Retroceso laboral, discriminación y riesgo en las maquiladoras



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I. Introducción


Este trabajo tiene como objetivo principal reconstruir y comparar las formas de inserción laboral de los principales grupos de migrantes internacionales en México y EE.UU., a partir de la información del XII Censo de Población y Vivienda y el U.S. Census 2000. A pesar de que la estructura socioeconómica y la dinámica migratoria son muy diferentes en dichas naciones, se pretende mostrar que a ambos lados de la frontera se reproduce una inserción laboral segmentada según el origen nacional de los migrantes.
En ese contexto, los objetivos de la investigación son los siguientes:

1. Reconstruir las características sociodemográficas y socioeconómicas de los principales grupos de inmigrantes en México y Estados Unidos en el año 2000, para analizar su inserción étnico-laboral.



2. Comparar las formas de inserción laboral de los migrantes a ambos lados de la frontera teniendo en cuenta variables como su región y/o país de nacimiento, su nivel de instrucción formal, su condición de actividad, características del puesto de trabajo, y ocupación principal.
A través de estos elementos se tratará de mostrar que la migración a Estados Unidos y México tiende a reproducir las condiciones de alta estratificación y polarización que caracterizan a sus respectivos mercados laborales. En ese contexto, el origen nacional parece ser un elemento fundamental para definir las condiciones en las cuales la población migrante se inserta en dichos países, participando en su mayoría en los niveles más altos y más bajos de la estructura laboral Ello forma parte, además, de la tendencia mundial a una brecha cada vez más mayor entre los migrantes altamente calificados y poco calificados (Lindbert y Williamson, 2000; Castles, 2004).
Este trabajo se ha realizado a partir de los datos que ofrecen el XII Censo de Población y Vivienda de 2000 de México y el U.S. Census de EE.UU del mismo año (Current Population Survey, march, 2000). Aunque estas fuentes permiten realizar amplias generalizaciones sobre la población migrante de México y EE.UU.44, limitan el análisis a elementos muy generales que impiden captar la compleja sinergia que se teje entre el mercado de trabajo y la migración internacional. Asimismo, el análisis se ha concentrado en el año 2000, correspondiente al último levantamiento censal realizado en México.
En la medida en que se pretendía realizar un análisis comparativo, se han considerado a las variables de ambos censos como semejantes o proxies , aunque se ha de ser consciente de la existencia de disparidades entre ellas en cuanto a sus indicadores y cortes de población45. A pesar de ello, la utilidad de un estudio como el que se propone radica en visibilizar las dinámicas migratorias de dos países fronterizos, sujetos a un proceso de interdependencia compleja "desde arriba" y "desde abajo" (Verea, 1998), y que configuran un sistema migratorio donde confluyen, además de la poderosa corriente de mexicanos a los EE.UU., una multiplicidad de migrantes de diversas partes del mundo, pero muy especialmente de los países de América Latina.

II. Mercado laboral y migración en las condiciones mundiales actuales


Desde hace más de dos décadas se asiste a un proceso de transformación de las esferas de acción humana a nivel global, el cual ha sido bautizado como "globalización" por muchos académicos y políticos. Más allá de la polémica que este término suscita sobre su novedad, significado y alcance, consideramos que con él se pretende atrapar el proceso de rupturas y continuidades de la evolución capitalista, el cual se expresa actualmente en transformaciones de diverso grado y naturaleza en esferas como la producción, el comercio, las finanzas, la tecnología e, incluso, el Estado.
Estos procesos, aunque heterogéneos, han impactado sobre el volumen, características y direccionalidad de la migración internacional. Primeramente, se constata que en los flujos migratorios mundiales participan la totalidad, si no la mayoría, de los países del mundo (como naciones emisoras o receptoras de población). En segundo lugar, se reconoce su fuerte carácter laboral, en la medida que la mayoría de la población que se traslada hacia otros países parece estar motivada fundamentalmente por la búsqueda de mejores ingresos o condiciones de vida. Por último, los procesos migratorios más importantes en cuanto a su volumen son los de sur/ norte y este/ oeste, con lo cual se pone de relieve las diferencias y jerarquías entre los países de la actual economía global. Mientras un conjunto de naciones se encuentran en los nodos económicos centrales y son el blanco de las preferencias migratorias (países occidentales, Japón y algunos del Golfo Pérsico), otros países se configuran como exportadores de fuerza de trabajo (especialmente América Latina y el Este de Europa).
Una de las líneas analíticas más importantes para analizar los efectos del proceso globalizador sobre la migración internacional se concentra en el estudio de los mercados laborales, tanto de las naciones emisoras como de las receptoras, para explicar las causas de la migración y las formas de inserción de los migrantes en las sociedades destino (Sassen, 1988; Massey et.al., 1998). Así, se reconoce que la estructura y dinámica de los mercados laborales están sujetas a transformaciones debido a los cambios en los sistemas socioproductivos y las formas de organización del trabajo, cuyo resultado general es la convivencia -a nivel de regiones, países, sectores y al interior de las empresas- de dos paradigmas socioproductivos diferentes, el fordista y el postfordista, que han producido resultados heterogéneos, pero con hondas repercusiones en la estructura ocupacional, las características de los empleos, la movilidad laboral y el nivel de ingresos.
Aunque existen importantes diferencias en las regiones y países, parece constatarse a nivel general un proceso de segmentación, estratificación y polarización de los mercados de trabajo46, fenómenos que no solamente contribuyen a explicar la decisión de migrar, sino también la inserción laboral de los migrantes en los países destino. En ese contexto, existe cierto consenso en considerar que los migrantes internacionales tienden a insertarse en los extremos de la estructura ocupacional de dichas naciones: mientras algunos se ubican en sectores laborales que requieren poca calificación, también existe un número importante de migrantes que pasan a ocupar puestos de alta especialización, tanto en el campo científico y tecnológico como en el ámbito administrativo y gerencial (Sassen, 1998; Borjas, 1999; Pellegrino y Pizarro, 2001; Castles, 2004). Así, se sostiene que las características de la demanda de los mercados laborales de los países destino de la migración influyen en el volumen y composición de las corrientes migratorias que reciben, aunque también el proceso se encuentra modulado por las diferentes políticas migratorias nacionales; las condiciones socioeconómicas de los países de origen; la acción de las redes sociales, y la experiencia migratoria individual (Massey et. al., 1998).
A pesar de que la mayoría de estos estudios se concentran en el caso de los países desarrollados, la introducción en el análisis de los flujos migratorios entre países en desarrollo, como los que tienen lugar al interior de la región latinoamericana, también corrobora las condiciones de alta polarización en que tiene lugar la inserción laboral de los migrantes (Pellegrino, 2000; Pellegrino y Pizarro, 2001). Ambas líneas analíticas parecen indicar que entre la migración altamente calificada y no calificada se abre un abismo cada vez mayor, en términos salariales y de desigualdad económica, motivado en buena medida por las características de la demanda de esta fuerza laboral.
Ello se reafirma en el análisis del proceso migratorio a México y EE.UU. en el 2000. Pues, aunque son países con tradiciones migratorias disímiles y contextos socioeconómicos y sociopolíticos diferentes, ostentan un patrón segmentado y polarizado en cuanto a la inserción laboral de los migrantes, donde el origen nacional desempeña un papel fundamental.

III. Inserción laboral de los migrantes en EE.UU.

III.1. Reestructuración socioproductiva, mercado laboral y migración internacional


Desde la década del setenta del siglo XX comenzaron a darse una serie de transformaciones en la estructura del mercado laboral estadounidense, como consecuencia de la crisis del modelo socioproductivo que había emergido en la segunda postguerra. Se constató en este período una pérdida de la competitividad de las empresas estadounidenses lo cual, según algunos autores, se relacionó con la crisis del modelo fordista como eje articulador del régimen de producción y acumulación capitalista47 (Piore, 1988; Canales, 2000: 17).
Para hacer frente a la crisis productiva, EE.UU. ha impulsado diversas estrategias que combinan, de acuerdo a las diversas empresas y sectores, una desregulación de las relaciones contractuales (flexibilidad externa), procesos de innovación tecnológica orientados a mejorar el nivel de productividad del trabajo (flexibilidad interna)48 y la descentralización productiva. La articulación a nivel de sectores y empresas de estas prácticas ha dado por resultado una creciente diferenciación y segmentación de la estructura del mercado de trabajo, y la consiguiente polarización de la estructura ocupacional del país.
Así, se observa la reproducción de un proceso dual en términos de los grupos participantes en el proceso de producción, donde junto a los empleos más o menos estables o de altos ingresos, se presentan otros caracterizados por su informalidad. Su expresión más extrema es la casualization (precarización), que implica la expansión de una economía informal donde prevalecen las formas de trabajo temporal, ocasional y la subcontratación. En ese contexto, la dinámica inmigratoria de EE.UU. puede comprenderse como respuesta a la demanda de mano de obra de este mercado laboral polarizado y que, por ese motivo, configura dos perfiles de migrantes muy disímiles en cuanto a su volumen, perfil socioeconómico, y según la región y país de origen.

III.2. Los migrantes en EE.UU: tradición migratoria, perfil sociodemográfico y laboral

Es bien conocido que Estados Unidos fue configurado por sucesivas oleadas inmigratorias. El descubrimiento del Nuevo Mundo estimuló un flujo sostenido de migrantes para colonizar y hacer producir la nueva tierra. En un inicio, un porcentaje importante de los nuevos pobladores arribó de manera involuntaria, a través de la coerción. Desde inicios del siglo XIX, con la abolición de la esclavitud, comienza un flujo de inmigrantes libres atraídos por la idea de prosperidad y de ser dueños de tierra. Este fue el preámbulo de la "era de la migración masiva" en el país, que no sólo amplió el volumen de población inmigrante, sino que también la diversificó en cuanto a su origen49. Ya en el siglo XX, después de haber tenido en 1970 un nivel muy bajo de inmigración (9.6 millones), el flujo de migrantes internacionales ha tenido un incremento sostenido, muy especialmente entre 1990 y 2000 (de 19.8 millones a 29.8 millones), lo cual indica que un porcentaje significativo de la migración a EE.UU. es de carácter reciente. En el año 2000, de los aproximadamente 285 millones de residentes (incluidos los de la islas de Guam y Puerto Rico), aproximadamente 10.4% eran nacidos en el extranjero (US Census Bureau, 2001).


La reordenación económica mundial, las características económicas de Estados Unidos y su papel hegemónico dentro del sistema global, han impactado en la composición de los migrantes que llegan a sus costas. Mientras que a inicios del siglo XX la corriente migratoria fundamental era la europea, actualmente se constata una mayor presencia de migrantes de América Latina, Asia y Europa del Este. En el año 2000, la mitad de los extranjeros que se contabilizaron refirieron haber nacido en el continente latinoamericano (51.1%), 26.0% tienen como región de origen a Asia, mientras que 15.0% provienen de Europa y 8.0% de otras áreas (Canadá, África, Australia y Oceanía). Según el país de nacimiento, los migrantes mexicanos son los más numerosos, seguidos por los chinos y filipinos. Es destacable el importante volumen de migrantes de origen mexicano que residen en EE.UU., sólo comparable con los migrantes alemanes censados en 1890, que correspondían a 30.0% del total de extranjeros de aquel momento (US Census Bureau, 2001a) (Gráfica 1):



En términos sociodemográficos, la población extranjera residente en E.UU. en el año 2000 tenía un porcentaje similar de hombres y mujeres, aunque los primeros eran ligeramente más numerosos (50.4% y 49.5%, respectivamente). Asimismo, la mayoría se encontraba entre los 18 y los 64 años, lo cual permite caracterizar a esta migración como laboral (US Census Bureau, 2001).


A pesar de ello, este conjunto poblacional ostenta grandes diferencias en términos de su nivel de instrucción formal (Tabla 1) 50:

Tabla 1

Nivel de instrucción formal de la población de 25 años y más según región de origen (%)




Nativos

Total extranjeros

Europa

Asia

A.L.

Otras áreas 1

Menos de 9no. grado

4.7

22.2

12.7

10

34.6

7.3

9no a 12 grado

(sin diploma)

8.7

10.8

5.9

6.2

15.8

6

Nivel medio superior terminado2

61.0

25.0

28.7

21.8

24.9

28

Universitario y más3

25.6

42.0

52.6

62.1

24.7

58.6

Total

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

Fuente:U.S. Census Bureau, Current Population Survey, march, 2000.

1 Categoría que incluye a migrantes provenientes de Canadá, África, Australia y Oceanía.

2 Categoría construida a partir de la población que refiere tener como grado de instrucción "high school" y "college".

3 Categoría construida a partir de la población que refiere tener como grado de instrucción "bachelor" y "advanced degree".

Como se observa, 42.0% de la población extranjera de 25 años y más posee estudios superiores, 25.0% estudios medio superiores y 12.8%, se encuentra entre 9no. y 12 grado (sin diploma). Asimismo, 22.0% no sobrepasa el 9no. grado. Si se compara esta distribución con la de la población estadounidense en el mismo intervalo de edad, se observa que los extranjeros se encuentran más polarizados que la población nativa, y esta última tiende a concentrarse en una sola categoría. Mientras es superior el porcentaje de extranjeros que solamente poseen nivel básico en comparación con los estadounidenses, la mayoría de estos últimos (61.0%) tienen como máximo nivel de instrucción el medio superior (high school o college). No obstante, existe un mayor porcentaje de migrantes que posee nivel universitario que los nativos (42.0% y 25.6%, respectivamente).


La polarización en torno a esta variable dentro de la población migrante se relaciona con la región de origen. Los que provienen de Asia, de "otras áreas" y Europa, en su mayoría poseen estudios universitarios (62.1,%, 58.6% y 52.6%). América Latina es el continente con un mayor porcentaje de migrantes con menos de 9no. grado, siendo México y la región centroamericana los que aportan un mayor número de individuos con esta condición educativa (Gráfica 2):


*Se incluye México en la subregión "América Central".

Puede afirmarse entonces que, en cuanto al nivel educativo, existen pautas muy diferentes entre la población migrante a EE.UU.: mientras los que provienen de Asia, África, Canadá, Australia, Europa y de América del Sur y El Caribe poseen niveles altos o muy altos de instrucción formal, entre los centroamericanos y mexicanos se incrementa el porcentaje de migrantes con menos de 9no. grado. Aunque no necesariamente los grados obtenidos a partir de la educación formal se ajustan a las características ocupacionales de los individuos, más aún en el caso de la población migrante51, es probable que el perfil educativo se asocie con una inserción polarizada en el mercado laboral de ese país.


Para analizar las características sociolaborales de la población migrante, se han elegido un conjunto de variables censales como condición de actividad, sector de actividad, tipo de trabajador y ocupación principal. En primer lugar, de la población de 16 años y más, 65.1% del total de extranjeros pertenecen a la PEA y 34.9% forman parte de la PEI, cifras similares a las de la población nativa, aunque en esta última asciende ligeramente el porcentaje de inactivos (64.8% pertenecen a la PEA y 35.2% a la PEI).La región latinoamericana es la que posee menor porcentaje de migrantes perteneciente a la PEI (30.9%). En segundo lugar, el porcentaje de población ocupada y desocupada es semejante entre migrantes y estadounidenses (60.9% y 60.7%, y 4.2% y 4.1%, respectivamente). Si se compara el nivel de desocupación de los migrantes según su región de origen, también es A.L. la que ostenta un porcentaje ligeramente superior de desocupados (5.4% de la población de 16 años y más de la región ) (US Census Bureau, 2001). En tercer término, del conjunto de migrantes de 16 años y más, la casi totalidad son trabajadores asalariados, mientras 7.3% trabajan por cuenta propia. América Latina, por su parte, es la que posee un mayor porcentaje de asalariados (95.5% del total de la población de la región de 16 años y más).
De acuerdo al sector de actividad, la inmensa mayoría de los extranjeros, al igual que los estadounidenses, se inserta en el sector terciario (78.9% y 79.6%, respectivamente), seguido por el secundario (19.6% y 18.9%) y el primario (1.5% en ambos casos). La región latinoamericana es la que posee menos trabajadores en el sector terciario (77.2%), y mayor proporción en el secundario y primario (22.4% y 4.4%, respectivamente) (U.S. Census Bureau, 2001).
Estas tendencias divergentes entre los migrantes latinoamericanos y los provenientes de otras regiones pueden relacionarse con los patrones sociolaborales de la migración mexicana reciente a EE.UU. Ello se evidencia si se analiza a este flujo migratorio por separado y se lo compara con los estadounidenses, con los migrantes provenientes de otras regiones e, incluso, con los originarios de otras subregiones al interior de A.L. en términos de su inserción laboral según grupos de ocupación principales (Tabla 2).

Tabla 2

Población de 16 años y más según grupos de ocupación principal y región/ subregión/ país de origen (%)

Principales grupos ocupacionales

Región/ subregión/ país

Gerentes/ profesionales

Técnicos/ ventas/ apoyo administ.

Servicios

Producción precisión/ oficios/ reparación

Obreros/ operadores

Trabajadores agrícolas

Total

Nativos

30.1

30.6

13.2

10.5

12.7

2.1

100.0

Total migrantes

24.7

20.9

19.2

12.1

18.7

4.5

100.0

Europa

38.1

23.9

15.1

12.2

10.2

0.5

100.0

Asia

38.7

27.5

15

5.9

12

0.8

100.0

Africa

36.5

22.1

19.5

4.2

17.1

0.5

100.0

A Norte

46.3

24.3

8.3

9.3

9.5

1.7

100.0

Caribe

22.5

25.1

22.6

9

19.9

0.3

100.0

A. Central

7

12.7

22.9

18.3

28.1

11.1

100.0

A. Sur

23.2

24

23

13.7

15.2

0.3

100.0

México

6.3

11.2

21.5

19.2

28.6

12.9

100.0

Fuente:U.S. Census Bureau, Current Population Survey, march, 2000.
De acuerdo a esta variable, aproximadamente 60.0% de los estadounidenses asalariados de 16 años y más fungían como gerentes, profesionales o técnicos en el año 2000 (30.1% y 30.6%, respectivamente), mientras que entre los migrantes la participación en estas ocupaciones es un poco inferior (24.7% se insertan como profesionales/ gerentes y 20.9% como técnicos). Por su parte, el número de trabajadores en puestos asociados a la producción de precisión, de reparación y oficios es similar en ambos grupos, aunque crece ligeramente entre la población migrante (10.5% de estadounidenses y 12.1% de migrantes). Por último, existe un mayor porcentaje de extranjeros que se ubican en los servicios con respecto a los estadounidenses (19.2% frente a 13.2%), como obreros y operadores (18.7% frente a 12.7%), y en el sector agropecuario (4.5% frente a 2.1%). Así, mientras la mayoría de la población asalariada nativa de EE.UU. tiende a concentrarse en ocupaciones de alta/ media ocupación, persiste la polarización dentro de la población migrante, al ubicarse en los extremos de la estructura ocupacional.
Si se desagregan los diferentes grupos migratorios según región o subregión de origen, se observa que los europeos tienden a insertarse mayoritariamente en ocupaciones profesionales o técnicas, al igual que los asiáticos, los africanos, los canadienses, y un porcentaje significativo de la población originaria de América del Sur y El Caribe, aunque estos últimos también participan de forma importante en el rubro "servicios" (23.0% y 22.6%, respectivamente), junto a África (19.5%). Las personas nacidas en Centroamérica y México son las que más se alejan de este patrón: para el caso de México, 28.6% de los migrantes refieren ser obreros u operadores, 21.5% labora en el sector servicios y 19.2% en la producción de precisión. Menos de 20.0% se inserta en empleos gerenciales, técnicos y administrativos, y 12.9% en el trabajo agrícola. El patrón de inserción laboral de los centroamericanos es similar. De acuerdo al censo estadounidense, México y Centroamérica aportan más migrantes a las ocupaciones que implican menor calificación.
Estos datos generales no suponen desconocer el desarrollo efectivo de un empresariado mexicano que, por lo menos desde inicios de la década del noventa, ha consolidado una economía étnica en el país norteño, muy especialmente en Los Ángeles. De esta manera, se han desarrollado empresas de diverso tamaño y alcance, aunque las más exitosas son propiedad de migrantes con una experiencia en EE.UU. de más de veinte años o de individuos provenientes de la clase media mexicana asentados en el país a raíz de la devaluación del peso en 1986 (Guarnizo, 1998: 143). Sin embargo, la estructura ocupacional que caracteriza a los migrantes mexicanos en el año 2000 y que se expresa en la Tabla 2, parece relacionarse con los cambios y diversificación de este flujo migratorio en la última década. En primer lugar, se ha constatado el incremento de la participación migratoria de los indígenas, las mujeres y de personas de origen urbano. En segundo lugar, ha aumentado el número migrantes provenientes de regiones que hasta dicha década no tenían una presencia migratoria sostenida, como los originarios del centro y sureste del país52 (Durand, 1998; Durand y Massey, 2003).
En la medida en que los migrantes mexicanos más recientes no poseen la misma tradición migratoria, no tienen redes sociales consolidadas que favorezcan una mejor inserción laboral, y en muchos casos son indocumentados, constituyen "el relevo étnico" para aquellos con una arraigada tradición migratoria en los EE.UU. Se insertan, por ese motivo, en los niveles más bajos del mercado laboral, especialmente en los sectores laborales periféricos e informales de las grandes ciudades o en el trabajo agrícola, y en puestos de trabajo que se caracterizan por su precariedad y eventualidad. Para comprender la dinámica migratoria actual de los mexicanos en los EE.UU. es necesario tener en cuenta el proceso de estratificación étnica al interior de esta corriente migratoria, el cual parece estar definido por la región de origen y tiempo de residencia en los EE.UU (Guarnizo, 1998: 157).

III. 3. La inserción laboral de los migrantes en EE.UU.: polarización según origen regional y nacional

De manera general, y en función de las variables socioeconómicas anteriormente analizadas, puede diseñarse una tipología preliminar sobre la inserción laboral de los migrantes en los EE.UU., donde se advierte la presencia de dos grupos:

- Un grupo más heterogéneo según el origen regional, formado por migrantes de Europa, Asia, África, Canadá, Australia y Oceanía, y un porcentaje significativo de individuos nacidos en América del Sur y El Caribe, con niveles medio/altos de educación formal, insertos mayoritariamente en el sector gerencial, profesional y técnico, aunque también participan en los servicios (especialmente América del Sur, El Caribe y África). La presencia de estos migrantes calificados puede relacionarse con las políticas de EE.UU. de 1990 de atracción de trabajadores calificados, y al proceso de "preselección" previo que tiene lugar en sus países de origen, especialmente en el caso de los países en desarrollo, donde existen mayores incentivos migratorios para los estratos sociales más calificados o especializados.

- Un segundo grupo, formado por migrantes de México y los países de América Central, que ostentan niveles educativos bajos y cuyos individuos, en su mayoría, se insertan en los puestos de trabajo de menor calificación donde, además, predomina la presencia de trabajadores migrantes en comparación con la población estadounidense.






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