¿Quién analiza hoy



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¿Quién analiza hoy?

El día 4 de julio del año 2002, se realizó en el teatro El Tablado, el segundo encuentro del curso anual de psicoanálisis sobre la dirección de la cura, en el cual Roberto Bortnik, Mariana Li Fraini y Juan Pablo Mollo trabajaron el primer punto del Escrito de Lacan La dirección de la cura y los principios de su poder, titulado ¿Quién analiza hoy?

A continuación presentamos una reseña de lo expuesto en esa ocasión.

I
Roberto Bortnik comenzó su ponencia señalando la importancia del contexto para el trabajo que se realiza de los textos: “Ocurre que un texto no se escribe en el vacío sino con relación a otros a los que se intenta homologar o contradecir, poner en cuestión o extender sus certidumbres. Lo que establece su valor de contexto es la medida en que –hay que probarlo- dejan sus marcas, causan, motivan parcial o totalmente el texto que se interroga o analiza”. El escrito La dirección de la cura y los principios de su poder corresponde a una conferencia pronunciada por Jaques Lacan en 1958, como parte de un Coloquio en Royaumont organizado por la Sociedad Francesa de Psicoanálisis (SFP), y promovido como “internacional”.

Roberto Bortnik recordó la afirmación lapidaria de Jacques Lacan: “Pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce, como es corriente en la historia de los hombres, al ejercicio de un poder” (Escritos II Pág.566)

Una cita muy breve sitúa la referencia del interlocutor a quién se dirige Lacan: se trata del psicoanalista francés Sacha Nacht por su artículo La terapéutica psicoanalítica aparecido en 1956 en un volumen colectivo titulado El psicoanálisis de hoy.

Un tema central del debate, el ejercicio del poder del que habla Jacques Lacan, tiene dos vertientes: una en el ámbito de la dirección de la cura analítica que desemboca en lo que Sacha Nacht denomina una “reeducación emocional” y otra vinculada a la misma institución analítica. Sigmund Freud propuso, desde la primera década del siglo XX, un modelo internacional de institucionalización del psicoanálisis. En Francia recién en los años ’20 se funda la Sociedad Psicoanalítica de París (SPP), autorizada y reconocida por la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA). Jacques Lacan se integra a ella alrededor del año 1934, Sacha Nacht es el presidente desde 1947 y promueve un psicoanálisis articulado a la medicina, enfrentado a Daniel Lagache, más inclinado a las relaciones entre la Psicología y el psicoanálisis. Es en 1953 cuando Lagache junto a un grupo importante de alumnos y miembros didactas como Francoise Doltó y Jacques Lacan, se separan y fundan la Sociedad Francesa de Psicoanálisis. Se produce una escisión en la institución en ocasión de establecerse un instituto con reglamentos para la formación de los analistas, acordes con las nuevas directivas de la IPA, que mostraban en los ’50 una clara inclinación del predominio norteamericano. Como es de rigor aún hoy, la nueva sociedad pide reconocimiento a la IPA; sin embargo no se termina de admitir la nueva institución, siendo cada vez más evidente y explícito que la condición para ser reconocida era el relevamiento de Doltó y Lacan como miembros didactas y en cualquier tarea que implique la formación de los analistas.

Roberto Bortnik recrea el clima institucional del psicoanálisis francés en 1958: “intentaban mostrar la seriedad de la nueva institución en búsqueda de reconocimiento y Jacques Lacan pronuncia esta conferencia sobre la dirección de la cura donde continuaba propiciando un retorno a Freud bajo su distinción de lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real, junto a su concepción de un inconsciente estructurado como un lenguaje; lo cual se precipitaba en una oposición indisimulable al pensamiento oficial”.

Respecto del debate conceptual, el expositor destacó que Jacques Lacan dirige su crítica a: 1) una concepción del análisis como situación dual, interpersonal, entre analista y paciente, puesto que ubica al lenguaje como tercero irreductible en la experiencia, posibilitando la emergencia de un cuarto término, el sujeto. 2) la noción de contratransferencia, elevada a concepto del psicoanálisis y articulada a una técnica en las intervenciones del analista que traduce como la suma de los prejuicios del analista y su “resistencia”. 3) una puesta en el centro de la acción analítica del llamado análisis de las resistencias, a lo que opone el análisis freudiano del deseo inconsciente.

Posteriormente Roberto Bortnik señaló que es Sigmund Freud quien en 1910, introduce el término contratransferencia en su texto El porvenir de la terapia psicoanalítica y a la postre, especificó que el mismo Sigmund Freud no espera ningún progreso por la vía de la contratransferencia sino, por el contrario, en su reducción. De modo que como fenómeno, se trata de los sentimientos, las ideas, las reacciones del analista hacia el paciente donde ve un obstáculo a la cura a partir de los puntos ciegos del analista que le impiden escuchar analíticamente. Nos anoticia que es en los años ’50 el momento en que el término es retomado, puesto en auge y elevado a concepto, tanto en la escuela inglesa como en cierto sector de la asociación psicoanalítica argentina, pasando de obstáculo en la dirección de los tratamientos a convertirse en instrumento de la acción analítica en la medida en que el analista sepa cómo usar los efectos que le produce el inconsciente de su paciente. La contratransferencia se convierte así en un apoyo esencial de la comprensión y de la interpretación del inconsciente del paciente a través del inconsciente del analista.

Roberto Bortnik recomendó dos textos clásicos e iniciadores del tema para estudiar este punto con más precisión: en Paula Heimann, Sobre contratransferencia, de 1950, y en Heinrich Racker, Contribución al problema de la contratransferencia de 1953; también el Seminario I de Jacques Lacan (Capítulo 3) donde hay una crítica muy precisa aplicada a un relato clínico inserto en otro de los textos importantes de la época, Sobre contratransferencia, de Annie Reich.

Finalmente afirmó que una buena reseña y ubicación de la importancia que cobra el concepto de contratransferencia a partir de los ’50 y su desarrollo en la llamada “escuela argentina” puede encontrarse en el libro de Horacio Etchegoyen sobre Los fundamentos de la técnica psicoanalítica (capítulos 21, 22 y 23).
II
Mariana Li Fraini trabajó la referencia el texto La terapéutica psicoanalítica cuyo autor Sacha Nacht, publica en 1956 en una recopilación llamada El psicoanálisis de hoy.

Sacha Nacht aborda la evolución de la teoría y la técnica desde el nacimiento del psicoanálisis, principalmente en Sigmund Freud, así como los principios y medios que sostienen la terapéutica. Plantea que hay en Sigmund Freud mismo, una evolución superadora de sus conceptos y su clínica; tomando como principal punto de clivaje la segunda tópica, a partir de la cual la neurosis ya no será pensada, al decir de Sacha Nacht, como efecto de la represión sino como una perturbación en la evolución de la personalidad. De este modo, el interés se centrará no en el inconsciente reprimido sino en el yo reprimidor, siendo su modificación o su reorganización el objetivo de la cura.

Mariana Li Fraini señala que el yo del que se trata en la versión original en francés del texto es el moi, diferenciándolo del je, recordando que Jacques Lacan refiere el primero al campo de lo imaginario y el segundo es un antecedente de lo que luego sería el sujeto del inconsciente.

Menciona los aportes que toma Sacha Nacht de Sandor Ferenczi y Otto Rank sobre la idea de pensar la situación analítica fundamentalmente como una vivencia emotiva y posteriormente desarrolla la concepción del autor con respecto al proceso de curación como efecto de una doble acción que proviene por un lado del clima mismo de la situación analítica – el cual de por sí podría producir alivios sintomáticos y por ende curaciones aparentes, por el exterior – y por otro, de la intervención del analista que produce curaciones por el interior. El analista interviene, entonces, provocando reacciones emotivas y luego las interpreta apuntando a la toma de consciencia de dichas reacciones. De este modo se obtienen las modificaciones del yo buscadas.

Según Sacha Nacht, la transferencia es una relación dual de intercambios, una interlocución, de allí el valor que le confiere a la contratransferencia y al análisis didáctico, el cual permitiría su buena utilización. El analista “benéfico” no sólo quedaría en posición de desear el bien del paciente sino también sabría cuál es ese bien. La situación analítica concebida como una relación de intercambios provoca una reeducación emotiva en el paciente. El analista opera por una vía clásica, interpretando por un lado el material, el discurso y por otro lado la transferencia y la resistencia; pero también opera a través de su actitud, en los intercambios transferenciales permitiendo la readaptación de las conductas emotivas. Sacha Nacht dice que lo importante no es lo que el analista dice o hace sino lo que es y comprendemos que el ser del analista ocupa para el autor un lugar central.

La expositora aborda el punto en el que Sacha Nacht se refiere a las reglas del análisis resaltando la simetría en que aparecen la regla fundamental y la atención flotante, en tanto una consiste en la asociación libre del paciente y la otra en la asociación libre del analista, produciéndose entonces, en términos del autor, una comunicación de inconsciente a inconsciente, la cual luego será conceptualizada y transmitida como intervención.

Respecto de la regla de neutralidad, Mariana Li Fraini rescata una indicación de Sacha Nacht respecto de apartar las necesidades pulsionales que del paciente se dirigen al analista y capacitar al paciente para que las satisfaga en la vida y no de manera imaginaria. Se puede ubicar efectivamente que para Sacha Nacht el análisis transcurre en el terreno imaginario, en la esfera de la fantasía y que el viraje que se pretende producir es de lo imaginario a lo real como realidad.

Sacha Nacht intenta sistematizar las intervenciones del analista, por eso se pregunta si lo que se debe interpretar es el carácter, las resistencias, la transferencia o los síntomas, concluyendo que el analista debe escoger a dónde apuntará con la interpretación y esta elección está dictada por su propio inconsciente que queda aquí homologado a la intuición.

Finalmente Mariana Li Fraini aborda el tema de la evolución de la cura, en términos de Nacht, comparándolo y diferenciándolo en principio con el título del texto de Lacan donde se trata de la dirección de la cura. Considera que los términos evolución y dirección en tanto no se corresponden, dan cuenta de dos orientaciones distintas en la concepción del análisis.

Dentro de lo que son los tres tiempos en los que Nacht divide la cura – comienzo o instalación de la situación analítica, neurosis de transferencia y fin del tratamiento – centra su comentario en el último ya que es allí donde el autor ubica un obstáculo.

Nacht considera que la neurosis de transferencia es el principal obstáculo a la conclusión y que por lo tanto en este punto debe producirse un cambio de actitud del analista. Se trata, según él, de un límite de la interpretación y de la neutralidad, que da lugar a lo que llama la presencia del analista. La cual implica que el analista asiente su propia realidad humana para que el sujeto renuncie a la relación fantasmática transferencial y acceda al mundo adulto. Aquí entra en juego lo que denomina la actitud profunda del analista que consiste en un auténtico interés en el enfermo basado en el amor, amor que es percibido por el paciente como bondad. En este punto la expositora ubica que la salida del análisis para Nacht es una salida por el amor.

III

Juan Pablo Mollo comentó el punto I del texto de Jacques Lacan La dirección de la cura titulado ¿Quién analiza hoy?, comenzando por la frase “El analista dirige la cura, no al paciente” para luego interrogarse sobre ¿qué es la cura? y ¿qué dirige a los que analizan hoy?

Afirmó que para dirigir una cura se necesita un método que comienza con la asociación libre, pero es necesario despejar qué es asociar libremente, si es todo lo que dice el paciente en la sesión, destacando la necesidad prioritaria de entender para qué se pone a asociar a un paciente.

Desde la primer consigna del análisis se revela lo que el analista hace en su práctica, recuerda Juan Pablo Mollo con una cita del Discurso de Roma: “La técnica no puede ser entendida, ni en consecuencia correctamente aplicada si se desconocen los conceptos que la fundan” (Escritos I, Pág. 236) para luego ejemplificar: “Supongamos que en sesión, el analizante nos cuenta un sueño y dice mi gato está en el jardín ¿Con qué criterio puntuamos tal o cual palabra?

Es un problema a resolver, porque señalemos el significante gato o jardín, el paciente va a asociar de todos modos y si bien tenemos unas indicaciones freudianas sobre el desplazamiento del afecto, es decir, lo más trivial es lo más importante, no resolvemos la cuestión de la arbitrariedad del analista para realizar sus intervenciones. Si se interviene arbitrariamente, entonces no hemos salido de la intuición que plantea Sacha Nacht”. Posteriormente aclaró que Sigmund Freud en su La interpretación de los sueños plantea un argumento de respuesta para esta objeción sobre la arbitrariedad del analista.

Es en el Seminario I (Pág. 65) donde Jacques Lacan se refiere a la regla fundamental como un paréntesis, dice Juan Pablo Mollo para demostrar que no todo es asociación libre y agrega que no importa la coherencia imaginaria del discurso del paciente sino el sujeto de la enunciación, puesto que paradójicamente el analista lee lo que escucha.

Comentado la idea de Jacques Lacan: el analista paga con palabras interpretando, con su persona en la transferencia y con el juicio más íntimo para la acción analítica sobre el paciente, dijo que para poder pagar con palabras, primero hay que saber el precio, refiriéndose a que si el analista interviene desde la culpa, paga de más, porque está regido por el superyó y además: “Sucede a veces que el analista ya no sabe qué decir, ni que hacer, pero que piensa que algo debe decir porque está ahí como un analista que se supone que debe decir algo, entonces un poco perdido, apela a las identificaciones que tiene a mano para decir algo dudoso y con lo cual termina pagando con moneda falsa”.

La cuestión central del texto es la carencia de ser del analista que es su política, y es algo opuesto a sus identificaciones porque “no importa lo que analista debe hacer sino lo que le pasa al paciente”, dijo el expositor.

Señaló que si se interpreta desde la carencia de ser, no es sugestión, mientras que analizar afirmado en identificaciones puede llevar al analista a apelar a contener para no decepcionar o ser bondadoso para ponerse por encima. Luego comentó la crítica de Jacques Lacan a Sacha Nacht cuando afirma que “el analista cura menos por lo que dice y hace que por lo que es” porque es la fórmula de la sugestión conocida desde Levi Strauss en el capítulo sobre la eficacia simbólica de su Antropología Estructural.

En el apartado 4, Jacques Lacan pone al analista en el banquillo donde “está menos seguro de su acción cuando más interviene desde su ser” puesto que se trata de táctica, estrategia y política del análisis, metáforas de interpretación, transferencia y ubicación del analista, y que coinciden también con las formas en que debe pagar el analista.

Juan Pablo Mollo ejemplificó con el juego de ajedrez donde “la estrategia es la elección de un plan a seguir y la táctica es la sucesión de jugadas para la consecución del plan elegido.” Y a la postre, sugirió pensar el tema de interpretación vinculado a la carencia de ser, retomando el decir de Germán García en la comparación del analista y Sócrates: alguien que decía no saber, no hacía consistir un ser, y sobre todo, porque en la mayéutica se trata de hacer decir, mas que de decir.

Coincidió en que para Jacques Lacan y Sacha Nacht el manejo de la transferencia es el “secreto del análisis”, porque fue Freud quien lo dijo en varias ocasiones, sin embargo el modelo de la transferencia para Jaques Lacan no es el “jugador ideal” de Edgar Alan Poe que imputa intenciones al otro imaginario, sino el del “muerto en el bridge: rostro cerrado y labios bien cocidos”, tal como decía Freud cuando comparaba al analista con el cirujano. El expositor puntualizó “se trata del lugar del muerto en sus sentimientos, no en sus acciones, por eso para Lacan detrás de la neutralidad benevolente no hay un buen tipo como pretende Nacht, sino un jansenista”



En cuento al juicio más íntimo, Juan Pablo Mollo indicó:se trata de algo que está operando todo el tiempo ya que los pacientes viajan, se quedan, cambian todo y el analista está allí con su juicio privado ligado a la neurosis, juicio que a veces es inconfesable y que puede aparecer en la supervisión. Entonces, hay que pagar con eso para llegar al vaciamiento del ser del analista porque como dice Jaques Alain Miller (El Banquete de los analistas, Pág. 33) el juicio más íntimo tiene que ver con el sentido de realidad comandada por el superyó y esto no se parece al deseo y sus fracasos”.

Finalmente expresó: “Estamos como Acteón, hemos salido a la caza de Nacht pero a través del juicio más íntimo, Lacan nos interroga por el educador que ejerce un poder que hay en cada uno de nosotros y apenas conocemos; por eso para poder pagar con el juicio más íntimo, primero hay que pagar en los consultorios de nuestros analistas”.


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