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Las alucinaciones en la psicosis. Estructura y operación


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Dictado por

Andrea Perdoni


Clase 7

LA DIRECCIÓN DE LA CURA EN LA NEUROSIS Y EN LA PSICOSIS1

En nuestro último encuentro he decidido compartir con uds. esta charla que tuvo lugar hace unos años, por tratarse en ella de la precipitación del trabajo que juntos hemos retomado en torno de la alucinación. En aquella oportunidad, no contaba con el trabajo previo que hoy contamos, sin embargo, fue un cierre en torno de la cuestión de la alucinación y de la injuria en particular, que aprovechó esa instancia para realizarse, por ello, este material es el de nuestro último encuentro. Luego se abrieron otras cuestiones que constituyen las vueltas de la actualidad.

El tema propuesto en aquella oportunidad, me convocó en lo personal. Creo que toda la obra de Lacan, -como la de Freud aunque no utilizó estos términos-, se dedicó a responder esta cuestión, que bien puede plantearse como pregunta, y que, en términos de tal, nos recorre día a día en nuestra práctica cotidiana siendo, casi diría, el motor de la misma.



Que como pregunta nos atraviese y se actualice con cada paciente que nos viene a ver, también nos hace responsables de poder responder.

Tomando el compromiso entonces, voy a intentar responder acerca de un punto en particular, que desde hace algunos años me ha rondado en la cabeza. Espero con ello, llegar a dar cuenta de algo que permite a su vez, responder a algunas de las preguntas que se plantean en vuestra práctica, o bien, de no ser así, quizás abra su formulación.




  • La voz y la injuria:

Lo que voy a retomar entonces es ese algo muy sencillo, que por lo trillado quizás no tenga con el tiempo la fuerza que tiene en nuestra experiencia la primera vez que nos topamos con ello: la alucinación verbal, fenómeno, claro está, propio de la clínica de la psicosis, elemental en varios sentidos y del que podemos extraer algunas consideraciones en relación a la dirección de la cura si nos orientamos en la estructura de la que se trata.

Tema elemental y que a mí particularmente no deja de alucinarme.

Lo que voy a plantear es el a, b, c del problema: ¿cómo alguien puede escuchar una voz?.

¿Nunca se lo preguntaron?, seguro que sí, y por ello voy a ser breve en cuanto a las coordenadas estructurales, para pasar a una pequeña respuesta que creo puede ser lo interesante de la cuestión.



Primero, la estructura. Las referencias externas para que se ubiquen son: De Saussure, “Curso de lingüística general”,
Jakobson, “Los conmutadores, las categorías verbales y el verbo ruso”, de Ensayos de lingüística general; y Ducrot, “Le dire et le dit”, Polifonía; todas ellas de la lingüística, que seguramente todos conocen; en relación a la estructura de la palabra, el problema del enunciado y la enunciación y la función de los shifters y el nombre propio.

  1. La estructura de la palabra tal como la plantea De Saussure:



Audición Fonación






c. Concepto

i. Imagen acústica





Fonación Audición
El circuito de la palabra supone al menos dos individuos. Los podemos llamar A
y B, el punto de partida es por ejemplo: el cerebro de A, donde los conceptos se hallan asociados a las imágenes acústicas que sirven a su expresión. Concepto e imagen acústica son ambos de naturaleza psíquica, fenómeno psíquico que se apoya en otro fisiológico, que va del cerebro de A a los órganos de fonación, transmitiendo A a B, esto es de la boca de A al oído de B, las ondas sonoras correspondientes; y si B habla a su vez el acto de palabra se reanuda.

Esto es sucintamente el esquema que F. de Saussure propone para todo acto de palabra, al que Lacan añade algo muy interesante y es que cada uno está respecto de su propia palabra como otro, porque nada diferencia las palabras que escucho de otra boca de las que salen de la mía, ya que ambas ingresan del mismo modo en mi oído: el circuito entonces, es además reflexivo, porque el sujeto que habla se escucha así mismo del mismo modo que escucha a otros: el sujeto es emisor y receptor a la vez.2

Las alucinaciones motrices verbales de Seglás lo pusieron claramente en evidencia. (Saben de qué se trataban: los enfermos decían escuchar, llamándolas “voces”, las mismas palabras que articulaban).



Una vez en una guardia cuando le pregunté su nombre al paciente que traían, me contestó: "no hable por mi boca", con lo que no seguí preguntando...

Otra paciente en una presentación dijo respecto de las voces que oía, aún algo más: "son voces mías. No me acuerdo que decían. Voces del interior, no sé si del oído o de la boca".

Samuel Beckett, en "El innombrable" lo dice maravillosamente: "captado por el oído eso me sale enseguida por la boca, o por el otro oído, que también es una posibilidad. Es inútil multiplicar las ocasiones de error. Dos agujeros y yo en medio, ligeramente taponado. O uno sólo de entrada y de salida, donde se atropellan las palabras como hormigas, apresuradas, indiferentes, no trayendo nada, no llevándose nada, demasiado débiles para socavar" (página 162).

La pregunta de Beckett en toda su trilogía es siempre la misma: ¿es una voz o es mi voz?, lo que lleva a una segunda cuestión: ¿quién es yo?, el que habla; donde lo que está en juego es el punto de enunciación, el sujeto de la enunciación es aquí todo el problema, la atribución de los enunciados que pudiendo decir yo pueden ser dichos por otro o, incluso, referirse a otro. "Yo soy el que soy", ¿lo digo yo?, ¿no lo van a creer?, o en el diálogo quien para mí es tú o vos, dice yo, y es él y no yo, y como dice Beckett eso entra por el mismo agujero.

Una paciente nos enseñó: "ella me dijo que me internara,... tengo anemia, ella tiene fatiga..., algo la está molestando, le quieren meter ese cuento, hacen laburos para que no cuide a sus hijos, dicen que los quiere matar... Ando mal de las rodillas, las manos se mueven, creo que los médicos deben probar sus reflejos, hace diez años que la estamos cuidando". Cuando se le pregunta quién es "ella", la paciente responde: "hay una señora dentro mío,... ella es frágil. Me pongo muy nerviosa porque la que está dentro mío conversa. Mi hijo dice que hablo sola... no sé porque, conmigo conversa por la boca como yo", ¿cabe agregar que por su propia boca es que la otra conversa con ella?.

Beckett dice respecto siempre de la voz: "ella sale de mí, ella me colma, clama contra mis muros, ella no es la mía, yo no puedo detenerla, yo no puedo impedirle que me atormente..." y termina diciendo "ella entra en mí". Se pregunta: "¿hay una sola palabra mía en lo que yo digo?".

La relación del sujeto que habla con su propia palabra nos lleva entonces a la cuestión del shifter, término inequívoco tradicionalmente para los lingüistas, que puede ser equívoco para el sujeto de la enunciación refiriéndonos con él al que enuncia la frase.

Jakobson: símbolos - índices, he aquí todo el problema, (recubrimiento del código sobre el mensaje: C/M), incluye a los pronombres personales, terminaciones verbales, todo lo que en una lengua designa al sujeto que habla, el sujeto del hecho discursivo, que además hay que distinguir del sujeto del hecho relatado, bien en el enunciado ambos pueden llevar las marcas de la primera persona del singular, y ambos aún pueden coincidir; con lo que entramos también en el problema de la polifonía de toda cadena significante3.

El shifter entonces: de una parte es un símbolo: significa la persona que habla, que dice yo ( yo, je, ich, etc, según la lengua); por otra parte, no puede representar a su objeto sin estar en una relación existencial con el mismo (como cuando señalo algo): la palabra yo designando al locutor está existencialmente relacionada con su elocución, funcionando como índice. Ejemplo: portero eléctrico, diálogo:



  • ¿Quién es?.

  • Yo.

  • Y ¿Quién es yo?...

(¿nunca les pasó?).
Entonces, por un lado: multiplicidad de significados contextuales; por otro: yo significa siempre al locutor que ¿quién es? si me escucho como escucho a otros, y si, además puede ser el sujeto de un enunciado perteneciente al relato, o bien otro, como muestra Ducrot en el “discurso testimonial en estilo directo” (traducción sólo aproximada), la ironía, la negación etc.4

Beckett concluye: "no volveré a decir yo, nunca más lo diré, es demasiado estúpido. Lo sustituiré cada vez que lo oiga, por la tercera persona, si pienso en ello..." (...) "No hay pronombre para mí, no hay pronombre para mí" (página 249). Y es verdad que no hay pronombre que pueda apropiarme, que pueda nombrarme solo a mí, he aquí la cuestión.

Se habrán dado cuenta de que he desarrollado hasta aquí los tres puntos que Lacan plantea en “De una cuestión preliminar...”, luego de decir que el sujeto no sabría hablar sin escucharse, respecto de toda cadena significante:

  1. Ésta se impone por sí misma la sujeto en su dimensión de voz,

  2. Ella toma como tal una realidad proporcional al tiempo, perfectamente observable en la experiencia, que comporta su atribución subjetiva;

  3. Su estructura propia en tanto que significante es determinante en esta atribución que por regla, es distributiva, es decir a muchas voces, que plantea pues como tal al percipiens pretendidamente unificante, como equívoco (páginas 513- 515, Escritos 2).



Hasta aquí, ¿es claro porqué es posible escuchar voces?, cuestión que intenté demostrar está habilitada por la estructura misma de la palabra.5

Ahora bien: si bien es cierto que no hay pronombre que no sea equívoco por la estructura polifónica de la cadena y el acto de la palabra, sí podemos decir que hay elementos en el lenguaje que no son equívocos:



  1. el nombre propio, que se define sólo por su referencia al código, (C/C), es una categoría circular que no entra en el encadenamiento significante, ya que no se define por su relación con otros significantes (diferencial, de oposición) para definir Juan no puedo apelar a otros significantes, no se opone a los otros elementos del sistema. Bien, todo un tema en particular de investigación por su particularidad lingüística y más aún, clínica.

  2. Propongo pensar en un segundo término: la injuria y porqué la voz puede tomar atribución subjetiva con la injuria.

No es una tesis desarrollada en Lacan y no he encontrado más que algunos señalamientos para pensarla, que he remarcado en clases previas, hoy voy a compartir mis hipótesis con ustedes y un caso al final que recibí por e-mail, de una niña psicótica que lo único que hacía era injuriar o, en argentino, putear a todo el que se cruzaba. El caso es de Sandrine Salmón se llama "Les injures d´Angeline" y si les interesa pueden pedirlo a la Biblioteca de la E.O.L que se los envían enseguida sin problema.

Bueno, los señalamientos de los que les hablaba. Ustedes saben que Lacan toma el famoso caso "Marrana" para dar cuenta tanto de lo equívoco del percipiens (aquella paciente no sabía a quien se dirigía la frase que ella misma había dicho), como de la función de estabilización del yo(je) con la injuria alucinatoria. Uno puede pensar que en ese caso operó de ese modo, o bien, pensar que la injuria misma tiene esa función. Ya hemos trabajado el caso. Sólo voy a recordar aquél párrafo del Seminario 3, que me hizo pensar la segunda hipótesis, en la página 231 de la edición Castellana: "que el sujeto en la psicosis sólo puede reconstruirse en lo que denominaré la alusión imaginaria, se los mostré in vivo en una presentación de enfermos. A este punto preciso llegamos. El problema que debemos indagar es la constitución del sujeto en la alucinación imaginaria"; haciendo la salvedad de las cuestiones en juego respecto de la conceptualización "imaginaria" de la alusión y del estatuto de la alucinación en el Seminario 3, la misma no deja de operar como constituyente.

Lo indagué y busqué otros casos conocidos por todos para que ustedes tengan la posibilidad de ir a leerlos y verificarlo, me refiero a Aimée y a Schreber. En Aimée la injuria luego de la cual el delirio paranoico tiene lugar es "vache" y en Schreber, deben conocerla, el famoso "lúder" que Dios profiere cuando ya del mundo no quedaba nada. Es más, la psiquiatría clásica, que de cuestiones de fenomenología no se le escapaba nada, describe que en la paranoia, siendo los fenómenos elementales prácticamente inusuales, se encuentra en el inicio del delirio frecuentemente una alucinación de este orden, una injuria. Les propongo que si tienen clínica con psicóticos lo investiguen. Respecto de Schreber, también en el Seminario 3 Lacan toma a la injuria en esta operación, lo cito, en la página 144 "la injuria aniquilante, es un punto culminante, es una de las cumbres del acto de la palabra. Alrededor de esa cumbre, todas las cadenas montañosas de ese campo verbal son desarrolladas por Schreber desde una perspectiva magistral". Hasta allí Schreber estaba muerto y el mundo había caído, desde allí la restitución delirante que concluye con “ser la mujer de Dios”.

Bueno, pasemos al caso del que les hablé:



Es una nena de 11 años que se llama Angeline. Esta nena cuando ingresa al servicio del hospital, como al ingresar al consultorio, injuria: puta, imbécil, conchuda, puto... único texto en el encuentro con el Otro. La cosa se hace difícil. Sandrine escribe con ella. Ella escribe a repetición siempre lo mismo, todo el tiempo y a todo el mundo, en garabatos ilegibles, "descompuestos", surcados por otros garabatos encima: "te amo, papa, mama", y firma: A. A. Luego pide que Sandrine sostenga el papel y lo traspasa con el lápiz hasta romperlo. Así comienza el tratamiento. Voy a saltear detalles porque todo no viene al caso, y voy a situar tres momentos que me parecen de una enseñanza excelente.

  1. Angeline le pregunta a su analista, luego de injuriarla como de costumbre, si va decir a la radio (casa-radio) todas esas injurias. Sandrine le responde que no, escribiendo que de ese modo la priva de ser quien la que va a divulgar, reflejar sus injurias, corriéndose del lugar de otro especular que Angeline le propone. En este primer tiempo, la analista se pregunta porqué la injuria masiva, muy fuerte, es la dirección única de la palabra, dice: "Así la injuria viene a colmar el espacio del encuentro. Como si Angeline no pudiera sostenerse de otro modo que produciendo la injuria".

  2. Angeline empieza a escribir P.D, P.D (homófono de puto en francés), todo garabateado por encima, le pide su cuaderno, repasa con lápiz las letras de su nombre y apellido y escribe debajo P. D. muy grande. “Estas dos letras parecen venir a representarla", dice Sandrine. Cada entrevista, Angeline verifica lo que hay adentro del cuaderno. Esto inaugura un juego: Angeline sale del consultorio, putea a toda la sala y luego se encierra de nuevo pidiéndole las llaves a Sandrine para cerrar la puerta. Una intervención desatinada de la analista como amo, tira este movimiento, con el que la nena se había hecho un lugar, por la borda. En lo que sigue, Angeline buscará en lo real una marca de la falta en el Otro, interroga: "¿Yo te hago llorar a vos?", luego de destruir dentro del consultorio todo lo que encontraba, como hacía en la sala. Sin respuesta a su pregunta y con una interrupción de dos semanas como sanción que ponga límite a su desborde, Angeline vuelve y escribe y agujerea todo. : escritorio, silla paredes, el cuerpo de la analista, su cara, etc., con letras que no se entienden si es PAPA o PADA; termina agarrándola de los pelos a Sandrine que lo describe entre la agresión y el estar colgada, pendiendo de ella propiamente. La cosa sigue y en otra entrevista que le tira con bolas de plastilina, la analista le dice que le hace mal y le da miedo, las palabras no alcanzan, nuevamente le tira de los pelos con violencia hasta hacerla llorar, la ve y la suelta. Más allá de algunas cosas que interpreta esta analista, estoy de acuerdo particularmente con una: fue necesario que vea las lágrimas en sus ojos para recuperar el lugar de A barrado y poder alojar a Angeline sin intrusión ni rivalidad. (Ni el A, lugar en que la dejó una intervención como amo, ni a, lugar difícil en la falta de ubicación que Angeline tenía, pues no sólo hubiese sido un compañero imaginario, inocuo en todo caso, dado que el par a-a´ parecía más bien disuelto en sus dichos).

  3. Esta maniobra, con la que inscribe un orden real de falta, (con las lágrimas en los ojos que muestran a la analista dividida), la aloja en el Otro; desde ese momento toma de la mano a la analista para dirigirse a distintos lugares y personas, le pide que hable de ella, que le hable a ella, etc. "Consiente a ser localizada en alguna parte”... Y volvemos a su curiosa localización, cito a la analista: "Ella es P.D que escribe de forma lacerante, obsesiva. Es lo que queda de la injuria proferida". La analista cuenta entonces que nuevamente PAPA deja leer un PADA, que ella lee como la injuria en intersección con su nombre. Angeline escribe finalmente dentro de un circulo con virome roja P.D. en la puerta del consultorio de ambos lados, intima a Sandrine a escribir P.D y ella escribe A. A.: sus iniciales. La injuria como localización del sujeto, real-escrita, en este caso "parece abrir la escritura de otros significantes", dice finalmente la analista.

Y creo que sí, ya que no es posible hablar sin palabras propias y para ello es necesario un lugar desde donde poder hacerlo, un amarre enunciativo que localice al sujeto.
Traje este caso por dos razones:

  • El lugar del analista en la psicosis, por sus aciertos y por la enseñanza de sus errores aquí me pareció que podía ser recortado con claridad.

  • Es un caso de alguien que ni conozco, que se ha encontrado en el trabajo con la psicosis con lo mismo que yo, la particular operación que realiza la injuria localizando al sujeto de la enunciación, ésta tomada en términos del lugar desde el que se habla.

¿Por qué la injuria y no cualquier otro término de la lengua?, ¿por qué no “linda”, “buena” como calificativos y sí “puta”, “puto”, “cerda” o “mierda”?.



Primero un cuestión banal: Si alguien les dice "Sos una mierda", ustedes ¿se preguntarán qué me habrá querido decir?, apuesto a que no. La injuria tiene esa particularidad, no remite a otra significación para tener sentido, por eso Lacan la llama "palabra clave", "elemento aislado", "erotización del significante", "la significación en tanto inefable" (todo ello en la clase del Seminario 3 "Vengo del fiambrero"); y ustedes saben que el problema del sujeto hablante es la imposibilidad de hallar un significante que lo represente, por la estructura misma del significante que exige al menos dos para representar (lo que implica el fading del sujeto). Vimos al comienzo lo equívoco del yo para "embragar" por sí mismo al sujeto que enuncia la frase, en razón de la polifonía de toda cadena. Dos cuestiones que plantea la estructura, y que la psicosis hace patentes.

La injuria puede pensarse, en este sentido como oferta de la estructura, porque, es claro que es en las coordenadas de la estructura misma que podemos encontrar respuestas, en tanto el sujeto es efecto de ella.



Para terminar quiero citar una frase de Lacan en L ´etourdit, donde aún se ocupa de la injuria, en el año 72, dieciséis años después del Seminario 3, la cita es de la página 60, en la publicación de Escansión I. Está hablando del fin de análisis y del duelo por el objeto al que el analista se ve reducido, dice:

"... y, luego, que el insulto, si resulta por el ser del diálogo tanto la primera como la última palabra, así como el juicio, hasta el final sigue siendo fantasma, y para decirlo todo no llega a lo real sino perdiendo toda su significación".

Muchas gracias por haber compartido en estos encuentros los rodeos hechos en estos años, y espero con gusto vuestras preguntas, cuestiones, ideas en mi dirección de correo: perdonia@ciudad.com.ar. Este recorrido habilitó una respuesta a aquella pregunta cerca de cómo es posible escuchar una voz... la respuesta abrió su inversión: ¿cómo es posible no escucharla?

Lic. Andrea.D.Perdoni



1 Conferencia dictada en el Colegio de Psicólogos Distrito XI, en noviembre de 2000

2 En el esquema la flecha que va de la boca de A al oído de A, agregado.

3 Jakobson distingue cuatro categorías: hecho relatado, hecho discursivo, sujeto del hecho relatado, sujeto del hecho discursivo. Así, si yo relato una anécdota en la que la protagonista dice: “realmente quedé muy impresionada”, será el sujeto del hecho relatado distinto en ese caso del sujeto del hecho discursivo. Todas las combinatorias entre las cuatro categorías son posibles.

4 Ducrot en “Le dire et le dit”, capítulo Polyphonie, da los siguientes ejemplos, en función de rebatir un prejuicio que atraviesa la lingüística moderna que es el siguiente: “un enunciado, un sujeto”, en otros téminos “la unicidad del sujeto de la enunciación”. Él postula los diferentes desdoblamientos del locutor en numerosos ejemplos del diálogo cotidiano de los que sólo citaré los más representativos:

• “ discours rapporté en style direct”: En un diálogo complejo, por ejemplo:

-L, a quien se le ha reprochado haber cometido un error, diciéndole: -“eres un imbécil”, se revela diciendo: -“Ah!!!, Yo soy un imbécil, muy bien, ya verás...”. Incluso cuándo él mismo se denomina imbécil, la fuente de tal enunciado no es él, sino el locutor del reproche.

• el eco imitativo:

_A: “Me siento mal”

_B: “Me siento mal, me siento mal, no pienses en conmoverme de ese modo”



• la ironía: tomando como Ej. un chiste. En un restaurante de lujo, un cliente se sienta en su mesa con la única compañía de su perro, un pequeño teckel. El dueño va a darle conversación jactándose de las cualidades del restaurante: -“Ud. sabe Sr. Que nuestro chef es el antiguo cocinero del rey Farouk” –“Ah, que bien... dice solamente el cliente. El patrón, sin acobardarse continúa –“y nuestro encargado de vinos es el antiguo encargado de la corte de Inglaterra... en cuanto a nuestro repostero hemos recibido aquél del emperador Bao DÏA”, frente al mutismo del cliente, el patrón cambia de conversación: -“Ud., señor, tiene un hermoso teckel” A lo que el cliente responde: –“Mi teckel, señor, es un antiguo San Bernardo”.

Respecto de todos y cada uno de estos ej. cotidianos: ¿quién habla?¿lo designa el shifter?



5 En el momento en que esto se clarifica, lo que se oscurece es ¿cómo no las escuchamos normalmente?



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