Reflexiones sobre el proceso de despejar un espacio y un posible procedimiento alternativo



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REFLEXIONES SOBRE EL PROCESO

DE LA TÉCNICA DE ‘DESPEJAR UN ESPACIO’

Luis Robles Campos (*)


Abril, 2007.
Resumen: El artículo presenta una revisión detallada sobre el proceso de la técnica experiencial de ‘Despejar un Espacio’. Se presenta una breve historia sobre el origen de este procedimiento. Se describen los pasos que constituyen la técnica y los efectos que suele producir. Se intenta aclarar el proceso experiencial subyacente en el efecto de su aplicación, dando especial atención a los elementos constituyentes de la técnica. Se revisa la pertinencia de su aplicación, considerando sus ventajas y desventajas. Finalmente se chequean algunas variaciones y procedimientos alternativos a Despejar un Espacio. La reflexión pretende aportar a la comprensión del proceso de Despejar un Espacio para potenciar su resultado cuando se aplica.

INTRODUCCIÓN.
En la actualidad, Despejar un Espacio es una de las herramientas más utilizadas, comentadas y valoradas del enfoque experiencial de Gendlin (1981). Desde su aparición a mediados de los setentas como preámbulo del proceso de Focusing, Despejar un Espacio ha sido foco de interés desde diversos puntos de vista. Se le ha señalado como una herramienta efectiva en la psicoterapia (Gendlin, 1981, 1982, 1996; Alemany, 1988, Leijssen, 1998a, 1998b, 2004; Hinterkopf, 1998); en la facilitación de tareas mentales complejas (Zimring, 1983, 1985, 1988, 1990; en Hendricks, 2001); en el trabajo con niños tanto en contextos terapéuticos como escolares (Yuba & Murayama, 1988; McGuire, 1986; Stapert, 1997; Gendlin, Stapert & Boukydis, 1997); en el área médica como tratamiento complementario para individuos con cáncer (Grindler, 1985, 1999; Kanter, 1999) y para la reducción del estrés (Klagsbrun, 2001); entre otras aplicaciones. Más recientemente, Despejar un Espacio también ha sido foco de nuevos análisis al reexaminarse el efecto subjetivo que produce (Purton, 2000, 2002), y al cuestionarse su relevancia y utilidad como técnica de psicoterapia (Weiser Cornell, 1991a,b, 1995, 1996, 2001).
Siguiendo los pasos de este notable interés en Despejar un Espacio, intentaré, en el presente artículo, reflexionar en profundidad sobre diversos aspectos relacionados con sus pasos y su proceso. Las reflexiones tendrán el objetivo de contribuir a un mayor entendimiento sobre el proceso de Despejar un Espacio para potenciar su aplicación.

HISTORIA.
Según algunos antecedentes (Weiser Cornell, 1991; Kirschner, 2003; Lee, 2003), la historia de Despejar un Espacio se remonta a mediados de los años setenta, cuando Eugene Gendlin dictaba una clase llamada “Psicología Filosófica” en la Universidad de Chicago. Durante esta clase, en cierta ocasión, una estudiante describía su experiencia con el primer movimiento del Focusing, que en ese tiempo apenas se estaba formulando:
Ya que yo era bailarina y mi ‘temática’ era ‘la gente moviéndose en el espacio y el espacio en que se mueve la gente’, yo siempre estaba hablando con Gene desde una perspectiva espacial. Un día yo estaba diciendo algo acerca de “hacer espacio adentro” y él saltó. Dijo: ‘Eso es, eso es lo que estaba buscando para este paso de focusing que estoy tratando de formular. ¿Puedo usarlo?’ Yo le dije: ‘Por supuesto, me sentiría honrada’”. (Ellen Kirschner, mensaje en Focusing - Discusión List, 9 de diciembre de 2003).

Por lo menos hasta 1979, Gendlin denominó a este movimiento de entrada al Focusing como Hacer un Espacio (Making a Space):


“…Permítanme hablar acerca del primer movimiento (preparatorio) del Focusing, algo que a menudo pero no siempre es hecho antes que uno se focalice en un asunto específico… El primer movimiento del Focusing se llama ‘Hacer un Espacio’. En lugar de trabajar sobre el problema que molesta más, y en lugar de trabajar con todo a la vez… se nota en el cuerpo si uno se siente completamente bien acerca de su vida o no… Siempre hay unas cuantas cosas que el cuerpo está llevando…’Hacer un Espacio’ consiste en poner abajo lo que surge, de una manera amigable.” (Gendlin, 1979, p.4).

Posteriormente, Gendlin (1981) sustituiría la expresión Making a Space (Hacer un Espacio) por Clearing a Space (Despejar un Espacio), desarrollando una técnica que reunía la presencia contenedora y empática del terapeuta, la identificación de estresores por parte del cliente, y el uso de imaginería guiada para conseguir un estado de relajo corporal y de atención interna para que la persona llevara adelante el proceso de Focusing de un modo efectivo. Despejar un Espacio permitía al focalizador sintonizarse con su experiencia corporalmente sentida y vivirla como una referencia confiable para luego explorar y descubrir significado.




REFLEXIONES SOBRE EL PROCESO DE DESPEJAR UN ESPACIO.
Descripción y Procedimiento.
En general, se considera que Despejar un Espacio es de gran importancia para el desarrollo del proceso de Focusing, pero en particular ¿en qué consiste este procedimiento terapéutico?
Gendlin (1981) lo consigna como una forma de conseguir estar más cómodo con los problemas o preocupaciones que “llevamos en el cuerpo” en determinado momento sin sucumbir o hundirse en ellos, ni tampoco evitándolos, reprimiéndolos o escapándose de ellos; sino que contactándolos a través de “un tercer modo…mucho más útil, (realizando) un acto interno de distanciarte a ti mismo de lo que te está molestando pero, con todo, manteniéndolo delante de ti”.
Por su parte, Alemany (1988) lo define de un modo mucho más preciso al señalar que: “Despejar un Espacio consiste en dedicar unos pocos momentos a que la persona concentre su atención en darse cuenta de qué es lo que lleva en su cuerpo en esos momentos; en que saque las preocupaciones afuera o las ponga abajo; y en que pueda experimentar el alivio de la distinción entre el ‘sí mismo’ y las circunstancias o situaciones de la vida que actualmente vive”.
En la descripción de ambos autores se aprecia que Despejar un Espacio implica la realización de un “acto interno” con el cual logramos relacionamos de una manera especial con los sentimientos que tenemos acerca de nuestros problemas o preocupaciones de tal modo que conseguimos “distanciarnos de ellos” o “ponerlos afuera”. En la mayoría de los casos ese “acto interno” consiste, por una parte, en el reconocimiento amistoso y aceptante de los asuntos que se van identificando, y por otra parte, y más particularmente, en la realización de una imaginería guiada por el terapeuta, en la que se sugiere al cliente figurarse una imagen de cada problema, o de la sensación sentida que surge tras identificar cada problema, para luego visualizarla poniéndola a cierta distancia de si mismo; o a la inversa, visualizar los problemas para que el cliente se imagine que es él quien se aparta de ellos (Gendlin, 1981, 1982; Alemany, 1988; Leijssen 1998a, 1998b; Hinterkopf, 1998; Rapapport, 1988, 2006).
De los dos “actos internos” antes citados, la imaginería guiada del “poner a distancia” constituye uno de los pasos más importantes, puesto que se ha descrito como un elemento clave para lograr el efecto deseado al implementar la técnica (Gendlin, 1981, 1982). ¿Cuál es exactamente ese efecto deseado? La mayoría de las veces se lo describe como “despejar un espacio interno”, “poner los problemas a distancia”, “poner abajo la carga de las preocupaciones”, “desidentificarse de las emociones abrumadoras”, o con otras metáforas que no necesariamente explican de forma adecuada qué es lo que concretamente ocurre con Despejar un Espacio (Purton, 2002).
Ya que las metáforas que usualmente se usan para intentar describir el proceso experiencial subyacente en la aplicación exitosa de la técnica no resultan del todo aclaradoras, más abajo se reflexiona en detalle cuál sería el fenómeno que efectivamente se produce, no sin antes examinar cual es la experiencia que la técnica produce en el cliente o focalizador.

¿Qué tipo de experiencia facilita Despejar un Espacio en el focalizador?
La práctica de Despejar un Espacio puede conllevar a una serie de positivas experiencias “cuerpo-mente-situación”, ya que no sólo produce efectos en la vivencia de la corporalidad, ni exclusivamente favorece ciertos estados cognitivos, sino que permite también reposicionarse de un modo más fluido en el contacto interpersonal o en la realización de tareas diversas, como las que implican el uso de la creatividad, por ejemplo.
Primero, quiero enfatizar que en Despejar un Espacio ningún problema, emoción o situación es colocado “aparte” o “abajo” o “a cierta distancia”, ya que estas expresiones sólo son metáforas que pretenden referirse a complejos procesos que ocurren en la experiencia del cliente (Leijssen, 1998b; Purton, 2002) y en ningún caso pretenden señalar que en ella ocurra de manera factual o concreta algo igual o parecido a todas estas descripciones, aún cuando un fructífero uso de la imaginación pudiera hacerlo parecer así.
De hecho, lo que sucede no es que la emoción corporalmente sentida sea alejada, sino que ella cambia, se siente de otra manera, se torna más fácilmente atendible, se hace menos incómoda, o bien, pasa de vaga y difusa a sentirse con más claridad; debido a que el proceso que facilita la técnica ayuda a que la persona se relacione de un modo más aceptante con ella misma, sin los condicionamientos que detienen o despotencian el proceso corporal de experienciación. Esto a su vez genera cambios a nivel corporal, cognitivo y subjetivo-situacional.

Nivel corporal.
A nivel corporal el efecto más conocido de Despejar un Espacio es una notoria disminución de la tensión corporal, tanto a nivel propioceptivo como a nivel interno. Es posible constatar una disminución en las zonas del cuerpo que se caracterizan por acumular estrés, los hombros, el cuello, la espalda. Respecto de la sensación corporal interior, Despejar un Espacio consigue que ésta se haga más liviana, suave o apaciguada. También tiene un efecto positivo apaciguador en los casos de dolor físico debido a enfermedades, por ejemplo, en enfermos de cáncer (Grindler, 1985, 1999; Kanter, 1999).

Nivel cognitivo.
Desde un punto de vista cognitivo, Despejar un Espacio facilita el desempeño en tareas mentales complejas que requieren atención a estímulos internamente generados, ya que contribuye a desplegar una atención prolongada o ininterrumpida sobre la experiencia corporalmente sentida, o sobre la realización de tareas externas que requieren el despliegue de la creatividad, el uso flexible de la atención o un manejo conceptual complejo (referencia a varios estudios citados en Hendricks, 2001).


Nivel subjetivo-situacional.
Desde el punto de vista subjetivo, Despejar un Espacio, contribuye a crear una relación entre el Yo que atiende y el aspecto específico de la experiencia que es atendido. Para que esto suceda es necesario establecer una diferenciación de “yo estoy aquí y acá en mi interior está eso”, Ann Weiser Cornell (1995) le llama a esto “Distancia + Conexión”, lo cual implica identificar y reconocer un aspecto de la experiencia que hasta ese momento resultaba ajeno o incómodo.
La técnica también ayuda a incrementar los niveles de aceptación hacia uno mismo, llevando a la persona a dar un paso más allá de la mera negación, rechazo o desconexión con su propia experiencia. Y por otra parte, favorece un mayor nivel de sumergimiento en la experiencia del aquí y el ahora, alejándonos de pensamientos racionalizados o análisis que nos apartan de nuestro sentir fenomenológico y ayudándonos a conectarnos con nosotros mismos y con los otros en la situación actual.

¿Cuál es el proceso experiencial subyacente en el efecto de Despejar un Espacio?
Es esencial tratar de responder esta pregunta para comprender el porqué de la estructura de pasos que comprenden Despejar un Espacio, para entender porqué funciona la técnica y por supuesto también para visualizar porqué a veces no lo hace.
Se define Despejar un Espacio como una herramienta que apunta a cambiar el modo en que estamos “llevando corporalmente” nuestros problemas o situaciones vitales, por lo tanto, se hace necesario reflexionar primero qué implica “llevar un problema”.
Cuando enfrentamos una situación o problema se ponen en juego una serie de aspectos que se enmarcan en la vivencia interpersonal (Gendlin, 1968). Por una parte, están nuestras reacciones primeras hacia ésta, quizás pena, alegría, rabia, etc.; lo que constituye nuestras emociones primarias o nuestros sentimientos auténticos de reacción (Greenberg & Bolger, 2001). Por otra parte, se encuentran nuestros modos de enfrentamiento que han sido socialmente aprendidos, los cuales se convierten en reguladores o condicionantes de nuestras reacciones primeras, por ejemplo: “Debo solucionar este asunto lo más pronto posible”, “Si sientes pena no debes mostrarlo”, “Enfréntalo con la madurez de un adulto, sin asustarte”, “Debo dar una buena impresión, debo mostrarme fuerte ante este asunto”, etc.
Entonces, lo que constituye una “situación-problema” no es sólo la situación en sí, ni tampoco nuestras reacciones primeras exclusivamente, sino que el entrecruzamiento de esto con los condicionamientos sociales y con las interpretaciones que surgen de la cruza de ambos (nuestras complejas concepciones acerca de nosotros mismos en relación a los otros, nuestras maneras de obtener aprobación, y mucho más); todo eso entrecruzado y sintiéndose holísticamente en una sola sensación de incomodidad o intranquilidad. Básicamente, son las fuerzas organísmico-adaptativas y los aprendizajes que funcionan como reguladores de las fuerzas organísmicas, que se contraponen mutuamente en la experiencia, lo que se llama “llevar un problema”.
El punto es que cuando estamos llevando un problema no estamos plenamente conscientes de estos condicionamientos que regulan o reprimen nuestra experiencia auténtica, y son justamente algunos pequeños pasos de Despejar un Espacio los que tendrían el objetivo de anular o desarticular tales condicionamientos.
Con Despejar un Espacio se pretende ir más allá de estos condicionamientos, para llegar a mayores niveles de auto-aceptación, o a la inversa, lograr mayores niveles de auto-aceptación para desactivar estos condicionamientos. Esto se logra a través de la actitud de reconocimiento que se da a cada problema estresor identificado y con la imaginería guiada donde se deja los problemas “ahí, como descansado delante de uno, al menos por un momento”. Podemos volver a Gendlin para visualizar mejor esto (se agregaron negrillas para destacar las ideas antes expuestas):
Hay muchos modos de acceso al primer movimiento, muy diferentes actos internos que pueden producir el necesario medio positivo – de aceptación de la mente o cuerpo. Un medio de acceso que da buen resultado para una persona, puede no resultar para otra… Una vez que a tu cuerpo le permitas ser él, sin presiones, él tiene la sabiduría para tratar tus problemas.” (Gendlin, 1981).

Este análisis es esencial para entender porqué Despejar un Espacio no siempre funciona. Se entenderá que la técnica falla cuando la persona no logra identificar y/o desarticular los niveles de experiencia que funcionan como condicionantes de la experiencia auténtica, cuando no se logra la actitud de aceptación hacia el o los problemas identificados, o cuando no se logra a través de la imaginería guiada permitir que el cuerpo sea él mismo, “sin presiones”.


Campbell Purton (2000) realiza un análisis similar cuando examina que implica “estar entrampado en un sentimiento”. Para Purton, estar “entrampado” implica tener “sentimientos acerca de otros sentimientos”. Por ejemplo, puedo podemos tener miedo a enfrentar un desafío, y a la vez sentir vergüenza de sentir miedo, e incluso estar aburrido de sentir miedo y rabia a la vez. En cualquier caso, este tipo de relación implica no tener una actitud de aceptación hacia uno o más sentimientos, ya que, según Purton, los niveles superiores de sentimiento funcionan esencialmente como modificadores (o condicionadores) de los niveles inferiores de sentimiento. Esto es en palabras de Gendlin “llevar un problema”. Por lo tanto, la posibilidad de desentramparse de un sentimiento, o de despejar un espacio interior, depende principalmente de la acción de identificar o desarticular la función modificadora o condicionadora de los niveles superiores de sentimiento hacia los niveles inferiores. Este es el acto o la actitud de aceptación que es esencial para despejar un espacio.

¿Cuáles son los elementos que componen y caracterizan la experiencia dual de Despejar un Espacio?
En la minuciosa reflexión que Alemany (1988) realiza sobre el proceso de Despejar un Espacio, menciona que existen cuatro aspectos esenciales para entenderlo: 1) Facilitar una atención corporal, 2) Hacer un inventario, 3) Lograr la distancia adecuada, y 4) Experimentar el sí mismo y el sentirse bien.
Sin embargo, yo creo que en tal análisis queda omitido un aspecto esencial del proceso, la interacción, ya que Despejar un Espacio no consiste sólo en la mera aplicación de una serie de pasos técnicos, sino que constituye una experiencia dual, que se produce o se concreta en la relación terapeuta-cliente. Por el motivo anterior, a continuación repasaré los elementos que cita Alemany para comprender Despejar un Espacio (tratando de profundizar aún más en su entendimiento), pero además añadiré una reflexión sobre la dimensión relacional de su proceso.
Entonces, los aspectos que examinaré serán cuatro, los cuales identificaré con los siguientes nombres: 1) Dimensión relacional, 2) Proceso especial de atención, 3) Identificación de estresores, y 4) Un acto interno.

Dimensión relacional.
Generalmente Despejar un Espacio es descrito casi exclusivamente apuntando a los pasos que lo constituyen como técnica; sin hacer referencia a la importancia de la interacción como un factor absolutamente constituyente de su proceso, implementación y resultados.
Básicamente, Despejar un Espacio es una experiencia que ocurre en el encuentro entre dos personas, por lo tanto es una experiencia interaccional. En este encuentro, una persona intentará atender y describir su experiencia inmediata, mientras que la otra acompañará a la primera a través de la escucha empática y una serie de sugerencias, con el fin de conducirla a un estado de mayor conexión consigo misma o a un mayor nivel de experiencing.
Es indispensable, para que Despejar un Espacio funcione, que la persona que escucha esté lo suficientemente “presentificada” (en el aquí y el ahora) para aquella que atenderá su experiencia (el cliente o focalizador), y que no esté con su mente en otros asuntos pasados o futuros. Diversos autores (Tudor & Worral, 1994; Geller & Greenberg, 2002; Schmid, 2002) desde perspectivas diferentes, mencionan la Presencia, o capacidad de estar sumergido en el aquí y el ahora, como una de las condiciones más básicas del encuentro existencial, sobre todo si tiene un carácter psicoterapéutico, como es el caso de Despejar un Espacio.
En la dimensión relacional de Despejar un Espacio también son importantes diversos aspectos de la comunicación, como el lenguaje corporal, los aspectos paraverbales y la utilización de formas lingüísticas precisas. Nuestro lenguaje corporal concreto influirá en la manera en que nos encontremos con el otro, por lo tanto una adecuada distancia física y una propicia disposición corporal de atención e interés pueden contribuir a crear un clima de focalización interior. Los aspectos paraverbales juegan un rol más importante aún; un tono de voz claro o suave y un ritmo pausado en el habla serán esenciales en la realización de la técnica, sobre todo cuando la persona se sienta ansiosa, tensa o angustiada. La utilización de un lenguaje sencillo, por supuesto, será altamente pertinente.

El uso de la meta-comunicación (Watson & Greenberg, 2000) es otro sutil aspecto de la dimensión relacional que puede contribuir a implementar adecuadamente Despejar un Espacio. La meta-comunicación incluye los comentarios del terapeuta acerca del proceso terapéutico de una manera sencilla y genuina, en la que explica al cliente en qué consiste y a que puede ayudar una técnica específica. Incluye, además obtener el acuerdo del cliente acerca de la posible aplicación de la técnica. Si Despejar un Espacio se realiza sin avisar, la persona lo puede vivenciar como extraño o incluso intrusivo; y esto, por consiguiente, puede producir el fracaso en la aplicación de la técnica, e incluso, rupturas en la alianza terapéutica.


Otro aspecto acerca de la dimensión relacional que es bastante sutil pero a la vez esencial, es preguntarse: “¿Es necesario en este momento que me contacte con esta persona a través de esta intervención?” Considero necesario plantearse esta pregunta porque entiendo que cuando se proponen técnicas evaluándolas como de alto valor terapéutico, pueden ser usadas de un modo estereotipado. Por ejemplo usando Despejar un Espacio o una variación de él, siempre al comienzo de cada sesión, o siempre de la misma forma.
Finalmente, otro aspecto aún más sutil respecto de la dimensión relacional es lo que yo llamo “la respuesta interna del terapeuta”, con lo cual hago referencia a lo que el terapeuta hace con su experiencing mientras interactúa con el cliente, si la propia sensación interior es sencillamente chequeada, o mejor aún, intencionalmente apaciguada. Creo que “despejar”, “apaciguar” o “silenciar” la propia sensación interior, mientras se realiza Despejar un Espacio es un paso que contribuye a la comprensión del cliente, y a que éste logre una adecuada sintonización consigo mismo.
Reflexionando todo lo anterior, vemos que Despejar un Espacio no es simplemente el resultado de la aplicación de los pasos de la técnica, es una interacción, una experiencia dual. Ya que cliente y terapeuta no están separados, decimos que el resultado de la técnica se ve afectado por la influencia mutua entre ambos, y que a su vez la técnica y la influencia mutua re-crea a ambos individuos. (Doi & Ikemi, 2003)

Un tipo especial de atención.
Las características de la atención que el cliente pueda desplegar en Despejar un Espacio, por supuesto que son una propiedad de las características y de la calidad de la Dimensión Relacional del proceso. En este sentido entenderemos que todos los elementos citados en el apartado anterior contribuyen en alguna medida a que el cliente despliegue una atención constante y cálida sobre su experiencia.
Habitualmente se habla de la atención que se despliega en Focusing como una “atención especial”; esto se debe a que lo que se busca no es meramente un proceso cognitivo en el cual la persona debe centrarse en su experiencia corporalmente sentida de manera ininterrumpida, sino que también se busca favorecer una atención afectiva sobre aquello que se atiende, una atención paciente, interesada, no valorativa, no analítica, amigable, etc. En este sentido entenderemos que el proceso atencional que se busca desplegar es cognitivo-afectivo.
Volcamos la atención sobre la experiencia corporalmente sentida del cliente con alguna invitación o sugerencia explícita. Sostenemos la atención ahí, haciendo que la persona vuelva una y otra vez sobre su experiencia, con invitaciones puntuales, con formas lingüísticas específicas (“esta parte de ti”, “algo en ti”, etc.), y con el uso del lenguaje no verbal (haciendo gestos con las manos en referencia a la experiencia sentida, por ejemplo).

Según mi opinión, una de las claves del proceso es que la atención sea sostenida, por esto, si la persona pierde su atención, su foco, buscaremos restablecerlo. Una atención constante ayuda a reducir la ansiedad.



Identificación de estresores.
Despejar un espacio involucra la realización de un inventario de los estresores que se están llevando, para que ellos luego puedan ser “despejados” del cuerpo. Se considera que este paso es más sencillo y útil que tratar de trabajar inmediatamente con la complejidad holística de todos los problemas en conjunto.
Se debe señalar al cliente que lo que se busca no es realizar una lista interminable con todos los problemas que pudiera tener en su vida, sino sólo con aquellos que se sienten pesados o incómodos ahora mismo. Alemany (1988) destaca que “Es importante recalcar que eso se hace con el cuerpo y desde el cuerpo”, esto quiere decir que la identificación de cada problema estresor se debe realizar chequeando el espacio corporal interior.
Después de identificar cada estresor, se invita a la persona a captar un referente directo acerca del problema citado, por ejemplo: “Tengo un montón de deudas…me siento asustado de no poder pagarlas y quedar más endeudado”. La técnica opera cuando acogemos cada expresión del cliente y cuando la invitamos a relacionarse con ella de un modo específico, de un modo aceptante. Tras la identificación de cada problema y tras cada referente directo volvemos sobre ese “residuo de experiencia” que aún permanece produciendo tensión o incomodidad y continuamos nuestra interacción empática. Lo que hacemos en este paso es “reconocer” o validar cada asunto o problema, con una actitud de “Sí, eso está aquí y eso otro también está ahí” (Gendlin, 1981, 1982). Cabe destacar que la persona no necesita nombrarnos específicamente cada preocupación o problema y que sólo basta con que los identifique para ella. Esto se lo podemos señalar a la persona antes de realizar el ejercicio.
Posteriormente se invitaría a dejar cada problema a “cierta distancia” con la imaginería guiada del próximo paso. Después de que cada estresor es “removido”, se puede apreciar el efecto beneficioso, encontrando que progresivamente se produce un alivio físico después de que cada estresor es puesto “fuera del cuerpo”.

Un acto interno.
Ya mencionamos que la ejecución de un “acto interno” es uno de los elementos claves de Despejar un Espacio y que la mayoría de las veces consiste en una imaginería guiada en que se insta a los clientes a desarrollar una imagen en que los problemas o la sensación sentida misma son puestos a “cierta distancia”. Ahora vamos a especificar cuales son las posibilidades dentro de esa imaginería guiada y a mencionar otros tipos distintos de actos internos que se implementan como medio para lograr el efecto deseado de Despejar un Espacio.
Leijssen (1998a, 1998b, 2004) menciona que básicamente hay cuatro formas de “lograr una distancia correcta entre el Yo y los problemas”; 1) Poner los problemas aparte, 2) Dar un paso atrás de los problemas, 3) Crear un espacio de respiración en el cuerpo, y 4) Hacer contacto con un “buen lugar” (“good spot”). Sin embargo, yo reordenaré esta clasificación para ser aún más específico, puesto que sus dos primeras propuestas corresponden a variaciones de la imaginería guiada, y porque su cuarta proposición “hacer contacto con un buen lugar”, tal cual ella lo menciona (Leijssen, 1998b) incluye dos actos totalmente distintos: recordar algo positivo y atender una parte del cuerpo que se experimenta de forma agradable.
Entonces, mi clasificación será la siguiente: 1) Imaginería guiada, 2) Respiración, 3) Recordar algo positivo, y 4) Atender una sensación agradable en el cuerpo.
Imaginería guiada: La imaginería guiada es el procedimiento más habitualmente citado y utilizado para practicar Despejar un Espacio. Las posibilidades respecto de las imágenes es bastante amplia o quizás ilimitada, pero básicamente se puede agrupar en cuatro acercamientos: a) Poner a distancia: Se imagina los problemas como algo que se pone a cierta distancia, lejos, abajo, o aparte, por ejemplo, algún tipo de peso que dejamos en el piso, una maleta que soltamos de nuestras manos, etc. b) Distanciarse: Imágenes donde se visualiza que somos nosotros mismos los que nos distanciamos de algo muy grande, por ejemplo, distanciarnos de los problemas que son vistos como rocas o montañas, etc. c) Poner en un lugar seguro: Cuando se pone algún aspecto o persona que producen temor o compasión en un lugar seguro, por ejemplo, poner a una persona que nos agredió tras las rejas, o al otro lado del río, o cuando necesitamos imaginar a un pequeño niño maltratado o un hijo muerto en una cuna, o en nuestro regazo, etc. d) Imaginar un paisaje o recuerdo agradable: Implica solicitarle al cliente que imagine un paisaje o circunstancia que invoque paz en su vivencia inmediata, como una plaza, bosque o playa; o bien, que rescate el recuerdo de una situación que le produzca paz, tranquilidad o sentimiento de protección. Desde esta vivencia se invita luego a abordar los problemas que previamente se experienciaban como abrumadores.

Respiración: Otra manera, mucho más sencilla de producir una sensación de despeje es iniciar una respiración suave y rítmica mientras se atiende el espacio interior que pudiera estar tenso, como si se estuviese “llevando” aire puro a tal espacio. La clave está en mantener a la persona sumergida en este acto de llevar aire puro a su interior, de modo que se sustraiga de la inquieta actividad del pensamiento acerca de todo eso que le aqueja y le abruma (una vez más, un elemento esencial es la atención ininterrumpida y amable).
Recordar algo positivo: Una tercera opción es recordar alguna figura protectora que la persona haya tenido o tenga actualmente en su vida. Por ejemplo, una persona puede imaginarse a la sombra de un árbol que había en la casa de sus abuelos donde se refugiaba cuando estaba triste, o imaginarse a un pariente u otra persona que identificamos como aceptante y afectuosa hacia nosotros, de tal modo que esto contribuya a sentir el espacio interior de un modo más relajado.
Atender una sensación agradable en el cuerpo: La cuarta opción, generalmente utilizada cuando se trabaja con persona con dolor físico crónico, como enfermos de cáncer. En la medida que la persona permanece agobiada por la vivencia del dolor, no puede forjar el foco de atención interior que le permitiría acercarse adecuadamente a sus sentimientos. Por lo tanto la sugerencia apunta a focalizarse en una parte del cuerpo donde se experimente una sensación agradable, y luego de crear ese punto de atención pasar a trabajar con los sentimientos de la persona.



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