Psicologia de la conducta jose bleger



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Bibliografía

Bidney, D.; Bleger, J. (c); Brown, J.F. (a), Boring, E.; Courtes, F.; Delage, Y,; Goldsmith, M., Eucken, R.; Farrington, B.; Favez Boutonier, J. (b), Fenichel, O. (b), Freud, S. (g, »> 0; Foucault, M.; Fromm Reichmann, F.; Hartmann, H., y Kris, E.; Isaacs, S.; Jackson, H.; Kofka, K. (a); Koehler, W.; Lewin, K. (a, b, c); Lewin, K, y Derribo, T.; Festinger, L., y Sears, P.; Murphy, G. (a); May, E.; Murray, H.A.; Perrier, r • Piaget, J. (a); Politzer, G. (a, b); Rapaport, D. (b); Riviére, J.; Rouart, J.; Ruyer, r • Schwartz, L.; Simpson, G.G.; Singer, C.R.; Spencer, H. (a, b); Tilquin, A.; Tol-man E.C. (c, d), Tran-Duc-Thao; Werner, H.; Woodworth, R.S. (c); Heidbreder, E.; Lacriman, N.; Hallowell, A. I.; Sartre, J.P. (a).

Capítulo XI Motivación de la conducta

1. Determinismo de la conducta

Un principio fundamental del desarrollo científico, en todos los cam­pos, es el de que todos los fenómenos están determinados, es decir, que responden a una causalidad, por más compleja que ésta pueda ser; en otros términos, el principio del determinismo afirma el condicionamiento causal de todos los fenómenos. Es universal, aun reconociendo su multiformidad.

En el terreno de la psicología, esto tardó en introducirse consecuen­temente, y aun más en demostrarse; la especial complejidad de los fenó­menos psicológicos hizo que esta tarea fuese muy gradual, de tal manera que, mientras otras ciencias progresaban en función del principio del deter­minismo, la psicología giraba todavía en torno de la polémica entre deter­minismo y libre albedrío.

Freud es quien ha estudiado y demostrado el carácter causal de los fenómenos psicológicos, de tal manera que la indagación de los motivos de la conducta es uno de sus grandes aportes a la psicología, y en tal grado, que una de las características de la psicología moderna es la de ser diná­mica, es decir, que estudia las motivaciones.

El estudio de la motivación de la conducta es el estudio del porqué. Por lo general, se dan como equivalentes los términos de motivación y cau­salidad, pero, a su vez, ellos tienen distintas acepciones que trataremos de aclarar y desarrollar.



2. Tipos de causalidad

A) Monocausalidad unidireccional.



Es la más simple causalidad mecánica; supone la existencia de una sola causa, actuando en una sola dirección, y una vez obtenido el efecto, se agota.

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B) Monocausalidad en cadena.



Al igual que en el caso anterior, una sola causa actúa en una sola direc­ción, pero el efecto producido se transforma, a su vez, en causa de un nuevo efecto, y así sucesivamente, de tal manera que se produce una reac­ción sucesiva, continua y encadenada. Es el caso del juego de billar, en el que el golpe sobre una bola provoca su movimiento, y al golpear ésta sobre otra, la pone a su vez en movimiento.

C) Policausalidad unidireccional.



Corrige el error de las hipótesis anteriores, postulando que todo fenó­meno es siempre la resultante de un conjunto numeroso de causas, que actúan todas en la misma dirección, impulsando al objeto en el mismo sentido.

D) Policausalidad concéntrica.



Al igual que en el caso anterior, son muchas las causas que actúan sobre un objeto al mismo tiempo, pero todas en distintas direcciones, de manera tal que el efecto final es una resultante del paralelogramo de fuer­zas y no una simple suma. Aquí ya se incluye el hecho de que una con­ducta puede ser la resultante de motivos en conflicto entre sí.

E) Acción recíproca.



En esta formulación de la causalidad no sólo se admite la existencia de múltiples causas, sino que además se tiene en cuenta que el efecto produ­cido reactúa sobre las causas, en un condicionamiento recíproco muy complejo.

Este tipo de interacción causal se aleja del simplismo mecanicista de las hipótesis anteriores y entra ya dentro del materialismo dialéctico. En psicología el mejor esquema motivacional de acción recíproca es el pro­puesto por Freud con el nombre de series complementarias y que estu­diaremos más adelante.



El fenómeno de la acción recíproca es aun mucho más complejo de lo que indica este gráfico, porque cuando B y C reactúan sobre A, o C sobre B, las modifican de tal manera que, cuando a su vez, A reactúa sobre B y C, ya actúa como una causa de calidad distinta a la que actuó en el momento inmediato anterior; y así sucesiva y progresivamente.



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En la acción recíproca, causa y efecto son momentos de la interrel ción e interdependencia de todos los fenómenos, con lo cual se simplific un proceso único, total; en este sentido, todo fenómeno que se estudia e en cierta medida aislado o recortado de la concatenación universal. Las relaciones entre causa y efecto ocurren siempre en un contexto, lo cual implica que esa relación se da en un cierto fondo que en un momento dado es relativamente fijo y al que llamamos condiciones. Estas también son causas, e interactúan al igual que los factores más dinámicos, los que en ese momento no forman parte de las condiciones estables.



Es necesario distinguir no sólo las condiciones de las causas, sino que aun dentro de estas últimas hay que diferenciar entre causas esenciales (determinantes, decisivas) y no esenciales (accesorias, secundarias), subor­dinadas a las primeras.

F) Causalidad guestáltica.

En todas las formulaciones anteriores se utilizan, implícitamente, supuestos elementalistas que la psicología de la Gestalt trata de revisar críticamente. Para ella, no puede haber causas elementales que actúan independientemente, sino que se trata de productos o emergentes de una estructura total.

Para la psicología fenomenológica, no se puede hablar de efectos entre el objeto y el sujeto porque ambos forman parte de una sola estructura unitaria. Aquí ya no se trata de causas elementales que actúan indepen­dientemente, sino de una situación en la que no existe lo interno ni lo externo, en cuanto el organismo motivado integra, a su vez, la situación motivante.

3. Causalidad histórica y a-histórica

Diferencia fundamental incorporada por K. Lewin y que, reconocida paulatinamente en todos los campos, es asimilada progresivamente por todas las escuelas psicológicas. La diferencia entre causalidad histórica y a-histórica o sistemática se refiere al hecho de que las situaciones o acon­tecimientos pasados no son causas de un fenómeno presente, y que éstas tienen que ser buscadas y halladas en las condiciones actuales en las que el fenómeno estudiado aparece.

No se trata de una exclusión del pasado, sino de una jerarquización de la causalidad. El pasado explica por qué se ha formado, por ejemplo, deter­minada pauta de conducta, pero no explica por qué ella aparece en un momento dado y no en otro. De esta manera se diferencia entre causa y


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- sis u origen, que por supuesto es también una forma de la causalidad. i mismo Lewin distingue en la causalidad sistemática las siguientes carac-'sticas: que un suceso es considerado en función de la situación total en momento dado y que la causa de un fenómeno es siempre la interrela-•ón de numerosos factores. La causalidad histórica responde a la cuestión , por qué una situación individual, en un cierto momento y en un deter­minado lugar, tiene esas cualidades particulares. A estas últimas Lewin se refiere con las denominaciones de "concepto histórico de la causalidad" en contraste, llama a la primera "concepto sistemático de la causalidad". Ambas son legítimas, no excluyentes, y para la psicología ambas son importantes, pero ello no impide o anula la imprescindible necesidad de distinguir una de otra, porque —insiste Lewin— "hechos presentes sólo pueden ser afectados por situaciones presentes".



Ya hemos incluido esta diferencia en la consideración de los encuadres histórico y situacional. En Lewin coincide también el encuadre situacional con la consideración guestáltica de la causalidad, pero en otros autores puede no darse lo mismo.

Malinowski, en defensa de la posición funcionalista en antropología, critica las teorías de la supervivencia, en un sentido que coincide con el distingo establecido por Lewin. En una ciudad moderna, dice Malinowski como ejemplo, el vehículo automotor ha reemplazado al tirado por caba­llos, pero, sin embargo, en algunos momentos del día o en algunos sitios de la ciudad es todavía posible encontrar estos últimos vehículos. En la teoría de carácter histórico que critica, esto se explica por una supervi­vencia de elementos del pasado que no se conforman o adecúan al medio cultural presente, con el cual no armonizan; para Malinowski, en cambio, si aún existen estas supervivencias es porque han adquirido un nuevo signi­ficado y una nueva función, que armoniza con ciertos elementos de la organización presente: "tipos anticuados de automóviles no son nunca empleados simplemente porque hayan sobrevivido, sino porque el públi­co no está en condiciones de comprar un modelo más moderno". En otros términos, un hecho actual tiene sus causas en el presente.

Una posición coincidente con la de K. Lewin por un lado y la de Mali­nowski, por otro, es la de Allport con su hipótesis de la autonomía funcio­nal de los motivos. Sostiene que los motivos son siempre contemporáneos, fiue surgen siempre de sistemas que les han precedido, pero de los cuales son funcionalmente independientes. El enlace de los motivos con el origen de los mismos es de carácter histórico y no funcional. La motivación es siempre contemporánea. Este mismo autor cita como antecedente la opi­nión de W. James, para quien los instintos dejaban de actuar en un momen­to dado de la vida, por haberse transformado en hábitos.

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4. Series complementarias

Constituye la teoría de la causalidad introducida por Freud y que en buena medida, coincide con ciertos aspectos fundamentales de la causa lidad recíproca. Con ellas estudió Freud principalmente los fenómenos comprendidos en la psicopatología, pero se aplican también a toda la nS¡. cología.



En las series complementarias hay tres series de causas que no actúan independientemente; en realidad, lo que actúa es la resultante de su inte-racción.

Una primera serie complementaria está dada por los factores heredi­tarios y congénitos. En factores hereditarios se incluyen todos aquellos transmitidos por herencia, es decir, por los genes; en los factores congéni­tos se incluyen todos aquellos que provienen del curso de la vida intrau­terina.




FACTORES CONGÉNITOS » 2. EXPERIENCIAS





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