Psicologia de la conducta jose bleger



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José Bleger

Situación y campo


Fig. 4. Subestructuras de campos

Dentro del campo psicológico y formando parte de él, podemos describir c) el Campo de conciencia, que es la configuración que tiene el campo ambiental para la conducta consciente o simbólica del sujeto o del grupo considerado. No se halla constituido solamente por el conjunto de experiencias que aparecen conscientemente en forma simultánea, sino que además —como para el caso del campo psicológico— el campo de concien­cia está implicado en la conducta en el área uno o simbólica.

Dicho en otros términos, el campo psicológico es el campo implicado en la conducta, en las tres áreas. Reservamos para el área uno o simbólica, la denominación de campo de conciencia y para el conjunto de las áreas dos y tres, el nombre de campo psicológico propiamente dicho. Adopta­mos para los mismos el gráfico de la figura 4.

5. Coincidencia y disociación de campos

El campo ambiental constituye la realidad vista desde el exterior y es el contexto de toda conducta, no se refiere al conjunto de elementos concretos situados en un ámbito espacial, sino que abarca también el senti­do que tiene su organización, su estructura, considerada en su unidad y totalidad. Todo conjunto de elementos está siempre ligado a la actividad de los seres humanos en forma indefectible, en el sentido de que implica, en forma concreta o virtual, otros individuos, ciertas pautas y normas sociales. De esta manera, un campo ambiental no es una mera descripción de objetos aislados como, por ejemplo, una mesa, silla, bancos y pizarrón, sino que implica indefectiblemente el sentido de la totalidad, como, por ejemplo, una sala de conferencias o una clase.



El campo psicológico, en ese campo ambiental, no está únicamente integrado por la conducta de un individuo o del grupo en las tres áreas, sino además por el contexto implícito en esas manifestaciones de con-

Fig. 5. Disociación de campos



ducta: gestos, actitudes, acciones, pensamientos, aspiraciones. Cuando el contexto psicológico de esos fenómenos (campo psicológico) coincide con el campo ambiental, decimos que el individuo o el grupo actúa con sentido de realidad, es decir, que coinciden los tres campos, y el sujeto o el grupo se comporta en forma adaptada a la realidad. El esquema que le corresponde es el presentado más arriba. (Fig. 4.)

Si, por ejemplo, en este campo ambiental (la clase), un alumno piensa en un espectáculo al que tiene que concurrir al día siguiente y tiene una actitud corporal en relación con esos pensamientos, su campo psico­lógico ya no coincide con el ambiental. En ese caso decimos que hay una disociación entre ambos. (Fig. 5.)





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En esta disociación se ha perdido el sentido de realidad en ese mo­mento, porque el individuo no tiene su conducta en concordancia con el campo ambiental, sino con un campo disociado y distinto del mismo. Observemos, además, que la conducta en área uno y en áreas dos y tres proviene de un mismo campo psicológico y no que las conductas de áreas dos y tres se originan en la conducta de área uno; en otros términos, el sujeto no tiene una actitud corporal determinada por el hecho de que esté pensando en el espectáculo de mañana, sino que todas sus manifestaciones son emergentes de su campo psicológico.

La discordancia de este tipo de disociación, tanto como el grado de reversibilidad y rectificación, constituyen elementos fundamentales para valorar la pérdida del sentido de realidad, que va desde un grado mínimo y/o pasajero, como en la distracción o el sueño, a los grados máximos y estabilizados o permanentes de los trastornos psicóticos.

Otro ejemplo de este mismo tipo de disociación lo tenemos en el caso del miembro fantasma y otras alteraciones del esquema corporal: una persona a quien se le ha amputado una pierna (campo ambiental) continúa contando con ella en su campo psicológico y actúa entonces en función de este último. (Fig. 5.)

Otro tipo de disociación distinto lo tenemos, por ejemplo, en el caso de una persona que puesta frente al espejo intente, por ejemplo, tocarse con la mano derecha el lóbulo de la oreja izquierda, pudiendo ocurrir que lo que logre sea tocarse la oreja del mismo lado. En este caso, es el campo psicológico propiamente dicho (B) el que está disociado de los otros dos, y el esquema representativo sería el de la figura 6.

Otro ejemplo que corresponde a este mismo tipo de disociación es el caso de saber que en mi casa no funciona hoy la luz eléctrica (campo de conciencia) y, sin embargo, entro a una habitación y giro la llave, más tarde aprieto el botón del acondicionador de aire y pido que se me traiga una bebida helada de la heladera eléctrica. En este caso ha ocurrido una disociación entre el campo psicológico, por un lado, con el campo de con­ciencia y el ambiental, por otro, y en este caso coinciden entre sí estos dos últimos.

Este último tipo de disociación es el que se da también en los trastor­nos psiquiátricos graves denominados caracteropatías, incluyendo en estas últimas las perversiones.

La disociación entre C por un lado y A y B por otro, es una posibili­dad más de estas discordancias entre las estructuras del campo; ocurre en el caso del ejemplo de la clase, cuando el individuo piensa en el espectáculo de mañana, pero toda su actitud corporal corresponde a un estar presente y participando de la clase. (Fig. 7.)



Fig. 7. Disociación de campos



Todas estas disociaciones entre los campos están implicadas en las respectivas disociaciones entre las áreas de conducta y no constituyen fenómenos separados, sino conjuntos, que se dan unitariamente en lo que se denomina las divisiones esquizoides. El tener en cuenta no sólo los fenómenos de conducta, sino también los campos que ellos implican, además de ampliar nuestro conocimiento de los hechos que estudiamos, nos permite comprender gran cantidad de fenómenos normales y patoló­gicos. Tampoco nos detendremos a reseñar el aporte que esto puede signi­ficar para el estudio y la investigación en otras disciplinas, especialmente la sociología del conocimiento.

Habrá aún que aclarar que estas disociaciones entre los campos no borran los nexos genéticos que los unen, sino que los considera tal como se presentan en un momento dado. El campo psicológico con el cual se actúa o piensa en un momento dado corresponde siempre, genéticamente, a otro campo ambiental, pero de otro momento de la vida del sujeto o del grupo. Por otra parte, si en un campo ambiental presente aparece un cam­po psicológico distinto, que genéticamente corresponde a otra situación, de todas maneras la desvinculación no es siempre absoluta, porque para ese individuo en el campo ambiental presente existen elementos que activan su pasado y lo pueden, además, ubicar prospectivamente en un suceso futuro. Un campo ambiental presente activa siempre determinados aspectos de la historia, tanto como de la prospectiva (ideales, aspiraciones), que pueden, por otra parte, ser rectificados. A la totalidad de los puntos de vjsta sobre el futuro y el pasado psicológico, en un momento dado, Lewin uamó"perspectiva temporal".

L.L., en la fábrica donde es uno de los propietarios, reacciona con

«era y miedo cuando, en un momento dado, ve hablar al contador de la

empresa con uno de sus socios. El campo ambiental está disociado del psi-


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cológico, tomado este último en su totalidad, porque su reacción, en ese momento, se corresponde con una situación anterior en que L.L. revisaba los libros con su contador, temiendo que éste hallara una sustracción de dinero que L.L. había efectuado para sí, computándolo como un gasto de la empresa. Su conducta, por lo tanto, no es el producto directo del campo ambiental presente, actuando en forma única y aislada, sino que éste activa un campo psicológico que se correspondía con un momento anterior, que de esta manera participa también ahora activamente en el condicionamien­to y aparición de la cólera y el miedo.

Las relaciones en que se encuentran en un momento dado los campos (A, B y C) pueden ser estables (estereotipadas) o variables (plásticas), y es solamente en esta última condición en la que el sujeto, en un permanen­te interjuego con la realidad, puede alcanzar una concordancia entre las estructuras del campo y, por lo tanto, una imagen más real del mundo, un mejor sentido de la realidad y una mayor madurez en su personificación. Si, como siempre ocurre, del conocimiento y relaciones entre los campos, es decir, del estudio metodológicamente necesario de momentos del proceso de la conducta, se infieren —sin más— conclusiones metafísicas y sociológicas, se cae en un profundo error, del cual no hay que responsabili­zar a la psicología, sino a la forma en que se las usa. La conducta de los seres humanos es siempre un producto social que a su vez interactúa, como fuerza social, con la realidad. Las disociaciones surgen en cuanto la reali­dad social es siempre y permanentemente cambiante, mientras que su refle­jo, la conducta y el campo psicológico, pueden estereotiparse y perdurar más allá del campo ambiental en el cual originariamente se han cons­tituido.

El tema de la disociación de los campos y de las conductas es vastí­simo y abarca problemas de gran trascendencia. Uno de ellos es el de la falsa conciencia, que consiste en el hecho de que se puede vivir en deter­minadas condiciones, mientras que la conciencia que se tiene de dichas condiciones no corresponde a la realidad. Como vemos, estamos frente a otro ejemplo de división y disociación de campos.

Muy ligado a todo lo expuesto está el problema de los cambios de ambiente, con dificultad para el cambio concomitante en el campo psicoló­gico, de tal manera que para poder seguir utilizando el mismo repertorio de conductas, el sujeto estructura el nuevo campo ambiental de manera que responda a la estructura del antiguo campo psicológico. Es el caso, por ejemplo, de las personas a quienes se les repiten las mismas cosas en el curso de su vida, sin saber que ellos mismos están estructurando el campo ambiental en concordancia con su campo psicológico.

6. Teorema de W. I. Thomas

El teorema de Thomas -según Merton— postula que "si el hombre define situaciones como reales, ellas son reales en sus consecuencias". En esto encontramos, otra vez, la cuestión que desarrollamos en este capí­tulo: el campo de la conducta. Los seres humanos se comportan según la estructura de su campo psicológico, es decir, según la estructura que para ellos tiene, en cada momento, el campo ambiental, y dicha conducta deviene, a su vez, parte integrante de la nueva situación y tiene efectos sobre el desarrollo ulterior de esta última. De tal manera, los seres huma­nos responden al significado que dan a las situaciones, y en cuanto se asigna una significación, "la conducta consecuente y algunas consecuen­cias de esta conducta están determinadas por este significado".



Merton relaciona el teorema de Thomas con lo que él mismo llama la "predicción creadora", que consiste en el hecho de que la predicción de un suceso actúa ya como causa para originarlo. Según el propio Merton, se trata de "un mecanismo por el cual un error de buena fe engendra su pro­pia realización ilegítima, produciendo las mismas circunstancias que erró­neamente se supuso existir".

La predicción de una situación es ya una conducta, que se hace parte integrante de una nueva situación y tiene efecto en el desarrollo subsecuen­te de la nueva situación y la nueva conducta. La predicción creadora es, al comienzo, una falsa definición de la situación, pero, de todos modos, configura un campo psicológico que evoca una nueva conducta, que convierte en real la concepción originalmente falsa.

La relación, coincidencia, contradicción e integración de las distintas estructuras de la situación y del campo tienen su dinámica y su relativa autonomía. La predicción creadora tiene su vigencia —relativa siempre-en el campo de las relaciones humanas y no en el mundo de la naturaleza. Lo que los seres humanos creemos o profetizamos sobre la órbita de un planeta, por ejemplo, evidentemente no lo influye ni lo modifica. Sin embargo, la división entre hecho humano y hecho natural no es tampoco aquí muy neta. Cualquier predicción sobre un asunto humano no es, por si sola, creadora de las condiciones que lo realizan, y hay hechos naturales sobre los cuales nuestras creencias pueden influir; si creemos y estamos firmemente convencidos de la total destrucción de la vida por el empleo, que creemos inevitable, de la bomba atómica, esta creencia puede actuar como concausa. Y la profecía opuesta, también. Entiéndase que tales -ausas no actúan nunca en forma aislada y por sí, pero, en ciertas circuns-ncias, pueden tener un peso particular. Si de esto se deduce que la realí-a es según la pensamos o creemos los seres humanos, se subvierte una



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verdad relativa (que es cierta como momento del suceder humano) en una modificación idealista. Y de esto no tiene la responsabilidad la psicología, sino aquellos que la utilizan de ese modo.

Un ejemplo ilustrativo que da Merton es el de un banco sobre el que se difunde el rumor, falso, de su insolvencia y su quiebra económica. Este rumor hace que los inversores acudan en masa a retirar sus inversio­nes, y la demanda masiva produce realmente la insolvencia y la quiebra pronosticada.

Un individuo que se cree ladrón creará situaciones en las que los demás desconfiarán de él. Es posible que resulte más correcto hablar para estos fenómenos de "campos psicológicos autorrealizadores", en lugar de "predicción creadora", porque el fenómeno es mucho más ampÜo que lo que abarca esta última denominación. Tampoco corresponde limitar el fenómeno, como lo hace Merton, a las ideas falsas o a los errores de buena fe.

El campo que se autorrealiza no es sólo el campo de conciencia, sino el campo psicológico en su totalidad, de tal manera que lo que se realiza puede no ser una creencia (campo de conciencia), sino un campo psicoló­gico inconsciente y aun indeseable para el mismo sujeto. Freud estudió este fenómeno con el nombre de impulso de repetición.

El papel de las creencias, teorías e ideologías, como fuerzas para encauzar, manejar o modificar la realidad, se relaciona con todo esto que estamos describiendo, pero aquí se agrega el papel "realizador" de todas las conductas y no sólo de las del área simbólica (creencias, teorías, ideolo­gías, etcétera), además de aquellos efectos que no son deseados o que, inclusive, resultan perjudiciales.

Es menester señalar el hecho de que no existe ningún campo psicoló­gico que no esté relacionado con un campo ambiental; inclusive las ideas falsas y las predicciones erróneas son siempre emergentes de una situación real, objetiva. Es decir, un campo psicológico se configura siempre como emergente de un campo ambiental, aun entrando en contradicción con este último. El "campo psicológico autorrealizador" refleja, por lo tanto, ciertos elementos o ciertas estructuras del campo ambiental. Más que predicción, sería en buena medida un indicador o un índice de lo que ya está ocurriendo, aun en proporciones mínimas. Este fenómeno se observa con cierta mayor claridad en el campo de la psicopatología, en la que, por ejemplo, se puede utilizar un sueño como predicción de una enfermedad que aparece ulteriormente. Sin embargo, es más comprensible todo el fenómeno cuando se considera que el sueño es una resultante precoz o anticipada de la enfermedad, que ya existe en forma latente o encubierta y, en este sentido, el sueño no puede ser considerado como una

nredicción que luego se cumple, sino como un índice de lo que ya está ocurriendo. Entre otros casos hemos visto, por ejemplo, el de una persona nue en momentos de frustración simulaba ataques epilépticos muy burdos, pero a la que en el curso de los años sobrevinieron ataques epilépticos rea­les indudables. Los ataques simulados no pueden ser considerados tampoco en este caso, en rigor, como predicciones que se autorrealizan, sino como productos, ya, de una situación conflictiva, tanto como las crisis epilépti­cas mismas. En síntesis, todo lo que aparece en el campo psicológico es un emergente de un campo ambiental y nunca puede ser independiente o ais­lado de este último. Aun las ideas falsas, tanto como el delirio o la aluci­nación, reflejan elementos reales del campo ambiental.

7. Otro papel de la disociación

Hasta ahora hemos considerado la división esquizoide (entre áreas de conducta tanto como entre campos) como un proceso que puede parecer (especialmente en algunos ejemplos) totalmente negativo o patoló­gico. Sin embargo, el papel que juega la disociación puede ser muy diferen­te, en el sentido de que, en algunos casos, es condición necesaria y útil para la adaptación y adecuación —por lo menos en parte— a la realidad.

Un estudiante que rinde examen mantiene entre sus dedos una meda-llita a la que permanentemente hace rotar. Su campo de conciencia y el ambiental coinciden, mientras que parte del campo psicológico, a través de su conducta con la medallita, tiene una configuración disociada de las anteriores, implicando otra situación y otro vínculo con el cual se siente más protegido, a manera de un ritual.

Este ejemplo nos señala, además, que las disociaciones no sólo ocurren entre los campos, sino que pueden existir dentro de cada campo, es decir, que ocurre también lo que podríamos llamar disociaciones parciales. Lo que queremos señalar es que la disociación puede implicar una condición necesaria o imprescindible, para un mejor sentido de la reali­dad, en la parte en concordancia con la misma. Se "sacrifica" una parte de la personalidad, para "salvar" la otra. En el ejemplo anterior, si el estu­diante no tuviera parte de su personalidad incluida en un campo psicoló­gico disociado, en el cual controla sus temores al examen con un ritual, sucumbiría totalmente a dicho miedo y su examen se haría imposible. "or otra parte, subrayamos que la disociación de las áreas de conducta jniplica la de los campos respectivos y viceversa, y que no pueden presen-rse áreas sin conductas, ni tampoco lo contrario.

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