Renovar nuestras comunidades cristianas



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DIÓCESIS DE PAMPLONA Y TUDELA,

BILBAO, SAN SEBASTIÁN Y VITORIA



RENOVAR

NUESTRAS COMUNIDADES CRISTIANAS




CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS DE PAMPLONA Y TUDELA,

BILBAO, SAN SEBASTIÁN Y VITORIA


CUARESMA­PASCUA, 2005



SUMARIO
INTRODUCCIÓN (n. 1)

  • Conversión y renovación (n. 2)

  • Una renovación a fondo (n. 3)

  • Los destinatarios de la Carta Pastoral (n. 4)

  • Estructura de la Carta (n. 5)



I.- RADIOGRAFÍA DE NUESTRAS COMUNIDADES ECLESIALES

1. Una mirada analítica (n. 6)

1.1. Los creyentes motivados y comprometidos (n. 6)

1.2. Los cristianos practicantes (n. 7)

1.3. Los practicantes ocasionales (n. 8)

1.4. Los alejados de la vida de la comunidad (n. 9)
2. Una aproximación global (n. 10)

2.1. Signos alentadores (n. 11)

2.1.1. En el ámbito estricto de la Iglesia (nn. 11-12)

2.1.2. En el amplio mundo religioso (nn. 13-14)

2.2. Signos preocupantes (n. 15)

2.2.1. Una crisis religiosa global (n. 15)



  1. Crisis de creencias (n. 16)

  2. Crisis de las normas morales (n. 17)

  3. Crisis de la práctica religiosa (n. 18)

  4. «¿Crisis de Dios?» (n. 19)

2.2.2. Un proceso de secularización interna (nn. 20-21)

2.2.3. Una institución eclesial debilitada (nn. 22-23)



II.- LAS RAÍCES DE NUESTRA ACTUAL SITUACIÓN


1. Un cambio primordialmente cultural (n. 24)
2. Cambios múltiples (n. 25)

2.1. Crisis de tradición (n. 25)

2.2. Crisis de instituciones (n. 26)

2.3. El individualismo (n. 27)

2.4. La tendencia nihilista de nuestra cultura (n. 28)

2.5. «Producir y consumir» (n. 29)


3. Las debilidades e infidelidades de la comunidad cristiana (n. 30)

3.1. El descuido de la experiencia de la fe (n. 30)

3.2. La difuminación de los contenidos nucleares de la fe (n. 31)

3.3. La crisis del seguimiento (n. 32)

3.4. El predominio de la ética sobre la fe viva (n. 33)

3.5. La tendencia a la fragmentación (n. 34)

3.6. Reacciones inadecuadas ante el impacto cultural (n. 35)


III.- LECTURA CREYENTE DE NUESTRA SITUACIÓN ECLESIAL


A) Algunas claves de lectura (n. 36)

  1. Una prueba dolorosa (n. 36)

  2. Un desafío colosal (n. 37)

  3. «Derribados, pero no abatidos» (n. 38)

  4. La Religión pervive (n. 39)

  5. El Espíritu actúa en el mundo y guía a la Iglesia (n. 40)

  6. Tiempo de conversión (n. 41)

B) Una espiritualidad para nuestra época (n. 42)



  1. Una espiritualidad de la confianza, no del optimismo (n. 42)

  2. Una espiritualidad de la fidelidad, no del éxito (n. 43)

  3. Una espiritualidad de la responsabilidad, no del culpabilismo (n. 44)

  4. Una espiritualidad de la esperanza, no de la nostalgia (n. 45)

  5. Una espiritualidad de la paciencia, no de la prisa (n. 46)

  6. Una espiritualidad del aprecio de lo pequeño, no de la ambición de lo grande (n. 47)

  7. Una espiritualidad de la sintonía, no de la distancia (n. 48)

  8. Una espiritualidad de la sanación, no de la condena (n. 49)



IV.- LAS CLAVES DE UNA VERDADERA RENOVACIÓN (n. 50)
1. Una fe ungida por la experiencia (n. 51)

1.1. Necesaria (n. 51)

1.2. Qué experiencia (n. 52)

1.3. Iniciar y reiniciar (n. 53)

1.4. Aprender a orar (n. 54)
2. Una fe trabajada por el seguimiento (nn. 55-56)
3. Una fe vivida en comunidad (n. 57)

3.1. ¿Colectividad o comunidad? (n. 57)

3.2. La comunidad es necesaria para vivir la fe (n. 58)

3.3. A imagen y semejanza de las comunidades del NT (n. 59)

3.4. Comunidades y comunidad (n. 60)

3.5. Hacia una mayor y mejor comunicación (n. 61)




  1. Una fe urgida a la evangelización (n. 62)

4.1. Nueva evangelización (n. 62)

4.2. Los motivos del impulso evangelizador (n. 63)

4.3. Los interlocutores de hoy (n. 64)

4.4. Cómo evangelizar (n. 65)

4.5. Con los pobres al fondo (n. 66)

V.- APUNTES PARA CONCRETAR NUESTRAS OPCIONES (n. 67)


  1. Un estilo pastoral renovado (n. 68)

1.1. Más espiritual (n. 68)

1.2. Más evangelizador (n. 69)

1.3. Más comunitario (n. 70)

1.4. Más corresponsable (n. 71)

1.5. Más personalizado (n. 72)

1.6. Cuidar a los evangelizadores (n. 73)




  1. Renovar las grandes tareas eclesiales (n. 74)

2.1. El servicio a la Palabra de Dios (n. 74)

2.2 La Celebración (n. 75)

2.3. La acción caritativa y social (n. 76)


  1. Remodelar algunas estructuras pastorales (n. 77)

3.1. Abrir la parroquia (n. 78)

3.2. Las Unidades Pastorales o supraparroquiales (n. 79)

3.3. El equipo pastoral o ministerial (n. 80)

3.4. Impulsar asociaciones y movimientos laicales (n. 81)



3.5. Reavivar y reinsertar los carismas de la vida religiosa (n. 82)

CONCLUSIÓN (n. 83)

INTRODUCCIÓN

1. La conversión a Jesucristo y a su Evangelio no es un episodio puntual y pasajero de la vida cristiana, sino un proceso constante y necesario. Son innumerables las páginas del Antiguo Testamento en las que somos invitados reiteradamente a convertirnos a Dios.1 Jesús inaugura su ministerio público con el mismo mensaje: «El Reino de Dios está llegando: convertios y creed en el Evangelio».2 La llamada enérgica de Jesús es repetida con alta intensidad y frecuencia a lo largo de todo el Nuevo Testamento.3 Vivir en cristiano consiste en convertirse continuamente. Este axioma es válido para las personas, las comunidades y las mismas instituciones de la comunidad del Señor.
Hay una época del año litúrgico en la que se vuelve más explícita y apremiante la llamada de Dios a la conversión: la Cuaresma. En ella, Dios mismo, a través de la Iglesia, nos ofrece más abundantemente su Palabra, la gracia del Sacramento de la Reconciliación, la Eucaristía que consolida nuestro retorno al Señor. En ella, la Iglesia nos exhorta a orar más y mejor, a practicar la austeridad que nos hace más sensibles ante la voz de Dios y a desprendernos más generosamente de nuestros bienes en favor de los necesitados. La Cuaresma es, pues, «tiempo fuerte» de conversión.4





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