Referencias aportadas en los intercambios generados a partir de la propuesta. Los textos o sus fragmentos están más abajo



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Introducción

La Red, amplio tramado creado por el hombre tecnológico, constituye un universo interdependiente cuyas conexiones son casi infinitas. Este universo comprende igualmente contenidos y campos de aplicación muy diferentes ensamblados de manera heteróclita. Gracias a Internet todo parece posible, la accesión al saber universal, una sociabilidad ejercida con el mínimo de esfuerzos pudiendo extenderse hasta la elección de objetos de satisfacción sexual, pasando por intercambios lúdicos en universos totalmente inventados.

El dominio virtual se construye como un territorio cuya característica particular consiste en no pertenecer exclusivamente ni al campo de lo imaginario ni al campo de lo real. Constituye más bien una encrucijada donde el utilizador decide la dirección que va a tomar, sea del lado real, sea del lado imaginario. Las imágenes del mundo virtual son, según S. Tisseron, “indecibles”, “con ellas todo está amenazado de desmaterialización, los encuentros, los objetos, el dinero”[1]. Por consiguiente, todo individuo puede determinarse como lo desea creer o no en lo que se presenta a su observación.

Esta posibilidad singular de decidir de nuestra creencia en la realidad o la virtualidad de un objeto, representado por una imagen, constituye de entrada un poderoso factor de estimulo fantasmático y oscurece aun más los límites entre el mundo de la fantasía y el mundo real. Esta potencialidad permite alimentar ciertos movimientos fantasmaticos hacia una intensa idealización de la relación amorosa y tiende a alentar en muchos individuos la búsqueda de pareja en los sitios de encuentro virtuales.

Apoyándonos en una situación clínica nos proponemos desarrollar ciertas características de esta forma particular de relación amorosa, que comienza en internet. En este marco la relación con el objeto se encuentra modificada así como la dinámica psíquica afectiva puesta en marcha, puesto que las modalidades específicas del encuentro virtual pasan por otros circuitos.

La historia de Alejandra nos ayudara a ilustrar ciertos efectos de esta nueva tecnología sobre los comportamientos afectivos y sexuales en la actualidad.

 

Alejandra

Según una representación social habitual, el uso excesivo de internet aparece como ligado a sus propiedades intrínsecas, que operarían como un atractor en sí mismas. La experiencia conduce a pensar que los rasgos específicos del campo virtual no son una condición suficiente para producir esta sobreinvestidura, deben estar asociados a dificultades personales o familiares, como podremos constatarlo en el caso de Alejandra.

Alejandra es una mujer joven, cerca de la treintena, muy voluntariosa y bastante impetuosa, que ha hecho estudios brillantes. Desde pequeña siente una angustia permanente asociada a problemas obsesivos compulsivos frecuentes, razones que la llevan a consultar y desear hacer un trabajo terapéutico. Su sentimiento de inseguridad y de desamparo no ha sido contenido y apaciguado en el contexto familiar, experimentado como ahogante y poco tranquilizador. Los trastornos obsesivos compulsivos se expresan como comportamientos compulsivos que le requieren mucho tiempo: ella se asegura que las puertas están bien cerradas, verifica las llaves de gas y se lava frecuentemente las manos. Su sexualidad parece estar próxima de una genitalidad infantil, con temores con respecto al acto sexual, salvo en ciertos casos.

Alejandra pertenece a una familia de clase media y ha sido criada en un medio extremadamente protector, medio del cual le cuesta mucho separarse. Sus dos hermanos se encuentran implicados en la misma problemática, lo que ha provocado la partida del hermano mayor hacia Asia, separación quirúrgica destinada a cortar el cordón umbilical. El hermano pequeño vive todavía con los padres.

Cuando la paciente comienza el trabajo terapéutico, tiene una pareja con la cual vive desde hace cinco años. Él es relativamente mayor y tiene hacia ella una actitud protectora, manifestando al mismo tiempo una actitud muy crítica y reproches permanentes con respecto a sus capacidades domésticas.

Alejandra manifiesta su desacuerdo conyugal reprochando a su pareja su falta de ambición y un cierto dejarse estar en el plano profesional. A pesar del apego reciproco, las divergencias son tales que la pareja decide separarse. Alejandra deberá mudarse, consiguiendo un bello departamento para ella sola, a pesar de lo cual pasa casi todos los fines de semana en la casa de sus padres. Se muestra muy preocupada por ellos, que no tienen casi vida social, inquieta porque la madre es “un poco depresiva” y el padre “bebe demasiado”.

El núcleo familiar es desvalorizado por la familia materna, dado que su padre pertenece a un medio socialmente “inferior”. Su padre, de origen obrero, se convirtió luego en empresario. Del lado de la familia materna “todos son abogados o médicos” y los tratan con desprecio. El nivel de estudios logrado por Alejandra representa una reparación con respecto a la familia materna, de lo cual ella está muy orgullosa. Además, los diplomas de Alejandra le permiten cambiar de empleo fácilmente, según sus ambiciones pero también de acuerdo con sus proyectos más íntimos de orden sentimental: ella encuentra frecuentemente sus partenaires en los lugares de trabajo. Sus hermanos, en cambio, no han podido progresar mucho en los estudios, lo cual refuerza el movimiento de desvalorización familiar.

Alejandra se vive como teniendo sola la carga y la capacidad de sostener a sus padres frente a las dificultades que experimentan. Esta misión salvadora le permite restablecer, por medio de una inversión negadora, una relación de dependencia de orden infantil con ellos, llevando a conflictos con su padre a causa del alcohol y con su madre por su “falta de actividad”.

Esta relación de profunda dependencia parecía haberse acabado durante el periodo en que vivió maritalmente con su primer compañero, hombre de más edad que ella, que la protegía. Esta relación, aunque tranquilizadora al principio, se vuelve conflictiva más tarde, puesto que este hombre no satisface sus valores de trabajo, ambición y éxito. En el cuadro de esta pareja, la relación de dependencia de los padres se desplaza sobre un representante paterno articulándose con el deseo de reparación de la imagen paterna, que se convierte en una exigencia superyoica de éxito con respecto a su partenaire.

A partir del momento de separación de este hombre y luego de algunos intentos fallidos, Alejandra comienza una búsqueda frenética de partenaires, a través de un sitio de encuentros de internet. Este nuevo periodo se caracteriza por un cambio aparente de paradigma, la dependencia es remplazada por el dominio en la situación de búsqueda. Alejandra seduce a través de un anuncio, contesta o se niega a contestar los mensajes de contacto y por último, abandona sus partenaires a veces de manera bastante brutal.

Siendo muy solicitada por sus anuncios, se siente muy valorizada en comparación con sus amigas, que tienen menos éxito que ella. Luego de una selección y un contacto corto por mail, ella elige “materializar” sus encuentros virtuales. Cada nuevo encuentro, haciendo eco a sus ideales, suscita expectativas puesto que el sitio abunda en candidatos y que “todo parece posible”.

Pero en la mayoría de los casos esas relaciones terminan muy rápidamente, sea porque la decepción es inmediata, al máximo al cabo de dos semanas. Es un periodo en el que, sin quererlo conscientemente, se relaciona con hombres un poco más jóvenes que ella. Esas relaciones no la protegen, no la tranquilizan, no son “interesantes” y finalmente la angustian.

El sentimiento de decepción se funda sobre ciertos rasgos generales: los partenaires son aburridos, faltos de ideas y sobre todo inmaduros. En dos casos solamente se instalo una relación más durable, y en estos casos fueron los partenaires masculinos que suspendieron la relación, a causa de su “neurosis” y especialmente su inhibición sexual.

Esta búsqueda prosigue así, de la misma manera, durante un periodo bastante largo y es para Alejandra una fuente de insatisfacción permanente. A pesar de sus esfuerzos por instalar otra relación de objeto, este periodo de búsqueda por internet se revelara muy insatisfactorio sin que esto le impida continuar.

¿Qué función tiene este sitio de internet para Alejandra? Que pone en juego desde el punto de vista de sus afectos, de sus vínculos y de sus fantasías? Parece necesario abordar algunos aspectos del cuadro en el que se desarrollan estas relaciones amorosas y ciertas características del mundo virtual. En la situación virtual la relación de objeto está sometida a la creación de escenarios fantasmaticos a través del nutrido imaginario que se encuentra a disposición en internet. Trataremos de describir algunos de sus efectos sobre la economía psíquica de los sujetos así como las consecuencias del actuar sobre el pensamiento y la simbolización. Por último, abordaremos la especificidad de los sitios de encuentro.

 

Algunos efectos de lo virtual sobre el funcionamiento psíquico

Ciertos sitios del mundo virtual actúan como una verdadera pantalla de proyección que permite todas las posibilidades de creación imaginaria. Sin embargo, los diferentes contenidos en los que este se despliega solicitan de manera muy variada al internauta, a través de las tendencias y las patologías del mismo.

La entrada del sujeto en el territorio virtual puede provocar la puesta en acción o la reactivación de mecanismos psíquicos complejos. Ciertos mecanismos tienen un efecto apuntalante para el funcionamiento psíquico en tanto que otros pueden favorecer la regresión o la parálisis de la maduración afectiva. Los mecanismos que abordamos no son exhaustivos en cuanto a los efectos del universo virtual, en cambio son los que se ponen más específicamente en juego en el marco de la búsqueda del partenaire en un sitio de encuentros por internet.

En primer lugar, el universo virtual, mediatizado por la computadora, aparece como un elemento de estabilidad psíquica, puesto que presenta los rasgos de la “permanencia del objeto”. Desde este punto de vista, la computadora evocaría ciertas características maternas precoces de continuidad, de respuesta, de interacción e incluso de rêverie. El carácter de permanencia se manifiesta en el lugar psíquico que ocupa la computadora y en el uso que se hace de la misma, en la medida en que puede ser utilizada como auxiliar en una práctica cotidiana de búsqueda de información para nuestro conocimiento, viajes, compras y tramites de todo tipo.

Paralelamente, las imágenes y las acciones virtuales hacen un trabajo de contención de los fantasías, los pensamientos, los afectos de un sujeto en un cuadro determinado por su mirada y una cierta posibilidad de actuar. En esa medida las imágenes y acciones virtuales formarían parte del proceso psíquico de constitución del aparato para pensar y un campo de contención para este mismo, como los procesos primarios de desarrollo de la vida psíquica. Este papel parece ser jugado por las fotos y las descripciones que los internautas se intercambian en el sitio de encuentros, siempre más bellas que la realidad. Alejandra se muestra bastante orgullosa del hecho que sus fotos y sus descripciones suscitan muchos pedidos de contacto.

Esos mismos procesos pueden intensificarse y ciertos sujetos pueden manifestar una investidura aun más profunda con un sentimiento de apego cercano a una relación simbiótica con la computadora. Ciertas reacciones desmesuradas de despecho, de frustración, y a veces de violencia pueden surgir frente a lo que se vive como un abandono o un dejar caer cuando hay un problema con la computadora –naturalmente siempre en el peor momento.

 

Los escenarios ficticios

Según S. Tisseron, “nuestro imaginario designa el mundo de representaciones que constituye nuestro paisaje interior; las fantasías son pequeños escenarios reuniendo frecuentemente dos personajes en una acción”. [2] Las condiciones de creación de ciertos sitios del mundo virtual establecen un encuadre que actúa como una verdadera pantalla de proyección permitiendo infinitas potencialidades de creación imaginaria. Esas posibilidades de creación de objetos y de escenarios sobre internet contribuyen a hacer progresar o a desplegar ciertas potencialidades fantasmaticas del individuo.

La práctica de Internet está hasta hoy relativamente poco reglamentada y permite el acceso a espacios caracterizados por la ausencia de límites y de interdicciones. Este factor, completado por una cierta “puesta en acción” de las relaciones implicando una descarga pulsional motriz reducida, participa de las posibilidades de despliegue de un movimiento de omnipotencia y de idealización. La red de internet aparece como una vía designada para los movimientos psíquicos de omnipotencia, de regresión y de retracción narcisista tanto en la vida adolescente como en la vida adulta. Además, la ausencia de perspectiva de retaliación refuerza los mecanismos en acción.

Los objetos que pueden ser “creados” e investidos en este cuadro revisten características ideales, en un espectro amplio (el bueno, el malo, el seductor, etc.) y de emociones (amor, agresividad, odio, etc.). En efecto, sobre la Red se pueden “construir” amigos, una familia, un partenaire, aventuras fantásticas, fortunas inmensas y poderes inauditos. Conviene sin embargo precisar que el grado de ilusión es variable así como la utilización hecha por cada individuo.

Esas “construcciones” virtuales permiten sostener el deseo, especialmente cuando el mismo está demasiado obstaculizado en la vida real, sobre un objeto de satisfacción “encarnado” sin su presencia física. La conjunción entre la posibilidad de desear sin restricción y la ausencia del objeto real constituye la base que permite engendrar la ilusión omnipotente de la satisfacción sin falta, evocando la alucinación del bebe frente a la ausencia del objeto materno.

La construcción psíquica del ser humano implica la transformación del objeto primario, conduciendo a un nuevo objeto que tiene siempre una parte de enigmático no dominable.

Los escenarios virtuales parecerían más bien sostener un cambio pasivo, un proceso de permutación que no transformaría las modalidades de la relación ni las características del objeto. Implicarían una repetición constante de la relación donde el objeto de remplazo seria un icono de los objetos primarios. La escena virtual tendería a borrar este aspecto irreductible e imposible de dominar propio del Otro.

Podemos interrogarnos sobre la relación con el objeto virtual: ¿se trata de una relación alucinatoria, fantasmática o real? Parecería que en el marco de este sistema interactivo, el cursor que define la relación puede desplazarse según los diferentes registros, según las solicitaciones del mundo virtual y según las particularidades individuales.

Estos desplazamientos, superposiciones e interacciones entre un nivel y otro, ponen agudamente a prueba la frontera establecida entre el mundo real y el mundo fantasmático, llegando en algunos casos a sumergir al individuo en una dependencia bien real a la omnipotencia del mundo virtual, como ocurre con los usuarios intensivos de internet. Las consultas de pareja y de familia muestran numerosos casos de pacientes adultos cuya utilización de la computadora como “pantalla” revela la existencia de un conflicto subyacente en su seno. El tiempo excesivo pasado en la computadora y la calidad de los objetos virtuales (juegos más o menos infantiles o violentos, bolsa o chat, sitios pornográficos, etc.) constituye un indicador de las dificultades a investir al partenaire y/o los hijos. Así hemos podido constatarlo en el caso de Alejandra: sus fracasos amorosos y su decepción permanente la incitan a utilizar de manera incesante el sitio de encuentros.

 

El campo virtual y la economía psíquica

A pesar de ser un dispositivo de apariencia técnica, el universo virtual crea un efecto de embudo para los movimientos pulsionales, incitando a reencausar la economía psíquica hacia un mundo menos restrictivo. En efecto, en el curso de la terapia de Alejandra, los movimientos pulsionales subyacentes a la relación transferencial fueron absorbidos durante un cierto tiempo hacia el sitio de encuentros y sus posibilidades casi ilimitadas de partenaires. En el marco del mundo virtual la excitación pulsional se despliega en una doble vertiente, permitiendo un compromiso psíquico particular. Por una parte, se produce un movimiento de desvío de la pulsión sexual así como su vectorizacion hacia objetos cuya existencia no es necesariamente real, por otra parte, un movimiento que permite paralelamente la posibilidad de mantener “viva” la pulsión, puesto que encuentra un “ersatz” temporario. Flotando en la nube internet, el lazo entre el deseo y el objeto permanece fluctuante, en cambio la vitalidad pulsional es relativamente retenida por la red. Este proceso permite conservar la pulsión en los dos sentidos del término: la de mantener viva y la de inmovilizar al mismo tiempo.


 


El actuar y sus consecuencias

Cuando ciertos obstáculos impiden su expresión en la realidad, las pulsiones se traducen en el mundo virtual y muy frecuentemente se consumen en una solución rápida, por medio de una acción inmediata, consistiendo a veces en una simple descarga. Según F. Guignard “Las pulsiones epistemofílicas ya no se organizan esencialmente alrededor de un fantasía originaria de escena primitiva... (Hoy) esas pulsiones se orientan ante todo hacia un sistema de lógica binaria, en vez de iniciar el desarrollo de la capacidad de simbolización...

El sistema de lógica binaria abre directamente sobre la puesta en acto de la solución seleccionada...

Llevando al sujeto a un nivel primario del principio de placer/displacer”[3]. Estos movimientos pertenecen al dominio del funcionamiento primario de la relación de objeto.

Esta afirmación es particularmente ajustada en el dominio de los juegos o en otros donde una solución inmediata es condición de la continuidad de la relación individuo-computadora, o de un individuo en relación con un juego en red. Sin embargo, es sin duda menos justificada cuando se trata de sitios donde se ponen en juego las capacidades de transformación y de interacción del sujeto por medio de escritos, discusiones o búsquedas.

En referencia a esas puestas en acción rápidas, S. Tisseron las interpreta como un dato social actual, sin darles un sentido negativo: “en el mundo virtual, la hipótesis no tiene lugar, cada uno es invitado a ensayar y ajustar todas las posibilidades que se le ofrecen. El razonamiento no es más hipotético-deductivo, es intuitivo en permanencia”. [4](4)

Para F. Guignard la acción tendría la consecuencia de sustraer al individuo del pensamiento así como de la conciencia de la temporalidad de una manera general y de la propia en particular. Este aplastamiento temporal suscitado por la acción del sujeto impediría la experiencia de las angustias de muerte, puesto que ellas provienen de esta toma de consciencia y su elaboración. La negación del principio de realidad, especialmente el de la realidad de la muerte, desarrollaría en consecuencia las defensas omnipotentes que bloquean la evolución de la vida psíquica.

Para S. Tisseron, al contrario, el uso de internet ayudaría a elaborar ciertas crisis o dificultades, cuando se trata de conflictos puntuales. El mundo virtual estaría siempre a nuestra disposición, presente, como un sostén narcisista fiable y capaz de hacernos vivir otra vida, con otros personajes. De esta manera las nuevas tecnologías nos aliviarían de la angustia de abandono, de soledad, de derrumbe psíquico.

La cuestión del bloqueo del desarrollo psíquico o al contrario de su alivio por la utilización de internet podría ser pensada en términos de intensidad. El bloqueo tendería a producirse cuando el uso de internet aparece como una investidura esencial de la vida, abastecedor de imágenes, de amigos y gran consumidor de tiempo en relación a la vida familiar, social o amorosa. El alivio aparecería en los casos de falla menor del sujeto o de su contexto, que impedirían tomar en cuenta sus dificultades pero sin que esto constituya una carencia mayor. En el caso de Alejandra, su experiencia del sitio de encuentros se mostro incapaz de modificar su relación de objeto.

 

Los sitios de encuentros por Internet

Los sitios de encuentro representan un campo particular donde la búsqueda de un partenaire se efectúa, por lo menos en apariencia, con la intención de encontrar alguien en la realidad. En regla general, los internautas deseosos de participar en esos sitios deben hacer conocer su perfil, sus centros de interés, sus pedidos (o exigencias) y presentar fotos. La estandarización del retrato, según las normas del sitio, produce de entrada una visión fragmentaria de la persona. En ese marco de datos particular, el sujeto puede imaginar su partenaire como una persona ideal. El sujeto se da a si mismo una valoración igualmente elevada, hasta crearse a veces un nuevo personaje ficticio de grandes cualidades. La impostura presenta los rasgos del poder, del dominio, de la seducción. Para prevenir toda posibilidad de fracaso, esta impostura solo puede mantenerse si se abandona la confrontación con la realidad.

Una vez elegid(o/a) el/la partenaire, se inicia una relación particular: los intercambios se fundan a partir de lo que el sujeto desea mostrar o revelar, de lo que desea hacer creer al otro y esto de manera consciente o inconsciente.

La entrada en el sitio así como el número de participantes, alienta movimientos fantasmaticos omnipotentes de apropiación como de desapropiación de todos los “objetos” susceptibles de estar “presentesó. Estos movimientos, cuando se presentan con una intensidad extrema (esto depende de la personalidad del internauta) pueden estar ligados a modalidades de escena primaria pregenital. De esta manera las fantasías de incorporación, fecalización, de expulsión y de dominio, pueden caracterizar la participación en el sitio de encuentros como por ejemplo la búsqueda paralela en varios sitios, con la posibilidad de hacer simultáneamente varios encuentros.

Internet facilita la ilusión de encontrar un partenaire que encarne la mismidad, con los mismos deseos, los mismos valores y el deseo secreto de mantener el mayor tiempo posible esta situación sin modificación. Induce también una escucha de sí mismo, dejando de lado el otro como partenaire diferenciado.

Cuando el encuentro real tiene lugar, el pasaje a la realidad puede revelarse difícil, tanto más cuanto los intercambios han sido numerosos y densos. El encuentro hace emerger al otro en su totalidad y materializa una brecha entre las diferentes formas de comunicación, haciendo aparecer la realidad corporal y afectiva del partenaire en todas sus dimensiones. Esta realidad está desligada de todas las formas de intercambio anteriores y de todos los contenidos del lenguaje. Esta segunda mirada sobre la persona debe ahora integrar a los datos de los intercambios previos las nuevas emociones que el encuentro real suscita.

En cuanto a Alejandra, el sitio de encuentros parece constituir el lugar del clivaje y proyección de la dependencia, puesto que este es el objeto del cual se puede depender en tanto elemento siempre disponible, proveedor de hombres al infinito. Se trata igualmente del lugar de clivaje de la idealización que permitirá un cambio de la “cualidad” del objeto en cuanto a sus características y poderes: el objeto ya no es más idealizado puesto que los hombres elegidos son inmaduros y nada interesantes. Esto le permitiría un cambio de posición frente a estas nuevas características, una posición de dominio, contrariamente a su posición precedente de dependencia y de sumisión. Estos movimientos están destinados a invalidar la idealización y a instaurar una relación diferente al objeto, más separada de sus objetos parentales, de sus representantes así como de los ideales exigentes de reparación.

Sin embargo una elaboración de esas nuevas relaciones, menos idealizadas, parece muy difícil, puesto que la idealización se instala al nivel del sitio, el cual puede proveer otros hombres y alienta por lo tanto a continuar la búsqueda de un mejor candidato.

 

La interferencia en la transferencia

Para Alejandra, el intermedio internet, a pesar de una experiencia real con diferentes partenaires, no le permitió desarrollar una posición menos idealizada frente al objeto. La utilización del sitio de encuentros puede ser analizada como una desviación de la relación transferencial, idealización manifestada al principio de la terapia con una desaparición rápida de los síntomas. Su decepción surge cuando la búsqueda de un partenaire se revela muy trabajosa, poniendo a prueba las capacidades mágicas de la terapeuta para encontrarle una pareja en la realidad. En un proceso de inversión, su brusca decepción desplaza la transferencia idealizante sobre el sitio de encuentros. Este movimiento persiste hasta el momento en que una cierta toma de consciencia de sus mecanismos interrumpe las visitas al sitio.

En un nuevo movimiento de desplazamiento de la idealización, debido a sus dificultades de aceptar la dependencia en la situación terapéutica, Alejandra se dejara seducir por uno de sus jefes, un hombre de más edad que ella, separado pero con una amante titular e hijos. Este hombre tiene con respecto a ella una actitud de protección, es sexualmente satisfactorio y tiene la capacidad de hacer desaparecer sus angustias “como por arte de magia”. Ella idealizará intensamente este hombre por su madurez, su seguridad y su ambición. Esta relación, al igual que la relación con su primer compañero, tendrá como función tranquilizar y calmar las intensas angustias de persecución que la asaltan.

Sin embargo, poco tiempo después del comienzo de esta relación, Alejandra comienza a ser maltratada, su partenaire la manipula, demandando su presencia y despidiéndola inmediatamente, siempre con excusas más o menos validas. Consciente de esta manipulación, Alejandra aceptara durante un cierto tiempo este comportamiento. El trabajo terapéutico sobre el carácter de sus vínculos de objeto le permitirá comprender ulteriormente el origen de sus búsquedas por internet y su dependencia primitiva infantil de los hombres, así como los movimientos de dominio de los cuales es objeto.

 

Conclusión

Las dificultades del encuentro real revelan la función del mundo virtual en la relación amorosa. El dispositivo del sitio de encuentros por internet, poniendo en juego diferentes mecanismos psíquicos, parece intensificar la ilusión más allá de aquella necesaria en todo encuentro amoroso. Esta ilusión permite imaginar y a veces producir en el universo virtual una reorganización de la relación de pareja, intento fallado en el caso de Alejandra. Sin embargo, estas reorganizaciones requieren distancia y secreto; una cercanía real y durable parece difícil, puesto que cuestiona el clivaje que fue necesario para producirlos. Si lo virtual permite la ilusión de un dominio sobre el objeto, la realidad muestra la dependencia del mismo. ¿El objetivo de orden narcisista de esta relación mediatizada y su equilibrio pulsional seria de nunca llegar a su concretización? En los casos en que los encuentros se materializan, el retorno de la realidad, buscado, puede crear efectos de violencia relacional por la caída brusca de la idealización.

¿Que ocurre con las parejas que se forman efectivamente por Internet? No tenemos estadísticas que nos permitan evaluar la tasa de éxito. Es posible que las parejas que se forman a pesar de estas dificultades y llegan a una relación durable, hayan hecho un sólido trabajo de elaboración alrededor de la suspensión de la compartimentación entre el objeto virtual y el objeto real y sobre sus fantasías y expectativas. Pero esas parejas no acuden, en general, a un terapeuta.

 

Paris, septiembre 2009


 

Haydée Popper-Gurassa
Haydée Popper-Gurassa, Psicóloga, Psicoanalista, miembro de la Sociedad Francesa de Terapia Familiar Psicoanalítica y de la Sociedad Francesa de Terapia de Grupos 

 



Notas
 

[1] Tisseron, S. – (2008) Virtuel, mon amour, p. 44

[2]  Tisseron S. (2009) – Imaginaire et fantasme, in Le danger de la télé pour les bébés, kp. 50/51.

[3] Guignard F. (2007) – Oedipe aujourd’hui et demain

[4] Tisseron, S. (2008) – Virtuel, mon amour, P. 12

 



Bibliografía

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Ferro, A.- (2004) Facteurs de maladie, facteurs de guérison, In Press, Paris.

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Guignard, F. - (2007) Oedipe aujourdíhui et demain? in Actualité de l'Oedipe, PUF, Paris.

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Lisandre, H. et Willo G. – (2007) Virtuellement votre, in Carnet Psy, n° 121, 2007.

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Tisseron, S. - Le bonheur dans l'image (1996), Les empêcheurs de tourner en rond, Paris.

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Tisseron, S.-(2009) Le danger de la télé pour les bébés, Eres, Paris.

Tisseron, S. – (2009) Le risque de la mort rituelle, les jeux vidéo, in Topique n° 107, Paris.

 

 





Resumen

El dispositivo del sitio de encuentros por internet alienta la ilusión de una reorganización de las relaciones amorosos, a partir de un clivaje de ciertos movimientos psíquicos. El pasaje a la realidad se vuelve difícil cuando se deben abandonar los mecanismos de negación e idealización actuantes. Mostraremos con un caso clínico el funcionamiento de los mecanismos psíquicos implicados en este tipo de búsqueda.

 

 



Palabras clave

Sitio de encuentros - reorganización psíquica – clivaje - idealización

 

 




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