Redes feministas musulmanas, estigmatización social y discriminaciones múltiples



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REDES FEMINISTAS MUSULMANAS, ESTIGMATIZACIÓN SOCIAL Y DISCRIMINACIONES MÚLTIPLES

Rubén Darío Torres Kumbrían

Laura Martínez Murgui

Resumen

La comunidad musulmana europea se caracteriza por ser un sector poblacional con una capacidad económica limitada que padece el estigma social de ser identificada con un islamismo propenso a prácticas culturales nocivas. En las antípodas a esa percepción colectiva plagada de prejuicios, la realidad indica que las mujeres musulmanas europeas conforman un grupo demográfico diverso, dinámico e influyente que desempeña un rol decisivo en las esferas culturales, económicas, profesionales y sociales. El colectivo tiene como prioridad incrementar sus capacidades y su visibilidad social a través de una participación impulsora de la plena pertenencia social de la comunidad musulmana al tejido social europeo. Los esfuerzos y logros están obstaculizados por un velo de invisibilidad derivado de los prejuicios socio-cognitivos históricos y contemporáneos instalados en las sociedades europeas. Uno de los efectos de esta estigmatización social petrificada en la visión colectiva del homo videns occidental es la incapacidad de ver y reconocer la labor emancipadora de las musulmanas europeas en el siglo XXI. El imaginario colectivo euro centrista configurado considerablemente por los medios de comunicación, cataloga a las mujeres musulmanas como víctimas de prácticas culturales violentas, de hábitos de vestimenta anacrónicos y de una educación deficitaria producto de las imposiciones patriarcales islámicas. La simplificación descrita se puede definir como una capa de significado superficial, aunque real en algunos casos, pero en modo alguno como una tendencia social única. Una inmersión relacional en el colectivo de las mujeres musulmanas permite comprobar que su protagonismo tiende a un incremento considerable, tanto en sus entornos domésticos, sus comunidades, como en las sociedades europeas a las cuales pertenecen. Se trata de una diversidad de grupos y de redes emergentes de emprendedoras que asumen sus identidades nacional, religiosa y étnica, al tiempo que el acervo cultural del estado de derecho y de la cohesión social europea.



Palabras Clave

Redes feministas musulmanas, islam, plena pertenencia social, invisibilidad social, islamofobia, cognición social, asimilación cultural, cultura patriarcal.



Summary

The European Muslim community is characterized as a sector of the population with limited financial capacity that suffers the social stigma of being identified with an Islam prone to harmful cultural practices. At the opposite to that vicious and prejudicial collective perception, the fact is that European Muslim women make up a diverse, dynamic, and influential demographic group that plays a decisive role in cultural, economic, professional, and social spheres. The group’s priority is to increase their visibility and social skills through participation driving full social membership of the Muslim community to the European social fabric. The efforts and achievements are hampered by a veil of invisibility derived from socio-historical and contemporary cognitive prejudices installed in European societies. One effect of this social stigma petrified in the collective vision of Western homo videns, is the inability to see and recognize the work of the European Muslim emancipation in the 21st century. The collective imagination set considerably by Eurocentric media, catalogues Muslim women as victims of violent cultural practices, anachronistic clothing habits, and deficient education product of Islamic patriarchal impositions. Such simplification can be defined as a one-meaning surface layer, although there are some actual cases, but in any way as a unique social trend. A relational immersion in the collective of Muslim women shows that their role shows tends to a considerable increase in their home environments, their communities, and in European societies to which they belong. This is a diverse group of emerging networks and entrepreneurs who assume their national, religious and ethnic identities, and, at the same time, the cultural heritage of the rule of law and the European social cohesion.



Keywords

Muslim feminist networks, Islam, full social membership, social invisibility, Islamophobia, social cognition, cultural assimilation, patriarchal culture.



1.- El movimiento y las redes feministas musulmanas

1.1.- El devenir feminista islámico en el contexto internacional

El Islam tiene diversas manifestaciones en Europa y reúne grupos de diferentes connotaciones como inmigrantes, ciudadanos de segunda y tercera generación de pleno derecho y conversos procedentes de otras confesiones. La fractura social de género que padecen las mujeres europeas en general, afecta de un modo singular y reforzado a las mujeres musulmanas europeas (Chebel, 2011, pp. 141-156).

Las feministas musulmanas reconstruyen la historia y el porvenir encontrando las condiciones de posibilidad en determinados procesos y acontecimientos concernientes a las relaciones de poder. El feminismo islámico es un proyecto de la emancipación que pone de manifiesto ciertas regularidades en la dominación de estas por los varones, así como en las formas de reaccionar de las musulmanas ante las diferentes modalidades de sometimiento y servidumbre que les son impuestas. La especificidad de una historia de subyugación y exclusión ha generado sus propias respuestas desde una perspectiva islámica (Izquierdo y Torres Kumbrían, 2011).

Ser mujer y ser musulmana, las convierte en blanco de una presión social difusa o evidente, aunque siempre constante con efectos excluyentes u obstaculizadores del empoderamiento que pretenden desplegar. Las manifestaciones culturales patriarcales de dominación y sometimiento, de misoginia y de etnocentrismo, proceden de sus entornos domésticos, sociales o de las sociedades europeas autodenominadas abiertas.


El movimiento emergente de las mujeres musulmanas europeas por la igualdad de género se opone a la aplicación de leyes discriminatorias o aplicaciones normativas de consecuencias restrictivas, y lo hace en nombre de los derechos humanos y del islam, reivindicando una hermenéutica coránica en clave feminista, aspirando a que su perspectiva sea aceptada por el movimiento feminista internacional y europeo.
La orientación descrita del feminismo musulmán está vertebrada en torno a los principios y valores de los derechos de la mujer y de la diversidad cultural asumidos por el corpus de principios y valores del derecho internacional y el derecho comunitario. Las formulaciones del pensamiento no tienen rasgos de una doctrina monolítica y, por esta característica, comparten con las corrientes del feminismo internacional la convicción de que el feminismo no puede ser el mismo en todas las culturas, ni sostener el mismo discurso, ni basarse en la misma perspectiva doctrinaria. Ahora bien, todas las reivindicaciones tienen un factor común, y es que el feminismo es a la cultura patriarcal y a la misoginia lo que la democracia es a los regímenes autoritarios, dictatoriales y tiránicos (Izquierdo y Torres Kumbrían, 2012a, pp. 80-83).
El emergente movimiento de las mujeres musulmanas por la igualdad de género actúa desde una perspectiva islámica para lograr un cambio de las leyes y de los hábitos culturales discriminatorios o restrictivos, para erradicar las prácticas culturales patriarcales antagónicas al Corán, tales como la ablación, la lapidación, los matrimonios forzados, los castigos corporales, el aislamiento político y la reclusión social.
Las feministas musulmanas son constructoras de una hermenéutica coránica compatible y complementaria de las aspiraciones del movimiento feminista internacional, además de ser coherente con una interpretación genuina, precisa y contextualizada del islam originario. Ello implica que la complementariedad compatible con los postulados feministas internacionales no significa en ningún caso que las soluciones a las problemáticas se vayan a encontrar en los códigos culturales estandarizados, indiferenciados y homogéneos dominantes en Europa sino, en todo caso, con la visión de un islam europeo, como la formulada por Tariq Ramadan (Ramadan, 2011).

La obra de Asma Lamrabet, representante y referente internacional de esta perspectiva, es significativa al respecto. Su reflexión ubica la liberación de las mujeres musulmanas en torno al principio de igualdad. Un concepto de igualdad inequívoco de todos los seres humanos, independiente de la raza, del origen y, especialmente, del sexo. El objetivo central que estructura su pensamiento reside en demostrar que las discriminaciones por cuestiones de sexo constituyen una herencia del sistema patriarcal, que a duras penas se va superando en el mundo islámico. Las prácticas sociales de ese sistema patriarcal contradicen los principios defendidos por la Revelación y por el espíritu que inspiró la revolución política y social de la comunidad musulmana originaria (Izquiero y Torres Kumbrían, 2012b, p. 21).

Lamrabet propone la liberación de la lectura patriarcal del Corán que ha imperado y ha sido transmitida a lo largo de la historia de las civilizaciones islámicas como única posible y en la que la mujer ha sido y sigue siendo considerada como un ser desprovisto de inteligencia y al servicio del hombre.


En la misma orientación, Houda Lemkhir, presidenta de la Asociación de Estudiantes Marroquíes en Granada (AEMG), sostiene que lo que se pretende en este tipo de aproximaciones es estudiar los diferentes movimientos que luchan por la igualdad, diseñando una línea de trabajo propia que tenga como pilares los valores musulmanes.
El concepto de feminismo islámico se usó por primera vez a principios del siglo XIX cuando las mujeres musulmanas empezaron a pedir un trato de igualdad y participación en la vida publica. El debate tuvo principalmente una raíz política y la nueva fuerza social posibilitó que el estado empezara a interesarse por un movimiento de mujeres organizadas entorno al ideal islámico y a una ciudadanía completa ejercida de modo efectivo.
Las reivindicaciones de igualdad de género en el mundo musulmán se remontan al nacimiento del Islam y tienen en el profeta Mahoma su principal valedor, no fueron introducidas exclusivamente por occidente como sostienen los islamistas inmovilistas. En la tercera década del siglo XX, Turquía igualó los derechos de mujeres y hombres. La constitución egipcia del mismo periodo abrió una vía a la integración profesional de las mujeres. Tras la finalización de la segunda guerra mundial, las jóvenes naciones del Mashrek promulgaron leyes no discriminatorias. Irak fue uno de los primeros estados en reconocer el concepto de igualdad de derechos en 1948, seguido por Siria en 1949 y El Líbano en 1952. Los emiratos del golfo Pérsico se resistieron a seguir esta tendencia y sus gobernantes tratan de aprovechar el vacío legal para promover una integración de la mujer que está mutilada por la cultura patriarcal preislámica de la península arábiga.
Las feministas musulmanas consideran que una lectura renovada del corpus normativo islámico es efectiva y puede erosionar la sociedad patriarcal. En esta orientación, una hermenéutica femenina musulmana puede impactar favorablemente en la evolución de unas leyes penetradas por una visión hecha por hombres y para los hombres.

1.2.- El devenir feminista islámico en el contexto europeo

En el contexto europeo, la hegemonía patriarcal utiliza en su empeño de sometimiento y reclusión de las mujeres musulmanas fundamentos derivados de una interpretación literal, penetrada por una descontextualización misógina y adaptada a las determinaciones de las culturas patriarcales de origen, cuyo resultados son significaciones antagónicas al ideario islámico de la igualdad de género puesto en marcha por el profeta Mahoma y la primera comunidad musulmana (umma, en árabe).

Otra de las dimensiones constitutivas de la problemática esbozada es la identidad etnocentrista europea judeocristiana, cuyas tendencias sociales se caracterizan por una relación con las comunidades y mujeres musulmanas que oscilan entre la indiferencia y los anhelos de asimilación cultural. A este diagnóstico incipiente se debe añadir una tercera dimensión del fenómeno que podemos definir como las tendencias sociales que representan otra de las manifestaciones del etnocentrismo europeo. Se trata del laicismo concebido como un dogma impermeable a otros sistemas de creencias tales como el de las feministas musulmanas. Los colectivos sociales que orbitan en torno a estas visiones negadoras de la diversidad cultural contemporánea de las sociedades europeas, tales como la identidad eurocentrista judeocristiana y la eurocentrista laica, comparten con quienes defienden una visión patriarcal y misógina del ideario islámico una interpretación descontextualizada y desviada de los significados de los textos sagrados del islam y de sus traducciones en la práctica y el cambio sociales protagonizados por el profeta Mahoma y la umma originaria. El resultado de la mascarada dialéctica es el ejercicio de un sofismo pervertidor de los significados, descontextualizando y desconectando las interpretaciones, dando lugar a conclusiones forzadas que no admiten la existencia una tendencia social que es universal e irreversible: la mujer musulmana se ha propuesto decidir y reivindicar el autogobierno de su trayectoria vital y cívica.

Los argumentos de la defensa de las tradiciones autodefinidas como islámicas, como identidad etnocentrista cristiana o como laica, instrumentalizados en Europa por discursos sofistas toscos y efectivos, contribuyen a la invisibilidad de un sector de la población que exige cambio y reforma. El islam que postulan es compatible y forma parte del acervo cultural de las sociedades europeas. El movimiento feminista islámico es un actor emergente cuyo mensaje es que las mujeres musulmanas europeas desenvuelven sus vidas aspirando no a una integración, sino a un estadio superior caracterizado por la plena pertenencia social ejercida de modo efectivo y visible.

La pluralidad de orígenes doctrinarios del sofismo patriarcal en sus vertientes argumental y socio-cognitiva se traduce en unas fábulas endebles cuando las feministas musulmanas facilitan la comprobación de que los significados precisos y contextualizados del Corán, de la referencia modélica del profeta Mahoma y de las doctrinas que configuran las sociedades abiertas europeas son antagónicas a la dominación, la exclusión, el sometimiento y el aislamiento de la mujer. Sin embargo, el contexto político internacional incide en la petrificación y vigencia social de la fábula estigmatizante, independientemente de su procedencia islámica, etnocentrista cristiana o hipócritamente laica y liberal.

En este contexto favorable a las discriminaciones y restricciones múltiples, las feministas musulmanas se imbrican en el movimiento internacional feminista que está articulado en redes transnacionales de especialistas de género, mujeres activas en ONGs y activistas de los derechos humanos y de los derechos de la mujer, como WIDE, CAFRA, CISCA o Karat.



1.3.- Redes de mujeres musulmanas. Principios hermenéuticos, avances y obstáculos al empoderamiento

La idea de igualdad entre la mujer y el hombre fue introducida por El Corán mediante la noción de insān1 que permite relacionar el principio de equilibrio (tawwazun) con el principio de igualdad y postular que El Corán no asigna roles sociales de género. El rechazo a la autenticidad de ciertos hadices misóginos y la revisión del fiqh, la jurisprudencia musulmana, es otra de las claves de la liberación emprendida por las mujeres musulmanas que analizan los textos islámicos mediante los métodos clásicos de comprobación2.

El conjunto de redes musulmanas representa las principales corrientes del conocimiento feminista islámico y el lobbying se traduce en un compromiso activo con los derechos humanos de la mujer, que predica el seguimiento del Plan de Acción de la Conferencia de Pekín y que sostiene una posición crítica hacia instituciones financieras internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC).

La acción sostenible del feminismo islámico derrumba el esteriotipo de víctimas pasivas adjudicado por la prepotencia intelectual occidental a las mujeres musulmanas. Uno de los objetivos de las redes de feministas islámicas es resaltar la valía de los principios de la igualdad de género desde una perspectiva religiosa, a través de la investigación, la documentación, la información, la divulgación y la capacidad de crear y construir intervenciones estratégicas y operativas de empoderamiento orientadas al logro de la equidad de género.

Los avances significativos en el ámbito de la igualdad de género son tímidos en relación a la dimensión de la problemática global y europea, más aún para las mujeres musulmanas. La igualdad de género es una dimensión vertebral e imprescindible de los derechos humanos, se trata de una formulación doctrinal asumida universalmente, cuya traducción material en la realidad social es un proceso aún incipiente y por tanto inacabado y deficitario en un grado socialmente intolerable.

Las redes de mujeres musulmanas están insertadas en el movimiento internacional feminista y están desarrollando estrategias para lograr cambiar las instituciones de los estados, la sociedad y la economía. El proceso de transformación cultural ha incentivado una presión pública externa para lograr el objetivo de un cambio interno. Otras modalidades de intervención estratégica y operativa son la participación en las instituciones existentes o por medio de la creación de nuevas instituciones. Las emprendedoras musulmanas de estas iniciativas son activistas, abogadas, médicas, profesoras universitarias, agentes sociales, lobbyists, femocrats y ciudadanas identificadas con estas aspiraciones.



1.3.1.- GIERFI y la erradicación de las opresiones múltiples

Un referente significativo del movimiento feminista islámico es GIERFI, un grupo internacional de reflexión presidido por Asma Lamrabet, médica marroquí, investigadora, conferenciante internacional y autora de varios libros sobre la mujer en el islam. El colectivo está liderado por otras personalidades destacables, como por ejemplo Yaratullah Monturiol, vicepresidenta de la Asociación UNESCO por el Diálogo Interreligioso, y Malika Hamidi, vicepresidenta del think tank European Muslim Network (Lamrabet, 2011).

Uno de los objetivos de estas y muchas otras mujeres es el de estudiar las fuentes del islam desde una perspectiva que erradique de la interpretación el legado misógino y patriarcal que a través de los siglos ha impuesto significados antagónicos a la génesis divina del corpus islámico. El discurso y la producción intelectual y científica se basan en una interpretación del Islam, precisa e igualitaria en todos los ámbitos, incluido el de la igualdad de género. Se trata de un proceso de reapropiación y resurgimiento de los significados originales de liberación e igualdad social dados por el ejemplo del profeta Mahoma y la umma original.

1.3.2.- European Muslim Network. Reivindicación de la liberación de la mujer desde el interior del Islam

Malika Hamidi, vicepresidenta del think tank European Muslim Network, expone la tesis de que, entre el modelo occidental de emancipación y el modelo tradicional de las mujeres musulmanas, se perfila en Europa un nuevo tipo de mujeres musulmanas. Por lo tanto, muchas jóvenes musulmanas occidentales tratan de vivir hoy bajo los principios de un islam occidental asociado con la modernidad. Las mujeres musulmanas europeas son testigos en Occidente de los primeros pasos de un movimiento de pensamiento y de una acción feminista musulmana.

La tesis de las feministas musulmanas es que el conocimiento islámico es una herramienta para contrarrestar las prácticas patriarcales, debido a que el espíritu igualitario del Corán puede unirse con la búsqueda feminista. El objetivo es afrontar el reto de demostrar que la liberación de la mujer desde el interior del islam es perfectamente posible, a través de una reapropiación del debate religioso que permite denunciar las desigualdades sociales y políticas y las prácticas tradicionales y culturales nocivas que nada tienen que ver con la religión.

Las musulmanas europeas organizan sus propias luchas por los Derechos Humanos en todos los frentes simultáneamente. Sus estrategias abordan el problema de manera adecuada: basan su trabajo dentro del marco religioso, con la reinterpretación del Corán desde una perspectiva feminista en todo lo relativo a la discriminación que viven las mujeres en su propia comunidad religiosa y a veces con otros hombres. Por ejemplo, las controversias y conflictos relativos a la mutilación genital femenina, a los matrimonios forzados, a la violencia doméstica, a la cuestión de la virginidad en el matrimonio, al derecho de mantener una actividad profesional o de estudio derivan de prácticas y tradiciones culturales nocivas y en ningún caso se pueden vincular al islam. En el contexto interpretativo revisionista, la identificación entre el acervo cultural nocivo y el islam no es plausible, se derrumba y permite aflorar la causa verdadera de la fractura social de género: el machismo misógino.

Frente al discurso feminista monolítico, las feministas musulmanas construyen un discurso diferente, donde se enfrentan a un “ellas y nosotras” simbólico, terreno abonado para el racismo, y sobre todo para un lugar de poder que mantiene a la mujer blanca en una posición de dominación con respecto a la mujer racializada (Dechaufour, 2007). Se trata de una relación de poder entre las propias mujeres. La mujer árabe/inmigrante está instrumentalizada para reforzar una oposición entre un moderno y brillante occidente contra un oriente bárbaro y oscurantista. Al igual que es esencial denunciar la dominación de los hombres sobre las mujeres, se debe reconocer que existe una dominación de la mujer blanca sobre la mujer racializada (Lamrabet, 2007).

Las feministas musulmanas pretenden superar la doctrina de un feminismo estandarizado y occidental, diseñando una nueva definición de la universalidad dentro de los derechos humanos que asuma la diversidad. Las mujeres musulmanas europeas perciben la necesidad urgente no solo de enlaces, sino de una solidaridad entre feministas de horizontes y sensibilidades distintas. En este marco interpretativo, la liberación tiene el mismo objetivo primordial que el movimiento feminista laico, a saber, la lucha contra los diferentes tipos de subordinación de las mujeres.

La superación de la fractura intra-feminista descrita estriba en que las similitudes superan las diferencias, puesto que, en general, incluso el movimiento feminista occidental está también atravesado por diferentes corrientes de pensamiento y en la mayoría de las reivindicaciones se refieren a la igualdad de género en el ámbito público y privado.

Según esta perspectiva, la posibilidad de una coalición nacional y transnacional debe ser pensada fuera de las críticas precipitadas. En esta lógica, es urgente interpelar a los movimientos feministas y a la sociedad civil con el fin de que las mujeres europeas musulmanas sean, como el resto de las mujeres, fuerzas de propuesta en los ámbitos políticos y de gobierno, que se reapropien de un activismo centrado en las prácticas sociales y políticas.

Se trata de la configuración de un feminismo abierto a los demás feminismos, liberado de la cultura de pensamiento único de la supremacía occidental (Bessis, 2002)3 y que encuentra su pertenencia en el movimiento general de mujeres para fomentar la solidaridad feminista y luchar de forma conjunta contra todas las formas de dominación y subordinación.

1.3.3.- Red CEDAR. Modelos para una cultura de liderazgo y éxito profesional

La Red CEDAR (Connecting European Dynamic Achievers & Role Models) es una red paneuropea de profesionales musulmanes que intenta generar una cultura de éxito y liderazgo entre las diferentes comunidades islámicas en Europa. Una de sus principales prioridades es fomentar la aspiración y el logro profesional entre las comunidades menos privilegiadas y marginadas y crear una imagen más diversificada de los musulmanes europeos. Una meta clave de la red es empoderar a la mujer europea musulmana, proporcionándole la participación en iniciativas de trabajo en red, oportunidades para compartir sus experiencias, para desarrollar sus habilidades y capacidades e iniciar proyectos concretos.

La Red CEDAR va en aumento y actualmente se está extendiendo en diez países de Europa occidental. La entidad está conformada por profesionales de diversos campos y, por lo tanto, es un instrumento ideal para reconocer y aumentar la visibilidad de los esfuerzos y logros positivos de la mujer musulmana europea.

La organización sostiene que el conocimiento y el debate tienen como superobjetivo reivindicar y lograr un sistema político y social igualitario que requiere la concreción de metas previas tales como diversificar la representación de la mujer musulmana en Europa, aumentar la visibilidad de la mujer musulmana en sus distintos roles como miembro activa, influyente e inspiradora de la sociedad y empoderar los esfuerzos y logros de la mujer musulmana en una plétora de sectores (Fernández García y Torres Kumbrían, 2012, p. 51).



2.- Redes feministas musulmanas, el 11-S, terrorismo y crisis

El alarmismo social europeo se intensificó tras los atentados del 11-S y los de Madrid, Londres, Casablanca, Yakarta, Sharm el-Sheik y Toulouse. Dichos acontecimientos han impulsado a los órganos de justicia e interior y a los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad a centrar su atención en las redes europeas islámicas. A estos factores reforzadores de los prejuicios y estigmas, que históricamente han preñado la representación de los musulmanes en el imaginario colectivo, se les añaden otros sucesos que actúan como detonadores del recelo social, tales como el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh o la controversia desatada por las caricaturas de Mahoma en Dinamarca.

La idea de que existe una unión entre el islam mundial y el islam europeo y una convergencia de acción de los musulmanes europeos de segunda generación, inmigrantes o conversos, y los musulmanes de otros países cobra fuerza cuando los medios de comunicación informan sobre la presencia de musulmanes occidentales en las redes denominadas terroristas, que operan en Pakistán, Afganistán, Irak, etc.

El conjunto de los movimientos musulmanes mayoritarios es democrático, cívico, pacífico y gana importancia al competir con los interpretadores inmovilistas y deformadores de la génesis del islam, del mensaje coránico y del modelo ético que representa el profeta Mahoma y la primera umma.

Las redes transnacionales de especialistas de género, también las de las mujeres musulmanas, sostienen una postura crítica ante el proceso de globalización neoliberal, debido a la amenaza que supone para la mujer y, en general, para los derechos económicos y sociales de las personas, los cuales podemos definir como la vertiente material de los derechos humanos (Lobby Europeo de Mujeres, 2008).

Los derechos humanos vinculados a la igualdad de género, despojados de la vigencia y ejercicio efectivos de los derechos económicos y sociales, fenómeno derivado de las disfunciones de una globalización desbocada y sin gobierno, relegan a los primeros a la condición de una retórica legal formalista sin efectos reales en la trasformación material de una realidad social excluyente, que afecta a las mujeres a una escala pandémica global, cuyo agravamiento se profundiza en la contingencia de la crisis económica y financiera surgida en 2008 (Izquierdo y Torres Kumbrían, 2012c, p. 36).

En este escenario, los movimientos internacionales de mujeres y, dentro de ellos, los de las mujeres musulmanas, están condicionados por el riesgo de formulaciones doctrinales y de intervenciones estratégicas y operativas escépticas o retóricas.

El caudal de conocimiento construido, los diagnósticos precisos de las problemáticas acerca de la identidad, la voz, el compromiso y la instrumentalización, están limitados por una realidad política que escapa en gran medida a sus respectivos ámbitos de competencia. No hay proceso de transversalidad de género sostenible sin un proceso de regulación y de gobierno de la globalización (Fernández García, 2012).

La mujer musulmana no es inmune a su macro contexto geográfico y temporal, cuando el siglo XXI se está caracterizando por una tensión polarizada derivada de dos concepciones antagónicas, simbolizadas en los paradigmas del choque de civilizaciones y de la alianza de civilizaciones, al conflicto árabe-israelí que, lejos de resolverse, cada día se aleja más de una paz justa y duradera, a los que se han añadido otros detonadores de tensión, controversia y conflicto político y social.

Las redes transnacionales de mujeres musulmanas responden a esta amenaza de marginación y aniquilación eventual de su disidencia cívica, con una interpretación del islam que se sustenta en el entendimiento pleno de los derechos humanos, económicos, políticos y sociales pertenecientes a un cuerpo jurídico único, una comprensión plena que incluye todos estos derechos en uno solo y que en ningún caso deben fragmentarse.

Transversalidad de género y empoderamiento tienen como significado inequívoco los derechos humanos de la mujer. Las feministas musulmanas asumen un enfoque de género basado en una perspectiva integradora y holística de los derechos humanos. El proceso de desarrollo de la transversalidad de género y del empoderamiento no está exento de problemas, sea en los ámbitos domésticos, en las comunidades de pertenencia, en las sociedades de referencia o en las instituciones políticas y económicas.

El drama palestino, el 11-S, la guerra ilegal de Irak, la ocupación de Afganistán, los atentados de Atocha y de Londres, la masacre en Noruega y los asesinatos de Toulouse y Montauban son acontecimientos trágicos difundidos por los medios de comunicación que parecen reforzar la cognición colectiva de un desenlace histórico inevitable de caos, violencia y conflicto entre visiones del mundo y sistemas de creencias mutuamente excluyentes e incompatibles.



2.1. Imaginarios colectivos, estereotipos, estigmatización social y la intervención social comunitaria

Un análisis que trascienda los focos de atención mediáticos apunta a una conclusión opuesta y esperanzadora. La percepción colectiva fatalista, reforzada por la profecía del choque de civilizaciones, resulta empíricamente endeble y mitológica, cuando se la enfrenta a una realidad social europea caracterizada por una diversidad de creencias donde el islam, las comunidades musulmanas europeas y el movimiento feminista islámico aspiran a ocupar un espacio de plena pertenencia cívica y social, adherida de modo innato a los valores y principios que configuran los derechos humanos y el acervo jurídico europeo e internacional.

La coexistencia normalizada entre culturas y religiones en el escenario europeo no es una opción, es un destino ineludible acorde con la actual era de coexistencia y mestizaje de las civilizaciones, uno de los efectos más benévolos de la globalización. La reacción social receptiva ante el hecho diferencial exige una intervención comunitaria donde el trabajo social, disciplina científica autónoma, puede realizar una sólida aportación, a pesar de su desarrollo científico embrionario, y de su inexplicable desinterés por las comunidades y las mujeres musulmanas (Torres Kumbrían, 2013a).

Una intervención social comunitaria orientada a una doble dirección, es decir, a las comunidades musulmanas y a las sociedades donde se insertan, puede hacer que la diferencia deje de ser un motivo de controversia y recelo mutuo para convertirse en un acicate, en un incentivo para el conocimiento social recíproco, que sin duda facilitaría el proceso de empoderamiento de las mujeres europeas musulmanas.

El coste del desconocimiento y de la ignorancia mutua, constituyen una parte significativa de las causas objetivas del enfrentamiento y la conflictividad social (Fernández García, 2012). Resulta ineludible acabar con el estado de desconocimiento y desinterés consciente en las sociedades europeas con respecto al mundo islámico. Las comunidades musulmanas en el continente europeo aglutinan aproximadamente a cuarenta y cuatro millones de seres humanos y en la Unión Europea a trece millones de personas que, con sus referencias culturales de origen, han enriquecido la diversidad del acervo de las culturas, así como también una tradición humanista que es perfectamente compatible con el mensaje coránico y el modelo de comportamiento vital que inspira el profeta Mahoma para los musulmanes.

El empeño obsesivo vaticano para exacerbar el mito de la Europa cristiana como realidad social dominante e inmutable, choca con la verificación histórica que confirma que el continente europeo fue y es un escenario inequívoco de sistemas de creencias diversos desde sus orígenes. La pretensión de desplegar una hegemonía dominante y excluyente de cualquier confesión religiosa, étnica o ideológica ha traído y puede traer consecuencias trágicas. El genocidio bosnio musulmán es una prueba irrefutable de ello.

La dinámica de una historia cíclica de conflicto entre confesiones no está predestinada por ninguna ley física de carácter inamovible. Frente a las profecías fatalistas revestidas de discurso científico, la alianza de civilizaciones apuesta por construir una cultura de convivencia cooperativa que en Europa existe en gran medida, tal cual lo testifica el devenir cotidiano de los cuarenta y cuatro millones de musulmanes europeos.

Los radicalismos minoritarios cristiano, islamista, laico y judío, siempre dotados de una considerable capacidad de estruendo, de interpretación sesgada y desviada de sus credos y de alarmismo social, introducen factores de agravamiento de las contradicciones y obstáculos que obedecen a una finalidad de dominación y exclusión de quienes consideran el otro, una dinámica de conflicto que en la mayoría de los casos es antagónica y herética con la fe e ideales que predican creer y practicar (Izquierdo y Torres Kumbrían, 2012d, p. 35).

La amplia propagación de los tópicos que circulan sobre los europeos musulmanes produce un efecto de retroalimentación. Cuanto más negativa es la percepción de la realidad más se autoconfirman los estigmas cognitivos y prejuicios sobre el mundo islámico y viceversa. El fenómeno del desconocimiento y los prejuicios es recíproco. La segregación que padecen muchas europeas musulmanas refuerza ideas erróneas preconcebidas sobre el otro no musulmán, tendiendo a asumir un rol social de victima pasiva que no le favorece en la hora de asumir su proceso de empoderamiento y de construcción de la plena pertenencia social y cívica.

La confrontación calificada de choque de civilizaciones es el disfraz de las ambiciones y los intereses político-económicos del pensamiento único. La profecía de Huntington, aparentemente autocumplida, más bien ofrece una legitimidad ideológica a esta nueva orientación neoliberal de supremacía total, encontrando en el desconocimiento acerca del islam y sus seguidores grandes ventajas, al poder atribuirles todo tipo de maldades y peligros.

La crisis económica desatada en 2008 también se traduce en un miedo legitimador de la fábula estigmatizadora de la mujer musulmana, que es representada en el imaginario colectivo como una mujer abusadora de los servicios y prestaciones del estado del bienestar sin contribuir a su sostenimiento, convirtiéndola así en un potencial riesgo para la viabilidad futura de la cultura y del modo de vida europeo, un mito inexistente en la realidad social.

2.2.-Representación simbólica y realidad social de los musulmanes europeos

En el 2020, una de cada 5 personas será musulmana, una proporción que exige realizar las siguientes preguntas. Resulta empíricamente indemostrable categorizar a los grupos minoritarios que postulan la acción armada como corriente o tendencia social dominante dentro de las comunidades europeas musulmanas. Llegado a este punto se impone preguntarnos acerca de los motivos de los grupos minoritarios violentos, poseedores de una capacidad de representación simbólica poderosa en el imaginario colectivo europeo, en desmedro de la realidad social mayoritaria de las comunidades musulmanas en Europa (Torres Kumbrían, 2013b).

Las estimaciones estadísticas indican una realidad social no captada por la mayoría no musulmana. Entre once y trece millones de musulmanes en la Unión Europea y aproximadamente cuarenta cuatro millones de europeos musulmanes en todo el continente revelan que las existencias individuales y comunitarias atestiguan modos de vida normalizados, a pesar de que una proporción significativa de la población musulmana oscila entre una posición marginal o de invisibilidad social en el imaginario colectivo mayoritario. El análisis exige interrogarnos acerca de las causas que generan la indiferencia, negación o rechazo colectivos al reconocimiento de una tendencia social musulmana representativa, que persigue afirmarse en el espacio público, haciendo visible su identidad religiosa y su pertenencia innata a los valores europeos de la diversidad.

Las comunidades musulmanas europeas son objeto de recelo por quienes propugnan las pretensiones manifiestas o encubiertas de asimilación cultural antagónicas a los derechos humanos y a las libertades públicas. La globalización ha consolidado la identificación indiferenciada entre las realidades musulmanas locales, regionales, nacionales e internacionales. La reflexividad derivada de esta identificación simplista hace que los sujetos se reafirmen en sus posiciones o bien se vean obligados a reposicionarse en razón de la confrontación con la imagen que se tiene del musulmán. Las políticas del imaginario fundamentadas en el desarrollo de las relaciones entre Europa y el islam, facilitan el uso político de los imaginarios, sobre todo en temas religiosos y sociales, para movilizar y a veces exaltar al tejido social.



2.3.- Crisis, ideologías del odio e islamobobia

La creciente radicalización está vinculada a una crisis política y económica europea que sumerge al tejido social en una situación continuada de incertidumbre, de miedo al porvenir, de exclusión social. La incapacidad de conseguir trabajo, el miedo a perderlo y el desmantelamiento del estado del bienestar se traduce en una búsqueda de culpables. Las comunidades musulmanas europeas ostentan un rol protagonista en el casting xenófobo e islamófobo.

Grecia no deja de ofrecer una visión plausible de lo que se puede esperar en otros países europeos: el partido político Amanecer Dorado cosechó el 7% por ciento del voto en las elecciones generales de 2012, unas 30 veces más que en las elecciones de 2009.

El Frente Nacional de Marine Le Pen consiguió el doble de votos que en 2007 en la primera vuelta de las elecciones francesas a finales de abril de 2012. En Holanda, el Gobierno de coalición cayó en abril de 2012 debido a la deserción del Partido de la Libertad, un partido antieuro e islamófobo liderado por Geert Wilders. En Austria, el partido de extrema derecha está igualado en las encuestas con el del gobierno conservador. En Finlandia los Finlandeses Verdaderos cuentan con el apoyo de más del 20% de la población.

Lo que los une a todos es el populismo, el antieuropeísmo y la hostilidad contra la inmigración y las comunidades musulmanas, que incrementa el número de sus adeptos al expandir su mensaje a los temas más apremiantes de la actualidad angustiante. Para la fábula terrorífica el problema es el islam, ocultando al responsable: el capitalismo financiero internacional desbocado que no es otra cosa que la institucionalización global de la tiranía de la usura.

La tensión que rodea a los temas étnico-religiosos deja entrever que será necesario un profundo trabajo en las nuevas sociedades multirreligiosas y multiétnicas europeas. En Europa se traban relaciones que no son más que una expresión, entre muchas otras, del mundo globalizado en el que las comunidades y las redes feministas musulmanas son actores significativos que jamás aceptarán la invisibilidad y la obstaculización a la plena pertenencia social.

En torno al último decenio, ciertos líderes políticos han manifestado pareceres estereotipados sobre la población musulmana que se han ido reflejando en los sondeos de opinión pública en Europa. Según este discurso, establecer lugares de culto islámicos y llevar prendas y símbolos religiosos o culturales sirve para ilustrar la reticencia de los musulmanes a integrarse o una intención de imponer valores incompatibles con la identidad europea.

En ocasiones se han esgrimido argumentos como el del matrimonio forzado, percibido como una práctica musulmana, para corroborar estas ideas. A veces, la opinión pública y los partidos políticos no distinguen entre prácticas que violan claramente los derechos humanos, como el matrimonio forzado, y otras prácticas relativas al ejercicio de la libertad de expresión y de religión o creencia, como la decisión de llevar el pañuelo u otros símbolos religiosos o culturales islámicos.



3.-Estatutos jurídicos del islam y el concepto de islamofobia

El estatuto jurídico del islam varía entre los países europeos en función de la relación legal entre estado y religión. Algunos estados cuentan con instrumentos legislativos que regulan las prácticas religiosas, incluido el funcionamiento de las mezquitas, la predicación y las prácticas proselitistas, el sacrificio ḥalāl y el uso público de los símbolos religiosos.

En algunos países, no existe un reconocimiento formal del islam, pero esto no afecta necesariamente de un modo negativo a los derechos de los musulmanes.

En todos los estados miembros de la UE, existe una gran variedad de organizaciones musulmanas, pero muchos musulmanes, particularmente los que tienen una perspectiva más secular, no están vinculados a ellas. La participación de las organizaciones musulmanas en la vida política y social es importante pero aún insuficiente para el logro de la cohesión social centrada en la plena pertenencia.

La organización no jerárquica del islam, unida a la diversidad étnica, cultural y teológica de las comunidades musulmanas europeas, crea dificultades particulares para la creación de organizaciones representativas. Existen indicios de que la representación de las comunidades está evolucionando gradualmente en la medida en que las generaciones más jóvenes se ven a sí mismas colectivamente como musulmanes, de modo que generan una mayor interacción entre comunidades musulmanas étnicamente diferentes, lo que no deja de tener repercusiones en las organizaciones musulmanas ya establecidas y en la posible creación de nuevas organizaciones.

El déficit conceptual y doctrinal relativo al término islamofobia es compensado por una delimitación de ocho características definidas en el Informe de Runnymede Trust “Islamofobia, un desafío para todos nosotros” (Runnymede Trust, 1997):



  • Se considera el islam como un bloque monolítico, estático y reacio al cambio.

  • Se considera el islam como una realidad diferente. No tiene valores comunes con las demás culturas, no se ve afectado por estas últimas ni influye en ellas.

  • Se considera al islam como inferior a occidente. Se le percibe como bárbaro, irracional, primitivo y sexista.

  • Se considera al islam violento, agresivo, amenazador, propenso al terrorismo y al choque de civilizaciones.

  • Se considera al islam como una ideología política utilizada para adquirir ventajas políticas o militares.

  • Las críticas a occidente formuladas por el islam son rechazadas de forma global.

  • La hostilidad con respecto al islam es utilizada para justificar prácticas discriminatorias hacia los musulmanes y la exclusión de los musulmanes de la sociedad dominante.

  • Se considera que la hostilidad contra los musulmanes es natural y normal.

En los incidentes que afectan a los musulmanes o personas caracterizadas como tales en razón de su adscripción religiosa, su apariencia física o su país de origen, la inexistencia de insultos directos o de amenazas hacen que pueda resultar difícil calificar un determinado suceso de islamófobo. En cambio, está claro que los ataques contra mezquitas o las pintadas de contenido antiislámico son islamófobos.

Los incidentes o los delitos contra musulmanes pueden estar motivados por consideraciones que nada tienen que ver con la islamofobia. Pueden tratarse de cogniciones, actitudes y comportamientos sociales contrarios, recelosos o agresivos contra los inmigrantes, refugiados y asilados, detectables en el marco de los delitos de odio. También pueden clasificarse dentro una categoría que incluya pulsiones sociales violentas, sin cobertura socio-cognitiva ni objetivos específicos.

La identificación de manifestaciones específicas de islamofobia puede verse facilitada por los siguientes elementos:


  • La percepción que tiene la víctima sobre el carácter islamófobo de un delito es un primer elemento.

  • Un incidente puede calificarse de islamófobo si el autor del delito piensa que la víctima es musulmana, aunque no sea así.

Tras los atentados de Londres, un informe del European Monitoring Centre on Racism and Xenophobia (EUMC, 2006) reveló casos de personas no musulmanas que fueron víctimas de actos de violencia dirigidos contra los musulmanes.

4.- Conclusiones

El movimiento feminista islámico demanda el reconocimiento de una ciudadanía igualitaria y el cese de la opresión múltiple, cuestionando la vigencia de un feminismo estandarizado occidental excluyente de la perspectiva islámica.

Las mujeres musulmanas están negativamente condicionadas por un contexto caracterizado por la globalización desbocada, la tensión polarizada entre los paradigmas del choque de civilizaciones y de la alianza de civilizaciones, la dinámica internacional posterior al 11-S y la crisis económica internacional desatada en 2008.

La superación de la visión estereotipada puede darse a través del conocimiento social mutuo y recíproco, de un debate informador sobre la realidad de las vidas de estas mujeres.

Las percepciones estereotipadas sobre el pañuelo y sobre la posición de las mujeres en las familias musulmanas afectan negativamente a las mujeres que deciden llevar prendas o símbolos percibidos como islámicos.

Las tradiciones nocivas tales como el matrimonio forzado, la mutilación genital femenina, los crímenes de honor son contrarios al islam, al Corán y al ejemplo del profeta Mahoma.

Las tradiciones nocivas que afectan a las mujeres musulmanas también se extienden a otras comunidades como los sijs, hindúes y cristianos, aunque dicha tradición nociva y violenta no encuentre fundamento en los textos religiosos.

Ser musulmán puede implicar características identitarias diferentes de las puramente religiosas, por ejemplo, aspectos culturales o relacionados con la tradición. El término musulmán alude a personas que se identifican a sí mismas como musulmanas invocando raíces o valores culturales, religiosos o de tradición.

Las encuestas de opinión tanto nacionales como internacionales muestran invariablemente una imagen negativa de la opinión pública general sobre los musulmanes, pero con variaciones considerables entre los países europeos.

Los estereotipos y los prejuicios contra prácticas religiosas o culturales musulmanas también han ocasionado restricciones en el establecimiento de mezquitas.

La controversia sobre la integración y la plena pertenencia social de los musulmanes en la Unión Europea, sean ciudadanos o inmigrantes, está alentada por las declaraciones públicas de políticos, los constructores de opinión pública y los casos de tradiciones nocivas que se pretenden proyectar como una realidad social dominante y monolítica de las comunidades musulmanas europeas, ocultando la tendencia general de aspiración a la plena pertenencia social.

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Torres Kumbrían, R. D. (2013b). Trabajo Social con Comunidades y Mujeres Musulmanas. Diagnóstico de las discriminaciones múltiples. Colección de Trabajo Social, Madrid, Ediciones Académicas.

1 Insān kāmil: hombre universal, completo, perfecto, pleno. El kāmil es ese ser que logra que la existencia gire a su alrededor. La criatura “perfectamente humana”: el ideal humano en cada tradición (normalmente encarnado en quien inaugura dicha tradición en este mundo, aunque, en sentido riguroso, toda tradición legítima está fundada en el cielo). Iqbal, junto con muchos otros comentaristas, afirma que el insān kāmil está compuesto de dos mitades, masculina y femenina. Este ser humano llega a su perfección cuando el equilibrio entre las dos partes es pleno.

2 El Departamento de Asuntos Religiosos de Turquía (Diyanet) trabaja en un proyecto para retirar los hadices misóginos de las colecciones que esa institución publica y colabora con 76.000 mezquitas de todo el mundo.

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