Representaciones sociales de la violencia en el noviazgo en estudiantes universitarios chilenos



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REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS CHILENOS



Resumen

La presente investigación tuvo por objetivo describir la representación social de la violencia en el noviazgo y factores demográficos asociados, en jóvenes estudiantes de la Universidad Santo Tomás sede Temuco, Chile. Se utilizó un diseño mixto cualitativo-cuantitativo. La muestra estuvo compuesta por 279 estudiantes de diferentes carreras universitarias, quienes respondieron al instrumento de Redes Semánticas Naturales, siendo “violencia en el pololeo” (1) la frase estímulo. Los resultados muestran que la categoría “golpes” corresponde al núcleo figurativo de las representaciones sociales, seguido por “factores psicológicos” entre los que se destacan miedo, angustia, llanto e inseguridad. Se discuten los resultados, resaltando aspectos como la homologación de violencia de pareja a violencia física en la población estudiada, y aspectos prácticos referidos a sugerencias de intervención en este  tema.


Palabras clave: violencia en el noviazgo, representación social, jóvenes, Chile

(http://www.wordreference.com/sinonimos)

Abstract

The present research aimed to describe the social representations of intimate partner violence and other socio-demographic variables, among undergraduate students of Santo Tomas University of Temuco, Chile. Quantitative and qualitative mixed design was used, and the sample was composed of 279 students from different university careers, who answered to the Natural Semantic Networks tool, being "intimate partner violence" the stimulus phrase. The results show that the category "beats" correspond to the figurative nucleus of social representations, followed by "psychological factors” like fear, anguish, crying and insecurity. Results show that violence in intimate relationships is made equal to physical violence in the sample studied, and practical considerations are suggested for intervention.


Keys words: intimate partner violence, social representation, youngs, Chile

Resumo

Esta investigação tem como objetivo descrever a representação social da violência no namoro e fatores demográficos associados, em jovens estudantes da Universidade Santo Tomás, em Temuco, Chile. Foi utilizado delineamento misto qualitativo quantitativo. A amostra foi composta por 279 estudantes de diferentes carreiras universitaria,respondendo instrumento das redes semânticas naturais, onde "a violência no namoro" o estímulo frase. Os resultados mostram que a categoria "batendo" é o núcleo figurativo das representações sociais, seguido por "fatores psicológicos", incluindo medo, ansiedade, insegurança e o choro. Os resultados são discutidos, destacando questões como a aprovação de violência física por parceiro íntimo na população estudada, e os aspectos práticos relacionados com sugestões de intervenção sobre esta questão.

Palavras chave: violência no namoro, representações sociais, juventude, Chile

Tabla de contenidos

1. Introducción

2. Método

3. Resultados

4. Discusión

5. Referencias

Introducción

En las últimas décadas, se ha observado un auge en la investigación de la llamada “violencia en el noviazgo”, dado que surge como una problemática importante vivenciada por los jóvenes en varios países. Hamby y Turner (2013), definen la violencia en el noviazgo en adolescentes como “un comportamiento con agresión perpetrado por un novio o pareja contra su pareja íntima” Otros autores consideran que “la violencia en el noviazgo se puede definir como el abuso físico, emocional y sexual en una relación romántica estable donde no existen vínculos legales ni cohabitación”; diferenciándose de la relación de pareja adulta en la duración de la relación y la cohabitación (Ruiz y Fawcett, 1999).

En relación a la prevalencia, Bonomi, Anderson, Nemeth, Buettner & Rivara (2013) señalan que aproximadamente el 36% de los varones y entre el 44% y el 88% de las mujeres han experimentado victimización en la pareja a lo largo de varios años. Por otra parte, Shorey, Febres, Brasfield, Zucosky, Cornelius & Stuart (2013) señalan que cada año el 20 a 30% de las mujeres jóvenes experimentan agresiones físicas y 70 a 90% una experiencia de agresión psicológica. Valls, Puigvert y Duque (2008), refieren que los estudios en diversos países occidentales muestran que la prevalencia de violencia física en las relaciones de pareja en el noviazgo es mayor que la perpetrada en las relaciones de pareja de convivencia estable.

En Chile, la Séptima Encuesta Nacional de la Juventud (INJUV, 2013) señala que los jóvenes chilenos, entre 15 a 29 años declaran en un 16% haber experimentado violencia en su relación de pareja, cifra que aumenta a 30% cuando se consulta por “conductas de control”, que los jóvenes no asumen como conductas violentas, pero que son una forma de violencia psicológica (Cortés-Ayala, Flores, Bringas, Rodríguez-Franco, López-Cepero y Rodríguez, 2015).


Algunos estudios de prevalencia realizados en Chile en población universitaria, muestran cifras que fluctúan entre que un 57% a 61% para la violencia psicológica y 26% a 31% para violencia física en sus relaciones de pareja (Vizcarra y Poo, 2011; Saldivia y Vizcarra, 2012).
Como factores de riesgo de la violencia en el noviazgo, se han descrito factores personales como baja autoestima, depresión y consumo de drogas (Foshee, Bauman, Linder, Rice & Wilcher, 2007; Vèzina y Hebert, 2007; Fernández-González, Wekerle y Goldstein, 2012) y factores contextuales, como ser testigo de violencia en la infancia (Bonomi, Anderson, Nemeth, Buettner & Rivara, 2013), y vivir en un contexto comunitario de violencia (Vézina y Hebert, 2007)
Cheung, Leung & Tsui (2009), hacen alusión a que las medidas de búsqueda de ayuda en la violencia de pareja en jóvenes están influenciadas por la percepción social, en donde se pone demasiado énfasis en la capacidad física de los hombres para repeler acciones violentas, así como las expectativas de la sociedad hacia la capacidad financiera y física de los hombres para resolver sus propios asuntos. Desde esta perspectiva, existen roles que la sociedad espera que se ejerzan de cierta forma: se espera que los hombres ejerzan más violencia y que las mujeres sufran más violencia (Dutton, 2010).

Sin embargo, numerosos estudios reportan victimización en ambos géneros, y niveles de violencia equivalentes o incluso mayor victimización en hombres (Moral de la Rubia y López, 2013). Otras investigaciones sugieren que las mujeres pueden ser más propensas a cometer agresión física en la relación de noviazgo que sus homólogos masculinos (Shorey, Zucosky, Febres, Brasfield & Stuart, 2013). Esto estaría dado por la dinámica de la violencia en la pareja en jóvenes, que se caracterizaría por ser bidireccional o cruzada, ya que en estas relaciones se daría un mayor equilibrio de poder, al no existir dependencia económica ni cohabitación (Saldivia y Vizcarra, 2012; Cortés-Ayala y otros, 2015).

Cabe señalar los efectos negativos que la violencia de pareja en jóvenes trae consigo. Varios investigadores han encontrado una asociación significativa entre la participación de los jóvenes en relaciones violentas de pareja y una menor autoestima y/o autoconcepto más negativo (Fernández- González et al., 2012). También se asocia con problemas de salud mental, abuso de sustancias, conductas de control de peso, conductas sexuales de riesgo y problemas escolares (Silverman, Raj, Mucci & Hataway, 2001; Shorey et al., 2013).

Los discursos de la violencia son relativos a tiempos y sociedades específicas que generan modalidades y valores distintos para definir confrontaciones, situaciones, interacciones y causas. Se encuentran siempre solapados con otros discursos equivalentes sobre la raza, los grupos étnicos o el género, conformando en su totalidad los rasgos definitorios de una cultura, no existiendo una única o simple entidad a la que podamos llamar agresión, sino un complejo abanico de diferentes acciones que bajo las circunstancias locales apropiadas llevarán a que se use el término agresión en la explicación (Domènech e Íñiguez, 2002).

Es por esto que es necesario poder visualizar cómo las construcciones sociales acerca del género y otras variables sociales están presentes en el sistema de creencias de los jóvenes y en su comportamiento en sus relaciones de pareja. En este sentido, las construcciones sociales están relacionadas con las representaciones sociales, que Araya (2002) define como “lo que aprehendemos, los acontecimientos de la vida diaria, las características de nuestro medio ambiente, las informaciones que en él circulan, a las personas de nuestro entorno próximo o lejano (…) Este conocimiento se constituye a partir de nuestras experiencias, pero también de las informaciones, conocimientos y modelos de pensamiento que recibimos y transmitimos a través de la tradición, la educación y la comunicación social. De este modo, ese conocimiento es en muchos aspectos un conocimiento socialmente elaborado y compartido”. (Ibid, op.cit 11).

La condición humana basa su sentido de existencia en la interacción social. A través de ésta es que los seres humanos llegan a consensos de significados, denominando los elementos de la realidad, para así construir un espectro de realidad determinada y poder experimentar de manera natural la vida en sociedad, aunque se encuentren ante un contenido nuevo, ya que éste se integra para ser naturalizado y reconstruido, para ampliar la compresión de un fenómeno social. Es así que los significados se constituyen en recursos o herramientas que orientan al individuo para poder enfrentar los distintos ámbitos de la vida social, es decir, estos significados son mediatizadores de comportamiento (Valdez, 1998).

Jodelet (en Moscovici, 2002) señala que las representaciones sociales están constituidas por una estructura conceptual llamada núcleo figurativo, que se forma a través de los procesos de objetivización y anclaje. La objetivización se refiere al proceso en que las personas toman una información del contexto y la acomodan a sus estructuras cognitivas para hacerlas comprensibles en su visión de mundo. Por otra parte, el anclaje es el proceso en que esta transformación cognitiva se “fija” en las estructuras cognitivas previas, transformando a su vez estas estructuras. (Ibid, op cit 482).

Araya (2002), señala que las representaciones sociales constituyen sistemas cognitivos en los que es posible reconocer la presencia de estereotipos, opiniones, creencias, valores y normas que suelen tener una orientación actitudinal positiva o negativa. Se constituyen, a su vez, como sistemas de códigos, valores, lógicas clasificatorias, principios interpretativos y orientadores delas prácticas, que definen la llamada conciencia colectiva, la cual se rige con fuerza normativa en tanto instituye los límites y las posibilidades de la forma en que las mujeres y los hombres actúan en el mundo. (Ibid, op cit 11)


El abordaje de las representaciones sociales posibilita, por tanto, entender la dinámica de las interacciones sociales y aclarar los determinantes de las prácticas sociales, pues la representación, el discurso y la práctica se generan mutuamente De lo anterior se deriva la importancia de conocer, desentrañar y cuestionar el núcleo figurativo de una representación social, alrededor del cual se articulan creencias ideologizadas, pues ello constituye un paso significativo para la modificación de una representación y por ende de una práctica social. (Araya, 2002)
No obstante, con respecto a las representaciones sociales de la violencia de pareja en jóvenes, no existen muchas investigaciones. Un estudio preliminar realizado por Saldivia (2011) en Chile, señala con respecto a esta temática que para los jóvenes, la violencia de pareja está íntimamente relacionada con “golpes”, vale decir, violencia física, minimizando otros aspectos como la violencia psicológica, lo que implica que pudiera existir una cantidad importante de jóvenes que estén experimentando violencia en sus relaciones de pareja, pero no se perciban como víctimas o perpetradores. Este hallazgo es similar a lo planteado por otros investigadores, en cuanto a la naturalización e invisibilización de la violencia psicológica en la relación de pareja en los jóvenes (Poo y Vizcarra, 2008; Rey- Anacona, 2013; INJUV, 2013; Cortés-Ayala y otros, 2015)

Por lo anteriormente señalado, es que el objetivo de esta investigación es describir las representaciones sociales de la violencia en la pareja en jóvenes, en estudiantes de la Universidad Santo Tomás. La hipótesis, basada en los resultados de Saldivia (2011), es que el núcleo figurativo de la Representación Social de la Violencia en el Noviazgo será la violencia física (“golpes”), identificándose a la violencia física como equivalente a la violencia en el noviazgo.



Método

Participantes

En este estudio participaron un total de 279 estudiantes de un total de 1294 estudiantes de las carreras de pregrado de la Universidad Santo Tomás, sede Temuco, en el año 2015. El tamaño muestral fue determinado con un 95% de nivel de confianza, un 5% de error. Los participantes fueron seleccionados a través de un muestreo probabilístico estratificado, proporcional a las carreras, ya que éste divide a la población en segmentos y, por consiguiente, se selecciona una muestra para cada uno de ellos. (Hernández, Fernández y Baptista, 2010). La participación fue anónima y voluntaria.

Los criterios de inclusión de la muestra fueron los siguientes:


  • Ser alumno regular de pregrado a la Universidad Santo Tomás Sede Temuco.

  • Tener entre 18 y 29 años de edad, ambas inclusive.

La muestra estuvo constituida por 84 hombres (30,1%) y 195 mujeres (69,9%). Un 32,6% se encuentra entre los 18 y 19 años de edad, un 27,6% se encuentra entre los 20 y 21 años y un 39,8% corresponde a 22 o más años. Un 21,5% pertenece a la carrera de Enfermería, 17,2% a Kinesiología, 15,8% a Tecnología Médica, 11,1% a Psicología, 10% a Nutrición y Dietética, 9% a Pedagogía en Educación Diferencial, 7,9% a Medicina Veterinaria, 3,6% a Pedagogía en Inglés, 2,2% a Pedagogía en Educación Física y 1,8% a Pedagogía Básica. Referente a la pertenencia étnica, se encuentra que el 20,1% de la muestra se autoidentifica como mapuche y el 79,9% se considera no mapuche.

Instrumento

Se utilizó la técnica de Redes Semánticas Naturales, construido por Figueroa, Gonzales y Solís, (Valdez, 1998) la cual consiste en una frase estímulo, en este caso, “Violencia en el Pololeo”, que los participantes deben asociar a conceptos (verbos, sustantivos, adjetivos), con un mínimo de cinco y un máximo de 15 palabras, para luego jerarquizarlos en orden de importancia, y así poder extraer las representaciones sociales de la violencia de pareja en jóvenes. (Valdez, 1998)



Procedimiento

A los estudiantes seleccionados los investigadores les explicaron el objetivo general del estudio, solicitando su participación voluntaria. Se les entregó un consentimiento informado, aprobado por el Comité de Ética Científica de la Universidad Santo Tomás, en donde se explicita la garantía del anonimato y la confidencialidad de la información quedando una copia en poder de los participantes y otra para los investigadores.

Con el fin de asegurar los resguardos éticos de la investigación, se les señaló a los participantes, que en el caso de sentirse afectados por la temática tratada, se ofrecía una orientación y derivación correspondiente al Centro de Atención Psicológica de la Universidad Santo Tomás, sede Temuco.

Posteriormente se aplicó un cuestionario donde se incluyeron variables sociodemográficas, como edad, género, carrera y etnia. La duración total de la aplicación del instrumento fue de 30 minutos aproximadamente.



Análisis de datos

Para el análisis de datos recogidos por medio de la técnica Redes Semánticas Naturales, se calcularon los cuatro valores principales:

I.- Valor J: este valor resulta del total de las palabras definidoras que fueron generadas por los sujetos para definir al estímulo en cuestión. Es un indicador de la riqueza semántica de la red. De tal manera, que a mayor cantidad de palabras definidoras obtenidas, mayor será la riqueza de la red y viceversa.

II.- Valor M: este valor es el resultado que se obtiene de la multiplicación que se hace de la frecuencia de aparición por la jerarquía obtenida para cada una de las palabras definidoras generadas por los sujetos. Es un indicador del peso semántico obtenido para cada una de las palabras definidoras obtenidas.

III.- Conjunto SAM: este conjunto corresponde a las quince palabras definitorias con los mayores valores M totales. Es un indicador que permite identificar las palabras definitorias que conforman el núcleo central de la red, ya que, es el centro mismo del significado que se tiene de un concepto.

IV.- Valor FMG: Este valor se obtiene de todas las palabras definitorias del conjunto SAM, a través de una regla de tres, tomando como punto de partida que la palabra definitoria con el valor M más grande, representará el 100%. Este valor es un indicador porcentual de la distancia semántica que hay entre las diferentes palabras definitorias que conforman el conjunto SAM (Valdez, 1998).

El cálculo de estos cuatro valores conduce a la obtención del núcleo figurativo de la representación social, cuya interpretación debe hacerse a nivel cualitativo, ya que el valor jerarquizador del concepto cuyo valor M es el mayor, no corresponde a una valoración cuantitativa, sino que responde a la carga experiencial, afectiva y de reconstrucción semántica que produce esta técnica en el sujeto respecto del estímulo definido (Valdez, 1998).

En una segunda etapa, se exploró la relación entre las variables sociodemográficas investigadas: género, carrera, etnia y edad y las categorías con mayor peso semántico de las representaciones sociales de la violencia en el noviazgo, para lo cual se usó la prueba estadística Chi cuadrado por medio del programa SPSS versión 19 para Windows.



Resultados

El resultado del análisis de las representaciones sociales de la violencia de pareja en jóvenes muestra que la categoría “golpes” corresponde al núcleo figurativo, pues ella obtiene el mayor peso semántico representado por 100% (ver Figura 1); inmediatamente se describen, como atributos esenciales, factores psicológicos como el miedo, angustia, llanto e inseguridad, con un peso de 92,5%. Como atributos secundarios, se encuentran el control/dominación con 78- 58%, y como atributos periféricos están las categorías insultos con un 49,7% y agresividad/agresión con un 38,7% (ver Figura 1).



Figura 1

Representación Social de la Violencia en el Noviazgo

Se confirma así la hipótesis de este estudio, que señala que “golpes” es el núcleo figurativo de la representación social de la violencia en el noviazgo en los jóvenes universitarios participantes.

Mediante la prueba de independencia de Chi-cuadrado, aplicada a los variables género, etnia y edad, asociadas al núcleo figurativo “golpes” se encontró que no hay diferencias ni variaciones asociadas a la frecuencia de la respuesta. Esto quiere decir que la frecuencia de respuesta para la variable género es similar: hombres 28.6%, mujeres 35,4% (p=0.333) (Ver Tabla 1).

Tabla 1


Relación entre categoría golpes y variables género, etnia y edad

Hombre 24 (28,6%) Mujer 69 (35,4%) 1

Mapuche 17 (30,4%) No Mapuche 76 (34,1%) 2

(18-19) 29 (31,9%) (20-21) 26 (33,8%) (22 o más) 38 (34,2%) 3

Nota 1: n=279, χ²= 1,226, p = 0,333

Nota 2: n=279, χ²= 0,279, p= 0,638

Nota 3: n=279, χ²=0,935, p=0,935
Para la variable etnia tampoco resultó significativa (mapuche 30,4%, no mapuche 34,1%) (p=0,638) (Ver Tabla 2).

En tanto, en la variable edad tampoco resultó significativa (18-19 años 31,9%, 20-21 años 33,8%, 22 o más años 34,2%) (p=0,935) (Ver Tabla 2).

Tabla 2

Relación entre factores psicológicos y variables género, etnia y edad



Hombre 7 (8,3%) Mujer 24 (12,3%) 1

Mapuche 9 (16,1%) No Mapuche 22 (9,9%) 2

(18 – 19) 9 (9,9%) (20 – 21) 11 (14,3%) (22 o más) 11 (9,9%) 3

Nota 1: n=279, F=0,409

Nota 2: n=279, F= 0,232

Nota 3: n=279, p= 0,581

Con respecto a la variable carrera, las que tienen un mayor porcentaje de respuestas “golpes” son Enfermería, con un 43,3%, Nutrición y Dietética, con un 42,9% y Psicología con 35,5%.

Discusión

Tal como el estudio anterior realizado por Saldivia (2011), se encontró que el núcleo figurativo de las representaciones sociales de la violencia de pareja en jóvenes (la categoría que tiene mayor peso semántico), corresponde a “golpes”. Esto resulta preocupante debido a que los jóvenes siguen manteniendo la creencia de que la violencia en la pareja equivale a violencia física, lo cual significa que muchos jóvenes pueden estar siendo víctimas y/o victimarios de otras manifestaciones de violencia en una relación de pareja, sin que se den cuenta de ello. Lo anterior es consistente con los altos porcentajes de prevalencia encontrados en los jóvenes chilenos (Vizcarra y Poo, 2011; Saldivia y Vizcarra, 2012)

Como atributo esencial de las representaciones sociales de la violencia en el noviazgo, se encuentran “factores psicológicos”, que pueden corresponder a consecuencias o efectos de la violencia en la pareja, lo que muestra que los jóvenes visualizan los aspectos psicológicos como consecuencia de la violencia física, y no como otro tipo de violencia o como resultado de otro tipo de violencia (emocional, conductas de control, violencia sexual.

Como atributo secundario, se encuentra la categoría “control/dominación”, en el que se representa la visualización del control como un aspecto de la violencia, pero al no ser un atributo esencial se puede decir que el riesgo que presentan los jóvenes es no identificarlo como violencia en la pareja en jóvenes, lo cual concuerda por lo dicho por diversos autores (Herrman, 2009; Saldivia, 2011; Cortés-Ayala y otros, 2015). Herrman (2009), describe ciclos de violencia relacionados con el ejercicio del poder y control sobre otra persona, lo que puede significar que hay jóvenes que viven control y dominación en sus relaciones de pareja como un tipo de violencia psicológica y no se dan cuenta de esta vivencia, ya que en nuestra cultura se naturalizan estas situaciones como parte de lo que ocurre normalmente dentro de una relación de pareja, influidos fuertemente por el machismo predominante en el contexto latinoamericano (Rey-Anacona, 2013, Cortés-Ayala y otros, 2015), comprendiendo además que estas dinámicas sociales situadas en una relación de dominación se transforman en actos de reconocimiento y sumisión (Bourdieu, 2000). Dentro de la representación social de las relaciones de pareja que tienen los jóvenes entonces, se encuentran las conductas de control, normalizándolas, con las consecuencias que ello trae a nivel psicológico y social en la etapa adulta.

Como atributo periférico se encuentra la categoría “insultos”, en donde la lejanía semántica de este concepto indica que los jóvenes no lo asocian con violencia en el noviazgo, lo cual muestra que esta práctica se encuentra naturalizada, por el habitus (Bourdieu, 2000), dentro de las relaciones de pareja y en el contexto cultural juvenil en Chile, por lo tanto aquellos que vivencian estas situaciones, no perciben que viven un tipo de violencia, replicándose en la vida adulta, tal como señalan Bouchey y Furman (2003). Los patrones de relaciones en conflicto que se establecen durante la adolescencia se pueden reproducir en edad adulta, trayendo consecuencias sociales y en la vida anímica (Bouchey y Furman, 2003). Fernández-González y otros (2012), señalan que la participación de jóvenes en relaciones violentas de pareja tiene relación directa con autoestima y autoconcepto negativo, y conductas de abuso de alcohol y drogas, con las consecuencias que ello puede traer en el presente y en la etapa adulta

Como segundo y último atributo periférico, se encuentra la categoría “agresividad/agresión”, donde se evidencian consecuencias de la violencia en el noviazgo y cualquier tipo de hostilidad percibida. Al configurarse como una categoría que incluye diversas manifestaciones no se puede precisar cuáles de éstas se practican con mayor frecuencia y que tipos de conductas ellos califican de “agresión”, requiere entonces continuar investigando con otras técnicas cualitativas para indagar en estos significados específicos que ellos denominan “agresión”. En cuanto a la relación entre variables sociodemográficas y categorías de violencia en el noviazgo con mayor peso semántico, se observa que no se encuentran diferencias en las creencias entre hombres y mujeres, lo que se constituye en un hallazgo, ya que los “golpes” se asocian a la violencia en el noviazgo de manera similar en ambos géneros. Al respecto, hay investigaciones que corroboran lo anterior; Moral de la Rubia y López (2013) en un estudio realizado con varones y mujeres concluyen que se espera niveles de violencia equivalentes o incluso mayor victimización en hombres. Así como también en lo que se refiere a porcentajes de prevalencia en roles de víctima y perpetrador, “hombres y mujeres son tanto víctimas como perpetradores de violencia en el noviazgo (Herrman, 2009).

Una posible explicación a esta situación de similitud en las creencias de la violencia en el noviazgo podría enfocarse en los cambios culturales impulsados en Chile a partir de la década de 1990, donde la mujer participa cada vez más en la esfera pública, posicionándose como un igual frente al género masculino.

Desde la perspectiva de género se señala que “las mujeres con mayor frecuencia causan daño y abuso psicológico, los hombres son más propensos a cometer abuso físico y sexual” (Herrman, 2009), por lo que se esperaría que las mujeres asociaran más los golpes a la violencia en el noviazgo que los hombres, porque ellas serían quienes son víctimas en mayor medida de violencia física, e acuerdo a este autor. Leal, Reinoso, Rojas y Romero (2010), refieren que las mujeres presentan mayores índices de violencia física, psicológica y social, en tanto que los varones presentan mayor índice de violencia sexual ejercida. No solo desde la perpetración de la violencia existe esta distinción por género, sino que también desde los elementos identificadores de la violencia, los hombres definen la violencia basados en la intención de causar dolor en lugar de que sea un accidente o si hay enojo detrás de él. En contraste, las mujeres juzgan un episodio como violento si este resulta en malestar físico, daño emocional o miedo (Herrman, 2009).

En cuanto a etnia y edad tampoco se encuentran diferencias significativas respecto a la configuración de la representación social, demostrando así una visión homogénea de este sector de la población en donde las creencias se perfilan hacia un significado similar. Esto posiblemente está dado por la fuerte aculturación que viven los jóvenes mapuche que están insertos en el ámbito de la educación superior, y en general en la sociedad chilena; o también, podría plantearse a modo de hipótesis, que los jóvenes mapuche poseen valores similares a los jóvenes chilenos en cuanto a la representación social de la violencia en la pareja En cuanto a la variable carrera, son estudiantes de las carreras de Enfermería, Nutrición y Psicologia quienes asocian en mayor numero el núcleo figurativo “golpes” con violencia de pareja en jóvenes. No se puede explicar este resultado en base a los contenidos que se estudian en estas carreras, ni por representación muestral (dado que Nutrición y Psicología no están en las carreras con mayor representación muestral) por lo que queda como un aspecto a considerar en futuras investigaciones con estudiantes universitarios.

En cuanto a las limitaciones de este estudio, se puede mencionar que los resultados reflejan el contexto del sur de Chile, debiendo ampliarse líneas investigativas que se orienten a otras poblaciones de jóvenes situados en otros contextos socioculturales, así como jóvenes de enseñanza secundaria, de orientación homosexual, entre otros posibles. Se sugiere en futuras investigaciones, utilizar técnicas de metodología cualitativa como entrevistas en profundidad o grupos de discusión, para así identificar y reflejar de mejor forma las respuestas vertidas en la técnica de redes semánticas, profundizando en las creencias y representaciones que sostienen los jóvenes respecto a la violencia en el noviazgo.

Por otra parte, como sugerencia de intervención, se recomienda realizar intervenciones orientadas a la prevención de violencia verbal, conductas de control y otras de tipo psicológico, ya que esta categoría estaría naturalizada en nuestra sociedad, y no está siendo reconocida por los jóvenes como violencia, fomentando la cronicidad de este fenómeno. Otro foco de intervención, además de lo ya realizado en población universitaria, sería realizar intervenciones preventivas de violencia en el noviazgo en jóvenes secundarios, para así fortalecerlos durante la iniciación de su proceso de conformación de parejas y establecimiento de relaciones.

Finalmente, cabe señalar que la relevancia de continuar la investigación e intervención en la temática de violencia de pareja en jóvenes, pues al considerarse un problema de salud pública con alta prevalencia en los jóvenes, se constituyen en población de riesgo, pues las pautas relacionales tenderían a replicarse en la vida adulta (Bouchey y Furman, 2003). Si se aborda este fenómeno preventiva e integralmente, traerá como consecuencia la conformación de familias más saludables, donde se reproduzcan valores esenciales para una sociedad madura y estable, como el respeto, tolerancia, aceptación de la diversidad, afectos positivos y la validación de un otro con iguales derechos que promuevan el bienestar dentro de las relaciones de pareja.



Referencias

Araya, S. (2002). Las Representaciones Sociales: ejes teóricos para su discusión. FLACSO, Costa Rica.

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Bouchey, H. & Furman, W. (2003). Dating and romantic experiences in adolescence. Atachment and development. Extraido el 17 de Octubre de 2014 de http://www.du.edu/psychology/relationshipcenter/publications.html.

Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: Editorial Anagrama.

Cheung, M., Leung, P. & Tsui, V. (2009). Asian male domestic violence victims: services exclusive for men. Journal of Family Violence, 24, 447-462. DOI 10.1007/s10896-009-9240-9.Extraído el 09 de Septiembre de 2014 de http://ncfm.org/libraryfiles/Children/DV/Cheung.MaleVictim_resources.pdf.

Cortés-Ayala, L., Flores, M., Bringas, C., Rodríguez-Franco, L., López-Cepero, J. y Rodríguez, F. (2015) Relación de maltrato en el noviazgo de jóvenes mexicanos. Análisis diferencial por sexo y nivel de estudios. Terapia Psicológica, 33, 1, 5-12. DOI 10.4067/S0718-4808201500010000. Extraído el 23 de Junio de 2015 de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-48082015000100001

Domènech, M., e Íñiguez, L. (2002). La construcción social de la violencia. Athenea Digital, 2. Extraido el 29 de Agosto de 2014 de http://ddd.uab.cat/pub/athdig/15788946n2/15788946n2a7.pdf



Dutton, D., (2010). The gender paradigm and the architecture of antiscience. Partner Abuse, 1. DOI: http://dx.doi.org/10.1891/1946-6560.1.1.5. Extraído el 22 de Septiembre de 2014 de https://www.researchgate.net/publication/233617170_The_Gender_Paradigm_and_the_Architecture_of_Antiscience





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