Psicologia de la conducta jose bleger



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Fig. 14. Correlaciones erróneas

2. Niveles, áreas, campos y ámbitos

Hemos ya expuesto cómo los distintos niveles de integración están «strechamente relacionados con las distintas áreas de expresión de la con­ducta, sin que haya exclusión entre niveles y áreas, sino más bien una nece­saria integración.

Lo mismo puede decirse para los distintos ámbitos de la conducta

psicosocial, sociodinámico e institucional), en cada uno de los cuales

Puede ser estudiada la conducta en los distintos niveles de integración.

En lo que respecta a los distintos campos (ambiental, psicológico y de

"ciencia), e'stos también pueden ser estudiados en los distintos niveles



e integración, tanto como las áreas de la conducta.

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José Bleg(

tfiveles

de integración de la conducta 73


3. Psicologismo, biologismo, sociologismQ

Todas las ciencias no son sino fragmentos de una sola realidad, única y total; todos los fenómenos se relacionan entre sí y se condicionan recíprocamente. Estos hechos no deben ser olvidados cuando, por razones metodológicas, tenemos que aislar, dividir y estudiar por separado algún grupo de fenómenos; cuando se lo olvida, el resultado es una generaliza-ción de formulaciones que sólo son viables y adecuadas para un determi-nado nivel de integración o para un grupo pequeño de fenómenos. Es lo que ocurre en los así llamados psicologismo, biologismo y sociologismo.

Los que suponen que la psicología no es necesaria porque todos los fenómenos que ella abarca pueden ser estudiados y explicados por la biolo­gía, están dentro de una de las modalidades del biologismo o del biomor-fismo, que significa en rigor una distorsión o una aberración del pensa­miento científico, tomando la parte por el todo y reduciendo todos los fenómenos a una misma categoría o un mismo nivel de integración. No queda ninguna duda de que todos los fenómenos que estudiamos en psico­logía pueden y deben ser estudiados por la biología, pero esto último no implica la negación de la psicología, porque cada nivel de integración con­tiene al anterior, pero lo supera, de tal manera que aparecen cualidades y fenómenos nuevos que no existían en el nivel anterior.

Fig. 16. Relaciones entre niveles, áreas, ámbitos y campos



Mutatis mutandis, lo mismo podría decirse del psicologismo, sociologismo, del fisicoquimismo, etcétera.

El problema más significativo en este sentido en la actualidad, es el de relación entre psicología y reflexología. Al descubrir Pavlov, en forma nerimental, los fundamentos fisiológicos de la actividad psicológica, la 6sicología se hizo para muchos innecesaria. No fue e'sta la posición de Pav-Íqv quien nunca negó la necesidad de la psicología. En una carta a P. íanet decía que psicólogos y fisiólogos debieran trabajar juntos y tomarse mucho más en cuenta. Pavlov tampoco se presentó nunca como psicólogo, sino como fisiólogo; no se puede decir lo mismo de muchos de sus conti­nuadores, y sobre todo de algunos de sus difusores, que lo tergiversan e incurren en posiciones biologistas y reducen la reflexología a un feti­chismo, y la ciencia y la filosofía a una verdadera filodoxia. He sostenido y sostengo que para ser consecuente consigo misma la reflexología tiene que integrarse con la psicología, y que esta última no deriva sola y di­rectamente de la reflexología. La psicología no da cuenta de la tota­lidad de un fenómeno, pero sin la psicología no se completa el estudio y la investigación de un fenómeno humano. La reflexología centra su estudio en la fisiología de los grandes hemisferios cerebrales, mientras que la psicología centra su estudio en los fenómenos como sucesos humanos.

Se confunde también "estudio objetivo" con la reflexología, dejando erróneamente para la psicología la exclusividad del estudio subjetivo de los fenómenos. A esto nos referiremos en el capítulo sobre Metodología.

Es posible que, con el curso del tiempo, psicología, biología y sociolo­gía constituyan una sola ciencia en la cual se encuentren integrados los aportes de fuentes muy distintas. Para que esto resulte posible en alguna medida, es necesario que la psicología realice su desarrollo propio sin que­dar interferida por su inclusión dentro de la biología.

Si bien no hay fenómeno psicológico sin la existencia del fenómeno biológico, esto no quiere decir que la biología, tal como se encuentra en la actualidad, tenga que ser considerada como la base científica de la psico­logía. Para llegar a este punto, es muy posible que la biología tenga en buena medida que basarse sobre la psicología, para poder llegar a ser una biología humana que sirva, posteriormente, de base a la psicología.

4. El nivel psicológico de integración

Es el nivel funcional que corresponde al ser humano y es el que alcan­za el grado mayor de integración de todos los niveles de organización exis­tentes, no sólo en el hombre sino también en la naturaleza y entre los seres ^vos. Toda conducta del ser humano se manifiesta siempre en el nivel psi-

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cológico de integración, es decir, que tiene los caracteres que corresponde a la cualidad de suceso humano, conteniendo y sintetizando, a su vez ln niveles biológico y social.

La conducta es siempre la manifestación de un ser humano en un contexto socio-cultural y tiene, por lo tanto, propiedades que no aparecen o no existen en el nivel biológico. En este sentido, toda la biología -ai estudiar al hombre como ser vivo en el nivel de todos los demás seres vivos- recurre, en cierta medida, a un artificio, porque hace abstracción de la condición particularísima y única del hombre entre todos los seres vivos. Al estudiar órganos y su fisiología, o aparatos y sus funciones se recurre a un artificio -imprescindible en cierto momento del desarrollo científico- de fragmentación y elementarización de una realidad muy compleja, difícil de captar como unidad; a pesar del provecho de tales estudios, no es menos cierto que no se deben realizar trasposiciones direc­tas que desjerarquizan el fenómeno humano. La biología misma ha reaccio­nado contra este elementarismo de laboratorio y tiende a estudiar funcio­nes totales del organismo como unidad. Es decir, se incorpora la estructura como categoría fundamental de los fenómenos biológicos, por la cual las funciones del organismo tienen que ser estudiadas como totalidades únicas e indivisibles de una compleja y permanente interacción individuo-medio. K. Goldstein es uno de los representantes de la influencia consecuente de la teoría de la forma (Gestalt) sobre la biología y la medicina.



La conducta, en el nivel psicológico de integración, constituye la así denominada conducta molar, que posee las siguientes cualidades: motiva­ción, función o finalidad, objeto o fin, significado y estructura.

5. Conducta molar

Broad introdujo la necesidad de diferenciar entre conducta molecular y molar, división que fue retomada por D.C. Williams y luego por Tai­man y defendida además por otros autores, como Holt, de Laguna, Weiss, Kantor, y que va ganando paulatinamente terreno en la psicología contem­poránea. La división separa o diferencia, en la conducta, la reacción pura­mente fisiológica de la estructura psicológica de la misma.

Para Tolman, Watson no distinguió cuan diferentes eran estas dos nociones de conducta (molecular y molar) y trabajó con ambas, en forma indistinta, sin introducir ninguna discriminación: por un lado definió la conducta en términos estrictamente físicos y fisiológicos, como, por ejem­plo, en términos de receptor-conductor-efector, pero por otro lado recono­ció que la conducta es mucho más que la suma de sus componentes fisio-


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mveles de integración de la conducta

Broad intentó distinguir entre un behaviorismo que se atiene sola­ceo -^ k act¡vidad "observable" y un behaviorismo que debe apelar a 111611 6os hipotéticos de las moléculas del cerebro y del sistema nervioso. Pr°ce, jj0it y otros autores habían criticado la reducción del comporta-• to del ser humano a un juego de "sobresaltos musculares", y se nega-aceptarla, porque el organismo no es exclusivamente una excitación nervio o una contracción muscular, ni tampoco un juego de reflejos ue se desencadenan y se entrecruzan. El estudio de la conducta como oniunto de reflejos no llena todas las necesidades reales del estudio Ae aquélla, como manifestación específicamente humana. La conduc­ta molar tiene en sí misma propiedades características que son distintas las propiedades físicas y fisiológicas que se hallan al estudiar la con­ducta como fenómeno molecular.

La conducta molar posee una unidad en sí misma, que se pierde cuando se la estudia como reacción puramente fisiológica. Con "poseer una unidad en sí misma", se quiere decir que no necesita ser reducida a otro nivel para que se puedan definir y fijar sus propiedades, y que —inver­samente— al ser traspuesta a otro nivel de integración, estas cualidades se pierden.

Desde que Tolman destacó esta diferencia entre conducta molecular y molar, se la ha empleado de manera poco discriminada, y los términos se han tornado ambiguos. Littman y Rosen, por ejemplo, muestran que estos términos actualmente se usan, por lo menos, de siete formas distin­tas. Para Thorpe y Schmuller, el concepto de la relación entre conducta molar y molecular "es todavía tan desconcertante para los psicólogos, como lo fue para los filósofos el de la relación entre cuerpo y alma". Perso­nalmente, adjudico valor fundamental a esta diferencia y no creo que sea inevitable la situación caótica en la que han caído algunos psicólogos al respecto.



Un empleo muy difundido de estos dos conceptos es equivalente a la distinción entre fenómenos macro y microscópicos, que tampoco creo sea correcto. Para aclarar esta confusión nos basamos, fundamentalmente, en el aporte de Tolman, y en esa misma dirección tratamos de profundizar y detallar el concepto.

Para este autor, la conducta molecular .está constituida por los elemen­tos subyacentes, fisiológicos y físicos, de una respuesta total. La conducta molar es más que la suma de los fenómenos fisiológicos y físicos, es un fenómeno emergente que tiene propiedades descriptivas y definitorias pro-Pías, y qUe tiene qUe ^j estudiado, por lo tanto, como hecho original en 51 mismo, "con prescindencia de cualquier proceso subyacente muscular, glandular o neural".


niveles de integración de la conducta 11




76 José Bleger

Las propiedades de la conducta molar son, según lo describe Tolman, las siguientes:

  1. La de "tender a" o "provenir de" un objeto-finalidad u objeto-situación, específicos.

  2. La de implicar siempre una pauta específica de interacción con objetos-medios.

  3. La de poseer selectividad referente a los objetos-medios y los caminos-medios.

La conducta molar es intencional y cognitiva y tales caracteres son evi­dentes, "se trate de la conducta de una rata o de un ser humano"; son defi­nidos por caracteres y relaciones observados o inferidos de la observación de la conducta. "Una rata que corre por un laberinto, un gato que se escapa de una caja con obstáculos, un hombre que va a su casa para cenar, un niño que se esconde de un extraño, una mujer que lava o cuenta chis­mes por teléfono, un alumno que contesta las preguntas de un test, un psicólogo que recita una lista de sílabas sin sentido, un amigo y yo que nos contamos mutuamente nuestros sentires y pensamientos. Estas son conductas molares."

Tolman cita a McDougall como uno de los autores que ha sostenido una concepción similar, describiendo y estudiando propiedades distintivas o inherentes a la conducta misma y reconociendo para ésta seis caracteres: 1) una cierta espontaneidad de movimientos; 2) persistencia de una activi­dad, independientemente de la continuidad de la impresión con la que se ha iniciado; 3) variación de la dirección de los movimientos persistentes; 4) fin de los movimientos, tan pronto como se ha logrado un cambio de la situación; 5) preparación para la nueva situación a cuya producción contri­buye la conducta; 6) cierto grado de progreso en la eficiencia, cuando se repite la conducta en circunstancias similares.



Aunque para Tolman el concepto de conducta molar no se deriva de una influencia directa de la psicología de la Gestalt, es indudable que, conscientemente o no, hay en este concepto y en sus cualidades una confluencia de aportes del conductismo, de la Gestalt, del psicoanálisis. Es la resultante de un cierto movimiento de confluencia y convergencia, fertilización e integración de distintos aportes psicológicos.

Así como todas las escuelas psicológicas podrían ser clasificadas según su carácter elementalista, asociacionista o guestáltico, de la misma manera se puede clasificar las diferentes corrientes psicológicas en función de haber considerado, como su objeto de estudio, la conducta molecular o la molar. De esta manera tenemos:



La conducta, tal como aparece en el ser humano, es siempre molar (caminar, estudiar, comer, saludar, conversar, votar, etcétera). Por el contrario, la conducta molecular es aquella que toma un segmento, fragmento, separado o disociado de la totalidad del ser humano y de la situación específica y estudiado en sí, en calidad del fenómeno originario y completo: movimiento de un músculo, de un dedo o un brazo, secreción de una glándula, latido arterial, etcétera. La conducta molar no se forma por la síntesis o por la conjunción de conductas moleculares, sino que es originaria y primitiva, y -por el contrario- es la conducta molecular la que se aisla por un artificio de la investigación, "desarticulando", elemen-tarizando, la conducta molar. El error del planteo opuesto estriba en seguir considerando que la conducta del ser humano se forma de elementos o de partes, que se juntan o acoplan.

Para algunos autores, la conducta molecular es una manifestación seg­mentaria (ejemplo: el movimiento de su brazo, la secreción de la parótida, etcétera); mientras que la conducta molar es manifestación de la totalidad del ser humano como acción socialmente significativa (ejemplos: votar, casarse, etcétera). De esta manera en el ser humano habría tanto conductas moleculares como molares.

Nuestro criterio es que la conducta en el ser humano es siempre molar, y toda actividad segmentaria no es nunca realmente una actividad segmen­taria, sino que implica siempre al ser humano, como totalidad, en un con­texto social. Así, el movimiento de un brazo es siempre conducta molar, es un saludo,un gesto de desprecio o una señal de acercamiento. La activi­dad considerada como segmentaria es un artificio que desarticula la con­ducta tal como realmente se da. La secreción de una glándula es solamente una actividad segmentaria en el laboratorio, mientras que en el ser humano está siempre integrando una conducta molar: tener apetito, asco o repug­nancia. Una misma conducta molecular puede integrar muy distintas y variadas conductas molares, y la psicología tiene su centro de actividad en la investigación de estas últimas.

78 José Bleger

La conducta molar es una totalidad organizada de manifestaciones que se da con una unidad motivacional, funcional, objetal, significativa y estructural. Sus caracteres, por lo tanto, son los siguientes:



  1. Tener motivación, es decir, que tiene causas, que está determinada.

  2. Unidad funcional; la de poseer función, finalidad u objetivo: resolver las tensiones producidas por la motivación.

  3. Poseer objeto o fin, que es siempre un vínculo, una relación inter­personal, real o virtual.

  4. Poseer una unidad significativa, es decir, tener un sentido que se implica comprensivamente como acontecer humano en la personalidad total y en la situación de la cual emerge.

  5. Tener estructura: implicar una pauta específica de relación.

6. Movimientos y efectos

La diferencia que establece la división que estudiamos, entre conducta molecular y molar, ha sido objeto de atención para otros autores. Para Guthrie, en un sentido estricto, toda la conducta humana consiste en con­tracciones musculares y secreciones glandulares y, para él, toda la persona­lidad humana debe, en ese sentido, ser reducida a esta actividad de los efectores. Distingue entre actos y movimientos, siendo los primeros conse­cuencia de los segundos. Todo acto asienta sobre movimientos y se diferen­cian y definen uno de otro por el resultado final.

Hasta aquí, el movimiento es equivalente a la conducta molecular, mientras que lo que Guthrie llama acto equivale a la conducta molar. Pero para este autor, las leyes básicas del learning, por ejemplo, deben ser apli­cadas a los movimientos y no a los actos, dado que son los músculos los inervados y no el mundo externo sobre el cual los músculos operan. Consi­deramos que, con esto, Guthrie abandona la conducta molar como hecho psicológico original, para estudiar la conducta molecular como si ésta fuera el hecho específico y más importante en psicología. La descripción en tér­minos de efecto es, según Guthrie, teleología.

Murray establece en el comportamiento una distinción entre las acciones y el efecto producido por éstas; por acciones entiende los movi­mientos corporales, lo que equivale, por lo tanto, a lo que Guthrie llama movimientos, mientras que lo que Guthrie llama actos equivale a la parte del comportamiento considerada en sus efectos, según Murray.

Este mismo autor define el efecto del comportamiento como un qM es hecho, mientras que las acciones se refieren al cómo es hecho. A la dés-



Miveles de integración de la conducta 19

ripción en sí de una configuración de movimientos corporales aislados de

efectos Murray denomina Actonas; se refiere entonces al tipo de ac­ción como tal, no a los electos de tales movimientos.

Divide las actonas en Motonas y Verbonas, según se refieran al movi­miento muscular o a la acción verbal; una motona es una serie temporal de contracciones musculares más o menos organizada, y una verbona es una serie temporal de palabras o grafismos más o menos organizados; la verbo­na está constituida por las palabras efectivamente empleadas.

De esta manera, diferentes actonas pueden producir el mismo efecto: por ejemplo, el alimentarse, que es un efecto, puede producirse con actonas diferentes en el niño y en el adulto, y en la vida del mismo indivi­duo se logra el mismo efecto con actonas diferentes en distintos momentos.

Para Murray, se debe describir la conducta tanto en términos de actonas como de efectos, pues mientras estos últimos son lo que se logra, la actona es la "técnica" utilizada para lograr dichos efectos.



Para nosotros, la distinción de Murray es importante, pero creemos que se incluye ya dentro de lo que corresponde a las cualidades de la con­ducta molar, que se presta más para reunir en un solo concepto distintos caracteres. Podríamos resumirlo con el siguiente cuadro sinóptico, en el cual incluimos también los caracteres que Freud describió para los instin­tos pero que corresponden, en rigor, a la conducta.

Características

Conducta molar

Guthrie

Murray

Freud

¿Por qué?




Motivación







Motivación

¿Para qué?




Finalidad







Finalidad

¿Con quién?

¿Para

Objeto







Objeto

o contra quién ?













¿Qué?




Significado

Actos

Efecto

Significado

¿Con qué?




Áreas

Movimientos

Actonas

Zonas libidinales

¿Cómo?




Estructura







Fuente

¿De dónde?




Génesis y niveles de integración










A las cualidades de la conducta, aceptadas hasta aquí, nos parece ¡tora necesario agregar el estudio de las Actonas, propuesto por Murray. ^te " ¿con qué?" (que corresponde a las actonas de Murray y a los movi­entes de Guthrie), no es otra cosa que parte de lo anteriormente estu­co como conducta molecular: el cuerpo y sus manifestaciones (conduc-)> considerados como instrumentos.

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José Blege*.

Bibliógrafo

Capítulo VII Finalidad de la conducta



Bastide R.; Boring, E.; Buytendijk, F.J.; Carmichael, L.; Cobb.S.; Daval, s. y GuiUemain', B.; Freud, S. (c, d, e); Germani, G. (a); Goldstein, le (a);Guthrie, E.' R. (a, b); Herrick, C.J.; Koch, S. (a, b); Littman, R.A., y Rosen, E.; lyotaid, j.p.. Me Dougall W. (a, b), Murray, H.A.; Nadel, S.E.; Rubinstem, S.L. (a, \¡. c); Smirnov A y otros;'Teplov, B.M.; Thorpe, P., y Schmuller, A.M.; Tolman, £.S. (b, c> d).'

1. Carácter funcional de la conducta

Freud, al estudiar los instintos, reconoció en ellos las cuatro caracte­rísticas siguientes: poseer una fuente, una finalidad, un objeto y un senti­do. De ellas, la finalidad del instinto es la descarga de su tensión.

Posteriormente, podemos reconocer que lo que Freud ha estudiado, al igual que todos los psicólogos, ha sido la conducta, pero las caracterís­ticas que encontraba en ésta las refería —como todos los psicólogos— a una serie de entidades abstractas, con lo que realizaba una trasposición de la dramática a la dinámica; por eso necesitamos reducir la trasposición y refe­rir los descubrimientos a los fenómenos concretos y no a las entidades con las cuales se los ha reemplazado. De esta manera la finalidad del instinto no es otra cosa, en realidad, que la finalidad de la conducta, que ha sido estudiada también con el nombre de función de la conducta.

Todo organismo se halla en un equilibrio inestable o lábil, en el senti­do de que, si bien tiende a mantener un equilibrio, éste no puede ser está­tico, total ni definitivo. El organismo tiende a mantener dicho equilibrio, o a recuperarlo si lo ha perdido, y las modificaciones que en él se producen para lograr dicha finalidad constituyen la conducta del organismo. Y esto mismo ocurre también en el nivel de integración psicológico.

Todo campo tiende a mantener o a recuperar su estado de equilibrio; la pérdida de este equilibrio crea una tensión. En este sentido, la conducta es un emergente del campo total que tiende a resolver la tensión mediante e» restablecimiento del equilibrio. Pero la tensión no es la causa de la conducta porque ella no existe independientemente del campo total, sino como uno de sus fenómenos, que deriva de la particular estructura que teñe el campo en un momendo dado.



La conducta, de esta manera, es siempre una respuesta al estímulo onfigurado por la situación total, así como es una defensa, en el sentido o.ue protege al organismo de la desorganización.

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José Blqer

finalidad

de la conducta 83


2. Homeostosis

El ser humano, al igual que otros organismos vivos, se hace en cierta medida independiente del medio que lo rodea, en el sentido de que man­tiene condiciones internas constantes, independientemente de las va­riaciones que pueden ocurrir en el medio externo. La cantidad de líqui­dos (sangre y linfa) y su concentración, depende de una regulación autó­noma del sistema nervioso, de tal manera que la cantidad y composición de los mismos se mantiene constante aun cuando se modifique el medio externo. La cantidad de glucosa de la sangre, o de electrolitos, es relativa­mente constante aun con fuertes variaciones en la ingestión. De igual manera, la temperatura del organismo tiende a mantenerse constante aun con fuertes oscilaciones de la temperatura en el ambiente externo. La regulación y el mantenimiento de un medio interno constante fueron estu­diados por C. Bernard Richet, especialmente, y son loque en el año 1929 Cannon denomina homeostasis, llamando mecanismos homeostásicos a los medios por los cuales se logra.

Si en el ambiente exterior disminuye la cantidad de oxígeno, el orga­nismo se modifica de tal manera que el aporte de oxígeno que reciben los tejidos sigue siendo constante, finalidad que se logra con un aumento de los glóbulos rojos. Si la temperatura exterior es muy baja, se ponen en juego los mecanismos homeostásicos que evitan que el organismo pase a tener la misma temperatura, y se produce, por un lado, vasoconstricción de manera de evitar la pérdida de calor, y, por otro lado, mayor producción de calor por activación de las combustiones o del metabolismo interno. De esta manera, en realidad, las condiciones estables del organismo son dinámicas y no estáticas.



Esta propiedad de poder mantener constantes las condiciones internas, aunque haya grandes variaciones en las condiciones externas, es lo que permite, en cierta medida, que el ser humano se independice o que no viva tan sometido o tan estrictamente sujeto al medio, y se adapte en cambio a condiciones muy variadas.

Cannon extendió este concepto de homeostasis, indebidamente, déla biología a otros campos; posteriormente también se lo incorporó a la psicología, donde coincide con la finalidad de la conducta, que es la de mantener constantes las condiciones internas de un campo dado, del cual el organismo es uno de los integrantes.

La homeostasis no es una causa y constituye xin error apelar a este término como una razón suficiente de los fenómenos;la homeostasis deno­mina una cierta regularidad con la que los fenómenos ocurren y se relacio­nan. Stagner y Karwoski aclaran que no es correcto hablar de que el

nisrno mantiene la homeostasis, porque esto sería equivalente a decir

in cuerpo que cae mantiene la gravitación. Se trata, en síntesis, de

°P? ja animización de los fenómenos y, en este caso, de la homeostasis,

CV1 no debe por lo tanto ser considerada como un. verdadero deus ex

Stagner y Karwoski hacen una diferenciación entre una homeostasis tática y otra dinámica; la primera corresponde a la restitución fisiológica romática del equilibrio, sin intervención de la experiencia, mientras que i segunda es la que aparece en situaciones más complejas, en las que inter­inen no sólo centros bulbares o subcorticales, sino también los centros uDeriores que incluyen el aprendizaje, la memoria, el pensamiento. Este distingo nos parece innecesario e introduce nuevamente, además, la dicoto­mía innato-adquirido.



Para los cibernetistas el fenómeno de la homeostasis puede considerar­se como un caso particular de los llamados mecanismos de realimentación o servomecanismos e, inclusive, habría una ventaja en denominarlos de esta última manera, porque así se respeta la continuidad del mismo proceso en los diferentes fenómenos, ya de los seres vivos, ya de los no vivos. Los servomecanismos más sencillos logran el control y la regulación de una má­quina mediante funcionamiento propio. Si la máquina acelera su funciona­miento se pone automáticamente en juego el control que la regula, y lo mismo en el caso de disminución. Este aporte de la cibernética es muy promisorio, tanto como otros, para la psicología, pero se debe evitar el error de explicar la homeostasis dando como causa de la misma a la reali­mentación o los servomecanismos.

El concepto de homeostasis en psicología se refiere entonces, en sín­tesis, a que el campo psicológico tiende a mantener constantes sus condi­ciones de equilibrio o a recuperarlas si las ha perdido; esta tendencia a la desorganización o al desequilibrio proviene en parte de la propia inestabi­lidad del campo psicológico, pero también del campo ambiental o geo­gráfico. Las modificaciones que tienen lugar en el campo constituyen lo que denominamos conducta, la cual puede resultar, predominantemente, ya sea en una modificación del sujeto o del resto del campo. Según sea el caso, hablamos respectivamente de conductas auto y aloplásticas. Estas últimas conducen a una modificación del campo ambiental, si el sentido de realidad es suficiente para que ocurra la coincidencia entre campo psico-•ógico y ambiental.

De esta manera, la adaptación del ser humano a las condiciones

eternas tiene un sentido especial, dado que dicha adaptación se logra no



c°n un sometimiento pasivo a las condiciones externas, sino manteniendo

°nstante su estructura, es decir, se adapta sin cambiar o, mejor dicho,



84 José Bleger

cambia lo necesario para no modificarse. Otra característica importante de este tipo de adaptación es que se modifica el mundo externo a las necesi­dades del ser humano, y esto es válido tanto física como psicológicamente: tendemos a mantener una imagen del mundo externo que no perturbe nuestro campo psicológico, y también en función de ello se percibe o se reprime la percepción.

Sin embargo, tampoco se logra mantener de manera totalmente fija e invariable la constancia de la estructura del campo psicológico y de la per­sonalidad total y cada vez que se ha perturbado y recuperado el equilibrio la estructura no vuelve nunca a ser exactamente la misma que existió antes. Esto posibilita el proceso del aprendizaje, es decir, la modificación más o menos estable o permanente de la conducta a raíz de determinadas experiencias.

3. Tensión y ansiedad



La tensión no existe independientemente del campo y no es tampoco una causa que se agrega para producir fenómenos; sólo es uno de los fenó­menos. Cuando un organismo o un campo mantienen estabilizada una estructura definida, decimos que no hay tensión, mientras que afirmamos su existencia cuando una desorganización no ha sido totalmente superada con'una nueva estructura estabilizada.

La tensión es una cualidad del campo tanto como del organismo y puede o no ser subjetivamente percibida. Cuando la desorganización o el estado de tensión del campo se estudia en el sujeto, la llamamos ansiedad,





finalidad de la conducta 85

axxe también, por lo tanto, es tanto tensión como conducta. Subrayamos ue la ansiedad es una conducta y tiene, por lo tanto, todas las caracterís­ticas que hemos definido para ésta. La ansiedad es una conducta desorgani­zada o desordenada, que tiende imperiosamente a organizarse u ordenarse, como todo desequilibrio del campo. Es por lo tanto un error partir de la tensión o la ansiedad para explicar y comprender la conducta, porque pasa­rían a ser consideradas como causas primigenias e irreductibles a otros fe­nómenos.

El correlato subjetivo de la tensión del campo es la ansiedad, pero la tensión puede aparecer en las tres áreas o sólo en alguna de ellas, y recibe distintos nombres según su predominio en alguna de las tres áreas de mani­festación de la conducta. Si es subjetivamente percibida, es decir, si aparece en el área de la mente o área uno, se reserva para ella el nombre de ansiedad. Si aparece como fenómeno predominante en el área dos o del cuerpo, la llamamos angustia (temblor, dianea, poüurea, etcétera), mien­tras que se denomina miedo si aparece en el área tres, es decir, ligada o referida a un objeto concreto.

Como ya se sabe, estos fenómenos pueden coincidir, tanto como pueden presentarse aisladamente o bien pueden alternar o sucederse.

4. Señal de alarma

La tensión en el campo, o su correlato subjetivo, la ansiedad, funciona como señal de alarma, en el sentido de que la desorganización que implica promueve nuevas manifestaciones de conducta que tienden a restablecer el equilibrio. Entiéndase bien que no se trata de una sucesión en la que la desorganización produce la ansiedad y ésta produce la conducta, sino que la desorganización es en sí la ansiedad, y tanto ésta como las nuevas conductas son, todas y siempre, emergentes del campo total.

Si esta desorganización alcanza un nivel demasiado intenso o amplio no se produce un reequilibrio, la ansiedad no funciona como señal de alarma y se ha sobrepasado la capacidad automática del organismo de recuperar su equilibrio. La ansiedad se transforma, en estos casos, en la conducta predominante, porque para que ella funcione como señal de alarma se requiere una intensidad óptima que no debe ser sobrepasada. En otros términos, el campo restablece su equilibrio, automática o espon­táneamente, siempre que su desorganización no haya sobrepasado determi­nado nivel; por encima de este umbral, la desorganización subsiste y con ella la tensión y la ansiedad. En ese caso, la desorganización es la estructura particular del campo o del organismo.




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José Bleger

La señal de alarma es la base sobre la que se estructura la posibilidad de postergar respuestas con una mejor integración.

De esta manera, la señal de alarma permite anticipar o prever sitúa-ciones, en cuanto se reacciona ya anticipadamente o se prepara la respues-ta, ante la existencia actual de señales mínimas de una situación de peligro ante las cuales funciona previsoramente la señal de alarma y las conductas adecuadas.

finalidad de la conducta 87

una fuerza especial y misteriosa que persigue un objetivo. Nos oponemos R a todas las creaciones entelequiales, como la "psicoide" (Driesch), que ,s un elemento que dirige desde el exterior y que "utiliza" la materia para us fines. Insistimos en que la conducta es esencialmente reguladora de tensiones y esto es lo que debe entenderse por finalidad, y que esta fun­ción reguladora se cumple tendiendo toda conducta a un algo: objeto o situación.


5. Finalidad de la conducta

El concepto de finalidad de la conducta lo hemos visto ya como equi­valente del de función de la conducta. Podemos decir también que se rela­ciona con la tendencia de todo campo u organismo al equilibrio homeostá-sico, a mantener constantes sus condiciones internas, libres de tensión. Es lo mismo a que aludía Fechner con la denominación de principio de cons­tancia y a que Freud se refería, posteriormente, siguiendo a B. Low, como principio del Nirvana.

Debemos todavía aclarar que la finalidad de la conducta no es la de eliminar toda tensión, sino la de mantener a ésta en un nivel óptimo, cons­tante, característico del organismo. El desarrollo óptimo de la personalidad se alcanza con un grado óptimo de ansiedad, y no con su ausencia total.

En segundo lugar, se debe considerar que nunca se recupera total­mente el estado de organización y de equilibrio anterior, sino que en esta creación y regulación de tensión van paulatinamente apareciendo nuevas formas de reacción y nuevas integraciones, de tal manera que en este proceso ocurre un aprendizaje. La finalidad que se logra con la conducta no es una finalidad mecánica, sino que ocurre o tiene lugar un verdadero proceso de aprendizaje y de adaptación, con creaciones nuevas; la con­ducta, sin embargo, puede ser también estereotipada, de tal manera que no hay ruptura de viejas pautas de conducta ni creación de nuevas.



Aclaremos, nuevamente, que la finalidad de la conducta no es tras­cendente a ésta, sino que está implicada, desde luego, en ella. Su relación y su diferencia con la teleología estriba en que la finalidad se resuelve en el examen de la causalidad, mientras que la teleología se trasvasa en el ani­mismo. Finalidad de la conducta no se refiere a la intención consciente ni a una intención entelequial, sino a la prospectiva implícita en todo suceso presente. E. von Bruecke (citado por Cannon) decía que "la teleología es una dama sin la cual el biólogo no puede vivir y con quien, sin embargo, se avergüenza de mostrarse en público". Esta situación termina cuando consecuentemente se reduce la finalidad a una descripción del suceso y no

6. Descarga de tensión

Toda conducta tiene, entre sus cualidades, la de lograr una finalidad, la de liberar o resolver una tensión originada por la desorganización del campo. Ocurre, por otra parte, que en algunos casos este alivio de tensión, es decir, la finalidad de la conducta, pasa a tener un papel en primer plano.



Esta es la función predominantemente jugada por algunas conductas regresivas, desordenadas, aparentemente irracionales e inadecuadas, tales como el pataleo, chupeteo, crisis nerviosas, erección genital, etcétera.

M. Ribble ha estudiado el papel de la tensión en el recién nacido y en el desarrollo del niño, y especialmente el papel que cumple la succión como descarga de tensión y reguladora, por lo tanto, de las funciones del organismo. Al igual que otros autores que se han ocupado del tema, obser­vó que con la succión el niño no sólo logra su alimento, sino que existe una necesidad de succión en sí, como actividad muscular y descarga de tensión; han descripto también perturbaciones del desarrollo a raíz de una insufi­ciente descarga de tensión, algunas de naturaleza irreversible y grave. Todas las necesidades del recién nacido incrementan, en forma difusa, la tensión total del organismo, y esa tensión está conectada básicamente con el hambre, la asfixia, la nutrición deficiente de los tejidos por una circulación no del todo bien estabilizada y por un déficit de regulación del sistema nervioso central, que no tiene aún bien establecida su coordinación. En un 30 a 60% de los niños, la tensión muscular es intensa, y se alivia o desapa­rece cuando succionan o cuando se les golpea suavemente la cara. La desa­parición de la tensión, su descarga y, por lo tanto -en este ejemplo-, la succión, implica una mejor regulación de todas las funciones (nerviosa, cir­culatoria, respiratoria, digestiva, etcétera).



El problema de la tensión y su descarga juega también un rol muy importante en la conducta del adulto y en algunas modificaciones psicopa-tológicas, tal como la crisis epiléptica, en la cual aparece, inclusive, una situación placentera después de la "descarga".

Cuando hablamos de descarga de tensión, se utiliza un modelo mecani-




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José Bleger

cista que, a todas luces, es inadecuado. En realidad no se "descarga" nada. Lo que realmente ocurre es que una nueva organización o estructura del campo, del organismo y de la conducta, reemplaza a una anterior Si -por ejemplo- un alumno está tenso porque espera el resultado de su examen, al recibir el resultado positivo deja de existir la tensión, pero no porque se haya "descargado", sino porque el campo, su organismo y su conducta, cambian de organización, de estructura.

Capítulo VIII Objeto de la conducta



Bibliografía

Boutomer, J.; Cannon, W. (a, b, c); Dempsey, E.W.; Emerson, A.E.; Fenichel O. (b); Freud, S. (f, k); Goldstein, K. (a, b); Henry, J.; Hoch, P.H.; Zubin, J.; Kubie' L.S.; Mace, C.A.; Rapaport, A.; Ribble, M. (a, b, c); Ruesch, J.; Prestwood A R ■ Sluckin, W.; Spitz, R. (b); Stagner, R.; Toch, H.; Hastort, A.H.; Ueberwasser W •

Walkei, N. ' *'
1. Brentano, Freud

Reaccionando contra los intentos de edificar la psicología sobre el modelo de las ciencias de la naturaleza, F. Brentano planteó las bases de una psicología empírica, reconociendo en las funciones psicológicas un contenido, un objeto o fin. Para Brentano, los fenómenos psicológicos, a diferencia de los físicos, son intencionales, es decir, contienen o se dirigen a un objeto o se relacionan con un contenido, y esto es, precisamente, lo que distingue, según él, a los fenómenos psicológicos de los fenómenos naturales.

Lo que en la terminología actual estudiamos como objeto de la con­ducta, Brentano lo incluyó en el carácter intencional de la conciencia; este último calificativo no se refiere al fenómeno subjetivo de la intención, sino a una cualidad de la conciencia. En la representación algo es represen­tado, en el amor algo es amado, en el odio algo es odiado.

Al respecto, decía el mismo Brentano: "Todo fenómeno psíquico está caracterizado por lo que los escolásticos de ia Edad Media han llamado ía inexistencia intencional (o mental) de un objeto, y que nosotros llamaría­mos, si bien con expresiones no enteramente inequívocas, la referencia a un contenido, la dirección hacia un objeto (ñor el cual no hay que enten­der aquí una realidad), o la objetividad inmanente. Todo fenómeno psí­quico contiene en sí algo como su objeto, si bien no todos del mismo modo". Todavía hay que aclarar, como lo hace el traductor de la edición en castellano, que la palabra inexistencia no significa la no existencia, sino la "existencia en".



Brentano se vio necesitado —como nosotros ahora- de reiterar la acla­ración del concepto de "Inexistencia intencional" tomado de los escolás­ticos: "Esta expresión ha sido mal comprendida, creyendo que se trata de proposición y persecución de un fin. Quizás hubiera sido mejor evitarla; los escolásticos usan más frecuentemente aun la expresión 'objetivo', en vez de intencional. Se trata, en efecto, de que para el objeto psíquica­mente activo, y como tal, algo está presente en su conciencia de cierto

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José Bleget

modo, ya sea como meramente pensado, ya sea como apetecido, rehuid u otro modo semejante. Si di la preferencia a la expresión 'intencional' lo hice porque tenía por mayor aun el peligro de un equívoco si designaba lo pensado con los términos de pensado como objetivamente siendo, pUe([ los modernos suelen llamar objetivo a lo que existe en realidad, por oposi ción a los fenómenos 'meramente subjetivos', a los cuales no corresponde ninguna realidad."

El fenómeno psíquico tiene, para Brentano, una objetividad inmanen. te, y por ello los fenómenos psíquicos tienen que ser considerados actos en sí mismos; si se observa una silla, el fenómeno que estudia la psicología no es la silla, sino el acto de ver. Pero no existe el ver como tal, sino referido a un objeto que es visto. Esto es, que el fenómeno psíquico es un acto que siempre implica un objeto, es decir, se refiere a un contenido. Los fenóme­nos físicos -siempre, según Brentano- son fenómenos en sí, se "autocon-tienen" y para existir no necesitan referirse a otros objetos; el acto psíqui­co posee intención o referencia a objetos, mientras que el fenómeno físico es intrínsecamente completo. Todo fenómeno psíquico se refiere siempre a un contenido como parte de su propia naturaleza.

Husserl retoma el concepto de Brentano haciendo distintas objeciones y funda la moderna corriente fenomenológica. Para él, la intencionalidad no es una característica descriptiva de las vivencias psíquicas, sino precisa­mente el total concreto de la relación sujeto-objeto, así que no sucede ni dentro del sujeto ni fuera en las cosas.

Por otra parte, con una línea de investigación propia -aunque asistió a los cursos de filosofía de Brentano—, Freud estudió los instintos y descri­be también a través de ellos el carácter objetal de la conducta. Entre las propiedades que estudia en los instintos (fuente, fin, carga y objeto), reco­noce el carácter independiente del objeto en el sentido de que éste no está predeterminado, no es una característica innata del instinto, sino que depende de las experiencias del sujeto. De tal manera, una misma finalidad del instinto (descarga de tensión) puede ser lograda con objetos diferentes que no están configurados como característica innata del instinto; es el caso de la tensión sexual, que puede ser aliviada o descargada con un obje­to del mismo sexo, del sexo distinto, con un fetiche, etcétera.



Las investigaciones de Brentano, tanto como las de Freud, conducen ambas a descubrir que toda conducta está siempre ligada a un objeto. Sin embargo, Freud no prosiguió consecuentemente esta línea de investi­gación, sino la del instinto como impulso: M. Klein y la escuela inglesa de psicoanálisis son los que retoman la investigación del objeto de la conduc­ta, aunque sin abandonar la noción de impulso como hecho básico. Con l°s estudios de Lagache y de E. Pichón Riviére aparece en la psicología y en el

objeto de la conducta 91

análisis la necesidad de un estudio consecuente de todos los fenóme-mo conducta y en función de la relación objetal. n° El concepto de objeto es amplio y Jaspers lo define como "todo lo

está frente a nosotros, lo que tenemos delante de nosotros en los ojos

' rnos espirituales, o los ojos externos del órgano de los sentidos, lo que

^otarnos, pensamos o reconocemos, todo aquello a que podamos estar

,. ¡¿dos, respecto de algo que está enfrente, sea real o irreal, evidente o

abstracto, claro u oscuro".

Brentano planteó el objeto de la conducta como problema filosófico, Freud como dato psicológico, y es Tolman quien lo caracteriza en térmi­nos experimentales o behavioristas. Para este último autor, la conducta es intencionada, es una modificación que se realiza en dirección a un fin, y es esto lo que hace que la conducta tenga una organización, una unidad. La intención no es una fuerza directriz, exterior al proceso de la conducta, sino una cualidad descriptiva de la misma, es el itinerario de aproximación o evitación de objetos por ciertos medios escogidos; la conducta es el con­junto de acciones o movimientos dirigidos a un objeto.

2. Conducta como vínculo

Al aceptar que toda conducta está siempre ligada a un objeto (rela­ción objetal), se está describiendo el hecho de que la conducta es siempre un vínculo con otros, una relación interpersonal; toda acción en el mundo externo es, obviamente, una relación del sujeto con un objeto (animado o inanimado) que en este caso es concreto; pero también toda conducta en el área de la mente o del cuerpo está siempre referida a un objeto, que en este caso es virtual, pero no por ello menos real, desde el punto de vista psicológico.

Aun la relación con un objeto concreto inanimado implica la existen­cia de objetos virtuales, porque la conducta es primordial y fundamental­mente un vínculo con otros seres humanos; en otros términos, es siempre una relación interpersonal. Todo contacto con objetos inanimados se hace en función de pautas de conducta asimiladas en la relación interpersonal, y todo objeto tiene o contiene "cristalizada" una candidad de vínculos humanos; la relación con objetos "contiene" siempre vínculos humanos.

En la formación de la conducta humana no actúan estímulos in abs­tracto, sino siempre estímulos sociales o interpersonales. La conducta de un sujeto con una mesa, por ejemplo, no es la conducta con una abstrac-a°_n de mesa, sino con una mesa concreta, pero en la que se yuxtaponen °ojetos virtuales, porque no se forma la conducta con la mesa in abstracto,



92 JoséBleget

sino siempre en relación con otros (comiendo, jugando, etcétera). La reí ción con objetos contiene o implica siempre vínculos humanos. Un rüñ que juega con un aro, juega virtualmente con otros o contra otros. El chjc que se chupa el dedo, reemplaza en el dedo (objeto concreto) al pecho de si madre y a ella misma (objeto virtual).

De esa manera toda conducta es siempre un vínculo, un precipitado de la relación interpersonal o, dicho de otra manera, toda conducta se. refiere siempre a otro. La relación con las cosas es siempre un derivado de las relaciones con las personas, de las relaciones interpersonales; los objetos son siempre mediadores que se cargan de las cualidades de las relaciones humanas. Las pautas de conducta se asimilan o aprenden siempre en rela­ción con otras personas.

En este sentido, la conducta no es solamente un vínculo, sino siempre un vínculo humano, en forma concreta y/o virtual. Este vínculo virtual y el objeto virtual de todo vínculo concreto es lo que Freud presentó como contenidos inconscientes.

Toda conducta es siempre un vínculo, una Gestalt, constituida por un objeto, el sujeto o parte del sujeto (el yo) y una determinada pauta o cali­dad de la relación (la estructura), y estos elementos no se dan nunca por separado.

Toda nuestra conducta frente a objetos presentes está, en gran propor­ción, influida o condicionada por las experiencias anteriores que hemos tenido con otros objetos. La conducta resulta tanto más adecuada cuanto más se superponen el objeto concreto y el objeto virtual, y resulta tanto más discordante cuanto más se separan o difieren; esta última es la base de la conducta delirante y alucinatoria.

La relación con objetos reales presentes modifica y rectifica las expe­riencias anteriores, de tal manera que la conducta puede resultar totalmen­te adecuada al objeto, pero puede también ocurrir que las características reales del objeto presente no alcancen a rectificar la conducta que se activa en relación predominante con el objeto virtual.

M. Klein ha estudiado sistemáticamente la relación y el interjuego entre objetos externos y objetos internos o virtuales, y ha extendido esta investigación a toda la psicología y psicopatología (la teoría de la relación objetal). A diferencia de Freud y otros autores que aceptaban un prolon­gado período an-objetal en la vida del niño, M. Klein postula la existencia de la relación objetal desde la primera experiencia del niño. Muchos fenó­menos que Freud describió como an-objetales (narcisismo, autoerotismo, etcétera), son para M. Klein vínculos, es decir, tienen una relación objetal.

Hay una cierta superposición entre los términos relación objetal. vínculo y relación interpersonal; esta última pone el énfasis sobre la tota-

objeto de la conducta 93

A del grupo que se considera, el vínculo se centra en el tipo de unión

a relación, mientras que la relación objetal tiene más en cuenta las

teristicas con ¡^ cuaies ^ introyectó el objeto externo. En síntesis,

afirma que toda conducta es siempre una experiencia con otros seres



Se manos y que esto es lo más importante en la formación de pautas de

ducta tanto como en la personalidad total.

F Pichón Riviére ha estudiado sistemáticamente la psicología del nculo y ha realizado aportes originales, reconsiderando la psicología I psicoanálisis desde la estructura del vínculo, tanto como ha investiga­do en el terreno de la psicopatología desde este enfoque tan promisorio. El término vínculo se reserva para toda la estructura, formada por el sujeto o el yo del mismo, el objeto o parte del objeto y la calidad de la relación entre ambos; incluye o implica también el concepto de relación interpersonal y de relación objetal. El tipo de unión o relación entre sujeto-objeto es lo que estudiaremos como estructura de la conducta. Rickman consideraba que la psicología, en su totalidad, podía ser divi­dida en áreas de investigación, según el número de personas implicadas, pudiéndose hablar de psicología unipersonal, bipersonal, tripersonal, tetra-personal y multipersonal. La psicología unipersonal es la que se atiene a examinar lo que pasa "dentro" de cada persona tomada aisladamente: estudia los aspectos neurológicos de la sensación, aprendizaje, memoria, imaginación, introspección, etcétera. El observador que interviene en este caso no tiene ninguna relación con la persona observada, o por lo menos se presume que es así, o se ignora que no es así. En ese caso, el ideal para el observador es un robot. Esta psicología unipersonal es lo que algunos cali­fican duramente de "psicología de las ratas" o de "psicología de latón". En la psicología bipersonal se entra en la psicología de la relación, por lo tanto en la psicología del vínculo. Todo el psicoanálisis, por ejemplo, es una psicología bipersonal. Pichón Riviére se refiere a esto, rectificando que la psicología no es realmente bipersonal, sino bicorporal y multipersonal, en el sentido de que aunque sólo intervienen dos personas, el campo psico­lógico incluye siempre a otros, es siempre un grupo formado por más de dos personas. Tomando sistemáticamente el vínculo de esta relación real es como se construye la psicología social como instrumento y como teoría.

3. Tipos de objeto

La relación objetal tiene otro antecedente importante en la interpsico-°gia de Tarde, la que, en rigor, según lo señala ¿agache, debería llamarse ^terpersonología y no interpsicología. Más contemporáneamente, Sulli-


94

José Bleger

Objeto de la conducta 95


van ha creado la corriente de la psicología de la relación interpersonal, y Hesnard trata como sinónimos la relación interpersonal, el vínculo y }a relación interhumana. Especial mención corresponde a las investigaciones y aportes de Fairbairn.

Sin embargo, creo de valor establecer una diferencia entre relación de



Í objeto y relación interpersonal. La primera se refiere predominantemente al objeto del campo psicológico; la segunda, al objeto del campo ambiental. O, en otros términos, se relacionan con lo que la escuela kleiniana designa, respectivamente, como objeto interno y objeto externo. Por supuesto que estas diferencias no son absolutas, sino que son elementos de un proceso de interacción dialéctica entre realidad externa y realidad psicológica. Todos los objetos internos provienen siempre de experiencias y relaciones con objetos externos, pero no son su copia ni su "doble".

M. Klein ha reconocido dos tipos fundamentales de objeto y -por lo tanto- dos tipos de relaciones objétales. Uno es el objeto parcial: aquel que sólo resume o contiene experiencias de un solo tipo (buenas o malas), mientras que el objeto total es aquel sobre el cual coinciden, al mismo tiempo, experiencias contradictorias u opuestas (buenas y malas). A ello hemos agregado el reconocimiento del núcleo aglutinado, que es un obje­to no discriminado y que configura lo que he denominado una relación sincrética de objeto o relación con objeto aglutinado. Sincretismo es un término introducido por Renán y retomado por Wallon, para caracterizar un modo global de aprehensión que deja al objeto sin diferenciación, sin discriminación.

Como ya lo hemos dicho, no hay objeto sin una relación específica con el mismo, y tampoco hay vínculo sin un objeto. No hay conducta que no sea un vínculo. La diferenciación de objeto parcial, total y aglu­tinado aclara muchos problemas, tanto de la psicología normal como de la psicopatología.*



4. Comunicación

Se llama comunicación al proceso por el cual los seres humanos condi­cionan recíprocamente su conducta en la relación interpersonal. Es eviden­te que en este proceso juega un papel de primera magnitud el lenguaje, por

* Lo que aquí se designa como "objeto aglutinado" sufrió una modificación y ahora lo designo Núcleo aglutinado, dejando la palabra objeto sólo para el parcial y e total. Al respecto se puede encontrar una información más amplia en los capitulo III y IV de Simbiosis y ambigüedad. Buenos Aires, Paidós, 1967.



el instrumento más perfeccionado de comunicación, pero tenemos al ismo tiempo que tomar en consideración otros medios, que operan en f rrna aislada o bien acompañando al lenguaje.

El concepto de comunicación se hace así muy amplio, ya que incluye todos los procesos en los cuales la conducta de un ser humano —conscien­te o inconsciente— actúa como estímulo -en forma intencional o no- de la conducta de otro u otros seres humanos. Y a su vez el efecto producido, la conducta emergente, reactúa como estímulo que modifica la conducta primera. En su sentido más amplio, la comunicación incluye todo inter­cambio de mensajes, transmisión de significaciones entre personas o gru­pos, e incluye siempre, esquemáticamente, un emisor, un mensaje y un receptor. Todo mensaje tiene un contenido significativo y una función.

La comunicación puede ser interindividual o diádica, intragrupal e intergrupal, según opere entre dos individuos o dentro de un grupo o entre grupos entre sí. Puede sufrir alteraciones por distorsionada e incompleta, provocando separación, malentendidos y conflictos. Ruesch, en investiga­ciones muy promisorias, ha reconsiderado la psicología y la psicopatología en función de la comunicación.

La comunicación no sólo opera como agente estimulante unidireccio­nal, sino como un circuito completo que implica un proceso de retroac­ción, retorno o feed-back, en el cual el receptor se convierte a su vez en emisor. Y este proceso funciona como un control de la conducta y correc­ción de la misma, por la recepción de información sobre los efectos del mensaje (la conducta). El feed-back puede ser positivo o negativo, según incremente las tendencias existentes o lleva a una estabilización del sis­tema.

La palabra, por su valor simbólico, cumple un rol esencial en el proce­so de la comunicación, reproduciendo en el receptor el contenido simbó­lico del efector. Pero, junto con la palabra, resultan estímulos para la con­ducta del otro (receptor) los fenómenos del área del cuerpo y los del mun­do externo. Es la llamada comunicación preverbal: timbre de la voz, acti­tudes, gestos, acciones, etcétera.

Como la conducta de una persona puede estar en contradicción en las distintas áreas, resulta posible que deseando obtener una respuesta dada, o un efecto determinado, se obtengan respuestas no deseadas, pero que han sido condicionadas por el mismo efector por medio de la comunica­ción con las áreas o conductas no conscientes, proceso de gran importancia sobre el cual no nos podemos extender aquí.

El lenguaje es una conducta que no sólo transmite un significado

ntencional por su contenido consciente síno que, al mismo tiempo, es un

mulo Para la conducta del otro, suscitando acciones o modificaciones



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José Ble¡


corporales. En algunas oportunidades la palabra, como acción sobre el otro, ocupa un lugar de primer orden, por encima de su contenido simbó, lico explícito. La comunicación (verbal y preverbal) tiende a estereotiparse con mucha facilidad, y cada individuo o grupo llega a tener un cierto reper* torio, más o menos fijo, de técnicas de comunicación, que limitan pero que al mismo tiempo controlan la comunicación. Siguiendo a Goldstein, pode* mos admitir los siguientes empleos del lenguaje: a) como medio que perrnis te hacer presente en otros ciertos pensamientos del efector;b) como seña­les ligadas a situaciones actuales, concretas y presentes: lo que se dice alude a lo que está ocurriendo ahora, en lugar de expresar o representar símbolos de objetos ausentes. Esta es, fundamentalmente, la función que estudia el psicoanálisis en la relación terapeuta-paciente; c) el lenguaje afectivo emplea las palabras como "vectores de intención"; d) el empleo del lenguaje sin intención de comunicación (psitacismo).

Además de la importancia que esto tiene para estudiar las pertur­baciones de la personalidad y de las relaciones grupales, la comunicación preverbal asume normalmente una gravitación de primer orden en la formación de la personalidad del niño, ya que ésta se produce por un pro­ceso de identificación con la conducta del adulto y, precisamente, con aquella conducta que está menos sometida al control. Esto adquiere suma importancia, porque toda experiencia se incorpora o introyecta en un aspecto doble, uno instrumental y otro normativo, que veremos masen detalle al estudiar el yo y el superyó.

El proceso de comunicación nos permite analizar y reconocer la enorme importancia que tienen los seres humanos, unos sobre otros, y cómo los estímulos más importantes y significativos que forman y condi­cionan la conducta no provienen del medio físico, sino de otros seres huma­nos, de sus conductas. En este proceso de comunicación se concreta la socialización del ser humano, porque todo el proceso de condicionamiento recíproco de los seres humanos, a través del proceso de la comunicación, se lleva a cabo según normas y contenidos dados en una estructura social determinada, que también se transmiten, implícitamente, en los mensajes.




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