Recorriendo historia de trabajos institucionales. Pensandonos trabajadores/AS… ejerciendo pràcticas en tiempos de leyes y derechos



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RECORRIENDO HISTORIA DE TRABAJOS INSTITUCIONALES. PENSANDONOS TRABAJADORES/AS…

EJERCIENDO PRÀCTICAS EN TIEMPOS DE LEYES Y DERECHOS.
Hay cosas que deben ser dichas suficientes veces…”

Sigmund Freud.
Hace tiempo vengo intentando bucear en el tema que nos implica como trabajadores/as insertos en el actual contexto…en tiempos de Leyes y Derechos… de malestares de la época…de invasiones mediáticas y poco espacio para la escucha y el encuentro…tiempos diferentes… con realidades que nos interpelan a pensar/re –pensar/nos como trabajadores/as dentro del ámbito de la Salud Mental. Atravesados por realidades sociales, experiencias profesionales, bagajes personales que nos posicionan y transforman porque no podemos quedar excluidos del contexto social en que desempeñamos nuestras prácticas, en esos contextos donde somos trabajadores/as.

Ante la posibilidad de poner letras a este artículo se vuelve indispensable revisar archivos, esos que dan cuenta de los recorridos, que actualizan las historias, que nos devuelven imágenes de quienes éramos y donde estábamos, en muchos casos no por elección sino porque era la única posibilidad, hasta de supervivencia en ese momento, fotos en blanco y negro, textos con posicionamientos teóricos que dan cuenta…que transitamos siempre el mismo camino con convicciones claras… se modifican los escenarios, se sitúan en diferentes contextos socio-político-culturales y ahí… transcurren las que se me ocurre denominar “escenas de la historia del devenir profesional”, ya que entre los “actores sociales” participantes nos encontramos los/as trabajadores/as. Si tuviera que graficar esas escenas pensaría en distintos momentos de secuencia que son coincidentes con la realidad país.

Un momento podría ser el desembarco de jóvenes, muy jóvenes algunos/as, en las Universidades Nacionales, llegando desde el interior y del “otro interior” (llamo así a las ciudades y pueblos que no están en las capitales provinciales), y desde las mismas grandes urbes, con el equipaje de las ilusiones y empezando a caminar queriendo alcanzar las utopías… como decía Eduardo Galeano “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá ¿entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Y seguimos caminando…como se podía…con lo que había…o no había… al mencionar esto, merece ser citado Alejandro Vainer (2009) cuando habla de los otros desaparecidos de la Salud Mental, las teorías y las prácticas que la maquinaria de la dictadura intentó borrar.

Luego de este recorrido,en tiempos donde no se respetó la vida, muy lejos estábamos de bregar por los derechos humanos, las construcciones colectivas, los valores solidarios, solo por mencionar algo de lo mucho que fue cercenado, se dio para los “sobrevivientes” el egreso de los ámbitos académicos…con una dictadura cívico-militar “gobernando” un país…había que construir una salida…? al mundo…? laboral…? Ingresar en las instituciones pisando terrenos poco firmes…en los demás contextos tampoco eran tiempos muy felices…pero teníamos en claro que nos convocaba algo más…era retomar la tarea pendiente que dejaron, porque no les permitieron hacer, nuestros colegas desaparecidos. Y, en nombre de todos ellos, quiero recordar a Beatriz Perosio, quien era, en el momento de su desaparición, 8 de agosto de 1978, presidenta de la APBA (Asociación de Psicólogos de Buenos Aires) y de FePRA (Federación de Psicólogos de la República Argentina). En su mensaje decía: "No hay otra manera de lograr nuestra libertad de trabajo y la jerarquización de nuestra carrera sin una organización que nos fundamente y nos respalde. Hoy en día son impracticables los proyectos individuales o de pequeños grupos". Algo de esto era lo que nos convocaba a ir por el recupero de las organizaciones y las construcciones colectivas. No era fácil en un contexto en que “de eso no se habla”...y ahí estuvimos…esperando, resistiendo…formándonos como podíamos…



Llegó el otro momento, donde con el devenir de la democracia, se reabre la posibilidad de legislar el ejercicio de la Psicología y crear los Colegios Profesionales. Reaparecen las Asociaciones Profesionales. A empezar a caminar nuevamente y construir, en las entidades y en las instituciones. Y aprender a vivir en democracia y valorar el poder desarrollar el ejercicio de la misma. Me parece importante repasar este recorrido porque no es demasiado frecuente contextualizar el trabajo profesional con la historia socio-política del país en que vivimos.

También eran tiempos de Vivir en Tensión.

Fue entre ese tiempo y la llegada y el transcurrir de los ’90, donde se presentó otro escenario, donde de modo artesanal apostamos a los posicionamientos ideológicos y a seguir detrás de las utopías, que siempre se corrían dos pasos... como también el horizonte…comparto citas de un trabajo escrito en esa época, siendo jefa de un Servicio de Salud Mental, en el Hospital Gobernador Centeno de General Pico, una localidad del norte de La Pampa:

Cuando en el otoño del ‘94 comenzamos este camino nos movilizaba la ansiedad de poder “hacer algo”… o el deseo de desmitificar los muros y la locura… o la energía de la juventud que motivaba un proyecto de trabajo “diferente”…



En principio queríamos recuperar las “llaves”… que nos permitieran abrir las puertas y circular libremente reconociendo nuestros propios espacios, a partir de reconocer los espacios propios, reconocernos como Personas – Trabajadores de la Salud Mental – con formaciones diferentes por esos espacios vedados y que nos atrapaban en los muros de la indiferencia, el desconocimiento y la inseguridad…

A partir de este recorrido y el descubrimiento del espacio común en libertad comienza la constitución del grupo… de referencia y de pertenencia… como sostén de futuras acciones y la base para la elaboración de propuestas y puesta en marcha de proyectos.

El logro de este reconocimiento… (a pesar de las dificultades y los errores) fue permitiendo un posicionamiento de equipo, que es la forma de constituir una identidad para “salir” a convivir con los otros sectores de la Institución.

Pertenecemos al grupo de los llamados “servicios Cerrados”… si “Cerrado” nos identifica con brindar otro tipo de “Cuidados”, Contención y Límites Sanos; bienvenido sea…, pero que “cerrado” no determine una estructura estanca, sin posibilidad de “escucha”… que no se asocie al aislamiento, depósito, marginación y locura; cuando ya poco queda por hacer por el otro.

Los OTROS que atraviesan un sufrimiento, el sufrimiento subjetivo, el que necesita tiempo recorrido, para instalarse y tiempo de tratamiento específico y análisis para que se remita el cuadro…- cuando se puede-…, tiempo que debemos estar dispuestos a acompañar desde cada una de nuestras funciones dentro del Servicio “Cerrado”… pero abierto a: que el paciente ingrese con su historia y su verdad… su familia… sus crisis y sus realidades o irrealidades, sus mundos fantásticos y delirantes a los que tememos (y/o tenemos?) que abrir las puertas y la escucha… mundos que sorprenden, angustian, paralizan, excitan, no ajenas por identificaciones, prejuicios, similitudes y diferencias… ambivalencias.”

También en ese tiempo fue un desafío “ocupar” un lugar que llegó por consenso y me llevó a elaborar estas reflexiones:

En mayo del año 94 y por esas cosas de las instituciones se produce un cambio de jefe en el Servicio de Salud Mental del Hospital Gobernador Centeno, es así como por consenso del equipo llego a ocupar la jefatura de este Servicio….tan novedoso, como cuestionable...desde todos los sectores,…no fue una tarea sencilla, en principio los mismos Psicólogos debíamos aceptar que podíamos ocupar ese espacio….hasta ahora reservado para el sector médico, aceptar que podíamos organizar una tarea desde la interdisciplina y generar proyectos … que marcaran un perfil de Servicio donde en principio era necesario conformar un equipo de trabajo con capacitación continua y específica , donde ir elaborando las pautas comunes que determinarían la base para empezar a construir un camino diferente, con un discurso común que nos condujera a recibir mejor a ese paciente que llegaba con su sufrimiento ….”

A partir de allí empezó el ejercicio de las acciones conjuntas, un aprendizaje enriquecedor de crecimiento personal, profesional y colectivo. Donde pudimos comprobar a través de las acciones cuanto podía hacerse desde un Servicio de Salud Mental, ya funcionaban los primeros grupos de Ayuda Mutua para la Prevención de la Violencia de Género y de Familiares de pacientes ( hoy usuarios), en el día a día y con compromiso de un sólido equipo hicimos camino, en tiempos de tanto individualismo, sin descuidar la especificidad de la práctica podíamos apostar a las construcciones colectivas, entre otros, el programa de Prevención “Rutas sin Accidentes”, un querido hijo de las ideas dio cuenta de ello.

Como en tantos otros lugares del país, construíamos silenciosamente y marchábamos… así seguimos marchando, incluyendo, participando en actividades gremiales de la institución y de las entidades profesionales, ejercitando la democracia.

Y continúo en la línea que…“Hay cosas que deben ser dichas suficientes veces…”

Con la promulgación de la Ley de Salud Mental en diciembre de 2010, y su reglamentación en 2013, se plantea otro escenario. Esta Ley vino a poner marco legal a un trabajo que hacíamos artesanalmente y desde las voluntades, y creo que quienes sostuvimos las prácticas en otros tiempos bien podemos dar cuenta de ello. Más allá que a la letra de la Ley, hay que ponerle contenido, sabemos bien de qué hablamos cuando nos ubicamos en este contexto. Es así que sentí la particular inquietud de indagar acerca de las condiciones laborales de Psicólogos y Psicólogas en el país, para eso me pareció pertinente conocer cuantos y cuantas somos y donde estamos ejerciendo nuestras prácticas, pensado nuestro país federal. Tomo la referencia de un trabajo realizado por el Lic. Modesto Alonso y la Lic. Doménica Klinardonde (2014), donde dan cuenta que hay 94.000 psicólogos y psicólogas en el país, estando en actividad 82.000, con los aportes de Colegios y Asociaciones comprobamos que solo la mitad están matriculados en las entidades, por lo que se desprende que queda por hacer una importante tarea de docencia hacía el interior de los propios colectivos. En este camino de construcciones, me parece pertinente mencionar a Mario Testa, quien habla de democratización interna y de doble barrera ideológica, creo esto aplicable también en el terreno donde debemos dar la discusión acerca de nuestros derechos y obligaciones, posicionarnos y dar más discusiones hacia dentro de los propios colectivos.

El objetivo de enunciar los problemas es el de ponernos a pensar y poder reflexionar en conjunto.

Y vuelvo sobre las reflexiones…y sobre esas “cosas que deben ser dichas suficientes veces…” en la medida que se instalan diferentes conceptos a la luz del nuevo escenario de derechos en el camino hacia la inclusión y se visualizan distintos sectores activos y participantes, es tiempo de poner en agenda el debate acerca de los derechos de los/las trabajadores/as. En este camino de sembrar desafíos debemos transitar recuperando la historia, la historia del trabajo de quienes nos precedieron marcando rumbos, la historia del trabajo voluntario, artesanal y silencioso que precede a la promulgación de las leyes. Es muy interesante y valioso rescatar y destacar la tarea de psicólogos y psicólogas, de trabajadores y trabajadoras de la Salud Mental, que en este, nuestro país federal, en tantos y diversos lugares desarrolla una tarea poco visibilizada y en muchos casos sin garantías contractuales. En este contexto se hace necesario hacer docencia y reflexionar hacia adentro de nuestros propios colectivos, en este reconocernos trabajadores, vamos de la mano de recuperar la historia, de reconstruir la brecha que no casualmente nos deja en un punto de inflexión, perdiendo en muchos casos la continuidad no solo de las acciones, sino que aparece planteado como una suerte de deshistorización traducida a veces como falta de valoración y respeto a los pares.

En tiempos donde bregamos por la Memoria, la Verdad y la Justicia, por la búsqueda de identidades, cuesta reconocernos trabajadores/as, actores sociales involucrados/as, si nos situamos que venimos de una época de vaciamiento conceptual en tiempos de la dictadura cívico-militar y del neoliberalismo, debemos redoblar la apuesta en ese recupero de la historia en que otros y otras nos marcaron el camino.

Cuando de derechos hablamos me surgen inmediatamente interrogantes… reflexiones… deseos de compartir ansiedades, que provienen de años de transitar espacios donde en el día a día tenemos que seguir “demostrando” quiénes somos y “justificando” lo que hacemos, y para qué lo hacemos.

Si bien considero que corresponde “dar cuenta de”… y enmarcar el rol profesional desde un sustento teórico y ético…me estoy refiriendo en este caso a otra cosa, a lo que pasa o no pasa en las instituciones, en los sistemas de salud, en los espacios donde desarrollamos las tareas y convivimos con el padecimiento mental.

Y continúo con el debate acerca de los derechos de los y las trabajadoras, los actores y actoras… que integran, participan, sostienen, organizan los equipos de salud y están ahí… abriendo la puerta, tomando de la mano la historia de usuarios y familiares, compartiendo sus malestares, siendo parte de las construcciones y alegrándose por sus bienestares cuando se empieza a ver la luz.

Ya en 1947 en la proclama de los derechos de los trabajadores se enunciaba: el derecho al trabajo, a la remuneración justa, a la capacitación, a las condiciones dignas de trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de su familia, al mejoramiento económico, a la defensa de los intereses profesionales.

Mucho camino se ha andado en estos años en el intento del recupero de derechos de todos y todas.

En el recorrido por los caminos federales aparecen factores comunes en relación a los malestares de colegas atravesados por la precarización laboral y la falta de reconocimiento en la mayoría de los ámbitos de desempeño, tanto públicos como privados…Encontrarnos en este mayo de 2015 con una ley de Salud Mental promulgada en 2010, reglamentada en 2013 a través de su decreto 603, pensar /repensar nuestras prácticas y nuestros espacios, creo no es poca cosa, y nos debemos el desafío de generar estos espacios para el intercambio, para las construcciones colectivas, para conocernos unos con otros y podernos respetar y valorar , a quienes tienen historia y recorrido y a quienes con la frescura de las ideas y las miradas desde otros contextos nos vienen a enriquecer con los aportes, tenemos-debemos trabajar para que las brechas generacionales se transformen en puentes que nos permitan posicionarnos desde el lugar que nos merecemos en el marco de las construcciones colectivas.

Y, tomando la letra de la Ley 26657, me permito hacer este intento de articulación en el escenario de Derechos. En el artículo XIII del capítulo 6 se refiere a los equipos interdisciplinarios, refiriendo que:

Los Profesionales con título de grado están en igualdad de condiciones para ocupar los cargos de conducción y gestión de los servicios y las instituciones, debiendo valorarse su idoneidad para el cargo y su capacidad para integrar los diferentes saberes que atraviesan el campo de la salud mental.



Todos los trabajadores integrantes de los equipos asistenciales tienen derecho a la capacitación permanente y a la protección de su salud integral, para lo cual se deben desarrollar políticas específicas.”

En el decreto reglamentario mencionado expresa: La autoridad de aplicación promoverá en conjunto con las jurisdicciones, protocolos de evaluación a fin de cumplir con el artículo 13 de la Ley Nro. 26657.

Podríamos entonces tomar algunos ítems y desglosar su contenido.



Si todos los profesionales con título de grado están en igualdad de condiciones para ocupar cargos de gestión y conducción de los servicios y jefaturas, en principio se deberían garantizar las condiciones contractuales, la continuidad de los trabajadores en los cargos porque esa continuidad sería uno de los modos de lograr la conformación de equipos solidos con bienestar, situación que incide directamente sobre la calidad de prestación al usuario, debería haber concursos y no plantearse objeciones ni dificultades a la hora de concursar los mismos.
En relación a la Capacitación Permanente:

Partimos de la definición capacitar como “hacer a uno apto para ciertas cosas”, llevado esto al campo de la Salud Mental son tantas las variables que se ponen en juego…que…la formación junto con la información, la práctica, los espacios de supervisión, la ética, los valores y el respeto por el otro simplemente nos colocan en el “camino” de ser aptos para… Por esa razón debe ser permanente y de construcciones constantes como la práctica misma, y debe estar garantizada como derecho de las y los trabajadores.


En cuanto a la Protección de su Salud Integral:

Hace tiempo vengo pensando acerca de la implicancia que la tarea específica tiene en la salud de los/as trabajadores/as de la Salud Mental y observando el tipo de relación entre las buenas y sanas condiciones de trabajo y las que no lo son, sitúo a la salud bajo la concepción de derecho social, el cual es pensado pocas veces hacia adentro de los mismos equipos de salud, por un lado porque resulta complejo pensar acerca de nuestra propia vulnerabilidad y que estamos atravesados por las mismas cosas para las cuales estamos entrenados y por otro lado porque desde las políticas públicas aún no se garantizan las mejores condiciones para los/las trabajadores/as.

En este intento de pensar/repensar la problemática y a partir de la experiencia por los recorridos institucionales se me abren nuevos interrogantes… ¿Cuándo empieza a estar en riesgo este derecho social que es la salud? ¿De qué nos podemos enfermar los/as trabajadores de Salud Mental? ¿El maltrato o destrato, la indiferencia, la descalificación y el hostigamiento pueden ser factores de riesgo y afectar nuestro desempeño profesional? ¿El desarrollar las tareas en condiciones poco saludables, ya sea por trabajar en espacios físicos inadecuados o bajo tensión por conflictos institucionales, o falta de reconocimiento a las tareas pueden ser factores de stress?

Siendo el recurso humano el único elemento para afrontar la tarea y quedando como depositario de las angustias y ansiedades, a lo largo del tiempo, ¿queda ciertamente afectado?

Las modalidades de contratación bajo condiciones de precarización laboral tan comunes en este tiempo, que demandan deberes, pero no contemplan derechos, ¿no impactan en la salud de trabajadores y trabajadoras? Por ejemplo, el no poder acceder a licencias por enfermedad, maternidad, vacaciones anuales, y que el otorgamiento de las mismas lejos de ser un derecho adquirido, dependan de la voluntad del jefe de turno.

El traer estas letras es un intento de pensar/repensar que si no se respetan las condiciones de trabajo de los equipos de salud, habrá consecuencias en el impacto de la salud de la población. Considero necesario retomar los conceptos de auto cuidado-cuidado-descuido y su interrelación con las variables que aparecen en el transito del camino cotidiano por el desempeño de la práctica profesional.

Y quiero volver a compartir una cita de Chistophe Dejours (2012), cuando habla de honrar la vida trabajando y expresa:

La celebración de la vida no se decreta, no se puede prescribir en forma alguna. Depende fundamentalmente del ejercicio individual de una búsqueda y de una exigencia: la de la prueba de sí de la vida y nada más. Esa prueba se juega concretamente en la relación individual con el trabajo y en la relación con los otros por medio del trabajo. Honrar la vida en el trabajo consiste ni más ni menos que en pensar y sostener la cuestión del trabajo vivo, es decir del trabajo bien hecho y de la calidad en que la vida se manifiesta en su potencia”.

Y apuesto a honrar la vida trabajando…por lo que creo necesario pensar/repensar bajo qué Derechos y garantías estamos amparados, poder generar espacios de reflexión-construcción desde el respeto entre los pares, reclamos por condiciones dignas de trabajo, con todos los aspectos que la dignidad laboral conlleva, instalar la demanda por derechos previsionales diferenciales dada la especificidad de la tarea y que contemplen tiempos cronológicos y de desempeño en la actividad.

Dado que poseemos, los elementos que nos ha dado y nos sigue dando el recorrido por la práctica cotidiana en territorio, los conocimientos, y nos enmarcamos en la defensa del rol profesional, debemos acercar propuestas para contribuir a la elaboración de políticas públicas que garanticen esos DERECHOS…NUESTROS DERECHOS.

Para finalizar, cito a Freud, (1930):

“…ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo tan firmemente a la realidad como la Insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana…La actividad profesional brinda una satisfacción particular cuando ha sido elegida libremente, o sea cuando permite volver utilizables mediante sublimación inclinaciones existentes, mociones pulsionales proseguidas o reforzadas constitucionalmente…”.


Lic. Mónica Vaccaro.

psicopicomev@gmail.com
Bibliografía
Alonso M. y Klinar D. (2014). Los psicólogos en Argentina. Relevamiento Cuantitativo. Investigación realizada en la UBA en el año 2014.

Dejours, C. (2012). Trabajo Vivo. Buenos Aires: Ed Topia.

Freud, S. (1930). El malestar en la Cultura. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Vainer, A. (2009). Los Desaparecidos de la Salud Mental.



Vaccaro, M. (2004). ¿Cómo pensamos la Institución desde un Servicio de Salud Mental? Trabajo presentado en XIII Jornadas Nacionales del Ejercicio Profesional del Psicólogo en Santa Rosa, La Pampa, del 2 al 4 de Julio del 2004.

Ley Nacional de Salud Mental (Ley 26657).


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