Psicologia de la conducta jose bleger



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Y HEREDITARIOS INFANTILES

Una segunda serie complementaria está constituida por las experien­cias infantiles, que adquieren una importancia fundamental porque ocurren en una época de formación de la personalidad y, por lo tanto, son más decisivas.

Una tercera serie complementaria está constituida por los factores desencadenantes o actuales. Estos últimos actúan sobre el resultado de la interacción entre la primera y segunda serie complementaria, es decir, sobre la disposición.

Motivación de la conducta 135

La primera serie complementaria da, como resultado, lo que se deno-. el componente constitucional. Tanto ésta como la segunda serie

pigmentaria se pueden incluir dentro de lo que Lewin ha llamado la ° usalidad histórica, mientras que la disposición y los factores desencade-antes constituyen la causalidad sistemática, porque hay que tener en cuenta que la disposición es también un factor actual, integrante del cam-presente, al igual que los factores desencadenantes.

Los efectos pueden reactuar, solamente, sobre estas dos últimas series complementarias, es decir, modificando la disposición y/o los factores desencadenantes; no pueden modificar el pasado (la herencia y las expe­riencias infantiles), pero sí la gravitación de los mismos.



Existe también una interacción entre los factores desencadenantes y la disposición, en el sentido de que esta última acentúa, promueve o estruc­tura la actuación de determinadas causas desencadenantes, y estas últimas pueden, a su vez, modificar la disposición. Por supuesto que todas estas interacciones así como existen pueden dejar de existir y entrar en un círculo vicioso, estereotipado (paralización del aprendizaje), y también se pueden distorsionar, perturbar o influir positivamente.

Las tres series complementarias están siempre presentes en toda con­ducta (normal o patológica), pero puede existir un predominio (siempre relativo y nunca absoluto) de cada una de las series, en los casos en que la intervención de alguna de ellas sea preponderante; cuando tal es el caso para la primera y segunda serie complementaria (constitución y disposi­ción), se caracteriza como un predominio de factores endógenos, mien­tras que cuando lo importante es el factor desencadenante, se caracteriza como un predominio de los factores exógenos. Entre ambos no hay con­tradicción o exclusión; siempre están presentes ambos, aunque, como acabamos de ver, puede ocurrir un predominio de alguno de ellos.

Estas denominaciones, según el predominio de alguna de las series complementarias, se utilizan para calificar tanto las causas como las con­ectas mismas (normales o anormales: síntomas y enfermedad). Exógeno ' endógeno califican solamente predominios relativos, pero no son exclu-yentes; lo exógeno sólo puede actuar a través de lo endógeno, y a su vez




e8er

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José si

Motivación de la conducta

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este último condiciona o modifica al primero. Además, lo endógeno h sido a su vez, en algún momento del desarrollo, también exógeno.

5. Causalidad y niveles de integración

Todos los fenómenos están interrelacionados y la causalidad es, según ya lo hemos dicho, un momento de todas estas complejas y continuas inte* racciones. Podemos valorarlas y sistematizarlas dividiéndolas, como ya l0 hemos hecho, en causas primarias y secundarias, pero también examinán­dolas en función de los niveles de integración, de las áreas, de los ámbitos y los campos.

La causalidad opera en todos los niveles de integración de la conduc­ta, y reservamos específicamente el término causalidad para todos los nive­les, excluido el psicológico; la causalidad operante en este último es lo que denominamos motivación.

Motivación es, entonces, la causalidad operante en el nivel psicoló­gico de integración, ya que la motivación es también conducta y no un agente externo o extraño o distinto de la conducta misma. Tampoco exclu­ye los otros niveles de integración, sino que, como en el caso de la conduc-

en general, los implica (contiene). La motivación es, por lo tanto, una ducta molar y aparece como suceso, acontecer o experiencia humana amática). Estudiada la motivación, todavía cabe, necesariamente, el tudio de la causalidad de la motivación. Los distintos tipos o modos de "por qué" han sido estudiados y clasi-fcados p0r Mac Iver dentro de un esquema referencial, que a nuestro jui­cio es eLde los niveles de integración; además, el autor estudia estos nive­les de integración en distintos tipos de fenómenos, mientras que nosotros estudiamos fundamentalmente la causalidad en todos los niveles de inte­gración de un solo, fenómeno: la conducta del ser humano. Por la claridad didáctica de su estudio, reproducimos el cuadro de Mac Iver, aunque dife­rimos en algunas de sus apreciaciones al respecto.

6. Causalidady ámbitos de la conducta



La causalidad, tanto como la motivación, pueden ser estudiadas en todos y en cada uno de los ámbitos de la conducta: psicosocial, sociodiná-mico e institucional; con esto se sostiene que todos los niveles de integra­ción pueden ser aplicados en todos los. ámbitos. Estos últimos tampoco pueden existir independientemente, sino que siempre están todos implica­dos y relacionados.

Si se trata, por ejemplo, de investigar el alcoholismo, se puede estudiar la causalidad y la motivación del mismo en los individuos, los grupos socia­les o las 'instituciones (ámbitos de la conducta), y a su vez, en cada uno de ellos puede ser estudiado en distintos niveles: psicológico (depresión, ansie­dad, etcétera), biológico (causas metabólicas, etcétera), socioeconómico (período de crisis económica, inflación, guerra, etcétera).






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7. Causalidad y campo de la conducta

Las causas pueden ser estudiadas en los tres campos, es decir, en el conjunto de factores presentes en interacción en un momento y un espacio dados. Uno de los aspectos más interesantes en este enfoque de la causali-dad, es el de la coincidencia o divergencia entre las causas en los tres dis­tintos campos, que sólo son aspectos parciales de una unidad y una tota­lidad.

Aquí se estudian las causas en un momento dado, examinando los fac­tores presentes y su interacción en el campo de conciencia (pensamientos, intenciones, etcétera), en el campo psicológico (conductas en el área del cuerpo y del mundo externo), tanto como el contexto y el campo ambien­tal, tal cual es en su estructura real u objetiva.

Si relacionamos la causalidad con los campos de la conducta podemos entender más correctamente los fenómenos de donde ha derivado la clasi­ficación de las causas en objetivas y subjetivas, por un lado, y en exógenas y endógenas por otro. La clasificación objetivo-subjetivo tiene en cuenta la observación o el registro que puede realizarse de los fenómenos, y así llamamos causas objetivas a todas las que emergen de A y B, mientras que llamamos subjetivas a las que derivan de C.

La clasificación de causas en endógenas y exógenas tiene en cuenta al organismo por un lado y los demás factores por otro; así son exógenas las causas que derivan de A y endógenas las que provienen de B y C.



Motivación de la conducta 139

Ya hemos estudiado, en otro capítulo, que las áreas de la conducta

. nen una estrecha relación con los campos, en el sentido de que el área

! se superpone con el campo C, las áreas dos y tres con el campo B.

¡diferencia entre campos y áreas de la conducta y el interés de estudiar-

ü por separado (aunque como vemos se pueden superponer) estriban

que las áreas de la conducta no excluyen otros estudios, además del de

su relación con los campos; estos últimos implican las áreas en el nivel

psicológico y en un momento de un espacio dado.

8. Motivación consciente e inconsciente



Lo que una persona acusa o expresa como motivación de su conducta puede ser sólo parte de la motivación total, pero puede también ser única­mente una justificación o racionalización de aquélla, escapando a su cono­cimiento las motivaciones verdaderas. El primer caso es lo que lleva a la distinción entre motivos conscientes e inconscientes, y esta admisión de motivos inconscientes permite ampliar los límites de la motivación huma­na, que hasta Freud sólo se extendían a las causas.

La motivación consciente o inconsciente se refiere, en última instan­cia, al conocimiento o desconocimiento, respectivamente, que el propio individuo tiene de las motivaciones. Es indiscutible que hay diferencia entre necesidad y conciencia de necesidad: la primera corresponde al campo ambiental y psicológico, la segunda al campo de conciencia.



9. Causalidad psicogenética y organogenética

Esta discriminación entre causas orgánicas y psicológicas asienta sobre un dualismo sustancial: eí de la existencia de cuerpo y mente, pudiendo derivar las causas de la conducta de cada uno de ellos, de donde reciben,

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respectivamente, la denominación de psicológicas o somáticas (organogen' ticas).

En este planteo se incurre en una confusión entre el cuerpo (som ^ como área de conducta y el cuerpo como nivel de integración biológico En este último sentido, todo empieza y todo termina con el cuerpo y no hay -por lo tanto— ninguna conducta (normal o patológica) que no tenga causas orgánicas, es decir, en la que no haya modificaciones del organismo Pero el cuerpo, considerado únicamente en su nivel biológico de integra­ción, no es en rigor el cuerpo del ser humano total, porque en este último todas sus manifestaciones son también y siempre psicológicas, en cuanto lo consideramos como área de la conducta. La unidad reside en que, en el ser humano, el cuerpo como área implica necesariamente el nivel biológi­co de integración. En otros términos, en el ser humano toda causalidad tiene que ser motivación, en algún momento, del proceso de la conducta.



Las causas psicológicas son, por un lado, fáciles de definir si se admite como hecho psicológico la existencia de la mente o la psiquis (aunque trai­ga problemas mucho más serios por otros lados), posición que ya no pode­mos mantener seriamente en la actualidad; toda conducta en el ser humano acontece también en el nivel biológico de integración, y en el proceso de la causalidad que la produce interviene indefectiblemente la motivación (nivel psicológico).

De, esta manera, si no mantenemos el dualismo cuerpo-mente, la divi­sión en causas psicológicas o somáticas ya no puede sostenerse, resultando absurdos los problemas de si el psiquismo influye sobre el cuerpo y vi­ceversa.

Psicogénesis venus organogénesis juega todavía un papel muy impor­tante en el capítulo de las causas de las enfermedades (etiología), tanto orgánicas como mentales. Esta misma división en enfermedades orgánicas y mentales necesita ser esclarecida, porque éstas no se corresponden, respectivamente, con la organogénesis y la psicogénesis. Ambas son enfer­medades orgánicas, en cuanto siempre interviene el cuerpo, y la división sólo tiene validez si se entiende que, con esta clasificación, se está hablan­do de áreas de la conducta.

Se habla de psicogénesis, utilizando el esquema de las series comple­mentarias de Freud, cuando predomina en la etiología la disposición y den­tro de ella los sucesos de la vida durante la infancia; de igual manera se incluyen en la psicogénesis las enfermedades en las que predominan los factores desencadenantes provenientes de la vida actual del ser humano. De esta manera se desplaza la psicogénesis del concepto primitivo de ori­gen anímico o mental, a los sucesos de la vida (dramática).

Toda enfermedad, orgánica o mental, tiene causas biológicas y psico-



Uoúvadón de la conducta \41

r deas que se superponen y coexisten, con un predominio variable entre lias Las causas psicológicas no deben ser referidas, entonces, a un origen ental o psíquico, sino a la relación del sujeto con su medio y especial­mente a su relación con otros seres humanos, a un contexto que debe ser investigado en cada caso.



Debemos todavía aclarar una concepción dinámica de las enfermeda­des que atribuye en la psicogénesis un papel fundamental a las distintas áreas de la conducta, y especialmente a los afectos y las emociones. El error consiste en partir de la conducta en una de las áreas, tomada en forma aislada, como si éste fuese el punto de partida motivacional, rornpiendo así no sólo la unidad con las otras áreas de la conducta, sino además con el contexto, la situación total que es la fuente de la causali­dad psicogenética.

Si una persona llora, significa que está triste; su llanto es su tristeza. El origen psicológico de esta conducta no deriva del hecho de que la "tris­teza psicológica" se "transformó" en llanto. El origen psicológico de su tristeza, que aparece en el área del cuerpo como llanto, emerge de una situación, de un suceso.

Lo mismo puede decirse del papel que se hace jugar a la ansiedad en la psicogénesis, porque la ansiedad no es la causa de un síntoma, sino que ambos son emergentes de una situación.

10. Sobredeterminación causal

De todo lo expuesto se puede deducir que toda conducta (normal o patológica) se halla sobredeterminada, es decir, que tiene una policausali-dad muy compleja que deriva de distintos contextos o múltiples relacio­nes en los que se halla todo ser humano y cada una de sus conductas. En otros términos, nunca está operando una sola causa.

En la sobredeterminación causal debemos establecer una jerarquía de importancia, según las situaciones específicas que estamos estudiando y según los objetivos a que tiende dicho estudio. Ello puede ser facilitado con el siguiente esquema, que en la investigación psicológica puede hacerse en el siguiente orden:


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B. ESTUDIO DE LA CAUSALIDAD

1. Otros niveles de integración

Siempre hay un porqué específico al tipo de problema que se inves­tiga, y la causalidad sólo tiene sentido en un contexto delimitado de rela­ciones; de otra manera, se disuelve o diluye el fenómeno que se estudia en la infinita interacción con todos los fenómenos. No se deben formular causas generales para fenómenos específicos; no en el sentido de evitar la abstracción y la generalización, sino en el sentido de especificar causas comunes a varias y múltiples relaciones, cuando se requiere la causa especí­fica de un nivel, un ámbito o un campo. Siempre debemos tener en cuenta que, en forma explícita o implícita, la causa siempre se refiere a un esque­ma referencial, es decir, a un conjunto "recortado" de relaciones.

11. Los instintos

Capítulo muy extenso de la psicología tradicional, se ve cada vez más reducido en la psicología moderna, después de haber sido en un momento dado el eje de gran parte de la psicología, así como centro de innumerables investigaciones y polémicas. Los instintos no son hechos, sino inferencias, y en la medida en que se ha adelantado en la investigación, las deduccio­nes se han ceñido mucho más a los fenómenos concretos que se estudian, de tal manera que recurrir de inmediato a la hipótesis de los instintos para explicar o comprender un suceso lleva fácilmente a un bloqueo de la inda­gación, porque queda todo explicado sin haber explicado nada.

Con el término instinto se comprenden distintas cosas, que se hace imprescindible discriminar: a) se entiende por instinto las fuerzas o pulsio-



rfotivación de la conducta 143

básicas, de carácter biológico, a las que en última instancia se deben 1 dos los fenómenos y se reducen todas las causas, b) una acepción distinta

nomina instintos a conductas o pautas de conducta características de especie, que son innatas y no necesitan —por lo tanto— del aprendi-



ie que se ponen de manifiesto muy precozmente y se desarrollan en su otalidad de manera adecuada al logro de un fin y que carecen de la cua­lidad de fácil modificación o plasticidad; c) una tercera acepción de ins­tinto incluye la organización o estructura nerviosa o biológica, que susten­ta o que posibilita la aparición de los distintos fenómenos biológicos y psicológicos.

El concepto tradicional de instinto en psicología se atiene más a la for­mulación b, mientras que la revisión de la psicología tradicional se atiene a la interpretación o formulación de los instintos como fuerzas o pulsio­nes, que actúan como estímulos internos de carácter biológico, sobre los que asienta toda la vida psíquica. Esta ha sido fuertemente enfatizada espe­cialmente por Freud, y dio lugar a una de las corrientes de la psicología dinámica moderna.

La tercera acepción es, para nosotros, la que en la actualidad merece que se le dé más gravitación. De esta manera el instinto no es una fuerza ni una conducta, sino la estructura orgánica que posibilita determinadas conductas, pero estas últimas no aparecen si no se da la experiencia, de manera tal que la conducta y su objeto no están predeterminados bioló­gicamente ni pueden ser considerados como instintos. Las experiencias no clínicas que apoyan este criterio se hallan, a nuestro entender en las apor­taciones de Tinbergen y Lorenz, quienes han sugerido la existencia de "me­canismos desencadenadores innatos" con los que el organismo reacciona a ciertos estímulos signos. Pero los estímulos no están determinados por los "mecanismos desencadenadores innatos", sino que, a la inversa, son estos últimos los que quedan determinados por los primeros y más primitivos estímulos que sobre ellos actúan. Este fenómeno, llamado "impronta" o "impresión", consiste entonces en una experiencia cuyo objeto se consti­tuye en el estímulo concreto que podrá ulteriormente seguir poniendo en juego los "mecanismos desencadenadores innatos" correspondientes, con exclusión de otros estímulos y otros objetos. Lorenz comprobó que si un patito acepta una figura maternal, ya solamente esa madre ocupará el lugar. Lo interesante es que como madre puede actuar cualquier ser vivo al cual queda fijado, negándose después a aceptar a ningún otro como tal. La figura maternal que queda "impresa" pudo ser aun el mismo Lorenz. La cantidad de instintos admitidos por los distintos autores es muy variable: desde los que postulan uno o dos instintos hasta los que presen­tan un instinto para cada función importante o indispensable de la vida, y



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Motivación de la conducta

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sin duda que la importancia de los instintos ha sido sumamente exagerad y llegaron a constituir un verdadero obstáculo para la investigación. Fe*' estado de cosas se fue modificando, en la medida en que avanzaron 1 conocimientos antropológicos, sociológicos y psicológicos, que mostraro la gravitación de la cultura en la formación de la personalidad y las pauta de conducta, especialmente los datos que nos han conducido a la noción de relativismo cultural y la relación entre éste y la estructura de la perso­nalidad (M. Mead, Kardiner, Linton, etcétera).

Freud ha reconocido dos instintos, pero diferentes en distintos momentos de elaboración de sus teorías: inicialmente describió la existen­cia de instintos sexuales e instintos del yo (de conservación), pero poste­riormente modificó este esquema, incluyendo estos dos bajo la denomina­ción de instintos de vida (Eros) y contraponiendo a los mismos los instin­tos de muerte (Tánatos). McDougall describió tres instintos principales y siete secundarios, Colvin enumera treinta instintos, W. James presentó una lista de cincuenta y dos, Woodworth aceptó ciento diez. Bernard, de quien tomamos estos datos, estudió muy especialmente el problema en un libro dedicado al tema, realizando un análisis estadístico del uso de la palabra instinto en cinco mil seiscientos ochenta y cuatro casos tomados por el autor de la bibliografía de unos quinientos autores, deduciendo que los instintos se distribuyen, según estos estudios examinados, en veintidós epí­grafes y un grupo llamado misceláneo, en la forma siguiente:



No de No de

casos casos

Altruistas 119 Migratorios y de clima 64

Antisociales 185 Juego 168

Disgusto o repulsión 74 Retiro y descanso 36

Económicos 281 Religiosos 83

Estéticos 152 Venganza 96

Éticos 48 Humillación de sí mismo 139

Familia . ! 413 Afirmación de sí mismo 806

Temor y huida 287 Manifestación de sí mismo 107

Alimentación 228 Sexo 853

Gregarios o sociales 697 Destreza 266

Intelectuales 262 Misceláneos 229

Imitativos 91

Si bien, progresivamente, el papel de los instintos en la vida humana se

reducido en la psicología moderna, a favor del incremento del papel de

i socialización y el aprendizaje, un baluarte de los instintos ha seguido

>ndo el campo de la psicología animal, hasta jos estudios modernos de la

tología (Tinbergen, Lorenz, etcétera) que también reduceityel carácter

especulativo de la teoría de los instintos.

El análisis de la literatura sobre instintos y especialmente los estudios de Bernard y el libro reciente de Fletcher, conducen a demostrar que los estudios tradicionales sobre instintos se refieren al estudio de necesidades. Pero, si bien se incluyen la alimentación y la sexualidad, no se incluyen otras necesidades básicas y fundamentales como la respiración (salvo Claparéde que sí la incluye), la defecación, etcétera. Es fácil deducir que se han considerado como instintos las necesidades básicas, pero entre éstas únicamente aquellas cuya satisfacción trasciende a un acto social. Segura­mente se habría hablado, regular y constantemente, de un instinto respi­ratorio si el oxígeno fuese, al igual que el alimento, un producto inseguro en su provisión.

Sin embargo, no son pocos los autores que diferencian instinto de necesidad, considerando a esta última como la manifestación concreta del primero, y siendo, además, la necesidad más plástica en cuanto su satisfac­ción es menos imperiosa. Para nosotros todos los instintos son necesidades, pero una necesidad se "realiza" o se "cosifica" en un instinto cuando el objeto que satisface dicha necesidad es un valor de cambio.

Hacemos nuestra la actitud de Kardiner con respecto a los instintos cuando dice que "se pueden sacar conclusiones en torno de la conducta; sobre el instinto sólo se puede filosofar". Creemos que cuanto menos se recurra a los instintos, tanto mejor para la tarea científica. No es infre­cuente hallar la contradicción entre aportes positivos y concretos a la psi­cología, expuestos y desarrollados con teorías especulativas y abstraccio-nistas. Un ejemplo muy neto de ello es Freud, en quien hay una seria opo­sición y contradicción entre los aportes concretos al estudio de la motiva­ción y el carácter metafísico, mitológico de su teoría de los instintos, según él mismo la calificó.



12. Variables

Reciben el nombre de variables todos aquellos factores cuya magnitud puede sufrir modificaciones. Aquellos que tienen valores concretos y que el investigador modifica metódicamente, dentro de condiciones que se Mantienen constantes, se llaman en psicología experimental variables inde-


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pendientes. Todos aquellos factores cuyos valores quedan definidos por l0s de estas últimas reciben el nombre de variables dependientes; en otros tér­minos, son los efectos de los que los primeros son las causas.

Es fácil inferir que este esquema responde estrictamente al de la rela­ción estímulo-respuesta. Sin embargo, en psicología, esta relación no se cumple sistemática y estrictamente; las respuestas de distintas personas no son iguales frente a los mismos estímulos y tampoco lo es la respuesta de una misma persona en distintos momentos. Aquí Tolman hace intervenir entre las variables dependientes e independientes, las variables intermedias que son de dos tipos: variables inmanentes (necesidades) y variables cognitivas. Las primeras incluyen las necesidades sexuales, de seguridad hambre, reposo, etcétera, mientras que entre las segundas se incluyen las actividades complejas y superiores, tales como la comprensión del estímu­lo o la situación, el recuerdo de experiencias pasadas, etcétera.

El esquema de las variables independiente-intermedia-dependientes, establecido en primera instancia por Tolman, tiene varios sentidos que es necesario aclarar, según lo hace S. Koch, definiendo cada una de las varia­bles de la siguiente manera:

Las variables independientes de un sistema son los factores identifi­cados, mensurados y —en lo posible— manipulados, que pueden ser dis­criminados en el sistema, como las condiciones antecedentes de los sucesos, que el sistema se propone predecir o prever.



Las variables dependientes de un sistema designan los sucesos que el sistema predice o prevé.

Las variables intermedias son los términos interpolados entre las dos anteriores.

Motivación de ¡a conducta 147

Las variables dependientes e independientes pueden ser empleadas con tres sentidos distintos: sistemático, empírico y matemático.

El sentido sistemático incluye las definiciones dadas más arriba.



El sentido empírico se refiere a todos los factores que son sistemática­mente variados en una situación experimental, con la finalidad de observar v registrar un cambio correlativo en otra parte del sistema.

El sentido matemático se refiere a todos los términos de una relación de dependencia funcional, de los cuales un término dado (la variable dependiente) es una función especificada.

Las variables intermedias son, para Tolman, factibles de ser descrip­tas o definidas, objetiva y funcionalmente, y de ser cuantificadas o me­didas.

Los estímulos que inician o promueven una conducta constituyen u operan en el nivel físico-fisiológico (variables independientes), mientras que las variables intermedias son las que motivan la conducta y están, nece­sariamente, siempre presentes en la conducta del ser humano: por ello Tolman también las llama, respectivamente, "causas iniciadoras" y "deter­minantes inmanentes".

Tolman ha estudiado muy intensamente este problema y no es fácil sintetizar sus aportaciones al respecto, que progresivamente se han ido complicando de más en más. Entre las causas iniciadoras (físico-fisiológi­cas y del medio ambiente) y los efectos (la conducta) se interponen las determinantes de la conducta o variables intermedias, que son a su vez de tres tipos: a) las determinantes inmanentes: intenciones y cogniciones; b) las capacidades intencionales y cognitivas, que son las que dan una cierta cualidad a las anteriores; c) los "ajustes" que constituyen, según lo dice Tolman, "nuestro sustituto behaviorista de lo que los mentalistas llamarían conciencia e ideas". Funcionan produciendo cierta clase de modificacio­nes o mejoras en las determinantes inmanentes.

En el afío 1932 el esquema de Tolman al respecto, era, sumariamente, así:

A) Variables independientes o causas iniciadoras

Estímulo (S)

Herencia (H)

Entrenamiento o experiencia previa (T)

Estado fisiológico inicial (P)

H y T influyen en el resto de las variables. P condiciona o determina a qué estímulos reacciona el organismo. P y S, juntas, producen una serie de variables intermedias.
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José Bleger

B) Variables intermedias

Capacidades: producidas por las dos variables independientes H y T. Determinantes inmanentes: intenciones y cogniciones. "Ajuste": ideación.

C) Conducta

Causada indirectamente por S, P, T y H a trave's de las variables inter­medias.

En 1951, Tolman modificó en buena medida el esquema anterior y, entre otras modificaciones, no incluye T entre las variables independientes, y entre las variables intermedias incluye capacidades y rasgos tempera­mentales, sistema de necesidades, matriz de valores y creencias, espacio de conducta y espacio de conducta reestructurado.

Bibliografía

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