourdieu (1988), como la conciencia colectiva explicada por Durkheim, tienen vida propia, pertenecen a un campo, preexisten a la entrada de nuevos actores y a su salida sobrevivirán; lo cual no significa que no se modifiquen: las disposiciones duraderas de ser y de valorar, como los campos, son históricos. Los habitus, orientan acciones y formas de valorar sin necesidad de grandes reflexiones. Son como un resorte que impulsa realizar y valorar lo que debe ser hecho o apreciado, o a repudiar lo inadmisible y prohibido.
El campo está estructurado de tal suerte que sus participantes, saben que no pueden hacer impunemente lo que les plazca. Existen estructuras o reglas del juego que establecen cómo competir por la distinción de obtener los bienes simbólicos que están en juego. Las estructuras limitan y potencian las acciones humanas. Cada campo, para tener una cierta identidad, una cierta coherencia, determina acciones permisibles y detestables, lo que da fama y lo reprochable. Cada campo ofrece bienes simbólicos que sus agentes persiguen con la ilusión de distinguirse al obtenerlos. En un campo, para que suceda algo en lugar de nada, existe algo que está en juego considerado como valioso, por lo que vale la pena incluso exponer la vida para obtenerlo. Es provechoso ver que el campo estructura bienes considerados valiosos y estructura formas de ser y de valorar que comprometen sus acciones en conseguir la distinción de obtenerlos.
La illusio, la inversión de energía que hacen agentes sociales, es interés en el juego, es la creencia en el valor de bienes simbólicos y la necesidad de actuar para obtenerlos. La illusio da la oportunidad de que la vida tenga sentido: cumplir una función social. La función social, las acciones para conseguir ciertos bienes simbólicos, da sentido en tanto demanda cumplir con exigencias del campo y de la función. No hay modo de pasar del anonimato a ser alguien en la vida, si no es al invertir energía para conseguir los bienes simbólicos que están en juego. La illusio no es simple ilusión. Es, además, el necesario despliegue de habitus para objetivar ese deseo. La inversión de energía, la illusio, es igualmente histórica y determinada por el campo de juego que la genera y difunde.
Campo de juego, habitus, illusio y bienes simbólicos, son conceptos que explican las acciones sociales a partir de estructuras y de su génesis, de lo que permanece y se mueve. Están intrínseca y orgánicamente vinculados. Son conceptos de la teoría estructural genética formulada por el sociólogo francés Pierre Bourdieu.




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