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Grupo 70


SHALE AND WALL STREET: WAS THE DECLINE IN NATURAL GAS PRICES ORCHESTRATED?

ESQUISTO Y WALL STREET: ¿estuvo orquestada la bajada de precios del gas natural?

Deborah Rogers, Energy Policy Forum, febrero de 20131

Traducción de Manuel Peinado Lorca, 26-05-2013

RESUMEN EJECUTIVO

En 2011, las fusiones y adquisiciones (F & A) ligadas al esquisto representaron un volumen de negocio de 46.500 millones de dólares, lo que significó que las acciones de dichas compañías fueron una de las mayores fuentes de beneficios para algunos bancos de inversión de Wall Street. La anomalía surge desde el mismo momento en que ese mismo año el rendimiento de los pozos de gas no convencional fue mucho menor. Pese a ello, los analistas y los banqueros de los fondos de inversión se han convertido en los defensores más acérrimos de la explotación de los depósitos de esquisto. A pesar de los pobres resultados (en términos de dólares), el incentivar que la producción continúe a un ritmo frenético ha producido un exceso de oferta en el mercado del gas natural y, como resultado, sus precios están en nuevos mínimos. En 2011, la demanda de gas natural en EEUU fue cuatro veces inferior a la oferta.

Es muy poco probable que los banqueros, tan sabios como son en los conocimientos del mercado, no se percatarn de que la sobreproducción de gas natural iba a producir un exceso de oferta y la consiguiente y severa caída de los precios. Sin embargo, la caída de los precios abrió la puerta a transacciones accionariales que han supuesto una retribución suplementaria por valor de varios miles de millones de dólares para los grandes bancos de inversión involucrados. De hecho, los esquistos se han convertido desde 2010 en una de las mayores fuentes de beneficio para carteras energéticas F & A de esos bancos. La reciente saturación del mercado de gas natural se realizó principalmente gracias a la sobreproducción de gas natural inducida para cumplir con los objetivos de producción de los analistas financieros y para suministrar el flujo de efectivo que sostiene las imprudentes posiciones de apalancamiento de los operadores.

Cuando los precios se desplomaban, Wall Street empezó a organizar operaciones de negocio para distribuir las acciones problemáticas de las empresas de gas de esquisto a los inversores industriales de mayor volumen de negocio. Tales operaciones fracasaron unos meses más tarde, lo que trajo consigo una pérdida masiva del valor de los activos de esquisto. A continuación, los bancos elaboraron productos financieros complejos a futuro tales como VPP (pagos por volumen de producción; Volumetric Production Payments) y, gracias a la evidente falta de conocimientos de muchos de los inversores acerca de las complejidades y los riesgos de producción del gas de esquisto, colocaron los productos a grandes inversionistas tales como los grandes fondos de pensiones. Además, los bancos hicieron paquetes con los derechos de explotación de arrendamientos de parcelas sin rendimiento comprobado y las mezclaron con otras productivas tal y como habían hecho con las hipotecas basura (subprime) antes de la crisis de 2007.

Como se documenta en el presente informe, la información independiente sobre los campos de esquisto en los EEUU confirma lo siguiente:


  • Wall Street impulsó la fiebre de perforación de gas de esquisto que se tradujo en precios más bajos que los costes de producción y, por lo tanto, se benefició [enormemente] de las fusiones y adquisiciones y de otras comisiones operacionales.

  • Las reservas de gas y petróleo de esquisto en EEUU se han sobrestimado (inflado) al menos un 100% y hasta en un 400 a 500% por parte de los operadores como demuestran los datos de producción reales presentados en varios estados.

  • Los pozos de petróleo de esquisto están siguiendo las mismas tasas de declive acelerado y baja eficacia de recuperación que se han observado en los pozos de gas esquisto.

  • El precio del gas natural ha caído debido principalmente a la gran sobreproducción causada para cumplir los objetivos de revalorización de las acciones junto al exacerbado apalancamiento imprudente que incentivó la producción para satisfacer la demanda prevista por los analistas financieros.

  • Debido a los elevados niveles de deuda, la declaración de las reservas probadas no desarrolladas (PUD) por algunas empresas de esquisto puede que no hayan cumplido las normas de la SEC (Securities and Exchange Commission)2 debido al riesgo de incumplimiento de las garantías por esos operadores.

  • La industria está demostrando poco interés en participar en nuevas inversiones en derivados de esquisto, está abandonando proyectos de gaseoductos y los proyectos de riesgo compartido, a pesar de su retórica pública que proclama que tales derivados son la panacea para la política energética de EE.UU.

  • La industria busca en la exportación conseguir el diferencial entre los precios nacionales e internacionales en un esfuerzo por apuntalar los balances desequilibrados de las inversiones en activos.

Es imperativo que la industria del esquisto sea examinada a fondo y de forma independiente para determinar el valor real de sus activos, sobre todo porque la política a nivel estatal y federal se está aplicando a partir de proyecciones de producción que son muy optimistas (y por lo tanto poco realistas) y porque los pozos en producción están rindiendo mucho menos de lo que se había proyectado originalmente.

Introducción

Se ha proclamado que el petróleo y el gas no convencionales procedentes de los esquistos van a cambiar las reglas de juego energético, lo van a revolucionar y son "Un regalo y un tesoro nacional". Las estimaciones estadounidenses de dichos recursos se han estimado hasta el vértigo por Aubrey McClendon, director ejecutivo de Chesapeake Energy, que las ha calificado como mayores que las "dos Arabias sauditas" juntas. Se ha dicho también que ambos hidrocarburos no convencionales proporcionarán la independencia energética de los EEUU.

Aunque se espera que tales declaraciones provengan de una industria que se dedica a ganar dinero, un examen cuidadoso, exhaustivo e independiente de los datos de producción y de los archivos de las compañías demuestran que las expectativas de la producción se han exagerado enormemente, lo que conduce a hacer unos pronósticos muy preocupantes para el sector del esquisto en su conjunto y para las regiones explotadas o en las que se planean explotar estos recursos.

La explotación del esquisto no es un factor de desarrollo económico regional ni local a medio-largo plazo. Las predicciones sobre el rendimiento de los yacimientos sólo se cumplen durante los primeros años de vida del campo, como se demuestra actualmente en todos los campos de esquisto de los EEUU que tienen datos plurianuales. La renta per cápita y la renta conjunta de los hogares de las regiones donde se utiliza el fracking caminan en la dirección contraria de lo que proclaman los espúreos modelos encargados por la industria (véanse las tablas en el apéndice).

La explotación del esquisto no crea puestos de trabajo. Los datos optimistas e inflados de creación de empleo que presentan las empresas se basan en gran medida en multiplicadores poco realistas que anuncian la creación de un gran número de puestos de trabajo indirectos.1 Tales estimaciones incluyen a menudo puestos de trabajo tales como strippers y prostitutas entre el conjunto de los puestos creados.2 Por otra parte, los empleos directos creados desde 2003 por la industria del petróleo y el gas representan menos de la veinteava parte del 1% del total del mercado laboral de EEUU, según la Oficina de Estadísticas Laborales.3 Tales cifras no puede ser interpretadas como un cambio significativo en la creación de empleo.

La explotación del esquisto no garantiza la viabilidad financiera a largo plazo de los pozos. Los pozos no han satisfecho las espectativas. De acuerdo con las series históricas de producción presentadas por los operadores de varios estados, las curvas productivas de los pozos caen en picado en el caso del gas y lo hacen incluso más acentuadamente en los pozos de petróleo no convencional. Los pozos de gas de esquisto típicos tienen una disminución promedio en cada campo de un 29 a un 52% o más por año, mientras que los campos de petróleo de esquisto se están reduciendo en un 40% o más por año.4 La industria admite que el 80% de los pozos de esquisto "pueden ser antieconómicos”.5 Recientemente están apareciendo depreciaciones masivas de los activos, lo que pone en cuestión la viabilidad financiera de dichos activos y, posiblemente, de las propias empresas de esquisto. En un determinado caso, los activos se han liquidado por algo más del 50% del precio de compra en cuestión de meses.6

Más preocupante es la constatación de que los activos de esquisto clasificados como PUD (probadas no desarrolladas) pueden no haber sido reclasificados adecuadamente por algunos operadores de acuerdo con las reglas de la SEC, porque tal reclasificación hubiera tenido como resultado el incumplimiento de las garantías para los inversores. El hecho de que otros operadores de la industria hayan renunciado recientemente a pujar por los activos del yacimiento Utica de Ohio y hayan abandonado los proyectos para construir un gaseoducto desde el campo Bakken de Dakota del Norte sugieren que la propia industria es consciente de los aspectos económicos deficitarios y de la corta vida de los yacimientos de esquistos.7



La explotación del esquisto no se basa en reservas inmensas del tipo "100 años de gas”. Un informe recientemente publicado que revisa los datos de producción de más de 60.000 pozos de gas y petróleo de esquisto da cuenta de que la producción de gas de esquisto en EEUU permanece estacionaria desde diciembre de 2011, y que el 80% del gas de esquisto procede de tan sólo cinco campos, varios de los cuales están en declive.8 Además, de acuerdo con un reciente informe del Oil and Gas Journal, una publicación de la propia industria, se confirma que la eficiencia energética de los campos de esquistos es verdaderamente deprimente. Se dice literalmente:

"La eficiencia energética de los cinco principales campos de [shale gas] promedia el 6,5% y oscila entre 4,7% a 10% ... Esto contrasta significativamente con la eficiencia energética del 75 a 80% de los yacimientos convencionales de gas".9

Los avances tecnológicos tampoco mejoran los rendimientos. Ni las mejoras en la perforación horizontal ni las estimulaciones explosivas están mejorando la producción, incluso en los esquistos bituminosos. Otros métodos de estimulación de fractura también provocan muy poco aumento de producción de acuerdo con los estudios llevados a cabo por el Servicio Geológico de los Estados Unidos.10

Debido a los irresponsables niveles de endeudamiento, a los bajos ingresos de dinero en efectivo, y a la necesidad de cumplir con las metas de producción para la revalorización de acciones, el precio del gas natural y de gas natural licuado (LGN) ha caído a nuevos mínimos.11 Esto complica enormemente el futuro del esquisto dado que hoy por hoy los márgenes de beneficio son inexistentes. La industria contempla claramente a la exportación y a la consiguiente diferencia de precios como la gran esperanza para la recuperación de las pérdidas.



El nuevo modelo de negocio de los esquistos

La exportación ofrece una nueva frontera para el desarrollo del esquisto en EEUU. Los operadores estadounidenses están presionando a los legisladores para abrir inmensas superficies de terreno a la exploración y la explotación. Conseguirlo beneficiaría claramente a las empresas, porque abaratarían los costes al mínimo y con un mínimo de complicaciones futuras.

Debido al clima de negocios favorable, incluida la exención del cumplimiento de las principales leyes federales ambientales y a la voluntad de algunos legisladores de impulsar la exportación, los EEUU se han convertido en el lugar preferido por las grandes multinacionales para el desarrollo del esquisto.

También es interesante señalar que en países como Polonia, que se consideró durante un tiempo como el profeta del gas de esquisto en Europa, la industria ha comenzado a abandonar los planes de explotación debido a los mayores costes y a la baja producción.12 Según el ministro de Medio Ambiente Adjunto Piotr Wozniak, los resultados que se han producido hasta ahora son "humildes".

Obviamente, cuando hay menos barreras financieras y ambientales, hay una mayor posibilidad de rebajar costes y con ello de aumentar los beneficios. Dados los escasos márgenes de beneficio que deja producción de esquisto en el mejor de los escenarios del mercado interior, parece un buen negocio plantear la exportación.

En resumen, cuanto más bajo sea el coste total para extraer hidrocarburos de esquisto, mayor será el beneficio cuando se exporte el gas. Si los terminales de exportación estuvieran disponibles en la actualidad en los EE.UU, la industria podría extraer, llevar por tuberías, refinar y transportar el gas de esquisto a Asia con unos costes de aproximadamente unos 9 dólares por cada mil pies cúbicos (mcf)3, cuando actualmente tienen que abonar hasta 18 dólares. Obviamente, se conseguiría una expansión muy lucrativa del negocio.

En octubre de 2011, el Departamento de Energía otorgó el primer permiso de exportación de gas de esquisto a Cheniere Energy. En ese momento, había otros siete permisos pendientes de concesión lo que en conjunto representaba aproximadamente que el 20% del gas de esquisto de EEUU se destinaría a la exportación. Un año después, en noviembre de 2012, el número de permisos había aumentado a 18 y el porcentaje de gas de esquisto comprometido para la exportación había crecido significativamente, hasta alcanzar alrededor del 60% del consumo actual de EEUU.13

Es interesante subrayar que mientras con anterioridad la industria del petróleo y el gas explotaban otras regiones del mundo para asegurar el suministro energético de los EEUU, ahora se estén explotando los EEUU para asegurar el suministro energético a otras regiones, sobre todo de Asia. Esas economías tendrán que pagar el precio más alto de los posibles y, por lo tanto, serán las que ofrezcan la mayor rentabilidad para las empresas.

Por lo tanto, es imperativo tener una visión desapasionada de esta industria. Continuar con la retórica de que la explotación de los derivados del esquisto se hace para garantizar la independencia energética estadounidense carece ya de sentido, como la mayoría de la industria sabe. Además,las empresas explotadoras de tales recursos no están en este mundo para cuidar del medioambiente, rescatar de la ruina a las granjas familiares o sacar a las zonas deprimidas del declive económico. Si tales cosas acaban por suceder, será algo periférico a la misión principal de la industria, que nunca las tuvo en cuenta al elaborar sus planes de exploración y explotación. Además, dado los rápidos declives del rendimiento de los pozos y, por tanto, de su corta de vida, los beneficios que reparta a su alrededor tendrán también una vida muy corta. Sería el colmo de la ingenuidad suponer que estas empresas tienen algún tipo de intención altruista hacia una determinada región o hacia sus residentes. No hay tal.

Las compañías de petróleo y gas están en el negocio para extraer hidrocarburos al precio más barato y con la mayor eficiencia posibles para que luego el cliente pague el precio más alto que puedan conseguir. Si pueden ahorrarse dólares de sus márgenes de beneficio negándose a utilizar (o evitándolos) los controles ambientales adecuados, eso será precisamente lo que harán si no se les obliga, con independencia de que la región en cuestión tenga que asumir los costes ambientales o los efectos negativos para otros sectores productivos. Incluso aunque es más que conocido que la polución y la degradación ambiental implican costes reales, no son asumidos por la industria que no los tiene en cuenta en sus balances dada la permisibilidada actual. Esto es aún más cierto en el caso de las industrias del petróleo y el gas que tienen un status especial que les permite soslayar las normas federales de protección ambiental.

Si los operadores del esquisto pueden exportar sus productos a Asia, donde se les pagará más de lo que pueden esperar aquí, es allí hasta donde viajará el gas. Además, la industria del petróleo y el gas no querrá suministrar sus productos a los fabricantes estadounidenses de productos químicos, plásticos o fertilizantes a costa de asumir merma en sus más lucrativas exportaciones. Una vez más, n este caso, como en los anteriores de índole ambiental o socioeconómica, la atención al mercado interno no forma parte de su modelo de negocio. Tampoco tienen por qué hacerlo.

El contexto energético

Durante los últimos 100 años los combustibles fósiles han mantenido la primera posición como impulsores de la economía de los EEUU y de las economías occidentales. Sin embargo, los combustibles fósiles son finitos. Encontrar nuevos yacimientos de hidrocarburos se está demostrando que es cada vez más y más costoso. En efecto, durante más de una década, los mayores operadores de petróleo y gas (los "Majors" como se les llama colectivamente) no han sido capaces de ampliar sustancialmente sus tasas de reemplazo de reservas.14 De hecho, aproximadamente una cuarta parte del incremento en volumen de sus reservas proviene de adquisiciones en lugar de las perforaciones, como la adquisición de XTO Energy por ExxonMobil. Es una consolidación más que un crecimiento orgánico.

Por dar otro ejemplo, en 2010 Chevron reemplazó menos de la cuarta parte del petróleo y el gas que había vendido el año anterior. 15 Esto es muy problemático para el futuro precio de las acciones de estas empresas y explica los exuberantes programas de recompra de sus propias acciones en las que se han embarcado en los últimos años, como la recompra que ha hecho ExxonMobil de un cuarto de sus acciones pagando 5.000 millones de dólares.

Que no se renueven las reservas es, por supuesto, muy problemático para el futuro de las economías mundiales. Es también problemático para los precios de las acciones de las empresas en particular de combustibles fósiles.

Además, hay varios grados y tipos de hidrocarburos, algunos mucho más eficientes como combustibles que otros. Algunos hidrocarburos simplemente requieren tal gasto de energía, para extraerlos y producirlos que su uso se convierte en cuestionable. La medida para evaluarlo se conoce como TRE (tasa de retorno energético) que es la relación entre lo que se invierte para producir y lo que se obtiene a cambio. Por ejemplo, se estima que en los primeros días de la industria de petróleo de EEUU, la TRE para el petróleo era de 100:1 (es decir, se recuperaban 100 unidades de energía por cada una invertida)17, pero esa tasa ha ido disminuyendo hasta valores TRE por debajo del 20:1.18 Debido a que los hidrocarburos no convencionales como los obtenido a partir de arenas y esquistos son, por definición, más difíciles de producir (es decir, requieren más inversión energética) por lo general tienen valores TRE muy bajos, probablemente muy por debajo de 5:1.19

Además, aunque la industria proclame exultante e hiperbólicamente cada nuevo descubrimiento de hidrocarburos que hace, hay un consenso general en que estamos en la pendiente descendente de la abundancia hidrocarburos. En abril de 2011, el economista jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol dijo: "Creemos que la producción de petróleo crudo ya había alcanzado su punto álgido en el año 2006”.20



Economía de calle: Las raíces de la crisis

En un ambiente de declive de las reservas de crudo para aumentar la confianza en los derivados no convencionales de TRE muy baja, la industria del petróleo y el gas emprendió una campaña de relaciones públicas desproporcionada en relación con la producción real de los pozos. Por supuesto que, desde un punto de vista comercial, eso tenía sentido.

Los mercados financieros están estrechamente enlazados con las grandes corporaciones multinacionales. Sin tales mercados, las empresas serían pequeñas y locales en lugar de los gigantes transnacionales que son hoy. Por lo tanto, el crecimiento de las empresas y el crecimiento de las economías depende en gran medida del mercado global de capitales.

Para que una compañía de petróleo y gas comercializada en bolsa crezca ampliamente, debe administrar no sólo su negocio principal, sino también la relación que mantiene con sus bncos inversores. Por lo tanto, las compañías de petróleo y gas que cotizan atienden esencialmente a dos tipos de economía. Una es la que podemos llamar economía del “campo”, que aborda el día a día las operaciones básicas de la empresa y lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno en relación con los costes del pozo, la historia de producción, etc. El otro conjunto es Wall Street o economía de "calle". Esto implica mantener una empresa atractiva para los analistas financieros y los inversores de manera que el precio de la acción suba y se garantice el acceso a los mercados de préstamos.

La economía de "calle" tiene mucho más que ver con el frenesí que hemos visto en los esquistos que lo que realmente ocurre con el rendimiento de campo.

Con la ayuda de los analistas de Wall Street que actúan como los primeros defensores de los derivados del esquisto, los mercados cayeron en un frenesí. Los ciclos alcistas son intrínsecamente optimistas. Si no se controla, el optimismo puede transmutarse en manía, como vimos hace varios años en el período previo a la crisis de las hipotecas.

El Banco de la Reserva Federal de Dallas, señaló en su Informe Anual de 2011 acerca de las instituciones financieras "demasiado grandes para quebrar":

“La facilidad de obtener créditos alimentó la manía del dinero fácil y construyó un casino donde los inversores apostaban y donde unas cuantas instituciones financieras colocaron acciones de empresas insolventes…. La codicia llevó a que algunas mentes jurídicas innovadoras sobrepasaran los límites de la integridad financiera con entidades que ocultaban sus balances reales y otros artificios contables. Tales prácticas, que no eran necesariamente ilegales, eran ciertamente engañosas, al menos esa es la conclusion de muchas investigaciones posteriores a la crisis".21

Esas similitudes se pueden ver ahora en el caso de los operadores de esquisto. En este caso, Wall Street ha vuelto a ponerse al frente de la manía al poner a su ejército de analistas de ventas a promover la producción de esquisto. En agosto de 2011, Neal Anderson de Wood Mackenzie dijo lo siguiente sobre los inversores y la exploración de esquisto:

"Parece que la comunidad de analistas de renta variable ha jugado un papel clave para ayudar a alimentar el mercado F & A de gas de esquisto, actuando como los principales animadores de los yacimientos de gas de esquisto ".22

La solvencia de una empresa de esquisto aumentaba gracias a las recomendaciones de "compra" de los analistas. Los inversiores hacían sus apuestas y la especulación hizo que los precios del gas natural se situaran en 2008 a niveles artificialmente inflados que alcanzaron precios históricos. Movidos por las emociones, los inversores se avalanzaron imprudentemente sobre la presa. El precio del gas natural alcanzó un máximo de 13.50 dólares por pie cúbico en 2008, más del doble del promedio histórico de 5-6 dólares. Además, e incluso más preocupante, los operadores y los inversores comenzaron a creer que estos precios artificialmente altos iban a ser la norma. De hecho, las decisiones sobre nuevas perforaciones se tomaron sobre la base de la hipótesis errónea de que los precios nunca volverían a sus niveles históricos.




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