Reconstruir el tejido social mediante la práctica de transformar el pasado: Diseño de una intervención en violencia política



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2. Selección

3. Preparación

4. Apoyo al Duelo

5. Exploración

Acciones a Tomar

6. Devolución Social

19


Cuadro X.1: Violencia política:

Procesos y Fases de Intervención





Procesos

Fase de la Intervención

  1. Indagación Previa

  1. Identificación de los problemas o necesidades

  1. Selección de participantes

  1. Evaluación del problema o necesidad

  2. Selección de participantes

  1. Preparación

  1. Procesamiento de la Información

  1. Apoyo al duelo

  1. Determinación del programa

  1. Exploración de acciones a tomar

  1. Cómo se hará la intervención

  1. Devolución social

  1. Evaluación

  2. Seguimiento

  3. Preparación del informe



X.3.2.1. La Indagación Previa
Objetivo General:


  • Identificar la comunidad que participará en la intervención psicosocial.



Objetivos Específicos:


  • Levantar el perfil comunitario donde se hará la intervención.




  • Detectar el nivel de interés de los habitantes de la comunidad para una participación activa y sostenida.




  • Generar la dinámica inicial y compromisos locales que permitan la intervención basada en las necesidades sentidas de la población.

Este proceso implica la visita a comunidades donde residen personas que sobrevivieron un conflicto armado. Para implementar este proceso será necesario conocer y documentar la historia reciente de la comunidad y las experiencias de sus habitantes en desplazamientos forzados, actos de barbarie perpetrados contra la población civil, exilio o vivencia en campos de refugiados, etc. Esta documentación quedará recogida en una ficha de comunidad que contenga al menos la siguiente información: nombre de la comunidad, número de familias, ubicación geográfica, procedencia de los habitantes antes del conflicto armado, tipos de experiencias traumáticas vividas durante el conflicto armado, condición socio-económica actual de la comunidad, fuentes de trabajo y forma de subsistencia de los habitantes, forma e historia de la organización comunitaria, presencia o trabajo de ONGs en la comunidad, clima socio-político actual de la comunidad y capacidad organizativa para encontrar soluciones a problemas que le son propios. Se pueden visitar dos o tres comunidades con la finalidad de identificar una en la que la intervención tenga alta probabilidad de adhesión y participación de los habitantes. Las actividades diagnósticas de la indagación previa permitirán fundamentar mejor y diseñar más certeramente las actividades y, además, ayudará a determinar el perfil del recurso humano que necesitará el proyecto de intervención.


Entre los criterios que son útiles para determinar esa probabilidad de éxito está el apoyo que se pueda lograr de la junta directiva de la comunidad, la existencia de experiencias traumáticas que se vivieron de manera conjunta, el deseo manifiesto de los habitantes de participar en actividades conducentes a recuperar la memoria histórica, un alto índice de participación política, y un bajo índice de conflictividad actual entre los habitantes de la comunidad. Todo lo anterior está recogido en el primer del modelo representado en la Figura X.1 y aparecen en los recuadros titulados estructura comunitaria, historia de la comunidad y condiciones socio-políticas.
X.3.2.2. Selección de Participantes
Objetivo General:

  • Identificar un grupo amplio de pobladores que sufrió pérdida de familiares y amigos durante el conflicto bélico.


Objetivos Específicos:


  • Explicar a los potenciales participantes la duración de la intervención y los objetivos que ésta persigue.




  • Aplicar una entrevista semi-estructurada elaborada para detectar el nivel del trauma psicosocial y otros instrumentos que midan el bienestar social.




  • Generar un compromiso de participación basado en la interacción cara-a-cara.

El carácter participativo de la intervención hace que la selección de participantes sea crucial para varios aspectos de la intervención. En primer lugar los participantes irán moldeando y determinando las distintas actividades en cada uno de los procesos de la intervención. En segundo lugar, serán ellos los que determinen la acción comunitaria más idónea para hacer memoria de los caídos o desaparecidos. Estas acciones pueden tomar la forma de un pequeño monumento con los nombres de sus familiares y amigos, un mural, el establecimiento de una fecha conmemorativa celebrada en y por toda la comunidad u otra forma de recuerdo que dignifique la vida de los ausentes y de los sobrevivientes. En tercer lugar, son ellos los que se adentraran en esa memoria dolorida para desde esa mirada interior y colectiva encontrarle sentido a la pérdida y orientación a sus vidas. La cuidadosa selección de los participantes sienta la base para la sustentabilidad del proyecto en la medida en que éste tenga arraigo y logre articularse en el imaginario social de la comunidad. En la selección de participantes será necesario visitar a familias de la comunidad para hacer conocer el proyecto y en esa ocasión se puede aplicar una entrevista semi-estructurada que esté dirigida a identificar el perfil de los participantes. Si se estima conveniente, en una segunda visita se puede aplicar algún instrumento para medir el nivel de bienestar social de los habitantes de la comunidad. Uno de esos instrumentos puede ser el de bienestar social validado por Blanco y Díaz (2005). Estos mismos instrumentos se volverán a aplicar al concluir la intervención para poder documentar el impacto de la misma.


La selección de los actores locales tiene, además, relación directa con la viabilidad política, social y de finalización del proyecto. Para que el proyecto sea políticamente viable tiene que generar un apoyo amplio de distintos actores de la comunidad. Sin ese apoyo la probabilidad de éxito se vería menguada substancialmente. Como acota Nirenberg, Brawerman y Ruiz (2006, p. 44) “si las autoridades locales, los profesional y técnicos del lugar y los propios actores comunitarios a quienes se dirigirán las acciones están convencidos, se adhieren a ellas y las reclaman, la viabilidad política de la propuesta será alta”. La viabilidad social tiene relación con el grado de consonancia entre las actividades del programa de intervención y sus formas con las costumbres, creencias y actitudes de la población. En la medida que las actividades de intervención no estén en conflicto con las costumbres de la comunidad –o dicho de manera positiva, en la medida que exista congruencia entre la cultura local y las actividades de la intervención– en esa medida aumenta la probabilidad de éxito de la intervención. Los participantes se puede seleccionar utilizando el muestreo de bola de nieve sugerido en el Capitulo 2.
Por otro lado, en el proceso de selección de participantes se puede detectar o anticipar cualquier conflicto entre algunos habitantes de la comunidad que pudiese disminuir la efectividad de la intervención. No hay que olvidar que en algunos eventos de violencia política o violencia organizada los habitantes de una comunidad pudieron haber estado en lados distintos en el conflicto o haber tenido problemas asociados a su supervivencia. Además, la viabilidad social se asegura involucrando a los participantes en la toma de decisiones en todas las etapas posibles. La viabilidad de finalización se refiere a la capacidad de afrontamiento sobre la violencia que quede instalada en la comunidad cuando termina el período de la intervención. Como la intervención, obviamente, tendrá su período de finalización, la mejor garantía de que los efectos de la misma se extiendan en el tiempo es involucrar a los participantes en la toma de decisiones más importantes. En la medida que los participantes consideren que el proyecto es de ellos y atiende a necesidades sentidas de la comunidad, podrán apropiarse del producto social generado y actuar como reproductores del mismo. Todo lo anterior reclama una atención especial en la selección de los participantes.

X.3.2.3. Preparación
Objetivo General:


  • Obtener el material y narrativa del evento o eventos traumático objeto de reflexión y redefinición social.


Objetivos Específicos:


  • Adquirir documentación de periódicos, revistas y si es posible reportes militares que den cuenta de los eventos o sucesos vividos por los participantes y la comunidad.




  • Proveer un espacio colectivo para que los participantes narren su historia y compartan sus experiencias de pérdida.




  • Corregir la historia oficial desde la vivencia de las víctimas.

Como se ha señalado en la primera parte de este capítulo, los acontecimientos donde las comunidades experimentaron grandes pérdidas con frecuencia fueron eventos públicos pero que han quedado encubiertos por el discurso oficial que ignora y deslegitima la vivencia de las víctimas. No es raro que las comunidades afectadas desconozcan cómo fue articulada la versión oficial de los hechos, lo que contrasta dramáticamente con los hechos tal como los vivieron y los experimentaron ellas o que, contrariamente, alberguen todavía sentimientos encontrados porque saben que los hechos se desarrollaron de manera distinta. La información que puede servir de base para esta corrección desde la experiencia de las comunidades con frecuencia se encuentra disponible en las bibliotecas generales, públicas o hemerotecas del país, incluyendo las de las universidades, ONGs u organismos dedicados a la protección de los derechos humanos. El entorno social donde se dio la o las experiencias traumáticas puede también ser recreado por el equipo responsable de la intervención consultando las notas periodísticas de la prensa extranjera o videos de telediarios nacionales u otros documentales.


Reunidos en un salón comunitario, en la escuela o iglesia local, los pobladores podrán comentar sobre los recortes de periódicos desplegados en la forma de un diario mural u otro medio audiovisual que les dan una versión que puede distar de los que la comunidad sabe y conoce. Para la preparación de esta reunión se elaborará un guión abierto de discusión que busque abordar distintos aspectos del evento traumático y sus consecuencias. Por ejemplo, si se está recordando una masacre perpetuada por el ejército se preguntará si lo que reportaron los periódicos es correcto, quienes fueron los perpetradores y las víctimas, que aconteció antes y después de la masacre, qué hizo cada quien y cómo quedó afectada la comunidad, y cómo se vio afectada la vida de los participantes, qué sucedió con los familiares o amigos que ya nunca volvieron a ver, etc. Habrá necesidad de brindarle oportunidad a la mayoría de las personas participantes para que comenten y corrijan la historia oficial sin olvidar que, inevitablemente, habrá una o dos personas que tenderán a monopolizar el tiempo.
Puede ayudar para generar discusión y la misma narración por parte de los miembros de la comunidad de los acontecimientos de barbarie que tuvieron que sufrir, mostrar alguna película que trate sobre la guerra y sus impactos en las vidas de las personas. Es de notar que los contextos culturales y los eventos que se recogen en esas cintas cinematográficas muy probablemente sean distintos a los de la comunidad donde se hace la intervención. Sin embargo, precisamente esto puede servir de agente catalizador al guiar la discusión de la comunidad pues de manera dramática se escenifica en otras personas el impacto de la violencia política, lo cual puede crear un ambiente seguro para hablar sobre el impacto de la violencia, y permite señalar semejanzas y similitudes con la propia experiencia. A continuación hay un listado corto de películas que pueden servir para este propósito.


  • La Lengua de las Mariposas (1999). Director: José Luis Cuerda, España. Un film que capta en la vida de un niño los efectos del inicio del fascismo y los efectos destructores y deshumanizantes del mismo en la sociedad española en la Guerra Civil.




  • Las Tortugas También Vuelan (2004). Director: Bahman Ghobadi, Irán. Un largometraje que cuenta la transformación en una aldea del Kurdistán alrededor del inminente ataque de los Estados Unidos a Irak. Las consecuencias se ven a través de los ojos y las vidas de la niñez.




  • Hotel Rwanda (2004). Director, Terry George, Irlanda del Norte. El drama de un gerente de un hotel que se encuentra atrapado en la dinámica del genocidio en Rwanda, la inefectividad de las Naciones Unidas y la corrupción. Expone crudamente el terror y el odio en la vida cotidiana.




  • Voces Inocentes (1999). Director: Luis Mandoki, México. Una cinta inspirada por los sucesos de la infancia del guionista salvadoreño Oscar Torres, que cuenta la historia de un niño atrapado entre la violencia del ejército y la guerrilla durante la guerra civil de El Salvador.




  • En Mi Tierra (2005). Director: John Boorman, Reino Unido. Las vistas públicas de la Comisión para la Verdad y la Reonciliacion en Sudáfrica son cubiertas por dos reporteros. Los desgarradores testimonios de las víctimas en frente de los torturadores y ante la Comisión impacta la vida de toda la nación.

X.3.2.4. Apoyo al Duelo
Objetivo General:


  • Generar un espacio de apoyo psicosocial para que la comunidad y sus habitantes puedan trabajar el duelo alterado ocasionado por los efectos de la violencia política.


Objetivos Específicos:


  • Trabajar con la comunidad en un proceso de otorgamiento de significado a la experiencia traumática o de pérdida.




  • Apoyar a la comunidad a dar sentido a los sentimientos generados por el conflicto bélico y violencia organizada.




  • Acompañar a la comunidad en la reconstrucción de su mundo social y los presupuestos concomitantes de cómo éste funciona.

Como ha quedado apuntado anteriormente, en situaciones de conflicto bélico o violencia organizada, las personas y las comunidades experimentan grandes pérdidas, sobre todo en las muertes o desapariciones de seres queridos. Desaparecen los seres queridos y las relaciones, afectos y apoyos que estos proveen o podrían proveer en el futuro. Permanece la añoranza y tristeza por aquello cuyo desenlace trágico no se puede revertir y que, con frecuencia, se ha tenido que callar u ocultar. En no pocas ocasiones, a esto se suma la pérdida por el entorno social, rol y estatus social y el de una seguridad básica ya que la violencia ha puesto en entredicho los presupuestos que sustentaban una visión coherente del mundo. Estos sentimientos se vuelven a visitar cuando una comunidad explícitamente aborda el tema de las pérdidas, le ponen nombres e historia e inicia un proceso narrativo de sus experiencias traumáticas.


El grupo de participantes se puede dividir en grupos más pequeños de alrededor de 10 a 15 personas que acompañarán un psicólogo o psicóloga. Aquí existe la posibilidad de tener grupos afines según la experiencia traumática vivida. Por ejemplo, habrá personas que tienen certeza de la muerte de un ser querido, otras no tienen esta certeza; a unas les secuestraron o perdieron hijos pequeños, mientras otras experimentaron la pérdida de una persona adulta. El guión con el que puede trabajar para orientar la discusión del duelo y posibilitar que todos los que deseen decir algo lo puedan hacer, puede incluir preguntas que aborden los siguientes temas: la relación con la persona(s) antes de su muerte o desaparición, circunstancias de la desaparición o muerte, los sentimientos asociados al momento siguiente a la muerte o desaparición, los momentos más difíciles de superar relacionados con la pérdida, apoyos emocionales que se recibió después, cambios en la familia después de la pérdida, costumbres de la comunidad que ayudaron a afrontar la pérdida, creencias que sustentaron o han ayudado a soportar el dolor interior, valoración de su salud en la actualidad, etc. (Anleu Hernández, 2005). Lo importante es que se aborde tanto las dificultades que se experimentaron como la resiliencia demostrada por las personas y la comunidad. Aun en las circunstancias más adversas las personas puede demostrar fortalezas que, en la elaboración del duelo, conviene rescatar.
Para facilitar el duelo y la expresión de los sentimientos asociados a él ayudará tener en cuenta algunos principios que Fernández Liria, Rodríguez Vega y Diéguez Porres (2006) identifican con esa tarea: ayudar al superviviente a tomar conciencia de la muerte, apoyar al superviviente para que pueda identificar y expresar sentimientos, ayudar al superviviente a que sea capaz de resolver sus problemas cotidianos sin lo perdido, favorecer la recolocación emocional de los perdido dándole un lugar en la memoria personal y colectiva, interpretar la conducta inusual en contextos extraordinarios como normal, permitir diferencias individuales en la elaboración del duelo. El equipo debe estar preparado para derivar a un especialista algún caso que, según su juicio, lo amerite.

X.3.2.5. Exploración de Acciones a Tomar
Objetivo General:


  • Concretar la acción material con la que la comunidad desea conmemorar su historia.


Objetivos Específicos:


  • Identificar y valorar las distintas acciones con las que la comunidad desea visibilizar la experiencia traumática de sus habitantes durante el conflicto armado.




  • Posibilitar una participación amplia de la comunidad en la acción comunitaria elegida.




  • Determinar los apoyos fuera de la comunidad necesarios para hacer viable y efectiva la acción elegida.

Este momento de la intervención identifica la parte concreta de cómo la comunidad desea visibilizar la vida y la historia de las personas muertas o desaparecidas y dignificar su memoria. Se deben explorar distintas opciones —algunas a corto plazo y otras a largo plazo— para materializar la recuperación de la memoria histórica y dignificar tanto la vida de los que murieron o desaparecieron como la de los sobrevivientes. Las opciones a considerar sólo están limitadas por la creatividad de la comunidad. Las siguientes consideraciones, entre otras, serán importantes para valorar las distintas opciones y pueden ayudar a la comunidad a elegir la mejor o más viable: participación del mayor número posible de personas de la comunidad, costo económico asumido por el colectivo, apoyos técnicos y logísticos obtenibles fuera de la comunidad, carácter didáctico de la acción de tal manera que las generaciones jóvenes y futuras puedan conocer y conservar su patrimonio histórico, apoyo de la junta directiva de la comunidad, vinculación con otros eventos conmemorativos o lugares de significado para la comunidad, y capacidad de contribuir a la identidad social del colectivo. En esta actividad se puede involucrar a la mayoría de los habitantes, incluyendo a niños y jóvenes, que pueden asumir una tarea concreta en la elaboración del producto social fruto de la intervención. Al finalizar este proceso se pueden aplicar de nuevos los instrumentos que se utilizaron para la selección de los participantes.


Es altamente probable que se tenga que planificar la acción de tal manera que el producto final se divida en distintos componentes más sencillos de realizar para garantizar la meta propuesta. Los proyectos o acciones a corto plazo pueden servir como pasos previos o apoyos previos para acciones o proyectos a largo plazo. Por ejemplo, si lo que la comunidad desea es construir un pequeño monumento que contenga los nombres de las víctimas y éste se construiría en el patio o jardín de la iglesia o escuela de la comunidad (objetivo a largo plazo), puede planificarse un mural fotográfico en el interior de las instalaciones, que contenga fotos de las víctimas, sus nombres y breve historia (objetivo a corto plazo). La inauguración del mural fotográfico puede ir acompañada con alguna celebración comunitaria que intente involucrar un número grande de los pobladores.

X.3.2.6. La Devolución Social
Objetivo General:


  • Clausurar la intervención teniendo en cuenta el carácter eminentemente social de la misma.


Objetivos Específicos:


  • Dar cuenta a toda la comunidad de lo que se ha hecho y reiterar las metas que se persiguieron en la intervención.

  • Sentar las bases para que pueda compartir la experiencia de la comunidad con otras comunidades.




  • Explicitar una valoración del impacto de la intervención verificando su alcance y amplitud.

Mínimamente este proceso conlleva la elaboración del informe con dos características: un informe escrito que quede como memoria para la comunidad y rendición de cuenta para aquellas instituciones que apoyaron de distinta manera la ejecución del proyecto, y una presentación oral mediante la cual se dará cuenta a la comunidad de las distintas actividades que comprendió la intervención, los logros obtenidos, agradecimiento a las personas que colaboraron, decisiones que se tomaron y actuaciones comunitarias consensuadas a las que se llegaron. Las razones fundamentales para documentar lo mejor posible el informe son dos. En primer lugar el informe y su devolución es una forma de empoderar a la comunidad para que en base a una reflexión y su participación ciudadana encuentre bases sólidas para fortalecer su identidad social. Ello le permitirá, en la medida que la participación haya sido amplia y participativa, identificar acciones futuras tendientes a la procuración de la justicia y el respeto a los derechos humanos. El informe puede servir como recordatorio o constituirse como marco referencial para futuras reuniones comunitarias que busquen consolidar su organización y actuación social. En segundo lugar, el informe puede servir de puente de comunicación con otras comunidades que deseen abordar una intervención similar. Dicho de otra manera, el informe es un instrumento solidario para que otras personas vean y juzguen los beneficios personales y colectivos que se derivan de una intervención tendiente a disminuir el impacto de la violencia política. Todo lo anterior está recogido en los recuadros de la Figura X.1 al interior de este sexto proceso: reunión con la comunidad y acto conmemorativo, socialización de la experiencia a otras comunidades y e


X.4. Impacto de la Intervención
laboración de informe.

La Figura X. 2 identifica dos tipos de impacto de la intervención: unos que son a mediano plazo y otros a largo plazo. A mediano plazo está el empoderamiento de la comunidad que se fundamenta en la dignificación de los sentimientos asociados a las pérdidas y la recuperación de la memoria histórica. Lo anterior crea una plataforma de identidad social y colectiva que servirá de elemento corrector del discurso oficial y que, por lo tanto, permitirá desenmascarar el lenguaje encubridor de los victimarios y sus intenciones, desnaturalizar el imaginario social impuesto por ellos, y atender la dignidad arrebatada por el ejercicio del poder y la coacción. La primera consecuencia de este empoderamiento es el fortalecimiento de la estructura comunitaria ya que en el proceso de acercarse a su memoria dolorida la dirigencia de la comunidad habrá tenido que brindar apoyos efectivos y pertinentes a sus habitantes, dinamizar su actuación solidaria y acudir a su creatividad para encontrar aliados internos y externos que acompañen las distintas actividades planificadas en el transcurso de la intervención. Este empoderamiento colectivo también genera dinámicas similares al interior de las personas. Éstas se sentirán más actores sobre sus propias vidas y tendrán claridad respecto a sus historias individuales, asumirán la reconstrucción de sus nuevas relaciones familiares sin el peso de la culpa y, en algunos casos, se sentirán capaces de iniciar acciones legales contra los victimarios por las pérdidas e injusticias sufridas. Todo lo anterior posibilitará el apoyo solidario que la comunidad pueda brindar a otras comunidades que tengan historia similar y que deseen abordarla desde su propia realidad.

Los efectos a mediano plazo descrito anteriormente sientan las bases para otros efectos detectables más a largo plazo y que pueden resumirse en la promoción del cambio social. El recuadro de la derecha de la Figura X.2 identifica cinco acciones donde se pueden detectar esos efectos a largo plazo: a) acciones contra la impunidad, tales como procedimientos judiciales en contra de responsables notorios de actos de violencia y barbarie, u otras acciones tendientes a desarticular el sistema de impunidad que permite a los verdugos de antes escapar a sus responsabilidades y seguir orquestando el silenciamiento de las víctimas; b) el reclamo al debido proceso que permita a las víctimas acceso a la justicia, y a su reparación moral, social y económica; c) el reconocimiento del Estado de su responsabilidad en la violencia política, tal como ha sucedido recientemente en Argentina, Chile y Perú; d) la reparación del tejido social que permita la convivencia pacífica, la reconciliación y el respeto mutuo y la superación de la sociedad dividida en víctimas y perpetradores, y e) la vinculación con algunas instituciones de Derechos Humanos locales e internacionales que pueden ayudar en proveer recursos jurídicos, materiales, e informativos necesarios para promover y sostener ese cambio social. Como señala González Bringas, (2006), los impactos a largo plazo que generen dinámicas de cambio social posibilitarán nuevas bases para la convivencia basada en el reconocimiento de los hechos, el apoyo a las víctimas afectadas por las atrocidades y la propuesta de cambios políticos sustanciales.
El capítulo nueve de este Manual, por ejemplo, recuenta que una de las acciones del equipo de salud mental en la comunidad Aurora 8 de octubre consistió precisamente en el acompañamiento de procesos judiciales subsiguientes a la masacre. De igual manera este equipo ayudó para entablar relaciones directas entre la comunidad, organizaciones populares e instituciones de derechos humanos. Entre las acciones que la comunidad tomó para hacerle frente a su criminalización destacan los lazos con otras comunidades vecinas y denuncias públicas en los medios de comunicación.


X.5. Conclusiones



El presente capítulo elabora una intervención psicosocial para cambiar algunas consecuencias negativas comunitarias y sociales de la violencia política organizada. Como tal, intenta dar pasos concretos para iniciar procesos después de un conflicto armado tendientes a la reparación del tejido social rasgado por la violencia y al fortalecimiento de las comunidades afectadas. La intervención descansa sobre dos pilares importantes que le conceden su idiosincrasia: la noción de trauma psicosocial y la necesidad de la recuperación de la memoria histórica. Respecto al primero, conviene resaltar que la intervención no está dirigida a personas individuales sino a las comunidades en la que éstas viven y, por lo tanto, el impacto de la intervención debe valorarse en el ámbito colectivo o social. En cuanto al segundo pilar, la memoria histórica, es importante subrayar que la intervención intenta colocar en el imaginario social la historia de las víctimas en contraposición al discurso oficial que busca naturalizar la violencia, invisibilizar a las víctimas robándoles su dignidad e imponer el olvido. La memoria tiene, así, un fuerte componente constitutivo de identidad social.





Empoderamiento

Fortalecimiento estructura organizativa comunidad

Empoderamiento individual y colectivo

Efectos a Mediano Plazo

Efectos a Largo Plazo

Cambio Social

Contra la impunidad

Acceso a justicia y reparación

Reconocimiento de la responsabilidad del Estado

Fortalecimiento del Tejido Social

Vinculación con otras instituciones de DDHH

Figura X.2: Efectos a Mediano y Largo Plazo de la Intervención Psicosocial en Violencia políticas

Apoyo solidario a otras comunidades

Para la buena ejecución de esta intervención ayuda tener en mente varias consideraciones prácticas. El trabajo en equipo no sólo es un requerimiento de los grupos beneficiados por la intervención sino que lo es de aquellos que dirigen la intervención. De esta manera se puede estar atento a los cambios que serán necesarios introducir a la primera planificación de actividades y atender mejor los procesos comunitarios que se desencadenen como consecuencia de la intervención. Asimismo, será importante dar seguimiento a las acciones tomadas por la comunidad a efectos de poder detectar mejor los impactos a mediano y largo plazo. Algunas acciones que transparenten esos efectos requerirán de apoyos puntuales para su ejecución. Por ejemplo, posibilitar el apoyo solidario a otras comunidades con la finalidad de reproducir la intervención demandará un diagnóstico de la segunda comunidad. De igual manera, el carácter participativo de la intervención demandará que los potenciales beneficiarios de la acción sean los que vayan tomando, de manera real y efectiva, decisiones importantes en las distintas etapas. Esto le puede costar al equipo que dirige la intervención porque le dará la impresión que pierde el control del proyecto. Sin embargo, hay que tener presente que el empoderamiento de las comunidades es una meta importante de la intervención y que el equipo llanamente acompaña ese proceso. La comunidad debe poder decidir desde la priorización de actividades, la realización de las acciones, la asignación de importantes recursos comunitarios y la sistematización de la experiencia. Conviene tener en mente, asimismo, que la intervención propuesta no conlleva acciones que se inician y terminan en dos o tres meses. Se propone que el tiempo sea entre 10 a 12 meses, dependiendo del número de veces en el mes en que se pueda reunir la comunidad.


Por otro lado, es inherente a la evaluación de la intervención el diseño de la línea de base que servirá de criterio para valorar la transformación planificada. La construcción de esta línea de base tiene dos momentos: el diseño de la línea de base propiamente dicho y el relevamiento y análisis de la información (Nirenberg, Brawerman y Ruiz, 2006). En el primer momento se definen los aspectos conceptuales, se determinan las técnicas e instrumentos para la recolección de la información, se definen las principales variables y sus indicadores, lo mismo que los niveles de análisis que se incluirán (ver Capítulo 2). El segundo momento identifica la necesidad del entrenamiento del recurso humano para la aplicación de las técnicas e instrumentos, y para la recolección de los datos y sus respectivos análisis. Como en los proyectos de investigación-acción, será conveniente realizar una prueba piloto de los instrumentos para hacer los ajustes necesarios en los mismos.
También es importante señalar que acompañar a comunidades en la recuperación de su memoria histórica inevitablemente generará sentimientos intensos y hasta confusos en el equipo que acompaña la intervención. Así como en el tema de catástrofes hay que brindarle atención al cuido de los cuidadores, en el caso de esta intervención en violencia política será necesario establecer mecanismos para abordar el impacto emocional en el equipo. Es sensato esperar que la escucha activa de relatos traumáticos conmuevan y que éstos produzca efectos al interior del equipo que hay que atender. En este sentido, sesiones periódicas en las que se aborde los sentimientos propios y los cuestionamientos producidos por la narrativa de las víctimas pueden ser de mucha utilidad.
Por último, no está de más comentar que la validación del sufrimiento por parte de la comunidad, la elaboración de la memoria dolorida, la objetivación de esta memoria y las acciones solidarias que se derivan de ella, aunque esenciales no son suficientes para reconstruir el tejido social rasgado por la mentira y la impunidad. Es un primer paso indispensable que requiere de otro. A este proceso inicial tiene que acompañar una validación social de parte de los perpetradores para que las víctimas experimenten ese nuevo estadio donde la relación no esté determinada desde el poder y construida desde el encubrimiento. El reconocimiento público de los perpetradores, incluyendo el Estado, es el otro paso en ese andar que se llama reconciliación. Conviene señalar, sin embargo, que, como apunta el Capítulo 2, esto puede generar algunas resistencias de parte de no pocas personas que en la actualidad gozan de la impunidad que les confiere el olvido forzado. Sin embargo, el movimiento generado por ese primer paso puede abrir puertas para que se dé e
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