Psicologia de la conducta jose bleger



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Psicología y filosofía

1. Ciencia y filosofía

Entre ciencia y filosofía han existido y siguen existiendo muy estre­chas relaciones; al igual que todas las ciencias, la psicología procede tam­bién de la filosofía, de la cual se ha separado e integrado progresivamente como campo científico; en cierta medida, delimitado. La preocupación por los temas que conciernen a la psicología ha ocupado, y sigue ocupando, un lugar muy relevante en la filosofía.

Sin embargo, lo más importante no es en sí la posible o frecuente superposición de temas o intereses, sino el problema del método con el cual cada una aborda los fenómenos que investiga.

La difundida desconfianza del científico hacia la filosofía e, inclusive, su desdén por la misma, se justifica históricamente en cuanto, para cons­truir y elaborar el conocimiento científico, hubo necesidad de luchar y dejar de lado la especulación y la religión, para atenerse estrictamente al método científico y al rigor empírico; dejando de lado la abstracción "pura" es como, en realidad, se fundamentóla ciencia.

Pero esta actitud ya no se justifica, por varios motivos. Uno de ellos es el desarrollo de la filosofía en direcciones que de ninguna manera obs­truyen la investigación científica, sino que la completan y le dan mayor profundidad, lucidez y vigor. Un segundo motivo es que el desarrollo mismo de la ciencia ha contribuido a que la filosofía, en alguna de sus direcciones, haya sufrido profundamente su influjo. Y una tercera razón es que en el comienzo y en el final de toda ciencia está la filosofía; con el agregado de que no sólo en sus extremos (si los hay), sino que también todo el conocimiento científico asienta sobre supuestos y categorías con­ceptuales cuya elucidación pertenece a la filosofía, aunque cada vez más frecuentemente tiendan a discutirla los mismos científicos. Y no sólo el conocimiento científico, sino también todo saber ingenuo, implica nece­sariamente la filosofía.

El abismo y oposición entre filosofía y ciencia ha cedido en muchos aspectos, no sólo con una gradual incorporación de la filosofía por los

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científicos, sino también por un replanteo de toda la filosofía. En la actua­lidad es dable exigir del filósofo una buena preparación teórico-práctica, por lo menos en un campo científico, y se hace imprescindible exigir al hombre de ciencia una buena preparación filosófica, por lo menos en dia­léctica y epistemología.

La interpretación de las distintas disciplinas —el estudio interdiscipli­nario- abre posibilidades fecundas para todos los campos de investigación, y especialmente cumple este anhelo la ciencia de la ciencia, es decir, el estudio científico y filosófico de la ciencia misma.

Podemos decir que no hay psicología sin filosofía. Pero la psicología no es filosofía. La psicología es un campo particular que no se esfuma dentro de la filosofía, aun con las estrechas relaciones que guarda con ella. La ciencia, por sus propias limitaciones metodológicas, estudia proble­mas concretos y accesibles a la investigación. La biología —por ejemplo-estudia los seres vivos o los fenómenos de la vida, pero esta definición, sin embargo, no delimita el alcance del objeto de la biología; a ésta como ciencia le incumbe estudiar fenómenos concretos: la función respiratoria, digestiva, etcétera; pero muchos grandes problemas vinculados a la vida no le conciernen a la biología como tal, a saber, la definición estricta y ajus­tada de lo que es el fenómeno vital, el sentido de la vida, los valores en la vida, etcétera. Todo esto pertenece a la filosofía en mucho mayor grado, aunque dicha investigación filosófica se realice a continuación o teniendo en cuenta los datos de carácter científico de la biología. A su vez, ésta como ciencia trabaja en los fenómenos concretos con implicaciones muy estrechamente vinculadas a la investigación filosófica.

La psicología como ciencia debe estudiar fenómenos concretos. La definición de la psicología como ciencia que estudia los fenómenos psí­quicos o el alma dice tanto como la definición de la biología como estudio de las fuerzas vitales, o aun menos. Estas son derivaciones generalizadas y abstractas que corresponden estrictamente a la filosofía; en el campo cien­tífico, el biólogo estudia concretamente la contracción de un músculo o el ritmo del corazón o la oxigenación del tejido. El psicólogo -en cuanto científico- aborda problemas concretos con métodos científicos y sus esquemas conceptuales, si bien deben ser generalizadores, no por ello deben diluir lo concreto en un abstracto inexistente; todas las definicio­nes y todos los postulados, hipótesis y teorías en el campo psicológico deben referirse a los fenómenos estudiados y no a inferencias de carácter metafísico que se transforman en entes reales, de los cuales, a su vez, se hace depender los fenómenos.

El psicólogo, como todo científico, tiene derecho y necesidad de entrar en teorías generalizadoras muy amplias, tanto como en el campo de



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la especulación, pero en este último caso tiene la obligación de conocer cuándo ha trascendido el límite de los datos, que se puede verificar y no conceder el mismo valor a los datos extraídos con la metodología cientí­fica y las inferencias que la rebasan. Debe además, en todo lo posible, reco­nocer los supuestos con los cuales está trabajando.

2. Materialismo e idealismo

En todos los campos científicos tanto como en la filosofía, el proble­ma idealismo o materialismo es fundamental y aunque no se lo explicite o defina, está implicado en toda tarea de investigación y —por lo tanto— también en psicología.

La relación y la primacía que se establece entre sujeto y objeto, imá­genes y pensamiento por un lado y la realidad por otro, entre espíritu y materia, definen en un sentido al idealismo y en el otro al materialismo. Pero no se trata solamente de dos posiciones filosóficas, sino de dos posi­ciones ideológicas y políticas; el idealismo está ligado con todas las fuerzas que tienden a mantener un status social, económico y político, y es el producto de ellas, mientras que el materialismo es la ideología de todas las fuerzas renovadoras, de todo lo que incrementa y posibilita el poder del hombre sobre la naturaleza y sobre la propia organización social.

Materialismo e idealismo son las tendencias finales del pensamiento filosófico y científico de todas las épocas. El materialismo floreció, en pri­mer término, entre los escolásticos ingleses, especialmente con Bacon, y su primera formulación fue la de los nominalistas. Realismo y nominalis­mo fueron las dos tendencias principales de la escolástica y se correspon­den, respectivamente, con el idealismo y el materialismo. Para los nomi­nalistas (Duns Scot, Guillermo Occam), las nociones generales no existen antes que las cosas, únicamente existen el individuo y lo individual, mien­tras que los conceptos generales existen sólo de nombre y designan reunio­nes de individuos. Para los realistas (Anselmo de Canterbury, Tomás de Aquino), lo que existe son los universales.

Debemos desde ya descartar una posición vulgar y peyorativa que resulta de la extensión al lenguaje filosófico de acepciones que pertenecen a otro orden de cosas, y que consiste en llamar materialista al sujeto al que sólo le interesa gozar de la vida y de los placeres, despreocupándose y des­cartando los valores espirituales (confusión en la que ya históricamente se incurrió con el epicureismo), y en designar como idealista a la persona noble, generosa, elevada, sacrificada. Son acepciones que nada tienen que

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ver con el distingo filosófico que estudiamos; un materialista filosófico puede ser un idealista en su acepción vulgar, y viceversa.

La oposición materialismo-idealismo se plantea tanto en el campo gnoseológico (en la teoría del conocimiento) como en el ontológjco (estu­dio de los entes), pero hay un vínculo tan estrecho entre ambos que con gran frecuencia se superponen o correlacionan muy estrechamente, razón por la cual serán expuestos sin mayores distingos; se puede decir que la relación sujeto-objeto pertenece a la gnoseología, mientras que las relacio­nes entre materia, vida y mente corresponden a la ontología.

3. Idealismo

El idealismo ha guardado y sigue guardando muy estrechos vínculos con la religión; se caracteriza fundamentalmente por conceder prioridad al espíritu sobre la materia, al sujeto sobre el objeto, al pensamiento y la con­ciencia sobre los objetos del mundo externo. Implica, por lo menos, algu­no de los siguientes planteos:

1) Incluir fuerzas y entidades ajenas al propio curso de los fenómenos naturales, como es el caso, por ejemplo, de las siguientes afirmaciones: a) que Dios hizo y gobierna el mundo; b) el mundo deriva de la transfor­mación (alienación) de un espíritu absoluto (posición del idealismo obje­tivo de Hegel); c) el espíritu gobierna la materia.

2) Partir de los procesos psíquicos para explicar todos los otros fenó­menos y hechos, como por ejemplo: a) que el mundo sólo existe en nues­tra conciencia; cuya posición extrema está dada en Berkeley y Fichte, en el idealismo subjetivo (solipsismo); b) las cosas son según las ideas que de ellas tenemos; c) las ideas gobiernan el mundo; d) la bondad y la maldad explican nuestra conducta como seres humanos, y nuestra organización social.

3) Trasladar o realizar una trasposición de leyes y categorías corres­pondientes a un campo científico particular, a otro nivel de integración de los fenómenos, como por ejemplo: a) aplicar las leyes de la fisicoquímica y sus categorías conceptuales a los fenómenos biológicos, psicológicos y sociales (físico-quimismo, energetismo), como es el caso de explicar las relaciones sociales recurriendo a la atracción y repulsión de electrones; b) aplicación de las leyes del movimiento mecánico a los fenómenos de orden biológico, psicológico y social (mecanicismo); c) aplicar las leyes de la materia viva al fenómeno social (organicismo).



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4. Materialismo

Sustenta la prioridad o bien la existencia exclusiva de la materia. La posición materialista no se superpone, estrictamente, con el conocimiento que en un momento dado se tenga de la materia en el terreno científico y no se invalida, como posición filosófica, cuando dicho conocimiento se modifica o profundiza. De esta manera, el materialismo es tan válido, por ejemplo, dentro de la física moderna, como lo es en la física clásica, aunque el conocimiento sobre la estructura de la materia sea distinto en una y en otra. La concepción materialista significa concebir la naturaleza tal como es o, mejor dicho, concebir el mundo y todos sus fenómenos tal como son.

La definición del materialismo filosófico, tanto como la de la materia, sigue siendo un problema difícil, y se oscila entre acepciones muy amplias y muy estrechas. La definición de Engels, que es la que más arriba hemos tomado como base, enuncia que "la concepción materialista del mu^do significa simplemente la concepción de la naturaleza tal como es, sin ningún elemento extraño", y para Lenin "la única propiedad de la materia cuya admisión define el materialismo filosófico es la de ser una realidad objetiva, de existir fuera de nuestra conciencia".

El materialismo filosófico más evolucionado no sólo incorpora como hecho material a la materia en su sentido usual, o como hecho natural, sino que fenómenos que no forman parte estrictamente de la naturaleza también se incluyen como fenómenos materiales (las instituciones sociales, la estructura económica, etcétera). Se superpone, en gran medida, el con­cepto de materia con el de hechos, sucesos y fenómenos reales, tales como ocurren o se dan. Aunque el materialismo incluye posiciones muy diver­gentes, en su acepción más general incluye o sustenta las siguientes afirma­ciones:

1) Entre materia y espíritu, la materia es lo primordial.

2) Afirma la existencia de un mundo objetivo, externo, que existe independientemente de que sea percibido o no.

3) Entre sujeto y objeto, el objeto es lo fundamental y es el que pro­mueve las imágenes, pensamientos.

4) Todos los fenómenos son interdependientes y constituyen mani­festaciones de distintas formas de organización de la materia; se descarta la inclusión de lo extranatural o sobrenatural.



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5. Metafísica y dialéctica

Tanto el idealismo como el materialismo puede ser metafísico o dialéctico, y ello depende de que utilicen uno u otro de estos métodos. Por metafísica se entiende comúnmente un conjunto de afirmaciones y razonamientos estériles, apartados de la realidad, de los hechos y de la práctica. No es a esto precisamente a lo que queremos referirnos aquí, porque esto puede ser uno de los resultados del método metafísico y no debemos confundir método con resultados. Inclusive, en el curso del desa­rrollo del conocimiento científico y filosófico, el pensamiento (método) metafísico fue ineludible. Una de sus características es que considera las cosas y los fenómenos como aislados, independientes, constituidos en uni­dades en sí mismos, perdiéndose la captación de las relaciones y acciones recíprocas. Este aislamiento se relaciona muy estrechamente con la concepción de los objetos como inmóviles, fijos; el movimiento y el cambio sólo se admiten como traslación en el espacio. Aislamiento e inmo­vilidad guardan estrecha relación con el principio de identidad en el que cada cosa es lo que es y no puede ser ni devenir lo contrario ni otra cosa; de esta manera, la división y separación entre objetos y categorías opues­tas es totalmente infranqueable y excluyente. El instrumento metafísico por excelencia es la lógica formal.

El método dialéctico significó primitivamente el arte o la ciencia de la discusión, pero su desarrollo actual no tiene ya ninguna relación con sus características originales. Florece con Hegel y posteriormente con Marx y Engels, quienes la retoman para reelaborarla sobre la concepción mate­rialista. Independientemente de! pensamiento marxista, la dialéctica es en la actualidad aplicada y desarrollada por distintos autores, entre los que se cuenta, entre otros, como un promotor a M. Gonseth, con la revista Dia­léctica.

En oposición al método metafísico, la dialéctica considera todos los fenómenos en estrecha relación e interacción y, por lo tanto, estudia en primer lugar el proceso, en el cual el movimiento no es una simple trasla­ción en el espacio, sino un cambio interno, una transformación. El proceso de interrelación y cambio hace que la unidad e identidad de cada objeto sea considerada de manera distinta que en el método metafísico, porque en cada objeto, en su unidad, hay un proceso de movimiento y cambio interno, dado por una lucha de contrarios, de tal manera que la unidad implica siempre la existencia de contradicciones y lucha en su seno, lucha que pasa por momentos y grados distintos y en la cual las contradicciones se resuelven en una síntesis superior, pero originando ya en el curso de la síntesis los gérmenes de una nueva contradicción.

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Método metafísico

Método dialéctico

a) Estudia los fenómenos y objetos a) en forma aislada.

b) Cada objeto es fijo e invariable. b)

c) Admite el movimiento como tras- c) lación en el espacio.

d) No se admite la contradicción. d)

Los estudia en su permanente in­terdependencia y acción recíproca. Todo está en cambio y movimiento. El movimiento es interno y trans­formador.

La contradicción es el núcleo de todo lo que existe.

La dialéctica supera el método metafísico pero no lo elimina, sino que lo contiene, superándolo. El método metafísico, dentro del proceso dia­léctico, sólo estudia o considera momentos del proceso. La limitación de la metafísica estriba en tomar cada momento como totalidad en sí.

Si relacionamos ahora la concepción materialista e idealista con los métodos metafísico y dialéctico, tendremos la existencia de:

6. Materialismo mecanicista o metafísico y materialismo dialéctico

En cuanto a los fundamentos generales del materialismo, distintas corrientes se atienen a él, y esto debe ser subrayado por cuanto, con gran frecuencia, al hablar de materialismo se hace referencia a las caracterís­ticas del materialismo mecanicista, ignorando otras posiciones. El mate­rialismo tiene también un desarrollo histórico, y si bien el materialismo mecanicista supera a todos los existentes antes de él, queda a su vez supe­rado por el materialismo dialéctico; por eso, al ignorar a este último, se incurre en una gravísima omisión.

El materialismo mecanicista aplica a los fenómenos vitales y espiri­tuales las leyes y modelos del mundo mecánico o, mejor dicho, los reduce a fenómenos mecánicos, físicos y químicos. Otra de sus características o limitaciones fundamentales estriba en que el ser humano está tomado



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como ser natural, sin tomar en consideración su condición de ser social. Por eso el materialismo mecanicista desemboca, en cuanto a su considera­ción del fenómeno psicológico y social, necesariamente en el idealismo. La corriente denominada naturalismo es equivalente al materialismo meca­nicista.

El materialismo dialéctico abarca en forma unitaria la totalidad de los fenómenos, mediante leyes generales, que se aplican en forma específica en cada nivel de integración. Sostiene la unidad de todo lo existente en una permanente interdependencia, de tal manera que no hay hechos aislados y la influencia que se da entre ellos es una permanente acción recíproca; el movimiento es la manera de existir de la materia pero, además este movi­miento no es mecánico, mera traslación en el espacio, sino un movimiento en la estructura misma de lo existente, de tal manera que todo cambia y se transforma, nada es estático, y el movimiento resulta creador, da lugar a la aparición de nuevos fenómenos y nuevos niveles de integración. Este movi­miento es el movimiento dialéctico, que existe como permanente lucha de contrarios dentro de la unidad. La conciencia y el pensamiento no se explican por un agrupamiento de moléculas o reflejos, sino que ubicando al individuo como ser social, resulta un ser de una naturaleza distinta: una naturaleza humana. El materialismo dialéctico integra la historia de la naturaleza con la historia social o, dicho de otra forma, integra naturaleza y cultura.

Se denomina materialismo histórico a la aplicación del materialismo dialéctico a los fenómenos histórico-sociales o a la historia de las socieda-de humanas. Los hombres estructuran la sociedad en determinadas condi­ciones económicas y políticas, y la estructura social adquiere cierta autonomía, respondiendo a leyes propias, y estructurando a su vez las rela­ciones entre los seres humanos, y a los seres humanos mismos. Una infraes­tructura socio-económica, dada por las relaciones reales entre las fuerzas de producción y las condiciones de producción, es la base sobre la que se construye la superestructura, integrada por las instituciones políticas y jurídicas, las artes y las letras, cuanto por las normas e ideologías y las características psicológicas de los seres humanos. A distintas infraestruc­turas corresponden diferentes superestructuras. Estas últimas, a su vez, actúan por acción recíproca sobre la infraestructura, y este momento es el que toma una de las formas del idealismo para sostener, por ejemplo, que las ideas de los hombres son las que determinan la organización social.

Por otra parte, al evitar este momento idealista algunos expositores del materialismo histórico caen en el mecanicismo, reduciéndose a un eco-nomismo grosero, en que se toman solamente las condiciones económicas como determinantes únicas y directas de toda la superestructura. El mate-

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rialismo mecanicista, en el orden de los fenómenos sociales y psicológicos, desemboca siempre en el idealismo, ya que por su insuficiencia conceptual desconoce el papel de los factores específicamente sociales en la determi­nación de las estructuras psicológicas.

Materialismo mecanicista o metafisico

a) El hombre conoce el mundo por los sentidos.

b) El hombre sólo conoce el mundo sensible.

c) Los fenómenos vitales psicológicos se reducen a fenómenos mecáni­cos, físicos y químicos.

d) El movimiento es en el espacio.

e) El mundo se transforma en una su­cesión de causa y efecto.

f) La conciencia humana es determi­nada por la estructura biológica. Otras veces, incluye a (g).

g) La estructura social determina la vida de los seres humanos.

h) El movimiento se produce por fuerzas exteriores al fenómeno.

Materialismo dialéctico

a) El hombre conoce el mundo no só­lo sintiéndolo, sino actuando sobre él y "dejándose actuar" por él.

b) El mundo sensible es el mundo real y el único existente.

c) Los fenómenos vitales y psicológi­cos son de un orden particular, dife­rente del de los fenómenos físico-químicos.

d) El movimiento es interno.

e) Todo está sujeto a un cambio dia­léctico a través de contradicciones.

f) Además, su contenido específico está determinado por la vida real de los seres humanos.

g) Además, las normas y caracterís­ticas psicológicas reactúan sobre el contexto y la estructura social.

h) Todo está en constante movimien­to y cambio. La fuerza no es exte­rior ni independiente.

El materialismo dialéctico supera al materialismo mecanicista, resolviendo sus limitaciones y sus supuestos idealistas; no eliminándolo de hecho, sino continuán­dolo dialécticamente.

El materialismo dialéctico es un instrumento, un método, tanto como una concepción total del universo elaborada con ese método. La dialéc­tica es el movimiento real que cumplen todos los fenómenos y es el méto­do con el cual reflejamos dicho movimiento real. Pero la dialéctica como método sólo puede ser utilizada por un pensamiento dialéctico, que tolera y admite las contradicciones para resolverlas, que no las niega ni las supri­me, sino que las sufre y las integra.

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7. Monismo-dualismo

En nuestro conocimiento de los fenómenos, tomamos conciencia de que existen objetos físicos, inanimados; que, por otra parte, hay seres vivos; y en tercer lugar, que algunos de esos seres vivos presentan manifes­taciones mentales o espirituales. Se puede, pues, adscribir los fenómenos a tres tipos o modalidades de existentes: materia, vida y espíritu o mente. De la combinación genética de estos tres, surgen posiciones filosóficas muy variadas que repercuten en toda la psicología y, en general, en todas las ciencias.

Triísmo: Son todas las posiciones que afirman la no existencia de nin­gún nexo genético entre materia, vida y espíritu. Cada uno de ellos consti­tuye un fenómeno peculiar que responde a esencias totalmente indepen­dientes entre sí y absolutamente no transformables una en otra. Es una posición idealista que, prácticamente, no configura una posición filosófica actual vigente.

Monismo: Se llama así toda posición que reduce genéticamente todos los fenómenos, en última instancia, a una sola unidad fundamental, a la materia o al espíritu o a algún equivalente de este último. De ahí, dos tipos de monismo: uno materialista y otro idealista.

Monismo materialista: Afirma que tanto la vida como las manifesta­ciones mentales o espirituales no dependen de entidades especiales propias, sino que son cualidades que emergen o derivan de una alta y más perfecta organización de la materia y que ésta es —en última instancia— la misma para todos los tipos de fenómenos.

El único monismo materialista consecuente es el materialismo dialéc­tico que se debe distinguir del materialismo mecanicista o metafísico.



Monismo idealista: Es la posición filosófica y científica que sustenta que el origen último de todos los fenómenos y de tocio lo existente es un algo ajeno o distinto a la materia o la naturaleza. Se incluyen en él:

a) Las religiones.

b) El idealismo subjetivo (solipsismo) de Fichte y de Berkeley.

c) El idealismo objetivo de Hegel (espíritu absoluto).

d) Espiritualismo: afirma que el espíritu existe como realidad distin­ta de la materia, a la que anima y dirige; está muy relacionado con los sis­temas religiosos.

e) Animismo: atribuye a todos los objetos dé la naturaleza la pose­sión de un alma y de una sensibilidad correspondiente, análoga a la que el ser humano percibe en sí mismo; forma la base del espiritualismo. Por otro lado, conduce al fetichismo; en que se atribuye a los objetos fuerzas ocul-



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tas y poderes sobrenaturales. Hilozoísmo es la doctrina según la cual la vida y la sensibilidad son inherentes a todas las cosas de la naturaleza, y aun con su estrecha relación con el animismo, puede o no reconocer que ello es resultado de la existencia del alma.

0 Vitalismo: postula la existencia original de una fuerza o principio vital, dado que considera que ninguna organización de la materia inanima­da puede hacer que ella adquiera vida por sí misma. Postulada, entre otros, por Driesch y von Uexküll.

g) Energetismo: deriva todo lo existente de una energía que es ante­rior e independiente de la materia y de característica o naturaleza distin­ta de la misma. Uno de sus representantes fue Ostwald y, en el campo de la psicología, pertenece al energetismo, parcialmente, la concepción de Freud y la de Jung. Spearman postula también una energía mental cuya medida es el factor "g".

h) Monismo neutral: nombre dado por E. Sheffer a la posición que acepta la existencia de mente y materia, pero ambas como estructuras deri­vadas de una sustancia más primitiva que no es ni mental ni material. B. Russell sostiene, en este sentido, que los materiales del mundo no son ni mentales ni físicos, sino sucesos neutrales que pueden ser ordenados de distintas maneras; afirma que puede ser científicamente más provechoso distinguir sucesos físicos y mentales por los sistemas de relaciones a los cuales pertenecen con preferencia, que distinguir clases de hechos o cosas. Esta es la teoría del "doble aspecto" de Stout, que sostiene que todo fenómeno de la vida humana tiene dos aspectos, uno físico y otro mental.



Dualismo: Se denomina así a toda posición filosófica que reduce los fenómenos a dos tipos de sustancias o entidades últimas que, según los sistemas, pueden o no intercambiarse entre sí, pero que no pueden trans­formarse el uno en el otro. Todas las posiciones dualistas desde el punto de vista ontologico, son idealistas de una u otra manera o en un momento dado. Tienen tres variantes fundamentales:

a) Reconocimiento de la materia por un lado, mientras se hace depen­der, por otro, los fenómenos vitales y espirituales de un principio vital.

b) Similar a la anterior, con la modificación de que en lugar de un principio vital, postula la existencia del alma o espíritu.

c) Acepta que la vida también depende de la materia, pero los fenó­menos mentales son totalmente independientes y distintos porque depen­den de la existencia del alma o del espíritu.

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Cuadro sinóptico



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Interaccionismo: una forma de dualismo desarrollada por Locke, en la que cuerpo y espíritu son principios diferentes, cada uno de los cuales actuaría sobre el otro.

Epifenomenalismo: transacción idealista del dualismo que consiste en afirmar que la conciencia es un producto colateral o accesorio de los procesos orgánicos o nerviosos, pero que no ejerce además ninguna influen­cia sobre el proceso básico; algo así como la sombra con respecto al cuerpo o el ruido con respecto al motor que lo produce. En síntesis, el cuerpo influye sobre el espíritu, pero no a la inversa. Sostenido, entre otros, por T.H. Huxley.

Paralelismo: es la posición que en una época se conoció como Ocasio­nalismo. Es una forma de dualismo, que trata de conciliar o establecer un acuerdo entre cuerpo y alma o fenómenos orgánicos y psíquicos, sin la aceptación de una acción recíproca. A ella pertenece la concepción de la armonía preestablecida de Leibniz, en la que se admite cuerpo y alma como dos sustancias distintas entre las cuales no hay ningún nexo, pero que funcionan como dos relojes que indican la misma hora pero sin influir el uno sobre el otro. Fechner modificó esta hipótesis, emitiendo la opinión monista de que los dos relojes no son más que uno solo, porque alma y materia son como la cara cóncava y convexa de un mismo cristal; esta última ya no perte­nece al dualismo, sino a una teoría del doble aspecto (Monismo neutral).

El paralelismo, concebido como lo hacía Leibniz, pertenece práctica­mente a la historia de la filosofía y la psicología. En la actualidad, hay ciertas discrepancias entre los autores que definen o se deciden por la posi­ción parale lista. Larguier des Bancels da como característico el postular que todo hecho de conciencia posee una concomitante cerebral; posición que coincide con la de Murray, quien se define como paralelista y dice que a cada término psicológico corresponde una variable física hipotética. Difieren con la concepción de Mach, para quien estos supuestos anterio­res, de que a cada fenómeno psíquico corresponde otro físico, son rebasa­dos por el principio del paralelismo porque éste niega, además, toda solu­ción de continuidad entre el dominio psíquico y el físico. Viqueira define el paralelismo psicofísico como la negación de toda relación causal entre lo físico y lo psíquico, afirmando una mera coexistencia. Creemos que esta última es la que mejor caracteriza lo fundamental del paralelismo. Schil-der caracteriza el paralelismo de una manera que corresponde mejor al epifenomenalismo, porque dice que "lo decisivo y actuante no es lo que yo vivo psíquicamente como decisión, sino aquellos procesos que trans­curren paralelamente en el organismo, simultáneamente a aquélla. Todo transcurriría idénticamente, aunque lo quimicofísico se verificara sin con­ciencia alguna"; admite dos alternativas en el paralelismo: una, la de que



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todo suceder fisicoquímico se acompaña de conciencia, y otra, la de que sólo procesos fisicoquímicos de determinada complejidad van acompaña­dos de conciencia.

Flournoy diferencia entre el "principio del paralelismo psicofisioló-gico" y el "principio del dualismo psicofísiológico" definiendo al primero como sigue: "todo fenómeno psíquico tiene una concomitante fisioló­gica determinada", mientras que el segundo principio establece que no hay ningún nexo entre los fenómenos psíquicos y los fisiológicos, sino sola­mente concomitancia.

Isomorfismo: principio postulado por la psicología de la Gestalt, según la cual hay entre el fenómeno psicológico y el cerebral una conco­mitancia estructural. Kóhler lo formula así: "cualquier conciencia actual está, en cada caso, no solamente acoplada ciegamente a su proceso psico-físico correspondiente, sino que es semejante a él en propiedades estruc­turales esenciales". Corresponde a una forma del paralelismo.

8. Psicología, idealismo y materialismo

La psicología estudia seres humanos, es decir, el sujeto de la relación gnoseológica, mientras que el materialismo afirma la prioridad del objeto sobre el sujeto. De estos hechos -en última instancia- se ha difundido una actitud de desconfianza hacia la psicología, cuando no una directa acusación de ideaüsmo y —por supuesto— el psicólogo resulta, de hecho, un idealista o un subjetivista por el mero hecho de ser psicólogo.

He ahí una manera de razonar que no tiene nada que ver con el mate­rialismo dialéctico, sino solamente con un materialismo ingenuo. La psico­logía no es idealista por estudiar al ser humano, sino que el idealismo o el materialismo de la psicología depende de cómo se estudia los seres huma­nos y de qué es lo que se hace con ese estudio.

Una afirmación básica del materialismo dialéctico es que "el naci­miento de las representaciones, las ideas, la conciencia, se halla inmediata­mente enlazado desde sus comienzos con la actividad y las relaciones mate­riales de los hombres, con su vida real. Lo que los individuos se represen­tan, lo que piensan, lo que ponen de manifiesto en el trato espiritual con sus semejantes, es resultado directo de su vida material. Y lo dicho de los productos espirituales de los individuos aplícase asimismo a los de un pueblo entero, en los diversos órdenes de la lengua, la política, la legisla­ción, la moral, la religión, la metafísica, etcétera. La conciencia no puede ser otra cosa que conciencia del ser. Toda idea, aunque sea falsa, tiene sus

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raíces en la realidad... Aun las fantasmagorías que se finge en su cerebro, se asientan necesariamente sobre su vida material" (Marx-Engels).

De estas postulaciones correctas, se saca a veces la conclusión de que siendo la estructura económica de la sociedad la base material de las ideas, estudiar lo primero es materialismo, y estudiar lo segundo es idealismo. De esa manera, en nombre del materialismo dialéctico se incurre en el ideaüs­mo y la metafísica, al exigirse una elección excluyente en la investigación en la que haya que optar por las relaciones materiales entre los hombres o por la conciencia y las ideas.

El materialismo no sólo reconoce como hecho material los objetivos visibles que pueden ser tocados y medidos. El materialismo dialéctico incluye como fenómenos materiales a todo lo que realmente existe en sus necesarias relaciones recíprocas. La exclusión de los fenómenos psicoló­gicos y de la psicología como idealistas, da tanto como la proscripción o anulación de toda la filosofía por el solo hecho de que utilice la refle­xión.

Si admitimos la existencia de la conciencia y las ideas como fenóme­nos reales, no tiene por qué omitirse su estudio. Lo propio del idealismo es alguna de las siguientes posiciones: a) suponer las ideas y la conciencia como lo único existente; b) admitir como lo primario y decisivo a ambas, afirmando, por ejemplo, que los hombres regulan su vida económica según como lo decidan o piensen; c) aplicar el método metafísico de aislamiento de los fenómenos como existentes con independencia absoluta; d) incorpo­rar a la realidad y como si fuesen reales, abstracciones de las que se hacen depender los fenómenos materiales (dios, espíritu absoluto, etcétera); e) utilizar la dialéctica en las posiciones (b) y (a).

El materialismo dialéctico aplicado a la psicología admite los fenó­menos psicológicos como reales, pero dependiendo genéticamente de otros fenómenos materiales y básicamente de la estructura económica de la sociedad. Tampoco tiene por qué seguir moviéndose en el planteo tradi­cional de la psicología de la conciencia, sino que centra el estudio en el ser humano y en su vida concreta, una de cuyas características es la de poseer conciencia. El hecho material del que se ocupa la psicología no es el cerebro ni la estructura económica, sino la vida misma de los seres humanos. Y al estudiarla en su más alto nivel de integración, aporta un estudio fragmentario, como el de todas las ciencias, pero que no se inva­lida por este solo hecho. Además, el materialismo dialéctico nunca ha deja­do de reconocer el papel decisivo que juega la conciencia de los hombres en el desarrollo histórico.

Queda siempre, para el materialismo histórico, el temor o la sospecha de que la psicología aleje de la necesidad de reforma real de las condicio-




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