Psicologia de la conducta jose bleger



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Bibliografía

Allport, G.W. (b, d); Blum, G.S.; Daval, S., y Guillemain, B.; Dujovne, L; Enkson, E.H. (b); Eysenck, H. J.; Fenichel, O. (b); Foucault, M.; Freud, A.; Freud, S. (m, n, o); Frondizi, R.; Goldstein, K.; Hartmann, H. (b, c); Hartmann, H., Kris, E., y Loewenstein, R.M.; Hilgard, E.R.. Jakobson, P.; Jaspers, K.; Kardiner, A.; Ko'olhás, G.; Lefcbvre, H.; Lcvinc. I.: Lowic. R H.: Lyotard, J.F.; Mead, G.;Miller, J.M. (a, b)'; Money-Kyrle, R.E.: Montagu, A.; Nunberg, H.; Rapaport, D. (b); Reich, W.; Rome­ro, F.; Rubinstein, S.L. (a, b); Sartre, J.P. (b, c); Schwarz, O.; Strauss, A ; Wallon H. (a);Young, P.T. (b).

APÉNDICE Psicología y niveles de integración*

Concebimos el nivel de integración como una organización particular que abarca un conjunto de objetivos y fenómenos, constituyendo una uni­dad que responde a las leyes particulares que le son inherentes y especí­ficas. En este sentido, el ser humano presenta evidentemente una organi­zación y una unidad muy particulares, que nos permiten admitir un nivel de integración específicamente humano.

Me interesa especialmente presentar, desarrollar y discutir esta última proposición. Doy por sentado que en ella se incluyen una cantidad de supuestos que no desarrollaré aquí, tal como el de la transformación de los niveles de integración como un movimiento dialéctico con características y leyes propias. Dejo también de lado las citas bibliográficas porque no pretendo una exposición rigurosa, sino la reflexión sobre estos problemas.

Debemos tener en cuenta que el hombre es el producto de una muy larga evolución, y sabemos que ella se ha producido sobrepasando niveles anteriores de organización que -por otra parte- siguen subsistiendo, como tales, en otros fenómenos y objetos de la realidad presente.

En un primer enfoque aproximativo al tema hemos construido un esquema del desarrollo evolutivo de los niveles de integración (ver fi­gura 27).

Si sometemos, sin embargo, este primer esquema -que nosotros mis­mos propusimos y aceptamos en otro momento— a una crítica más ajus­tada a los hechos, podemos considerar que, si bien el nivel biológico sigue una línea directa que tiene su punto de partida en el nivel fisicoquímico, no podemos sin embargo decir que entre los fenómenos psicológicos, sociológicos y axiológicos ocurra lo mismo y que ellos estén entre sí en la misma relación o en una relación equivalente a la que existe entre los nive­les fisicoquímico y biológico. Ahora nos resulta evidente que este esquema es simplista, inadecuado y exige una reforma o un ajuste.

* Aporte al Symposium "Niveles de integración y conducta", realizado en octu­bre de 1964, organizado por el Grupo Psicológico de Buenos Aires. Publicado en Acta psiquiát. psicol. Amér. Lat., 1967.13.

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Fig. 27.


El nivel biológico de integración presenta fenómenos peculiares y posee leyes que le son propias, distintas a las del nivel fisicoquímico. Este último se halla incorporado pero superado en el nivel de integración bioló­gico, de tal manera que si estudiamos únicamente los fenómenos físicos o químicos del organismo humano, estamos con toda seguridad descuidan­do, omitiendo o despreciando el nivel orgánico de integración. Podemos estudiar las modificaciones químicas que se producen en la contracción muscular, por ejemplo, de modo tal que desdeñemos el nivel de integración orgánico y nos concentremos únicamente en el fisicoquímico, o bien pode­mos hacerlo en función del primero, con lo que la química resulta una ciencia auxiliar de la biología.

Cuando estudiamos al ser humano, en el nivel de integración que él posee, tenemos en rigor que estudiar la vida humana; y esta proposición es válida, sea que la estudiemos en el individuo, el grupo, la institución o la comunidad, es decir, en los distintos ámbitos de la vida humana o en dis­tintos campos (escuela, fábrica, familia, etcétera). En este sentido, la psico­logía, la sociología y la axiología no estudian fenómenos que están entre sí en una relación de niveles tal como ocurre entre la biología y la fisico­química, de tal manera que las tres ciencias no están entre sí en una rela­ción de ciencias auxiliares sino de ciencias complementarias. De esta mane­ra, si se estudia —por ejemplo- sólo la sociología de la vida humana, de ello resulta, en todo caso, un estudio parcial, pero no se abandona el nivel propiamente humano como es el caso de la química en relación con la biología.

En este sentido, nuestra tesis es que los fenómenos psicológicos, socio-

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lógicos y axiológicos no constituyen tres niveles diferentes, sino una seg­mentación de la vida humana en tres parcelas que luego necesitamos reunir, integrar o sintetizar. La segunda tesis que proponemos es que estos fenómenos estudiados por la psicología, sociología y axiología correspon­den a un mismo nivel que podemos llamar el nivel humano de integración.

Los fenómenos psicológicos, sociológicos y axiológicos tienen entre sí una correspondencia que no consiste en la asimilación y superación dialéc­tica que caracteriza la relación entre los niveles de integración, por el simple hecho de que los fenómenos psicológicos, sociológicos y axiológi­cos no se presentan evolutivamente en momentos diferentes y sucesivos, sino al mismo tiempo y como coexistentes.

Con esto quedan resueltos además otros problemas, como el de la ubicación de otros fenómenos estudiados por otras ciencias. Tomemos el caso de economía. De ninguna manera podemos decir que los fenómenos económicos constituyen por sí mismos un nivel de integración de caracte­rísticas propias, aunque los fenómenos que ella estudia poseen peculiari­dades propias y responden a leyes que les son exclusivas y características.

Creemos, en este sentido, que no debe superponerse niveles de inte­gración con segmentos de una realidad única que constituye un nivel en su totalidad y no en cada uno de sus segmentos. Lo que caracteriza un nivel no es entonces solamente un conjunto de fenómenos organizados en una forma específica con sus leyes propias, sino también el hecho de que el estudio de ese nivel da cuenta de todos los fenómenos peculiares de ese nivel dado y que además, distintos niveles tienen entre sí un nexo de suce­sión en el tiempo durante el cual uno de los niveles ha dado lugar a la apa­rición del otro, por su transformación cualitativa.

Psicología, sociología, axiología, economía, no son entonces distin­tos niveles de integración del ser humano, sino distintos segmentos de una única realidad cuya totalidad es la que configura el nivel de integración. Estas cuatro ciencias se hallan entre sí en las mismas relaciones que las que existen dentro del nivel biológico entre, por ejemplo, la fisiología, la ana­tomía, la histología, etcétera, a condición de que este ejemplo no se ex­treme ni se tome como una rigurosa superposición.

Un nivel de integración es una totalidad organizada que posee una unidad con funciones y leyes peculiares a esa estructura dada; y esa unidad es la que impregna del mismo sentido a todas las ciencias incluidas en ese mismo nivel. La vida humana posee ese carácter de estructura organizada y unitaria, y nuestros estudios de la vida humana en distintas ciencias seg­mentan dicha realidad y dicha estructura en fragmentos que luego, a pos-teriori, tenemos que volver a integrar, sintetizar o unir. Si bien una estruc­tura o un nivel de integración tiene distintas subestructuras o distintas



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subunidades que pueden ser reconocidas entre sí, la unidad del sistema no puede volver a reencontrarse cuando los estudios de las subestructuras han perdido de vista esa totalidad y unidad concreta.

En función de todo esto, postulo que el desarrollo científico debe tender, no a desembocar en una unidad partiendo de segmentos, sino a partir de una unidad que dé sentido y permanente ubicación a cada seg­mento en el todo. Es posible que tengamos que unificar la terminología y, además, que esto último no se pueda lograr si no tenemos previamente la perspectiva total y unitaria del fenómeno.

Deseo aclarar que no postulo la desaparición -por ahora- de ciencias específicas que estudian cada una un segmento del mismo nivel, tales como la psicología o la sociología, por ejemplo, pero es seguro que tenemos que hacerlo gradualmente de otra manera. El hecho de que hayamos creído reconocer distintos niveles en lo que en realidad son segmentos de un mismo nivel (el nivel humano) no es una mera equivocación científica, sino un reflejo de una realidad más amplia: la de la tendencia al afianzamiento, en el conocimiento científico, de la alienación del ser humano que vive en una sociedad y una economía aÜenadas.

Sabemos que en este nivel de integración constituido por la vida humana, nuestra organización económica juega un rol fundamental en la determinación de otros fenómenos del mismo nivel, tales como los fenó­menos psicológicos, sociales, etcétera. Se plantea esta pregunta: en vista de este hecho tan básico, ¿no deberíamos reconocer en los fenómenos económicos un nivel peculiar del cual dependen otros fenómenos que cons­tituirían de esta manera otro nivel de integración? Mi respuesta es que no.

Una particular estructura u organización económica determina un tipo particular de organización social, de relaciones interpersonales, de creen­cias, de normas jurídicas, etcétera, pero la relación entre estas últimas y la economía no es una relación de distintos niveles, porque para esto último resulta imprescindible que un nivel evolutivo posterior incluya y supere al nivel anterior, lo cual no ocurre en este caso, sino más bien, todo lo con­trario: los fenómenos jurídicos, sociales, psicológicos, tienen la misma estructura que la economía que los sustenta. Están todos entre sí en una relación de interacción como subestructuras de un mismo nivel de integra­ción. Por otra parte, evolutivamente, los fenómenos de distintos niveles aparecen en distinto tiempo y cuando, por ejemplo, aparece el nivel bioló­gico, el que le antecede evolutivamente —el fisicoquímico— tiene de suyo una independencia previa y una existencia propia en sí misma. Tal cosa evidentemente no ocurre con la economía y los demás fenómenos enume­rados. La relación admitida entre infraestructuras y superestructuras califica adecuadamente estos fenómenos sin que sea necesario incurrir en



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el error de considerarlos como distintos niveles de integración. Las relacio­nes entre infraestructura y superestructura no son entonces las que existen entre dos niveles de integración, sino relaciones dinámicas entre subestruc­turas de un mismo nivel, en el cual algunas de ellas tienen un valor deter­minante privilegiado. Las subestructuras tienen entre sí una autonomía relativa mucho menor que la que tienen entre sí los niveles de integración, ya que como dijimos, por ejemplo, el nivel fisicoquímico tiene una existen­cia previa a la aparición del nivel biológico, mientras que la economía no tiene tal existencia previa e independiente de los fenómenos sociales o psicológicos. Cuando un movimiento revolucionario modifica la estructura económica de una sociedad, se modifican las superestructuras, y ello signi­fica que, como subestructura, la economía tiene en el sistema total un valor de tal magnitud que nos permite modificar —partiendo de él— las características de todo el nivel humano en su conjunto y en todas sus manifestaciones. Distintas estructuras económicas de distintos momentos históricos de la humanidad no representan tampoco distintos niveles de integración sino jerarquías o modos dentro del mismo nivel o dentro de una misma subestructura. Es posible que, en un momento dado, una modi­ficación histórica del porvenir resalte tan sustancial que nos permita reco­nocer un nuevo nivel, para el cual seguramente el actual resulte solamente un nivel subhumano de integración.

Hasta aquí no he considerado la biología en el nivel humano de inte­gración, y lo he hecho ex profeso porque considero que requiere algunas aclaraciones fundamentales. El nivel humano de integración no asienta sobre el nivel biológico de integración. No, por lo menos, si no aclaramos qué entendemos por biología en el sentido de un nivel de integración en sí mismo y por biología en cuanto subestructura del nivel humano de inte­gración.

La biología como ciencia ha tomado su encuadre de la biología en general y en especial de la biología animal. Pero la biología del hombre no es una biología animal. Si se la estudia y desarrolla como tal (y es lo que se ha hecho) estamos estudiando el ser humano no como ser humano sino como animal, lo cual significa estudiar un fenómeno, perteneciente a un nivel de integración dado, en otro que no le corresponde. La biología gene­ral y animal corresponde o configura un nivel de integración distinto del de la biología humana y para esta última, la primera es una ciencia auxiliar, pero no una ciencia fundante. Para el nivel humano de integración la biolo­gía animal es un nivel de integración anterior (evolutivamente) y distinto. La biología humana, para el nivel humano de integración, no es un nivel sino una ciencia que estudia un segmento del nivel humano, al igual que la psicología o la sociología, como ya lo hemos indicado.

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Que el hombre haya sido y siga siendo objeto de estudio de la psico­logía animal, no es tampoco un hecho casual, sino una lógica consecuencia de la vida animal de los seres humanos y de que no hemos llegado a tomar plena conciencia de nuestra condición humana ni a dirigir los fenómenos que nos saquen de la vida animal. Aquí tenemos otra vez actuando el fenó­meno de la alienación de una sociedad alienada.

Todavía no tenemos configurada una biología humana* (tampoco una medicina humana) sino, a lo sumo, los esbozos para la misma. La biología animal aplicada al ser humano estudia un ser humano abstracto, "depura­do" de la vida concreta y peculiarmente humana, y lo estudia como si el ser humano tuviese la misma vida que el animal en el mismo medio de la naturaleza y ocupando frente a esta última igual posición vital, haciendo abstracción del medio social que es el medio "natural" del ser humano. Esto —como hemos dicho— resulta como lógica consecuencia de que los seres humanos, como especie, nos vemos enfrentados a premuras y peligros de la misma cualidad que los animales frente a la naturaleza: el hambre, la desnutrición, la falta de seguridad, carencia de elementos y organiza­ciones para cubrir necesidades primarias.

La vida del ser humano constituye en su totalidad un nivel de integra­ción totalmente diferente al nivel biológico, aun si consideramos el nivel humano en sus aspectos biológicos. La biología humana es distinta de la animal. En este sentido, la continuidad evolutiva entre los niveles bioló­gico y humano de integración no tiene la misma secuencia evolutiva que existe entre los niveles fisicoquímicos y biológicos. La vida humana intro­duce una verdadera fractura en la evolución (aunque esta evolución se haya cumplido también gradualmente), y esta fractura está dada por la aparición del hombre como ser social.

De esta manera, creemos que hacemos más exacto y riguroso nuestro esquema de los niveles evolutivos si los representamos así (ver fig. 28).

Si bien todos los fenómenos del nivel humano, que son estudiados por distintas ciencias, resultan solidarios y dinámicamente interactuantes dentro de la estructura unitaria, debemos sin embargo observar que hemos señalado la especial significación de una subestructura, la económica, para la cual hemos aceptado la denominación ya afianzada de infraestructura. De la misma manera, no podemos jerarquizar todas las superestructuras como equivalentemente significativas en la dinámica de la totalidad. Entre estas últimas hay también diferencias entre los fenómenos psicológicos o sociales por un lado y los fenómenos jurídicos, por ejemplo, por otro. La

* Es posible que el camino hacia una biología humana esté ya abierto gracias a la reflexología.



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diferencia reside en que, dentro del mismo nivel de integración, los fenó­menos psicológicos y sociales son más básicos, constituyendo los fenóme­nos jurídicos una subestructura (superestructura) dependiente, en tanto que no es correcto postular lo inverso.

En este sentido, quisiera aclarar mejor todavía las relaciones de las tres subestructuras más significativas: economía, psicología y sociología, dentro del nivel humano de integración.



He dicho que las relaciones entre ellas no son relaciones de niveles de integración, sino de subestructuras de cierta significación relevante en el sistema total. En este sentido, expresé que un nivel procede del otro evolutivamente por transformación del anterior. He dicho también que cuando transformamos la economía transformamos todos los demás fenó-

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mismo. Ello sólo puede derivar de la totalidad y la unidad del nivel hu­mano de integración.

La psicología sólo puede ser, o debe ser, como ciencia, el conjunto de conocimientos que nos permitan conocer y actuar sobre la vida humana y sobre el agente de la misma: el ser humano. El gran déficit de la psicología como ciencia, reside precisamente en que se parte del ser humano como ente aislado y no como ser social; sus problemas resultan de enfocar al ser humano en forma abstracta y no en las situaciones concretas de su vida humana. Consideramos totalmente válidas, en este sentido, las proposi­ciones de Politzer, quien, estudiando los supuestos de la psicología tradi­cional, concluye en que los mismos incluyen tres operaciones de carácter idealista: el realismo, la abstracción y el formalismo.

Si, como afirmamos, la psicología no es un nivel de integración parti­cular sino una subestructura del nivel humano de integración, esto último no debe sin embargo ser entendido como una parcela dentro de la totali­dad, sino como subestructuras que se interpenetran de tal manera que la psicología interviene en todos los sectores y en todas las dimensiones en que se desenvuelve la vida humana, tanto en relación con la vida económica como con los valores éticos, ya se trate de la vida privada, de la vida públi­ca o del trabajo en la fábrica o en la escuela. La psicología abarca todos los fenómenos de la vida humana, tanto como los abarcan de igual manera la biología (humana), la sociología o la economía. La totalidad de las sub­estructuras del nivel humano de integración está presente en cada uno de los sectores o de las dimensiones de la vida humana. Más que un sector de fenómenos, cada una de estas ciencias abarca una jerarquía de fenómenos, y con la palabra jerarquía nos referimos a las distintas estratificaciones o subestructuras del mismo nivel de integración.

El estudio del hombre aislado y abstracto condujo a la psicología a dos supuestos erróneos: uno de ellos es el estudio molecular de las mani­festaciones humanas y el otro es el de "realizar" o "cosificar" los fenó­menos humanos en una entidad de existencia independiente: la vida in­terior.

El estudio molecular de las manifestaciones humanas deriva de una tradición elementalista, que a su vez se apoya en la trasposición o la reduc­ción del ser humano al nivel de integración biológico, en el que interesa la acción de estímulos naturales como la luz, el calor, etcétera. En el enfoque molecular se estudia cada reacción en sí misma y no en el contexto del nivel humano en el que dichas reacciones aparecen. No es mi propósito extenderme detalladamente sobre las variaciones de las distintas escuelas al respecto; me interesan ahora sólo los lincamientos más generales. Este estado de cosas se modifica si entendemos las manifestaciones del ser hu-



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mano como unidades significativas; el conjunto de esas manifestaciones que integran una unidad significativa es lo que llamamos conducta molar. En este sentido, la totalidad de los procesos elementales que intervienen en un comportamiento no nos interesan ni corresponden a la psicología. Para nosotros la psicología se ocupa de todas las manifestaciones del ser huma­no en cuanto significativas de la vida o -como lo expresó Politzer— de la dramática humana.

La asimilación del significado del comportamiento a la "causación mental" del mismo y la afirmación de la "vida interior" como determinan­te de todas las actividades de los seres humanos derivan del hecho de que el hombre tiene una representación simbólica de una parte de su comporta­miento y cierta conciencia de su significado. Tal situación se relaciona, por supuesto, con la tradición animista o religiosa de la vida interior, que es herencia de la idea de alma o espíritu del mito y la religión. El significado, sea o no asimilado como sentido, en forma simbóÜca y consciente, por el ser humano, es siempre un significado de la situación total concreta.

La preponderancia que se adjudicó a estos fenómenos mentales, abo­nada por la fuerza de las tradiciones religiosas y mitológicas, determinó que se asimilara como totalmente equivalentes el fenómeno psicológico y el fenómeno mental. Dejando de lado el hecho de que el sentido que un sujeto dado, o una clase social, asimila como conciencia de su comporta­miento puede ser un producto muy distorsionado del significado que real­mente tiene dicho comportamiento, debemos extender el carácter de fenó­meno psicológico a todo comportamiento humano y no sólo a los fenóme­nos mentales. La psicología no se ocupa del segmento de los fenómenos psicológicos sino de la totalidad de la vida humana en la que siempre exis­ten fenómenos psicológicos.

Las manifestaciones del ser humano se pueden sistematizar entre áreas que, por supuesto, son áreas de fenómenos y no entes productores de los mismos; esas tres áreas son: mente, cuerpo y mundo externo (E. Pichón Ri viere).

Para que una manifestación corporal sea psicológica o para que una acción en el mundo externo sea psicológica, no se requiere de ninguna manera que el fenómeno haya sido previamente mental y desde allí se "transforme" en "manifestación" corporal o en actividad. Estas últimas son también siempre psicológicas porque tienen siempre un significado: el del contexto o de la situación en el cual se manifiesta o aparece.

El cuerpo humano no es el cuerpo animal, sino que está siempre fun­cionando y está siempre estructurado en un contexto social y en experien­cias definidas con la realidad social, de tal manera que el cuerpo humano es siempre también psicológico en todas sus manifestaciones, y ello ocurre



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originariamente y no porque el fenómeno mental se haya "convertido" misteriosamente en fenómeno corporal.

Estas experiencias que se acumulan u ordenan de una manera parti­cular son las que estructuran la personalidad del ser humano. De esta manera, la psicología se atiene al significado humano de las experiencias humanas, relacionadas siempre indefectiblemente con una vida de relación con otros seres humanos en determinadas organizaciones y actividades de la realidad concreta en que se sucede y desarrolla la vida de los seres hu­manos. Por esta misma razón, el estudio psicológico no agota el fenómeno humano ni da cuenta de la totalidad del nivel humano de integración y requiere siempre su ubicación teórica y práctica en la totalidad de ese nivel humano.

Soy de los que creen que progresivamente debemos y podremos ir estructurando categorías y conceptos científicos más integrados y unita­rios, que nos permitan superar el parcelamiento de la unidad del nivel de integración humano en subestructuras que dependen cada una, por ahora, de una ciencia especial. En este sentido, es posible que los fenómenos de aÜenación y participación nos permitan, en la medida en que los resolva­mos y superemos en la realidad de nuestra vida concreta, elaborar esa com­prensión unitaria y total de la que ahora carecemos, tanto en la ciencia como en nuestra vida real y concreta.

Sin embargo, podemos en cierta medida recuperar la unidad del cono­cimiento del nivel humano integrando a posteriori nuestros conocimientos, y para ello tenemos también ineludiblemente que forzarnos a no perder de vista el sentido de la totalidad y la unidad del nivel humano de integra­ción en el dominio de la investigación de cada ciencia particular. Pero podemos algo más: anticipar en todo lo posible la asimilación consciente de ese sentido humano y unitario, contribuyendo con ello a que dicha recuperación se logre también en nuestra vida concreta y diaria.




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