Psicologia de la conducta jose bleger



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Bibliografía

Bleger, J. (d, e, 0; Brentano, F.; De Waelhens, A.; Fairbaiin, W.R.D.; Fink, E.; Freud, S. (c, h); Frick, F.C.; García de Onrubia, L.F.; Guntrip, H.; Hesnard, A.; Jaspers, K.; Klein, M. (a, b); Koolhas, G.; Lagache, D. (i); Liberman, D.; Lyotard, J-F.; Maisonneuve, J.; Merleau Ponty, M. (d); Miller, A.A; Mullahy, P.; Rolla, E.; Ruesch, J. (a, b, c, d, e); Sluckin, W.; Spiegel, R.; Spitz, R.A. (a, b); Stoetzel, J-. Sullivan, H.S. (a); Tra-Duc-Thao; Wallon. H. (c, f); Winnicott. D.W.;Langer, S.; Baran-ger, W. (5,c, d); Bouvet, M.; Masserman, J.H.; Goldman, A.E.

Capítulo IX

Sentido de la conducta

1. Sentido o significado



Cuando se estudia la conducta en su nivel psicológico, como conducta molar, una de sus características fundamentales es la de poseer sentido o significado.

Siempre se ha ligado el valor de la palabra a su capacidad significativa, es decir, a su capacidad de poder representar, simbólicamente, cosas con­cretas, y de poder además transmitir con ella una idea, intención o pensa­miento del que habla. De igual manera siempre se ha relacionado y valora­do, muy especialmente, una gran cantidad de gestos y actitudes como signi­ficativos, es decir, que representan también una intención o una idea.

A partir de los estudios de Freud, este cuadro de la conducta se ha ampliado y complicado enormemente; se ha demostrado que no sólo tienen significado o sentido las palabras, gestos y actitudes que intencional-mente utilizamos, sino que también tienen sentido las manifestaciones que escapan a nuestro control voluntario o consciente: gestos, actitudes, actos sintomáticos, sueños, etcétera. En este sentido, el aporte de Freud fue mucho más amplio, porque abarcó dentro del sentido los síntomas neuró­ticos e inclusive el delirio. En la actualidad, podemos afirmar que toda con­ducta del ser humano es siempre significativa, tiene un sentido, se trate de conductas normales o anormales, intencionales o no, conscientes o no.



El sentido o significado es siempre una relación, tal como lo ha estu­diado detenidamente W. Blumenfeld, pero ésta puede ser de tipo muy distinto, por lo que —dice el mismo autor- "no es lícito tratar la palabra sentido' como si se refiriera a un concepto inconfundible e inequívoco, 51110 que se debe exigir que tanto en la filosofía como en la psicología ^da autor manifieste explícitamente, al usarla, cuál es el concepto de sentido a que se refiere su reflexión".

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2. El sentido como suceso human

Hemos de emplear como sinónimos los términos sentido y $;„ nificado, y nos referimos con ellos a la relación que tiene siempre la conducta con la vida y la personalidad total del sujeto y con una situación dada; pero lo que mejor califica el sentido es el hecho de que toda conduc. ta es un suceso o acontecer humano, y damos el significado de la conducta cuando la referimos en términos de acontecer humano, en lo que posterior­mente estudiaremos como Dramática.



Excluimos terminantemente el supuesto de que una característica del sentido de la conducta sea el hecho de que haya intención de comunicar o significar algo. Sentido no implica intención ni voluntad.

Toda conducta tiene sentido cuando la relacionamos con la vida del sujeto en las situaciones concretas en que dicha conducta se manifiesta1 un movimiento de los brazos deja de ser solamente un movimiento y pasa a ser suceso humano —conducta molar— cuando conocemos su sentido: rechazo, acercamiento, saludo, etcétera. Toda la relación humana y toda la vida del ser humano son significativas, pero, por ser un hecho tan habitual, no distinguimos con suficiente claridad cuándo describimos y cuándo interpretamos, de tal manera que percibimos directamente el significado de una conducta cuando la describimos. Y es que todo lo que el ser huma­no tiene como experiencia, posee directamente una organización, un

sentido.


Blumenfeld estudió las distintas modalidades del sentido y las clasi­ficó en semántica, final o télica, estructural o éidica, fundamentante o lógica, y de motivación. En cada una de ellas se da una relación particu­lar, a saber:

Sentido semántico: relación entre signos y objetos.



Sentido télico (final): con algo que es un medio se persigue un fin. La relación es entre acontecimiento y acontecimiento.

Sentido estructural o éidico: relación entre las partes y el todo.

Sentido lógico o fundamentante: relación entre un enunciado y su

fundamentación.



Sentido de motivación: relación entre comportamiento y su motiva­ción.

El sentido de la conducta no es un contenido que adscribimos arti­ficialmente los seres humanos al movimiento o a la conducta de otros seres humanos; tal punto de vista procede del estudio de la conducta molécula y del ser humano abstraído del contexto social. La conducta es siempre molar y el sentido es una de sus cualidades esenciales, no algo que se agreg3 a posteriori. El proceso de fraccionamiento o elementalización hizo que

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perdiera de vista la estructura unitaria de la conducta como acción mana en un con*exto social, cultural.



3. Modalidades del sentido

El sentido de la conducta radica en el contexto del cual ésta emerge, decir, en el conjunto de relaciones establecidas. Distintos tipos de rela­ciones establecen distintas modalidades de sentido, tal como lo hemos pre­sentado según el estudio de Blumenfeld sobre el sentido en general.



Dichas modalidades de sentido de la conducta se refieren a las distin­tas relaciones que tiene una conducta o una situación con otras conductas u otras situaciones, ubicadas estas últimas en el presente, en el pasado o en el futuro.



La relación en el presente, entre una conducta y otra conducta, corres-nde a lo que Blumenfeld llama sentido éidico y se refiere a la relación de Pane con el todo y —en otros términos— la inclusión de conductas mole-

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culares coexistentes en una sola conducta molar. Si consideramos un sujetQ que está arrodillado, describimos de esta manera una conducta molecular el sentido de la misma se halla considerando dicha conducta molecular no en forma aislada, sino en el contexto total en el cual realmente ocurre, en una relación con otras conductas moleculares (posición de las manos, acti-tud del cuerpo, expresión de la cara, etcétera) y en una situación dada (iglesia, por ejemplo). Si reubicamos la conducta molecular en el contexto de la totalidad de la cual es sólo una parte artificialmente aislada, encontra­mos la conducta molar y su sentido (rezar), tanto como su carácter de experiencia humana (encuadre dramático).

El sentido télico está incluido en la relación de la conducta con propó­sitos, aspiraciones o ideales que se pretende alcanzar u obtener, mientras que el sentido genético se halla implicado en la relación de la conducta con otras conductas o situaciones del pasado. En realidad, estas dos últimas forman también parte de la totalidad única y de la situación presente, es decir, del sentido éidico, pero son separadas no sólo por razones de exposi­ción, sino también porque con frecuencia se dan por separado los tres tipos de relación. El sentido de la conducta tiene su expresión plena cuando se la considera en todas sus relaciones y el sentido de la misma no es excluyen-te, sino concordante, en las tres modalidades, de manera tal que podemos hallar el sentido de la conducta de nuestro ejemplo (rezar), si la referimos o restituimos a sus relaciones con el pasado, el futuro o el presente.

Estas tres modalidades de sentido pueden también darse en distintos contextos, cuando nos referimos a los diferentes ámbitos en los cuales siempre se da toda conducta (psicosocial, sociodinámico e institucional).

Este esquema metodológico no debe llevar al error de suponer que para una conducta se da siempre multiplicidad de sentidos excluyentes entre sí, haciéndose imposible toda tarea de indagación científica. Si apare­cen sentidos contradictorios o, por lo menos, no concordantes, éstos per­tenecen a la estructura objetiva del fenómeno que estamos estudiando y no a deficiencias metodológicas. Si la conducta del sujeto de nuestro ejemplo anterior tiene el sentido de que él está rezando, eso no invalida el sentido que el rezar tiene ya como defensa psicológica, ya como norma social o institucional. La multiplicidad de sentidos pertenece a la unidad del fenó­meno en la multiplicidad de relaciones en las que indefectiblemente el tiene lugar.



4. Sustancialización del sentido

El sentido de una conducta no es un contenido o equivalente sustan­cial de la conducta. El significado o sentido de un símbolo deriva del

ho de que dicho signo representa un objeto o se relaciona con él, y de

esquema limitado se ha derivado una relación similar entre las distintas

' ¿e la conducta. Esta relación entre signo y objeto, denominada por

m menfeld sentido o relación semántica, es la que ha llevado a suponer

las manifestaciones corporales y las acciones en el mundo externo

¡conductas en áreas dos y tres) son signos de un objeto o un contenido

ental. No es de esta manera como nosotros afirmamos y estudiamos el

«¡ienificado de la conducta. El "modelo" de este supuesto erróneo puede

radicar en la relación existente entre la palabra como signo y el objeto

aue es designado, que existe como objeto o acontecimiento concreto.

Cuando en una situación determinada un individuo adopta actitudes corporales cuyo significado, por ejemplo, es que el individuo está enojado o agresivo, este significado es inherente a la actitud o al gesto y no preexis-te como contenido mental previo, del cual el gesto o la actitud sean un simple vehículo. Si el individuo no tiene conocimiento de su gesto o su actitud, éstos son inconscientes, de igual manera que lo es el significado, pero de ninguna manera lo inconsciente es un contenido que reside como sustancia en una supuesta parte de una hipotética mente. En otros térmi­nos, el significado puede ser, en sí, inconsciente, pero de ninguna manera es un contenido sustancial. De otra manera, el significado entra en un realismo ontológico ingenuo, que tanto y tan justamente ha criticado Politzer en el psicoanálisis, y que llevó a la construcción de un inconsciente como plano o estrato del "aparato mental".

En el juego de tenis están contenidas las leyes del juego, y en este sen­tido -según el ejemplo de Politzer- se puede hablar de un sentido o un contenido inconsciente de la conducta. De todas maneras, es preferible no hablar de contenidos, sino de significados inconscientes, porque éstos son directamente vividos y no vehiculizados, incorporados o "traducidos" por la conducta. Crítica y posición similar ha expresado Sartre en su bosquejo del psicoanálisis existencial.

Al estudiar el hecho de que no hay área privilegiada nos hemos referi­do ya al prejuicio mentalista, con el cual también se relaciona el error de sustancializar el sentido de la conducta.

Si una persona dice que tiene la boca seca y no puede hablar, el sentido de esa conducta puede ser que tiene miedo. Este miedo no es un Previo contenido mental que se "transforma" en sequedad de las mucosas, sino que esto último es en sí el miedo. Si esa misma persona no sólo tiene oquedad en la boca sino, además, tiene miedo, esto no significa de ningu­na manera que su miedo sea la percepción o la consecuencia del estado par­alar de sus mucosas, sino que ambas (conductas en área uno y dos) son



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fenómenos de igual jerarquía y no el uno la causa o el "contenido" h i otro.

Nos hemos referido ya, en cierta medida, a estos hechos cuando estu. diamos la teoría del fenómeno de conversión, que resulta de una conjun­ción de la sustancialización del sentido con una sobrevaloración o jerarqui-zación errónea del área de la mente. Hall y Mohr hallaron que el rechazo de las madres a la maternidad o al embarazo se relaciona con el parto prema­turo. Decimos que el parto prematuro tiene el sentido de un rechazo de la madre hacia el hijo, tanto como lo tenía directamente la actitud emocional de la madre, pero este último no es el contenido del primero, sino que el par-to prematuro es, en sí, rechazo del hijo. No hay una conversión (transfor­mación) del "contenido psicológico" (conducta en área uno), en un fenó­meno somático, sino que este fenómeno somático es también tan psicoló­gico como el "contenido mental"; y el hecho de que un fenómeno pueda desaparecer y aparecer otro en su lugar no significa una transformación de contenidos, sino la expresión de un mismo hecho en distintas áreas.

Adler se ha referido de una manera gene'rica a este tipo de fenómeno denominándolo el "lenguaje de los órganos", y con ello estaba señalando la importancia psicológica del cuerpo, como área de expresión de fenó­menos que tienen siempre un sentido.

Así como las áreas de la conducta pueden estar en contradicción, de igual manera el sentido de la conducta en distintas áreas puede también estar en contradicción. Una mujer que quiere a su marido y siente su amor (área uno), puede al mismo tiempo tener frigidez (área dos), cuyo signifi­cado es de rechazo. En estos casos no hay por qué optar entre uno u otro sentido, sino que ambos son reales. A este tipo de fenómeno se refería Adler cuando decía que el cuerpo es más honesto que la mente; pero ello tampoco es rigurosamente cierto, en cuanto ambos significados son "ho­nestos", tanto el rechazo como el amor.

De todas maneras, lo que interesa subrayar aquí es el error de trans­formar el sentido de la conducta en un contenido sustancial, de acuerdo con el esquema mentalista. El cuerpo no expresa lo que pasa en la "men­te", sino que la conducta corporal es directamente una conducta molar, en un nivel de integración psicológico, y no puede dejar de serlo ni ser de otro modo.

Aunque ha sido Freud, como ya lo hemos dicho, quien impulsó el estudio del carácter significativo de la conducta, la orientación de sus investigaciones ha traído una cierta confusión, que aún perdura como vicio sustancialista. Al estudiar el significado de la conducta (en síntomas, sueños, actos fallidos, etcétera), Freud consideraba dichas manifestaciones como símbolos de un contenido sexual al cual simbolizaban, y en este



tido es explícita su fórmula de que las neurosis son el negativo de las eíl ersiones, es decir, que aparece un síntoma neurótico cuando está coar-^. la aparición de una perversión sexual. El significado del síntoma neu­rítico es así el contenido simbólico, sexual, inconsciente, que tiene un diento especial en el "aparato mental", en el ello. Esta es una dirección

órica que ha facilitado la sustancialización del significado de la conducta. Itra ha sido el estudio de los símbolos, es decir, de relaciones constantes y

•versales, con los que es posible realizar una traducción de la conducta en su contenido simbolizado. A. Freud, por ejemplo, sostiene que es posi­ble proceder como en las matemáticas, y "sin profundizar realmente en la comprensión psicológica del individuo que se tiene en tratamiento, la tra­ducción de los símbolos nos descubre los contenidos del ello". Esto ha conducido a todo lo contrario de lo que el psicoanálisis representa genuina-mente: a un aislamiento del individuo de su propia vida y de las condicio­nes en que ella se ha desarrollado y se sigue desarrollando; es decir, a un ser humano abstraído y abstracto. La confección de diccionarios de significa­dos es una verdadera aberración del psicoanálisis, que aún tiene auge en cierta medida.

5. Significado no es relación causal

El significado de la conducta no es causa de la misma; por ello, es un error decir que la agresión, por ejemplo, es la causa de un gesto agresivo. Si se afirma esto, se olvida que el significado no es un preexistente, sino un implicado de la acción misma, una conducta o una experiencia vivida. Este "desdoblamiento" del acontecer humano es lo que Politzer ha estudiado y criticado con tanta razón como talento, atribuyendo a este artificio el origen de lo que él mismo llamó el "mito de la vida interior".

La motivación es también una relación que da sentido a la conducta, pero no todo sentido o significado es una motivación, error que se comete con mucha frecuencia, y al cual hay que atribuir la hipótesis que supone contenidas en el inconsciente las motivaciones de la conducta. Esto no invalida el hecho de que las motivaciones de una conducta puedan ser real­mente inconscientes, aunque no como contenido sustancial.



De la misma manera —y en otro ejemplo ya dado— el motivo de que una persona está arrodillada no es el de que está rezando, sino que el estar así es estar rezando. De igual manera, la causa de la frigidez del ejemplo anterior no es el rechazo que la mujer tiene por su marido, sino que su fri­gidez es, en sí, el rechazo y este último no es un "doble" mental que actúa como causa.

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6. Carácter subjetivo u objetivo del significa^

La sustancialización y la mentalización convirtieron el significado e una experiencia "interna", que se "expresa" mediante la conducta, nero que es en sí inaccesible, está en otro plano y en el centro de la subjetivi dad. Para esta posición, el sentido de la conducta es subjetivo y, por i0 tanto, inaccesible a cualquier indagación científica tanto como inabordable con cualquier metodología. En esta posición ha triunfado el solipsismo de Berkeley, con el agravante de que es la posición que con frecuencia susten­tan las corrientes que se conceptúan como más científicas y más materia­listas. Obvio es decir que esta coincidencia con el idealismo de Berkeley se debe a una falta de consecuencia en una posición materialista y cientí­fica.

Decir que el significado de la conducta es subjetivo, es tanto como decir que el valor que el dinero representa no es un valor objetivo, sino subjetivo; y lo mismo para el significado de las palabras como para la señal en un camino.



El significado es un aspecto de la cultura y puede ser materialmente registrado, descripto y definido; es un valor objetivo, que debe ser tratado como tal. Gran parte del problema subjetivo-objetivo reside en una falsa disociación y contraposición de estos dos términos; el significado, siendo subjetivo, sólo puede serlo en la medida en que es también objetivo.

Bibliografía



Adler, A. (a, b, c), Blum, G.; Blumenfeld, W.; Freud, A.; Freud, S. (c, d, e); Guiraud, P.; Langer, S.; Ogden, C.K.; Richards, LA.; Politzer, G. (a, b); Rodrigué, E.; Sartre, J.P. (a); Wallon, H. (c); Morris, C.
Capítulo X Encuadres para el estudio de la conducta

1. Los encuadres



Un fenómeno es siempre muy complejo para ser estudiado en su tota­lidad, y nos vemos obligados a limitarlo o circunscribirlo, fragmentarlo o aislarlo, porque si partimos del conocimiento de que todo tiene relación con todo, resultan múltiples -por no decir infinitas- las relaciones que tendríamos que captar unitariamente. Cuando al estudiar un fenómeno se toma un sector de sus relaciones y se lo enfoca sistemáticamente en fun­ción de las variables que quedan incluidas en ese sector, decimos que se está utilizando un encuadre de estudio, el cual sitúa en primer lugar o en un primer plano determinadas categorías del pensamiento que, a su vez, son reflejos, cristalizados en la experiencia, de determinadas vinculaciones reales de los fenómenos que se estudian. Los encuadres no son solamente "principios" o "modelos mentales de pensamiento", sino que reflejan la ubicación filosófica del investigador y su contacto práctico con determina­dos aspectos de la realidad social y del objeto que estudia. Agreguemos que la utilización de encuadres no es privativa del científico; están implicados en el diario vivir y desde aquí pasan insensiblemente al campo de la indaga­ción científica, donde perseveran, se amplían o modifican.



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