Retroceso laboral, discriminación y riesgo en las maquiladoras


IV. Inserción laboral de los migrantes en México



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IV. Inserción laboral de los migrantes en México

IV.1. Reestructuración socioproductiva, mercado laboral dual y migración internacional

A diferencia de EE.UU. y a pesar de su cercanía geográfica, México es un país en desarrollo que no comparte las mismas características socioproductivas que su vecino país del Norte. No obstante, los procesos de reestructuración económica actuales también han dado por resultado una mayor polarización de su estructura ocupacional (Canales, 2000: 18).


Al menos desde la década del ochenta, México opta por una estrategia de desarrollo orientada hacia el exterior, la cual se asentó en la renegociación de la Deuda Externa; la apertura comercial; la liberalización de las inversiones extranjeras en 1989; la privatización de las empresas estatales; un proceso de apertura externa, el cual tuvo su mejor expresión en el desarrollo del régimen maquilador en la Frontera Norte; y la descentralización político-económica. La firma del TLCAN en 1994 intensificó dicha estrategia económica.(Rivière d’Arc, 1996).
Ello ha impactado de múltiples formas en los mercados laborales nacionales en términos de capacidad de absorción de la fuerza de trabajo y de condiciones laborales de los trabajadores. Por una parte, el sector manufacturero redujo su capacidad de generar nuevos empleos (excepto en la Frontera Norte), el agrícola continuó decreciendo en importancia desde el punto de vista laboral, y se ha constatado un continuo incremento del de servicios. Por la otra, aunque los mercados laborales mexicanos se habían caracterizado por un paradigma socioproductivo que algunos especialistas han denominado como "fordismo periférico"53, ha comenzado a dar signos de una mayor segmentación en su ya polarizada estructura. Así, en la última década se ha asistido al cierre de empresas manufactureras tradicionales asociadas con productos destinados al mercado interno, el desarrollo de una industria maquiladora donde se ponen en práctica principios postfordistas en determinados puestos de trabajos y de flexibilidad externa en otros, y la reconversión de algunas firmas nacionales en subcontratistas de dicha industria. Ello ha tenido por resultado, al menos en el sector industrial, formas de organización del trabajo muy heterogéneas y con resultados dispares. En la mayoría de los casos, el costo para mantener ciertos niveles de competitividad no se ha traducido en una mayor modernización, sino en la pérdida de empleos, la reducción salarial y la inestabilidad laboral54 (Dussel Peters, 1997). Si a ello se suma el poco dinamismo de otros sectores como el agrícola, el carácter informalizado de la inserción laboral en el sector servicios (Hernández-Licona 1997), y, en general, la pobre generación de empleos, las características sociolaborales por las que transita México han sido referidas como un factor de importancia para la persistencia de los flujos de migrantes hacia EE.UU., en muchos casos de carácter indocumentado.
Además de la migración de mexicanos a ese país, la dinámica migratoria nacional también comprende el caso de aquellos individuos que utilizan a México como tránsito para arribar a territorio estadounidense, y los que se asientan de forma más o menos permanente en territorio mexicano. Ello se ratifica actualmente por las propias autoridades migratorias, que consideran a México como país de "origen tránsito y destino de migrantes". Aunque los migrantes de tránsito resultan difíciles de analizar, por ser mayoritariamente indocumentados y no poseer residencia fija, es de interés conocer el perfil sociodemográfico y socioeconómico de aquellos extranjeros asentados en territorio mexicano, a pesar de estas condiciones socioproductivas tan precarias. Pues, aunque los inmigrantes en México no resultan comparables en términos de volumen con los mexicanos que residen en los EE.UU., reproducen en el país una forma segmentada de inserción sociolaboral, también vinculada con su origen nacional.

IV.2. Los migrantes en México: tradición migratoria, perfil sociodemográfico y sociolaboral

En términos históricos, la migración hacia México ha tenido una dinámica muy diferente a la de EE.UU. e, incluso, no se condice con las experiencias de otros países latinoamericanos como Argentina, Uruguay o Brasil, donde se pusieron en práctica políticas de atracción de inmigrantes europeos desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del XX (Pellegrino, 2000). Aunque Porfirio Díaz incentivó la llegada de extranjeros para colonizar áreas despobladas o en su papel de técnicos de las grandes compañías extranjeras, estas acciones fueron canceladas abruptamente por las políticas migratorias posteriores a la Revolución Mexicana. A partir de 1926 hasta la actualidad, los diferentes gobiernos mexicanos han priorizado el bienestar de la población nacida en el país (en términos de equilibrio poblacional como parte de los planes de desarrollo), y México no ha sido destino de grandes contingentes de migrantes internacionales. De hecho, su presencia se ha condicionado históricamente a la posibilidad de que ofrezcan beneficios a la nación mexicana, posean cierta identificación con la cultura nacional (migrantes procedentes de Iberoamérica) y, sobre todo, se relacionen con la proyección internacional del gobierno mexicano. Así, aunque se constata un crecimiento de los extranjeros en México (de 191 000 en 1970 a 492 617 en la actualidad), estos representaban solamente 0.5% de la población total del país en el año 2000 (INEGI, 2000).


De acuerdo a su origen nacional, la población extranjera proviene fundamentalmente de EE.UU (69.0%), mientras que el resto se distribuye en diferentes nacionalidades, con una presencia importante de individuos provenientes de España, Guatemala, Cuba, Argentina y Colombia, así como de naciones desarrolladas donde sobresalen Canadá, Francia y Alemania (Gráfica 3):

E
ste patrón migratorio puede relacionarse con que la mayoría de la población de origen estadounidense suelen ser personas nacidas en ese país pero cuyos padres (uno o ambos) tienen origen mexicano; pueden ser rentistas y/o jubilados que residen en México; y también puede deberse a la presencia de ciudadanos estadounidenses que son inversionistas, empresarios y gerentes. Otros flujos migratorios presentes en México, como los iberoamericanos, pueden asociarse con las políticas de asilo y refugio del gobierno mexicano en diferentes momentos históricos: para los españoles a raíz de la caída de la República, para los cubanos en el contexto de la Revolución Cubana, para conosureños durante la década del setenta, y, más recientemente, para los guatemaltecos en los ochenta (Castillo, 2000).
Si se analiza la distribución por sexo de la población migrante, se observa que hombres y mujeres poseen proporciones similares, aunque los primeros son ligeramente más numerosos (50.3% con respecto a 49.3%) (INEGI, 2000). Por su parte, la estructura de edades de este conjunto poblacional indica que aproximadamente 41.0% se encuentra entre 0 y 14 años, lo cual apunta a una población muy joven y no necesariamente vinculada con las demandas del mercado de trabajo. Esta tendencia puede explicarse por el volumen de estadounidenses que pueden ser hijos de padres mexicanos. Asimismo, 8.1% de la población nacida en otro país posee 65 años o más, lo cual se asocia con los rentistas y jubilados de los EE.UU y con el envejecimiento de flujos migratorios previos. Así, sólo 41.5% de la población se encuentra en edades laborales (Gráfica 4).



Si se analiza el nivel de instrucción formal de los migrantes de 15 años y más, se constatan dos grandes tendencias: un porcentaje de individuos con niveles bajos de instrucción (casi 50.0% no superan el nivel primario), y aproximadamente 40.0% que ha terminado el bachillerato o posee grado universitario y más. Por su parte, 13.6% ha finalizado el nivel medio básico. Estas diferencias dependen del origen nacional: se observa que la población oriunda de Guatemala y la estadounidense ostentan niveles educativos menores, mientras que los colombianos, alemanes, franceses, cubanos y argentinos ostentan grados de instrucción muy altos (Gráfica 5).





De acuerdo a las características sociolaborales, se constata que dentro de la población inmigrante en México de 12 años y más, 45.1% pertenece a la PEA, mientras 54.9% forma parte de la PEI. Dichos valores difieren ligeramente de la distribución porcentual de esta variable a nivel nacional (donde 49.3% son de la PEA y 50.3% forman parte de la PEI). Ello puede relacionarse con la población en edad escolar que forma parte de la población extranjera, especialmente aquella que proviene de EE.UU, y el porcentaje importante de rentistas y personas de más de 65 años (INEGI, 2000). Asimismo, la población de inmigrantes posee valores similares en términos de personas ocupadas y desocupadas que la nacional (casi 99.0% de la PEA se encuentra ocupada mientras el total nacional es de 98.8%) (INEGI, 2000).


Según el sector de actividad, la población migrante sigue la pauta de la población nacional: se inserta en su mayoría en el sector terciario, seguido por el secundario y el primario. No obstante, el porcentaje de inmigrantes que pertenece al sector terciario es superior al total nacional (68.8% con respecto a 53.4%), y menor en el sector secundario y primario (21.1% con respecto a 27.8% en el secundario, y 10.1% con respecto a 15.8% en el primario) (INEGI, 2000). Si se compara la inserción según sector económico y país de nacimiento, la inmensa mayoría de los migrantes se inscribe en el sector servicios, con la excepción de los de Guatemala, donde la mayoría forma parte del sector primario (Tabla 3).

Tabla 3

Distribución de la población migrante según origen nacional y sector de actividad (%)




País de origen

Sector

EE.UU.

Guatemala

España

Cuba

Canadá

Colomb.

Argentina

Salvador

Francia

Alem.

Otros

Primario

8.0

55.3

3.6

0.5

6.7

0.4

2.9

5.2

0.0

1.0

1.8

Secundario

23.8

13.7

19.8

13.1

18.9

15.9

18.9

20.4

14.5

24.7

22.7

Terciario

68.2

31.0

76.6

86.4

74.4

83.8

78.2

74.4

85.5

74.2

75.4

Fuente: XII Censo de Población y Vivienda, INEGI, 2000

La inserción diferenciada de los migrantes se observa también al indagar sobre la situación en el trabajo. Así, la mayoría declara tener como ocupación principal la de empleado y obrero (58.5%), 21.7% son trabajadores por su cuenta, mientras que los jornaleros o peones ascienden a 5.0% y los trabajadores sin pago constituyen 3.3% del total de la población migrante. Como se aprecia en la Tabla 4, esta distribución se asemeja a la de la población total del país, aunque ambos grupos difieren en el número de patrones: mientras que solamente constituyen 2.5% dentro de la población nacional mexicana, entre los migrantes asciende a 11.5% el porcentaje de individuos que se ubican en esta categoría.



Tabla 4

Distribución de la población mexicana según situación en el trabajo y país de nacimiento




Empleado/obrero

Jornalero/peón

Patrón

por su cuenta

sin pago

Total nacional

68.5

7.9

2.5

21.9

4.1

Total extranjeros

58.5

5

11.5

21.7

3.3

EE.UU.

67.6

2.2

7.7

18.1

4.4

Guatemala

29.9

35.9

1.1

26.2

6.9

España

46.1

0.1

27.8

23.9

2.1

Cuba

67.5

0.2

12.1

19.4

0.9

Canadá

57.8

---1

15

26.6

0.5

Colombia

65.5

---

11.6

20.4

2.6

Argentina

59

---

17.1

23.6

0.4

El Salvador

65.7

3.7

4.6

24.3

1.8

Francia

60.2

1.3

14.8

21.6

2.1

Alemania

56.7

---

13

28.9

1.5

Otros

58.5

0.8

15.5

23.3

2

Fuente: XII Censo de Población y Vivienda, INEGI, 2000

1 Indica que no existen individuos en dicha categoría
Si se analiza la situación en el trabajo según el origen nacional de los migrantes, la mayoría son empleados u obreros en cada grupo migratorio (más del 50.0%), si se exceptúa a Guatemala, donde sólo constituyen 29.9%. Por el contrario, mientras en la casi totalidad de los países es mínima la participación como jornaleros o peones, esta asciende a 35.9% para el caso de Guatemala. Los patrones, por su parte, provienen fundamentalmente de Europa y América del Sur, mientras que disminuyen dentro de la población de origen estadounidense, salvadoreña y guatemalteca. Asimismo, alrededor de 20.0% son trabajadores por su cuenta en cada una de las nacionalidades, mientras los trabajadores sin pago se incrementan ligeramente entre los estadounidenses y guatemaltecos, aunque no constituyen un porcentaje significativo en la PEA que declara nacer en dichos países.
Finalmente, de acuerdo a la ocupación principal que declara la población inmigrante en México en el año 2000, hay diferencias con respecto a la población nacional: dentro de los extranjeros resulta inferior la participación en actividades agropecuarias, mientras se incrementa el número de profesionistas, técnicos y comerciantes con respecto a la población nativa de México (Tabla 5).

Tabla 5

Distribución de la población ocupada nacional y migrante según grupos de ocupación principales (%)




Agropecuarios

Industria

Otros servicios

Comerciantes

Profesionistas/ técnicos

Administrativos

Total Nacional

41.1

20.4

11.9

10.5

9.3

5.2

Total extranjeros

30.2

20.5

9.7

14.5

17.6

7.5

Fuente: XII Censo de Población y Vivienda, INEGI, 2000
Según el origen nacional, alemanes, españoles, canadienses, franceses, argentinos, colombianos y cubanos, tienen como ocupación preferencial la de profesionista o técnico55, y en menor medida se insertan como trabajadores administrativos y comerciantes. Los estadounidenses y salvadoreños, por su parte, se ubican en la industria, como comerciantes y en otros servicios. Por último, la inmensa mayoría de los guatemaltecos refiere ser trabajadores agropecuarios.

IV.3. Los migrantes en México: inserción laboral polarizada y migración de retorno
La inserción laboral de los migrantes en México guarda importantes similitudes con el patrón sociolaboral de este conjunto poblacional en EE.UU., a pesar de sus diferencias en términos de volumen y composición. De acuerdo a las variables socioeconómicas del Censo 2000, tiene lugar una inserción polarizada de los migrantes, lo cual se relaciona con su origen nacional. Sin embargo, a este comportamiento se suma la poderosa dinámica migratoria mexicana, que añade a los procesos migratorios que tienen lugar en México la presencia de ciudadanos estadounidenses de origen mexicano. En la medida en que las preguntas censales sobre migración no indagan sobre el origen de los padres de los migrantes, esta hipótesis no puede ser corroborada a través de la fuente de datos utilizada en el análisis. Por ello, se han diseñado tres grupos de migrantes:

- El primero se compone por aquellos migrantes con una alta calificación, insertos en el sector terciario de la economía y que se caracterizan por ser empleados o patrones, los cuales usualmente poseen ocupaciones que requieren alta calificación y especialización. Provienen fundamentalmente de países desarrollados como Alemania, Francia, España o Canadá, y de naciones latinoamericanas como Cuba, Colombia y Argentina.

- El segundo grupo de migrantes se compone de un importante porcentaje de población estadounidense, pero que probablemente tiene origen mexicano a pesar de haber nacido del otro lado de la frontera. Con niveles de instrucción de bajos a medios, mayormente se ubican en el sector servicios, como empleados y obreros, y en ocupaciones industriales, comerciales y de servicios.


  • El tercer grupo se compone por los migrantes procedentes de Guatemala. Se caracteriza por su amplio volumen, bajo nivel de instrucción, su inserción en el sector primario de la economía, y cuya población ocupada tiende a trabajar como jornaleros o peones.

V.Conclusiones: inserción laboral de los migrantes en México y EE.UU. Comparación de sus características más relevantes
Una comparación entre las principales variables asociadas al perfil sociodemográfico y sociolaboral de los migrantes en Estados Unidos y México en el año 2000 permite definir algunas similitudes y diferencias en cuanto a su composición y dinámica. Así, el volumen de migrantes que arriba a ambos países presenta grandes disparidades: mientras en Estados Unidos estos representan aproximadamente 10.4% de la población total, en México sólo ascienden a 0.5%. Cuando se analiza la composición por edades de la población nacida en el extranjero, se observa que los migrantes en EE.UU. en su mayoría se encuentran en edades laborales, mientras que para el caso de México aproximadamente 40.0% son menores de 14 años. Ello parece relacionarse con el importante monto de migrantes de ciudadanía estadounidense pero cuyo padres (uno o ambos) son mexicanos.
Aunque las categorías de las variables asociadas al grado de instrucción formal y a las características sociolaborales no son similares en ambos países56, a nivel general permiten observar que, tanto en México como en EE.UU., existe una segmentación de la migración, en términos educacionales y laborales, de acuerdo a su origen nacional.

- En Estados Unidos, se observa un grupo más o menos heterógeneo según el origen nacional, con niveles educativos formales medios o altos, que se insertan en ocupaciones que implican alta o media calificación, especialmente en puestos de gerencia, profesionales y técnicos. A este segmento de la población laboral corresponde un alto porcentaje de los nacidos en Europa, Asia, África, Canadá, así como de nativos de América del Sur y de El Caribe. Este grupo de migrantes puede ser el resultado de un proceso de "preselección previa" que actúa tanto en el país de origen como en el destino: son los que tienen "ventajas comparativas" para migrar en términos de nivel educativo y socioeconómico, posiblemente migran en la búsqueda de mejoras salariales, y son favorecidos por las políticas migratorias de EE.UU., las cuales desde 1990 han privilegiado la entrada de migrantes altamente calificados y especializados. Un segundo grupo de migrantes está conformado principalmente por centroamericanos y mexicanos, que poseen niveles de instrucción formal más bajos y se insertan en ocupaciones menos calificadas: como obreros operadores, trabajadores agrícolas y en los servicios.



- Para el caso de México, se han diseñado tres grupos fundamentales que también se relacionan con el origen nacional. El primero de ellos está compuesto por migrantes con un alto nivel de calificación, insertos mayoritariamente en el sector terciario de la economía, donde hay un porcentaje significativo de patrones y/o que se emplean como profesionales o técnicos. Destacan dentro de este conjunto los europeos, canadienses, y los migrantes provenientes de Argentina, Colombia y Cuba. Un segundo grupo está compuesto por los estadounidenses y salvadoreños, con niveles educativos más bajos, también en su mayoría ubicados en el sector terciario, pero cuyas ocupaciones principales se relacionan con el comercio, otros servicios y la industria. Por último, la mayoría de los guatemaltecos poseen bajos niveles de educación formal y se insertan en el sector primario de la economía, especialmente en labores agrícolas.
Estas diferencias educacionales y laborales parecen indicar que los migrantes reproducen, a partir de su inserción laboral, la estructura segmentada y polarizada del mercado de trabajo a ambos lados de la Frontera, insertándose en los niveles más altos y bajos de la estructura ocupacional (con la excepción de los estadounidenses en México). En ese contexto, el origen nacional es un elemento fundamental para reconocer su inserción laboral en "nichos de mercado" específicos. Por una parte, esta variable remite a la definición de perfiles diferenciados que influyen en la inserción laboral de los individuos: se asocia con la propensión a migrar, con los sectores que efectivamente migran, y con las características educativas y laborales de los migrantes (Borjas, 1999). Por la otra, la segmentación laboral según origen nacional se vincula estrechamente con las políticas migratorias y la demanda de migrantes específicos para la realización de ciertas actividades57 en el país destino, así como con la presencia de redes sociales, las cuales pueden acentuar a nivel microsocial la acumulación de migrantes, por origen nacional o étnico, en ciertos sectores y actividades.
Así, el análisis comparado de los migrantes que arriban a EE.UU. y México actualiza en términos analíticos una serie de problemas asociados con la migración y el mercado laboral en las condiciones globales y regionales actuales:

  • la tendencia mundial hacia una mayor polarización entre la migración calificada y la no calificada (Lindbert y Williamson, 2000: ; Castles, 2004: 226). Ello pone de relieve la diversidad de perfiles socioeconómicos que acompañan al proceso migratorio: mientras se mantienen los flujos de trabajadores poco calificados, se ha incrementado la participación de los trabajadores calificados en la dinámica migratoria.

  • La inserción segmentada o polarizada se asocia con el país de origen o nacimiento de los migrantes.

  • Dentro de las corrientes migratorias que arriban a EE.UU. y México, las provenientes de la región latinoamericana tienen un lugar central. Los migrantes mexicanos son, por amplio margen, la principal corriente migratoria en el vecino país, mientras que se registra una importante presencia de centroamericanos en ambas naciones. Si los mexicanos en su mayoría se insertan en "los sectores periféricos" de la economía estadounidense, los centroamericanos lo hacen en estos mismos sectores en ambos países (periferia industrial y agricultura). Ello parece perfilar la tendencia a un proceso migratorio de "reemplazo", donde los centroamericanos sustituyen a los migrantes mexicanos en ciertas actividades en México, a la par que se incorporan en condiciones precarias al mercado laboral de EE.UU. A la par, se registra la presencia de migrantes de otros países de América Latina como Venezuela, Argentina, Colombia y Cuba, que aportan un considerable volumen de migrantes calificados a México y EE.UU. Ello parece indicar que los desarrollos socioeconómicos dispares y las condiciones laborales disímiles de los países de la región crean o refuerzan tendencias migratorias diferentes.

  • En ese contexto, es importante analizar la dinámica EE.UU.-México a partir de los diferentes procesos migratorios que involucra, los cuales comprenden, además de la voluminosa migración de mexicanos a EE.UU., los de otras regiones de América Latina a estos dos países. Pues, aunque son naciones con características diferenciadas, constituyen un sistema complejo e interdependiente que seguirán acogiendo importantes corrientes migratorias en condiciones de alta polarización y segmentación de los mercados laborales a ambos lados de la frontera.

VII. BIBLIOGRAFÍA:

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LA FORMACIÓN SINDICAL EN LA ACTUALIDAD

La Escuela de cuadros sindicales del Sindicato Mexicano de Electricistas
Arturo Ramos

María Teresa Lechuga Trejo


Introducción
Las condiciones objetivas y subjetivas de ese importante y heterogéneo protagonista de la sociedad contemporánea, incluido en lo que denominamos mundo del trabajo, sin duda alguna ha sufrido modificaciones sustanciales en este siglo XXI a la luz de fenómenos sociales como los de la globalización y el neoliberalismo. En este sentido, la cultura poseída y la cultura posible de los trabajadores, no puede dejar de articularse con la organización sindical y en particular con los procesos y las estructuras de formación política y laboral de la misma.
Si bien el contexto mundial y nacional que hace de la sociedad un espacio lleno de complejidad, incertidumbre y cambio, impacta en todas la experiencias educativas, pareciera tener un significado muy especial en la constitución del sujeto social cuya identidad principal se conforma a partir de su condición de trabajador. De esta manera, la proyección de los trabajadores, como actores políticos en las organizaciones sindicales, pasa por la construcción de una conciencia social que lo vincula al proceso del trabajo, pero también a una dimensión más amplia de su existencia en el tiempo social actual.
La Escuela de Cuadros Sindicales del SME representa, en este sentido, una experiencia concreta de cómo un proyecto político-sindical se plasma en un programa de formación que busca responder a las necesidades que el combate diario frente al neoliberalismo impone a los sindicatos y a los trabajadores. Sus perspectivas, entonces, dependen de una mirada estratégica ubicada en la complejidad del tiempo que vivimos.


La formación sindical en México: el caso de la Escuela de cuadros sindicales del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)

El mundo actual se caracteriza por una globalización de tipo neoliberal que hoy más que nunca oprime a los sujetos en todas sus dimensiones. Desde este punto de vista, el sujeto de clase ha dejado de ser la única expresión de abatimiento que el capitalismo produce y se han ido consolidando diversas identidades que muestran cómo tampoco hay proyección posible de un sujeto histórico tan sólo con la reivindicación del sector obrero; en este contexto es menester dar nuevas explicaciones teóricas y actuar, por tanto, con prácticas renovadas y consecuentes para poder incidir en la realidad social, así pues, partiremos de la noción de una realidad dinámica que hoy en día no se puede reducir ni podemos pretender encapsularla en explicaciones simplistas.


En este sentido, entendemos que el sindicalismo mexicano debe tomar en cuenta los cambios ocurridos en el capitalismo, sobre todo durante las dos últimas décadas, cambios como os que tienen que ver con la crisis y la reestructuración productiva, con la revolución tecnológica en numerosos sectores y ramas de la economía, con las políticas neoliberales y la formación de bloques económicos, con los aspectos concretos de la globalización en el terreno económico, político y cultural, todo ello con el fin de diseñar de mejor manera las estrategias a seguir por los trabajadores en la redefinición de sus relaciones con los empresarios, con el Estado, con la economía y entre sí. Por ello, la formación de nuevos cuadros sindicales se vuelve un proyecto prioritario para salvaguardar la continuidad de un trabajo político sindical que durante décadas ha permitido cristalizar muchos logros de los trabajadores en nuestro país.
Entre las tareas más importantes del movimiento sindical están: la elaboración de una política propia de los trabajadores ante el neoliberalismo y ante el avance de la tecnología y para su incorporación a los procesos de trabajo en las nuevas condiciones; la promoción de la sindicalización del mayor número de trabajadores de tal manera que potencien la defensa de sus derechos laborales y sociales; la recuperación de su capacidad de negociación y movilización, con nuevas perspectivas y nuevos métodos, para influir en el incremento real de los salarios y en el empleo, así como para impulsar un mayor protagonismo de los trabajadores como sujetos políticos y así incidir en la vida nacional y en la formación de un nuevo régimen político que sea más abierto, más democrático y más justo.
El caso de la Escuela de cuadros sindicales del SME es una experiencia concreta de este tipo de trabajo, que intenta romper con mitos y formas obsoletas de la formación sindical sin despreciar los desarrollos valiosos que la historia del sindicalismo mexicano ha generado. Por ejemplo, una de sus virtudes radica en la configuración de una estructura que rescata, por un lado, la experiencia de muchos trabajadores que forman parte del sindicato, incluso algunos que ya en retiro siguen colaborando con él, pero que también se abre a una vinculación con sectores externos, superando así cualquier limitación o aislamiento en términos de la información y el análisis fundamentados, construyendo a la vez nexos potenciadores con otras organizaciones sociales y gremiales, así como con investigadores de diversos centros de educación superior que, por la naturaleza de su actividad profesional, concentran información y desarrollan estudios valiosos, que colaboran con la vida sindical.
Así, por ejemplo, en nuestro caso, la participación que hemos establecido con la Escuela de Cuadros Sindicales del SME se ha traducido en la impartición de cursos y talleres, y la organización de seminarios y conferencias, acerca de temas generales y coyunturales como la globalización y el sindicalismo, los movimientos sociales, las reformas estructurales, el contexto político, la economía mundial, etcétera; lo cual ha permitido la discusión de problemas específicos del sindicalismo, de las condiciones del trabajo o del contexto económico y político que rodea a las empresas públicas del sector eléctrico; se han abordado asuntos tales como el fortalecimiento necesario de la autonomía política y orgánica del sindicato, el desarrollo de las formas democráticas en la estructura interna y en las relaciones con otros sindicatos y organizaciones, la apertura crítica a las nuevas condiciones del trabajo y de la economía, la inclusión de nuevas solidaridades, por ejemplo, con los migrantes, con los jóvenes, con las mujeres, con los indígenas, etcétera; también han surgido preocupaciones sobre nuevas opciones de desarrollo económico que conjuguen eficiencia con democracia en los centros de trabajo, proyectando por ejemplo una propuesta nueva de reforma fiscal y laboral, pero desde el movimiento obrero en colaboración con diversos sectores sociales, acerca de la participación en las experiencias de coordinación amplia del movimiento social, como el Diálogo Nacional y los diversos frentes de acción contra el neoliberalismo y que proponen un proyecto de alternativo de Nación.
La tarea principal de una escuela de cuadros sindicales para poder trabajar en todos los puntos que anteriormente se han mencionado, radica, entonces, en promover la transformación de los trabajadores en sujetos activos con propuestas de aliento nacional, pero con la comprensión amplia y renovada de un nuevo contexto global que nos perfila nuevos horizontes incluso de cambio mundial.

Hacia una propuesta pedagógico-política para los tiempos actuales
La finalidad que consideramos indispensable para que una propuesta de formación sindical responda a las necesidades del contexto actual, es el desarrollo de una perspectiva pedagógica y política que lleve a recrear la reflexión y el análisis crítico con base en la experiencia práctica concreta y en el aprovechamiento de diferentes recursos teóricos, ello como parte de una labor de claro compromiso político con las luchas de resistencia de los trabajadores.
Así, nuestra intervención tanto en los cursos de formación política como en la propuesta de reestructuración del proyecto general (para convertirlo en un programa flexible con múltiples salidas, como un diplomado, varios cursos independientes, conferencias, etcétera), está organizada como una experiencia educativa que busca analizar algunos elementos relacionados con la realidad del mundo y de nuestro país para contextualizar la problemática de los trabajadores mexicanos, así como algunas de las principales aportaciones teóricas e históricas que en un sentido liberador han producido individuos y colectivos para comprender y explicar la realidad social.
La propuesta se sustenta en una metodología y concepción pedagógico-política que no asume el proceso como un simple ejercicio de habilitación de activistas, sino como una experiencia de reivindicación del sentido político con el que se orienta una tarea sindical, es decir, una forma concreta que en el terreno ético-político plasma la condición de militantes comprometidos con el pueblo trabajador de México y con un proyecto político crítico y transformador, sin que ello desmerezca la suficiencia académica necesaria.
Por lo tanto, el eje principal que sustenta la propuesta es que no se trata de un acto formal mediante el cual los formadores, en calidad de seudoexpertos y dueños del conocimiento, lleven el saber para ser depositado en la conciencia vacía e ignorante de los asistentes a los cursos, es decir, de los trabajadores, sino de una experiencia concreta de aprendizaje conjunto bajo un espíritu dialógico, crítico y de compromiso social y liberador.
Alguno de los temas que se han trabajado con ellos es la relación entre Globalización y sindicalismo, algunos problemas de economía política, aspectos diversos de la situación laboral en México o los movimientos sociales. También hemos realizado talleres de formación pedagógica para los profesores de la Escuela de cuadros sindicales, en donde la propuesta que presentamos parte de las mismas consideraciones teórico-metodológicas que guían a estructura general.
Por otro lado, consideramos al aprendizaje como un proceso amplio de adquisición, acomodación y estructuración de conocimientos y experiencias. Proceso que se puede realizar de manera autodidacta, o bien de manera organizada a través de ciertos lineamientos que promueven el mismo y lo facilitan. Así, el proceso de organización y promoción del aprendizaje presupone elementos como los siguientes:


  1. El contenido que se enseña (Qué)

  2. La(s) persona(s) que aprenden (Quién)

  3. La(s) persona(s) que guían el proceso (Quién)

  4. Los métodos y las técnicas didácticas (Cómo)

  5. La finalidad con que se enseña (Para qué)

  6. El lugar donde se enseña (Dónde)

Lo más importante no es, entonces, el contenido que se enseña sino las personas que participan en el proceso de construcción del conocimiento, tanto quienes lo guían como quienes lo desarrollan en el aprendizaje. Al interactuar ambas partes, se genera un proceso de crecimiento intelectual y político mutuo.


Los sujetos del proceso educativo
El quién, se define como un sujeto social activo con las siguientes características:


  • Promotor de la liberación de la conciencia y de la práctica social

  • Conocedor de la realidad social en perspectiva histórica

  • Representante crítico y reflexivo de una identidad nacional plural y de una perspectiva política de transformación

  • Pensador crítico, investigador y analista comprometido de la realidad social

Por lo tanto, los procesos educativos que se promueven buscan significar experiencias alternativas de formación política en donde quienes conduzcan el proceso para ayudar a aprender no serán expositores, sino guías que facilitarán y orientarán el proceso de aprendizaje con técnicas flexibles, dinámicas y funcionales, que transformen las formas tradicionales, frías, rígidas y estereotipadas de la educación, promoviendo con ello el pensamiento crítico y liberador que enriquecerá la vida y la acción política de los sujetos participantes.


Con quiénes trabajamos
Los participantes en el proceso a desarrollar son personas con un perfil determinado que debemos tomar en cuenta para la planeación del evento. Se trata de adultos ligados con el trabajo en el sector eléctrico y con la organización sindical, cuya característica primordial está vinculada directamente con el quehacer político y gremial, pues son activistas que participan en la vida sindical y cuentan con diferentes niveles de formación académica, cultural y política. Es decir, que son personas que se organizan colectivamente en el trabajo político y sindical y su labor constituye una experiencia de resistencia social; sin embargo, no hay que soslayar los vicios que este tipo de procesos originan, tales como el corporativismo, el caudillismo, el empirismo, e incluso las actitudes vergonzantes de inequidad de género y machismo.
Educación con adultos
La experiencia de la Escuela de cuadros sindicales del SME se refiere a un proceso educativo que se desarrolla con adultos y ello exige de características especiales, por ejemplo, las que a continuación describimos:


  • Los adultos generalmente son prácticos en su enfoque, desean saber en qué les ayuda una experiencia educativa.

  • Suelen impacientarse si la carga teórica es excesiva, responden mejor si la información preliminar se les presenta de forma clara, sencilla y directa.

  • Aprenden mejor mediante el análisis de problemas apegados a la realidad que viven.

  • Es difícil que modifiquen sus actitudes y costumbres, y sólo lo hacen cuando llegan a un cierto nivel de reflexión y concientización.

  • Cuentan con experiencia laboral, política y de vida, y requieren que sea valorada en lugar de destacar sus carencias de formación académica y/o cultural.

  • Aprenden mejor si se les presenta el conocimiento como posible, pues de lo contrario fácilmente se desaniman, lo difícil no despierta su interés.

  • Aprenden mejor en un ambiente informal y lúdico, ya que la experiencia educativa en la que participen no debe desarrollarse como algo escolar y tradicional, pues ello conducirá al fracaso del proceso.


El método y las técnicas didácticas
Por eso, la propuesta político-pedagógica que presentamos intenta desplegarse bajo criterios ajustados a estas características. Requerimos concebir que el ser humano aprende a través de todo su ser, que no hay aprendizaje puramente motor, emotivo o intelectual, sino que es siempre integral. El ser humano aprende a través de toda su realidad existencial y se traduce en campos como os siguientes:
La forma emotiva: permite el desarrollo de las actitudes, ideales y posiciones definidas que orientan el comportamiento. Es la forma volitiva, es decir, tiende sobre todo al desarrollo de la voluntad, así como a la racionalización y la socialización de las pulsiones y los deseos.
La forma intelectual: permite el desarrollo conceptual y teórico y se auxilia de la memoria mecánica y de la lógica. Además, esta forma otorga importancia a la asociación, la comparación, el análisis, el razonamiento y la reflexión, de tal forma que se posibilita la formación de un espíritu crítico.
La forma motora: puede ser sensorio-motora y perceptivo-motora. La primera tiene que ver con los movimientos simples de coordinación motriz y la segunda con el desarrollo de habilidades más finas sujetas al control del pensamiento y al conocimiento teórico de algunos elementos.
También podemos señalar que existen algunos requisitos del aprendizaje que lo hacen posible, tales como:

  • La predisposición (voluntad de aprendizaje)

  • El ejercicio o práctica constante de lo aprendido

  • La novedad (lo cual despierta la curiosidad y el interés por el conocimiento)

  • La vivencia (todas las experiencias de vida)

Para esta experiencia el método que se propone considera dos niveles:



  • Comprensión-reflexión

  • Valoración-motivación política

Donde el primero abunda en el estudio de elementos explicativos acerca de diferentes aspectos de la realidad mundial y nacional que contextualiza la problemática del trabajo y de la acción sindical, así como de asuntos más específicos acerca de la relación laboral y salarial y de la actividad sindical, además de soportes teóricos y analíticos que fortalecen la capacidad de comprensión articulada de los participantes en el proceso formativo. El segundo nivel, por su parte, enfatiza aquellos conocimientos y reconocimientos del saber de los trabajadores y de su resistencia permanente frente a un sistema social que los explota y los excluye, ayudando a sistematizar procesos prácticos e históricos que pueden derivar en una perspectiva de motivación para acentuar su condición de sujetos políticos del cambio.


Estructura de contenidos de la propuesta de diplomado
Actualmente se desarrolla un programa que incluye tres bimestres: el primero aborda el tema de “Estatutos y democracia sindical”, el segundo “Contrato colectivo de trabajo”, y el tercero “Temas coyunturales”, tal y como puede observarse en el anexo correspondiente. Con el fin de extender los cursos a compañeros de otros sindicatos y darle la forma de diplomado hemos presentado la siguiente propuesta:

TEMARIO GENERAL


MÓDULO I GLOBALIZACIÓN Y SINDICALISMO EN MÉXICO
- Globalización y neoliberalismo

- Análisis histórico del movimiento obrero y del Sindicato Mexicano de Electricistas

- Democracia y transición política en México

- Introducción a la economía política


MÓDULO II Formación y acción política
- Estrategias de formación y proyección político-pedagógica

- Estrategias de conocimiento y acción política

- Sindicalismo, resistencia y transformación social

- Identidad y democracia sindical


MÓDULO III GESTIÓN LABORAL Y ACCIÓN SINDICAL DEL SME
- Marco jurídico-legal (Constitución y Ley Federal del Trabajo)

- Sector eléctrico nacional y relación de LyF-SME

- Estatuto y organización interna

- Representación sindical y procesos electorales

- CCT y revisión contractual

- Salario, prestaciones y seguridad social

- Productividad y riesgos de trabajo

- Pasivo laboral


MÓDULO IV POLÍTICAS NACIONALES Y SECTORIALES DE RESISTENCIA
- Neoliberalismo, Estado y sindicalismo

- Proceso electoral México 2006 y proyecto de nación

- Contexto laboral y sindical del México contemporáneo

- Políticas del sector eléctrico


Actividades extracurriculares optativas
- Conferencias y foros sobre temas coyunturales (propuesta de seminario internacional de formación sindical y laboral con compañeros de Francia, EE. UU., Canadá, Cuba y México).

- Taller de oratoria y liderazgo sindical

- Taller de género y participación sindical
Actividades de apoyo obligatorias
Asesorías permanentes para los coordinadores del Diplomado:

- Aspectos teórico-metodológicos y políticos (orientación y coordinación del funcionamiento de los módulos y actividades extracurriculares)


Asesorías permanentes para los ponentes de los módulos:

- Aspectos político-pedagógicos (orientación y apoyo de los aspectos académico-formativos y didácticos)


Recursos necesarios
- Buscar el apoyo de la Universidad Obrera y de la Universidad de la Ciudad de México para la certificación del diplomado y apoyo en general para el desarrollo del mismo, pero con los ponentes propios de la Escuela de cuadros del SME y la colaboración de compañeros de otras organizaciones para algunos módulos y para a realización de actividades diversas.
Duración: 240 horas (cada módulo 60 horas considerando 48 horas de clase y 12 horas de lectura y asesorías).
RELACIONES LABORALES EN EL SECTOR TEXTIL DEL ALGODÓN EN PUEBLA
María Teresa Ventura Rodríguez

ICS y H - BUAP

RELACIONES LABORALES EN EL SECTOR TEXTIL DEL ALGODÓN EN PUEBLA
Esta ponencia da cuenta de la situación que experimentan las relaciones laborales en el ramo textil del algodón de la industria poblana en el marco de la modernización del país y la apertura comercial. En esta perspectiva en los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo se empezaron a vislumbrar cambios con el fin de flexibilizar las relaciones laborales. Por su parte los organismos empresariales han insistido desde ese tiempo en la consecución de una nueva cultura laboral. Estas políticas se instrumentaron en la práctica a partir de 1992, fecha en que fue detonada una huelga nacional en el ramo textil del algodón. Desde ese año empezó a perder vigencia el Contrato Ley y a transitarse hacia una mayor flexibilidad laboral. Ese proceso se desarrolla de manera heterogénea y responde a las necesidades particulares de las empresas, siempre con el fin de aprovechar la mano de obra y competir en el mercado. Y aun cuando no se ha legalizado la reforma laboral, en los centros de trabajo ya se hacen presentes los cambios. Los puntos que aborda este texto son los siguientes: situación de la industria textil en Puebla; antecedentes de las relaciones laborales, flexibilidad laboral, en particular lo concerniente a la contratación colectiva tomando ejemplos concretos de empresas que siguen operando en el mercado.
Panorama de la industria textil

La entidad poblana ha tenido una gran tradición textilera. Desde tiempos de la Colonia los productos textiles del algodón desplazaron a los elaborados con seda o con lana. Pero la industria textil del algodón inicia su ciclo a partir de 1835, con la fundación de La Constancia Mexicana que fue pivote de la industrialización regional.

Dentro de la estructura productiva industrial, el ramo del algodón fue predominante en Puebla hasta los años cincuentas del siglo pasado. A pesar de que sufrió desde su implantación numerosas crisis, jugó un papel importante en la economía de la región hasta los años sesentas, cuando se diversifica la industria con ramas más dinámicas. En esos años destaca la textil por el capital invertido, producción y número de personal ocupaba el primer lugar; le seguían los alimentos y las bebidas.




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