Resumen de Historia – Módulo nº 4



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Resumen de Historia – Módulo nº 4

PSICOANÁLISIS – Psicología Patológica
Autores: Ribot, Janet y Dumas, Charcot, Berheim, Breuer, Freud, Jung, Adler.

Parten: de lo enfermo para entender lo sano.

Reemplazan: el método experimental por la observación patológica.

La actitud clínica: se trata de observar profundamente durante mucho tiempo a individuos particulares que luchan con sus problemas, de conocer tan completamente como sea posible todas las circunstancias de su vida, de modo que se pueda interpretar cada hecho a la luz de todos los demás, constituyendo así la totalidad, un conjunto dinámico que no es posible simplificar sin mutilarlo, cortarlo, recortarlo (psicología patológica).
Maurice Reuchlin – Historia de la Psico.- Ficha 614
Capítulo IV – La psicología patológica y el método clínico: el comportamiento de los enfermos mentales es la base sobre la que se edificará la psicología patológica.
RIBOT (1839-1916)
Filósofo que veía en la desorganización patológica un verdadero sustituto del método experimental. Esta desorganización se instala siguiendo un orden bien establecido, según el cual lo nuevo desaparece antes que lo viejo, y lo complejo antes que lo sencillo. Método del psicoanálisis.

Acompañando a Freud (quizá precediéndolo) estableció, en 1896, el predominio de la vida afectiva, en el cual las tendencias parcialmente inconstantes desempeñan el papel fundamental.

Ribot tomó su idea esencial de la “disolución” de un neurólogo inglés, J. H Jackson. Tanto uno como el otro sienten gran admiración por la doctrina evolucionista del filósofo inglés Spencer. Para éste, las asociaciones son hereditarias. Según Jackson, lo nuevo desaparece antes que lo viejo (idea de la disolución).

Los procesos más simples originan los procesos más complejos. Jackson aplica esta doctrina a las enfermedades mentales, cuyo desarrollo realizaría una regresión que seguiría, en sentido inverso, las mismas etapas que la evolución. El sistema nervioso estaría constituido por centros que forman una jerarquía. Los centros más elevados en la jerarquía son también los más frágiles. La enfermedad los afectará en primer lugar, causando la desaparición de los aspectos más diferenciados del comportamiento y una “liberación” de los aspectos más automáticos. Estas ideas fueron utilizadas explícitamente por Ribot a partir del año 1881, pero aparecieron antes.


JANET Y DUMAS (1859-1947 y 1866-1946)
Ambos son discípulos de Ribot. Janet se orientó al principio hacia la filosofía. En Janet volveremos a encontrar algunas de las ideas de Ribot.

Desde el primer momento es evidente su interés por el método patológico. Afirma, en cuanto al método, la necesidad de atenerse a la observación de las acciones exteriores, de las “conductas”. El acto es el desencadenamiento de una tendencia, de una disposición a hacer una serie de movimientos sucesivos en terminado orden. Las diversas conductas y por consiguiente, las diversas tendencias y diversas funciones psicológicas, están jerarquizadas.

Janet demuestra que en las neurosis las funciones que implican un grado elevado de tensión son las primeras en ser afectadas y suprimidas, mientras que las funciones inferiores (más automáticas) persisten y hasta a veces resultan exageradas.

Dumas destacó la influencia directa y constante de Ribot sobre su pensamiento. La parte más original de su obra está dedicada a las emociones. Toda su obra se funda en el postulado de la identidad fundamental de los mecanismos normales y patológicos.



CHARCOT y la escuela de la Salpetriere


  • Sugestión e hipnotismo: Ribot aconsejaba a sus discípulos que estudiaran medicina y vieran enfermos. Siguiendo su consejo, muchos de ellos entraron en la “esfera de influencia” del célebre neuropatólogo de Charcot. Aunque la historia de la escuela de la Salpetriere interesa más directamente a la medicina que a la psicología, no podemos dejar de referirnos a ella. Quizá porque los trabajos que allí se efectuaron sobre la sugestión y el hipnotismo en los histéricos, se vinculan con una corriente de preocupaciones cuyas manifestaciones en “psicología dinámica” son importantes. Charcot es un neuropatólogo que realizó trabajos sobre el hipnotismo. La psicología dinámica estudia las fuerzas (motivaciones, tendencias, pulsiones) que parecen orientar el funcionamiento de la actividad del individuo. La existencia de tales fuerzas resulta especialmente evidente en esa categoría de enfermos que no presentan ninguna lesión orgánica visible, que demuestran que sus mecanismos mentales están aún en condiciones de funcionar y en los que, sin embargo, se manifiesta un comportamiento más o menos completamente “inadaptado”. Convenía pues tratar directamente los procesos responsables de la desorganización comprobada. En ciertas circunstancias es posible provocar artificialmente en ciertos sujetos un estado vecino al sueño, la hipnosis, durante el cual dichos sujetos son especialmente dóciles a las sugestiones (algo que es sugerido), respondiendo a todas las preguntas y ejecutando las órdenes que se les imparten, sea inmediatamente, sea después de despertar. El conjunto de los mecanismos o métodos que permiten provocar, por sugestión, ese estado, constituye el hipnotismo. Charcot procuró reconocer el estado de hipnosis por medio de signos orgánicos claros e imposibles de simular. Distinguió tres estados nerviosos determinados por el hipnotismo en los histéricos: a) letargia b) catalepsia y c) sonambulismo.


BERHEIM
Profesor de la facultad de medicina (1827-1919). Estudió el hipnotismo y no encontró en él otra cosa que los efectos producidos por la sugestión, los efectos de la influencia provocada por una idea sugerida y aceptada por el cerebro. “El hipnotismo de la Salpetriere es un hipnotismo de cultura”. La escuela de la Salpetriere salió vencida y desapareció. Berheim, hacia 1890, que no encontró en Nancy (facultad de Medicina) los famosos “tres estados” clásicos de la Salpetriere, afirmó que dichos estados son sugeridos a los enfermos, quienes oyen hablar de ellos, se educan inconscientemente y, durante los exámenes, se comportan como lo quiere la teoría aceptada.


  • El psicoanálisis: hace tiempo que se sabía que pueden aparecer trastornos de conducta a causa de un suceso de vida que haya provocado gran emoción.


Charcot había precisado el mecanismo de dichas perturbaciones, con respecto a enfermos que se encontraban paralíticos sin que se pudiera descubrir ninguna razón orgánica para dicho estado (parálisis histérica). La causa de la parálisis no parecía ser el suceso en sí mismo, sino el recuerdo que el enfermo conservaba de él. Si bien el médico no podía actuar sobre el suceso pasado, podía en cambio, tratar de modificar el recuerdo que el enfermo tenía en el momento presente.
Janet efectuó observaciones que confirmaban los conceptos de su maestro. Practicó el “análisis psicológico” de los trastornos de sus enfermos, tratando de realizar una “desinfección moral” al “disociar” (separar algo de otra cosa a la que estaba unida) los “sistemas psicológicos” constituidos por el recuerdo del suceso y las perturbaciones (parálisis u otras) que estaban asociadas al mismo.
Breuer (1842-1925), un fisiólogo que había estudiado la respiración y el sentido del equilibrio, tenía entre sus pacientes enfermos a una muchacha de 21 años a la que atendió entre 1880 y 1882, mientras Freud terminaba su carrera de medicina. Esta muchacha padecía grandes trastornos histéricos.

Breuer, al observar que la enferma durante sus “ausencias”, profería palabras incoherentes, la hipnotizó y le repitió dichas palabras. Entonces ella le hizo tristes relatos donde se trataba de una muchacha a la cabecera de un padre enfermo.

Era evidente en este caso la influencia traumática del recuerdo de una experiencia emocional anterior. Breuer descubrió ese hecho y encontró un método de tratamiento (relatos provocados en estado de hipnosis) antes que Charcot y Janet. Pero la utilización de la hipnosis resultaba difícil, pues la muchacha se había enamorado de Breuer.
Freud (1856-1939) que trabajaba con Breuer, después de doctorarse fue discípulo de Charcot, quien observó ante Freud la influencia ejercida por los factores genitales en los trastornos histéricos.

Según su propia confesión, Freud, lo mismo que Breuer, fue muy influido por Charcot. E cambio, no cree deber nada a Janet, quien sin embargo, llevó al plano psicológico la noción de traumatismo de Charcot y la desarrolló. Durante dicho período, Freud estuvo en Viena, tratando a sus enfermos mediante hipnosis y sugestión. Freud volvió a Francia en 1889, pero esta vez se dirigió a Nancy (facultad de medicina), sede del adversario de Charcot, Berheim. Aprendió allí que los enfermos no pierden por completo el recuerdo de los actos que han realizado en estado de hipnosis y que, después de despertar, es posible obtener su relato si se insiste mucho.



El recuerdo del suceso traumático tampoco está completamente olvidado y se puede esperar hacérselo recordar al enfermo multiplicando las preguntas. Este método, demasiado penoso, será abandonado. Pero desempeña un papel importante en el desarrollo de las teorías psicoanalíticas, al atraer la atención de Freud hacia la resistencia que debe vencer para obtener, por medio de repetidas interrogaciones, el relato del suceso que se encuentra en el origen de los trastornos.


  • Freud: puede aparecer en nosotros una idea o un deseo que, por razones morales, no podemos aceptar. Entonces se produce un conflicto y esa idea o ese deseo son rechazados, arrojados fuera del dominio de nuestros pensamientos conscientes. Continúan existiendo en el inconsciente, pero hay una barrera (resistencia) que les impide el acceso a la esfera consciente. La idea que ha sido reprimida al inconsciente, no por eso ha dejado de existir y perturba el comportamiento del enfermo por medio de manifestaciones disfrazadas, que no son otra cosa que los síntomas que padece. Para descubrir la idea reprimida, el médico tendrá que vencer la resistencia que vigila la entrada de la esfera consciente. Para conseguirlo podrá interpretar hábilmente lo que dice el enfermo cuando se le pide que exprese libremente todos sus pensamientos; podrá interpretar sus sueños, sus pequeños actos “involuntarios” de la vida cotidiana y hasta sus chistes. Estas nuevas técnicas reemplazaron la hipnosis de Breuer y el interrogatorio insistente heredado de Berheim.




  • El método clínico y la psicología clínica: para Ribot o Janet, la observación de los efectos de la enfermedad es un medio de conocer la organización normal del psiquismo, gracias a la disolución progresiva de los procesos más evolucionados: “observar lo enfermo para entender lo sano”. La psicología patológica introdujo en la psicología normal una actitud general que fue adoptada tanto con respecto a las personas normales como a las enfermas. Es la actitud clínica, el método clínico. Esta actitud se afirmó en un principio como protesta contra las experiencias de laboratorio. Es también una reacción contra las estadísticas de Galton (primo de Darwin, entre otras cosas se dedicó al estudio del ser humano), contra las observaciones superficiales. Se trata, y en esto consiste la actitud clínica, de observar profundamente durante mucho tiempo, a individuos particulares que luchan con sus problemas, de conocer tan completamente como sea posible todas las circunstancias de su vida, de modo que se pueda interpretar cada hecho a la luz de todos los demás, constituyendo la totalidad, un conjunto dinámico que no es posible simplificar sin mutilarlo (destruirlo). La desconfianza con respecto a los métodos estadísticos ya se advierte en Ribot lo mismo que en Janet. Fue el psicólogo americano Witmer el primero en utilizar la expresión “psicología clínica” y “método clínico en psicología”. Witmer enseñó psicología infantil en 1894-1895. En esa oportunidad, un maestro le propuso, que estudiara el caso de un niño incapaz de aprender ortografía. Witmer advirtió muy pronto el interés que podría llegar a tener la aplicación de la psicología a esta clase de problemas. La clínica de Witmer ha continuado funcionando, a pesar de que la influencia ejercida por él fue siempre pequeña. En lo sucesivo, se hablará de “psicología clínica”, en un sentido amplio, cada vez que un psicólogo trate de ayudar concretamente a un individuo particular. Estos individuos han venido en busca del psicólogo porque se encuentran en dificultades. Esas dificultades particulares clasifican a muchos de ellos entre los “anormales”. De allí la tendencia que existe a confundir psicología clínica con psicología médica. En realidad, la persona normal tiene también problemas que pueden interesar al psicólogo clínico. El dominio de la psicología clínica queda reducido a los anormales y a veces, a aquellos anormales que van a consultar al psiquiatra, convirtiéndose entonces el psicólogo clínico en colaborador regular de aquél. El contenido más fundamental de la expresión “método clínico en psicología”, el que le atribuía Witmer, corresponde al examen de casos individuales. La necesidad de conocer toda la vida del sujeto, aparece en la primera década del siglo XX bajo la influencia del psicoanálisis. No es ésta la única influencia que se ejerce sobre el psicólogo clínico. La historia del método de la psicología clínica entonces puede resumirse básicamente en dos actitudes: a) examen histórico exhaustivo que conduce a un cuadro del caso y a un propósito sin límites precisos y, b) examen por tests que conduce a “perfiles” o a pronósticos bajo forma numérica. Las dos actitudes parecen corresponder a dos maneras de pensar, a dos tipos diferentes de intereses. Sin embargo, se va reconociendo cada vez más que el método psicológico práctico debe participar de ambas actitudes.



Corrientes clínico observacionales – Freud- Ficha 615
Freud había seguido la carrera de medicina.

El psicoanálisis es obra mía, dice Freud. Durante 10 años fui el único en ocuparme de él, y todo el disgusto que su aparición provocó cayó sobre mi, haciéndome contemporáneo de las más diversas críticas. Nadie puede saber mejor que yo lo que es el psicoanálisis, en qué se diferencia de los demás procesos de investigación psíquica y qué es lo que se puede aceptar bajo su nombre. El psicoanálisis es indiscutiblemente obra mía.

Al emplear el método catártico Breuer y Freud orientaban la atención del enfermo sobre la escena traumática, en la cual había surgido el síntoma, e intentaban adivinar el conflicto psíquico en ella latente y liberar el efecto reprimido. En esta labor descubrieron aquel factor característico de los procesos psíquicos de la neurosis, al que luego Freud dio el nombre de REGRESIÓN. Esta “regresión” les fue conduciendo cada vez más atrás; les condujo a ocuparse del pasado del enfermo. Es decir, las asociaciones del enfermo retrocedían desde la escena que se trataba de aclarar a sucesos anteriores, y forzaban a nuestro análisis a ocuparse del pasado.

Esta dirección regresiva llegó a constituir un importante carácter del análisis, pues se demostró que el psicoanálisis no conseguía explicar nada actual, sino algo pretérito, pasado e incluso que todo suceso patógeno supone otro anterior que presta dicho carácter al suceso ulterior.

En el tratamiento de la enferma a la que hemos dado el nombre de “Dora”, me era conocida la escena que había motivado la explosión de la enfermedad actual, dice Freud. Infinitas veces me esforcé en llevar al análisis dicho suceso, no consiguiendo nunca sino la misma descripción incompleta. Sólo después de un largo rodeo, que atravesaba la más temprana infancia del paciente, surgió un sueño en cuyo análisis fueron recordados los detalles olvidados de la escena investigada, con lo cual se hizo posible la comprensión y la solución del conflicto actual. Ej.

El hecho de la transferencia cariñosa u hostil, de franco carácter sexual, emergente en todo tratamiento neurótico, a pesar de no ser deseada ni provocada por ninguna de las dos partes (Breuer-Ana), me ha parecido siempre la prueba más incontrastable de que las fuerzas impulsoras de las neurosis tienen su origen en la vida sexual. La teoría de la represión hace referencia a una resistencia que se opone a la labor analítica y provoca, para hacerla fracasar, amnesias parciales. Puede, por tanto, decirse que la teoría psicoanalítica es una tentativa de hacer comprensibles dos hechos: la transferencia y la resistencia. Éstos surgen de un modo singular e inesperado al intentar referir los síntomas patológicos de un neurótico a sus fuentes en la vida del mismo. Imp!

Toda investigación que reconozca estos dos hechos y los tome como punto de partida de su labor podrá ser denominada psicoanálisis. Estos dos hechos constituyen un resultado de la labor psicoanalítica.


  • Teoría traumática de la histeria: los enfermos atribuían sus síntomas a experiencias sexuales pasivas sufridas en su primera infancia: esto es, a una temprana seducción. El análisis nos había conducido por un camino correcto hasta tales traumas sexuales infantiles, que sin embargo, no eran ciertos. Si los histéricos refieren sus síntomas a traumas por ellos inventados, habremos de tener en cuenta este hecho de su imaginación de escenas traumáticas y conceder a la realidad psíquica, un lugar al lado de la realidad práctica. No tardamos en descubrir que tales fantasías se hallaban destinadas a encubrir la actividad auto-erótica de los primeros años infantiles, disimulándola y elevándola a una categoría superior. Detrás de estas fantasías apareció entonces la vida sexual en toda su amplitud.


RESUMIENDO: las neurosis tienen su origen en la vida sexual. Detrás de las fantasías se encuentra la actividad auto-erótica de los primeros años infantiles. Los pacientes imaginan escenas traumáticas, es decir, atribuyen sus síntomas a traumas por ellos inventados. Tal segura convicción de la existencia y significación de la sexualidad infantil no puede adquirirse más que por el camino del análisis y retrocediendo desde los síntomas.


  • Interpretación de los sueños: he comprobado/observado que la mayoría de los adversarios del psicoanálisis han evitado pisar este terreno. Mi propio análisis lo llevé a cabo con ayuda de una serie de sueños propios, que me condujeron a través de todos los acontecimientos de mis años infantiles.

La unión celebrada entre las escuelas de Viena y Zurich fue el primer puente entre la psicología experimental y el psicoanálisis. A partir de aquí se hizo ya imposible a los psiquiatras seguir ignorando el psicoanálisis.


Carl Jung: Lo inconsciente - Ficha Nº 633

Capítulo V Lo inconsciente personal y lo inconsciente colectivo
La trasposición es una proyección de contenidos inconscientes. Al principio se proyectan contenidos superficiales de lo inconsciente. En este estado el médico es interesante como posible amador. Luego aparece como el padre, según las cualidades que el verdadero padre del paciente tuviera para él. A veces el médico se le aparece también al paciente en forma maternal, algo extravagante. Todas estas proyecciones de la fantasía están apoyadas por reminiscencias personales.

Luego se presentan formas de fantasía, que tiene un carácter imposible. El médico aparece de pronto como dotado de cualidades siniestras o como un salvador. Más tarde todavía aparece como una mezcla incomprensible de ambos aspectos. Afloran a la superficie fantasías que representan así al médico. Cuando el paciente no puede advertir que es una proyección de su inconsciente propio, hay grandes dificultades que vencer.

A tales pacientes no les cabe en la cabeza que sus fantasías procedan de ellos mismos y no tengan que ver nada con el carácter del médico.

Se puede comprobar que semejantes fantasías fueron ya, en cierta época de la niñez, aplicadas al padre o a la madre.

En cada individuo, aparte de las reminiscencias personales, existen las grandes imágenes “primordiales”; son posibilidades de humana representación, heredadas en la estructura del cerebro.

En este segundo estadio de la trasposición, en que se reproducen esas fantasías, no basadas ya en reminiscencias personales (trátase de la manifestación de las capas más profundas de lo inconsciente).

Este descubrimiento conduce a la cuarta etapa de la nueva representación: el conocimiento de dos capas en lo inconsciente. Debemos distinguir un inconsciente: un inc.personal y un inc. Impersonal o sobrepersonal. Designamos también a este último con el nombre de inconsciente colectivo.

Las imágenes primordiales son los pensamientos más antiguos, generales y profundos de la humanidad.

Hemos encontrado el objeto, que la libido elige, después de haber superado la forma personal infantil de trasposición. La libido ahonda entonces más en lo profundo de lo inconsciente y anima allí lo que dormitaba desde edades primarias.

¿De dónde procede la nueva idea, que con fuerza tan elemental avasalla la conciencia? La idea de la energía y de su conservación tiene que ser una imagen primordial que dormitaba en el inconsciente colectivo.

Reanudaremos el proceso de trasposición. Hemos visto que la libido ha buscado su nuevo objeto precisamente en aquellas fantasías aparentemente extravagantes y absurdas; es decir, en los contenidos del inconsciente colectivo. Como ya he dicho, la proyección inadvertida de las imágenes primordiales en el médico es un peligro para el tratamiento ulterior.

Si el paciente no puede distinguir entre la personalidad del médico y estas proyecciones, se pierde toda posibilidad de comprensión, y la relación humana se hace imposible.

En la proyección oscilaba el enfermo entre una divinización enfermiza y un desprecio rencoroso de su médico. En la introyección incurre en una ridícula divinización de sí mismo, o en una laceración (traumatismo, lesión) moral de su propio yo. El error que en ambos casos comete consiste en atribuirse personalmente los contenidos del inconsciente colectivo. Así se considera a sí mismo como Dios y como diablo.

El concepto de Dios es una función psicológica, que no tiene nada que ver con la cuestión de la existencia de Dios. La existencia de Dios constituye definitivamente un problema imposible.

En todas partes se encuentra lo irracional, lo discordante con la razón. Y este elemento irracional es también una función psicológica; es precisamente lo inconsciente colectivo, mientras que la función de la conciencia consiste esencialmente en la razón.

No debemos identificarnos con la razón, pues el hombre no es simplemente racional, ni puede serlo, ni lo será nunca. Lo irracional, ni puede ni debe ser explicado. Los dioses no pueden ni deben morir.

El paciente ha de saber distinguir lo que en su pensamiento es Yo y lo que es no-Yo, es decir, psique colectiva. La distinción entre el Yo psicológico y el no-Yo psicológico implica que el hombre, en su función del Yo, cumpla enteramente sus deberes frente a la vida, de suerte que sea un miembro útil de la sociedad humana.

Existe el peligro de ser absorbido por lo inconsciente, cuando la función del Yo no está afianzada.

Mientras hablamos de lo inconsciente colectivo, nos encontramos en una esfera y en una zona del problema que no entra en consideración para el análisis práctico de personas jóvenes o de personas que han permanecido largo tiempo infantiles. En los casos en que aún es posible la trasposición del padre y de la madre, más vale no hablar en absoluto del inconsciente colectivo y del problema de la oposición.

Pero cuando las trasposiciones paternas y las ilusiones juveniles han sido vencidas, entonces conviene hablar del problema de la oposición y del inconsciente colectivo.

Nos hallamos frente al problema de encontrar un sentido que haga posible la continuación de la vida.

El hombre tiene un doble fin: el primero es el fin natural, la generación de la descendencia. Cumplido este fin, comienza otra fase: la del fin cultural. Para obtener el primer fin nos ayuda la naturaleza y además la educación; para obtener el último fin, hay poco o nada que nos ayude. Pero en muchos domina la falsa ambición de ser de viejos lo mismo que de jóvenes. De aquí que para muchos sea el tránsito de la fase natural a la fase cultural sumamente difícil y amargo. Muchos se agarran a la ilusión de la juventud o, por lo menos, a sus hijos, para de esta manera salvar todavía un poco de ilusión. Se advierte esto especialmente en madres, que ponen el único sentido de su vida en sus hijos y creen caer en un vacío sin fondo cuando tienen que abandonarlos. No es de admirar que muchas graves neurosis, por lo tanto, se presenten al empezar el otoño de la vida. Es una especie de segunda pubertad o segundo período de lucha.

La transición de la primavera al otoño es una inversión de los antiguos valores.

El peligro de las radicales conversiones es que toda la vida anterior queda reprimida y con ello se produce un estado de desequilibrio.

Todo lo viviente es energía y descansa en la oposición. De aquí que la inclinación a negar todos los valores anteriores a favor de sus contrarios, es enfermiza.

Lo conveniente es, no rechazar en absoluto los anteriores valores, sino conservarlos, pero al mismo tiempo reconocer sus contrarios.

Cuando el hombre se encuentra frente a un obstáculo psicológico aparentemente invencible, retrocede; hace una regresión. Vuelve a los tiempos pasados, en que se encontraba en situación semejante, y trata de aplicar los medios que entonces le sirvieron. Pero lo que sirvió en la juventud es inútil en la vejez. Entonces la regresión se prosigue hasta la niñez y acaba por llegar al tiempo anterior a la niñez.

En suma: lo inconsciente tiene en cierto modo dos capas: primero, la personal, y segundo, la colectiva. La capa personal termina con los primeros recuerdos infantiles; lo inconsciente colectivo se extiende a la época pre-infantil, es decir, a los restos de la vida ancestral.

Cuando la regresión de la energía psíquica rebasa (propasar) la época pre-infantil, y llega a las huellas y sedimentos de la vida ancestral, entonces despiertan las imágenes mitológicas.

Hay que buscar un camino que abra comunicación entre la realidad consciente y la inconsciente.

Corrientes clínico observacionales – Alfred Adler

Psicología del individuo – Ficha Nº 621
Psicología comparada del individuo: procura crear la imagen de la personalidad unitaria como una de las variantes de las expresiones vitales singulares y de sus formas expresivas.

Lo que nos interesa en la práctica, y para la psicología de un modo casi exclusivo, es la línea que uno sigue.

Si conozco el objetivo de una persona sé, qué sucederá. En cambio, si sólo conozco las causas, los reflejos y la velocidad de reacción, la capacidad de atención y otras cosas similares, no sabré nada de lo que acontece en el ánimo de la persona en cuestión.

Mientras no conozcamos su línea de vida determinada por una meta, el conocimiento de todo su sistema de reflejos y de toda su constelación causal, no sería suficiente para permitirnos saber a ciencia cierta qué hará esa persona de inmediato.

No estamos en condiciones de pensar, de sentir, de querer, de obrar sin tener un objetivo en nuestra mente. Porque ninguna causalidad basta al organismo viviente para dominar el caos del futuro y evitar el desorden de que en tal caso seríamos víctimas.

El admitir un objetivo en la vida psíquica está de acuerdo con la realidad.

Si alguien quiere tratar con los fenómenos sin premisa alguna, el significado más profundo le quedará oculto.

La Psicología del individuo conduce a la tesis siguiente: no puede captarse o comprenderse ningún fenómeno psíquico sino como preparación para un objetivo.

La ventaja que, para la compresión psicológica, deriva de nuestro punto de vista, resulta evidente cuando caemos en la cuenta de la multiplicidad de significados posibles de un proceso psíquico extraído de su nexo. Tomemos el ejemplo de una persona de “mala memoria”. Admitamos que sea consciente de esa deficiencia y que el examen acuse una escasa capacidad de atención para sílabas sin sentido. Basándonos en el uso tradicional de la psicología, se debería formular el juicio siguiente: esta persona sufre de una deficiencia, congénita o adquirida, de la capacidad de atención. Digamos de paso que en este tipo de exámenes, el diagnóstico expresa, con otras palabras, lo que ya estaba en la premisa. Por ejemplo, en este caso: si una persona recuerda únicamente pocas palabras, si tiene mala memoria, “sufre una deficiente capacidad de atención”.

El modo de proceder de la Psicología del Individuo es completamente distinto. Una vez descartadas las causas orgánicas, se plantea la pregunta: ¿a qué tiene la debilidad de la memoria? ¿Qué quiere lograr? Este objetivo se nos revela únicamente tras un conocimiento íntimo de todo el individuo, pues la comprensión de una parte sólo resulta de la comprensión del todo. Entonces descubriremos, por ejemplo que esta persona intenta demostrarse a sí misma y a los demás que debe evitarse una acción o una decisión. Así, la falta de memoria quedaría desenmascarada como tendenciosa, y se revelaría su significado como una lucha contra la derrota.

En nuestro examen esta deficiencia tiene una función que sólo podrá comprender si se la refiere a toda la personalidad.

Para dar un ejemplo más: una señora sufre de accesos de angustia que se repiten periódicamente. A falta de una explicación más convincente, solía suponerse meramente una degeneración hereditaria, etc. O se buscaba en su pasado un acontecimiento terrorífico, un trauma, que habría sido la causa de la enfermedad. Empero, si estudiamos a este individuo y seguimos sus líneas directrices, descubriremos, por ejemplo, una excesiva aspiración de dominio que también usa de la angustia como arma de agresión., cosa que puede ocurrir, por ejemplo, cuando el marido quiere salir de casa sin autorización.

Nuestra ciencia exige un procedimiento estrictamente individualizador y no gusta de las generalizaciones. Una vez comprendido el objetivo de un movimiento psíquico o de un plan de vida, cabe esperar una completa relación entre cada uno de los movimientos parciales, de una parte, y el objetivo y el plan de vida, de otra.

Esta tesis tiene muy amplia validez. También invirtiéndola conserva su valor: los movimientos parciales, al ser comprendidos, deben reflejar en su conjunto un plan de vida unitario y su objetivo final.

De este tender hacia un objetivo que el individuo establece para sí, resulta la unidad de la personalidad.

La dinámica de la vida psíquica se encuentra por igual en las personas sanas como en las enfermas. No existen diferencias fundamentales en cuanto al acto de darse un objetivo y un plan de vida adecuado a él.

Permítaseme, pues, hablar de un objetivo humano general. De la observación precisa se deriva que la premisa fundamental para una mejor comprensión de cualquier movimiento psíquico, es que ellos tienden a un objetivo de superioridad.

Sea que quiera ser artista o el primero en su profesión, siempre se halla conducido por su afán de superioridad, por su afán de sentirse semejante a Dios.

Este objetivo de la superioridad absoluta (la semejanza con Dios), no es alcanzable en este mundo. Considerado en sí mismo pertenece al dominio de las “ficciones” o “fantasías”.

Este objetivo ficticio de superioridad constituye la premisa fundamental de nuestra vida, guía nuestro hacer y obliga a nuestro espíritu a perfeccionarse.

Este objetivo de superioridad sólo se manifiesta claramente en los momentos de exigencias y de aspiraciones.

Toda actividad “física” o “mental”, dejará ver claramente su origen en el afán de poder.

Si cada uno tiene un ideal de superioridad tendrán que observarse fenómenos orientados a suprimir y disminuir a los demás. Los sentimientos hostiles se hallan a menudo tan ocultos que, su poseedor podrá sorprenderse o irritarse si alguien se los señalase.

El afán de poder se desarrolla en forma encubierta, procurando imponerse secreta y astutamente, a través de los cauces que le impone el sentido social.

Traeré a colación otro ejemplo para mostrar con mayor precisión de qué manera los neuróticos se fijan un objetivo. Un hombre extraordinariamente dotado, que con su gentileza y sus buenas maneras se había conquistado el favor de una joven de mucho valer, pensó casarse con ella. Al mismo tiempo asediaba a la joven con un pesado ideal de educación que le imponía gravísimos sacrificios. Durante un cierto tiempo la joven soportó el intento de satisfacer sus desmesuradas exigencias, hasta que, para evitar pruebas ulteriores, rompió las relaciones. El hombre en cuestión sufrió entonces un colapso nervioso. El examen psicológico individual del caso mostró que el objetivo de superioridad a que tendía el paciente, excluía la posibilidad de matrimonio y lo condujo a provocar esa ruptura.

Esta falta de confianza en sí mismo databa de su más temprana infancia. De aquel período retenía una imborrable impresión: la de no ser suficientemente varonil y la de no estar a la altura que exige enfrentar a una mujer.



En realidad es el sentimiento de inferioridad infantil agravado por una infortunada relación con la madre, el que impide a que el paciente intente nuevamente luchar contra la mujer. El fin es procurarse un triunfo sobre un sujeto femenino adecuado. De ahí la inevitable ruptura. Esta ruptura no “no le ha ocurrido” al paciente; se la ha arreglado artísticamente “arreglito” para el cual se ha valido de los viejos recursos brindados por su experiencia con la madre.

La explicación de este fenómeno implica la existencia del “orgullo tremendo”. Existen dos formas de orgullo. La primera desde adentro de la persona que la empuja hacia delante; la segunda, enfrentada a la persona, la empuja hacia atrás. Comúnmente los neuróticos se encuentran en esta segunda posición y son en ellos muy escasos los rasgos de la primera forma. Con el “arreglito” se han obstaculizado el camino que lleva hacia adelante. En lugar de ocuparse de sus relaciones con el mundo exterior, llegan a ocuparse sólo de sí mismos.
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