René guénon



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Le Roi du Monde (N. del T.).


19 Tchuang-Tsé, cap. I; trad. del P. L. Wieger, p. 213. El emperador Yao reinó, se dice, en el año 2356 antes de la era cristiana.


20 Apenas debería ser necesario el hacer observar que ese “no-actuar” nada tiene en común con un “quietismo” cualquiera.


21 Véase el artículo del Sr. Charbonneau-Lassay sobre este tema (enero de 1926), y también el final de nuestro artículo de marzo de 1926.


22 Le Coeur rayonnant du donjon de Chinon, 21.


23 Vulson de la Colombière, La Science Héroïque, cap. XIII, p. 115, fig, XXXIV.

1 Se trata de las “columnas” del Arbol sefirótico: columna del medio, columna de la derecha y columna de la izquierda (véanse nuestros artículos de diciembre de 1925, p. 292).


2 2 vol. In 8º, París, 1923. –Esta obra contiene gran número de informaciones interesantes, y utilizaremos aquí algunas; se le puede reprochar el dar demasiado espacio a discusiones cuya importancia es muy secundaria, no ir lo bastante al fondo de la doctrina, y de cierta falta de orden en la exposición; no es menos cierto que se trata de un trabajo hecho muy seriamente y muy diferente en eso de la mayor parte de los otros libros que han sido escritos por los modernos al respecto.


3 La Kabbale juive, tomo I, pp. 215-216.


4 El Sr. Charbonneau nos ha mostrado un curioso documento que ha encontrado desde la publicación de su artículo; es una medalla de Antonino, acuñada en Egipto, y en el reverso de la cual figura Júpiter-Serapis, rodeado parecidamente de los dos círculos planetario y zodiacal; la similitud es digna de señalarse.

5 La Kabbale juive, tomo I, p. 217.



6 Ibidem, p. 218.


7 Es el Verbo en tanto que Inteligencia divina, que es el “lugar de los posibles”.


8 Es también el Verbo, pero en tanto que Palabra divina: es primero Pensamiento puro, y después Palabra en el exterior, siendo la Palabra la manifestación del Pensamiento (véase nuestro artículo de enero de 1926), y la primera palabra proferida es el Iehi Aor (Fiat Lux) del Génesis.


9 Citado en La Kabbale juive, tomo I, pp. 405-406



10 Quizás hay también una intención simbólica en la alternancia de los dos tipos de rayos, rectos y sinuosos, que pueden representar dos movimientos diferentes en la propagación de la luz, o incluso dos aspectos secundarios de ésta.


1 Remitimos especialmente a nuestro artículo sobre El Corazón irradiante y el Corazón en llamas (abril de 1926).


2 Critica sacra, p. 311, edición de Amsterdam, 1689; citado por Paul Vulliaud. La Kabbale Juive, T. I, p. 193.


3 Decimos la humanidad de Cristo y no solamente su cuerpo, porque es efectivamente el compuesto humano el que, como tal, es destruido por la muerte.



4 Hay incluso un tercer aspecto, que concierne a la humanidad en tanto que naturaleza específica, y que, por lo tanto, se refiere directamente al orden cósmico.


5 Algunas de las expresiones aquí empleadas evocan (quizás por ignorancia del autor que relata esas cosas) la asimilación establecida frecuentemente entre la construcción del Templo, considerado en su significado ideal, y la “Gran Obra” de los hermetistas.


6 La Kabbale Juive, tomo I, p. 509.


7 Ibidem, tomo I, página 353.


8 Véase nuestro artículo sobre La idea del Centro en las tradiciones antiguas (mayo de 1926).


9 En nuestro estudio sobre El Esoterismo de Dante.


10 Véase nuestro artículo sobre Los Árboles del Paraíso, (marzo de 1926). Hay ahí una alusión muy clara a esta identificación de la cruz con el “Eje del Mundo” en la divisa de los Cartujos: Stat Crux dum volvitur orbis.



11 La Kabbale Juive, Tomo II, p. 116.


12 La expresión de “Tierra de los Vivientes”, por otro lado, es efectivamente sinónimo de “morada de inmortalidad”; también, originariamente, es una de las designaciones del Paraíso terrestre, que es la “Tierra Santa” por excelencia.


13 Ibidem, T. I, p. 501.


14 Kêmi, en lengua egipcia, significa “tierra negra”; de esta palabra ha venido la de alquimia (no siendo al más que el artículo en árabe), que designaba originariamente la ciencia hermética, es decir, la ciencia sacerdotal de Egipto.


15 Isis y Osiris, 33; traducción de Mario Meunier.


16 Ibidem ,32, p. 112. En la India, al contrario es el Mediodía el designado como el “lado de la derecha”, dakshina, pero, a pesar de las apariencias, ello se refiere a lo mismo, pues hay que entender por tal el lado que se tiene a la derecha cuando uno se gira hacia al Oriente, y es fácil representarse el lado izquierdo del mundo como extendiéndose hacia la derecha de aquel que lo contempla, e inversamente, como ocurre para dos personas colocadas frente a frente.


17 Ibidem, 10, p. 49. Se observará que ese símbolo, con el significado que aquí se le da, parece poder parangonarse al del fénix.


18 Véase el artículo de Charbonneau-Lassay sobre El Corazón humano y la noción del Corazón de Dios en la religión del antiguo Egipto (noviembre de 1924), y también nuestro artículo sobre El Sagrado Corazón y la leyenda del Santo Grial (agosto-septiembre de 1925).


19 M. G. Ferrero (Las Leyes psicológicas del simbolismo, p. 142) dice que “Wilkinson da un curioso dibujo de una casa egipcia sobre la fachada de la cual hay una cruz saliendo de un corazón dibujado torpemente y extremadamente semejante a los que se encuentran en ciertos cuadros católicos”. Nos limitamos a dar cuenta de este hecho, no pudiendo interpretarlo con seguridad a falta de datos más precisos.


20 De Natura animalium, X, 28, citado por Mario Meunier en una nota de su traducción de Isis y Osiris, p. 218. Charbonneau-Lassay, a quien hemos señalado este texto, ha hecho una comparación con el dibujo de una vieja alhaja, que parece de proveniencia española, donde se figura, en la mitad de un medallón elipsoide, como los sellos eclesiásticos medievales, una garza o una cigüeña, equivalente occidental del ibis, dispuesto de tal manera que su forma esquemática recuerda la de ciertos vasos antiguos, por lo demás cercana a la de un corazón; y este hecho hace pensar todavía en la asimilación simbólica del vaso y del corazón entre los Egipcios.



21 El Corazón y la Lira (febrero de 1926, paginas 209-210).


22 Isis y Osiris, 68, p. 198. Se notará especialmente la asimilación establecida entre el corazón y el fruto; hemos ya hecho alusión a tal comparación en nuestro último artículo, reservándonos por otra parte volver más tarde sobre ello.


23 Ibidem.

1 De muô (infinitivo de muein) se derivan inmediatamente otros dos verbos que difieren muy poco en su forma, muaô y mueô; el primero tiene las mismas acepciones que muô, y es preciso añadir otro derivado, mullô, que significa, también, cerrar los labios y murmurar sin abrir la boca (El latín murmur no es por otra parte sino la raíz mu prolongada por la letra r y repetida, de manera que representa un ruido sordo y continuo producido con la boca cerrada). En cuanto a mueô, significa iniciar (en los “misterios”, cuyo nombre también es extraído de la misma raíz, como se verá luego, y precisamente por mediación de mueô y mustês), y, por consiguiente, a la vez instruir (aunque principalmente instruir sin palabras, tal como ocurría efectivamente en los misterios) y consagrar; de esta última acepción ha provenido, en el lenguaje eclesiástico cristiano, la de conferir la ordenación.

2


 Es también lo que significa etimológicamente la palabra “alegoría”, de allo agoreuin, literalmente, ”decir otra cosa”

3 No por simple coincidencia hay una estrecha similitud entre las palabras “sagrado” (sacratum) y “secreto” (secretum): se trata en uno y otro caso de lo que es puesto aparte (secernere), poner aparte, de donde el participio secretum), reservado, separado del dominio profano. Igualmente, el lugar consagrado es llamado templum, cuya raíz es tem (que aparece en el griego temnô, cortar, recortar, separar, de donde temenos, recinto sagrado) expresa exactamente la misma idea.


4 Mustikos es el adjetivo de mustês, iniciado, luego equivale originariamente a “iniciático” y designa todo lo relacionado con la iniciación, en su enseñanza y en su objeto mismo.

1 Se nos excusará por no dar de una manera más precisa la indicación de las revistas y de los artículos a los que hacemos alusión; la razón de ello es que pretendemos evitar cuidadosamente, en estos estudios de un carácter puramente doctrinal, todo lo que podría proporcionar el menor pretexto para una polémica cualquiera.



2 Parece, siempre según el mismo autor, que la filosofía no estudia las formas el pensamiento que “no estudia más que losactos”; esas son sutilidades cuyo interés se nos escapa.

3 Debemos decir claramente a este respecto, para no dejar sitio a ningún equívoco, que rechazamos absolutamente dar el nombre de “tradición” a todas las cosas puramente humanas y “profanas” a las cuales se aplica frecuentemente de una manera abusiva, y, en particular, a una doctrina filosófica cualquiera que sea.


4 Habría que preguntarse el porqué la filosofía ha nacido en el siglo VI antes de nuestra era, época que presenta caracteres muy singulares.


5 En sánscrito, la palabra laukika, "mundano", (adjetivo derivado de loka, "mundo") es tomada a menudo con la misma acepción que en el lenguaje evangélico, y esta concordancia nos parece muy digna de señalar.



1 Ver "Le Sacré-Coeur et la légende du Saint Graal", agosto-septiembre de 1925.


2 Véase “La Idee du Centre das les traditions antiques", mayo de 1926, p.485.


3 Véase “Le Coeur du Monde dans la Kabbale hébraique", julio-agosto de 1926; “La Terre Sainte et le Coeur du Monde”, septiembre- octubre de 1926.


4 "A propos des signes corporatifs et de leur sens original", febrero de 1926.


5 "L'Idée du Centre dans les traditions antiques" ("La idea del Centro en las tradiciones antiguas"), mayo de 1926.


6 "Les Arbres du Paradis", en Regnabit, marzo de 1926, p. 295.


7 “Le Coeur rayonnant et le Coeur enflammé”, en Regnabit, abril de 1926, p. 384.

8 ­Véase "Les Arbres du Paradis", marzo de 1926. De ciertas comparaciones que pueden establecerse entre el simbolismo bíblico y apocalíptico y el sim­bolismo hindú, resulta muy claramente que la esencia del "Árbol de Vida" es propiamente lo "Indivisible" (en sánscrito, Aditi); pero desarrollar esto nos apartaría demasiado de nuestro tema.


9 Cabe recordar aquí el adagio escolástico: "Esse et unum convertuntur".


10 "Le Coeur rayonnant et le Coeur enflammé", abril de 1926, p. 384.


11 Por otra parte, debe señalarse que, en cierto respecto, cada uno de los dos términos puede polarizarse a su vez en activo y pasivo, de donde las figuraciones del sol y de la luna como andróginos; así, Jano, en uno de sus aspectos, es Lunus-Luna, según lo hemos señalado anteriormente ["A propos de quelques symboles hermético-religieux", en Regnabit, diciembre de 1925]. Puede comprenderse, por consideraciones análogas, que la fuerza centrífuga y la centrípeta estén referidas respectivamente, desde cierto punto de vista, al cerebro y al corazón, y que, desde otro, lo estén ambas al corazón, como correspondiendo a dos fases complementarias de su función central.


12 Esto podría generalizarse: la "receptividad" caracteriza siempre y en todas partes al principio pasivo, de modo que no hay verdadera equivalencia entre éste y el principio activo, aunque, en otro sentido, sean mutuamente necesarios, no siendo el uno activo y el otro pasivo sino en esa su mutua relación.


13 De ahí también el nombre del "mes" (latín mensis, inglés month, alemán Monat), que es propiamente la "lunación". A la misma raíz pertenece igualmente la idea de "medida" (lat. mensura) y la de división o reparto; pero esto también nos llevaría demasiado lejos.


14 La memoria se encuentra también designada por palabras similares (griego mnêsis, mnêmosynê); en efecto, ella también no es sino una facultad -"reflejante", y la luna, en cierto aspecto de su simbolismo, se considera /como representante de la "memoria cósmica”.


15 De ahí proviene igualmente el nombre de la Minerva (o Menerva) de los etruscos y latinos; es de notar que la Athéna de los griegos, que le esta asimilada, se considera nacida del cerebro de Zeus y tiene por atributo la lechuza, la cual, en su carácter de ave nocturna, se refiere también al simbolismo lunar; a este respecto, la lechuza se opone al águila, que, al poder mirar al sol de frente, representa a menudo la inteligencia intuitiva o la contemplación directa de la luz inteligible.


16 Véase “Le Coeur rayonnant et le Coeur enflamée”, abril de 1926; “La Terre Sainte et le Coeur du Monde”, septiembre-octubre de 1926.


17 Para precisar, señalemos que con esta expresión no nos referimos a los que representan la mentalidad moderna, tal como hemos tenido frecuente ocasión de definirla (ver especialmente nuestra comunicación aparecida en el número de junio de 1926; el punto de vista mismo de la filosofía moderna y su manera especial de plantear las cuestiones son incom­patibles con la verdadera metafísica.


18 Santo Tomás advierte, empero (Suma Teológica, I, q. 58, a. 5 y q. 85, a. 6), que el intelecto puede errar en la simple percepción de su objeto propio; pero que este error se produce sólo per accidens, a causa de una afirmación de orden discursivo que haya intervenido; no se trata ya, pues, verdaderamente, del intelecto puro. Por otra parte, debe quedar claro que la infalibilidad no se aplica sino a la captación misma de las verdades intuitivas y no a su formulación o a su traducción en modo discursivo.


19 Últimos Analiticos [II, 19, 100 b).


20 Se traduce habitualmente por "haber" la palabra griega héxis, casi intraducible en nuestra lengua, que corresponde más exactamente al latín habitus, con el sentido de 'naturaleza', 'disposicion, estado', 'modo de ser' a la vez. [El texto aristotélico se ha traducido aquí de la versión francesa dada por R. Guénon (a quien pertenecen los paréntesis incluidos en la primera cita).


21 Recordemos también estas definiciones de Santo Tomás de Aquino: “Ratio discursum quemdam designat, quo ex uno in aliud cognoscendum anima humana pervenit; intellectus vero simplicem et absolutam cognitionem (sine aliquo motu vel discursu, statím in prima et subita acceptione) designare videtur" ['Razón designa un discurrir por el cual el alma humana llega a conocer una cosa a partir de otra; pero intelecto parece designar un cono­cimiento simple y absoluto (de modo inmediato, en una primera y súbita captación, sin movimiento o discurso alguno)'] (De Veritate, q. XV, a. 1.)


5 Hay que señalar que los tentáculos del pulpo son generalmente rectos en las figuraciones escandinavas, mientras que están enrollados en espiral en los ornamentos micénicos; en éstos, se ve también aparecer con mucha frecuencia la esvástica o figuras que derivan manifiestamente de ella. El símbolo del pulpo se refiere al signo zodiacal de Cáncer, que corresponde al solsticio de verano y al “fondo de las Aguas”; es fácil comprender así que haya podido tomarse frecuentemente (pero no siempre) en mala parte, ya que ese solsticio es la Ianua Inferni.


6 No decimos “encarnaciones”, como se hace habitualmente, pues esta palabra es inexacta por exceso; el sentido propio del vocablo avatâra es “descenso” del Principio divino en el mundo manifestado.


7 Este nombre significa literalmente “consagrado a la verdad”


8 Surgido de Vivaswat, uno de los doce Adityas, que son considerados como otras tantas formas del Sol, en correspondencia con los doce signos del Zodíaco.


5 Hemos ya indicado esa relación en nuestro artículo sobre El Verbo y el Símbolo, enero de 1926.


9  Shruti se opone a Smrti, “aquello que se recuerda”, que designa todo lo que en la tradición es el fruto, no ya de la revelación o de la inspiración directa, sino de la reflexión ejerciéndose sobre ésta y tomándola como su principio para de ella sacar aplicaciones adaptadas a las circunstancias contingentes de tiempo y de lugar. Las relaciones de la Shruti y de la Smriti son comparadas a las del sol y de la luna, es decir, de la luz directa y de la luz reflejada.


10 Hemos ya señalado la presencia de ese mismo ideograma Aum en el antiguo simbolismo cristiano, al final de nuestro artículo sobre La idea del Centro en las tradiciones antiguas, mayo de 1926, p. 486; Cf. también el estudio de Charbonneau-Lassay sobre El Simbolismo de la Rosa, marzo de 1926, p. 303. En sánscrito, la vocal o está formada por la reunión de a y u; es por lo que el monosílabo sagrado debe transcribirse por Om, lo que además corresponde a su pronunciación real, bien que sea la forma Aum la que representa exactamente su descomposición en sus tres elementos constitutivos.


11 Véanse al respecto los trabajos del Hieron de Paray-le-Monial. Es interesante notar a este respecto que la cabeza de pez, tocado de los sacerdotes de Oannes, es también la mitra de los obispos en la Iglesia cristiana.


12 Esto explica la vinculación del simbolismo del delfín con la idea de la luz (Cf.. L. Charbonneau-Lassay, señalada por Charbonneau-Lassay en su artículo último (enero de 1927, p. 149).


130 No hay que confundir esta “Mujer del mar” con la sirena, aunque esté algunas veces representada en forma similar.


141 La Dea Syra es propiamente la “Diosa solar”; el nombre de Syria, que no ha designado siempre exclusivamente al país que aún lo porta hoy, es idéntico a Sûrya, designación sánscrita del Sol, y en el mismo sentido hay que entender la tradición según la cual, Adán, en el paraíso terrestre, hablaba la lengua “siríaca”.


12 El lirio y el loto, teniendo respectivamente seis y ocho pétalos, corresponden a las dos formas de la rueda de seis y de ocho rayos, como ya lo hemos indicado (L´idée du Centre dans les traditions antiques, mayo de 1926, p. 480). En hebreo, los dos nombres ‘Ester y Súshanáh tienen la misma significación, y además son numéricamente equivalentes: su número común es 661 y, colocando delante de cada uno de ellos la letra hé, signo del artículo, cuyo valor es 5, se obtiene 666, de lo cual algunos no han dejado de sacar conclusiones más o menos fantásticas; por nuestra parte, no pretendemos dar esta indicación sino a título de simple curiosidad.


153 Destacaremos sin embargo todavía que la figura del Ea babilónico, mitad cabra y mitad pez, tal y como la ha representado Charbonneau-Lassay, es idéntica a la del Capricornio zodiacal, de la cual quizá ha sido incluso el prototipo; ahora bien, es importante recordar, a este respecto, que el signo de Capricornio corresponde en el ciclo anual al solsticio de invierno y a la Janua Coeli. El Mâkara, que en el Zodíaco hindú tiene el lugar de Capricornio, no deja de presentar cierta similitud con el delfín; la oposición simbólica existente entre éste y el pulpo debe, pues, reconducirse a la de los dos signos solsticiales de Capricornio y Cáncer (este último, en la India, está representado por el cangrejo), lo que explica también que los dos animales hayan sido asociados en ciertos casos, por ejemplo bajo el trípode de Delfos y bajo los pies de los corceles del carro solar, como indicando los dos puntos extremos tocados por el Sol en su curso anual (v. enero de 1927, páginas 149-150). En fin, El papel del delfín como conductor de las almas bienaventuradas (ibidem, p. 147) se refiere también, evidentemente, a la Ianua Coeli. Importa no cometer aquí una confusión con otro signo zodiacal, el de Piscis, cuyo simbolismo es diferente y debe ser referido exclusivamente al del pez común, encarado en particular en su relación con la idea de “principio de vida” y de “fecundidad” (entendida sobre todo en el sentido espiritual). –Se podrá señalar, además, que Ea tiene ante sí, como el escarabeo egipcio, una bola que representa el “Huevo del Mundo”.


14 Traducción francesa del R. P. Humblet S. J., Librería Albert Dewit, Bruselas, 1921.

1 Es la traducción de una noticia de un folleto extraída de un folleto titulado Arcane Associations, editada por la “Societas Rosicruciana” de Norteamérica Manchester, N. H., 1905).


2 El texto inglés dice: “You see this Sacred Hearth; the outline shows you that I”


3 “Le Chrisme et le Coeur dans les anciennes marques corporatives”.


16 “Les Représentations blasphématoires du Coeur de Jésus”, agosto-septiembre de 1924.


17 El “Nigra sum, sed formosa” del Cantar de los Cantares justificaría quizá el hecho de que este apelativo se aplique a la ‘Desposada’.


18 Ya hemos citado el ejemplo del capellán de Cromwell, Thomas Goodwin, que consagró un libro a la devoción del Corazón de Jesús (“Le Chrisme et le Coeur dans les anciennes marques corporatives”, noviembre de 1925, p. 402, n. 1).


19 Ver “Le Coeur rayonnant et le Coeur enflammé”.


20 Cita de L’Écho de l’Invisible (1917), en “Les Représentations blasphématoires du Coeur de Jésus”, Regnabit, agosto-septiembre de 1924, pp. 192-93.


21 Ver nuestra comunicación “Sur la réforme de la mentalité moderne”.


22


10 Se observará que el pensamiento es aquí relacionado con el corazón, y también que el corazón y la lengua representan respectivamente el pensamiento y la palabra, y son puestos en paralelo exactamente como en las tradiciones egipcia y hebrea (v. La Tierra Santa y el Corazón del Mundo, septiembre-octubre de 1926, páginas 218-219). En los pasajes donde se encuentra la fórmula en cuestión, se encuentra también casi inmediatamente antes, la expresión (“li Hauz Mestres” (es decir, “el Gran Maestro”), generalmente aplicada a Nuestro Señor, y que tiene, también ella, un carácter ritual incontestable.


11 Hay un texto análogo en la tradición hindú: “ÉL (el Supremo Brahma), ni el ojo lo alcanza, ni la palabra, ni lo mental” (Kêna Upanishad, Khanda 1º, shruti 3). Según la doctrina taoísta igualmente, “el Principio no es alcanzado ni por la vista ni por el oído” (Chuang-Tseú, cap. XXII; traducción del R. P Wieger, p. 397) Igualmente aún, el Corán dice hablando de Alá: “Las miradas no pueden alcanzarle”.

1 Le Théosophisme, histoire d´une pseudo-religion, (Nouvelle Librairie Nationale, Paris, 1921).

2 Le Christianisme primitif dans l´Evangile des Douze Saints, por E. F. Udny, sacerdote de la Iglesia Católica Liberal; traducción francesa, p. 59.

3 Le Christianisme primitif dans l´Evangile des Douze Saints, por E. F. Udny, sacerdote de la Iglesia Católica Liberal; traducción francesa, p. 26.


4 Ibidem, p.4.



5 Ibidem, p. 41

6 San Mateo, XIX, 24.

1 Véase L'Omphalos, symbole du Centre, junio de 1926.


2 Véase L'idée du Centre dans les traditions antiques, mayo de 1926. - La figura octogonal de los ocho kua o trigramas de Fo-hi, que es uno de los símbolos fundamentales de la tradición extremo-oriental, equivale en ciertos aspectos a la rueda de ocho radios, así como al loto de ocho pétalos.


3 Tao-te-king, capítulo XXXVII.


4 La palabra Tao, literalmente Vía, que designa al Principio (y se recordará aquí que Cristo ha dicho: Yo soy la Vía) es representada por un carácter ideográfico que reúne los signos de la cabeza y de los pies, lo que equivale al símbolo del alfa y la omega.


5 Tao-te-king, capítulo XVI.


6 Tao-te-king, capítulo XI. - Cf. L'Omphalos, symbole du Centre, junio de 1926,


7 Lie-Tséu, cap. I.-Citamos los textos de Lie-Tseu y de Chuang Tsé según la traducción del R. P. Léon Wieger, S. J.

8


8 Lie-Tséu , cap. IV.



9 San Lucas, XVIII, 17. - Cf. también San Mateo, XI, 25: “Mientras que habéis ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las habéis revelado a lo simples y a los pequeños”.



10 La misma idea es expresada por otra parte, en la tradición hindú, por el término Chakravartî, literalmente, aquel que hace girar la rueda. V. También lo que al respecto hemos dicho anteriormente sobre la esvástica como “signo del Polo” (La idea del Centro en las tradiciones antiguas, mayo de 1926, páginas 482-485).


11 Según el comentario tradicional de Chuang-Tsé sobre el Yi King, la palabra destino designa la verdadera razón de ser de las cosas; el centro de todos los destinos, es pues el Principio en tanto que todos los seres tienen en él su razón suficiente.


12 El Principio o el Centro, en efecto, es antes de toda distinción y comprendida la del cielo y la tierra, que representa la primera dualidad.


13 Chuang-Tsé, cap. V.


14 San Juan, VIII, 32.



15 San Mateo, VI, 33; San Lucas, XII, 31. Hay que recordar aquí la estrecha relación existente entre la idea de Justicia y las de equilibrio y armonía (La idea del Centro en las tradiciones antiguas, mayo de 1926, página 481).


16 Esta reducción del “yo distinto” es lo mismo que el vació del que antes se ha tratado; además es manifiesto según el simbolismo de la rueda, que el “movimiento de un ser es tanto más reducido cuanto más próximo está ese ser al centro.


17 La última frase se relaciona aún con las condiciones del “estado primordial”: es la inmortalidad del hombre antes de la caída recobrada por aquel que retornado al “Centro del Mundo”, se alimenta en el “Arbol de Vida”.


18 La idea del Centro en las tradiciones antiguas, mayo de 1926, página 481; Corazón y Cerebro, enero de 1927, p. 157.


19 Véase El Corazón del Mundo en la Kábala hebraica, julio-agosto de 1926.



20 Chuang-Tsé, capítulo XXII.



21 Véase L'ldée du Centre dans les traditions antiques, mayo de 1926, p. 485.


22 Lie-tseu, cap. II.


23 Chuang- Tsé, cap. 11.


24 La Gran Unidad (Tai-ï) es representada como residiendo en la estrella polar, que es llamada Tien-ki, es decir, literalmente hecha de cielo.


25 La Rectitud, (Te), cuyo nombre evoca la idea del “Eje del Mundo, es en la doctrina de Lao-Tsé lo que se podría llamar una especificación de la Vía (Tao) con relación a un ser o a un estado de existencia determinado: es la dirección que este ser debe seguir para que su existencia sea según la Vía; o, en otros términos, en conformidad con el Principio (dirección tomada en el sentido ascendente, mientras que en el sentido descendente esta misma dirección es la de la Actividad del Cielo. Esto puede compararse con lo que antes hemos indicado con respecto al significado simbólico de la orientación ritual.


26 Chuang- Tsé, cap. XXII. Véase el post scriptum de nuestro artículo de marzo de 1927, páginas 350-351.


27 A propósito de esta cuestión, hemos todavía tomado nota últimamente de una referencia interesante: en las Révélations de l'Amour divin a Julienne de Norwich, recluse du XIV siécle, de las cuales una traducción francesa acaba de publicarse por Dom G. Meunier, la décima revelación muestra toda la porción del género humano que será salvada, emplazada en el divino Corazón traspasado por la lanza.






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