Psicologia del desarrollo


El sepultamiento del complejo de Edipo (1924) [Ficha 280]



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 El sepultamiento del complejo de Edipo (1924) [Ficha 280]


El Complejo de Edipo, central en la sexualidad de la primera infancia, termina sucumbiendo a raíz de dos factores:

a) Un factor simplemente madurativo, que lo hace sucumbir así como pueden caer los dientes de leche. Este factor ontogenético está ligado a otro filogenético: también el individuo ha de morirse.

b) El segundo factor será investigado especialmente por Freud: el Edipo sucumbe a raíz de las dolorosas desilusiones acontecidas en su transcurso: la niña, que se considera la predilecta del padre, vivenciará una reprimida por parte de él, y el varón, que considera a su madre como propia, experimenta que ella le quita el amor para dárselo al recién nacido. Aún cuando el padre no le haga reprimendas ni la madre tenga otro hijo, los niños sentirán igual este relegamiento de un lugar central.

En otras palabras, respecto del factor desilusión, tenemos: a) la niña debe renunciar al padre, pero alimentará la ilusión de poseer el pene del padre y tener un hijo de él. Hace la ecuación simbólica pene = niño, y su superyo no resulta tan fuerte; b) el varón debe renunciar a su madre bajo la amenaza de castración, sustituyendo el vínculo libidinal por una identificación a los padres, constituyéndose el superyo.

La fase fálica es contemporánea al complejo de Edipo, y allí los niños reconocen un solo órgano sexual, el pene. Dicha fase no progresa hacia la organización genital definitiva: antes se hunde y es relevada por el periodo de latencia. El proceso ocurre de manera diferente en el varón y la niña.

1) En el varón: la organización genital fálica se va a pique con la amenaza de castración, amenaza que el niño siente cuando le prohíben tocarse los genitales, o cuando se hace pis en la cama, pues esto es atribuído por sus mayores a tocamientos que él se hace. La amenaza proviene generalmente de mujeres, quienes buscan reforzar su autoridad invocando al padre, que son los que consumarán el castigo.

En un comienzo, el niño no cree en tal amenaza. Empieza a creer firmemente en ella no tanto en ocasión del destete o la defecación (que implican también separaciones de partes del cuerpo), sino fundamentalmente cuando ve los genitales femeninos, convenciéndose de una falta de pene en un ser tan semejante a él, con lo cual se vuelve representable la pérdida del mismo y la amenaza de castración puede obtener sus efecto con posterioridad.

La vida sexual del niño no se reduce a la masturbación: esta solo es la descarga de las excitaciones del complejo edípico. Este complejo ofrecía al niño dos satisfacciones: activa (se pone en el lugar del padre, se relaciona con la madre y el primero pasa a ser un obstáculo), o pasiva (quiere sustituír a la madre y hacerse amar por el padre, quedando la madre sobrando). Ambos modos de satisfacción implican la pérdida del pene: la activa como castigo, y la pasiva como premisa (pues sustituye a la madre, que no tiene pene). Forzamente surge así un conflicto entre el interés narcisista por el pene y la investidura libidinosa de los padres. Normalmente triunfa el primero y el niño abandona el complejo de Edipo.

Las investiduras de objeto son entonces resignadas y sustituídas por identificación. La autoridad del padre o de ambos es introyectada en el yo, formándose el superyo, el que perpetúa la prohibición del incesto. Las aspiraciones libidinales son en parte sublimadas, y en parte inhibidas en su meta y mudadas en mociones tiernas. Y así se interrumpe el desarrollo sexual del niño ingresando éste en el periodo de latencia. Este proceso es la represión, pero una represión especial, pues implica la destrucción y cancelación del Edipo. Si el yo no pudo lograr mucho más que una represión del complejo, éste subsistirá inconciente en el ello y más tarde manifestará su efecto patógeno.

Freud señala finalmente que estas conclusiones no son definitivas.

2) En la niña: A pesar de haber en la niña una organización fálica, un complejo edípico, un complejo de castración, un superyo y un periodo de latencia, el desarrollo es diferente que en el varón.

La niña experimenta su clítoris como un pene disminuído y por ello se siente inferior, y durante un tiempo tiene la esperanza que le crecerá como el varón (complejo de masculinidad). Lo que supone la niña, algo después, es que alguna vez tuvo uno grande y que después lo perdió. La niña entonces acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el varón la concebía sólo como posibilidad.

Al no haber amenaza de castración tampoco hay angustia, y por tanto no habría motivo para sepultar el complejo de Edipo. La niña intentará recuperar el pene perdido mediante la ecuación simbólica pene=hijo, y querrá poseer el pene paterno y recibir un hijo de él, con lo cual el Edipo llega a su culminación, aunque este abandono se hace muy gradualmente porque tales deseos no se cumplen nunca: quedarán en el inconciente para prepararla para su futuro rol sexual. La menor intensidad del sadismo unido a la pulsión sexual, relacionado con la mutilación del pene, facilita la mudanza del erotismo en aspiraciones tiernas de meta inhibida.

En suma, resultan típicos los nexos causales y temporales entre complejo edípico, amenaza de castración, formación del superyo y periodo de latencia, aunque puede haber variaciones dentro de esta secuencia temporal que podrán ser importantes para el desarrollo del individuo.


Sigmund Freud, “El juego del Fort-Da en relación con la constitución del psiquismo”- Ficha 335
-Freud produce un importante cambio en la teoría de las pulsiones, con la introducción de la concepción de la pulsión de muerte y su referente clínico la compulsión a la repetición.

-Los procesos psíquicos no están acompañados siempre de placer, sino que, muchas veces tiende a repetir lo displacentero.

-En el comienzo del individuo no hay una unidad como el yo, esta se va desarrollando. Son iniciales las pulsiones parciales que buscan su satisfacción autoeroticamente, de manera independiente unas de otra, en el cuerpo, pero sin existir una imagen unificada del mismo. Se lo considera tiempo de autoerotismo, de indiferenciación inicial entre: Yo- No yo; Mundo externo o Yo/Objeto.

-Se va produciendo una diferenciación Yo-Mundo externo, pero este no esta investido y coincide con lo displacentero.

-En “El Yo y el Ello” dice Freud que el yo es una parte alterada de Ello por la influencia directa del mundo externo, pero que es necesario junto a esta diferenciación, una operación psíquica denominada “identificación primaria” que darán origen al YO. Esta identifica es preedifica, concuerda con la organización oral de la libido y se la considera como la forma mas primitiva del lazo afectivo con un objeto.

- El Yo como objeto recibe investiduras del Ello, este estado ideal regido por el principio de placer, se llama “Narcisismo”.



- El juego del Fort- Da inaugura la simbolización, ubicado en ese momento de separación de diferenciación, de ser, uno distinto de la madre, cuando también se opera el pasaje de la pasividad a la actividad. La primera interpretación que da Freud al juego, es considerarlo como un gran logro cultural, una renuncia a la satisfacción pulsional, ya que el niño permitía que la madre se fuera sin oponer resistencia.

- También Freud supone que el juego podría entenderse, como un cambio de la pasividad a la actividad. El niño le haría a otro, lo que, en primera instancia sufrió en forma pasiva, esto se originaria en una pulsión de apoderamiento.

- El acto de arrojar podría ser la satisfacción de un impulso de venganza por ser abandonado por su madre.

- Esa compulsión a repetir es un intento de tratar de ligar a representaciones las impresiones traumáticas, para que puedan inscribirse o simbolizarse.



- El juego de Fort-da, se organiza por la ausencia de la madre, no fue solo repetición de lo mismo, permitió contribuir a la diferenciación sujeto/ objeto, poner palabras a la ausencia y reconocer una imagen de si, que pueda hacer aparecer y desaparecer en el juego del espejo.

Conclusión: Niño tiraba del Piolín (Fort = Se fue; Da= Acá está), el mayor placer correspondía al segundo encuentro. Interpretaciones:

    1. Renuncia Pulsional de admitir la partida de la madre, escenificando por si mismo con objetos.

    2. Papel Activo repitiendo la vivencia como juego. Se adueña de la situación: hecha a la madre. (De lo pasivo a lo activo).

    3. Reflejan en el juego: el deseo de ser grandes y poder obrar como los mayores. Diferenciación con la madre.


Sigmund Freud, “Las metamorfosis de la pubertad”- Ficha 311

Con el advenimiento de la pubertad se introducen los cambios que llevan la vida sexual infantil a su conformación definitiva. La función sexual era hasta entonces predominantemente autoerótica, ahora halla al objeto sexual. Hasta ese momento actuaba partiendo de pulsiones y zonas erógenas singulares que independientemente unas de otras buscaban un cierto placer. Ahora es dada una nueva meta sexual, todas las pulsiones parciales cooperan, al par que las zonas erógenas se subordinan al primado de la zona genital. La pulsión sexual se pone ahora al servicio de la función de reproducción.

Crecimiento y desarrollo de los genitales internos y externos debe ser puesto en marcha por estímulos mediante tres caminos:


  1. desde el exterior (excitaciones de zonas erógenas)

  2. desde el interior

  3. desde la vida anímica (repertorio de impresiones externas y receptor de internas)

Por estas tres se genera un estado que se define de excitación sexual: estado sexual que presenta el carácter de una tensión que va acompañada de placer, se conoce por signos:

  1. somáticos (alteración de los genitales por actividad sexual)

  2. anímicos (sentimiento de tensión)

Las zonas erógenas se aplican para brindar, mediante su adecuada estimulación, un cierto monto de placer, de este arranca el incremento de la tensión.

Existen diferentes fases del placer:



  1. placer previo: es la pulsión sexual infantil.

  2. placer final: depende de condiciones instaladas en la pubertad. Es el placer de satisfacción de la actividad sexual.

La nueva función de las zonas erógenas seria: son empleadas para posibilitar, por medio del placer previo que ellas ganan como en la vida infantil, la producción del placer de satisfacción mayor.

La libido es definida por Freud como una fuerza susceptible de variaciones cuantitativas, que podrían medir procesos y trasposiciones en el ámbito de la excitación sexual.

Así se llega a la representación de un quantum de libido a cuya subrogación psíquica se ha llamado libido yoica, la producción de esta, su aumento o su disminución, su distribución y su desplazamiento, están destinados a ofrecernos la posibilidad de explicar los fenómenos psicosexuales observados.

La libido yoica solo se vuelve accesible al estudio analítico cuando se ha convertido en libido de objeto. La vemos concentrarse en objetos, fijarse o bien abandonarlos, pasar de unos a otros y a partir de estas posiciones, guiar el quehacer sexual del individuo, el cual lleva a la satisfacción, o sea a al extinción parcial y temporaria de la libido.

En cuanto a los destinos de la libido de objeto, que es quitada del objeto se mantiene fluctuante en particularidades estados de tensión y, por ultimo, es recogida en el interior del yo, con lo cual se convierte en libido yoica.

La libido yoica o narcisista se nos ofrece como reservorio desde el cual son emitidas las investiduras de objeto y al cual vuelven a replegarse, y la investidura libidinal

narcisista del yo, como el estado originario realizado en la primera infancia que es solo ocultado por los envíos posteriores de la libido, pero se conserva en el fondo tras ellos.

En la etapa oral se da la primer elección de objeto (el pecho de la madre), este objeto es perdido cuando llega la representación de la madre como un todo. La pulsión sexual pasa a ser autoerótica. Sólo luego de superado el periodo de latencia se reestablece la relación oroginaria, volviéndose, el hecho de mamar del pecho materno, paradigmática para todo vínculo de amor.

El hallazgo de objeto es más bien un re-hallazgo.

Cuando se llega a la pubertad se vuelven a escoger como objetos sexuales justamente a las personas a quienes desde su infancia, teniendo en cuenta que ahora física y fisiológicamente están dadas las condiciones para los crímenes edípicos: parricidio e incesto.

Pero debido a la barrera del incesto que se une a las inhibiciones sexuales (asco, moral) se va a elactar por un objeto exogámico (fuera del núcleo familiar).

La re-emergencia de la conflictiva edípica se da en el plano de la representación; el doblegamiento y la desestimación de estas fantasías incestuosas va a estar acompañado por un proceso fundamental propio de la pubertad que es el desasimiento respecto de la autoridad de los padres.

Los propios niños se comportan desde temprano como si su apego por las personas que los cuidan tuviera la naturaleza del amor sexual. La angustia de los niños es la expresión de su añoranza de la persona amada, por eso responden a todo extraño con angustia ( ej: miedo a la oscuridad, no se ve persona amada, se calma con la mano).

Cuando la ternura que los padres vuelven sobre el niño ha evitado despertarle la pulsión sexual prematuramente y despertársela con fuerza tal que la excitación anímica se abra paso de manera inequívoca hasta el sistema genital, aquella pulsión puede cumplir su cometido que seria conducir a este niño, llegado ala madurez, hasta la elección del objeto sexual.

Lo más inmediato para el niño será escoger como objeto sexuales justamente las personas a quienes desde su infancia ama. Por así decir, con una libido amortiguada.

Pero, en virtud del diferimiento de la maduración sexual se ha ganado tiempo para erigir, junto a otras inhibiciones sexuales, la barrera del incesto, y para implantar en él los preceptos morales que excluyen expresamente de la elección de objeto a las personas de la niñez.

Pero la elección de objeto se consuma primero en la esfera de la representación y es difícil que la vida sexual del joven que maduro pueda desplegarse en otros espacio de juego que el de las fantasías (representaciones no destinadas a ejecutarse) por estas fantasías vuelven a emerger en todos los hombres las inclinaciones infantiles, solo que ahora con un refuerzo somático. Y entre estas, en primer lugar y con la frecuencia de una ley, la moción sexual del niño hacia sus progenitores, casi siempre ya diferenciada por la atracción del sexo opuesto.

Contemporáneo al doblegamiento y la desestimación de estas fantasías claramente incestuosas, se consuma uno de los logros psíquicos más importantes, pero más dolorosos de la pubertad: el desasimiento respecto de la autoridad de los progenitores, el único que crea la oposición, tan importante para el progreso de la cultura, entre la nueva generación y la antigua. Algunos se quedan retrasados en cada una de las estaciones de estas vías de desarrollo: personas que no superaron la autoridad de los padres y no les retiraron su ternura.


Freud, “Tipos de identificación”- Ficha 234

La identificación es el resultado de un trabajo psíquico inconsciente del proceso primario que actúa sobre la representación del objeto y la relación. Es la forma más originaria de ligazón afectiva con un objeto.

-Identificación Primaria: Se la considera fundante del yo tomando por interiorización al otro como modelo. Es con los progenitores y es pre-edípica. Ocurre de modo directo, ya que no esta mediada por una previa elección del objeto. En esta se produce la incorporación  Proceso en virtud del cual el sujeto, de un modo más o menos fantasmático, introduce y guarda un objeto dentro de su cuerpo. La incorporación constituye un fin pulsional y un modo de relación de objeto característico de la fase oral. Se puede diferenciar dos lazos diferentes: Con el padre se identifica y lo toma como modelo (Ser) y la madre recibe la investidura sexual de objeto (Tener).

-Identificación Narcisista: Se identifica con el objeto perdido, este se erige en el yo. Esta elaboración es propia del duelo y la melancolía, en donde la perdida no se elabora. La sombra del objeto cae sobre el yo. El yo es tratado como objeto. Reconstrucción del Yo con las características del objeto perdido. Esta modalidad de identificación contribuye a la constitución del Superyo, a partir de una modificación en el yo. En la génesis del Superyo se esconde la identificación primera con el padre de la historia personal, y es producto del complejo de Edipo y de la disposición bisexual. Existe diferenciación entre sujeto y objeto, hacia el final.

-Identificación Histérica o Identificación al Rasgo: El yo copia un rasgo y además conserva la investidura de objeto. Esta al servicio del deseo y de la represión. La identificación reemplaza a la elección de objeto, y la elección de objeto a regresado hasta la identificación  Objeto de amor es reemplazado por un rasgo que se introyecta en el yo, y el próximo objeto que se elija va a estar condicionado por ese rasgo introyectado. También participa de la constitución del Superyo por la internalización de los rasgos morales de los padres.
WINNICOTT
Winnicott, Preocupación Maternal Primaria- Ficha 333

Relación madre- hijo:

La madre de un pequeño esta biológicamente condicionada para su misión de especial orientación a las necesidades del niño. En los primeros meses de vida el entorno es casi sinónimo de madre. La relación madre e hijo podemos compararla con la simbiosis. Si bien esta relación es la primera con una persona, no lo es con el medio. La precede una fase anterior en la que las necesidades no son del mundo objetal, si no del cuerpo y cuya satisfacción o frustración juegan un papel decisivo en la construcción del yo (Anna Freud introduce la palabra “necesidad” en ves de “deseo”).


Preocupación maternal primaria:

Existe un estado especial de la madre, una condicion psicologica: la preocupación maternal primaria.

-Estado de sensibilidad exaltada durante y principalmente al final del mismo.

-Dura unas semanas después del nacimiento del niño.

-El recuerdo de este estado es generalmente reprimido.

-Es un estado organizado y espontaneo.

-Si el bebe muriese la madre se manifiestaria como enferma.

-Esta “enfermedad normal” le permite adaptarse a las necesidades del pequeño en el comienzo, de forma dedicada y sensible.

- Si no llegan a este estado, las madres se encuentran en la tarea de compensarlo, se encuentran en la necesidad de convertirse en terapeutas del niño.
Lo importante es que la madre se de un equilibrio entre una madre suficientemente buena y dedicada  Capaz de dar lugar al desarrollo verdadero del pequeño tiene: Tendencias innatas al desarrollo; Movilidad y Sensibilidad; Instintos involucrados en la tendencia al desarrollo.
La madre que alcanza el estado de preocupación primara da un marco en el que la constitución del pequeño empezara a hacerse evidente, las tendencias al desarrollo empezaran a desplegarse.

Si la madre aporta adaptación suficiente a la necesidad, la vida del pequeño se ve muy poca turbada por reacciones a los ataques. Los fracasos maternos producen fases de reacción ante los ataques y estas reacciones interrumpen la continuidad existencial del individuo. El exceso en las reacciones produce la amenaza de aniquilamiento, aniquilación del self del pequeño (Angustia primitiva).

A partir de la frustacion va emergiendo un falso yo, que tiene una funcion adaptativa de acercamiento al principio de realidad. La madre debe ilusionar al niño para luego desilucionarlo gradualmente, esto permite que el bebe vaya percibiendo que no es uno con la madre, disponiendose a entrar en contacto con la realidad y su subjetividad.

Desde ese momento todas sus potencialidades se iran desarrollando.


Winnicott, Momentos

  1. Indiferenciación:

Ilusión: Es la ilusión que se crea en el bebe y la madre. Principio de placer. Madre suficientemente buena: tiene que poder interpretar las necesidades del bebe y satisfacerlas en un 100%, no necesita ser una madre inteligente. En esta fase permite que le niño alcance las apropiadas satisfacciones innatas así como las angustias y conflictos. Creatividad primaria: La madre debe poder ilusionar al bebe que él es el creador de lo que precisa, como no hay una diferencia entre el yo y el mundo externo es como que el pecho es creado por el bebe en el momento que lo necesita. Es un tiempo de ilusión, siendo la base de la futura creatividad en el adulto. Este es un momento (ilusión) que el psiquismo esta regido por la omnipotencia, todo lo puede, crea lo que precisa

  1. Diferenciación

En ese tiempo se va a ir generando un espacio entre ambos donde aparecen algunos fenómenos.

Desilusión: La madre con el tiempo debe poder desilusionar al bebe, va a ir preparando al bebe para el destete. Tiene que ver con presencia y ausencia de la madre, estas frustraciones son necesarias para que halla progreso en el psiquismo. Es necesario que poco a poco se pueda ir separando para que pueda empezar a ser la diferenciación entre lo que es un yo y lo que es otro. Principio de realidad.

  1. Establecimiento de verdaderas relaciones objétales

    1. Desilusión

    2. Principio de realidad

    3. Diferencia yo- no yo

REALIDAD Y JUEGO. CAP 1 de Winnicott, Donald- Ficha 211



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