Psicologia de la conducta jose bleger



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Bibliografía

Bleger, J. (e, f, g); Deshaies, G.; Ey, H.; Fairbairn, W.R.D.; Goldstein, K. (a, b); Guntrip, H.; Klein, M. (a, b); Liberman, D.; Pichón Riviére, E.J. (a, b, c); Ruesch, J. (d).


Capítulo XV El problema metodológico en psicología

1. La escisión metodológica

Todos los fenómenos están estrechamente interrelacionados y, para poder estudiarlos científicamente, tenemos que efectuar una cierta seg­mentación de los mismos; procedimiento que no tiene que ser nunca perdido de vista para poder valorar correctamente los resultados de una investigación. Ninguna ciencia, por sí sola, puede dar cuenta de la totalidad de un fenómeno. Pero, además, la fragmentación no sólo se limita a divi­dir una única totalidad entre distintas ciencias sino que, dentro de cada una de ellas, las diferentes escuelas toman, a su vez, sólo algunas relaciones del fenómeno que estudian, con el agravante de que -por lo general— cada escuela cree haber tomado la totalidad del fenómeno, cuando en realidad no ha considerado más que un fragmento.

Las vicisitudes no terminan todavía aquí. Además de los campos cien­tíficos y de las distintas escuelas dentro de cada campo, aparece un nuevo factor de dispersión: el de "las metodologías científicas". Es éste el proble­ma que ahora queremos abordar y desarrollar, demostrando que gran parte de las múltiples metodologías en el campo psicológico derivan del hecho de que se ha fragmentado y escindido el proceso unitario, dialéctico, del conocimiento, y que distintos momentos del mismo se han constituido en métodos en sí mismos, como consecuencia de lo cual nos vemos, aún en la actualidad, inundados de dicotomías y limitaciones.

Por supuesto, este proceso de formalización o "elementalización" metafísica del proceso dialéctico del conocimiento no sólo ha aportado dicotomías, sino también posiciones erróneas y distorsionadas. En la actua­lidad hay ya un cierto movimiento creciente que tiende a integrar este antiguo proceso de escisión, tanto ontológico como metodológico. Veamos sumariamente este proceso.



La división en sujeto-objeto, sustancia pensante y sustancia extensa, cuerpo-mente, fue beneficiosa en un momento dado y durante un cierto tiempo, porque en alguna medida hizo posible el desarrollo científico, al apartar de los fenómenos de la naturaleza una variable muy compleja (el

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ser humano) y actuar como si ella no existiese. La escisión ontológica faci­litó el acceso metodológico a los fenómenos de la naturaleza. Asi se consi­guió que diera resultado la aplicación de los modelos mecanicistas, y se hizo posible manejar objetos y sucesos como realidades independientes, ajenas y distintas del ser humano.

En síntesis, Descartes separó lo que podía ser científicamente inves­tigado de lo que no podía serlo. Pero esto se realizó en función de los ins­trumentos conceptuales y técnicos de su tiempo. Lo que en su momento fue una escisión muy positiva y fructífera se ha convertido, con el curso del tiempo, en un obstáculo. La contraparte del progreso de las ciencias de la naturaleza fue el retraso de las ciencias del hombre; un pago por el desa­rrollo de las primeras. Pero en lugar de ver en todo esto un déficit que atañe a todas las disciplinas científicas, las ciencias que tienen por objeto el estudio del ser humano quedaron relegadas despectivamente como "sub­jetivas", porque jamás alcanzaban a llenar las exigencias del método cien­tífico, tal como se planteaban en esos momentos.

Este proceso alcanzó a todas las disciplinas que tendían a conocer al hombre, no sólo como parte de la naturaleza, sino como naturaleza huma­na, específica y particular, y lo mismo aconteció con todas las ciencias de la cultura. La psicología, psicopatología y psiquiatría eran "irregulares"; no "entraban" en la metodología científica.

Con el curso del tiempo y con el desarrollo del conocimiento, hemos llegado a descubrir que esas condiciones "irregulares" de las ciencias del hombre eran una ventaja que se tomaron las ciencias de la naturaleza al relegar en las primeras todas sus propias dificultades y limitaciones, proce­so que les permitió desconocerlas en su propio campo. La sistematización científica, dada sobre el modelo de las ciencias de la naturaleza, no acoge a las ciencias del hombre no porque éstas no puedan ser ciencias, sino porque la primera es muy estrecha y deja siempre fuera la intervención del hombre. Inclusive lo deja fuera del proceso del conocimiento en el propio terreno de las ciencias de la naturaleza. El método de las ciencias de la naturaleza ya no representa el ideal, sino "una fase de resignación" (Sch-warz), en la que hubo que actuar como si el hombre no interviniese en todo.

La desconfianza que las ciencias de la naturaleza tienen hacia la psico­logía es una expresión de la posición vacilante y provisional de las prime­ras; un verdadero temor de un "retorno de lo reprimido".

Las relaciones entre la medicina y una de sus ramas, la psiquiatría, son al respecto muy ilustrativas. La psiquiatría fue siempre "irregular", nunca alcanzó a cumplir con todas fas exigencias científicas, por lo que fue siempre la cenicienta de la medicina. Pero llega un momento en que los hechos "irregulares" replantean nada menos que toda la medicina, en la

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médula de sus esquemas conceptuales. No en vano se temía el retorno de lo reprimido. Los fenómenos que, en su momento, quedaron fuera del campo y de la metodología científica vienen hoy a replantear premisas fundamentales del método científico, a acelerar una crisis de la ciencia, pero no para diluirla ni proscribirla, sino para ampÜar su poder y su exten­sión. La crisis de la ciencia es sólo una crisis de su estrechez idealista y de sus limitaciones metafísicas. Las ciencias de la naturaleza han procedido como si su metodología y sus procedimientos de investigación se realizaran sin la intervención del ser humano, extendiendo así indebidamente a la metodología una. condición ontológica propia: la existencia de sus fenó­menos en forma independiente del ser humano. En cuanto objeto de cono­cimiento, es diferente, por ejemplo, un planeta de una conducta. El pri­mero existe sin el ser humano, el segundo no. La observación o la investi­gación no modifican el planeta, pero sí la conducta. Que el planeta exista de suyo, sin el hombre, no significa que su conocimiento se alcanza sin el hombre; es decir, que en el proceso del conocimiento en ningún caso pode­mos prescindir del ser humano. De la exclusión metodológica del ser humano en las ciencias de la naturaleza, se pasó a su exclusión, no sólo en la metodología de las ciencias del hombre, sino también del mismo fenómeno humano y a tratar a este último como si fuese "cosa".*

Todavía tenemos que precavernos de un riesgo de otro tipo, pero de no menor gravitación: el de la "metodología divulgada". Comprende todas aquellas exposiciones muy claras y convincentes, en que todos los pasos se siguen cronológicamente en forma muy diferenciada. Son las exposiciones de los "puristas" metodológicos, con una profunda disociación entre teoría y práctica. Con la metodología de los textos no se investiga nada ni nadie investiga, de la misma manera que nadie piensa con los procedimien­tos de los textos de lógica. Se podría agregar que por suerte. El purismo metodológico es el lujo de los que no hacen nada y se mantienen en una idealización estereotipada de la ciencia.

Muy frecuentemente se presentan los métodos científicos como si fue­sen cañas de pescar, que es suficiente instalar para que se realice la investi­gación, olvidando que los métodos son cambiantes y móviles, tanto como el conocimiento mismo, y que se forman y desarrollan en la medida en que se los aplica sistemáticamente; por otra parte, la investigación no se compone solamente de manipulaciones, sino que siempre interviene el ser humano con sus categorías de pensamiento, su personalidad total, sus

* "La omisión del psiquismo ha sido un compromiso que permitió a los inves­tigadores ser hombres de ciencia." Fenichel, O. (Problémes de technique psychana-fytique, París, P.U.F., 1963.)

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reacciones frente al objeto, su ideología, etcétera. Y esto interviene, inevi­tablemente, en toda investigación y en todos los campos científicos (y no científicos).

La ciencia no es un método o un conjunto de verdades reveladas, hechas de una vez para siempre. La ciencia se construye. Esto quiere decir que tanto el conocimiento como los medios instrumentales para obtenerlo son cambiantes y constituyen en su totalidad un proceso muy complejo, que dista de ser lineal y unidireccional.



2. Método comprensivo y explicativo

La psicología ha tratado de ceñirse, durante mucho tiempo, a las exi­gencias metodológicas y científicas de las ciencias de la naturaleza, espe­cialmente la biología y la física. La consecuencia de esta orientación fue una fuerte corriente antinaturalista y uno de los exponentes de este movi­miento antinaturalista y antiatomístico fue Dilthey. Separó las ciencias de la naturaleza de las ciencias del espíritu, incluyendo en estas últimas el conjunto de ciencias que tienen por objeto la realidad histórico-social. La denominación tiene su origen en J.S. Mili y fue retomada por Dilthey. Según éste, la manera de ser de lo psíquico excluye la causalidad, el ato­mismo y —por lo tanto— la explicación; características todas de las ciencias de la naturaleza.

En contraposición a estas últimas, la vida psíquica debe ser captada intuitivamente y no por una explicación atomista ni una construcción aso-ciacionista; esta captación intuitiva lo es de una totalidad, que no es reduc-tible a una conexión de elementos psíquicos. La psicología no puede desa­rrollarse con los "modelos" de las ciencias naturales, porque el conoci­miento de la naturaleza es una actividad espiritual a la cual está subordi­nado el conocimiento, por lo que, para Dilthey, resulta absurdo someter lo psíquico a las normas que rigen en el dominio de las ciencias naturales, sino que ha de hacerse —precisamente— lo contrario.

Para Dilthey el espíritu es una estructura, y entiende por tal una cone­xión experimentada que excluye la causalidad.

En las ciencias de la naturaleza se explica, entendiendo por explica­ción el establecimiento de causalidad y la combinación de elementos y, por lo tanto, el método debe ser descriptivo, porque éste es el que conduce a la comprensión o la implica, mientras que para el mismo autor, lo psí­quico excluye la causalidad, que es un enlace que el espíritu aplica o reali­za en el conocimiento de las cosas.

Dilthey es el fundador de la psicología comprensiva y, para él, la psi-



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cología se emparenta con las ciencias del espíritu. Su interés no era directa­mente la psicología, sino la búsqueda de una psicología que pudiera servir de base a las ciencias del espíritu. Llamó "explicativa" a la psicología de su tiempo y a ella opuso su psicología "descriptiva" y "analítica" o "comprensiva". Esta última debe describir los hechos psíquicos tal como efectivamente son en la experiencia vivida (Erlebnis), no partiendo de ele­mentos, sino de la totalidad. La vida psíquica es, para Dilthey, inexplica­ble, sólo se la puede observar y describir. Esta descripción será completada por el análisis, en cuyo caso la psicología será también analítica, pero no sintética o constructiva: podrá hallar elementos dentro del todo, pero no reconstruir el todo a partir de elementos. La psicología, entonces, capta la unidad de la totalidad por un sentimiento o vivencia inmediata del nexo entre las cosas.

Ya, anteriormente, Kant había contrastado la esfera de los fenómenos naturales y la de los fenómenos morales; Windelband generalizó esta dis­tinción y contrastó los métodos de la historia y los de las ciencias natura­les y reconoció dos tipos de ciencias, que llamó: Nomotéticas a todas aque­llas regidas por leyes naturales de carácter universal, e idiográficas, a las que son puramente descriptivas e individualizantes. La psicología, para Windelband, es una ciencia de la naturaleza por su finalidad y estructura, y una ciencia de la cultura (idiográfica) por su forma.

Igual oposición entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíri­tu se encuentra en Rickert, quien considera la psicología de Dilthey como una psicología de cultura.

E. Spranger fue otro de los continuadores de Dilthey, pero resulta, posteriormente, más integrador o más conciliador, ya que acepta una psi­cología naturalista junto a una psicología comprensiva o espiritualista, las cuales -para él- constituyen dos enfoques, o dos extremos, que no se excluyen necesariamente y que responden a necesidades del estudio de la naturaleza humana.

Jaspers continuó la obra de Dilthey, especialmente en el campo de la psicopatología, manteniendo una rigurosa exclusión entre lo comprensi­ble y lo explicable, entendiendo por esto último el establecimiento de la causalidad. Si se considera el fenómeno psicológico dentro del plano del espíritu, éste sólo puede ser comprendido porque, para ese autor, la causa­lidad es siempre extraconsciente o extrapsicológica.

El énfasis de Dilthey sobre la recíproca exclusión entre lo explicativo y lo comprensivo y entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíri­tu carece prácticamente de criterio cierto, en el sentido riguroso en el que él lo planteó; esto no quita mérito a su posición antiatomística. No es del mismo valor su posición antinaturalista, por que ésta es, en realidad, una

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oposición a la estrechez conceptual del método en las ciencias naturales. Aun sin aceptar la oposición sistemática y excluyente que plantea Dilthey, no es menos cierto que su énfasis en la comprensión de los fenómenos ha sido muy positivo.

Para nosotros hay, sí, ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu (preferiríamos para estas últimas, sistemáticamente, la denominación de ciencias de la cultura), pero no hay oposición excluyente entre compren­der y explicar, como no la hay entre el ser humano y la naturaleza. En ambas ciencias se aplica tanto la comprensión como la explicación, y la causalidad no es privativa de las ciencias de la naturaleza. Explicar y com­prender son grados distintos de integración del conocimiento, y no se puede recurrir a uno sin que intervenga el otro. No existe ninguna ciencia sin comprensión de los fenómenos que está estudiando, y no se puede explicar (referir el fenómeno a otros fenómenos, ya conocidos o bien a un modelo conceptual) sin comprender (captación intuitiva de la totalidad en una unidad de significado o sentido).

Descripción, comprensión y explicación son momentos del proceso de conocimiento que están permanentemente interactuando y coexistien­do, porque no se trata, además, de un proceso unidireccional que va de la descripción a la comprensión y luego a la explicación; el interjuego hace que en la descripción esté ya actuando cierto modelo explicativo y cierto grado de comprensión que ordena o discrimina los datos de observación; la descripción esclarece y enriquece los sistemas explicativos y comprensi­vos existentes, y a su vez éstos enriquecen la descripción.

En todo caso, lo que queda del aporte de Dilthey es su énfasis en la comprensión, que posteriormente podemos ampliar como factor impor­tantísimo que interviene en todas las ciencias. No hay ningún artificio téc­nico que pueda reemplazarla. La división de Dilthey protegió y facilitó, en cierta medida, el surgimiento de las ciencias del hombre como discipli­nas científicas, y ayudó a reconocer la autonomía del fenómeno psicoló­gico contra las corrientes reduccionistas o epifenomenistas.

Como un ejemplo de la relatividad de la diferencia entre comprensión y explicación y -respectivamente— ciencias del hombre y ciencias de la naturaleza, recuérdese que Freud intentó construir una psicología como ciencia de la naturaleza, siguiendo el rigor científico de estas últimas dis­ciplinas y que, sin embargo, podemos ubicarlo en cierto sentido como un continuador de Dilthey, en cuanto es uno de los que más han aportado a la construcción concreta de una psicología comprensiva (aspecto más valioso, en sus investigaciones, que el de los modelos teóricos naturalistas que ela­boró). Inclusive, en contra de la posición de Jaspers, se puede citar el hecho de que Freud aporta resultados concretos de una investigación

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causal en el seno mismo de una psicología comprensiva, afirmando con ello el estricto determinismo de los fenómenos psicológicos.

En síntesis, "la distinción excluyente entre lo comprensible y lo expli­cativo carece prácticamente de criterio cierto" (Wallon). Si bien existe una diferencia entre explicar y comprender, no hay entre ambos exclusión sino interacción dialéctica; no se puede, por lo tanto, hablar de la existencia de un método comprensivo, por un lado, y un método explicativo, por otro.

3. Método subjetivo y objetivo

El saber científico es un conocimiento de carácter objetivo, y con ello se entiende que el saber se refiere a objetos reales, tal como ellos son, y no al efecto o a la imagen que de dichos fenómenos tenemos, o al efecto que nos producen.

Sin embargo, la división subjetivo-objetivo se ha convertido, las más de las veces, en una cuestión confusa y equívoca; en otras ocasiones, se la uti­liza con un carácter peyorativo, y tanto, que para muchos y con gran fre­cuencia, lo objetivo está en las afirmaciones propias, mientras que lo subje­tivo está en la teoría de los rivales.

Una fuente de confusión reside en el no discriminar suficientemente si la calificación se aplica al objeto investigado o al método que se utiliza. El fenómeno subjetivo es tan real como el objetivo, y ambos pueden ser estudiados con rigor científico. Para ello, el método debe ser objetivo, es decir, estar constituido por instrumentos y eslabones, factibles de ser trans­mitidos, repetidos y utilizados por otros investigadores, de ser comunica­dos en forma tal que se haga posible una repetición y verificación. En otros términos, que los fenómenos subjetivos sean factibles de ser estudiados científicamente es cosa que no ofrece dudas. En cambio, que esos fenóme­nos subjetivos constituyan un método de investigación en sí, eso es lo no correcto. Pero que ellos intervienen indefectiblemente en todo método científico (objetivo), es innegable e ineludible.

No hay método objetivo "puro". En el proceso del conocimiento siempre interviene, indefectiblemente, un momento subjetivo, pero que aislado, distorsiona todo el proceso del conocimiento científico. La única forma de ser objetivo es la de ajustar la relación entre lo objetivo y lo sub­jetivo en un proceso de interacción dialéctica, repetir en forma abierta, cientos y cientos de veces, el contacto con el objeto de estudio. El fenó­meno subjetivo no existe nunca en forma aislada de un contexto objetivo, con el cual integra una unidad; y —a su vez— no se puede llegar a un cono­cimiento objetivo de los fenómenos sin incluir los componentes subjeti-

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vos que intervienen en el proceso del conocimiento. No se debe confundir la existencia objetiva, material, de los fenómenos, que existen aunque no se los observe, con el conocimiento de dichos fenómenos, que sólo puede lograrse con la intervención de un sujeto que observa y conoce.

Ciencias de la naturaleza se ha hecho sinónimo de conocimiento obje­tivo, mientras que psicología se ha hecho sinónimo —inclusive en forma peyorativa— de "ciencia subjetiva". Esto no es correcto desde ningún punto de vista. Cuando tomamos los fenómenos psicológicos en forma integral, los fenómenos son tan reales en un caso como en otro, y en ambos casos el estudio debe ser metodológicamente objetivo. También se suele hablar de método subjetivo siempre que se utiliza la comprensión en el proceso del conocimiento. No hay ninguna investigación que se pueda realizar sin el empleo de la comprensión. Tampoco con la compren­sión sola.

No hay método objetivo por un lado y subjetivo por otro. El método científico es el empleo correcto de recursos objetivos y subjetivos en per­manente interacción, y ninguna investigación puede prescindir de ninguno de los dos.

Reproducimos, al respecto, comentarios de Gramsci, que merecen ser seriamente meditados. "Llámase objetivo, realidad objetiva, a aquella realidad que es verificada por todos los hombres, que es independiente de todo punto de vista, ya sea meramente particular o de grupo." "Pero tam­bién, en el fondo, ésta es una concepción particular del mundo, una ideo­logía". .. "Incluso en la ciencia, buscar la realidad fuera de los hombres, entendido esto en sentido religioso'o metafísico, sólo puede ser conside­rado como una paradoja. Sin el hombre, ¿qué significaría la realidad del universo? Toda la ciencia está ligada a las necesidades de la vida, a la acti­vidad del hombre. Sin la actividad del hombre, creadora de todos los valo­res, y también de los científicos, ¿qué significaría la objetividad? No otra cosa que el caos, el vacío, si así puede decirse. Porque, realmente, si uno imagina que no existe el hombre, no puede imaginarse la lengua y el pensa­miento. Para la filosofía de la praxis, el ser no puede ser separado del pensar, el hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el sujeto del objeto; si se hace esta separación, se cae en una de las tantas formas de reli­gión o de abstracción sin sentido"... "Objetivo quiere decir siempre 'hu­manamente objetivo', lo que puede corresponder en forma exacta a 'his­tóricamente subjetivo'. O sea, que objetivo significaría 'umversalmente subjetivo' "... "La ciencia experimental ha ofrecido hasta ahora el terreno en el cual tal unidad cultural alcanzó el máximo de extensión; ha sido el elemento de conocimiento que más contribuyó a unificar el 'espíritu', a tornarlo más universal; es la subjetividad más objetivizada y concretá-

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mente unlversalizada".. . "El concepto de objetivo del materialismo meta-físico parece que quiere significar una objetividad que existe fuera del hombre; pero cuando se afirma que una realidad existiría aun si no exis­tiese el hombre, se hace una metáfora, o se cae en una forma de misticis­mo. Conocemos la realidad sólo en relación con el hombre, y como el hombre es devenir histórico, también el conocimiento y la realidad son un devenir, también la objetividad es un devenir..."



4. Método racional e irracional

Es otra dicotomía que ha llenado de confusiones el campo de la inves­tigación en psicología, confundiendo nuevamente objeto con método.

Se llama psicología irracional (peyorativamente, por supuesto) a la que estudia fenómenos irracionales. ¿Y qué son los fenómenos irraciona­les? Por definición, aquellos que no responden a la razón. Si esto es así, hay que seguir estudiando los fenómenos irracionales y ampliar la estrechez de la razón. Ya lo dijo F. Bacon: "No debe estrecharse el univer­so hasta reducirlo a los límites del entendimiento, como han hecho los hombres hasta ahora, sino que debe extenderse y ampliarse el entendi­miento, para que abarque la imagen del universo a medida que va siendo descubierto." Todo el proceso del conocimiento consiste en ir transfor­mando lo irracional en racional, mediante el descubrimiento de las "razo­nes" internas del fenómeno.

No hay un método científico irracional. Pero no hay método cientí­fico totalmente racional. En todo proceso de conocimiento interviene siempre una cantidad de variables de carácter irracional, y nunca una inves­tigación es totalmente racional, por la simple circunstancia de que siempre interviene, en todo, el ser humano.

El reparo o la acusación de irracional se extiende al hecho de que haya que incluir la comprensión en la psicología, pero excluyase la comprensión de cualquier ciencia y se queda en la simple recopilación de datos sin sen­tido. Si se utiliza sólo la intuición, se cae evidentemente en el iiracionalis-mo (como método), pero no hay -por otra parte- investigación que pueda excluir el proceso intuitivo. Pero la intuición sólo tiene su lugar como un momento en el proceso total del conocimiento, y es la "elemen-talización" la que ha llevado a un fraccionamiento y a tratar cada momen­to como un proceso total en sí.

En rigor, no hay método racional y método irracional como procedi­mientos correctos. El método científico debe, entre otras condiciones, ser de carácter racional, pero esto no excluye variables irracionales. La impor-



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tancia indudable de los procesos racionales no debe conducirnos a un feti­chismo de la razón y, por otra parte, la mejor manera de combatir el irra-cionalismo en el campo científico, es la de ubicarlo en el justo lugar que le corresponde, con lo cual además se aminoran las necesidades de reivin­dicación de lo irracional.

No falta quien acuse de irracional toda inclusión del ser humano en el proceso de la investigación; en este sentido y en cuanto se excluye al ser humano, el mismo método científico resulta irracional, porque -en rigor— en los hechos no está excluyendo nada, sino ignorando una inclusión siem­pre vigente. No se trata de caer en el irracionalismo o de alentar tenden­cias anticientíficas, sino de transformar en racional la parte irracional de todo nuestro saber y de nuestra metodología científica. No se trata de li­quidar el conocimiento científico, sino de problematizarlo para llevarlo a sus últimas consecuencias racionales. Es posible que lo que llamamos irracional sera realmente anterracional.

El problema de lo racional e irracional coincide en gran medida y respectivamente con la antinomia objetivo-subjetivo, y ambos tienen la misma solución: rehacer permanentemente el proceso total del conoci­miento, con la impostergable inclusión del ser humano. De esta manera lo que se denomina irracional es una ampliación, que tenemos que recorrer científicamente, de la naturaleza y de nuestra propia naturaleza; son ele­mentos irracionales mientras no los conozcamos y manejemos. Al ampliar el proceso del conocimiento a su totalidad dialéctica, ampliamos también el poder de nuestra razón y de nuestros procesos racionales, tanto como el conocimiento racional del mundo y de nosotros mismos.

5. Método racional y método empírico

Todas las ciencias comienzan, históricamente, con una vasta especula­ción de la cual se ignora el punto de partida, que es siempre un determi­nado quehacer, una práctica o manipulación de fenómenos. Como reac­ción contra la actitud especulativa, se pasa al polo opuesto y se enfatiza la experiencia y recopilación de datos en contacto directo con los hechos. De ahí procede, en parte, la antinomia entre método racional y método empírico, entre teoría y práctica, ciencia pura y ciencia aplicada.

El empirismo pretende liberarse de toda implicación metafísica, dando la experiencia como única fuente de verdad de cualquier conocimiento. El racionalismo sólo admite la razón en el proceso del conocimiento negan­do valor a las sensaciones y percepciones del mundo externo. Desde aquí, el empirismo pasa a ser una "hechología" y el racionalismo una verdadera

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corriente irracional. La lucha se entabla entre una teoría desvinculada de la práctica y un empirismo grosero que se desvincula de la teoría. Es inútil seguir moviéndose en esta antinomia metafísica. Racional y empírico, teoría y práctica son momentos necesarios de un solo proceso. No hay nada más práctico que una buena teoría ha dicho muy certeramente K. Lewin.

En rigor, no hay práctica que no implique supuestos teóricos pero, en estos casos de supuestos implicados y no elucidados, el abandono de la teo­ría se venga con la utilización de las teorías erróneas o deficientes.

Las teorías no son formulaciones que deben ser solamente transmi­tidas y defendidas como tales, sino que deben ser aplicadas, y ésa es su mejor defensa. Y su mejor y única verificación. Las teorías se van constru­yendo y no se extraen en forma "pura" y perfeccionada de la pura especu­lación. La construcción de teorías se realiza trabajando en un campo con­creto, aun partiendo de teorías e hipótesis erróneas, pero siempre traba­jando en el campo concreto. Esperar tener la teoría perfecta, para sólo entonces aplicarla, es una aberración del método científico. A la psicolo­gía no se le puede exigir, ya, una epistemología y una metodología acaba­da, porque la psicología sólo se puede obtener construyéndola, y sólo se puede construir operando dentro de la psicología. Teoría y práctica se enriquecen y potencian en el proceso dialéctico. El conocimiento es un saber, un actuar según ese saber y un saber según ese actuar. El empirismo y el racionalismo tomados metafísicamente, en forma individual y aislada, conducen al idealismo filosófico y a la esterilidad científica.

6. La observación científica

Aquí es donde confluyen las antinomias y los equívocos más secula­res sobre el método científico. Toda ciencia parte de la observación de hechos, sobre los cuales se elabora una hipótesis que luego puede ser veri­ficada, manejando dichos hechos. El proceso de la investigación así, tan sencilla y claramente expuesto, sólo se da, lamentablemente, en el papel. Es la metodología del psicólogo "puro", del que no investiga pero conoce normas con las que quiere que investiguen los otros.

El principio materialista de que los objetos existen fuera e indepen­dientemente de que haya o no quien los perciba, es correcto como prin­cipio ontológico, pero de esto se deriva generalmente un supuesto inco­rrecto: el que los objetos se dan a la observación independientemente del ser humano que los percibe y que, por lo tanto, la observación debe ser cumplida como si no fuese realizada por un ser humano.



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Los hechos que investigamos son siempre "recortados" del total de los fenómenos, y esto no ocurre en forma mecánica; los datos de los que par­timos, en ciencia, no son hechos en sí, independientes de los seres huma­nos, sino estructurados en función de la vida de los mismos. Siempre hay una selección cultural o clasista de los problemas que se enfoca y de los datos que se tiene en cuenta; sólo se puede conocer dentro del cuadro de las categorías que son condicionadas por el desarrollo y la organización social, en un momento dado.

Una teoría permite incorporar más hechos a la investigación, pero la teoría es, a su vez, el reflejo de cierta organización de estos hechos, que se estructuran en un momento dado del desarrollo social. Y estos hechos, que son aportados por la teoría -aun errónea—, permiten la modificación de la teoría misma que ha servido para descubrirlos. Decir que esto no hace falta porque los hechos "están ahí" es índice de arrogancia y desconoci­miento del movimiento real de la investigación científica.

La elección automática de hechos y el tipo de problemas que una cien­cia se plantea implican ya una ideología, una concepción del mundo y una teoría; es el substratum irracional de todo conocimiento racional que sólo podrá ser elucidado racionalmente, utilizándolo.

El "dogma de la inmaculada percepción" (Nietzsche) ha llegado a su ocaso. No hay observación pura en ningún sentido; toda observación impli­ca ya una interpretación, una inserción apriorística del hecho observado en un cierto esquema con el cual fue observado. La única forma de convertir esta observación en un dato científico, es la de considerarla en función de la variable, del encuadre con el cual fue observada. No hay observador totalmente objetivo en ninguna disciplina científica, y la máxima objeti­vidad se alcanza incluyendo al observador como una de las variables que condiciona el fenómeno que se está observando. En este sentido debemos hablar en psicología del observador participante, en el sentido de que el observador nunca está fuera del campo que condiciona los fenómenos. El observar tampoco es una función pasiva; observar sin hipótesis es solamente un mirar, que rápidamente se convierte en estereotipia; la obser­vación debe ser una función activa, en la cual se formulan hipótesis y se piensa mientras se procede a la observación. Sin observación rigurosa no hay conocimiento científico sistemático, pero tampoco lo hay con la sola observación sin el pensamiento. Pensar es el eje de la indagación científica y la base para la observación. Este pensar no implica la construcción apre­surada de sistemas especulativos y espectaculares, sino un mayor rigor en la observación según el pensar y un mayor rigor en el pensar según la observa­ción que se va realizando.

La observación no es la mera percepción de un fenómeno externo,



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sino que es una profunda relación del hombre con las cosas, y para obser­var, tanto como para toda la tarea científica hay una "distancia" óptima entre el sujeto y el objeto. Y en este proceso, el ser humano no entra como cosa, sino como ser psicológico; es un penetrar en las cosas y un dejarse penetrar por las cosas. Dicho con los términos de Wallon, "la percepción más grosera implica ya interpretaciones, ideas, sistemas de creencias y representaciones por las que el hombre participa en la existencia de su grupo social".

Las técnicas de observación y de registro de los hechos constituyen un peldaño de la investigación, pero es importantísimo elucidar los supues­tos con los cuales se está realizando la observación. La investigación tiende a responder interrogantes, pero se inicia planteando problemas, problema-tizando los hechos y, a su vez, cada nueva respuesta es una nueva proble-matización. Hace avanzar la ciencia tanto el descubrimiento de soluciones como el descubrimiento y planteo de nuevos problemas. Con gran fre­cuencia, además, un problema se resuelve no apelando a los hechos sino replanteando el problema, lo cual implica estar actuando con un nuevo esquema referencial, proceso en el que puede intervenir muy primor dial-mente la observación.

En síntesis, la observación "pura" es una utopía en todos los campos, porque siempre el que observa es un ser humano y el proceso de la obser­vación no es un simple reflejo especular, sino un proceso activo y psi­cológicamente muy complicado. No se alcanza la objetividad interponien­do aparatos y actuando como si el ser humano fuese otro instrumento mecánico.

Descripción, comprensión y explicación son momentos de un solo proceso continuo, que establece una estrecha interconexión y acción recíproca de todos esos momentos. Cuando se describe algo ya se actúa con cierta comprensión o un cierto esquema referencial, y la descripción, a su vez, corrige y modifica la comprensión que, a su vez, se rectifica con la nueva observación. Y lo mismo con la explicación.

Por lo común no nos damos cuenta en qué medida la descripción es una comprensión de un hecho. Si vemos en un salón un conjunto de gente en una actitud dada, describimos el hecho diciendo, por ejemplo, que esta­ban rezando, porque lo hemos percibido como tal; el suceso no se nos da primero como percepción (descripción) y luego como significado, sino directamente como percepción de un significado. Si vemos un conjunto de gente en la misma actitud en una cultura totalmente distinta, podemos equi­vocarnos si decimos que rezan; en este caso se extrema, en el ejemplo, la dife­rencia entre descripción y significado (comprensión), para señalar la unidad que realmente integran, incluso en nuestra experiencia diaria o común.

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7. Esquema referencial

Según la definición de E. Pichón Riviére, es el conjunto de ideas, acti­tudes, emociones, conocimientos y experiencias con los que el individuo piensa y actúa. Es, en otros términos, una cristalización organizada y estructurada, en la personalidad, de un gran conjunto de experiencias que refleja una cierta estructura del mundo externo y con el cual el sujeto piensa y actúa sobre ese mundo.

La objetividad científica no consiste en actuar con la "mente en blan­co", porque el querer lograr tal condición es una utopía. Toda experiencia se enfrenta con una cierta organización de la personalidad, que es la resul­tante de una cristalización de cientos y cientos de experiencias anterio­res. Y esto ocurre tanto en el conocimiento ingenuo o vulgar, como en el conocimiento científico.

Este esquema referencial puede "activarse" u organizarse en función del objeto de estudio, tanto como puede ser estereotipado. Su intervención en el proceso normal y patológico (individual y grupal) del aprendizaje ha sido estudiada y expuesta por nosotros en otro lugar.

La mayor objetividad que podemos alcanzar es la de admitir la relati­vidad de nuestro conocimiento, analizando el a priori conceptual o el esquema referencial con el cual pensamos, percibimos y actuamos. Las categorías del pensamiento forman parte del esquema referencial, pero este último está formado, además, por una gran cantidad de elementos menos generales o más circunstanciales, que es necesario investigar. En psicología, lo observado es un emergente de una situación total, de la cual es integran­te el observador (participante); él condiciona el fenómeno que observa, tanto como los fenómenos condicionan al observador. La actitud del obser­vador condiciona en gran medida el fenómeno a observar, tanto como su propia observación; en la tarea psicológica hay una distancia óptima que es

necesario cuidar.

El sector observado es siempre un sector seleccionado, o estructurado por una cantidad de variables entre las que interviene el observador, con sus ideas, actitudes, emociones, experiencias, etcétera.

Supongamos que se trata de observar cómo un individuo resuelve un problema: la inclusión de un observador modifica las condiciones y, por lo tanto, ya no se estudia una conducta natural. Pero, ¿qué es una conduc­ta natural? Siempre la actuación de una persona, tanto como todo fenó­meno humano, está condicionada por una gran cantidad de factores, y nunca hay un tal comportamiento natural. Lo que ocurre y lo que se sabe no puede ser separado del cómo y cuándo se supo, además del por quién. Esto es válido en su generalización: no hay ninguna conducta natural. Ya

El problema metodológico en psicología 197

lo hemos estudiado en otro capítulo diciendo que la conducta es siempre el emergente de un campo. Si un niño tiene una conducta dada en la escue­la y otra totalmente diferente en su hogar, el problema no es decidir cuál de ellas es la natural o genuina. Lo son ambas y ambas son partes de su per­sonalidad. Lo que nos ha interesado aquí es derivar las consecuencias meto­dológicas del estudio de la conducta como emergente de un campo.

Por otra parte, la mejor observación es la que se continúa en el tiempo, anotando tanto las modificaciones de la conducta como las del campo total. Hemos estudiado esto ya en el capítulo del encuadre de la continuidad genética.

El examen consecuente del esquema referencial resuelve, en el campo del trabajo del psicólogo, el problema filosófico clásico del componente apriorístico de toda experiencia. Y lo resuelve incluyéndolo como parte de la investigación total. Solución totalmente contraria a los intentos antime-tafísicos de los positivistas, o a la de los empirocriticistas como Avenarius, quienes pretendían reducir el proceso del conocimiento a un empirismo puro, libre de todo supuesto metafísico. Ni subjetivización radical de las categorías tal como lo hizo Kant, para quien ellas eran las condiciones de existencia del entendimiento, ni objetivización radical como lo hizo Hegel, para quien las categorías existían objetiva e independientemente del ser humano.

8. Observación e introspección

Sin temor a exagerar, se puede decir que en psicología, la actitud que se adopte frente al problema de la observación y de la introspección es el nudo gordiano de la metodología. El planteo de la cuestión gira alre­dedor del hecho de que en la introspección el sujeto se autoobserva, y que en este autoexamen se capta el hecho psicológico, única forma en que para los introspeccionistas (Brentano, T. Lipps, Dilthey, Natorp, W. James, Bergson) es accesible lo psíquico. Para los conductistas, que se ubican en el extremo opuesto (Watson), este método no es científico porque no permi­te la objetividad, y es sólo con la observación de las modificaciones exter­nas como se hace posible la aplicación del método científico en psicología. Esta posición de Watson puede, por otra parte, como la plantea Tilquin, ser entendida como una posición exclusivamente metodológica o como una afirmación ontológica. En este último caso no sólo se dice que lo úni­co que puede ser estudiado científicamente son las manifestaciones exter­nas, sino que, además, se afirma que son las únicas que existen.

Creemos, como Guillaume, que en la introspección hay que distinguir

198 José Bleger

dos cosas distintas: una de ellas es cuando llamamos introspección, por ejemplo, a un juicio que un sujeto emite sobre sí mismo, o cuando comu­nica lo que siente o piensa; otra es cuando el sujeto estudia por sí mismo sus propias funciones mentales. En el primer caso se trata de datos, y en el segundo se trata de un método con el que se estudian dichos datos. Lo que tenemos que agregar es que dichos datos pueden ser estudiados de manera distinta. De éstos nos hemos ocupado ya en el capítulo V.

El método de la asociación libre y la sesión psicoanalítica, como tota­lidad, son los que nos dan mejor perspectiva para resolver este problema. Allí, en un momento dado, recogemos la totalidad de la conducta y damos el mismo valor a todas las áreas; la conducta, como totalidad, es el emer­gente del campo configurado en ese momento. Los datos de la actividad en el área mental pueden estar en concordancia o en contradicción con los datos de la actividad corporal y de la conducta en el mundo externo. Aun en contradicción, no descartamos ninguno, ni nuestro propósito se orienta a descubrir qué es lo "genuino" o lo "natural", porque nunca puede cual­quier manifestación dejar de ser genuina o verdadera.

Cuando comprendemos e interpretamos la conducta, esta interpreta­ción modifica el campo, y la nueva conducta (emergente) es el resultado del nuevo campo estructurado con nuestra intervención. A su vez, el nuevo emergente nos ratifica o rectifica la interpretación dada.

Esta posición que sustentamos implica que todas las manifestaciones del ser humano son manifestaciones en el nivel psicológico de integración o que lo externo no es la manifestación de lo interno y que, además, esto último no es un suceder con vida propia sino un fenómeno que está ligado a las otras áreas, a lo externo y al campo total.

De esta manera, la oposición entre introspección y observación exte­rior deriva del procedimiento metafísico de separar los sucesos entre sí y de la situación, y tratar cada uno de ellos con independencia de los demás. Otra fuente de esta metodología metafísica es el dualismo cuerpo-alma y la sustancialización del fenómeno psicológico. La sola observación exterior o la sola introspección no dan más que fragmentos desvinculados del campo del cual los fenómenos son un emergente. La asociación libre permite superar este falso dualismo, y la sesión psicoanalítica permite el trabajo y la inves­tigación psicológica en verdaderas condiciones experimentales.

El método científico no depende de que el fenómeno sea exterior o interior, sino de la situación que se estructura como condición científica. En este sentido las condiciones experimentales de la sesión psicoanalítica fueron distorsionadas con el "mentalismo", al reducir todos los fenómenos exteriores a previos "contenidos" interiores, mentales, como ya hemos tenido oportunidad de exponer en otro capítulo.

El problema metodológico en psicología 199

9. Método experimental y método clínico

Toda la psicología contemporánea puede ser considerada en función de los dos métodos fundamentales de la misma: método experimental y método clínico.

En el método experimental la observación se realiza en condiciones artificiales, en las cuales el investigador produce y reproduce a voluntad el fenómeno que desea observar, controlando los factores que intervienen en el mismo y tratando de reducir las variables al mínimo posible. Aquí hay que hacer ahora una diferencia entre psicología experimental y psicología experimentalista; la primera es la que utiliza el método experimental, mientras que la segunda utiliza los datos del método experimental.

En el método clínico se procede a un estudio detallado y profundo, basado en la observación directa y en la anamnesis con un enfoque global y unitario. El método clínico tiene siempre objetivos prácticos y se carac­teriza, además, por un contacto directo y personal del investigador con la persona estudiada, contacto que se puede extender a los miembros princi­pales de su medio.

Psicología clínica y psicología experimental no señalan campos (la­boratorio, clínica, hospital, fábrica, etcétera) sino métodos, que no son excluyentes, aunque con frecuencia se los plantea como tales. El psicólogo experimental se apoya en la tradición y prestigio de su método y conside­ra que el psicólogo clínico "no hace ciencia", que es un práctico que sólo utiliza o aplica la ciencia. El psicólogo clínico, a su vez, subraya y critica la distancia del psicólogo experimental con los seres humanos y con la vida real, reduciéndolos a una situación artificial inexistente. Esta oposición no sólo es absurda, sino nociva para la psicología. Hay psicólogos clínicos que realizan una tarea de investigación científica y los hay que no, tanto como existen médicos que investigan en su tarea y otros que no. Por otro lado, el psicólogo experimental es como el fisiólogo en relación con la medicina: no tiene por qué ser médico, pero tampoco debe creer que su tarea se hace al margen de la clínica y que sólo él realiza una tarea científica. Esta dife­rencia entre el fisiólogo y el médico es la que puede darse entre el psicó­logo experimental y el psicólogo clínico, aunque no exista todavía una ter­minología diferente para designar a uno y a otro.

Sin embargo, la psicología clínica no ha obtenido todavía de la psico­logía experimental beneficios similares a los que la medicina obtuvo de la fisiología; más bien ocurre lo contrario y es la psicología experimental la que se nutre de los problemas y observaciones realizadas en la psicología clínica, o procede a verificar los datos de la misma. Los resultados de la psicología experimental tienen que ser valorados con el criterio de la psi-

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José Bleger

cología clínica, y hay una actitud clínica que se debe observar inclusive en la tarea experimental, detectando hechos significativos de la totalidad del fenómeno que se está estudiando.

La distancia se acorta no solamente en un sentido, sino también en el inverso: el método clínico puede acercarse a las exigencias de una investi­gación en condiciones experimentales. Cuando lo importante en el método clínico no es la anamnesis, sino la observación y el estudio directo de la situación (relación interpersonal) y de las reacciones y valoración de todos los factores que intervienen en cada momento de la entrevista, el método clínico se aproxima al método experimental. Esto ocurre mucho más en una de las técnicas del método clínico: la de la asociación libre del método psicoanalítico, hecho al cual no nos podemos referir más detalladamente

en este lugar.

La psicología clínica es siempre el campo y el método más directo y apropiado de acceso a la conducta de los seres humanos y a su personali­dad. Hasta ahora, la psicología experimental le es tributaria. Cuando la psicología experimental se "libera" de la actitud clínica y del método clínico, ocurre que el psicólogo deja de estudiar seres humanos para estudiar la técnica que emplea. Esto es muy frecuente, especialmente con los psicotécnicos que terminan estudiando el test y para ello se sirven de seres humanos, en lugar de servirse del test para estudiar los seres humanos. Tienen, indudablemente, derecho a hacerlo, pero no a pensar que eso es hacer ciencia en psicología, por el solo hecho de que además utilizan la estadística y las matemáticas. No se puede llegar a una ciencia del hombre, sin el hombre. Sin el hombre estudiado y sin el hombre que estudia.

10. Síntesis

Por ciencia entendemos el conjunto del saber científico, tanto como la indagación sistemática que conduce al saber científico; por separado, y en relaciones muy discutibles, se incluye la técnica, que es el conjunto de procedimientos con los cuales se logra y se aplica el conocimiento cientí­fico.

Los métodos científicos se cuentan —como hemos visto— como muy numerosos, pero, para orientarnos en ellos, los dividiremos en tres tipos; uno de éstos está constituido por los métodos que definen cierta manipula­ción de los hechos o el empleo de determinadas técnicas instrumentales, y de esta manera se incluyen aquí, por ejemplo, el método experimental, clínico, estadístico, diferencial, factorial, etcétera.

Un segundo tipo de método está dado por el aislar momentos del pro-



Psicología y filosofía

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ceso total del conocimiento; de esta forma se incluyen aquí los así llama­dos métodos: racional, irracional, intuitivo, comprensivo, explicativo, empírico, etcétera. Ya nos hemos referido a ello, sacando la conclusión de que no se debe hablar, en este sentido, de métodos científicos.

Una tercera clasificación es la que utiliza o se basa en los distintos es­quemas referenciales que se emplean en la investigación y en la sistemati­zación teórica; a ellos nos hemos referido más específicamente en el capí­tulo de los encuadres. Así se habla de método genético, histórico, evolu­tivo, etcétera, cuando lo que rigurosamente corresponde es hablar de en­cuadres.

Para una mejor discriminación, sólo en el primer caso conviene hablar de métodos; en el segundo, de proceso o momentos del conocimiento, y en el tercero, de encuadres.

Bibliografía

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Capítulo XVI




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