Psicologia de la conducta jose bleger


Estructura de la conducta



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Estructura de la conducta

1. Los "grados de libertad" o repertorio de conductas

La conducta, estudiada en el nivel psicológico, es la conducta molar, es decir, una totalidad organizada formando una unidad de experiencia con una unidad de significado. Hemos estudiado en ella su finalidad u objetivo, su carácter de vinculo con la relación de objeto o de fin, sus motivaciones, su significado. Pero además, toda conducta es una pauta específica de relación interpersonal (objetal), y esto es lo que queremos estudiar ahora. Estas características de la conducta molar, que hemos enumerado, cons­tituyen partes de la estructura total de la conducta. Sin embargo, inclui­remos en esta denominación, específicamente, el carácter o tipo de pauta espefica de relación de la conducta en sus distintas modalidades, porque, además, indefectiblemente ella implica las otras características de la con­ducta molar.

Si sometiésemos una gran cantidad de personas de distintas edades, de distintas características y grados de salud o enfermedad mental, a todas las situaciones y a todos los estímulos posibles, obtendríamos una enorme cantidad de respuestas. Estas respuestas podrían ser generalizadas o abs­traídas en categorías, tal como se opera en todo campo científico, y de esta manera obtendríamos lo que —por extensión de otros campos— se puede denominar "los grados de libertad" del ser humano, es decir, la can­tidad de formas en que el ser humano, unitariamente considerado, puede responder o actuar; todos los tipos de conducta a los que puede recurrir: el repertorio de la conducta. Eso es lo que intentamos obtener con el estudio de las estructuras de la conducta, definidas -como ya lo hemos hecho- en su forma restringida, como pautas específicas y posibles de reacción (de conducta).

En el desarrollo de este capítulo nos basamos extensamente en los estudios de E.J. Pichón Riviére sobre la conducta y los síntomas como vínculos, tanto como en estudios personales sobre el tema. Todos estos aportes no han sido sistemáticamente expuestos, hasta ahora, en ninguna publicación, aunque han centrado reiteradamente nuestra atención en cursos, clases y conferencias. Al mismo tiempo, es necesario consignar que estos estudios se basan ampliamente en los aportes de M. Klein y en los


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de Fairbairn, pero, por otra parte, sin una estricta adhesión a todas las teorías de estos autores.

Como podrá verse en el estudio de las estructuras de conducta, se toma como base el carácter del vínculo que se establece con el objeto, y se diferencia de las conductas defensivas en que, en estas últimas, se estudia la conducta como fenómeno, en gran medida, independiente del vínculo o relación objetal. Un estudio de la estructura asienta también sobre el hecho de que toda conducta es un papel y, por lo tanto, una función social, y que éstas son necesariamente limitadas en cada cultura, aun admitiendo su gran variedad; además, existe siempre en la sociedad, en los individuos y los grupos, una fuerte tendencia a canalizar y organizar la conducta en forma rutinaria, de manera tal que su recurrencia es amplia en cada individuo, en los grupos y en la organización social tomada como totalidad.

En condiciones habituales, cada persona no realiza la totalidad de las conductas y de las estructuras posibles; organiza su personalidad sólo sobre el predominio de algunas de ellas. Cada individuo tiene su repertorio de conductas, modos o estructuras privilegiadas de comportamiento. Eso es justamente lo que constituye la personalidad.

Modificando las condiciones, todos los individuos pueden realizar la totalidad de las estructuras de conducta posibles, con intensidad, frecuen­cia y duración muy variables. Esta es la experiencia que recogemos en el tratamiento psicoanalítico en el que se manifiestan, en el curso del tiempo, todas las estructuras en todas sus modalidades: normales, rasgos de carác­ter, neurosis, psicosis y caracteropatías.

Toda conducta, en el momento en que se manifiesta, es la "mejor" conducta, en el sentido de que es la más ordenada y mejor organizada que el organismo puede manifestar en ese momento, y es la que puede regular la tensión en el máximo posible para esas condiciones. La personalidad se expresa siempre sobre el más alto grado de integración y organización que le resulta posible en cada momento, aunque, lógicamente, éste puede ser altamente variable y cambiante. En otros términos, el organismo opera siempre de la manera más adecuada para sus posibilidades en ese momento, y en esto incluimos, también, no sólo la normalidad, sino la patología; de tal manera que inclusive el síntoma es la conducta mejor que el organis­mo puede manifestar, para resolver en la mejor forma posible las tensiones que enfrenta en ese momento.

Para que un organismo manifieste modificaciones (conductas), tiene que existir una ruptura del nivel de autorregulación y —por lo tanto— una necesidad de recuperarlo. Este efecto del estímulo o de la situación estimu­lante es permanentemente un peligro de intensidad muy variada para el organismo, peligro que por supuesto depende no sólo del estímulo, sino de

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la organización del campo total, uno de cuyos integrantes es el organismo. Frente al objeto peligroso son factibles distintas técnicas, que son las que denominamos estructuras de conducta.

2. Estructura paranoide

En ella, lo característico es que el sujeto acusa, indentifica o vivencia, en el mundo externo, un objeto u objetos persecutorios o peligrosos, que pueden irrumpir poniendo en peligro el equilibrio o la integridad de su yo; es decir, el sujeto se siente amenazado por peligros que provienen del exterior.

Estos peligros exteriores, que el sujeto acusa o vivencia, constituyen no otra cosa que una modalidad de conducta en el área del mundo ex­terno. Estos peligros pueden ser reales pero —al mismo tiempo— son siempre proyectados, en el sentido de que para que el sujeto acuse un obje­to peligroso en el mundo externo tiene siempre que haber existido una proyección previa, puesto que un objeto peligroso real no es vivenciado o acusado como tal mientras no coincida con una proyección previa de un objeto interno peligroso. La proyección no invalida la existencia de peligros reales, que pueden dañar o destruir el organismo, pero éstos no son válidos o existentes psicológicamente mientras no haya operado la proyección.

Con esto, de ninguna manera se afirma que los peligros exteriores son creados por proyección y que el mundo real sea creación de nuestra orga­nización psicológica; lo que se proyecta no es una esencia psicológica, sino una cierta organización de experiencias previas por las que ya ha atrave­sado el sujeto o el grupo. Por otra parte, lo que se estudia aquí son los momentos y las formas en que el mundo externo se incorpora como conducta en el ser humano, y para que ello ocurra, es indefectible que el ser humano se incorpore a sí mismo en el mundo exterior, y esta última es la función que cumple la proyección.

Es muy importante el grado de coincidencia entre lo proyectado (lo depositado) y el depositario. Ello depende del sentido de realidad del depositante (su salud mental), y en ello se incluye la posibilidad de proyec­ción e introyección sucesiva y reiterada, de tal forma que se haga factible la rectificación de lo proyectado. Puede, sin embargo, no coincidir lo deposi­tado con el depositario, sin que ello vaya seguido de ninguna rectificación. Puede no existir un peligro real y, sin embargo, por la proyección de un objeto malo, el depositario es vivenciado o acusado como peligroso; puede existir el peligro real y la proyección ser de un objeto bueno, en cuyo caso

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no se lo vivirá como objeto peligroso; puede existir el peligro real y no vivenciarse de ninguna manera, negándolo. Puede existir un objeto real bueno o anodino y, por la proyección de un objeto malo, el mismo es vivido como peligroso.

Un objeto, externo y real, nunca forma parte de la conducta de un sujeto mientras no exista una proyección, y en la conducta paranoide es referido, vivido o acusado como peligroso un objeto externo sobre el cual se ha realizado la proyección de un objeto malo.

La proyección puede ser de objeto bueno, en cuyo caso el depositario resulta vivido como un protector, pero ésta ya no pertenece a la conducta de estructura paranoide.

El peligro del objeto exterior, que es la característica de la conducta paranoide, depende de varios factores, entre ellos: de la calidad y cantidad de lo proyectado, del yo del sujeto y de las relaciones que guarda lo pro­yectado con el otro término de la ambivalencia primitiva o de la divalencia presente. El peligro es siempre doble: por un lado el peligro de una rein-troyección y por otro lado, como consecuencia de ello, el peligro de desin­tegración del yo. Lo típico de la estructura paranoide, su momento de aparición, es frente al peligro de reintroyección.

Una persona, por ejemplo, puede acusar como peligrosa a la gente por la proyección de su propia maldad, pero puede también acusarla como peligrosa porque ha proyectado lo bueno y quedado él con lo malo. El peligro, en ambos casos, es el de una reintroyección de lo proyectado y una restitución de la ambivalencia (conflicto). Pero mientras se evita este peligro, se está corriendo otro: el de la amenaza de destrucción o desin­tegración del yo del sujeto. La conducta paranoide es, entonces, una manifestación que se estructura frente a depositarios situados en el mundo externo, sobre los cuales se ha proyectado un objeto cuya reintroyección es aún más peligrosa en ese momento.

La conducta paranoide no existe sin proyección, pero esta última no es privativa en forma total de la primera. Lo que caracteriza la conducta paranoide no es la proyección en sí, sino el acusar, referir o vivenciar como peligroso el depositario sobre el cual se ha realizado la proyección. En otros términos, la conducta paranoide es un tipo o una pauta de conducta frente a un objeto persecutorio, pero no la única, tal como veremos en el desarrollo de este capítulo.

En la conducta de estructura paranoide se incluyen los que acusan o refieren peligros o culpas a otras personas u objetos del mundo exterior, los que adjudican a otros la responsabilidad de lo que les ocurre o hacen, los que actúan o piensan en función de eventuales, posibles o actuales peligros o riesgos del mundo exterior, los desconfiados e irritables; igual-



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mente, las conductas de ataques y distintas formas de violencia contra el mundo exterior u objetos del mismo.

3. Estructura ansiosa

En ella, lo característico es la presencia de ansiedad en cualquiera de sus modalidades; constituye una reacción del organismo cuando éste ha perdido su posibilidad de reacción organizada y coordinada; la ansiedad es un estado de desorganización, según lo ha catalogado y estudiado Golds-tein. Para este autor, esta conducta "desorganizada" o "catastrófica" aparece no solamente como incorrecta e inadecuada, sino también desor­denada, inconstante y contradictoria.

Esta desorganización de la respuesta o esta conducta desorganizada, es siempre el resultado de un peligro que ya está actuando como tal y ya .-, está desorganizando la personalidad. Ya hemos señalado en otro lugar que j si esta ansiedad no es muy intensa y no sobrepasa determinado umbral, '[ ella constituye un elemento altamente positivo, en cuanto sirve como ¡ señal de alarma, como señal de previsión o anticipación, que moviliza y prepara el organismo para un peligro próximo o futuro.

La conducta de estructura ansiosa es siempre, entonces, el resultado de un peligro y, en función de este último, puede ser de dos clases: para­noide y depresiva, aunque siempre coexisten y alternan, con un predomi­nio relativo de alguna de las dos, que es justamente lo que nos permite caracterizarlas. En la ansiedad paranoide, el peligro es el de un objeto per­secutorio que no sólo es amenazante como en la estructura anterior, sino que en ésta ya está operando o actuando, desintegrando o desorganizando la personalidad. Aunque la ansiedad paranoide es siempre la reacción del organismo a un objeto persecutorio, lo que se manifiesta es exclusivamen­te el efecto y no el objeto persecutorio.

La conducta de estructura ansiosa puede manifestarse en las tres áreas conjuntamente, o bien sólo en alguna de ellas, tanto como puede alternar o sucederse en el tiempo. Según que predomine el área uno, dos o tres, recibe los nombres, respectivamente, de ansiedad, angustia o miedo. Los tres están ligados o vinculados, como reacción, a objetos persecutorios. Con cierta frecuencia, se diferencia la ansiedad del miedo en que en este último existe un objeto al que se teme mientras que en la primera no hay objeto; nuestra experiencia nos señala que en los tres hay objeto, pero en el miedo hay además un depositario del objeto proyectado, de tal manera que el miedo es siempre preferible a la ansiedad o a la angustia porque tiene un depositario, está localizado y circunscripto el objeto persecutorio,

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se sabe a qué atenerse y de dónde viene el peligro. En las tres áreas, el fenó­meno de la ansiedad paranoide puede llamarse unitariamente miedo o ansiedad.

Cuando la manifestación de la ansiedad predomina en su expresión en el área del cuerpo, Freud ha designado dichos fenómenos como equivalen­tes de la angustia. De acuerdo con lo que venimos desarrollando, tales equi­valentes son expresión directa y original de la ansiedad en el área del cuerpo.

Hay una transición gradual e insensible entre la conducta de estructura ansiosa y la paranoide, y esta transición la da el miedo, que ya ubica un depo­sitario para el objeto proyectado. La persona que tiene ansiedad se calma cuando se manifiesta el miedo, y desaparece el miedo cuando puede reac­cionar contra el depositario; en ese caso se ha transformado su conducta de estructura ansiosa en otra de carácter paranoide. Por supuesto, es factible que el proceso ocurra en ambos sentidos.

La ansiedad depresiva aparece frente al objeto ambivalente y, en ella, el peligro es el de la destrucción del mismo. Puede manifestarse, al igual que la ansiedad paranoide, en las tres áreas en conjunto o en alguna de ellas. Es el fenómeno que más comúnmente conocemos por tristeza. En él, si predomina la desorganización de la personaÜdad en cualquiera de las tres áreas, la seguimos calificando de conducta ansiosa, pero si hay una organización o respuesta más organizada frente al objeto ambivalente, lla­mamos a esto una conducta de estructura depresiva; ambas están Ügadas por una transición gradual o insensible pero reversible.

4. Estructura depresiva

Lo característico de la conducta de estructura depresiva es su apari­ción cuando se ha perdido o destruido un objeto querido tanto como cuando se corre riesgo de perderlo o destruirlo. En la conducta de estruc­tura ansiosa, predominantemente depresiva, se está frente al peligro de destrucción del objeto ambivalente, mientras que en la estructura depresiva esta destrucción ya se ha realizado y como el objeto es ambivalente (se lo odia al mismo tiempo que se lo quiere), el sujeto siente que es él quien lo ha destruido. Así como la desconfianza y la reivindicación caracterizan la conducta de estructura paranoide, en la conducta de estructura depresiva aparecen la culpa y la necesidad de expiación.

Cuando, en lugar de sentirse uno mismo culpable, se echa la culpa a otro y se actúa en función de ello, se ha pasado de la estructura depresiva a la paranoide.



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5. Estructura evitativa

La evitación del objeto peligroso es lo característico de la estructura evitativa que, por lo tanto, asienta siempre sobre una situación persecuto­ria, es decir, una previa proyección. Como el objeto peligroso se halla en el mundo extemo, resultan evitados -consciente o inconscientemente-los depositarios: personas, objetos y lugares que son cuidadosamente evi­tados. Si, de todas maneras, una persona con conducta de estructura evi­tativa fuerza la situación y se enfrenta con lo que trata de evitar, aparece una conducta de estructura ansiosa o paranoide o ambas.

La evitación puede dirigirse a objetos muy limitados o restringidos, que son los objetos peligrosos, pero una de las estructuras que estamos considerando es el desplazamiento, en el que progresivamente se "conta­minan" otros objetos relacionados con el objeto peligroso, proyectado. Esta progresión o desplazamiento se hace por simple contigüidad o por una asociación significativa. En psicopatología, la estructura evitativa consti­tuye las fobias.

Una forma de poder enfrentar el objeto peligroso, en la conducta evi­tativa, es la de ser acompañado. El acompañante es un protector, un depo­sitario en quien se proyectan objetos buenos y puede ser —en algunos casos- cualquier persona, pero en otros solamente determinadas personas que posean alguna característica particular que resulte protectora para el sujeto. Si la protección se obtiene a través de amuletos o rituales, se pasa a la conducta de estructura ritualista, tanto como puede ser también inver­so el pasaje.

Si todo el mundo extemo se torna peligroso y se lo evita en su totali­dad, se pasa de la estructura evitativa a la estructura esquizoide y, en su grado máximo, al autismo, como forma particular y extrema de la estruc­tura esquizoide.

6. Estructura ritualista

La necesidad del acompañante en la conducta evitativa es el paso intermedio a la conducta de estructura ritualista, porque como su nombre lo indica, lo característico de esta última es el recurrir a rituales para anular mágicamente el peligro del objeto persecutorio, al cual se mantiene de esta manera controlado en forma mágica. El ritual aparece o se configura cuando se estereotipa la forma con la cual se impide el peligro del objeto persecutorio y peligroso, sea anulándolo mágicamente o controlando una distancia óptima entre el objeto malo y el bueno. El ritual puede consis-



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tir en una compañía estereotipada, un objeto que sirve de amuleto o un determinado ceremonial. En este control, el orden sirve también como

ritual estereotipado.

En la estructura evitativa, tanto el objeto peligroso como el bueno (ambos divalentes) estaban situados en depositarios en el área tres. Eso mismo puede ocurrir para la estructura ritualista, pero puede además abar­car las otras dos áreas; se puede tratar de un ritual o una estereotipia fren­te a un "mal" pensamiento, el cual necesita ser anulado con otro pensa­miento "bueno". Una fórmula muy mitigada, cercana a este ejemplo, es el caso de la duda, en la cual oscilando entre dos soluciones se configura un ritual que evite el peligro que potencialmente hay en cada una de las dos. El ritual puede ser un gesto, una actitud, un tic, la rigidez muscular, o bien aparecer con la ropa, que pertenece también al esquema corporal. El ritual puede variar tanto como puede variar la dinámica y localización



Ide los objetos divalentes. Una diferencia fundamental con la estructura evitativa es que, en esta última, se evita un objeto peligroso en el área del mundo externo, mientras que en la ritualista puede estar en cualquiera de las tres áreas. Si se introyecta el objeto malo, desde el depositario al área del cuerpo, y éste no pasa a ser controlado con un ritual, puede ser contro­lado y mantenido a distancia, disociado del objeto bueno, por una conduc­ta de estructura conversiva. En psicopatología, la conducta ritualista cons­tituye los cuadros obsesivos.

7. Estructura esquizoide

En la estructura esquizoide se evita todo el mundo exterior y se carac­teriza por una actitud de aislamiento y distancia. Esta puede abarcar toda la conducta, pero también puede ser predominantemente una actitud de distancia o frialdad afectiva, sobrevalorándose las relaciones intelectuali-zadas o racionalizadas, "frías".

El máximo de distancia y aislamiento de la estructura esquizoide ocurre en el autismo, que es ya claramente una situación patológica, en la que la distancia con el mundo exterior es máxima y predominan los víncu­los con objetos internos. Este repliegue se da también en otra conducta de estructura esquizoide que es la introversión, pero que se diferencia del autismo porque puede fácilmente retomar contacto con el mundo externo, de acuerdo con sus características reales, retorno que está impedido en el

autismo.


Autismo es un término que fue introducido por Bleuler para caracte­rizar la pérdida del sentido de la realidad. Un sujeto es autista no sólo

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cuando se ha distanciado del mundo exterior sin mantener contacto o rela­ción con él, sino que autista es también aquel que mantiene contacto con el mundo exterior pero no con sentido de realidad, es decir, no por lo que las cosas son realmente, sino que las trata como si fuesen prolongación de su propio mundo interno, es decir, con una pérdida del sentido de reali­dad. El autismo es el punto de partida de todos los cuadros psicopatoló-gicos que se conocen como esquizofrenias.

8. Estructura histérica

La estructura histérica se caracteriza fundamentalmente por una con­ducta que tiene apariencia de representación, que en casos extremos puede llegar a una verdadera teatralidad. Esta apariencia de representación se debe a que la personalidad se halla disociada y en parte permanece ajena a la conducta, que por eso mismo tiene un carácter de ficción o de repre­sentación.

En la estructura histérica la relación con el mundo exterior es aparen­temente fácil y fluida, y presenta siempre, en mayor o menor grado, un carácter de seducción.

La conversión pertenece a esta misma estructura, y en ella el objeto persecutorio es controlado en el área del cuerpo, con modificaciones, tran­sitorias o duraderas, de las funciones corporales, pertenecientes principal­mente a la esfera de la musculatura estriada, pero sin limitarse a ella. En la conversión aparece también el carácter de representación o teatraÜdad, de ficción o simulación, dado por una profunda disociación, por medio de la cual el propio sujeto se mantiene distante de sus síntomas. En la histeria fue esta característica la que hizo que Charcot hablara de la belle indi-fférence de los histéricos.

9. Estructura hipomaniaca

La estructura hipomaniaca se caracteriza por un ritmo especial de acercamiento y alejamiento alternado, a velocidad, con lo cual se logra el control y la inmovilización del objeto peligroso.

Se la estudia especialmente en psicopatología y psiquiatría, en la manía y en la hipomanía.

,-g José Bleger

10. Estructura confusional

En ésta se ha perdido la discriminación entre objeto bueno y ma­lo, entre objeto ambivalente y divalente y entre yo y no-yo. Puede apa­recer también no sólo por la pérdida de una discriminación preexistente, sino por el enfrentamiento con situaciones desconocidas, nuevas, no dis­criminadas y que no se incluyen o incorporan a las categorías y a las técnicas de conducta con las cuales se ha manejado el sujeto hasta ese

momento.


En la estructura confusional se ha desorganizado y destruido el yo del sujeto y aparece una ansiedad de tipo especial, la ansiedad confusional. A diferencia de la estructura ansiosa, en la que se desorganiza la conducta o la respuesta integrada y coordinada del organismo frente a objetos par­ciales o totales, en la ansiedad confusional el objeto adopta o tiene las características que hemos denominado "núcleo aglutinado", que es funda­mentalmente no discriminado.

La estructura confusional se relaciona en la patología, de manera muy estrecha, con todas las perturbaciones de la claridad de conciencia: obnu­bilaciones y confusiones; por otro lado, cuando el núcleo aglutinado se controla en el área del cuerpo, se tiene el cuadro denominado hipocondría, o la estructura de conducta hipocondríaca.



11. Estructura accesional

En esta estructura lo característico es el ritmo de la misma, una apa­rición o presentación en forma accesional, paroxística, brusca. Toda con­ducta, aun comprendida en alguna de las estructuras anteriores, es de estructura accesional si aparece con un ritmo de estas características.

En la estructura accesional se controla ose administra un quantum agre­sivo considerable, y en el campo de la psicopatología corresponde a las

epilepsias.

Se diferencia de la estructura hipomaníaca por un ritmo distinto; rápido y alternante en la última, y accesional, paroxístico en la primera. En esta misma el ritmo paroxístico puede estar reemplazado por conductas tenaces, viscosas y destructivas, o alternar con ellas.

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12. Estructura hipocondríaca

Como ya hemos dicho, en la estructura hipocondríaca se controla e inmoviliza en el cuerpo un núcleo aglutinado y, por lo tanto, no discri­minado. Se caracteriza por una relación predominante a través del órgano y la queja.

La disolución de la estructura hipocondríaca acarrea el descontrol del núcleo aglutinado que, si ataca al yo del sujeto, produce los distintos tipos de estructura confusional. Tiene un gran interés, especialmente desde el punto de vista psicopatológico, aún no suficientemente investigado y aclarado.

13. Dinámica de las estructuras

La conducta puede modificar rápidamente su estructura, de tal mane­ra que esta última sólo califica momentos o un proceso total, o momentos de la "corriente" de la conducta.



Durante una sesión psicoanalítica, una persona —por ejemplo— dice lo siguiente: "No lo oigo, se me tapó el oído". Cuando le repito lo que

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había dicho anteriormente, en voz más alta, me contesta: "¿Por qué me grita? ¿Usted cree que soy sorda? No lo voy a escuchar más ni voy a vemr

Cuando dice: "No lo oigo, se me tapó el oído", la conducta es de estructura conversiva; lo peligroso que teme escuchar (objeto persecutorio) es controlado y fijado en una modificación corporal.

Cuando repito lo que no oyó, se transforma la estructura conversiva en paranoide: sobre el analista queda depositado el objeto persecutono y peligroso que antes fue fijado en la modificación corporal y que ahora fue proyectado. Ella reacciona frente al objeto persecutorio: "¿Por que me grita? ¿Usted cree que soy sorda?"

De inmediato, se vuelve a modificar la estructura de la conducta y pasa a ser evitativa: "No lo voy a escuchar más, ni voy a venir más".

Pero las modificaciones no siempre se dan con ese ritmo (hipomanía-co) de cambios tan rápidos y -aun así- podemos siempre individualizar



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las estructuras predominantes en la conducta de un individuo o un grupo, y éstas son las que permiten caracterizar la personalidad. De igual manera, las mismas estructuras nos permiten calificar las situaciones patológicas, se trate ya de neurosis, psicosis o caracteropatías, tópicos que no serán desa­rrollados aquí. Abarcadas de esta manera, las estructuras de conducta nos permiten concebir unitariamente dentro de un mismo proceso todas las conductas, sean normales o patológicas, y nos permiten, además, seguir en el proceso los pasajes de una estructura a otra, tanto como los pasajes de la normalidad a la patología. Podríamos, sin exageración, comparar esta tabla de las estructuras de la conducta, en relación con la normalidad, el diagnóstico de personalidad y los diagnósticos de neurosis, psicopatías y caracteropatías, con la Tabla periódica de los elementos de Mendeleiev.

14. Estructuras y ritmos

Algunas de las estructuras de conducta deben ser en cierta medi­da separadas o señaladas especialmente, porque tienen la caracterís­tica de ser esencialmente ritmos, es decir, de manifestarse o aparecer en una forma particular en el tiempo. Podría discutirse la utilización aquí del concepto de ritmo porque se trata de una relación con el tiempo, pero sin que la conducta sea necesariamente recurrente o periódica; por ello, es posible que sea mejor hablar de Tempo de las estructuras de conducta.

Reconocemos tres ritmos, o tres tempos, básicos: accesional o pa-roxístico, hipomaníaco y cicloide. En el primero, la conducta aparece de manera explosiva, brusca, accesional, tal como lo hemos descripto ya, pero con este ritmo pueden presentarse estructuras diferentes, como, por ejemplo, la ansiosa, paranoide, obsesiva, histérica, etcétera.

En el ritmo o tempo hipomaníaco hay una rápida alternancia de pro­yección e introyección con variación rápida del objeto con el que se hace dicho proceso; en rigor, corresponde a una rápida alternancia de la estruc­tura evitativa (fóbica) con su opuesta, la contrafóbica.

En el ritmo o tempo cicloide se presentan períodos de una misma estructura que se instalan y desaparecen gradualmente. Deriva de la obser­vación del decurso de la psicosis maníaco-depresiva, en la que se alternan períodos melancólicos con otros maníacos, con otros períodos de acalmia de estructura obsesiva. Sin embargo, es un ritmo (con sus variantes) que se observa también en la normalidad y que se da asimismo con otras estruc­turas de conducta.





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