¿Puede el psicoanálisis atacar el pánico



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¿Puede el psicoanálisis atacar el pánico?

Graciela Ortiz Zavalla


El hombre no podría angustiarse si fuera

una bestia o un ángel

Soren Kierkegaard
La pregunta inicial recoge palabras de Freud en un trabajo sobre las enfermedades de la angustia. Dicha pregunta tiene especial vigencia en nuestros días debido a las frecuentes consultas por "ataques de pánico". Aquellos que los padecen describen una pluralidad de síntomas: manifestacones somáticas (alteraciones del ritmo cardíaco y respiratorio, sudoración, vértigo) junto a diversos temores tales como la amenaza de una muerte inminente y el miedo de volverse loco o perder el control.

Es uno de los cuadros que, en el ámbito de la psiquiatría, más ha puesto en cuestión los criterios diagnósticos. Para la Escuela Europea no hay una clara separación entre "trastorno de pánico" y "trastorno de ansiedad generalizada" separación fundamental para la psiquiatría americana. Las diferentes designaciones coinciden, sin embargo, en un punto: el miedo intenso aparece de modo aislado y temporal sin que pueda ser vinculado a situaciones particulares. El sujeto que refiere su angustia refiere también la imposibilidad de hallar motivación alguna para lo sucedido. El "me angustio" es solidario de un pensamiento que se rechaza.

¿El ataque de pánico de la actualidad constituye un síntoma nuevo o se trata de algo ya existente que toma una dimensión nueva en una época donde la angustia es más frecuente o menos tolerada?

La nosografía freudiana hace lugar muy tempranamente a las neurosis de angustia y es fuente de inspiración de posteriores desarrollos de la psiquiatría. Dichas neurosis pueden manifestarse en un estado de angustia latente en continuo acecho o irrumpir bajo la forma de "ataques de angustia". Son sus síntomas fundamentales: cierta irritabilidad general y una sensación de angustiosa espera (muchas veces referida a que puedan ocurrir problemas de salud). Esta última se expresa a través de un quantum de libido libremente flotante siempre dispuesto a conectarse con cualquier contenido que le convenga. Cuando el estado de angustia irrumpe bruscamente a la conciencia, sin que medie la evocación de representación psíquica alguna, se genera el ataque. Esta mudanza automática explica los obstáculos para la elaboración psíquica; se trata de un sufrimiento actual que presenta dificultades para incluirse en una trama histórica. El ataque de angustia es clasificado como una neurosis actual por oposición a las neurosis de transferencia. La inmovilidad de la angustia en el ataque contrasta con su desplazamiento en las psiconeurosis. El afecto de angustia colorea todos los síntomas de las neurosis de transferencia. Así el dolor psíquico se metaforiza en el dolor del cuerpo histérico o es mudo en aquellas bellas e indeferentes mujeres histéricas. La angustia acompaña también las interrogaciones sobre la existencia y la muerte en la neurosis obsesiva así como su escrupulosidad e insistentes cavilaciones.

Cuando la angustia cobra la forma de un ataque tal derrotero no se muestra posible; al igual que en la hipocondría se presenta como un sufrimiento que no logra ligarse en palabras ni ponerse en relación con otros sufrimientos y, del mismo modo que en la hipocondría, el malestar concierne fundamentalmente al cuerpo. Se trata de síntomas que se dan a ver sin pedirle nada a nadie -no hay quejas ni reclamos respecto de otros- y que parecen no transportar ningún mensaje por esa presentación misma.

El carácter disruptivo de la angustia clama muchas veces por un alivio inmediato. El psicofármaco viene aquí con frecuencia como respuesta pero cuando el alivio pasa por la química el paciente es conducido a desatender la causalidad psíquica. Llevar, en cambio, el estallido de angustia hacia aquello que en sus dichos el sujeto enuncia sin saberlo del todo, hace lugar a una cara positiva de la angustia; ella es el signo certero de lo que no anda y es también un empuje a nombrar el sufrimiento. La certeza de la angustia brinda la oportunidad de encontrar algo nuevo.

Se plantean dos alternativas frente al ataque de pánico: apuntar a una resolución sintomática inmediata o a un cambio de posición subjetiva.

En la clínica el pánico recibe muchas veces una respuesta distinta a otras formas de angustia; si bien el lenguaje diferencia angustia y pánico, ambos términos son usados muchas veces como sinónimos de ansiedad y miedo.


Angustia.Ansiedad.Miedo.Pánico.
El término angustia ha sufrido significaciones diversas. Lejos parece haber quedado la consideración de Kierkegaard para quien la angustia era expresión de lo más íntimo del hombre. La psiquiatría, en cambio, encuentra en la angustia el signo de las más diversas patologías.

Angustia en latín significa estrechez y dificultad; alude a una sensación opresiva localizada en la región precordial o epigástrica que trae aparejada una dificultad para respirar y está acompañada de cierta tristeza. En alemán la angustia refiere a un peligro indeterminado y se opone al miedo caracterizado por lo determinado del peligro.

La palabra ansiedad alude también a un estado de ánimo, en esta caso a una agitación o aflicción que no admite sosiego y da lugar a expectativas pesimistas. Si bien es considerada como sinónimo de angustia los alemanes prefieren distinguirlas; mientras en la angustia se trata de una vivencia emocional, la ansiedad compromete a la personalidad en su conjunto.

En el pánico están en juego el miedo y la angustia que, de un modo excesivo, se presentan repentinamente sin causa justificada. Por su carácter excesivo el pánico es pariente del terror.

Resutan de interés algunas reflexiones freudianas sobre el terror; en el Manuscrito K se lo encuentra en un primer estadio de la histeria al que se denomina "histeria de terror". El yo se ve sobrepasado por una tensión excesiva que proviene de una vivencia displacentera y a la que no puede hacer frente. Ante el displacer así desatado el yo no forma ningún síntoma psíquico y se ve llevado a una expresión hiperintensa de la excitación;"el síntoma primario es la exteriorización de terror con lagunas psíquicas". La formación de síntomas defensivos requiere de la mediación del recuerdo, sin esa mediación el yo se desahoga en una exteriorización motora.

La esfera corporal también está comprometida en la conocida elaboración de Freud sobre la psicología de las masas, psicología que requiere para su entendimiento de un análisis del yo.El pánico resultante de la desintegración de la masa provoca la huída de sus miembros. Cuando el general ha perdido la cabeza la tropa huye despavorida. La ruptura de los lazos con el líder se revela esencial para el sostenimiento de los lazos que el sujeto mantiene con sus semejantes. El yo parece desmoronarse cuando pierde su reflejo en el líder que ocupa el lugar del Ideal del yo y le otorga una imagen de completud a través de su mirada de reconocimiento. Podemos subrayar que pierde también aquellos lazos que el sujeto mantiene con sí mismo y que le brindan - a través de la identificación- una identidad, de ahí las vivencias de desorganización y vacío que acompañan el pánico provocado por la desorganización de la masa.

Sin embargo, el lugar central de resguardo del narcisismo aportado al yo por el Ideal no es exclusivo del fenómeno de pánico. Freud afirma que la conducta hacia el ideal decide la gravedad de la neurosis; se muestra también decisivo por su carácter inalcanzable en la depresión y por su coincidencia con el yo en la manía..

A través de dos viñetas clínicas intentaré explorar cual es la peculiar tensión entre el yo y el Ideal del yo que tiene lugar en el ataque de pánico.


Lo que el pánico quiere decir
Una joven a la que llamaré Sandra concurre a verme derivada por su médico clínico a raíz de ataques de pánico; refiere palpitaciones y taquicardia, esta última se revela de origen orgánico y se alivia con el tratamiento médico. Pero la emergencia disruptiva de la angustia se mantiene junto con las palpitaciones, los ataques la asaltan en ocasiones imprecisas. Recién se había peleado con su novio desde hace varios años. Esta relación contaba con el beneplácito de su madre quien no concebía una existencia sin hombres y así lo había practicado a lo largo de su vida a través de sucesivas parejas. "Una mujer no es sin un hombre" solía decir. Sandra otorgaba a las relaciones amorosas un lugar central en su vida; la ruptura la había llevado a perder ese centro en el que reconocía su ser y a hundirse en la angustia.

Otra joven solicita también una entrevista a raíz de ataques de pánico recurrentes; está siempre alerta de que vuelvan a aparecer sensaciones de vértigo, asfixia y palpitaciones; junto al aparente sin porqué de estos episodios refiere también problemas amorosos. Pero en este caso -al revés que en el anterior- no se trataba de una ruptura sino, por el contrario, de lo que ella designaba como "el cumplimiento de un sueño". Un antiguo amante dejaba a su mujer y quedaba finalmente libre. Ella dejaría de ser la otra, lugar que había comandado su vida; criada por otros que sus padres, vivía en la casa de otros pese a tener la suya y cuidaba también hijos de otros y, ahora, su orden del mundo se conmovía.

Al modo de la masa freudiana el pánico se desencadena cuando trastabilla el principio rector que regulaba las relaciones del sujeto consigo mismo y con los otros, tropiezo que trae aparejado un desequilibrio que se expresa fundamentalmente en el cuerpo. El deshacimiento del Ideal hace emerger un goce no regulado acompañado de lagunas psíquicas que impiden pensar. La invitación a tomar la palabra hace posible abordar esa brecha.
La época de un Dios muerto: Pan
La etimología griega de la palabra pánico nos remite al Dios Pan, mitad hombre, mitad macho cabrío, seductor y monstruo al mismo tiempo, quien tenía una inquietante característica: podía aparecer de repente saliendo de las sombras e inspirar un terror súbito. Al nacer también provocó terror en su madre cuyo corazón se estrujó al verlo.

Gustaba de perseguir ninfas, entre ellas a Eco quien lo rechaza pues prefiere a Narciso. Pan tiene el poder de mostrar la precariedad de todo orden, esa unidad que Eco podría resguardar quedándose con Narciso. Dice P. Borgeaud en "Investigaciones sobre el dios Pan":...un paso hacia delante, y hele aquí enteramente griego..; un paso hacia atrás., hele ahí, de nuevo convertido en salvaje".

Los griegos hacían de Pan la causa de todo lo que no tiene causa, la razón de lo que carece de razón.

Cuenta Robert Graves en "Los mitos griegos" que Pan es el único Dios que ha muerto. Pan parece haber navegado desde su hogar en Arcadia hasta nuestros días. En la actualidad se hace muy presente ese umbral entre organización y desorganización que Pan se encarga de señalar. La pluralidad de marcos orientadores (muchos dioses y ningún dios), la destructuración de las tradiciones junto a la atracción por la novedad permanente, el no respeto a autoridades consagradas son factores que contribuyen a la declinación colectiva de modelos. Los sociólogos entienden que las sociedades globalizadas traen consigo un auge del individualismo junto a lazos flojos entre sus miembros. Los valores y emblemas que encarna el Ideal del yo carecen de perfiles definidos; el apoyo que ellos brindan a las identificacones constitutivas del sujeto resulta precario. Todas estas circunstancias constituyen un campo fértil para promover sujetos desorientados que son, con frecuencia, presas del pánico.

La pluraridad de marcos de referencia antes señalada no impide idolatrar a quien Baudelaire designa como el Dios de los tiempos modernos: el Dios de la utilidad directa.

Es por ello que el malestar es rápidamente acallado sin darle oportunidades para ser nombrado.



Kierkergaard refiere un cuento de los hermanos Grimm donde un personaje sale en búsqueda de aventuras con el solo fin de aprender a horrorizarse. Recomienda a todos los hombres correr esa aventura pues de ella puede extraerse un saber.


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