Psicologia de la conducta jose bleger


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gico, y es por lo tanto factible de ser estudiada por la psicología, tanto si se trata de una manifestación mental como corporal (movimiento, gesto, tic, etcétera) o en el mundo externo. De la misma manera, en cualquier área la conducta implica siempre la participación indefectible del cuerpo y del mundo externo. Una conducta en el área de la mente, por ejemplo el pensar, debe ser estudiada tanto por la psicología como por la biología y la sociología: hay una psicología del pensamiento, una biología y una sociología del pensamiento. Una conducta en el área del cuerpo también debe ser estudiada por las tres ciencias; así, hay una psicología del gesto, una biología del gesto y una sociología del gesto. Una conducta en el mundo externo sigue las mismas exigencias; hay —por ejemplo— una sociología de la movilidad social, tanto como una psicología y una bio­logía.

Por lo tanto, reiteramos que cada área de la conducta no se correspon­de con una distinta entidad sustancial y que tampoco Cada área es priva­tiva de una ciencia en particular. Todas las conductas son objeto de todas las ciencias. Al respecto, el equívoco fundamental proviene en gran parte de la biología de laboratorio, en la cual se estudia fisiológicamente el movi­miento de un músculo, de una glándula o de un órgano, pero esta biología no es la de la realidad, sino la de condiciones artificiales, muy reducidas en su complejidad original.

Para el estudio de la psicología, queda con esto anotado un dato fundamental que queremos ahora subrayar: la psicología no es solamente la ciencia de los fenómenos mentales, la psicología abarca el estudio de todas las manifestaciones del ser humano y éstas se dan siempre, en reali­dad, en el nivel psicológico de integración. La psicología no excluye nin­guna otra ciencia, sino que las implica necesariamente. Sin psicología no hay un conocimiento total del ser humano. Tampoco lo hay con la psi­cología sola.



6. Áreas de la conducta y las "partes del alma"

Platón distinguió tres partes del alma, y en esta forma designó, en realidad, tres tipos de fenómenos psíquicos: la parte concupiscente, la irascible y la racional, cada una de las cuales tenía un lugar propio en el cuerpo: el vientre, el corazón y la cabeza, respectivamente. Al respecto, ya Demócrito había creído que el pensamiento asienta en la cabeza, la ira en el corazón y los apetitos en el hígado.

Aristóteles reconoce también tres partes en el alma: vegetativa, sensi­tiva e intelectiva; la primera es común a todos los seres vivos, la segunda a

toda la serie animal y s°l° la tercera es peculiar y privativa del hombre. Esta división de Aristóteles es la que se sigue en toda la Edad Media, y su influencia perdura aún en nuestros días.



Kant, basado en Tetens y Mendelssohn, dividió las actividades psíqui­cas en: conocimiento, sentimiento y voluntad, y esta división predomina aún en la actualidad: intelecto, afecto y voluntad.

Si se examina con cierto detenimiento, veremos que cada una de esas partes del alma, del psiquismo, no significan otra cosa que las distintas áreas de la conducta. Y no puede ser de otra manera, porque todas estas divisiones han partido siempre de la conducta real y concreta, de la expe­riencia del ser humano y de su quehacer social.

Este volver a los fenómenos reales de donde se han originado las abs­tracciones, ha insumido siglos del progreso científico; ha necesitado del desarrollo del materialismo en forma cada vez más consecuente y —para ello- del desarrollo de las condiciones de vida de los seres humanos (orga­nización social), que permite la formación y emergencia de estructuras con las que se puede tomar conciencia de la subversión en que se ha incurrido al tomar las abstracciones como entes, de los cuales se hace depender, a su vez, los fenómenos reales (idealismo).

La afirmación de que se hallan presentes siempre las tres áreas en toda manifestación de conducta, corresponde al hecho de que no se pueden dar fenómenos afectivos sin los intelectuales y volitivos, y viceversa. Aclara­mos, nuevamente, que no se trata de los mismos hechos con diferente



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lenguaje. El idealismo no se diferencia del materialismo por el empleo de un lenguaje distinto, sino que se trata en un caso de conocer los objetos y los seres humanos tal cual se presentan en la realidad, mientras que en otro caso se trata en parte de conocer y en parte de seguir desconociendo los hechos y objetos reales.

7. Predominio sucesivo o alternante de las áreas de la conducta

La conducta es una unidad que tiene una triple manifestación fenomé­nica, en cuanto se da al mismo tiempo en las tres áreas, que son así siempre coexistentes, aunque con un predominio relativo en alguna de ellas, lo que nos permite calificar la conducta como mental, corporal o en el mundo externo. Pero este predominio es relativo, en el sentido de que puede alter­nar o sucederse con el predominio en otra de las áreas. Se puede, por ejem­plo, reaccionar con ansiedad frente a una situación dada (área de la men­te); posteriormente, en otro momento, puede ceder totalmente esta mani­festación y aparecer en su lugar palpitaciones (área del cuerpo), o bien ser ambas reemplazadas por una conducta inestable en una actividad (área del mundo externo). Esta alternancia puede hacerse en todas las direcciones y tener siempre el mismo significado, es decir, ser una misma reacción (ansie­dad) a una situación dada. Pero en esa alternancia o sucesión de las áreas puede haber una progresiva modificación del sentido de la conducta: a las manifestaciones en el área uno, puede suceder una conducta en el área tres, que modifica la situación y a su vez modifica, ulteriormente, la conducta en el área uno.

La alternancia del predominio puede significar un proceso estereoti­pado, como en el caso de que el significado de la conducta sea siempre el mismo, o bien puede ser un proceso dialéctico, como en el caso del pensar y realizar en concordancia; a su vez la realización modifica el pensar, y así sucesivamente.

8. Predominio estable de un área de la conducta

Por otra parte, el predominio de una de las áreas puede ser permanen­te, en el sentido de que las otras dos están muy poGo desarrolladas o no se emplean como áreas de expresión de la conducta. Sobre esta base se puede estructurar o construir una verdadera tipología que, por otra parte, coinci­de con tipologías o clasificaciones de la personalidad, ya desarrolladas por

otros autores. En todo caso, lo que interesa no es una nueva tipología, 0 señalar nuevamente cómo, con mayor o menor consecuencia, en psi­cología se ha tomado siempre como un punto de partida la observación y estudio de la conducta.

Las personas clasificadas como esquizoides tienen un predominio estable del área de la mente, en la que se manifiesta toda su conducta en forma preponderante, con escasa o nula intervención de reacciones o mani­festaciones corporales, tanto como de actividad o actuación en el mundo externo. Tal vez sería mejor decir que los que presentan esta modalidad de expresión de la conducta han sido clasificados como esquizoides, introver­tidos. En contraposición a éstos se hallan los "hombres de acción", en quienes todo transcurre en el área tres, con intervención escasa o nula de las manifestaciones mentales y corporales. Un tercer tipo está constituido por aquellos en quienes predomina el área corporal: tienen palpitaciones si tienen miedo, apetito si están contentos, constipación si están frustra­dos, acidez estomacal si se enojan, etcétera. Constituyen el grupo recono­cido como el de las personalidades infantiles.

9. Coincidencia y contradicción de las áreas de la conducta

Hemos visto que en el predominio sucesivo o alternante de las áreas de la conducta, estas manifestaciones pueden ser coincidentes, en cuanto a su significado o sentido, en respuesta a una situación dada; es el ejemplo que hemos dado de la ansiedad, percibida como tal (área 1),reemplazada por palpitaciones (área 2), o por inestabilidad en una tarea (área 3). Este es un tipo de coincidencias cuando el predominio alterna.



Otro tipo de coincidencia se da cuando las manifestaciones de las tres áreas coexisten en forma relativamente equivalente y de tal manera que todas tienen el mismo sentido o constituyen una misma reacción a una situación dada. Es el caso en que se dan al mismo tiempo los tres tipos de reacción del ejemplo antes anotado.

Un fenómeno de gran importancia es el de la contradicción entre las manifestaciones de las distintas áreas de la conducta. Esta contradicción puede ser sucesiva o coexisten te y en ambos casos puede ser en la misma o en diferentes áreas.

La contradicción sucesiva se refiere a que conductas polares, por ejemplo aceptación-rechazo, pueden aparecer sucesivamente como ma­nifestaciones en la misma o en diferentes áreas (sentir el rechazo y des­pués actuar aceptando).


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La contradicción coexistente en la misma unidad de la conducta en un mismo momento, es un fenómeno de enorme interés para la psicología y la psicopatología, que rompe necesariamente con los cuadros del formalis­mo lógico y en el cual una cosa puede ser y no ser al mismo tiempo. Esto sólo se puede comprender con la introducción del pensamiento dialéctico, que reconoce como real la contradicción en la unidad. Como fenómeno fue descripto y estudiado por Freud, aunque derivando de ello consecuen­cias teóricas no del todo correctas por falta del instrumento necesario (el pensamiento dialéctico). Freud se esforzó por hacer entrar sus descubri­mientos en el cuadro del pensamiento formal, sin reparar en que lo que descubría rebasaba y hacía entrar en crisis, también en la psicología, al pensamiento formal.

Respecto del fenómeno que reseñamos, la duda es un ejemplo de la existencia de manifestaciones contradictorias en una misma área al mismo tiempo; esto puede darse en el área del cuerpo y del mundo externo en forma de vacilación e inseguridad, respectivamente.

La contradicción en distintas áreas ocurre, en un mismo momento, también tanto en condiciones normales como patológicas, cuando por ejemplo se desea concurrir a una entrevista y al mismo tiempo se llega después de la hora fijada (contradicción entre áreas uno y tres); cuando se desea ser cordial y al mismo tiempo se está tenso (áreas uno y dos), cuando se actúa afectuosamente y al mismo tiempo se está con el cuerpo tenso (áreas tres y dos).

Estas contradicciones entre las manifestaciones en las distintas áreas de la conducta, que se presentan en forma simultánea, corresponden al fenómeno más general de disociación de la conducta o división esqui­zoide, cuyo grado o magnitud puede ser muy variable.

El carácter contradictorio o conflictivo de la conducta fue estudiado muy detalladamente por Freud y constituye un aporte fundamental de la escuela psicoanalítica, pero Freud, que no mantenía la teoría en el plano de la conducta concreta, se vio llevado a la hipótesis de la existencia de una segunda mente o una parte especial de la mente, que ya no era de carácter consciente, sino inconsciente, y que estaba con la parte consciente en un juego recíproco, de cuyos vaivenes dependía la conducta concreta. Esta­mos, otra vez, ante el fenómeno del "mentalismo" que antes reseña­mos como una de las variantes o modalidades del idealismo en psico­logía.



Si la disociación o la división esquizoide no se mantiene, ocurre otro fenómeno ya estudiado también atentamente por Freud; el de la conducta como transacción entre ambos términos en conflicto. Una disociación de la conducta (división esquizoide) evita la aparición del conflicto aunque, por

supuesto, sin resolverlo, mediante una división y separación de los térmi­nos opuestos o antinómicos.

Bibliografía

Bergeron, M. (a, b, c); Foulquié, P., y Delédalle, G., Geach, P., Janet, P. (a, b, c). jaspers, R.; Koffka, K. (a, b); Lagache, D. (a, c, d, f, g); Mowrer, D.H., y Kluck-hohiij C; Muenzinger, K.F.; Pichón Riviére, E. (a, b, c); Piéron, H., Postman, L.; Tolm'an, E.; Schilder, P. (b, c);Schwartz, L.;Tilquin, A.; Watson, J. (a, b);Balint, M.



Capítulo III Situación y campo

1. Conducta y situación

La psicología, como otras ciencias, ha considerado al hombre en forma aislada, y a todas sus manifestaciones como productos, atributos o propiedades inherentes a la condición "natural" del hombre. Este enfoque es la lógica extensión a la psicología del supuesto filosófico de que cada sustancia se caracteriza por sus atributos y, por lo tanto, cada objeto posee propiedades peculiares que sólo dependen de él, de su "naturaleza".

Este enfoque ha entrado, sin embargo, progresivamente en crisis, porque las cualidades de todos los objetos dependen no sólo de la "natura­leza" del objeto, sino que son siempre cualidades relativas, que emergen de las relaciones que se establecen en un momento dado. Las propiedades de los objetos sólo pueden ser definidas en función de un relativismo: el de las condiciones en las que existen en un momento dado. Y esto es vigente para todas las ciencias; un objeto duro lo es a determinada temperatura, presión y humedad de la atmósfera; en condiciones distintas puede ser blando. Un objeto de un color puede ser de un color totalmente distinto en condiciones diferentes. El aire es gaseoso, pero lo es a determinada presión y temperatura; modificando adecuadamente esas condiciones el aire puede ser líquido. El que contemos con condiciones relativamente estables hace que, en general y para un determinado sector del desarrollo de la investigación, las modificaciones relaciónales no cuenten, pero sobre­pasado un límite ya no se puede continuar la investigación sin tomar en cuenta este relativismo. En psicología estos hechos son, sin embargo, de una gravitación fundamental: la conducta de un ser humano o de un grupo está siempre en función de las relaciones y condiciones interactuantes en cada momento dado.

En una oportunidad en que se trataba de estudiar en una escuela el juego de los niños durante el recreo, se adujo que la presencia de un obser­vador durante los recreos alteraría el juego natural de los niños. Es eviden-te que las observaciones recogidas están en cierta medida condicionadas P°r la presencia del observador, pero nada justifica llamar condiciones


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naturales a la situación habitual en la que no hay observador. Se hace en estos casos una trasposición de lo que es habitual a la condición de natural, de algo ya dado en la naturaleza de los hechos. El juego de los niños en condiciones habituales depende de todas las condiciones que también son relativas, pero que por habituales pasan inadvertidas, to­mando en cuenta solamente al objeto de estudio abstraído de la situa­ción total.

Para estudiar un fenómeno debemos, entonces, hacerlo en función de sus relaciones, en un momento dado. En el ejemplo anterior del juego de los niños durante el recreo, debemos estudiar en este momento, a estos niños, en este recreo y en esta escuela. Ya no es el estudio de un hecho, suceso u objeto aislado tomado "en sí", sino en las relaciones y condicio­nes de interacción en cada momento dado. Esto rige, por ejemplo, también en el campo de los productos químicos y su utilización terapéutica. Un derivado barbitúrico no tiene propiedades farmacológicas y químicas por su "naturaleza"exclusiva; es decir, su propiedad de ser hipnótico no sólo depende de la droga sino, además, de las condiciones del organismo y de la relación transferencial con quien la administra; un cambio en esos factores puede hacer que la droga excite y despierte en lugar de dormir, así como una droga puede provocar dolor de cabeza cuando, en otras condiciones, la misma droga lo calma. Seguramente que toda la farmacología debe ser revisada en función de considerar las propiedades, no sólo como inherentes a la naturaleza de un producto, sino como emergentes de una Gestalt.



Esta diferencia, que Lewin ha presentado como un pasaje del pensa­miento aristotélico al pensamiento galileano, es de suma importancia para la psicología contemporánea. La conducta del ser humano no es ya una cualidad que emerge de un algo interior y que se despliega en un afuera; no hay que buscar en un "adentro" lo que se manifiesta "afuera". Las cuali­dades de un ser humano derivan siempre de su relación con el conjunto de condiciones totales y reales. El conjunto de elementos, hechos, relaciones y condiciones, constituye lo que se denomina situación, que cubre siempre una fase o un cierto período, un tiempo.

Lalande define la situación como el "término empleado por algunos filósofos contemporáneos, especialmente por Dewey, para designar en lenguaje neutro, tal fase determinada de la experiencia, cierto conjunto típico de condiciones concretas, que constituyen o determinan tal estado de la actividad". En forma coincidente, Fairchild incluye la siguiente defi­nición: "La totalidad de factores, internos y externos, orgánicos y ambien­tales, de importancia para la conducta que se investiga, tales como apare­cen a un observador en un análisis científico objetivo." Von Uexküll intro­dujo el término Umwelt para designar así al mundo circundante que es el

producto del organismo, pero como se lo confundió con el milieu que es lo que rodea en forma inmediata al organismo, el mismo autor lo reemplazó por Merkwelt (mundo perceptible) con lo cual designa el mundo especial que tiene cada organismo, formado por lo que él recoge o percibe del mundo exterior.

Los seres humanos estudiados en psicología, sea en forma individual o grupal, deben serlo siempre en función y en relación estrecha con el contexto real de todos los factores concretos que configuran la situación. No es lo mismo referirse al hombre de la era industrial que al de la escla­vitud, y no es 1q mismo en la era industrial un período de crisis y deso­cupación que otro de prosperidad. Tampoco son idénticas las situaciones de distintas épocas de la vida de un mismo individuo ni las de sus distintas actividades, incluso en el curso del mismo día; no es totalmente el mismo ser humano ni son las mismas las condiciones exteriores.



2. Abstracción de la situación

A través de múltiples y muy distintas situaciones, podemos sin embar­go, reconocer una continuidad del ser humano, sea ya en el curso de la vida individual, ya en el de la colectiva o social. Esto se obtiene a través del pro­ceso de generalización y ampliación de la situación que se considera, de tal manera que cuanto más prolongados son los períodos, las situaciones son menos concretas o específicas y, por lo tanto, más abstractas.

De aquí se pasa, insensiblemente, al hombre abstracto de la psicología tradicional, desvinculado totalmente de relaciones y cuyas cualidades o manifestaciones dependen solamente de su "naturaleza", de su organiza­ción interna. Esto ha conducido a errores que aún rigen, con gran frecuen­cia, en la psicología, a los que ahora nos queremos referir brevemente.

Uno de ellos consiste en utilizar abstracciones generalizadoras para explicar conductas o sucesos concretos, en forma totalmente desvinculada de la situación. Un ejemplo de ello es la persona que en un momento dado es agresiva; si le digo que su conducta deriva de la situación de abandono por un próximo y prolongado viaje que debo realizar, el sujeto me contesta que no, porque él siempre ha sido una persona agresiva. El ejemplo tiene interés porque no es otra la manera de proceder, aun en la actualidad, de muchos psicólogos de distintas escuelas. Veamos más en detalle y en este ejemplo, la abstracción y su papel en la distorsión de los hechos.

Si se dice que N. es agresivo ahora porque siempre lo es, estamos aajudicando la explicación de un suceso presente a una condición o cuali­dad que corresponde a la "naturaleza" de N., o bien, a su personalidad.

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Aun admitiendo esto último como más correcto que lo primero, la per­sonalidad de N. no consiste sólo en ser agresivo, sino en ser, por ejemplo, muy afectuoso, también muy detallista y correcto en su empleo, etcétera. En su forma de ser, entonces, no sólo cuenta lo agresivo, sino también otras muchas cualidades, que iremos utilizando adecuadamente para expli­car las distintas conductas de N. El decir que N. es agresivo es legítimo, pero no lo es el emplear esta generalización como explicación de la con­ducta agresiva de N. conmigo, porque además N. no es siempre agresivo conmigo. No es correcto este tipo de explicación, porque una generaliza­ción se obtiene por abstracción de las situaciones en las que se ha repe­tido un determinado fenómeno o reacción, pero cada una de esas reaccio­nes se produce en situaciones concretas, que son justamente las que abs­traemos. Lo abstracto generaliza lo concreto, pero no lo explica.

Otro de los errores a los que conduce la abstracción, al desvincular los fenómenos de las situaciones en las cuales aparecen, es tomar la secuencia de los fenómenos como una relación de causa a efecto. Si, en la misma situación del ejemplo anterior, N. deja de manifestarse agresivo pero es aquejado por un fuerte dolor de cabeza, ambos son fenómenos que se producen en una situación definida y concreta, y se comete un error si se considera la agresión como causa del dolor de cabeza que le sigue en orden de aparición.

Otra consecuencia de la abstracción de las situaciones es el desdobla­miento del fenómeno en una entelequia, en un doble interior, al que se adjudica la aparición de los fenómenos concretos; de esa manera, la agre­sión se transforma en una fuerza o instinto agresivo, con cuya invocación se supone explicado el fenómeno.

3. Campo de conducta

La situación comprende y ubica los fenómenos que queremos estu­diar en un marco demasiado amplio, y aunque constituye un concepto necesario y útil, se plantea la exigencia metodológica de reducir su ampli­tud para poder estudiar los fenómenos con mayor precisión; esta necesi­dad se llena satisfactoriamente con el concepto de campo. Este último no es otra cosa que la situación total considerada en un momento dado, es decir, es un corte hipotético y transversal de la situación.

Se define un campo como el conjunto de elementos coexistentes e interactuantes en un momento dado. El concepto proviene de la física, donde fue introducido por Faraday, Maxwell, Hertz y traído y estudiado en la psicología especialmente por K. Lewin, quien da la siguiente defini-

ción: "Totalidad de hechos coexistentes concebidos como mutuamente interdependientes". Por hechos interdependientes se entienden personas y objetos.

El campo es dinámico, se está permanentemente reestructurando y nidificando, por lo cual el estudio de un campo como un corte es siempre un artificio, que se puede obviar en gran medida con el estudio de campos sucesivos y continuos. Incluye siempre, como uno de sus elementos inte­grantes, al sujeto o partes de su personalidad (Yo).

La conducta es siempre el emergente de un campo, emergente que puede recaer en forma predominante sobre el individuo o sobre los otros elementos que lo integran. La parte del campo o de la situación que rodea al individuo se denomina entorno o medio, reservándose la designación de medio ambiente para el entorno social, humano.

La relación sujeto-medio no es, entonces, una simple relación lineal de causa a efecto entre dos objetos distintos y separados, sino que ambos son integrantes de una sola estructura total, en la que el agente es siempre la totalidad del campo y los efectos se producen también sobre, o dentro de él mismo, como unidad. La conducta es, así, una modificación del campo y no una mera exteriorización de cualidades internas del sujeto ni tampoco un simple reflejo o respuesta lineal a estímulos externos.

Todo campo y toda situación son siempre originales y únicos, en el sentido de que no se repiten jamás totalmente de la misma manera.

4. Subestructuras del campo

Hasta aquí hemos estudiado el campo de conducta como una unidad, en el que ahora tenemos que distinguir subestructuras o subunidades, que a su vez denominaremos también como campos; son dos, de los cuales uno se subdivide.



  1. Campo ambiental o geográfico: está constituido por el conjunto de elementos, condiciones y sucesos (incluyendo el o los individuos), tal como puede ser descripto y comprendido objetivamente en su estruc­tura.

  2. Campo psicológico: comprende la configuración o estructura parti­cular que para el sujeto o el grupo tiene, en un momento dado, el campo ambiental o geográfico; el campo psicológico aparece, en realidad, implica­do en la conducta misma. Si en el aula de una clase (campo ambiental), un niño se comporta como si estuviese en su casa con su madre, este últi­mo es el ¡campo psicológico, que aparece implicado en la conducta y —para el sujeto— superpuesto o predominando sobre el campo ambiental.
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